Archivo del sitio

La historia de mi tatuaje

En Septiembre de 2014 cumplí un sueño, que fue correr el Spartathlon. Recorrí los 246 km en poco menos de 36 horas, con un desgarro que me acompañó 160 km y que me dejó con muletas por las siguientes tres semanas. Pero la alegría de completar esa aventura hizo que todo valiese la pena.
Decidí inmortalizar todo este proceso con un tatuaje. Siempre me dieron miedo, pero a la vez intriga. ¿Encontraría alguna vez algo para pintarme en la piel y nunca arrepentirme? La respuesta fue “sí”.
Me encanta viajar, me encanta escribir y me encanta correr. Junté mis pasiones en un blog llamado “Semana 52”, y quise que mi tatuaje representara eso.
En el hombro está el logo del LionX Team, el grupo de entrenamiento donde me formé y que me acompañó en esta locura. Es un espartano fusionado con un león, y creo que no hace falta describir todo lo que eso representa.
A los costados comienza una tira con el signo del infinito. Me pareció que tenía que ponerle un patrón, y ese me gustó. Creo que voy a viajar, escribir y correr eternamente. Pero esas formas también me representan gotas de sudor, de sangre y de llanto. El camino hasta alcanzar lo que soy hoy fue duro, requirió esfuerzo, y sobreponerme al dolor, físico y mental. Las lágrimas también son de alegría: cuando crucé la meta pude llorar abrazado a mis padres, y es algo que va  a quedar grabado en mi memoria para siempre.

Bajando, sobre el bíceps, puede verse el 7 en números romanos. Es mi primera carrera, una posta de 7 km que hice a mediados de 2008 en Pinamar. Cuando llegué a la meta, Germán, mi entrenador, me abrazó. Yo le dije que no entendía por qué me felicitaba si había hecho muy poco, comparado con otros. Él estuvo acompañándome durante el Spartathlon, fue quien me entrenó todos esos años, y en la meta también compartí un abrazo con él entre lágrimas. Dice que gracias a aquel abrazo después de correr 7 km fue que pudimos tener ese otro abrazo, después de correr 246 km.
Por eso esa distancia es tan importante para mí. Estuve a punto de hacerla en números convencionales, pero me gusta que toda esa información esté semi oculta. Debajo empieza un teclado de computadora, para representar mi escritura. El logo de Batman oculto es porque gracias a que vendí mi colección de cómics (que comencé en 1990) pude pagar mi pasaje y el de mi equipo de apoyo. Debajo se ve otra distancia importante en mi vida: el 42, la maratón.

En el centro del bíceps quise representar al veganismo, la alimentación que descubrí mientras me preparaba para el Spartathlon. Durante la carrera consumí productos libres de proteínas animales y me sentí fantástico. Jamás me faltó fuerza y creo que gracias a que tampoco consumí geles y azúcares fue que no tuve problemas intestinales durante la carrera. Vi a corredores vomitando y abandonando por esto.
Del otro lado está el número 27, la primera carrera completa que hice, 27 km en Pinamar en 2009. Fue la misma que mi debut del año anterior, solo que ahora la hice completa. Tiene la importancia de haberme animado a salir de la largada y no detenerme hasta llegar a la meta. Por debajo continúa el teclado, y abajo quise representar a un corredor bajo la lluvia. Hace muchos años, antes de empezar a correr, vi a un hombre desde el tren que corría en una pista de atletismo, bajo una lluvia torrencial. Estaba solo, y me imaginé que en ese momento él era muy feliz. Cuando corrí el Spartathlon, en el km 42 llovía a cántaros, y me di cuenta que me había convertido en aquel extraño al que envidiaba.
Debajo está el nudo que representa el compromiso. Quise escribir la palabra “Spartathlon” en griego. Además de ser el nombre de esta fantástica carrera, representa las ciudades de Sparta, Athens y London (Esparta, Atenas y Londres), ya que la primera persona en hacer este recorrido en la era moderna fue un inglés, quien unió Atenas con Esparta. También hay una guarda griega, que en realidad es el “52” de mi blog, escondido. Por debajo se ve una cadena rompiéndose, que representa mi lesión y todo con lo que tuve que romper para liberarme y no ponerme límites.
Por supuesto, Filípides tenía que estar. El historiador Heródoto dice que él corrió de Atenas a Esparta en un día y medio, para después volver a pie (¡por suerte el Spartathlon es solo la mitad de lo que él hizo!). Esta figura está en la medalla y es el símbolo de la carrera. Le agregué unas líneas para denotar velocidad, y lo hice apuntando hacia arriba, para denotar progreso y superación.

En el codo puede leerse, en números romanos, el año 2014, que fue cuando corrí, y la distancia, 246 km. Yo no sabía nada de tatuajes, pero resulta que el codo es una de las partes más dolorosas para tatuarse. Es poco comparado con el dolor de mi lesión, tanto durante la carrera como en los días posteriores. Pero creo que es imposible completar un Spartathlon sin sufrir algo de dolor.

Foto del día 18-09-2015 a la(s) 12:53

Más abajo se ve la bandera de Grecia fusionada con la de la Comunidad Europea. Los motivos por los que está la bandera griega no hace falta aclararlos, pero la bandera de la Comunidad representa a mis antepasados españoles e italianos, y el placer que me da viajar. Correr me permitió conocer lugares increíbles a los que jamás hubiese ido. Debo reconocer, además, que mis amigos y mi familia me acompañaron en mucho de estos viajes, y que sin ellos tampoco me hubiese planteado volar a otro país.
En la muñeca cierra otra vez la guarda griega que esconde el número “52”. Es un círculo completo, que podría representar el final de un ciclo, y cómo terminé embarcado en esta aventura gracias a que un día decidí entrenar en serio y llevar un registro diario en un blog.
Esta es la historia de mi tatuaje. Quizás viva nuevas aventuras, y tengo el resto de mi cuerpo para seguir completándolo.

El día de Star Wars 2015

El día de Star Wars 2015

La Carrera: La Star Wars Run comenzó en Argentina el 4 de mayo de 2014, exactamente el Día de Star Wars. El origen de esta celebración se encuentra en que la famosa frase “May the Force be with you” (“Que la fuerza te acompañe”), suena parecido a “May the fourth”, o sea 4 de Mayo en inglés. Lo que empezó como un chiste entre los fans se convirtió en una celebración mundial.

El año pasado, el Club de Corredores y Disney organizaron esta carrera de 6 kilómetros, donde convivían los que disfrutaban de correr, los fanáticos de las películas y los que se encontraban en la mitad.

Ya hacía rato habíamos compartido entrenamientos con el director y conductor Seba De Caro, y cuando me dijo que se quería anotar para correrla, no pude evitar acompañarlo. Quería estar ahí para ser testigo de su primer intento en una competencia, y más en esa distancia, todavía desconocida para él (con el correr de los meses la superó con creces).
Las diferencias de la edición 2015 fueron varias. Primero, Seba pasó a ser el conductor en la previa y la llegada, por lo que no pudo participar como corredor. Pero yo sí, y tenía conmigo a mi hermano Santiago. Esta vez le tocaba a él ser el debutante.

Segundo, la “gran” diferencia respecto a 2014 fue que esta vez se corrían 7 kilómetros. MIentras que el año pasado cada mil metros representaba a uno de los episodios (la trilogía original y la de las precuelas), en esta oportunidad, a pesar de que estamos anticipando el estreno de Episodio 7 el 17 de diciembre (el día de mi cumpleaños, para qué negar ese dato), esta vez no hubo más que carteles indicadores de los kilómetros, con un diseño discreto pero no alusivo a cada capítulo de la saga.

La tercera diferencia, y la que probablemente hacía más divertida esta entrega, fue que se podía optar por correr por el lado de la Fuerza o de la Oscuridad, con una remera azul para los buenos (con el escudo de los Rebeldes) y la roja para los malos (con la insignia del Imperio Galáctico). Yo me puse del lado de Luke y Yoda, mientras que mi hermano encaró para los Sith.

El evento estuvo atestados de fans, muchos disfrazados de pies a cabeza o con máscaras, sables de luz y maquillaje. El público era tan diverso que adelante estaban los que iban a ganar, en el medio los que corrían para llegar, y atrás los que caminaban y sacaban fotos. Todos recorrieron la distancia, se divirtieron y conmemoraron la saga que, a casi cuatro décadas de su debut, sigue capturando la imaginación de gente de todas las edades.

En lo personal, nunca había corrido con mi hermano. No tenemos poderes ni entrenamiento Jedi, pero sí un enorme aprecio porque somos mellizos (aunque por el poco parecido hay quienes dicen que venimos de madres distintas). Él me endiosa porque cree que no podría correr las distancias que yo corro, así que decidí compartir esta aventura con él y que conozca mi mundo desde adentro.

Tuve el buen tino de avisarle un día antes que le había gestionado una inscripción, y pasó por diversos estados: pánico, euforia, nervios, alegría. Finalmente, cada uno con su remera fosforescente, fuimos al Hipódromo de San Isidro y aunque hicieron dos largadas separadas por color de remera, faltando poquitos minutos para que el cronómetro diera inicio a la carrera, fusionaron los dos coloridos grupos y pudimos correr a la par.

Si bien habían prometido hidratación en la mitad de la carrera, no llegó hasta el kilómetro 5. Eso fue duro porque era a lo que le veníamos apuntando. Santiago hizo un esfuerzo enorme, inédito para él, ya que su vida como padre, empleado y músico no le dejan momentos para entrenar. No me separé de él en ningún momento, cuando sentía que no podía más intentaba distraerlo con otros temas, y aunque caminamos en tres oportunidades para recuperar el aire (por muy pocos metros), cruzamos la meta a toda velocidad. La música de la celebración del final de Episodio I nos acompañó en ese sprint final, y fue realmente mágico. Uno de los momentos más emotivos que viví en una carrera, y que promete ser el primero de muchos para la dupla Casanova hermanos.

Lo bueno: La remera, que brilla en la oscuridad, es un hallazgo. Alguien dijo que la de la Fuerza debería brillar en la luz, pero no se pudo. La organización estuvo bien (tampoco fue impecable) para lo que es gestionar a más de 10 mil corredores, más familiares y acompañantes en las gradas. La marea de remeras del mismo color es una vista imponente.

El plato fuerte de esta carrera fue sin dudas la conducción de Seba de Caro. No lo digo yo porque lo aprecio y es mi amigo, sino porque es así. Mi hermano, que solo lo conoce de la tele, lo vio hablando con el público y me dijo “¡Es un showman!”. La trivia de Star Wars, la química con el público, todo salió en tiempo, natural y divertido. No imagino alguien mejor para conducir este evento.

Lo malo: La hidratación debió haber estado mucho antes, en mi humilde opinión. Si bien 7 km no es un desafío para un corredor experimentado, los que encaran esta distancia por primera vez deberían tener una “excusa” para detenerse, hidratarse, y seguir. Además estaría bueno que dejaran de dar agua con bajo contenido de sodio, ya que solo está indicada para hipertensos. Quienes estamos bien de la presión arterial necesitamos sí o sí agua CON sodio.

Es imposible que con tanta convocatoria, las cosas no se vayan de las manos. Si bien todo salió de forma muy fluida, cuando los 10 mil corredores fuimos al guardarropas para buscar nuestras cosas y cambiarnos, reinaba el caos. No se sabía cuál era la cola, el orden, y aunque había como 30 personas de la organización organizando las devoluciones, se demoró demasiado. ¿Hay solución para esto? Posiblemente no, y la lección sea que quizá convenga no dejar las cosas en el guardarropas si después vamos a querer irnos rápido a casa.

El veredicto: Star Wars Run es una carrera muy divertida, que hay que vivir de punta a punta (en la previa, la competencia y la llegada). Lo que podía hacerse bien se hizo muy bien, y lo que podía fallar falló muy poco. El crecimiento que tuvo en un año pone la vara muy alta, y seguramente en 2015 la podamos disfrutar con los nuevos personajes que conoceremos este año.

Puntaje:
Organización: 9/10
Kit de corredor: 6/10
Terreno: 7/10
Hidratación: 7/10
Nivel de dificultad: Para cualquier corredor, en especial los que recién se inician.

Puntaje final: 7,25

Terma Adventure Race Tandil 2015

Terma Adventure Race Tandil 2015

La Carrera: Este clásico de las carreras de aventura se corre desde hace 16 años en la ciudad de Tandil. La conocí como “La Merrel Tandil”, y en mi inocencia jamás asocié que se trataba de un sponsor, y que actualmente llevaría el nombre de “Terma”. Sin embargo, el circuito es muy similar: ha variado levemente con los años, ganando terrenos más interesantes y perdiendo uno o dos kilómetros en el camino. Pero a efectos de esta reseña, diremos que la distancia total fueron los 27 km que declaraba la organización.

El recorrido de esta carrera comienza en la Plaza de las Banderas y es siempre una largada multitudinaria. Es emocionante ver cada año las caras nuevas de los corredores que se animan a conquistar las sierras. Hablar de la belleza de Tandil y su oferta turística sería extenderse demasiado en la reseña, pero cualquier carrera que se realice en esta ciudad tiene el plus de convertirse en unas agradables vacaciones.

Antes de la carrera en sí misma tiene lugar la entrega de kits, donde además tiene lugar una suerte de feria de running donde se pueden conseguir muchos accesorios útiles a precios razonables.

El día de la largada amaneció fresco pero rápidamente el sol levantó la temperatura. En siete años que participo de esta carrera de aventura nunca sentí tanto calor. Los días de marzo, el último del verano, suelen ser bastante cambiantes, y mientras tuvimos que acostumbrarnos a correr con frío o con lluvia, el pasado domingo disfrutamos (y sufrimos) de un imponente día soleado.

El recorrido fue muy similar al año pasado. Tengo la impresión de que la bajada a la cantera tuvo un sendero nuevo, más angosto, donde uno debía agachar la cabeza en ciertas partes. Quizá haya sido parte del año anterior, pero sin dudas es parte de los pequeños cambios en el recorrido que fue sufriendo la carrera. Nunca están de más, ya que aunque la haríamos si el camino fuese calcado, las novedades son siempre bien recibidas para los reincidentes.

Lo bueno: La organización por parte del Club de Corredores y la gente de Tandil suele ser muy eficiente, tanto durante la entrega de kits como en la competencia en sí. Tengo algunas observaciones que voy a dejar para la sección con los aspectos negativos, pero en general se destaca su prolijidad.

El recorrido es óptimo, ya que combina una pequeña parte de asfalto en la largada (en una eterna subida), caminos de tierra, pasto y muchas, muchas rocas. Para quienes entrenamos con responsabilidad todo el año, Tandil es una excelente oportunidad para poner a prueba todo eso que hemos preparado. La primera mitad es una prueba principalmente aeróbica, mientras que la segunda es técnica y aquí entra en juego lo que hayamos entrenado en cuestas. También es un buen entrenamiento en sí mismo para quienes estamos viajando en breve a carreras de montaña, como es mi caso con los 120 km de Patagonia Run. En lo que a mí respecta intenté moverme rápido, con poco equipo encima (solo una botella en la mano con algunas pasas), para aprovisionarme en los tres puestos de hidratación (dos de ellos tenían comida). Así pude probar en dónde estaba parado (no de forma literal) en cuanto a mi potencia de piernas y ver cómo se comportaban mis nuevas zapatillas Asics pisando rocas sueltas.

Lo malo: Aunque el saldo de esta edición de la Adventure Race es positivo, hubo una situación que colmó mi paciencia, y por lo que pude escuchar la de otros corredores. Quienes me conocen saben que soy vegano, y como atleta de alto rendimiento me preocupo mucho por lo que consumo, tanto en lo que respecta a alimentos como bebidas. No creo que los beneficios de las bebidas isotónicas como el Gatorade y el Powerade estén por encima de lo nocivo que es llenarse de azúcar, colorantes y jarabe de maíz de alta fructosa. Pero mucha gente considera que es importante y no está mal que la organización ofrezca este tipo de bebidas. Sí me sigue pareciendo un acto de inconsciencia que el agua de los puestos sea solo la de bajo contenido de sodio. Cualquiera que se dedique a investigar va a poder comprobar que a menos que tengamos problemas de hipertensión, los corredores necesitamos bebidas con un nivel de electrolitos similar al de la sangre. Está bien, la opción es hidratarse con Gatorade, pero quienes estamos harto de que nos llenen de azúcar necesitamos una opción saludable en la que podamos correr más de tres horas sin jugarnos la vida. Para el Club de Corredores esto no es prioritario.

Hasta aquí esto es una apreciación muy personal con la que pocos podrían estar de acuerdo. Pero mientras en el recorrido uno toma su agua o su vaso de Gatorade para beber y seguir corriendo, la llegada a la meta es una combinación de euforia con el cansancio que empieza a hacerse sentir. No tomé la botella de Gatorade que me ofrecieron, y directamente pedí la de agua (con bajo sodio). Salí del corral de la llegada, bebí y me puse a estirar. El sol estaba fuerte, así que fui a pedir otra botella, porque además quería volver, subir la sierra, y acompañar a cualquier corredor de mi equipo que necesitara ayuda. Pero me lo negaron. “La verdad que no nos dejan”. La respuesta me sorprendió mucho, en especial porque gasté media botella de mi propia agua en limpiarle un feo corte en la rodilla a una corredora que se había caído, y la otra mitad en un corredor que rogaba a ver si a alguien le sobraba un poco de líquido.

La organización, que es la que prohibió que se diera más de una botella de agua a los corredores que habían pagado su inscripción, no tiene en cuenta que muchos no corremos con dinero para ir a comprar bebida, que traemos lo puesto y que seguramente agotamos toda nuestra bebida en la carrera. Ya no consideran que sea importante el sodio en los deportistas, pero tampoco el calor ni la necesidad de hidratarse. En la carpa médica comentaban que este fue uno de los años en que más tuvieron que atender a corredores que se desvanecían, en consonancia con un día bastante caluroso. ¿Era justo la edición para escatimar el agua? Realmente me frustró y amenazó con amargarme una mañana que, hasta ese momento, había sido perfecta.

El veredicto: La Adventure Race de Tandil es una carrera exigente, bien organizada, pero no por eso menos riesgosa. El terreno es muy técnico como para subestimarlo. Las cosas que funcionan de la organización hacen que uno pueda disfrutarlas de punta a punta si se está preparado, pero lamentablemente a veces a uno lo tratan como un número, en lugar de como un ser humano.

Puntaje:
Organización: 6/10
Kit de corredor: 8/10
Terreno: 9/10
Hidratación: 3/10
Nivel de dificultad: Para corredores avanzados

Puntaje final: 6,50

Los 8 km de la Demolition Race Pinamar 2014

Demolition Race Pinamar 2014

La Carrera: Si tengo que hablar de historia, sin lugar a dudas la Adventure Race de Tandil es la más especial para mí. Esta fue mi primera carrera de aventura, y si no cuento las “maratones” del colegio a fin de año, directamente debería decir que fue mi primera carrera. Era parte de un equipo de postas y cuando terminé la que me correspondía, la última, mi entrenador Germán me abrazó y yo no entendí bien por qué. Subestimé mi esfuerzo y no supe ver, como él, que esto era solo el principio de algo más grande.

En mi debut estaba auspiciada por Merrell, hoy por Terma. El recorrido no varió mucho con el paso de los años, con un terreno casi exclusivamente en arena, con muy poco camino de tierra, calle y el maravilloso campo de golf que es un deleite para los pies. Es una prueba agotadora, no es para cualquiera, pero conquistarla es un placer enorme. Y si tenemos suerte, va a tocar un buen día que amerite pasar unos días en la playa antes o después de correr.

El kit del corredor, como en todas las Adventure Race previas, está compuesto principalmente por dos botellones de Terma que terminan cortando las correas de la bolsa. No me fijé si venía algo más, porque ya estar acarreando el kit por dos tiras colgando me resultó un poco fastidioso.

Lo bueno: Esta clásica carrera de ventura se corre en la ciudad de Pinamar cada año. Si bien todavía es un evento que podría tener mayor convocatoria, va ganando presencia en Facebook a medida que se acerca el día de la competencia, y en cada nueva edición pueden verse caras nuevas.

Es difícil hablar de la Demolition Race, porque después de participar en tres ediciones, podríamos decir que ninguna es igual a la anterior. No importa tu experiencia, cómo era el terreno, nada. Uno se entera a qué se enfrenta estando ahí.

Al ser una carrera chica, la organización se maneja a pulmón, y no es algo peyorativo. El kit del corredor es bastante austero comparado con cualquier otra competencia similar, pero en esta edición la calidad de la remera mejoró bastante de la de 2013, y muchísimo más que la de 2012. Hay un código particular, el de ir a darlo todo, con el que muchos entusiastas podrían identificarse.

Lo bueno: Si bien es una carrera corta, de 8 km, esta edición no fue para nada sencilla. Diversos obstáculos en todo el camino hacen que uno la corra agotado incluso antes de llegar a la mitad. Al menos en esta edición hubo que correr por arena suelta y por el bosque, saltar paredes, subirse a containers resbaladizos, echarse cuerpo a tierra, meterse al agua y la clásica trepada por un muro de tres metros, ayudados por una soga.

Es raro que el día no acompañe en diciembre (aunque podría pasar). En el día de la largada había mucho sol, y el recorrido tenía bastante reparo, sobre todo cuando uno se internaba en el bosque. Los voluntarios asistieron muy bien, ofreciendo ayuda, agua y servicio médico a quienes lo necesitaran.

Lo malo: Si bien, como dije, la organización está hecha a pulmón y los voluntarios le ponen, valga la redundancia, mucha voluntad, el hecho de que nunca hagan un recorrido igual he decidido ponerlo como algo negativo. Es cierto que se trata de una carrera corta, pero en base a la experiencia del año anterior convencimos a muchos debutantes para que participen y terminaron agotados, algunos llorando. La camaradería que tienen los corredores hizo que muchos obstáculos fueran sorteados gracias a la ayuda entre nosotros, como el caso del container cuyo techo era peligrosamente resbaladizo.

Ciertos detalles dan la sensación de que las cosas son medio caóticas. En la largada, la explicación del recorrido y todos los obstáculos que íbamos a encontrar resultaban tremendamente confusos. Arrancamos con unas bolsas que debíamos cargar de, supuestamente, un kilo de arena, pero a mí se me hicieron como cinco, y no había dos paquetes iguales: el de algunos era la mitad que el mío. Y lo peor de todo fue que no alcanzó para todos, algo que debería preverse teniendo en cuenta la cantidad de inscriptos.

Aunque los puestos de hidratación estaban estratégicamente ubicados a la sombra, es muy desagradable hidratarse con agua a temperatura ambiente (o sea, caliente). Entiendo que a veces el clima suma y a veces resta, y también que los recursos están bastante ajustados a una carrera que, todavía, necesita tiempo para crecer, pero cuando uno está en un evento donde quiere darlo todo, espera lo mismo de los organizadores.

Y mi GPS, al que le creo, me dio 7 km. Con lo agotado que estaba, agradecí ese kilómetro de menos, pero no creo que a todos les agrade del mismo modo.

El veredicto: Si bien la Demolition necesita unos minutos de horno para convertirse en una carrera obligatoria en el calendario anual del running, algunos van a encontrar que el hecho de que no haya dos ediciones iguales es un gran componente en el desafío. Lamentablemente no podría recomendarle esta carrera a un debutante, a menos que yo supiera que es fanático de los campamentos militares y que tiene mucha energía para gastar. Yo mismo me considero un corredor experimentado y en el primer obstáculo tropecé y me lastimé mucho la pierna (pero culpo más a mi ineptitud y ansiedad que a la organización). En resumen, la Demolition no deja de ser una experiencia que vale la pena vivir, no para cualquiera, y que tiene muchas cosas que ajustar.

Puntaje:
Organización: 6/10
Kit de corredor: 3/10
Terreno: 10/10
Hidratación: 6/10
Nivel de dificultad: Para corredores experimentados o debutantes suicidas

Puntaje final: 6,25

Semana 52: Día 364: La Espartatlón 2013

Lantink_Spartathlon2013

Ayer escribí un post, mientras se largaba la carrera de calle más soñada por mí: La Espartatlón. Hoy estoy escribiendo esta nueva entrada… ¡y la carrera todavía no termina! Acá no hay gente que para a descansar, se duerme una siesta… no, estos verdaderos guerreros del running no se detienen, o al menos dan todo de sí mismos para encontrar su límite o la gloria.

Comenzaron 323 corredores. Con unos 75 puestos de control en los 246 km del maravilloso recorrido, las informaciones se van conociendo cuando los atletas los van pasando. Lantik el holandés va a la cabeza, y al principio era seguido por Mike Norton… cien metros de diferencia, a veces se pasaban mutuamente. Pero en Corinto, a las 14 horas de carrera, por el puesto 26, Lantik iba cómodo y le había sacado un puesto de ventaja a Norton, quien comenzó a perder fuerzas por un dolor en la cadera. En el primer tercio de carrera abandonó el 18% de los corredores, que se enfrenta a temperaturas de 30º al sol y 10º en la noche. Oliveira, de Portugal, permanece segundo mientras escribo estas líneas, acercándose cada vez más a Lantik. La cabecera va por el puesto 57, y todavía queda mucho camino por recorrer.

Y, aunque usted no lo crea, este blog se termina hoy. Bueno, más o menos. Termina este tercer año, que fue el segundo intento en que quise correr esta fantástica carrera. La primera vez, en 2012, no pude porque no cumplí el requisito de correr 100 km en 10:30 hs (llegué a 70, vomité y pedí clemencia). Este año lo logré (lo hice en 10:14), pero cerraron las inscripciones porque no había cupos y la lista de espera llegaba a 194 corredores. Siendo que no arrancaron los 350 atletas del límite máximo de participantes, podría haber ido… pero necesito estas 52 semanas que quedan por delante para entrenar mucho.

He decidido que esta, la cuarta temporada de Semana 52, sea mi mejor momento. Física y mentalmente así lo siento. El desafío será mantenerlo y seguir mejorando durante 2014. Sé que lo voy a lograr, tengo la motivación y gente idonea que me asesora. Me gustaría estar ahora allá, sí, pero me siento sospechosamente conforme con cómo se fueron dando las cosas.

Mañana el contador vuelve a empezar. Ahí voy a resetear el cuentakilómetros y veremos con cuánto llego a septiembre de 2014. Ojalá que sea desde el otoño griego, bajo su sol radiante y caminando por esas calles llenas de historia. ¿Caminando? Debería decir corriendo…

Semana 50: Día 346: Críticas a la Media Maratón

Yo disfruté mucho de los 21k de Buenos Aires. En lo que a mí respecta, fue perfecta. Hice mejor tiempo del que esperaba, el sol acompañó, vi a muchos, muchos amigos (todos hechos gracias a correr) y durante el trayecto, además de transitar lugares increíbles, tomé y comí lo que me hizo falta, provisto todo por la organización.
Por eso me sorprendió el tono de muchas críticas que leí ayer y hoy. La incuestionable, que la viví a través de mis compañeros de Puma Runners, fue el caos absoluto del guardarropas. Vane lo dijo muy bien, después de hacer 40 minutos de anárquica cola: “Esto es el último contacto que tiene la organización con el corredor. Si te quedas con esta impresión, te arruinan la carrera”.
Quizás el anonimato de Facebook haya ayudado a que muchos se descargaron en la página oficial de la media maratón si ninguna clase de filtro. Todos hablaban del guardarropas, pero también de los chips descartables que se despegaban. También la desorganización de la llegada, donde se amontonaba la gente que ya había corrido. Independientemente de que debe ser muy, pero muy difícil ordenar a miles y miles de participantes, hay cosas que creo que son responsabilidad de los corredores. Despejar el área de llegada está en cada uno. Vi a gente tirada en el piso estirando, a 10 metros del fin del corralito. ¿Hacía falta? Después está esa obsesión que no entiendo de terminar de correr 21 km y ponerte a hacer una larguísima fila para que te saquen una foto y la publique una conocida publicación de running. Era como si regalaran algo… ¡Solo les regalan publicidad! Además, estaban estratégicamente ubicados para agarrar a los participantes apenas salían, en lugar de hacerlo a un costado. La cola era tan larga que, obviamente, entorpecía el flujo de los finishers.
Otro reclamo que me parece es compartido (si no es exclusivamente culpa nuestra) es la cantidad de basura. No es para nada difícil usar la misma bolsa que daban de promoción para tirar ahí nuestras cosas, hasta que encontremos un tacho.
La crítica más absurda que leí no fue de parte de corredores, sino de vecinos que estaban molestos haber sido despertados por los gritos de los corredores y la música de Los Beatles. “Piensen en los vecinos”, pedía, como si una carrera como esta no pusiera al barrio ya la ciudad en un valor más alto. Para cerrar, proponía trasladar estas competencias a la Reserva Ecológica, como si 17 mil personas pudiésemos completar 21 km ahí adentro.
Creo que el hecho de que haya tanta gente compitiendo le termina jugando en contra. Por un lado, estos números son muy difíciles de manejar (poco tiene que ver con idoneidad), y por el otro, no se puede complacer a todo el mundo…

Semana 50: Día 345: La Media Maratón de la Ciudad de Buenos Aires

08092013318

Ayer intuí que hoy iba a ser un gran día. No me equivoqué.

Faltan tres semanas para que termine este año y complete las 52 semanas. No se va a caracterizar por alguna gloriosa carrera en la que haya participado, sino que ahora que miro hacia atrás veo que podría haber llamado a esta temporada como “Un atleta vegano”. El cambio en mi alimentación fue el más importante, y el no haberme podido inscribir en la Espartatlón por falta de cupo hace que mi meta máxima espere un año más.

Pero eso no quiere decir que no haya tenido muchos logros personales en este tiempo, tanto a nivel personal como deportivo. “Orden es progreso”, me dijo hoy Juanca al teléfono, antes de volverse a Venado Tuerto. Y lo dijo felicitándome por mi departamento y cómo está todo organizado. Ser vegano también implica tener mucho orden en la cabeza y en la cocina, y también es un requisito para conquistar metas.

Hoy corrí los 21 km de la Ciudad de Buenos Aires, sin pensar que iba a ser la “última” carrera de esta temporada de Semana 52. Seguro, en un mes está la Maratón, pero eso ya va a entrar en la nueva temporada, de cara a la Espartatlón. No lo venía pensando mientras corría por mis calles, pero sí me dije, y me lo repetí muchas veces, que esta tenía que ser la última vez que buscaba velocidad. Es hora de intentar alcanzar distancias, superar la barrera de los 100 km y vivir para contarlo.

No es casual que haya mencionado a Juanca, ya que este fiel lector del blog, que hoy es un amigo, vino a correr esta media maratón y aprovechamos para vernos en persona. Confirmé que Juanca no es un ser virtual, sino que existe y es en 3D. Él es vocero de Espera por la Vida, y nos trajo a todos los Puma Runners unas pulseritas hechas por él mismo para correr por Benicio, el chiquito de 8 meses que fue operado del corazón. Si hubiese una forma de medir esta campaña íntima (pero no menos importante), debería decir que fue un éxito, porque mientras las repartíamos hoy, a las 7 de la mañana, una corredora desconocida se acercó, y al escuchar la historia pidió una para ella.

Yo soy ansioso, y eso de coordinar para que gente de Pilar y San Isidro se levanten en horario, salgan de sus casas y consigan dónde estacionar, todo previo a la largada de una carrera, era algo que me tenía un poco nervioso. Teníamos que repartir kits todavía, más las pulseras, sacarnos unas fotos para seguir promocionando la importantísima labor de concientización de Espera por la Vida, ir al baño, dejar las cosas en los guardarropas y buscar nuestro lugar en la salida. ¡Era mucho! Pero dije que iba a ser un buen día, y todo nos salió bien (bueno, casi todo… a uno de los Puma Runners se le rompió el auto camino a la carrera y se quedó en su casa, maldiciendo por su suerte).

Entre los amigos que estaba ahí conmigo y que también hice con el blog estaba Nico, otro “loco” que descubrió el poder del running. Ni hace seis meses que entrena y hoy hizo la media maratón. Ir a una carrera tan linda, con tus amigos de siempre y los nuevos, es más de lo que cualquiera podría pedir.

Con Marcelo, asiduo compañero de aventuras, y Nico, nos fuimos abriendo paso entre los otros corredores y nos pusimos lo más cerca (humanamente posible) de la largada. Aunque teníamos el arco bastante cerca, pasamos por debajo cuando el cronómetro ya marcaba un minuto de carrera. Para mí eso es clave, porque con 17.500 inscriptos se hace un importante embudo. Más relajados, el resto de los Puma Runners arrancaron de más atrás, y cruzaron la línea de largada como a los cinco minutos.

Correr era físicamente complicado, porque la gente no terminaba de abrirse. Cuando encontrábamos un hueco nos metíamos a toda velocidad, pero enseguida teníamos que frenarnos. Veníamos por Figueroa Alcorta, y después de ver a un montón de gente improvisar un “carril rápido” por la vereda, nos mandamos. Recién ahí pudimos ir a buena velocidad, buscando siempre despegarnos del malón.

El recorrido de este año fue distinto, y no nos metimos en Libertador por la calle Dorrego. Pero cruzamos las vías del tren por debajo del puente, que es algo que a mí me encanta. Sé que puede parecer algo bastante trivial, pero es una curva donde los autos pasan quemando llantas, y no solo me encantan las formas y los colores del metal y el ladrillo formando esa estructura, sino que disfruto cada vez que le ganamos un cachito de espacio al tránsito.

Mi reloj marcaba una velocidad de 4 minutos 10, y a veces lo bajábamos. Hasta ese momento le creía al bendito aparato. Los shows de música y baile que están alternados con la hidratación le da otro color a la carrera, y me di el gusto de acompañar algunas estrofas de una canción de los Beatles mientras iba corriendo. El clima era espectacular, y la remera me empezó a dar calor, así que me la saqué. La llevé en la mano todo el recorrido, y supongo que cuando vea las fotos de la Media Maratón me voy a poder encontrar más fácil. Habrá que buscar al espantapájaros.

El recorrido tuvo algunas diferencias, pero ciertas partes se mantuvieron, como pasar por el Obelisco, la Casa Rosada, Plaza de Mayo, el Cabildo… no hay carrera más turística que esta (bueno, quizá la maratón, pero también es una competencia mucho más dura). Por Retiro me separé de Marcelo, y aunque quería correrla con él, pensé que en un momento me iba a cansar y que no iba a poder seguirle el ritmo. Pero no sé qué me pasó, estaba como poseído por fuerzas desconocidas. No podía bajar el ritmo, venía abriendo la zancada y corriendo con todo el corazón. Me di vuelta varias veces para buscarlo pero dejé de verlo. Paré para tomar Gatorade (y no volcármelo todo encima) y aproveché para buscarlo entre los miles de corredores… pero nada. Decidí seguir y ver hasta dónde podía apretar.

Estuve todo el recorrido yendo rápido, pero cómodo. Podría haber ido más tranquilo y disfrutado más del paisaje, pero para mí lo importante era que estaba haciendo un muy buen tiempo y que nada me preocupaba. En un momento mi GPS dejó de coincidir con los carteles de kilometraje de la organización. Yo tenía un kilómetro 100 metros de más. ¡Era demasiado! Le preguntaba a otros corredores que miraban sus relojes y el mío era el único desfazado. Me hizo sonar algunas alarmas en la cabeza, porque uno regula en base a lo que le falta, y mil metros es una enorme diferencia en la que uno tranquilamente se puede quemar… pero decidí que mi reloj solo me marque el tiempo que venía corriendo, y la distancia la medía con los carteles.

Tomé un par de vasos de Gatorade, que igualmente estaban llenos hasta menos de la mitad, y tres botellitas de agua (otro punto a favor de esta carrera es que el agua… ¡tiene sodio!). También me hice de algunos trozos de banana, y quise comprobar que con eso me alcanzaba para tirar los 21 kilómetros. No me equivoqué. He tenido fondos en entrenamientos donde aguanté con menos. Dejo los geles para la maratón o las carreras más largas.

Otra de mis partes favoritas de este recorrido es subir la autopista. Ahí, más que nunca, recorremos a pie un camino absolutamente vedado a los peatones. Además, el sol brillaba fuerte y calentaba la piel. Me agradecí por la iniciativa de estar corriendo en cuero.

El paso bajo nivel, que yo creía que era la parte más dura de la carrera, me resultó menos temible de lo que recordaba. Quizá el entenamiento, sobre todo en cuestas, ayuda, además de que me acostumbré a distancias más largas y no lo hice tan cansado. Me sirvió que hayan cambiado el punto de largada, corriéndolo unos 200 metros. Al estar llegando, después de meternos un tramo por los lagos de Palermo, la meta se vislumbraba mucho mejor, y al tener todo ese trayecto bastante memorizado, hasta parecía que estaba más cerca. Recurrí a todo mi entrenamiento, en especial de técnica, y levanté los tobillos para dar zancadas más largas y ganar velocidad. En la entrega de kits me encontré con un lector de este blog, Diego, al que le dije que me conformaba con hacer un tiempo de 1:45, y a medida que me acercaba al cronómetro oficial, pude ver que estaba por debajo de los 90 minutos. Culminé mi media maratón con un sprint furioso, grité “¡¡¡ESPARTAAA!!!” y frené mi reloj en 1:26:45. ¡Mucho mejor de lo que me animaba a imaginar!

Mi alegría era inmensa. No sé en qué ubicación estoy de la general, pero es algo que no me importa tanto siendo que le gané a la única persona que realmente me importaba, que era yo mismo. En 2010 hice esta misma carrera en 1:57, y sacarle media hora es bajar el tiempo un 25%. Realmente, no puedo pedir más.

No me lesioné, no me dolió absolutamente nada, no sentí sed, ni hambre, y después pude compartir experiencias de carrera con amigos, como los de Actitud Deportiva, que conocí en Yaboty. Fue una experiencia realmente impresionante, y con esa marca de reloj, la página oficial de la Maratón dice que en Octubre tengo que hacer los 42K en 3 horas 5 minutos. Me mojó la oreja y me siento muy lejos… pero me prometí solo priorizar los fondos y no la marca horaria…

Hablando del reloj, cuando volví a casa quise investigar por qué me había dado tanta diferencia. Además, en el resumen de la carrera me decía que mi velocidad máxima había sido… ¡45 kilómetros! ¿Qué le queda a Usain Bolt y todos los campeones velocistas si yo puedo terminar una maratón en una hora? Cuando descargué a Movescount la información del recorrido, pude constatar que bajando Corrientes hacia la Avenida Alem metí un pique, aprovechando el desnivel, y doblé muy cerrado. Según el Suunto eso lo hice a 1:33 minutos el kilómetro, algo que quizá sea imposible para un ser humano, pero definitivamente nunca lo podría hacer yo. Quizá un satélite explotó en el espacio, o había alguna clase de interferencia, pero viendo el recorrido era como si hubiese cruzado para correr por adentro del Centro Cultural Bicentenario. Luego viene una parte en la que al parecer hice un zigzagueo yendo de vereda a vereda de Alem (el tráfico no estaba cortado), y en lugar de subir hacia la Casa Rosada, me desvié hacia Ingeniero Huergo, rodeando la Plaza Colón, a velocidades asombrosas que nada tenían que ver con el recorrido. Ahí está ese kilómetro con cien metros de más que me descolocó la segunda mitad de la carrera. Una pena, porque hasta ahora mi historia con el reloj Suunto era de amor incondicional.

Volviendo a la media maratón, el punto más flojo de la organización, hay que decirlo, fueron los guardarropas. Mientras que el año pasado fue un ejemplo, con sectores separado por rangos de números de corredores, esta vez fue un verdadero caos, con un solo cubículo habilitado (y los demás extrañamente cerrados) y mareas de corredors que querían sus cosas para irse a su casa. La inexperiencia no cuenta como excusa, menos cuando un año atrás la cosa fue absolutamente lo opuesto. Yo, por suerte, tenía mis pertenencias en el auto de Nico, pero los miles de atletas que tienen este último contacto con la organización de la carrera se quedan con un mal sabor de boca.

Quedan 5 semanas para la Maratón de la Ciudad de Buenos Aires. Esta media es la última carrera de esta temporada de Semana 52, y para mí ha sido un maravilloso cierre. Los 42K van a ser la primera de la que seguramente sea la temporada final de este blog. En 55 semanas quiero estar uniendo Atenas con Esparta, un sueño para el que no voy a querer seguir esperando…

Probablemente una de las claves para ganar tiempo, además de salir bien adelante, fue no correr con el celular, sacando fotos. Por suerte lo tuve a Nico, que logró capturar muchos momentos espectaculares de los 21 km, que gentilmente comparte a continuación:

Semana 48: Día 334: Memorias de un ultramaratonista inexperto

Ayer comentaba, al pasar, sobre mi agotador paso por la Patagonia Run 2012. Estaba participando de los 100 km y fui con muy poca idea de lo que era realmente esa experiencia. No lo entendí en ese momento, pero me cambió mucho mi forma de ver los ultratrails. Después de esta carrera, en poco más de un mes, intenté correr los 100 km de la Ultra Buenos Aires en menos de 10 horas y media. No sé si fue muy pronto y me quemé, creo que ahí tampoco tenía mucha experiencia.

Pero fui con mucho optimismo, con una cámara para filmar y sacar fotos de los paisajes, y se convirtió en un registro de lo que pasaba por mi cabeza. Verlo hoy, un año y medio después, resultó muy revelador. Primero, porque menciono cosas sobre mi vida que han cambiado mucho. Pero por otro lado, hay un cambio de actitud entre el durante y el después de la carrera. Además, al estar pensando en voz alta, me prometo cosas que nunca cumpliré, como no volver a correrla. De hecho, a pesar de todas mis penurias, estoy esperando con ansias la edición 2013 para inscribirme… y volver a ir a sufrir.

Subí los videos así como los filmé, sin editarlos (porque no sé hacerlo). Pero creo que los más jugosos son los del medio.

Semana 47: Día 327: Lo que Yaboty nos dejó

Cuando terminé mis 9 horas y media de ultra trail, pegué inmediatamente onda con los muchachos que atendían el stand de agua misionera en Yaboty. Me ofrecieron algo de tomar y una silla. Ahí mismo me preguntaron de la carrera, el clima, e intercambiamos anécdotas de esfuerzos descomunales (uno había caminado de Liniers a Luján y me prometió que nunca lo volvería a hacer).

El clima esa distendido y todos estábamos conformes. O casi.

Mi saldo de Yaboty, aunque no hayan sido 90 km (sino 79) es más que positivo. La sufrí mucho, pero el placer de cruzar la meta a pie es incomparable. Sin embargo, cuando llegué al albergue se armó  una mini cumbre de corredores indignados. Me sentí minoría por lo que me limité a escuchar.

Mi propia crítica, que no la dije en voz alta, fue que el agua fuese baja en sodio. Pero como ya la pasé mal en otras carreras, aprendí a no depender de nadie (o de hacerlo lo mínimo indispensable). Otros corredores no fueron tan previsores y estaban indignados por la poca comida de los puestos. Al parecer era menos abundante que el año pasado, pero me parece demasiado jugado suponer que las organización va a darnos todo lo que necesitemos. Otros se quejaron de que habían prometido Coca Cola en al menos cuatro puestos (solo había en dos). Quienes me leen saben mi opinión sobre esta horrorosa bebida, así que ni lo noté, pero todos coincidimos en que ese cañaveral abierto a machetazos era un peligro. Yo, sin ir más lejos, me corté las piernas y las manos en una misma caída. Pero no sé si da para molestarse con la organización por algo así. Nadie busca un circuito fácil, que no represente un desafío. Obviamente que en ese momento me acordé de toda la familia de Fede Lausi, pero ahora me quedan las anécdotas y el orgullo de haberlo superado.

Otra queja en la que muchos coincidían es que casi todos se quedaron sin hidratación entre el puesto cuatro y cinco, en la mitad de la carrera. Quizá haya tenido que ver con que el circuito era nuevo, y es algo que tendrán que pulir. Cuando se me vació mi mochila hidratadora me puse a buscar un arroyo donde beber, el sol pegaba tan fuerte y tenía boca tan seca que empecé a juntar ánimo para tomar unos sorbos de charco embarrado. Por suerte no tuve que recurrir a las lecciones de Bear Grylls y en el puesto cinco cargué todo el Powerade que mi espalda podía soportar.

Todos los corredores somos perfeccionistas, o eventualmente tendemos a eso. Yo quisiera mejorar mi desempeño, al punto que me estuve preguntando si no era mejor ponerme contento con mi logro y pasar al próximo.

No me cabe duda que Yaboty puede mejorar (de hecho lo ha estado haciendo), pero sería un necio si no reconociera que en casi todos los aspectos funciona a la perfección. Entonces, ¿qué nos dejó Yaboty? Experiencia, anécdotas, y cosas a mejorar. No sé si se puede pedir más…

Semana 46: Día 322: Camino a Yaboty

Bueno, fue solo un susto. Gendarmería se presentó en Retiro con 350 efectivos para asegurarse de que los micros iban a salir a horario, y que nadie iba a impedirlo. Aunque nosotros salimos con un charter desde Palermo, igual el paro me alarmaba, al igual que todos los que no se iban por un servicio privado sino que partían desde la terminal. Pero con el correr de las horas la patronal cedió, se comprometieron a pagar lo adeudado, y nada nos impide partir hacia Misiones.

Nunca pero nunca estuve mejor preparado para un viaje. Hice mi bolso… ¡ayer! Siempre lo armo diez minutos antes de salir. Y el fin de semana pasado fui a la feria a comprar cosas pensando exclusivamente en el largo trecho en el micro. También me equipé con cosas para la carrera, como geles, barritas, pretzels, frutas secas… todo lo que puedo llegar a necesitar. Tanta preparación me permitió seguir agregando cosas los días subsiguientes, como la compra de último momento del día de hoy, que fue Voltaren (crema) por si algo duele. No me termino de acostumbrar a este nuevo yo, que lava los platos después de usarlos y guarda la ropa doblada en los cajones. ¿Cuánto durará?

Realmente estoy muy ansioso, como nunca estuve. Será que es una carrera larga y extenuante, que la hago solo, que tengo desde zapatillas nuevas hasta reloj último modelo para medir distancias de ultra maratón. Tengo todo en su sitio, acomodado, y con tiempo de sobra. Como si fuera poco, me compré un teléfono nuevo, porque el otro andaba cada vez peor, tanto en funcionamiento como en rendimiento de la batería (mi teoría es que los programan para que a los dos años no anden más). Me cayó como promoción por mi empresa de telefonía, a la mitad de su valor, y será el dispositivo que quizás use para actualizar el blog. Veremos, porque no sé cómo son las cuestiones del roaming y todo eso. En el peor de los casos, esta será la última entrada hasta el lunes. Si llego a tener 3G, o si consigo Wifi en la selva, cuenten con actualización diaria. En realidad, está difícil, así que no cuenten con eso.

Tengo un revoloteo de mariposas en el estómago. ¿Cómo será la experiencia yendo solo, sin amigos ni familiares alentándome o asistiéndome? ¿Cuánto me va a tomar? ¿Cómo va a estar el clima? ¿Qué tal habrá sido mi previsión de bebida y alimento? ¿Voy a poder hacer funcionar (y entender) el navegador del reloj? Todas cosas que sabré el domingo. Por ahora voy con mi equipaje y mi provisión de comida para el micro (por si la pifian con mi menú). Siempre algo puede fallar, pero seguro que el día de hoy será mucho menos que de costumbre.

Si la tecnología está de nuestro lado, la sigo desde El Soberbio, en Misiones, donde nos prometieron un fin de semana de 25 grados de máxima. Hasta pronto.

A %d blogueros les gusta esto: