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Semana 28: Día 193: Desprenderse de lo material

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Quizá este empiece a ser uno de los últimos posts relacionados con la Ultra Buenos Aires. Este es medio periférico, pero bueno, perdón a quien el tema le haya empezado a saturar (creo que podría tirar un mes de blog con esto, pero no quiero abusar). Algo que suele atraernos de las carreras es lo que viene en el kit del corredor. ¿Qué tal es la remera? ¿Viene con algo de regalo? ¿Hay medalla de finisher? En la Ultra había poco, de hecho se promocionó como un evento no competitivo, de muy bajo costo, pero si hubiesen regalado una remera dry-fit y unas medallas, quizá la concurrencia hubiese sido mayor. Esto es puramente especulativo, pero suele interesarnos lo material por encima de la experiencia.

Antes de que crean que me quiero vender como una persona súper espiritual a la que no le interesan los objetos, debo confesar que soy un acumulador. Guardo hasta los dorsales arrugados y manchados de las carreras, todavía con los broches de aguja oxidados, colgando de sus puntas. Tengo una vitrina con todas mis medallas, y hasta hace poco mis zapatillas guardadas. Colecciono estatuitas de superhéroes que ya no sé ni dónde guardar, no me gusta tirar nada, y tengo cajas de “recuerdos” que nunca he vuelto a mirar. No me importa la plata, pero sí tengo que reconocer que soy bastante materialista.

Sin embargo, soy más nostálgico que otra cosa. Me da lástima tirar recuerdos a la basura, pero porque asocio los momentos a los objetos. Ni siquiera borro los mails viejos. Así y todo, reconozco que no hay que apegarse a lo material.

Aprendí que regalar es mucho más valioso que recibir. Como empezó a ser costumbre en los Puma Runners, a fin de año regalé remeras de carreras a otros compañeros. En lugar de elegir las que menos me gustaban, fui por las que realmente apreciaba. No me pude desprender de las de la maratón de la Ciudad (ténganme paciencia, necesito tiempo), pero así cedí la de mi primera Merrell, las de la Energizer que me parecía la más linda, la de la Salvaje Night Race, y la de mis primeros 100 km en montaña, en la Patagonia Run de 2012. Sabiendo que a Vicky le gustaba una de mis remeras o que estaba fascinada con un silbato que me había comprado en Europa, elegí estos eventos para hacerle creer que se los iba a dar a otro para terminar pasándoselos a ella.

Y llegó este lamentable hecho que nos pegó hondo a todos. El Servicio Meteorológico dio su habitual alerta por tormentas (que al ser tan frecuentes, aprendimos a ignorar), y a la mañana siguiente el noticiero daba cuenta de todos los autos que se había llevado la corriente, los pasos bajo nivel inundados, las casas sin luz. Subestimé la noticia como cualquiera, y creo que pasó un día entero hasta que me enteré de que en la ciudad de La Plata la habían pasado muy pero muy mal.

Afortunadamente esto despertó la generosidad en muchísima gente, y en nuestro edificio empezaron a juntar material para donar a los damnificados. No lo quise pensar mucho, y le propuse a Vicky regalar nuestras zapatillas (las que no estábamos usando). Probablemente no sirvan para correr porque su suela perdió elasticidad, o porque ya se empezaron a desgastar, pero ¿cómo no le iban a servir a alguien que necesitase abrigo, o simplemente poder caminar sin mojarse los pies? Vicky tenía un par en desuso, y yo tenía una pila de recuerdos de los que desprenderme.

Estaban las Puma Faas con las que corrí la mejor maratón de mi vida. También las Asics con las que corrí en Grecia, entre Atenas y Maratón. Como si fuera poco, las Nightfox, que estaban desgastadas por dentro pero que todavía conservaban su malla metálica interna que permitía escurrir mejor el agua. Y como broche de oro, las Quechua con las que hice 110 km en La Misión 2012. Todas esas zapatillas representaban pedacitos de mi historia como atleta, y les tenía mucho apego. Pero aquel sábado en que un voluntario las llevó a La Plata para poder ayudar, se convirtieron en otra cosa. Una ayuda, por mínima que fuese. Ahora ya sabemos que en La Plata no necesitan más ropa, sino agua, elementos de limpieza y comida.

Como dije en otra oportunidad, se puede ayudar con muy poco… Y los recuerdos materiales… bueno, son reemplazables. Las oportunidades de ayudar, no las podemos dejar pasar.

Semana 5: Día 30: Enemigos de los corredores: las mascotas

Hoy les voy a hablar de Oso Rulo. Se trata de una máquina de destrucción que se encarga de hacer estragos con la integridad física de todas las cosas que considerás importante. Las mascotas en general tienen objetos propios. Tienen su plato, sus juguetes, incluso su propia vestimenta (breteles, gorrito, abrigo). Todos esos elementos van a durar mucho más que los tuyos, los cuales se irán desintegrando bajo sus afilados dientes.

“¿Dónde están mis zapatillas?”.

“No encuentro mis medias”.

“¿Qué le pasó a los cordones?”.

La explicación a todas las dudas es siempre la misma: Oso Rulo. Un Oso Rulo lo hizo.

Las mascotas son inteligentes. Quizá se sientan atraídas por ese objeto prohibido. Quizá sea el desafío, ir en contra de la autoridad. Quizá sea el olor a pata. No lo sabremos, pero tenemos que olvidarnos de las puntas de los cordones, de las suelas de las zapatillas. Aunque el calzado sea el doble del perro, él intentará cazarlo y darle muerte como si fuese su presa y tuviese que asegurarse con ella el sustento de toda la manada. Alguna vez la traerá como obsequio a la cama, y por dentro estará pensando “¡Miren! Traje esto para compartir”.

Todos sabemos que las medias tienen vida propia, que caminan por la casa, que cuando van al ciclo de lavado aprovechan para escaparse y los pares terminan siendo individuales que no combinan más con nada. Mientras más encariñados estemos con una prenda, más irresistible será para la mascota, ya que necesita imponerse sobre este “competidor”. Para el perro, las zapatillas o las medias son una competencia a la que eliminar. Así como nosotros corremos carreras e intentamos llegar en el mejor tiempo posible, Oso Rulo intenta por todos sus medios demostrar que él es digno de mayor atención que unas míseras Asics o unas medias marca Montagne. ¡Y pobre de vos si te enojás con él y lo retás! Solo lo confundirá, y la próxima vez intentará destrozar ese competidor con más anhelo, porque evidentemente no te diste cuenta de que él es más importante que esos trozos de tela y plástico.

Además de unas increíbles fauces que trituran, mastican y babean todas las cosas importantes (dejaré para otro momento la destrucción de las cuentas impagas, los libros y las sandalias que me compré en Londres), sus largas y afiladas uñas van a marcar para siempre esas delicadas remeras dry-fit que guardás como recuerdo de tus carreras. Por supuesto no las va a arruinar a propósito, por lo que tampoco lo podés retar porque sus uñas sean tan delicadas y no se las puedas cortar sin ayuda de un profesional (cortadas duran entre 10 y 15 minutos, antes de que recuperen su capacidad destructiva).

Pero Oso Rulo, además de sus habilidades infernales, también tiene lo que solemos llamar “Mirada de Gato con Botas”. Uno lo reta y él te mira con esos ojitos brillosos, como no entendiendo qué está pasando. Al principio parecerá decirnos “¿Me estás retando a mí?”. Cuando los gritos continúan y el dedo lo sigue apuntando a él, bajará la cabeza y se hará pis encima (no demasiado, lo suficiente para partirte el alma y hacerte sentir un despiadado). Acto seguido, reptará hasta abajo del mueble de la cocina, donde se quedará llorando y torturándote el corazón. Entonces te vas a dar cuenta de que no podés estar enojado con semejante ángel, así que una vez que lo convenzas de que salga de ahí abajo, le podrás el bretal y te lo llevarás a pasear. Y así se repetirá el ciclo eternamente.

Hasta que te compres zapatillas nuevas. Ahí va a dejar en paz al par que se estaba masticando y empezará por el competidor nuevo…

Semana 43: Día 297: Adiós, zapatillas viejas

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Llegó el mentado día de cambiar de calzado. Lentamente, las llantas que me acompañaron estos meses a superar 2 mil kilómetros de carreras y entrenamientos, irán abandonando a mis pies.
Todavía no se qué modelo me voy a comprar. De hecho estoy escribiendo esta entrada en el colectivo, camino al shopping (eso explicará cualquier sinsentido que escriba, producto del absurdo autocorrector del celular).
Sí puedo adelantar que van a ser Puma, en parte porque, de las mejores que hay en el mercado, son las más accesibles. En parte, además, porque consigo un descuento por los Puma Runners (ya llegará el día en que las marcas descubran las ventajas promocionales de regalarme zapatillas).
El siguiente paso, que creo que daré después de la Adventure Race Pinamar, es cambiar de plantillas (también las consigo con un modesto descuento y tampoco me las regalan. Ayyyyyy, directivos me marketing, ¿qué blogs están leyendo?).
Estoy intentando cambiar dos castigados pares, uno destinado a calle y otro a aventura. El segundo lo usé bastante para entrenar, porque son más pesadas y se supone que me hacen más veloz en las carreras en llano si el día de la carrera cambio por las livianas.
Esta vez tomé precauciones y no lavé ninguna en el lavarropas. Pero las de aventura se hundieron en barro, charcos, arroyos, arena, tierra (colorada, negra, gris…). O sea, las hice de goma. Las otras, al tener poca suela, las empecé a sentir con menos amortiguación que antes.
Veremos si innovo o si vuelvo a lo ya conocido. Probablemente pruebe algo nuevo y haga la eterna promesa de que esta vez las voy a cuidar de verdad…

Semana 42: Día 291: Es hora de cambiar de calzado

Pies doloridos, rodillas doloridas, espalda dolorida. Señales de que las zapatillas necesitan jubilarse.

Jamás cambié tanto de calzado como en estos últimos dos años. Era capaz de hacerlas durar infinitamente. Pero ahora es en una de las cosas en que más invierto: no escatimo plata y las castigo hasta destruirlas.

Actualmente intercalo dos pares, de marca Puma: Las Faas, para calle, y las Nightfox, de aventura. Marcelo Giroldi, quien me hizo mis plantillas, le dio el visto bueno a ambas, y me recomendó guardar las que son más rápidas y entrenar con las pesadas, para hacer una diferencia en las carreras. Pero después de ir a las sierras, a la montaña, de participar en maratones y ultras, ya no son lo que eran.

Tengo registro de cuándo compré mis pares anteriores gracias a este blog, pero no tomé la precaución de anotar qué distancia llevaba recorrido hasta ese momento, para calcular cuántos kilómetros me han acompañado. Algunos recomiendan cambiarlas cada 500 u 800 km, que en mi caso podría equivaler a 4 o 5 meses. He sabido cancherear con mis Asics agujereadas, pero ante la duda de cuánta distancia se ha corrido, un agujero es un indicador de que hay que ir urgente a cambiar de zapatillas. Además, para cuidar el elemento que nos protege mientras entrenamos, conviene usarlas solo durante la actividad física, y alternar con un par cómodo para estar en casa o en el trabajo (a menos que, como yo, hayas planeado volver al hogar corriendo desde la oficina).

Tuve buena experiencia con estas Puma. Tienen la calidad de unas Asics por casi la mitad de su precio. Con Pinamar acercándose me pareció un momento oportuno para hacer el cambiazo. Pero (acá viene la parte complicada) tengo que esperar a juntar unas monedas (mi cumpleaños sigue todavía lejos), así que calculo que para la semana que viene me haré la excursión hasta la tienda. No me animo a probar otro modelo, pero tengo que elegir entre calle o aventura. Probablemente opte por la segunda, ya que Pinamar tiene partes con pinocha, ramas, raíces… aunque en los próximos meses voy a hacer una media y una maratón completa en asfalto. Para La Misión, si es que finalmente nos inscribimos, me van a venir bien unas resistentes… Quizá pueda aguantar la Adventure Race con el calzado de siempre, comprarme unas buenas Faas para la calle, y aprovechar el viaje a Europa de Septiembre para traerme de allá algo copado para la Misión.

Decisiones… que se toman con la cabeza, pero también con el bolsillo…

Semana 12: Día 80: ¿Correr descalzo?

El día de mi cumpleaños me junté a almorzar con mi familia. Lucas, mi hermano mayor, llegó con Félix, su perro tamaño familiar. No se sabía quién estaba paseando a quién. Así y todo, el animal fue bastante obediente. Yo veía cómo esa hermosa bestia peluda tironeaba de su correa, mientras Lucas se inclinaba hacia atrás, intentando domar a su mascota gigante. En esa escena, percibí que estaba en medias (o eso parecía). ¿Venía así de la calle?

Pues no, no estaba descalzo, sino que tenía una de esas nuevas zapatillas con dedos (aunque desconozco si el término “zapatilla” les cabe). La suela era vibram (o sea que puede pisar petróleo crudo), pero parecía más un guante de pies que otra cosa. Era, según él, eran muy cómodas, y le estaban trabajando nuevos sectores de la pierna.

Yo ya venía escuchando sobre los beneficios de correr descalzo o en forma “minimalista”, aunque estoy un poco lejos de animarme. Lo cierto es que el hombre primitivo no andaba con zapatillas, sino que estaba totalmente en patas. De hecho, la planta de nuestros pies es muy sensible por el sencillo hecho de que siempre la protegemos y la mantenemos alejada hasta del sol. Si empezáramos a caminar haciendo que tome contacto con el piso, acabaríamos fortaleciendo la piel, al punto de que correr sin calzado no nos lastimaría.

Muchos recordarán la historia de Abebe Bikila, el etíope que dejó al mundo sin palabras cuando ganó la maratón olímpica en 1960… descalzo. Las zapatillas le incomodaban, y estaba acostumbrado a correr así en su Etiopía natal. La marca de zapatillas Nike desarrolló unas zapatillas con dedos, muy ligeras y finitas, para simular lo más posible el correr con el pie desnudo.

Aunque muchos especialistas aseguran que correr descalzo es muy beneficioso (no se preocupen, hay otro batallón de especialistas que dice que nada que ver), hace falta un proceso de adaptación. “Nuestro cuerpo sabe cómo correr naturalmente. Cuando el pie está plano sobre el piso mantiene la columna en mejor posición, mejora el sentido del equilibrio y reduce las lesiones”, afirma Jason Robillard, un ultramaratonista norteamericano. Pasar del calzado tradicional a las alternativas (o al “barefooting”) implica un proceso de adaptación que va de los cuatro a los seis meses, y no se recomienda para mayores de 35 años, personas con alteraciones circulatorias o con pie diabético.

El entrenamiento adaptativo se realiza lentamente y sigue dos caminos alternativos. Uno consiste en descalzarse y correr distancias cortas, por ejemplo 400 metros, que suman otros 200 cada dos semanas. Otro cambia progresivamente el tipo de calzado a partir del tradicional, con cámaras de aire y una amortiguación que se va reduciendo a medida que el deportista se adapta. La transición depende de cada corredor y está muy influida por su historia de contacto con la tierra. Quienes crecieron descalzos tienen mayores probabilidades de acomodarse con facilidad a la nueva tendencia, como los corredores de Kenya.

Robillard es autor del libro The Running Barefoot (Correr descalzo). Comenzó a experimentar el trote con sus pies desnudos en 2005. Lo encontró divertido y se sintió más conectado con el terreno. Como si fuera poco, advirtió que iba más rápido. Así empezó su adhesión a este creciente movimiento.

Las diferencias entre correr con calzado y sin él son varias, aunque la comunidad científica no considera que estos datos sean concluyentes. Por un lado, cuanto mayor es la amortiguación, mayor fuerza hace el cuerpo al caer. Además en los pasos son largos (135 a 140 por minuto), se cae con el talón y se salta mucho. Esto hace que la pierna quede recta y todo el shock se traslade hasta la rodilla, cadera y espalda. Robillard estima que todas las lesiones provienen de ese impacto inicial, 700 veces más fuerte que correr descalzo.

Entrenar sin calzado o con zapatillas minimalistas elimina las amortiguaciones, se cae suavemente al suelo y eso ayuda a prevenir lesiones. Los pasos son más cortos (180 por minuto) y no se salta tanto al correr. Se cae sobre la parte central del pie y no sobre el talón, por lo que las piernas absorben el impacto. La postura natural elimina lesiones de rodilla y espalda y otorga mejor sentido del equilibrio.

Vos, corredor, ¿te animarías a dedicarle cuatro meses a hacer la prueba?

Semana 10: Día 63: ¡Zapatillas nuevas!

He descubierto (hace tiempo, es verdad), la maravillosa sensación capitalista de ir de compras. Máxime siendo que hay una carrera en vista, y que cierto shopping decide hacer una astuta alianza de marketing con una tarjeta de un banco y ofrecer un 25% de descuento.

Yaboty, Yaboty, Yaboty… estoy hablando tanto de esta carrera que el corrector ortográfico del teléfono ni me lo corrige, y ya cuando poso mis dedos sobre la “Y” me autocompleta la palabra. Es cierto, estoy creando un monstruo (encima de una carrera que ya es, de por sí, muy complicada), pero todo lo que puedo hacer es prepararme lo mejor posible y analizarla todo lo que pueda. No estaba tranquilo con mis Puma para correr, modelo Faas, por más que demostraron andar muy bien en carreras de calle. Carecían de buena estabilidad en los tobillos, están más diseñadas para el asfalto y para lograr velocidad. Esta ultra trail precisaba de algo bien diferente.

Sinceramente estaba muy conforme con mis Asics, y grande fue mi sorpresa cuando me avisaron que las que tenía eran un número más chico que mi calzado normal. Eso fue por comprarlas afuera, via internet. Confié en mi habilidad para calcular el tamaño, pero vieron cómo son los norteamericanos, con sus onzas, millas, pies y pulgadas, en lugar de usar las mismas unidades de medición que el resto del mundo. Así fue que le erré y terminé con unas zapatillas un centímetro más pequeñas que las Puma que terminé comprando meses más tarde (y no podía entender cómo es que eran MUCHO más cómodas… bueno, ahí estaba parte de la explicación).

Me quedaba poco tiempo para correr en Yaboty, así que la posibilidad de volver a encargarme unas Asics de afuera estaba descartada. Comprarlas acá, al precio que salen, con los gastos de inscripción y viaje, las hacía un poco prohibitivas. Así que, promoción bancaria mediante, llegó la oportunidad de un descuentazo. Fui a la tienda de Puma a ver si había algo pensado en carreras de aventura, y terminé llevándome el único modelo que tienen para trekking, las Nightfox.

Al principio las noté mucho más duras. Estaba muy acostumbrado a las Faas, que son muy blandas y livianas. Puma está recién incursionando en el calzado de running (no sé por qué, siendo que hace décadas que hacen ropa deportiva), pero tengo entendido que las diseña gente que trabajaba en Asics. No tienen la misma terminación (se nota en ciertos detalles mínimos, como el encolado), pero se nota que están hechas para resistir. Tienen amortiguación con gel, unas suelas con un diseño para mejor agarre, y huecos para dejar escurrir si uno hunde los pies en el agua. Esto podría parecer peligroso porque se supone que las vamos a usar en terrenos al aire libre, entre piedras y ramas, pero además cuenta con una malla metálica para que uno no se pinche.

Desde que me las puse tenía 10 días para la carrera, así que las usé en todo momento. Voy a llevarlas por lo menos 10 horas el primer día, así que necesitaba ablandarlas. En el entrenamiento, con mis propias plantillas (esencial) anduvieron bien, y aunque me resultaron bastante duras, a los dos o tres días ya no las sentía tan diferentes. Falta la prueba de fuego, allá en la naturaleza, y veremos cómo se comportan. Pero por ahora se la bancan, y el color queda bien con la remera de los Puma Runners, así que eso terminó de cerrar el trato.

En este caso, pertenecer a este grupo de entrenamiento no me otorgó ningún descuento extra para comprarlas, y aunque me encantaría hacer un canje y estar constantemente probando calzado y accesorios a cambio de publicidad, todavía no estoy en la mira de los ejecutivos de marketing. Pero estas zapatillas son una suerte de experimento, porque llegué al local sin saber que existían y ahora tengo la intención de probarlas en una durísima carrera. Además de que las voy a castigar muy duro, me han dicho que por el tipo de tierra que hay en Misiones, cualquier zapatilla que lleve volverá completamente roja y jamás en mi vida voy a poder quitarle del todo esa tinta. Así que las compré sabiendo que quizá solo sirvan para esta carrera y nada más. Aunque salen la mitad que unas Asics, no me molestaría que sobrevivan y que pueda llevarlas a otra competencia. Pero, por ahora, tienen que sobrevivir a los 100 km del ultra trail…

Semana 45: Día 311: ¡Zapatillas nuevas!

Recientemente hablaba sobre esas cositas que te hacen dar cuenta que te convertiste en deportista. Hay una nueva situación, comparable a cuando sos chiquito y abrís tus regalos de Navidad, y es cuando comprás calzado.

Supongo que la alegría que da el consumismo es una suerte de placer culposo. Las zapatillas, esas que son el último modelo con gel, puntera, plantillas ergonómicas y palanca al piso no responden a las necesidades de supervivencia. Las compramos porque necesitamos cuidar nuestras articulaciones del impacto, y porque queremos disfrutar del correr. El día que llegue la Tercera Guerra Mundial o un tsunami arroje a la población mundial a los océanos como en Waterworld, poco va a importar si corrés a 4 minutos el kilómetro.

Pero la vida está para vivirla, y una de las formas que encontré para disfrutarla a pleno es entrenar. Correr es la actividad que me permite defragmentar el disco y limpiar el caché en el cerebro. Hace tiempo había comprado unas zapatillas Asics que ya daban bastante pena. No amortiguaban tanto como antes (lo noto en la espalda) y se empezaron a abrir. Por suerte tienen un sistema que evita que se abran más, pero se ve la media y realmente sentía que estaba pasando un papelón. Si vieron la excelente película de Iron Man entenderán esta analogía: al revés que Tony Stark, yo empezaba con unas zapatillas que eran como la tercera armadura: roja y dorada, luminosa, brillante, espectacular, para terminar como la primera versión, construida en una cueva con chatarra: oxidada, mal soldada, rústica.

Ahora estoy en la versión Iron Man 2.0, con un modelo muy parecido al anterior. Es hora, también, de que me encargue unas plantillas nuevas. Pero creo que ya con esto puedo volver a entrenar tranquilo, pensando en ablandar el calzado para los 42 km que voy a correr en Grecia. De momento, la prueba de fuego será en la Merrell de Pinamar. Ya me preocupaba que por los agujeros que tenían mis Asics se me meta arena todo el tiempo, cosa dolorosa y molesta si las hay.

Mañana me toca un fondo de 20 km, como para ir ablandándolas y ver cómo me siento. Las compré por internet y me las trajeron de EEUU. O sea, si me quedaban chicas o grandes, me embromaba. No había devolución. Una lotería del consumismo, pero qué alegría cuando abrí la caja y las vi. Volví a ser ese nene que no llegaba despierto a las 12, y se levantaba corriendo de la cama para ir a ver qué había dejado Papá Noel abajo del árbol.

Semana 40: Día 276: Cómo hace su bolso un corredor

Último viernes en Buenos Aires. En 72 hs. ya estaré en Lima, quizás actualizando el blog desde allí, y preparándome para empezar el Camino del Inca.

Estoy tentado a decir que la forma en que un corredor hace su bolso es a las corridas. Pero no sé si es el caso de todos los que sienten afinidad por el deporte. Al menos es mi caso. He hecho las valijas para un viaje de semanas en 5 minutos. Quizá tenga que ver con que pertenezco al género masculino, y a excepción de los gays y los metrosexuales, mi vestimenta la elijo en orden aleatorio, determinado por qué es lo que se encuentra por encima de la pila de ropa. Cualquiera que me haya visto en persona se dará cuenta de que no plancho, ni combino mis prendas. Bastante que me esfuerzo en que las medias sean del mismo par.

Bien podría decir que este desorden y/o desinterés por mi vestimenta viene de antes de que me haya interesado por correr. Recién ahora estoy aprendiendo a doblar las remeras (que se van acumulando, producto de carreras y entrenamientos), y en un acto de puro coraje, llené 4 bolsas de consorcio con ropa que he jurado tirar o regalar. Con esto de ponerme sólo las prendas que están encima de la pila, he entrado en un loop de prendas que se lavan y se colocan encima del montón, haciendo que muchas remeras, buzos y pantalones hayan quedado obsoletos. Además, al haber bajado de peso, mucha de esa vestimenta me queda como payaso (existen grandes posibilidades de que antes tampoco me quedasen tan bien), así que todo eso se va.

Sin embargo, en esta nueva etapa de deportista, no me puedo dar el lujo de improvisar qué me pongo. Menos ante la inminencia de un viaje (menos aún, uno donde estaremos 4 días aislados del mundo, en medio de la naturaleza). Ya adquirí la costumbre de separar la ropa de entrenamiento: pantalones cortos, remeras cómodas, alguna calza eventual, medias blancas, y el infaltable calzado para correr. Pero todo eso está a mano en la pieza. Cuando tenemos que entrenar fuera de casa, ¿cómo lo hacemos?

Voy a divagar un poco, esto me va a ayudar a prepararme para el instante en que arme el bolso (5 minutos antes de salir para el aeropuerto). Tómenlo con pinzas, esto viene de un tipo bastante desorganizado:

Remeras: si voy a correr, tengo que guardar mínimo una para cada entrenamiento. No puedo descartar la posibilidad de que no pueda lavar ropa (esto ya me ha pasado), así que me preparo tanto para una eventual carrera como para estar medianamente presentable en excursiones o cenas en restaurantes modestos. Si sé que voy a correr 3 días, separo 3 remeras con las que me siento cómodo para ejercitar. No llevo las de los Puma Runners; por más que me acusan de hacerles publicidad, prefiero reservármelas para los días de entrenamimento o para las carreras.

Pantalones cortos: ídem remeras.

Medias: ídem remeras y pantalones cortos. Sólo me gusta correr con calcetines blancos, quizá con alguna rayita discreta, o el logo de la empresa de ropa deportiva que alega haber realizado esa prenda (pero todos sabemos que son truchas, por algo salen 3 pares por 15 pesos).

Zapatillas: Y aquí está el eterno dilema. Si sé que voy a correr, tengo que llevarme el par con el que siempre entreno. Y además un calzado extra, porque las zapas que usamos para deporte no deberíamos usarlas para otra cosa (al menos eso optimiza su vida útil). El tema está cuando tenemos poco espacio, porque ante tres días de entrenamiento ya llevamos tres remeras, tres pantalones cortos y tres pares de medias… además está la ropa para el resto del viaje, y las zapatillas en particular ocupan mucho espacio. A mi me gusta viajar con lo justo, una mochila o un bolso mediano (con rueditas, por favor) y ya. Alguna vez llevé dos pares a un viaje, otras uno… con diferentes resultados. Por eso no sé bien cómo resolver esta cuestión. Calculo que, como voy a caminar mucho y ya tengo que jubilar a las Asics, voy a llevar sólo ese par, y será una especie de viaje despedida. A la vuelta, urgente a comprar calzado nuevo.

Y por las dudas, aunque nunca terminamos por usarlo, si queda espacio podemos llegar a guardar cinta hipoalergénica (sobre todo si viajamos con alguna irritación causada por correr), vaselina sólida (para prevenir esas irritaciones), un gorro por si nos va a tocar buen tiempo, y algo de abrigo ligero por si nos toca mal tiempo.

Semana 20: Día 140: ¿Pronador o supinador?

No hace mucho tiempo empecé a escuchar la palabra “pronador” y “supinador”. ¿Qué significan?

Tiene que ver con el tipo de pisada, y es un dato que nos vendría bien tener en claro a la hora de comprar calzado para correr. A grandes rasgos, si el pie se va hacia adentro es pronador, si es hacia afuera es supinador. También existe la variante neutranormal. Esto no tiene que ver tanto con la llegada del pie al suelo, sino en la salida del piso hacia arriba. No es tan fácil identificar uno mismo qué zapatillas necesitamos, lo ideal es ver a un especialista, o identificar una buena tienda de artículos deportivos donde puedan asesorarnos.

Tanto la supinación como la pronación pueden producirse en los tres segmentos del pie, es decir, en el retropié, en el mediopié o en el antepié. El calzado con control de pisada sirve para corregir el impacto contra el suelo, y de esa forma evitar lesiones. La amortiguación de la suela estará orientada al extremo interno o externo. También existen zapatillas neutras, aunque es probable que hayamos estado años comprando calzado sin tener en cuenta este detalle.

La característica del pronador consiste en un derrumbamiento del pie hacia la zona interna. Es común que los tobillos tiendan a girar hacia adentro al correr, ya que es una amortiguación natural del cuerpo (el tema es que hay que perfeccionarlo). Este grupo comprende entre el 50 y el 60% de los corredores. Una zapatilla para pronador tiene que tener un refuerzo de un material especial en la parte interior de la suela, que se encarga de corregir la desviación de la pierna.

Cuando un atleta corre y el pie no va hacia el interior ni el exterior, se considera que tiene una pisada neutra. El apoyo comienza por la parte externa del tobillo, ejerciendo una sutil pronación por parte del mediopié, y despegando el antepié entre el primer y segundo metatarsiano. Se extima que el 40% de los corredores tiene pie neutro. El apoyo medio del pie debe corresponder al 1/3 total del ancho de la huella plantar.

Cuando hay una ausencia o disminución del efecto pronatorio fisiológico, apoyando la parte externa, se dice que se trata de un corredor supinador. Se trata de un pie muy estructurado y con poca movilidad, con una bóveda plantar aumentada y el tobillo hacia fuera. Es menos frecuente (sólo contempla al 10% de los corredores), y los supinadores comprimen y desgastan sus zapatillas a lo largo de los bordes externos, no sólo en la zona del talón.

El diagnóstico debería hacerlo un especialista, pero existen algunos métodos para darnos cuenta qué tipo de pisada tenemos. Una podría ser que veamos videos de nuestro andar, para poder reproducirlos en cámara lenta. Existe también un test casero (que a mi me dio que era neutro):

1. Colocarse de pie y descalzo, con los pies juntos;
2. Flexionar tres veces las rodillas.

En la última flexión, el corredor pronador chocaría en sus rodillas. Si se separan, es supinador. Si se mantienen paralelas, es neutro.

“¿Es relevante conocer esto? Si yo toda mi vida corrí sin saber mi tipo de pisada y nunca tuve problemas…”. Bueno, es importantísimo. Porque hay lesiones que vamos alimentando de a poquito, día a día. Por no tener un calzado adecuado llega un punto en que tenemos terribles dolores en las piernas, y lo achacamos a la vejez, o a que correr mucho “hace mal”. Las zapatillas adecuadas sirven a modo de prevención, para que a futuro no nos lamentemos de haber ahorrado 100 pesos al comprar cualquier modelo. Hablamos, por supuesto, de marcas tradicionales, no nos referimos a productos ortopédicos.

En muchas ocasiones, los pies en posición estática pueden mostrar un comportamiento distinto que durante la carrera, lo que significa que la huella de la planta del pie nos da sólo una ligera aproximación de su movimiento. Las zapatillas ideales tienen que ser capaces de amortiguar los impactos, proporcionar estabilidad, sujeción y adaptarse a la forma de correr. Si se es pronador, por ejemplo, y se usa calzado neutro, se pueden provocar lesiones en las pantorrillas o en el Talón de Aquiles.

Semana 11: Día 75: Zapatillas nuevas!

Este post carece de cualquier tipo de humildad. Se ha desatado el espíritu consumista que tanto reprimo, y por un día lo voy a dejar salir a la superficie.

Desde que empecé a correr regularmente,tres años atrás, descubrí que el calzado no me duraba más de un año. Lo que solía hacer era aguantar con las zapatillas todo lo que podía hasta que, finalmente, llegaba mi cumpleaños (una semana antes de Navidad), época más que provechosa para pedir calzado nuevo.

Ir a una casa de deportes con mi papá a elegir zapatillas era una especie de tradición. Nunca tuve demasiado dinero, desde que volé del nido siempre viví con lo justo, intentando no depender financieramente de otros. Pero el calzado es algo en lo que no se puede escatimar, y mi padre siempre me dio un invaluable apoyo en mis actividades deportivas.

Esta vez pensé que iba a poder arreglármelas por mi mismo. El trabajo marcha bien, ya casi que me sostengo sin endeudarme. Cuando ya tenía dinero como para comprarme unas zapatillas profesionales, vienen mis padres y me regalan dinero como felicitación por mi primera maratón, y para convertirse en financistas de Semana 52 ¡Lo que es tener mala suerte! Me dio mucha vergüenza rechazárselos, así que los acepté con algo de culpa. Ellos querían que lo destinase a comprarme zapatillas buenas, y si sobraba el resto lo tenía que destinar a medias. Aproveché un viaje que hicieron los padres de mi amiga Lau, y conseguí que me trajesen de Estados Unidos unas super mega zapatillas, tapizadas, palanca al piso. Una joyita.

Es específicamente el modelo que quería, aunque existía el temor de haber confundido el talle que usan los norteamericanos (les encanta ir en contra del resto del mundo, con sus millas, libras, etc). Pero me las probé y son perfectas. En lugar de cámara de aire (que se puede llegar a reventar) tienen gel, que las hace más duraderas. Un compañero en Puma Runners que viste esta marca (no voy a mencionarla hasta que me auspicien) me dijo que le duraban fácil dos años, incluso cuando en alguna carrera se les habían roto. Aún si se agujerean, no suelen perder estabilidad ni abrirse más. Esta marca (no le vamos a hacer publicidad gratuita) es particularmente cara, lo cual las hace inaccesibles para mucha gente (como yo). Aparentemente en Estados Unidos circulan muchos pares de muestra, que no son para venta. Pero los norteamericanos han abierto toda una nueva industria, mezclando estas zapatillas con un marcador indeleble que tacha la leyenda “NOT FOR SALE”.

Ahora viene el período de adaptación de mi calzado nuevo, cuya marca no diré que es Asics (¡maldición!). Vamos a ver si hay alguna diferencia respecto a las marcas que venía calzando. Desde que me mandé a hacer plantillas, el dolor que sentía en las articulaciones prácticamente desapareció, pero a medida que las zapatillas iban perdiendo esa cualidad de absorber el impacto, correr largas distancias me hacía doler la espalda. Por ahora me siento un poco como en los días previos a la escuela primaria, cuando me compraban una super cartuchera, y no veía la hora de empezar las clases para estrenarla.

Mañana, lunes, es el día en que las voy a estrenar oficinalmente. Veremos si estas zapatillas son las que me acompañen en los 289 días que le restan a Semana 52

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