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Semana 49: Día 337: 213,86 km en un mes

Tuve que chequear mis cuentas dos veces, porque me sorprendió haber corrido 213,86 km durante todo agosto. ¿Estará bien? Quizá debería dejar de dudar de mí todo el tiempo. El reloj Suunto me contabilizó 145 km, más unos 10 que hice en cinta en el gimnasio, más lo que haya hecho los primeros 10 días que no tuve el GPS… Las cuentas dan. Igual estaba temeroso, creyendo que iba a tener como máximo 160 km.

Este es el comparativo de todo el 2013:

Enero: 323,03 km
Febrero: 321,88 km
Marzo: 335,60 km
Abril: 163 km
Mayo: 157,26 km
Junio: 168,60 km
Julio: 128,39 km
Agosto: 213,86 km

La suma de esta temporada de Semana 52 (que empezó en Octubre 2012) ya me da que corrí 2360 km, mientras que la temporada anterior, en un año, corrí 2272 km. O sea que durante Septiembre puedo dedicarme a hacer la plancha, porque ya vencí mi propia marca por 90 km. El mes que empieza mañana tiene la meta de la media maratón, y quiero empezarlo mañana con un fondito en la Reserva Ecológica. Porque todavía no la estrené viviendo en el barrio. Algo tranqui, unos 10 km. No me quiero sobre exigir, hoy con los Puma Runners entrenamos unos metros por encima de los 21 km, y me molestó un poco el costado de la rodilla derecha. Es un dolor que va y viene (hoy le tocó venir). No me impidió correr, pero enciende algunas señales de alarma.

Y estoy entrando en el último mes de la tercera temporada de Semana 52. O sea que casi estoy por hacer tres veces algo que pensé que iba a hacer una sola. Esta vez no tengo una carrera que coincida con el día final, ni tampoco conseguí lugar para correr la Espartatlón 2013 (menos mal, debería decir, porque todavía no me siento listo).

Mirando hacia atrás veo algo que para mí no fue menor, y es que este año de Semana 52 fue mi primero como vegano. Sin querer ponerme en vocero o sermonear, tampoco lo imaginaba y fue un cambio muy cómodo para mí. No pude inscribirme en la Espartatlón, pero al menos sirvió para probar qué pasa al estar un año entrenando con exigencia sin consumir proteína animal: absolutamente nada. De hecho, comparativamente, este año corrí más y que el anterior (pero no puedo asignárselo a la alimentación, sino simplemente a organizarme mejor).

Creo que esta temporada de Semana 52 voy a superar los 2500 km, y es una linda marca. Y cuando pase la maratón de octubre quiero estar abocado a entrenar fondos largos, y así poder afrontar los 246 km de la Espartatlón 2014. ¡Y basta! No me veo escribiendo un quinto año de blog. Ténganme piedad.

Queda todavía Septiembre, y otras 52 semanas… si todo sale bien, el cierre será en Atenas. Y si todo sale súper bien… será en Esparta.

Semana 44: Día 306: 128,39 km en un mes

¡Volvió a bajar mi promedio de kilómetros mensuales! Y no creo que haya entrenado menor cantidad de veces, pero me parece que los entrenamientos están siendo más cortos.

Corrí la maratón de Río de Janeiro, que es como un 25% de todo el kilometraje de julio. Y tanto antes como después con los Puma Runners intentamos cuidarnos y no sobrecargar al cuerpo. Ahora está pasando lo mismo con la Adventure Race de Pinamar, que la corremos este domingo. Estoy pensando si esto hizo que entrenásemos menos, o si me olvidé de anotar unos cuantos entrenos, o qué pasó. Desde que cuento mis kilómetros, este fue uno de los meses más bajos (no casualmente este también fue el mes en el que empecé el gimnasio):

2011
Octubre: 208,73
Noviembre: 173,43
Diciembre: 164,29

2012
Enero: 208,25
Febrero: 290,93
Marzo: 230,27
Abril: 194,35
Mayo: 258,79
Junio: 162,19
Julio: 211,81
Agosto: 169,05
Septiembre: 64,12 km

Octubre: 129,85 km
Noviembre:  169,48 km
Diciembre: 249,77 km

2013
Enero: 323,03 km
Febrero: 321,88 km
Marzo: 335,60 km
Abril: 163 km
Mayo: 157,26 km
Junio: 168,60 km
Julio: 128,39 km

Paradójicamente los meses de más calor son los de mayor carga, y a mitad de año empieza una caída. Espero que en agosto pueda subir, realmente extraño hacer fondos largos (pero también extrañaba entrenar en el gimnasio, y todo no se puede).

Quedan dos meses para la Espartatlón y 14 para que yo participe. ¿Llegaré?

Semana 40: Día 276: 168,60 km en un mes

Sigo contando mi kilometraje mensual. No sé por qué, nunca me parece suficiente, y ahora que no tengo más reloj me cuesta mucho contarlo. Calculo los recorridos que ya medí muchas veces y me sé de memoria, me engancho con alguno que tenga GPS y no me le despego… y así voy entrenando.

Por falta de tiempo, mas no de ganas, no estuve corriendo por el barrio. El tema del viaje a Brasil, como no podía ser de otra manera, me obligó a adelantar trabajo para estar tranquilo esa semanita. CREO que tengo todo bajo control. Los próximos dos días son asesinos, tengo que firmar contrato para el nuevo departamento, cumplir con un par de compromisos laborales, y dejar todo listo para mi ausencia. El miércoles a la noche iremos a entrnar, aunque es una forma de decir porque no haremos nada, y de ahí vamos a hacer tiempo hasta las 2:30 AM, cuando una combi nos viene a buscar y nos lleva al aeropuerto de Ezeiza.

Pero eso corresponde a lo que haré durante julio. En junio estuve en una distancia promedio, pero lejos de las marcas de los primeros tres meses del año, cuando corría casi el doble. No sé si el calor ayudaba, pero tenía esos fondos descomunales de los fines de semana, cuando sumaba entre 50 y 80 km. Ah… qué tiempos aquellos…

Me vendría bien reponer ese reloj con GPS, ya que ahora que voy a tener a la Reserva Ecológica cerca pretendo volver a disfrutar de los domingos allí, buscando expandir los límites. El otro día hablaba con Lean, compañero de los Puma Runners, mientras entrenábamos esos kilómetros que hoy estoy declarando. En un arranque de sinceridad le conté cómo en los primeros años de este blog yo me esforzaba por romper marcas y ser más rápido, y la gran diferencia que fue cuando decidí hacer la Espartatlón. Ahí me di cuenta que no tenía que ganar en velocidad, sino en resistencia. En los últimos tiempos dejé de preocuparme tanto por vencer al reloj, y todo se convirtió en kilometraje a sumar para lograr resistencia. Por eso es que últimamente se me dio por inscribirme en carreras y acompañar. Creo que esas velocidades que antes confundía con lentitud son las que tengo que mantener en una ultramaratón. De nada sirve apurarse cuando se superan los 50 km. Yo nunca voy a poder ser el más rápido, pero siento que aspirar a ser el que más lejos llegue es una posibilidad no tan lejana.

Son dos cosas completamente distintas, velocidad versus resistencia. Quizá una me preocupaba en una etapa más inmadura deportivamente, y la otra coincide con una etapa reflexiva. Pero ya volverán esos fondazos de más de cuatro horas. Siempre me causó más orgullo hacer grandes distancias que bajar 15 minutos a mi marca anterior. Y quiero volver a sentir ese orgullo de las largas horas corriendo en solitario. Ese será mi objetivo para los próximos meses.

Pero antes… ¡la maratón de Río de Janeiro! Faltan solo 6 días…

Semana 36: Día 246: 157,26 km en un mes

Este será un mes que vivirá en la infamia. Además de haber estado lesionado, lo que me impidió entrenar en muchas oportunidades, me separé y ahora voy boyando con rumbos inciertos, buscando un lugar, tanto en el plano físico como en el espiritual.

Con todos mis problemas, logré correr casi 160 km. Hoy, en el cambio de mes, metí 18 km en el entrenamiento, pero decidí no contarlos y sumárselos a junio.

Y hablando del mes que viene, estoy replanteándome las carreras que tenía pensado hacer. Creo que me bajo de la maratón de Rosario, una competencia hermosa, pero surgió la posibilidad de hacer 42 km en otro país. Es algo que no me hubiese planteado estando en pareja, y si bien el tema de encarar una mudanza requiere que sea conservador con mi dinero, me parece que lo necesito. Es parte de buscar mi lugar en el plano espiritual, y todas esas mariconadas de las que estuve escribiendo últimamente.

Las lesiones y el clima de fin de relación hizo que no pudiese comer en la forma que quería. Tuve días de saltearme comidas, o de atracarme con pan, pero creo que mi cuerpo lo resistió. Fue un proceso por el que pasé y que creo que empiezo a dejar atrás. Me lo tomé con tranquilidad y decidí apelar a la paciencia. No siempre me salió, pero cuando pude correr de nuevo me sentí mejor, y hoy, entrenando con los Puma Runners, a la par de mi amigo Marce, pude descargar mucho y hacer un buen fondo terapeutico. Incluso me levanté mal, con tos, congestión, dolor de pecho, y una pesadez que me aplastaba contra la cama. Pero por suerte salí, abrigado, y entrar en calor me ayudó a que me empezara a sentir bien. Mientras estaba haciendo el regenerativo, después de una hora y media corriendo, me di cuenta que el deporte es la mejor medicina, tanto para el cuerpo como para la mente.

Semana 31: Día 215: ¿No más cuentakilómetros?

rulo_el_destructor

Mi reloj Garmin, al que le tenía mucho aprecio, requiere ser alimentado por energía eléctrica.

Mi perro Rulo, al que le tenía mucho aprecio, requiere ser alimentado por cosas importantes e irremplazables para uno.

El cargador del reloj siempre estaba en la cocina. Rulo siempre se quedaba en la cocina cuando nos íbamos del departamento.

Rulo se comió el cable. Lo dejó inutilizable.

El Garmin lo compré por eBay, en épocas más flexibles para la aduana y la compra de moneda extranjera. Viene acompañado por un transformador de 220 a 110 voltios y un cable con una salida de USB en un extremo (lo que permite cargarlo en la computadora y descargar sus datos), y una ficha especialmente diseñada para el reloj del otro. En Mercado Libre venden el cable SIN el transformador por 300 pesos, 50 extras para envíos a Capital Federal. En eBay todo el set COMPLETO sale 18 dólares más envíos (a Argentina sonunos 9 dólares).

El otro día lo mandé a un electicista para que lo emparche y estoy esperando respuesta. Cree que el arreglo va a estar en el orden de los 25 pesos.

Como si fuera poco, el reloj empezó a resetearse solo cada 10 segundos, haciendo un molesto “piiiiip” en cada ocasión. Nos despertamos a la 1 de la mañana con Rulo ladrando, muy enojado hacia el ruido. Terminé escondiendo el Garmin adentro de una caja y poniéndola en un mueble bajo llave. No me animo a ver si sigue funcionando o si ya se gastó toda su batería.

Es increíble lo dependiente que me volví de ese reloj. No me molestó tanto toda esta lenta agonía por mi lesión. Nunca me gustó atarme la hora a la muñeca, pero lo de medir mis kilómetros y ser consciente de mi velocidad… se volvió parte imprescindible de mi entrenamiento.

Hay dos opciones: una es averiguar si con ese “lo atamos con alambre” del electricista se soluciona todo (suponiendo que eso de volverse loco del Garmin se haya resuelto) y la otra es conseguir un reloj nuevo.

También tengo una tercera opción… ¿a alguien le interesa canjear un caniche toy por un GPS?

Semana 31: Día 214: 163 km en un mes

Durante abril corrí 163 km. Es una distancia que no es despreciable, aunque se trató de dos carreras solas, separadas por seis días. No entrené la semana previa a la Ultra Buenos Aires, y quedé bastante roto después de la Patagonia Run como para sumar kilómetros.

Cuando me diagnosticaron (errónemente) una tendinitis, me di cuenta de que el cuentakilómetros se iba a detener, quién sabría por cuánto tiempo. Después de que confirmé que en realidad se trataba de una periostitis, supe por experiencia de otros que iba a tener entre uno y tres meses de rehabilitación. Me hubiese gustado volver a correr durante este mes, antes de que se venga el frío, pero le quise hacer caso a la kinesióloga, y ella dijo que todavía no podía hacerlo.

Así que abril quedó en 163 km, una marca caprichosa, porque me fue imposible tomarla con certeza. Era tanto el tiempo corriendo que la batería de mi reloj no iba a aguantar. De hecho, la Ultra Buenos Aires la hice con tres Garmin distintos, y nos fuimos turnando con Vicky para medir ciertos tramos importantes en la Patagonia Run. Nos divertimos mucho, y la incertidumbre de las distancias se convirtió en un condimento más de ese ultra trail de montaña. Pero supongo que para dedicarse a las ultramaratones hay que pasar a relojes que duren más de cinco horas.

La Feria del Libro se ha convertido en la excusa para no tener que entrenar, aunque en verdad no puedo. Tampoco me dejan hacer pilates, así que ahí ando, sin la posibilidad de descargar energía y mantener mi estado físico. Sé que en breve voy a volver, pero por ahora es solo un deseo y no es la realidad.

La maratón de Rosario sigue ahí, esperándome. El camino que recorra de acá hasta esa fecha, dentro de dos meses, será el que determine si la haré corriendo o si solo iré a hacer turismo…

Semana 27: Día 185: 335,60 km en un mes

Durante marzo hice una nueva marca, superando los 335 km corridos entre entrenamientos y la Adventure Race de Tandil. No me parece una “gran” marca, ya que son 14 km más que el mes pasado, pero teniendo en cuenta las semanas que no corrí, creo que está bastante bien.

La verdad es que me fui acostumbrando a hacer grandes distancias. El cuerpo humano es una cosa maravillosa. No me puedo olvidar cómo me quedaron los pies a la miseria cuando alcancé por primera vez los 10 kilómetros, o cómo terminé dos días en cama después de correr mi primera Tandil entera, los 26 km de punta a punta. Ahora pude hacer 70 km y volver a casa caminando (y no en ambulancia). No hay ninguna varita mágica que me haya tocado, ni me creo más especial que cualquiera que corra con pasión y paciencia. Si me considero ejemplo de algo es que cualquiera puede hacerlo.

Este mes coincidió, además, con que empecé la lectura de “Eat & Run”, la autobiografía de Scott Jurek, el ultramaratonista vegano. Sin dudas se convirtió en mi nueva Biblia. Por suerte leo muy bien en inglés, aunque los ingredientes exóticos de sus recetas hacen que me pierda bastante. Tengo entendido que aún no hay una edición en castellano, así que esto es lo que hay. Jurek cuenta cómo era un espantapájaros en la escuela, al que literalmente le escupían en la cara, y cómo llegó a la gloria autoinstruyéndose en nutrición y a fuerza de seguir corriendo. “A veces solo debes hacer las cosas” era el mantra bajo el que lo crió su padre, y que se repitió a lo largo de su vida. ¿Para qué pensar? ¿De qué sirve enroscarse con los propios pensamientos, las inseguridades, los miedos? Hay que ponerse en acción, directamente. “Eat & Run” es un libro maravilloso y una prueba de lo lejos que puede llegar uno con una voluntad indomable.

Me queda casi nada para la Ultra Buenos Aires. Voy rogando que no llueva y no tengamos que correr sobre el barro. Por ahora las alertas meteorológicas terminan siendo un poco decepcionantes, y se supone que el viernes ya deja de llovar, para tener un fin de semana de buen clima. Estoy muy pero muy ansioso por correr. De hecho los entrenamientos están bajando gradualmente, y mañana sería mi último previo a la carrera, de 20 km. A partir de ahí, descansar y relajarse. Y cargarse de hidratos de carbono.

Me pregunto qué va a pasar con el cuentakilómetros si no llego a la meta el próximo domingo. El año pasado bajó considerablemente después de que me deshidraté y terminé vomitando al costado de la ruta. No fue falta de fuerzas ni por recuperarme, simplemente hacer grandes distancias dejó de ser una prioridad. Pasó a ser algo para más adelante.

Bueno, el “más adelante” ya llegó, y ahora que me siento mucho más preparado para este desafío, encontré un placer muy grande en dejarse llevar y estar horas y horas corriendo. Cada vez me recupero más rápido, al punto de que después de correr 50 km me toma un día y medio para dejar de sentir dolores en los cuádriceps o las rodillas. Creo que llega un punto en que uno deja de temerle al dolor y le da la bienvenida. Pasando ese umbral los músculos se fortalecen, el cuerpo se acostumbra, y la recuperación llega pronto.

Espero que el cuentakilómetros cambie en abril, pero gracias a que logré mi objetivo de llegar a correr los 100 km en 10 horas y media (o menos). Todavía me va a faltar mucho para llegar a hacer 246 km de un tirón, pero es una experiencia por la que quiero pasar, al menos una vez en mi vida.

Semana 22: Día 153: 321,88 km en un mes

Durante el mes de febrero, que al no ser un año bisiesto cuenta con tan solo 28 días, corrí 321,88 km en entrenamientos. Este mes no hubo carreras, solo fondos largos.

Pero, siempre hay un pero, en la última semana mi ritmo bajó bastante. Podría asumir que fue un parate obligado después de matarme en aquel fondo de 50 km, sin embargo quedé bastante bien después de correr esas 4 horas y 39 minutos. Esta vez fue la rutina la que se impuso. Alguno notará que el blog no se actualizó en los últimos dos días, y eso tiene que ver con que estuve trabajando a destajo (sea lo que sea que signifique esa palabra), levantándome antes de que salga el sol y durmiéndome sobre el teclado durante la medianoche.

La vida del diseñador gráfico es ingrata. Muy ingrata. Son largas sesiones de clicks con el mouse, saltando de programa en programa, con el monitor secando los ojos y la silla endureciéndose más y más. Desde que perdí relleno en el traste, siento que se me clava el coxis contra la piel, y aunque me pongo almohadones, siempre termino incomodísimo. Sumémosle mi espalda arqueada, y quizá empiece a dimensionarse el placer que es sacarse de encima esta pasividad y salir a correr.

En mi lista de prioridades estuve poniendo entrenar. Ahí, arriba de la lista. Por encima de todo. Pero tuve que hacer una consesión, con mi socio de vacaciones dos semanas, y aceptar trabajos a sabiendas de que no iba a poder cumplir. Justo hoy, hablando con mi psicóloga, caí en que no puedo decir que no. Pero a nadie. Esto me define, porque me termino metiendo en camisa de once varas, con amigos, pareja, clientes… Ni siquiera le puedo decir que no al perro cuando me pide de comer o salir a hacer pis…

Vengo conforme con mi desempeño. Me faltan 5 semanas para la Ultra Buenos Aires, y todavía estoy lejos de llegar a los 100 km. Pero me siento cada vez más cerca…

Semana 18: Día 125: 323,03 km en un mes

Miro el número y no lo puedo creer.

¿Realmente corrí 323 kilómetros en un mes? ¿En Enero? ¿Con este calor?

Y sí, las matemáticas no mienten. Quizá me haya equivocado, le haya sumado uno o dos kilómetros de más, por esos caprichos que tienen los satélites y el GPS. Pero el número me asusta hasta a mí. Lo máximo que contabilicé con este reloj fueron casi 291 kilómetros en febrero del año pasado. Después fue variando, y luego de un bajó que coincidió con mi viaje de tres semanas a Europa, recién en Diciembre empezó a repuntar. Esto fue gracias, en parte, a la Misión, que me permitió sumarle 100 km a mi marca mensual y llegar a 250. Pero superar la marca de los 300… no me lo veía venir.

Tuve entrenamientos tranquilos. No llegué todavía a hacer una maratón por fin de semana como hace un año, pero corriendo entre 15 y 20 km por entreno, cinco veces a la semana, es obvio que matemáticamente puede dar 100 semanales. Y si bien me sentí cansado (es lógico), con un ligero desgaste en los cuádriceps, me doy cuenta de que me recupero rápido. Hoy, por ejemplo, me tomé en serio esto del feriado y me quedé en casa descansando, con el aire acondicionado en 21 grados. Anoche corrí con ese calor y esa densidad terrible y sentí que me derretía. Chorreaba transpiración y no podía parar. Si alguien me intentaba agarrar, me iba a patinar como teléfono de carnicero. Supongo que por esa pesadez y el volumen de entrenamientos, mi entrenador Germán me dijo que hoy “hablásemos” para ver cómo me sentía. Y bueno, no me pareció mal descansar, porque eso también es parte del entrenamiento.

Correr en la semana, lo más temprano posible, al sol, ha sido una experiencia maravillosa y gratificante. Me llama la atención, este mes no hice ninguna carrera. Lo último fue la San Silvestre, el 31 de diciembre. Luego fueron todos entrenamientos cerca de casa o por San Isidro, aunque cuando hacés fondos largos, te empezás a dar cuenta de que lo “lejos” y lo “cercano” pasan a ser algo muy relativo. Correr 15 km me resulta un entreno corto y resulta que es la distancia que separa el Hipódromo de San Isidro (donde me junto para correr todas las semanas) de mi casa. Pero si camino hasta la estación y espero el tren a Tigre, para llegar y caminar hasta la base, quizá tarde lo mismo que yendo corriendo

¿Aumentará todo este kilometraje en febrero? La idea es que sí. Veremos. Todavía me siento lejos de los 100 km, y aunque sé que con todas las pilas que tengo, la guía de mi entrenador y la experiencia previa, voy a llegar.

Semana 14: Día 96: 249,77 km en un mes

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Bueno, debo decir que este número me pone muy contento.

Durante diciembre de 2012 arañé los 250 km en un mismo mes. Claro que eso incluyen los 112 km de La Misión, pero ¿quién me quita lo bailado?

El running es mi terapia. Realmente extraño mucho cuando no lo hago, y con la San Silvestre Buenos Aires 2012 me desquité de todos esos entrenamientos caminando, subiendo y bajando cuestas y escaleras. Pude realmente CORRER.

Y ahora que tenemos el ultratrail atrás, y el viaje a Europa, y las fiestas, llegó el momento de empezar a entrenar para los 100 km que me abrirían la puerta a inscribirme en la Espartatlón. Todavía no sé cuándo ni dónde, aunque sospecho que será a finales de marzo. Me gustaría reintentarlo en Marcos Paz, porque la cuenta pendiente quedó ahí, pero tampoco importa el lugar. En realidad lo verdaderamente importante es el entrenamiento de acá en más. Enero tendría que ser como el de 2012, cuando hice 208 km en un mes. Y luego llegó febrero, donde corrí más de 290 km, mi verdadero récord histórico.

Sin lugar a dudas correr me hace bien, más mental que físicamente. Igual ahora empieza una etapa distinta, en la que voy a exigirme con una dieta vegana. Mi resolución para este 2013 es ser más organizado (empecé a usar una agenda… en serio) y quiero tener una dieta completa y sana. Estos son meses de ajustes, y para mí se vienen tiempos interesantes.

Estoy intrigado por lo que me deparará este 2013… Sigan sintonizando.

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