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Semana 33: Día 228: Cuando el pánico se apodera de nuestras decisiones

Este tema lo tiré en mi Facebook y se armó un interesante ida y vuelta entre mis amigos. Hubo algunos golpes de puño sobre una mesa virtual, alguno que levantó la voz y otro con el que decidí seguirlo por privado para no armar una polémica desmesurada. Entiendo que sea un tópico sensible, y desde mi poco conocimiento (y gran ignorancia) voy a dar mi opinión, y espero que sea tomada como eso y no como una subestimación o falta de respeto. Hechas todas las innecesarias aclaraciones, comenzamos…

El cáncer es una enfermedad a la que le tenemos mucho miedo. Quizá porque todos conocemos a alguien que la padeció y hasta sabemos de gente que perdió su vida. Pero en gran parte la tenemos presente por los medios de comunicación. Si de algo se han encargado la televisión, los diarios y hasta el cine es de desinformarnos y confundirnos. Hoy salió en todos los medios la decisión de Angelina Jolie de someterse a una doble masectomía para prevenir un posible cáncer mamario. Lo que trascendió es que su madre había muerto de cáncer de ovarios, y una aparente predisposición genética le daba una chance del 80% de padecerlo ella también. Entonces optó por esta resolución.

Los medios, tanto en televisión como internet, hablaban de una “valiente” y “conmovedora” decisión, que seguramente creen que concientizará a otras mujeres sobre esta enfermedad. Pero cuando me enteré de esta noticia, una serie de alarmas se me activaron en mi cabeza, y me recordaron la anécdota que comenta el Dr. Campbell en su libro “The China Study”: una madre, aterrada por el cáncer, consultó a su médico a qué edad podía practicarle una masectomía a su hijita, para así evitar que pasara por el difícil proceso de un cáncer. Me imaginé que con la influencia que tiene una celebridad y el enfoque que le daban los medios, muchas mujeres iban a sentir que una intervención quirúrgica era la mejor opción.

Entonces yo, desde mi Facebook, planteé esto y me animé a preguntar por qué optar por el quirófano como método preventivo, y no por el veganismo. También di la que me parecía la respuesta: mucha gente considera que una masectomía es menos “extremo” que un cambio radical en la dieta. Similar es el caso de los pacientes cardíacos que se someten a un bypass. En realidad no han curado su condición médica, sino que han emparchado algo que está dañado. Esta operación no les evita sufrir un nuevo infarto, como una masectomía no va a impedir que Angelina Jolie contraiga un cáncer (como, por ejemplo, el de ovarios, que le quitó la vida a su propia madre).

Yo creo que esta actriz basó su decisión en el miedo, en el concepto que tiene la gente del cáncer, y nunca consideró que una dieta basada en alimentos vegetales enteros podía ser un tratamiento preventivo exitoso como prevención. Yo sé que cuando planteo esto entre mis amigos, más abierta y pasionalmente, sueno a un fanático religioso, de esos que está esperando que venga su nave espacial para llevarlos a su planeta de origen. Pero nadie me puede negar que nos concentramos en los síntomas y muy poco en las causas. Y los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en confundirnos, tal como lo demuestra el epidemiólogo (y orador) Ben Goldacre, quien lista elementos supuestamente “cancerígenos” al azar, tomados de titulares de diarios. Lo curioso es que también presenta ítems que supuestamente previenen el cáncer, y el café integra ambas listas… (aquí el video, que no tiene desperdicio).

Los medios quieren dar noticias shockeantes y captar la atención de los lectores. La gente busca “el secreto” o ese único alimento que les va a salvar la vida. Entonces una única cosa (el wifi, por ejemplo) puede causar cáncer. Poco importa cualquier otra causa ambiental de los individuos. Y después, un único alimento o bebida (el té verde, por ejemplo), puede prevenir el cáncer en X porcentaje. Rara vez se establece que las cosas funcionan dentro de sistemas, con elementos que coexisten y funcionan coordinados entre sí. Se sabe que una vida sana, con una alimentación cuidada y actividad física regular puede prevenir muchísimas enfermedades, pero pareciera que es algo demasiado complejo a lo que someterse. Siempre buscamos la solución mágica e inmediata, y eso es lo que los medios no dan. Un deus ex machina, una salida rápida.

Pero lamentablemente un problema complejo como el cáncer requiere de una solución compleja, como puede ser patear el tablero y dar vuelta tu plan alimenticio diario. No es un invento, existen médicos que realizan tratamientos con dietas veganas estrictas, y han tenido exitosos resultados en pacientes con problemas cardíacos y enfermos de cáncer, como atestigua el documental “Forks over knives”. Seguramente una masectomía va a parecer la solución más rápida para prevenir una enfermedad mortal. Pero solo reduce la posibilidad de contraerla en esa zona, al igual que cortarnos la cabeza nos ayuda a no contraer un tumor cerebral. ¿Hasta dónde podemos seguir “cortando” por miedo a enfermarnos? Y cuando ya nos hayamos sometido a operaciones y tratamientos largos y agotadores, ¿habrá sido después de intentar opciones menos riesgosas e invasivas como una dieta vegana y una vida con actividad física constante?

Semana 18: Día 121: Reconciliándome con el sol

Nunca fui muy amigo del sol. Quizá de chico sí, no me preocupaba mucho jugar a la intemperie, en especial en verano. De algún modo, el obse que nacía en mí adoraba sacarse la piel muerta que colgaba de los hombros (¿y quién no?). Pero como no me gustaba quemarme, me fastidiaba un poco.

Hace algunos años, a mi papá le encontraron melanomas, que es el nombre que se le da a los tumores pigmentados, una variedad del cáncer de piel. Es altamente invasivo por su capacidad de generar metástasis. Él tuvo que someterse al único tratamiento que se considera efectivo, que es la resección quirúrgica del tumor primario antes de que logre un grosor mayor de 1 mm. Así le fueron sacando pedacitos en la frente, la nariz y cerca del ojo.

Siendo que, como muchos seres humanos, considero que mis padres son inmortales, mi mundo se sacudió cuando comprendí que en realidad son tan frágiles como cualquiera. Esto me marcó profundamente, y a partir de ahí le escapé al sol. Tengo una piel muy parecida a la de mi padre, con lunares, puntitos y cositas que nunca sé del todo qué son. Me los controlé varias veces sin muchas novedades, pero desde esa vez me mantuve a la sombra en cada verano, o con protector solar factor 45. A partir de ahí mi piel estuvo siempre a un tono de la pavita.

Al empezar a correr en un grupo todos los fines de semana, eventualmente empecé a tostar mis brazos y mi cuello, pero me quedaba la marca blanquísima en el resto del torso. No me preocupaba porque me sacaba poco la remera. En mi camino de Semana 52 me crucé con The China Study, el libro que asegura que una dieta vegana es la mejor receta para ser parte del grupo demográfico con menos casos de cáncer en el mundo. De cualquier clase de cáncer. Nunca dejé de temerle a esta enfermedad, pero empecé a confiar en esta cuestión estadística y me dije “Bueno, no voy a llegar al punto de tirarme a tomar sol, pero ¿por qué seguir escapándole?”.

Un sábado reciente corrí sin remera durante el entrenamiento, y huelga decir que me quemé. Esa es la parte que sigue sin gustarme, la de tener que dormir colgado de una percha por el ardor de la quemazón. Pero con un sol dosificado se obtiene color y resistencia a los rayos abrasadores, así que seguí corriendo en cuero. Y empecé a disfrutarlo. Esa huella blanca con la forma de la remera que llevaba siempre en el torso desapareció, y ya no me imagino un entrenamiento de día sin sentir el viento en el pecho. Dejé de buscar la sombra para correr, y me metí en los terrenos más desolados, fantaseando que con eso adquiero resistencia ante los climas más adversos (hecho que se caerá el día en que me tenga que enfrentar a una competencia real).

Así que ahora tengo una suerte de tregua con nuestro sol. Intento disfrutarlo, y siento que cuando entra en contacto con mi piel, me llena de energía. Tengo un amigo que está convencido de que si yo creo que algo no me va a enfermar (y si lo creo con convicción), eso no me va a pasar. No lo sé. Varios doctores me confirmaron el dato de que los vegetarianos somos un grupo de muy bajo riesgo para cualquier tipo de cáncer, y es algo en lo que elijo creer. Mientras tanto deberé seguir controlándome los lunares y todas esas marquitas que tengo por la piel, sin que eso signifique que me siga escondiendo de la luz solar.

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