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Los 8 km de la Demolition Race Pinamar 2014

Demolition Race Pinamar 2014

La Carrera: Si tengo que hablar de historia, sin lugar a dudas la Adventure Race de Tandil es la más especial para mí. Esta fue mi primera carrera de aventura, y si no cuento las “maratones” del colegio a fin de año, directamente debería decir que fue mi primera carrera. Era parte de un equipo de postas y cuando terminé la que me correspondía, la última, mi entrenador Germán me abrazó y yo no entendí bien por qué. Subestimé mi esfuerzo y no supe ver, como él, que esto era solo el principio de algo más grande.

En mi debut estaba auspiciada por Merrell, hoy por Terma. El recorrido no varió mucho con el paso de los años, con un terreno casi exclusivamente en arena, con muy poco camino de tierra, calle y el maravilloso campo de golf que es un deleite para los pies. Es una prueba agotadora, no es para cualquiera, pero conquistarla es un placer enorme. Y si tenemos suerte, va a tocar un buen día que amerite pasar unos días en la playa antes o después de correr.

El kit del corredor, como en todas las Adventure Race previas, está compuesto principalmente por dos botellones de Terma que terminan cortando las correas de la bolsa. No me fijé si venía algo más, porque ya estar acarreando el kit por dos tiras colgando me resultó un poco fastidioso.

Lo bueno: Esta clásica carrera de ventura se corre en la ciudad de Pinamar cada año. Si bien todavía es un evento que podría tener mayor convocatoria, va ganando presencia en Facebook a medida que se acerca el día de la competencia, y en cada nueva edición pueden verse caras nuevas.

Es difícil hablar de la Demolition Race, porque después de participar en tres ediciones, podríamos decir que ninguna es igual a la anterior. No importa tu experiencia, cómo era el terreno, nada. Uno se entera a qué se enfrenta estando ahí.

Al ser una carrera chica, la organización se maneja a pulmón, y no es algo peyorativo. El kit del corredor es bastante austero comparado con cualquier otra competencia similar, pero en esta edición la calidad de la remera mejoró bastante de la de 2013, y muchísimo más que la de 2012. Hay un código particular, el de ir a darlo todo, con el que muchos entusiastas podrían identificarse.

Lo bueno: Si bien es una carrera corta, de 8 km, esta edición no fue para nada sencilla. Diversos obstáculos en todo el camino hacen que uno la corra agotado incluso antes de llegar a la mitad. Al menos en esta edición hubo que correr por arena suelta y por el bosque, saltar paredes, subirse a containers resbaladizos, echarse cuerpo a tierra, meterse al agua y la clásica trepada por un muro de tres metros, ayudados por una soga.

Es raro que el día no acompañe en diciembre (aunque podría pasar). En el día de la largada había mucho sol, y el recorrido tenía bastante reparo, sobre todo cuando uno se internaba en el bosque. Los voluntarios asistieron muy bien, ofreciendo ayuda, agua y servicio médico a quienes lo necesitaran.

Lo malo: Si bien, como dije, la organización está hecha a pulmón y los voluntarios le ponen, valga la redundancia, mucha voluntad, el hecho de que nunca hagan un recorrido igual he decidido ponerlo como algo negativo. Es cierto que se trata de una carrera corta, pero en base a la experiencia del año anterior convencimos a muchos debutantes para que participen y terminaron agotados, algunos llorando. La camaradería que tienen los corredores hizo que muchos obstáculos fueran sorteados gracias a la ayuda entre nosotros, como el caso del container cuyo techo era peligrosamente resbaladizo.

Ciertos detalles dan la sensación de que las cosas son medio caóticas. En la largada, la explicación del recorrido y todos los obstáculos que íbamos a encontrar resultaban tremendamente confusos. Arrancamos con unas bolsas que debíamos cargar de, supuestamente, un kilo de arena, pero a mí se me hicieron como cinco, y no había dos paquetes iguales: el de algunos era la mitad que el mío. Y lo peor de todo fue que no alcanzó para todos, algo que debería preverse teniendo en cuenta la cantidad de inscriptos.

Aunque los puestos de hidratación estaban estratégicamente ubicados a la sombra, es muy desagradable hidratarse con agua a temperatura ambiente (o sea, caliente). Entiendo que a veces el clima suma y a veces resta, y también que los recursos están bastante ajustados a una carrera que, todavía, necesita tiempo para crecer, pero cuando uno está en un evento donde quiere darlo todo, espera lo mismo de los organizadores.

Y mi GPS, al que le creo, me dio 7 km. Con lo agotado que estaba, agradecí ese kilómetro de menos, pero no creo que a todos les agrade del mismo modo.

El veredicto: Si bien la Demolition necesita unos minutos de horno para convertirse en una carrera obligatoria en el calendario anual del running, algunos van a encontrar que el hecho de que no haya dos ediciones iguales es un gran componente en el desafío. Lamentablemente no podría recomendarle esta carrera a un debutante, a menos que yo supiera que es fanático de los campamentos militares y que tiene mucha energía para gastar. Yo mismo me considero un corredor experimentado y en el primer obstáculo tropecé y me lastimé mucho la pierna (pero culpo más a mi ineptitud y ansiedad que a la organización). En resumen, la Demolition no deja de ser una experiencia que vale la pena vivir, no para cualquiera, y que tiene muchas cosas que ajustar.

Puntaje:
Organización: 6/10
Kit de corredor: 3/10
Terreno: 10/10
Hidratación: 6/10
Nivel de dificultad: Para corredores experimentados o debutantes suicidas

Puntaje final: 6,25

Semana 32: Día 223: Entonces… ¿carreras de calle o de aventura?

Esta pregunta ya me la hice hace tiempo en el blog. Y pensando en voz alta, ayer antes del entrenamiento con los Puma Runners, me di cuenta de que todavía no me decidí.

Es una de esas cosas que crean polaridad. Naftero o gasolero. De River o de Boca. Juegos de consola o juegos de PC. Carreras de calle o de aventura.

En el último año corrí mucho, mucho. Hice entrenamientos largos, de 5 horas, y a veces más. Generalmente eran en calle, a veces de tierra, a veces asfalto. Todas esas sesiones tenían algo en común: combatir el paso del tiempo, dominar la cabeza. En la ciudad, aunque fuese esquivando los autos, aprendí a apreciar la monotonía, el ritmo sostenido. Como si fuese un mantra.

Pero también enfrenté a la montaña en varias oportunidades. Fue una INMENSA diferencia con la calle, empezando por el terreno irregular. Sin dudas el entrenamiento para uno y otro son bastante diferentes, y estar en medio de la naturaleza es una experiencia única. Ahora que estoy buscando superar mis límites y aumentar las distancias máximas en las que puedo correr, mi prioridad pasó a ser el llano. Y lo disfruto mucho. El tema es que me encuentro añorando todos esos momentos en los que estuve embarrado, dolorido y exhausto en la montaña. Después de haberme prometido no volver a hacerlo, tengo muchas ganas de volver a correr 100 km en la Patagonia Run (mi anterior experiencia, hace un año, fue durísima, pero por alguna extraña razón hoy la recuerdo con nostalgia).

Generalmente el paso es así: se empieza por carreras de calle, generalmente por cercanía y comodidad, y en algún momento se da el paso hacia las carreras de aventura. Suele ser un viaje de ida, y los que están disfrutando de la montaña o de correr en la arena, te dicen que ni locos corren una maratón. “Me muero de embole”, te dicen, como si hacer 42 km fuese comparable a estudiar para un examen. No sé ustedes, pero yo jamás me aburrí corriendo en ningún terreno.

Estoy seguro de que por representar un desafío mayor, muchos optarían por las carreras de aventura. Yo, todavía, no puedo elegir. Me gustaría hacerlo y concentrar mi entrenamiento en una meta puntual. De momento, no me cierro a ningún desafío: ni los que me queman la cabeza ni los que me destrozan las piernas.

Semana 2: Día 12: Conquista tu cumbre 2012

Alguna vez he tomado textos “prestado” de este corredor, y en esta noche fría de octubre en la que la primavera se hace esperar, me pareció una buena oportunidad de repetir esta artimaña.

Daniel, a quien afectuosamente llamamos “El Sordo” (porque es sordo) es una de esas figuras paternales a las que todos en los Puma Runners recurrimos. Con mucha experiencia a cuestas, nunca duda en compartir aquello que ha aprendido. Sin ir más lejos, antes de irnos de viaje nos invitó a cenar a su casa para charlar sobre La Misión y el equipo que íbamos a tener que comprar (y el que no). Mientras estábamos a miles de kilómetros de casa, él se iba a conquistar su cumbre en Merlo, provincia de San Luis. En sus propias palabras, esta es la epopeya que vivió:

Quisiera comenzar esta crónica con una reflexión de Elisa Lapenta, entrenadora cordobesa, que en la revista Biciclub escribió lo siguiente, cuando describía el entrenamiento que le daba a sus alumnos corredores de aventura: “Siempre me pregunto qué lleva a un deportista de esta raza a sumergirse en terrenos inhóspitos, a someterse a climas extremos, a ampollarse hasta el apellido, a pasar hambre, frío, fatiga crónica y al terminar la carrera decir con una sonrisa que estuvo bárbara. Tengo la frase que siempre le digo a mis alumnos, si usted piensa que los triatletas están locos, pruebe con un deportista de aventura”.

Esta fue la segunda conquista del equipo RUBIA & SORDO TEAM, a la cual fuimos con dos corredores de raza, Ric (alias el negro) Coronel y Sergio (DJ) Lagrotta.  Salimos en chárter a las 23 horas del viernes y llegamos a Merlo aproximadamente a las 12 horas del sábado.  El día estaba espectacular, un sol que rajaba la tierra, nos vino bien porque pudimos armar la carpa en el camping LYON, lugar en el cual empezaba y terminaba la carrera.

La acreditación fue una tortura china, pero a joderse, la entrega de mapas fue más rápida y la charla técnica muy buena. A diferencia del año pasado, nos dieron todos los PC marcados. La navegación en esta edición era más técnica y difícil que la anterior que corrimos, sumado eso a que las partes más complicadas las haríamos de noche.

La carrera largó puntualmente a las 0 horas del domingo. No llovía en Merlo, pero en las sierras a donde nos dirigíamos estaba realmente muy feo el tiempo. Sigue la cuenta regresiva y salimos.

El inicio, como en la mayoría de estas carreras, fue una calle asfaltada rumbo a las sierras.  Fueron aproximadamente 2 km hasta un punto en el cual nos separamos de la categoría TREK y nos internamos en un campo por el cual deberíamos navegar para llegar a la senda de subida del cerro, donde estaba el primer puesto de control (PC). Noche cerrada, una vegetación típica del lugar, muy achaparrada y con unas espinas impresionantes. La Rubia, nuestra experimentada navegante al comando del GPS, nos marcaba el rumbo y con Ric buscábamos las sendas de animales para avanzar. Este paso nos llevó casi una hora, aquí se nos acoplaron otros corredores que estaban medios perdidos. Al final llegamos a la senda de subida y comenzamos la trepada. Cuando marcamos el primer PC comenzó a garuar, nos pusimos las camperas y seguimos avanzando. A la media hora empezó a llover más fuerte, lo cual nos obligó a ponernos los cubre pantalones.  Faltaba poco para llegar al PC 3 y en un momento nos dimos vuelta y no estaba DJ. Ric fue a buscarlo.

Con Lore esperamos casi 10 minutos parados, nos estábamos congelando porque llovía a cantaros. Decidimos seguir caminando. Aquí nos separamos de Ric y DJ, a los que luego encontraríamos en el PC 5. Seguimos avanzando hasta llegar al PC 3, eran las 4 AM y hacía un frío de locos, marcamos y seguimos al PC4,  que estaba ubicado en un cerro. A esa altura de la carrera estábamos a 2.000 mts sobre el nivel del mar. Las nubes estaban bajas, con lo cual no se veía ni la punta de la nariz. Ahí la gran navegante, con su GPS, fue llevándonos hasta que tuvimos el PC frente a la nariz. Marcamos a las 6 AM.

A partir de ese momento comenzó a diluviar. Teníamos todo el equipo mojado, incluidos los guantes, y el viento era insoportable. Llegar al PC 5 fue una tortura. El flaco de control estaba adentro de la carpa y ni la abrió. Sacó la mano por una rendija y agarró el pasaporte para firmar. Ahí nos volvimos a encontrar con Ric y DJ, pero el negro había pisado mal y tenia el tobillo muy hinchado. Nosotros seguimos e hicimos el PC 6 y luego llegamos al 7, donde estaba el primer stop obligatorio a las 10:45 AM.

Habíamos hecho la mitad de la carrera en 10:45 horas, excelente. Paramos en un lugar llamado Pueblo Escondido, la población de una antigua fábrica de armamentos que funcionó durante la década del ’40.  Ahí tratamos de secar los guantes y algo de la ropa que teníamos, comimos unos fideos y a las 11:45  salimos para encarar el PC 8, que era virtual. Nos encontramos con Ric que estaba llegando y nos dijo que abandonaba. Tenía morado el tobillo y lo que venía era muy áspero. DJ venía más atrasado.

Nos costó encontrar al PC 8 porque estaba bastante escondido, tuvimos que navegar muy finito. De allí al PC 9 fue relativamente fácil, llegamos a las 5 PM, aproximadamente. Entre el PC  7 y el PC 9 fue el único momento en el cual no llovió. Aquí, como era el último stop obligatorio, comimos, y Lore se tiró a dormir un rato, pero a las 7 PM tuvimos que salir porque cortaban las salidas, sino teníamos que quedarnos hasta las 5 AM del otro día. Éramos 14 corredores a los cuales dejaron salir, con la condición de que todos juntos hiciéramos los PC 10, 11 y 12. Ustedes se imaginan 14 argentinos tratando trabajar en equipo, un dislate. Menos mal que primó la cordura y se decidió que tres navegaran y los demás los siguiésemos.  Fue  un trayecto duro y muy técnico, si hubiésemos ido solos lo hubiésemos hecho más rápido, pero tomamos un compromiso y debíamos cumplirlo.

En este trayecto había mucho barro, mucha agua y hacía mucho frio, pero muy buena onda de todos cuidándonos. Así hicimos los PC 10 y 11. Para llegar al 12 tuvimos que esperar a que clareara porque no podíamos ubicar el cerro. De allí al PC 13 fue un paseo y finalmente llegamos a la meta.  Marcamos la llegada a las 10:43 AM del día lunes. Terminamos 48 en la general y 4tos en la categoría de equipo mixto. Se nos escapó el podio por poquito. Fueron 34:43 horas intensas con subidas escarpadas, bajadas abruptas y muy técnicas, mezclado todo con un clima horrible. Pero qué más podíamos pedir, estábamos en la gloria.

Semana 48: Día 330: ¿Qué es una carrera de aventura?

Hasta ayer, jamás me planteé lo que era una carrera de aventura. Para mí era la segunda de dos categorías de competencias de running. La otra, las de calle. Después podemos hablar de duatlón, triatlón, trail, senderismo, etc., pero esas distinciones, para mí, eran unívocas (aclaro que no sé qué significa la palabra “unívoca”, pero me pareció que iba a sonar bien).

Pero de casualidad pasé por el muro de Facebook de Fede Lausi, organizador de Salvaje, que realizó con bastante éxito una nueva edición dela ultra de Yaboty, en Misiones. Y alguno cometió el “error” de hablar de carrera de aventura, refiriéndose a este evento. Otro respondió que en realidad era un “ultra trail perfectamente marcado”, como si correr en medio de la selva, con yararás, subiendo y bajando interminables lomas, no fuese algo aventurero. Lo más parecido a una expedition race, supuestamente, eran Tierra Viva y las XK Race, “donde la orientación y autosuficiencia son las claves para mantenerte seguro, sano y en carrera”. Y dio pie al debate.

La definición de Lausi fue “La Aventura tiene que ver con explorar lo desconocido, con salir de la rutina, con interactuar con la naturaleza. En Yaboty, por ejemplo, si salís sin agua y calculás mal, no llegás al puesto de hidratación y te puede costar caro (…). La orientación no te determina que una carrera sea o no de aventura, es simplemente un ingrediente más”. O sea, que para él una carrera de aventura no significaba correr riesgos importantes.

Cuando me metí en el debate a opinar qua Yaboty entraba en esa clasificación (vi a un par deshidratados, y varios que se bajaron porque quedaron absolutamente agotados), alguien citó al montañista, surfista y temerario Yvon Chouinard: “La auténtica aventura es un viaje del cual es posible no volver vivo… y del cual, sin duda, uno no vuelve siendo la misma persona”. Coincido plenamente con la segunda parte, creo que estas carreras te cambian por dentro, al punto de que cuando uno repite experiencia al año siguiente, lo hace desde un lugar completamente diferente. Pero no me parece que el concepto aventurero sea en el que te jugás la vida. Me parece una sobreestimación del concepto del deporte al aire libre, y a su vez una subestimación de tantos eventos en donde la naturaleza juega un papel protagónico.

Cuando hicimos la Salvaje Cross Country en 2010 (casualmente, organizada por Lausi) no puse en riesgo mi integridad física, pero corrí entre vacas, sobre una angosta vía de tren, atravesé un lago con agua que me llegaba hasta el pecho, y hundí mis pies en un lodoso y pegajoso barro, a riesgo de  perder una zapatilla. ¿No es eso aventura? ¿Está en la misma categoría que una carrera en asfalto, girando por las esquinas de una ciudad? Creo que ciertos corredores, sin menospreciarlos, llegan a un nivel donde necesitan una exigencia muy elevada. La aventura varía para cada uno, seguramente un hiper obeso que corre sus primeros 100 metros puede sentir que se está jugando la vida, y que eso es el esfuerzo más grande que hizo jamás.

Una definición, con la que no estoy de acuerdo (quizá porque subestima mis propias vivencias) me recuerda a mi indignación cuando le llaman “maratón” a una carrera de 10 km. “Aventura, esa palabra ‘mágica’ que hoy estáincluida en una infinidad de carreras… Un cross country ahora es carrera de aventura, una carrera de Mountain Bike es una carrera de aventura, un triatlón es una carrera de aventura… En mi opinión para que una carrera se catalogada como “de aventura” tiene que sí o sí incluir el espíritu con el que nacieron estas carreras en la decada del ’80 con el Raid Gauloises, luego el Eco Challenge, la Southern Traverse, La EMA, el Raid the North, la Ecomotion, el Raid Aventura y el Desafío de los Volcanes en Argentina, etc, etc”. Cito este texto porque yo no viví ninguno de esos desafíos. Continúa: “Todas estas carreras conjugan el espíritu aventurero con la competición, el mismo espíritu que llevo a los equipos de Robert Scott y Roald Amundsen a la carrera por la conquista del Polo Sur en el año 1910, a mi juicio la primer carrera real de aventura del mundo. El espíritu o la esencia de estas carreras de aventura es la exploración, la navegación mediante brújula y mapa para elegir la ruta a seguir, la estrategia, la supervivencia, etc. Estas eran o son verdaderas carreras de aventura, también llamadas carreras de expedición, de hecho la palabra aventura la impuso en un principio el Eco challenge con su slogan ‘Eco Challenge Adventure Race’ luego cambiado por ‘Expedition Race'”.

Definitivamente no existe un consenso general, como yo creía. Para mí Yaboty o Pinamar fueron carreras de aventura. Quizá porque no eran de calle, que son competencias mucho más estables y “tradicionales”. Por ahí ese es el quid de la cuestión: después de décadas de estos eventos deportivos, donde se han masificado tanto… pocas cosas nos sorprenden, y ya todo nos parece que no se sale de la norma.

Y vos… ¿de qué lado estás?

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