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Semana 52: Día 358: Cuenta regresiva a la maratón

Maratón ochentosa

Hoy comienza la preparación para la maratón de Grecia. Faltando una semana, empiezo por una dieta especial, rica en carbohidratos, con mucha, mucha agua, y dejando de lado las fibras hasta ignorarlas por completo en los días previos. No será fácil seguirla en el avión, este viernes, o fuera de casa, pero me las ingeniaré.

Hay ciertas cosas que no se pueden hacer antes de correr una maratón, como es agotar al cuerpo. Uno es el resultado de lo que entrenó las últimas 6 u 8 semanas. Lo que no se trabajó hasta ahora ya está. Me queda igual un entrenamiento más, esta noche, y después es mucho descanso. Tampoco es aconsejable estrenar calzado; por suerte mis zapatillas están bastante ablandadas. Lo que sí voy a usar por primera vez es algo muy valioso y simbólico, que son unos pantalones que usaba mi papá para entrenar. Es de la época en que los deportistas usaban pantaloncitos muy cortos, nada de esa gilada de elástico o con un cordón, sino con BOTÓN y cierre. Destila nostalgia de inicios de los ’80s. La idea se le ocurrió a mi hermano Santiago, y desde entonces me ilusionó mucho llevarlo a cabo. Mi papá fue mi primer entrenador, y una de las personas que más me ayudó este año con Semana 52. Así que se está cerrando un ciclo.

Por supuesto que no tengo la valija hecha, pero esta noche esa belleza llamada Vicky me va a dar una mano, después del entrenamiento. Tengo que asegurarme de llevar lo necesario para la carrera: dos pares de medias (uno de nylon, para evitar la fricción); vaselina sólida para axilas, entrepierna y tetillas; protector solar; calzas; gorra (puede ser reemplazada por más protector solar si es que me afeito la cabeza antes de correr); el camel, y todo el dinero que pueda llevar… porque no voy a poder transportar hasta allá frutas secas, agua o bebida deportiva. Eso lo compraré en Europa, y que sea lo que Dios quiera…

Pero lo más importante que tengo que llevarme a la maratón es un poco de confianza en mí mismo. Antes tenía un montón, desparramada por toda la casa. Pero la fui gastando, y ahora que me impuse esa marca de 3 horas y media para llegar a la ciudad de Maratón, me doy cuenta que me queda muy poca. No soy el campeón de elite que algunos creen (una vez le dije a una amiga que había salido primero en una Merrell, y me felicitó). Sólo soy un tipo que se las ingenió para dedicarle más tiempo libre a entrenar. Y esos ataques de humildad que me agarran, de no querer caer en la soberbia, hacen que me cuestione tanto mis capacidades como mis logros. Quiero correr en Grecia, no sé por qué me encapriché con esa marca. Cuando entrenaba estas últimas semanas me parecía muy exigente mantener el ritmo de 5 minutos el kilómetro. Sin confianza me va a costar. Espero que el aire veraniego me haga recuperar algo de esa confianza que se me fue gastando.

Llegamos a la Semana 52. No sé a ustedes, pero para mí el tiempo se pasó volando.

Semana 34: Día 235: Enemigos de los corredores: La falta de confianza

“Tanto si piensas que puedes hacerlo como que no puedes hacerlo, estás en lo cierto”. Esta frase me la dijo mi padre recientemente, inspirado en alguna reflexión de este mismo blog. No fue él quien la inventó, sino el precursor de la industria automotriz, Henry Ford. Aunque fue el gestor de la Revolución Industrial (me refiero a Ford, no a mi papá), no se termina de ganar mi simpatía por su abierto antisemitismo. Por eso prefiero ponerla en boca del Sr. Casanova, quien al menos visitaba todos los sábados el Club Peretz, tanto para jugar al tenis de mesa como para demostrar su afinidad por el pueblo judío.

Volviendo al tema que nos compete, esa frase resume que la mente humana es tan poderosa como para lograr lo que se propone. Y si deseamos fracasar en nuestros intentos, seguramente lo lograremos. He visto a muchos corredores pensar que no iban a alcanzar una meta, y se convencían tanto de ello que lo conseguían. En algunos casos, esta confianza en que iban a ser un estrepitoso fracaso los llevaba a ni siquiera hacer el esfuerzo.

No conozco a nadie que no se haya enriquecido después de fallar en algo. Pero el miedo al fracaso nos abruma a todos. Lo cierto es que los que se animan son los que ganan. El resto se queda siempre en la duda. Yo mismo (que tampoco soy un ejemplo de logros) nunca imaginé que iba a alcanzar tantos cambios a través del entrenamiento. Empecé a animarme a correr más y alimentarme mejor, y en un momento me apuraron para correr una maratón. Acepté y en todo momento confié en que la iba a terminar, aunque a decir verdad no me había planteado correrla tan pronto. Lo veía como un objetivo a largo plazo. Cuando llegó la oportunidad no la dejé pasar: me propuse averiguar si podía superar esa marca, y me encargué de que fuese lo más seguro y divertido posible. Si hubiese pensado que no iba a llegar a la meta, probablemente la hubiese pasado mal, o hubiese abandonado antes. Quizá, hasta hubiese dejado pasar esa chance.

Es duro no estar seguro de uno mismo, pero peor es cuando el resto no nos cree capaz. No podemos vivir aislados de lo que los demás piensan. Quien lo logre goza de una autoestima envidiable. Así como conocí a corredores que no confiaban en sí mismos, he visto cuando el entorno de un deportista lo subestima, y es realmente muy triste. Aunque tengan las mejores intenciones y se preocupen por la integridad física del inexperto atleta, el camino hay que recorrerlo en forma personal. Nadie nos puede decir con exactitud cómo va a ser, y y de nada sirve que nos relaten la experiencia. Tenemos que confiar en que no necesitamos a nadie más que a nosotros mismos para lograr lo que sea.

¿Cuáles son los motivos más frecuentes para no intentar? Que después va a doler todo (¿Y? ¡Hay que llevar el dolor con orgullo!). Que va a ser aburrido (¿Y? ¡Una carrera, aunque sea de calle, puede estar llena de sorpresas!). Que no vamos a llegar (¿Realmente? ¿Intentaste correr hasta REALMENTE quedar exhausto? ¿O tu mente intenta detenerte muchos kilómetros antes que el agotamiento físico definitivo?). Las excusas para no esforzarnos abundan, mientras que las que nos tiran para adelante escasean.

El miedo al fracaso es mala consejera. A través de los errores uno aprende, y la siguiente vez que intentamos algo lo hacemos sobre la base de la propia experiencia. El que no intenta porque no se cree capaz, jamás podrá darse cuenta de que estaba equivocado. Después de todo, ¿qué cosas intentarías hacer si supieses que no podés fallar?

Semana 15: Día 104: Depender de uno mismo

Esto ya se ha dicho. Uno puede entrenar en equipo, apoyarse en el compañero y recibir ayuda, pero la realidad es una: No podemos depender de nadie más que de nosotros mismos.

Pido disculpas si no puedo dejar de mencionar mi situación actual, pero como algunos ya habrán leído, un golpe me provocó una neuralgia (inflamación de los nervios) en la zona de las costillas. Hasta la tarea más sencilla como agarrar un paquete de la parte de arriba de la alacena, o subir y bajar de un auto, me causa una desagradable punzada de dolor. Y me recuerda constantemente que, mientras esté así, me tengo que aguantar.

Sigo yendo a los entrenamientos, para no perder la costumbre y porque me gusta mantenerme en contacto con mis amigos del grupo. Ahora tengo la opción de verlos correr, llegar cansados y transpirados (y, en silencio, los envidio sanamente). De ese análisis fui notando que, cada uno, se la banca solo. No existe la opción de pedir ayuda en un entrenamiento. O sea, puedo decirle a alguien si me alcanza ese paquete que está alto en la cocina, pero no puedo pretender que un amigo haga 10 cuestas con una progresión final de 200 metros por mí.

Me gusta el método con el que Germán nos entrena. No vamos todos haciendo lo mismo, al unísono, sino que nos dividimos por niveles y objetivos. Somos un grupo, compartimos momentos, organizamos cosas, pero el progreso es personal, de cada uno. Un compañero te puede dar aliento y contagiar entusiasmo, pero los resultados del entrenamiento son pura y exclusivamente por mérito propio. Ya sea por influencia externa o motivación personal, logramos valernos por nosotros mismos y aguantar hasta la meta. Puede que no lleguemos enteros. Incluso existe la posibilidad de que nos sintamos obligados a terminar caminando. Pero va a ser parte de nuestro proceso personal.

A veces me da un poco de culpa cuando me abro del grupo en una carrera. Espero que ellos entiendan que no es una cuestión de querer ser competitivo. Por supuesto que hay algo de ego metido, siempre. Pero me interesa mi propio crecimiento. Hay pocas cosas en la vida para las que me siento medianamente capacitado, y correr se ha convertido en una de ellas (las otras son memorizar frases de las primeras 10 temporadas de Los Simpson, hacer una grulla en origami y usar el lanzamisiles en el Wolfenstein ET).

Voy a dar rienda suelta a un prejuicio, y asumir que el corredor que no depende de nadie es el que no abandona. Es más, es probable que el deportista que tenga constancia y no afloje, si no tenía confianza en sí mismo la va a terminar adquiriendo. Es uno de los resultados de dedicarse al running durante mucho tiempo; entrenes como lo hagas, el mérito es propio, los frutos de tu esfuerzo no los podés compartir porque te pertenecen, tienen consecuencias en tu propio cuerpo y mente. Ojo, no estoy negando que la gente ayuda y muchísimo, pero como dije antes, nadie puede correr en tu lugar.

No depender del otro, aunque pueda parecer que es algo egocéntrico o narcisista, en realidad es algo absolutamente sano. Estar bien con nosotros mismos nos ayuda a estar bien con los demás. Si entendemos que la vida (el deporte, el trabajo, las relaciones sentimentales) requiere que uno se haga responsable, lograremos dejar de ponerle la responsabilidad de nuestros actos al que tenemos al lado. De ese modo evitamos roces, y nos podemos dedicar a disfrutar de la compañía de quienes nos rodean. Depender de uno mismo es, a la vez, permitirnos estar en armonía con quienes nos rodean.

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