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Semana 50: Día 348: Comprar euros

Mi estado de ayer a hoy pasó de malo a peor. Con 39 grados de fiebre tiritaba en la cama, mientras afuera (dicen) hacía un día espectacular. Me desperté en la madrugada con nauseas, y fui al baño tambaleando y listo para lanzar. Por suerte, fue falsa alarma.

Vicky me prohibió acercarme a la compu y descansar. Realmente lo necesitaba, aunque no terminé de recuperarme. Solo tuve fuerzas para acercarme al banco, en lo que creí iba a ser una sencilla operación cambiaria. Pero no.

Resulta que en Argentina comprar moneda extranjera es tan complicado como comprar un arma. Hay que hacer declaraciones juradas, firmar papeles, entregar comprobantes, y todo pasa por estrictos controles y aprobaciones. Y a medida que pasan las semanas, el sistema cambia, y uno nunca termina de enterarse de cómo es la cosa.

Hoy aprendí esto que lo comparto, porque nadie se va a molestar en explicarnos cómo tenemos que hacer para comprar moneda extranjera.

Para el caso de turismo, que fue mi motivo para pedir la autorización, hay que esperar una semana antes de la salida del vuelo. El viernes completé mis datos y lo mandé. No estoy al día con el monotributo, de hecho ya me organicé para ponerme al día a la vuelta del viaje, así que dudaba que me lo autorizaran. Pero una amiga en mi misma situación me dijo que te aceptaban el pedido de todos modos, así que no tenía nada que perder. Llené todos los casilleros, puse el itinerario, y le calculé 100 dólares por día, porque alguien me dijo que era lo que AFIP entregaba. Pero como mi destino es Europa, me iban a dar euros (77). Se suponía. Me autorizaron 35 euros por día, multiplicado por 3 semanas, me daba 733 eurillos.

Ahora bien, esto no garantiza que uno pueda comprar. Hay que esperar 48 horas a la salida del vuelo y llevar impresa la autorización. Lo que nadie explica es que no se puede ir a cambiar llevando efectivo, todo hay que hacerlo a través de una transferencia, incluso para las casas de cambio. En un banco solo aceptan cambiarle a sus propios clientes, así que hoy me apersoné en la casa central de mi entidad bancaria. Hice la cola en la caja, mientras mi estómago hacía un concierto de quejidos, y el cajero me informó que el banco no tenía cambio en euros, así que redondeaba para abajo. No me podían vender 733 euros, sino 700 (o 33 por día). Lo mismo le pasó a Vicky. No importa si el monto termina en 99, siempre se redondea en contra del comprador. En esta entidad, no hacían el trámite por caja, sino que había que anunciarse en mesa de informes.

Otra cola, y mi panza croando. “Te llaman por apellido” me dijo la empleada, y durante una hora estuve parando la oreja, esperando escuchar las mágicas palabras “Martín Casanova”. Finalmente sonaron, y lejos de terminar ahí el trámite, estuve una hora con un ejecutivo de comercio exterior, en el que intentaba ingresar mi solicitud al sistema de AFIP, el cual tiraba alarmas todo el tiempo. Ahí me enteré de que el papel de AFIP no garantizaba que me vendiesen, sino que todo se decidía en forma online, en ese preciso instante. Como monotributista me pidieron constancia de inscripción y recibo del último pago, cosa que, obviamente, no llevé porque para qué quieren que presente eso si yo solo me quiero ir unos días de vacaciones. “Hacemos una excepción, solo por esta vez”, me dijeron.

Firmé una declaración jurada, en la que me comprometía a utilizar ese dinero, obtenido en forma legal, solo para esos fines. O sea, fueron $4250, no es poca plata pero tampoco como para que se considere lavado de dinero. Se llenaron papeles y sellos y firmas, y el cajero reconocía que le parecía una ridiculez tanta complicación por esos montos.

Finalmente, con los papeles de aprobación, hice la cola en la caja. Ahí me enteré de que no podía pagar en efectivo, como tenía planeado, sino que debía hacer un depósito en mi propia cuenta para después retirarlo en euros. Hice eso y me sentí medio tonto de depositar y recibir… O sea, ¿no se podía obviar ese paso? Si solo venden cambio a clientes del banco, ¿por qué no reciben su dinero en efectivo y le dan los euros? Digo, en lugar de hacer ese depósito, en el que me descuentan ingresos brutos… En fin.

Me fui del banco dos horas después de haber entrado, con el estómago vacío y sin hambre, pero con una molestia terrible. Sin paradas intermedias me fui para casa, para seguir descansando. Hay un tema menos en mi cabeza, y como viajo en muy poco tiempo, me conviene no hacerme mala sangre por cosas nuevas…

Semana 49: Día 340: Mi vida es una historieta

Aunque parezca exagerado, realmente estuvimos hablando de si convenía viajar a Europa o no. Falta nada, 10 días, y el tema del cepo cambiario, sumado al impuesto “adelantado” de las compras con tarjeta de crédito y débito en el exterior, nos hace hablar, por primera vez, de las ventajas y desventajas de cancelar este emprendimiento.

Pareciera a propósito, pero hoy es el Día de la Historieta en Argentina, celebrado porque un 4 de septiembre se publicó el primer número de Hora Cero, el semanario donde, en esa misma primera edición, debutó El Eternauta. Y casi como un “Continuará” de un cómic, nos quedamos a la expectativa, colgando de un acantilado, pensando en cómo salir de esta. Nunca quise hablar de política en el blog, porque me parece un tema que solo genera polémica al divino botón. Yo quiero hablar de cómo afecta mi vida el entrenamiento y una dieta saludable. Pero este viaje que está a punto de convertirse en una tradición, representa el fin de una etapa y el comienzo de una nueva. Y cuando uno dijo “yo así no viajo, me van a hacer presentar una declaración jurada apenas vuelva”, la cosa empezó a ponerse espesa.

Yo creo que a esta altura no vamos a abandonar nuestro sueño. Como comentaba anoche, la idea de este viaje es, entre otras, visitar el Decathlon y conseguir a buenos precios un montón de elementos que vamos a necesitar para La Misión. También nos sirve de capricho para correr con la Torre Eiffel, el London Bridge y el Coliseo Romano de fondo. Pero es innegable que nuestras expectativas eran muy diferente hace unos meses, cuando empezamos a planificarlo. Creo que fue hace un año, cuando yo estaba en Atenas y Vicky acá, y nos extrañábamos tanto que juramos no volver a poner tanta distancia entre nosotros. A 11 mil kilómetros, el sueño de volver a Grecia juntos empezó a tomar forma.

Meses después, cuando la Espartatlón era una posibilidad, sacamos los pasajes. Ya era difícil  comprar moneda extranjera por aquel entonces, y luego fue imposible. Entonces se abrió la posibilidad de hacerlo con motivos de un viaje, pero de a poco el trámite se empezó a hacer más difícil, al punto de que ahora solo se puede empezar una semana antes de volar, y si te aprueban la compra (que en teoría nunca te la niegan), hay que ir al banco 48 horas antes de la salida del vuelo. Poco margen ante una situación de nervios e incertidumbre. Yo, por ejemplo, ya estoy durmiendo entre 3 y 4 horas, intentando cumplir compromisos laborales, sacrificando sesiones de entrenamiento (¡el estrés!). A eso le tengo que sumar hacerme el hueco para ir al banco a comprar divisas… siempre y cuando me lo aprueben (soy monotributista moroso que espera volver del viaje para entrar en la moratoria y ponerse al día). Antes podía comprar en el aeropuerto, una vez que ya estaba todo listo y solo quedaba hacer tiempo hasta poder embarcar.

Toda esta suerte de historieta nos tiene a mal traer. A veces intentamos ponerle una cuota de positivismo, pero creo que hasta que no estemos aterrizando y empapándonos de el aire de vacaciones, vamos a seguir sufriendo y deseando que las cosas no se compliquen más aún.

El viaje está confirmado en un 90%. Pagamos los pasajes, pero el hospedaje, comida, regalos y otros menesteres que íbamos a abonar con tarjeta es algo que sigue pendiente. Retirarnos ahora implicaría no gastar más de la mitad del presupuesto que teníamos pensado. Perdemos lo invertido, pero no seguimos angustiándonos por qué nos va a pasar antes, durante y después de viajar.

Esta historia continuará…

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