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Semana 22: Día 148: La Bilirrubina

Me sube la bilirrubina, (¡ay!) me sube la bilirrubina, cuando te miro y no me miras, (¡ay!) cuando te miro y no me miras. Y no lo quita la aspirina, (¡no!) ni un suero con penicilina. Es un amor que contamina, (¡ay!) me sube la bilirrubina.

Si me preguntan “¿Qué es la bilirrubina?” diré que es una canción de Juan Luis Guerra. Mientras crecía, estaba convencido de que esa palabra la había inventado él para esa canción en tono de merengue, y que no podía existir dentro de mi cuerpo algún componente u órgano capaz de llevar semejante nombre. Pero resulta que existe. Y que los valores máximos normales son 1,50 y yo tengo 1,60.

¿Es para preocuparme? Sinceramente no. Fui a ver a mi nutricionista con mis últimos estudios de laboratorio y me dijo que estaban todos perfectos. Que esa décima me había dado alta, seguramente, porque estaba entrenando mucho.

Pero cuando fui a ver a la médica clínica para que me dé el apto médico, la cosa no fue tan despreocupada. En verdad, la doctora no quiso alarmame. Me dijo “La bilirrubina te dio un poquito alta… te voy a dar el apto para hacer actividad física competitiva, pero vamos a hacer algunos estudios más para que te quedes tranquilo”. Yo, sinceramente, estoy súper tranquilo. Pero bueno, pago la cuota de la obra social, así que no me cuesta nada volver al laboratorio a que me hagan un hepatograma y que me revisen las tripas con una ecografía.

Le pregunté qué era la bilirrubina y aunque me lo explicó, no me acuerdo nada. Tiene que ver con el funcionamiento del hígado. No me extrañaría que correr fondos tan largos, que exige mucho a este órgano (se la pasa filtrando la sangre), haga que suba la bilirrubina más que un amor que contamina, pero nunca se sabe qué otros factores pueden influir. Bah, yo no lo sé. Entré a Wikipedia y entendí menos, así que no puedo aportar demasiado en este post. Lo cierto es que me siento muy bien, estoy bastante entero después del fondo de 50 km de ayer… de hecho hoy sábado fui a entrenar, y más que el hígado o la bilirrubina, lo que me molestó fueron las rodillas, al costado (externo). No a nivel articular ni muscular, sino más bien algún ligamento o tendón. Pero entre el Voltaren en crema y una buena entrada en calor, no sentí más nada y pude correr un fondo de 12 km sin mayores percances.

Los nuevos estudios me los tengo que hacer con tiempo, “sin apuro”, según la doctora. Pero la orden se vence a los 30 días, así que en menos de un mes tendré nuevos estudios e intentaré indagar, una vez más, para qué sirve la bilirrubina.

Semana 20: Día 139: Cita con la nutricionista

Hoy tuve una nueva cita con la nutricionista, a quien no veía desde pocos días antes de partir rumbo a la Misión 2012. En estos dos meses aumenté mucho el volumen de entrenamiento. En realidad, en enero, ya que en diciembre me dediqué al ultratrail y lo que sumé en el cuentakilómetros fueron más que nada gracias a los 110 km en las montañas.

Yo tenía la sospecha de que los valores me iban a dar mejor, pero igual estaba intrigado. ¿Con tanto entrenamiento habría perdido masa muscular? ¿Podría haberme hecho mella haber cambiado mi dieta de vegetariana a vegana? Fui con un estudio bajo el brazo: análisis de orina y de sangre. Era la hora de la verdad…

Romina tomó los estudios, los revisó y empezó a anotar. “Muy bien, ¡perfecto!”. Hay ciertos índices que ya sé que van a dar valores espectaculares, como el colesterol, pero ese no vale. El HDL -el bueno- dio 2.63 (valor de referencia: menor a 5.0), el LDL -el malo-: 70.40 mg/dl (valor de ref. 70.00/130.00) Glucemia: 92 mg/dl (valor de ref. 70/110), Erosedimentación: 7 mm (valor de ref. 2/12), Creatininemia: 0.70 mg/dl (valor de ref. 0.50/1.40), Uremia: 27 mg/dl (valor de ref. 15/50), Colesterolemia: 134 mg/dl (valor de ref. 150/200, y según la nutricionista estos valores son occidentales, los orientales toman a 150 como máximo), Sodio en plasma: 140 mol/l (valor de ref. 135/146), Potasio en plasma: 4.20 mol/l (valor de ref. 3.50/5.30), Cloro en plasma: 105 meq/l (valor de ref. 98/110).

Estos estudios, más los del corazón, se los voy a llevar el jueves que viene a la médica clínica que me hizo la orden, para que me haga un apto médico. Pero no me quiero adelantar. Todavía estoy con la consulta de nutrición, y es el momento en que tengo que pasar detrás del biombo a sacarme la ropa. Es un momento que muchos temen; Romina tiene unos pantaloncitos para los pudorosos, pero yo salgo en boxer y medias, y que sea lo que Dios quiera.

Me empezó a tomar las medidas para el estudio antropométrico. Lapicera, cinta métrica, calibre para los pliegues de la piel. En un arranque de optimismo le dije “Seguro me va a dar mucho mejor que la otra vez”. “¿Te parece?”, me preguntó. “Si me da peor, abandono todo”. Sí, soy así de blanco y negro.

Cuando me subí a la balanza, me decepcionó un poco ver que solo había bajado 1 kilo y 100 gramos. “Hay que ver cuánto de eso es pérdida de masa muscular”, dije, en un rapto de negativismo. Romina ingresó todos los datos en la computadora y empezó a mostrarme los valores del informe de composición corporal. En diámetros bajé algunos milímetros, y aumenté 1,83 cm de tórax anteroposterior (¿flexiones de brazos?) y 1,18 cm en el humeral (de correr, asumo). Los perímetros tuvieron muy poca variación, o sea que no daba la impresión de pérdida de masa muscular. Los pliegues cutáneos bajaron todos, en especial en la zona abdominal y el muslo, donde perdí 4 mm en cada uno.

Con todos los valores de pliegues, diámetros y el peso, la computadora calcula cuál de los 5 tejidos es el qué varió y cómo. Cuando vi el valor de la masa adiposa (grasa), solté un “¡A la mierda!”. Desde la última medición, el 4 de diciembre, había perdido 2 kilos y 490 gramos. Romina me señaló la masa muscular y me dijo “A la mierda también”. Había aumentado 1 kilo y 120 gramos. El resto de las masas no varían: la residual (órganos y el contenido del estómago), ósea y piel. Estoy en mi mejor valor de grasa desde agosto de 2011, con 16,4 kg, y el mejor de masa muscular desde febrero de 2012 (30,2 kg).

Conclusión: EL VEGANISMO NO ATENTA CONTRA LA SALUD O EL ESTADO FÍSICO.

Y hablando de eso… ¿cómo me estoy sintiendo en los entrenamientos? La verdad, bárbaro. Con energía, y el sándwich de tofu al finalizar puede ser una de las claves por la que esté regenerando correctamente el tejido, además de que mi almuerzo y cena base es combinar arroz con legumbres. Vicky también está experimentando en la cocina con la soja texturizada, y ha hecho guisos espectaculares y un pastel de papa que engañaría a cualquier carnívoro.

Acordamos con Romina vernos unos días antes de la Ultra Buenos Aires. Intercambiamos anécdotas de los libros que hemos estado leyendo, me confesó que le preocupa que no varíe mis menús y que no esté saliendo de la milanesa y las salchichas de soja (pero a la noche, al volver del entrenamiento, no tengo ganas de ponerme a cocinar nada que no me tome 2 minutos de microondas), pero me confesó que estaba muy bien. “No hay que arreglar lo que no está roto”, me dijo. “Seguí así”.

Me sentí como cuando me sacaba un 10 en el colegio. Como buen alumno aplicado, fui disfrazado de corredor: musculosa de la San Silvestre 2010, mochila con hidratador, pantaloncito corto, medias de running (anti-ampollas) y las zapatillas XR Mission de Salomon. Cuando salí, me unté vaselina en la cintura, con disimulo me pasé por la entrepierna, acomodé un poco de fruta glaseada en el bolsillo, me puse el iPod y salí a correr 40 km. Pero… no quiero quemar la experiencia en este post, así que me guardo este monstruoso fondo para desarrollarlo en el día de mañana…

Semana 17: Día 119: Salir de casa

Hace un mes retomé análisis. A diferencia de mi período previo de una década analizándome, esta vez no es por un tiempo indefinido, sino por temas puntuales. La psicóloga prefiere no hablar de una terapia, sino de entrevistas que decidimos “sesión a sesión”.

Y me resultó bastante movilizador. Por un lado, porque retomé con la misma profesional, y fue interesante llenar el bache de lo que fueron mis dos años de vida desde que empecé con el blog (cuando me di el alta) y hoy, 121 semanas después. Progresé, pero me di cuenta que hay cosas que se mantienen fijas, esa matriz con la que nos armamos (y que nos armamos).

Entre las cosas que me sorprendí diciendo es que nunca salgo de casa. De hecho, cuando empecé a analizarme en el año 2000, sufría de una gran depresión por no saber qué hacer de mi vida. Sin perspectiva laboral ni académica, me quedaba todo el día en casa, en foros de internet, chateando por el ICQ (la prehistoria de la internet, más o menos) y haciendo dibujitos con el Paint (el Photoshop recién caería en mis manos tres años después). Solo salía los viernes, que me juntaba con mi grupo de amigos. Ansiaba muchísimo ese momento, y nuestras reuniones eran absolutamente inocentes: charlar hasta que se hacía de día, tomando Coca-Cola, comiendo papas fritas. Ellos fueron quienes vieron mi mutación al vegetarianismo, al desprecio por las gaseosas y a correr. Hoy siguen siendo mis grandes amigos, aunque nos veamos pocas veces al año.

Y mientras mi psicóloga me preguntaba por mi vida social, recordé ese grupo al que hoy casi no veo, y pensé en mis amigos con los que hoy me junto un poco más seguido, pero tampoco los veo con mucha frecuencia, con suerte una vez al mes. Así que mi círculo más íntimo, caí en la conclusión, es mi grupo de running. Al verlos tres veces por semana, son con quienes más comparto mi vida, aunque en un 75% tenga solo relación con entrenar.

Analizándolo más profundamente, me di cuenta algo que, en el fondo, me dio un poco de pánico. Si no fuese por el entrenamiento, prácticamente no saldría de mi casa. Trabajo en mi computadora, al resguardo del mundo exterior. Pago las cuentas por homebanking. Después de estar 14 horas diarias sentado frente a la computadora, quizá Vicky entienda que de vez en cuando me desespere por ir al supermercado a aprovisionar la heladera. Una casa abastecida evita tener que salir.

Así es que el running se convirtió en mi contacto con el mundo exterior. Es lo que me permite tratarme con seres humanos. Y eso me llevó a preguntarme, ¿es de ahora esto? ¿O siempre fui así? Me dio la impresión de que es parte de mi matriz, que viví toda mi vida encerrado en mí mismo, y de alguna forma correr me salva tres veces por semana.

Quizá el entrenamiento fue una necesidad subconsciente de cortar con ese encierro. Y nunca me fue fácil conocer gente y mostrarme tal cual soy. Casi diría que en el grupo de entrenamiento no llegaron a conocerme hasta que no abrí esa ventanita de mi vida con el blog. Y me di cuenta que me creé esa presión del tipo que se supera y tiene que mejorar constantemente. El antídoto contra la subestimación: esforzarme por ser el mejor. Pero solo para que los demás lo crean.

Si me preguntan por qué paso tanto tiempo en mi casa y por qué salir a la calle puede ser una batalla de fuerza de voluntad, no tengo idea. Porque sé que salir a correr me hace feliz. ¿Por qué resulta difícil hacer eso que nos llena? Es evidente que es más fácil cortar todo tipo de contacto y encerrarte en tu cubículo (por más deprimente que eso pueda sonar) a abrir la puerta y enfrentarse al mundo. En el fondo creo que se le da menos crédito a quien le cuesta horrores hacer las cosas (e igual las hace), que a quien le sale todo de taquito y sin pensar.

Dicho todo esto, sigo haciendo el trabajo arqueológico de mi alma con terapia. Es al menos una excusa más para abandonar la comodidad y cruzar la puerta de casa.

Semana 14: Día 97: ¿En dónde estoy?

Imaginemos un mapa. Sus calles, la grilla de las cuadras, sus avenidas y distintos accidentes geográficos como lagos, ríos, montañas. Puede ser como lo imaginen, de una ciudad, un pueblo en las afueras, una zona montañosa. Ese mapa es nuestra vida, y no va de un punto al otro y ya, sino que tiene diferentes caminos y nosotros lo recorremos a nuestra voluntad, aunque en el fondo creamos que las cosas nos pasan sin que tengamos influencia alguna. Al igual que nuestra trascendencia, no tiene un final, sino que es una sucesión de posibilidades.

Ahora, no está mal de vez en cuando detenerse a ver en qué lugar del mapa estamos. Porque de eso va a depender a dónde (y cómo) vayamos.

Me puse una meta, hace rato, de que no termine marzo sin que haya corrido los 100 kilómetros en 10 horas y media. Para eso voy a tener que volver a entrenar… mucho. Y ahora se me ocurrió que sea bajo una dieta vegana, así que tengo bastante que aprender. Mi veganismo lleva unos 4 meses, y si digo que noté un cambio estaría mintiendo. Pero quizá algo esté cambiando dentro mío, o por ahí todo siga igual, pero es algo que tengo que averiguar. Así que fui al médico a pedir un apto médico. Como cambié de obra social (al independizarme finalmente del sustento de mis padres) tuve que empezar de cero, sin historia clínica.

La doctora que me atendió resultó, además de médica clínica, especialista en geriatría, así que se debe haber sorprendido de encontrarse con un flaco que camina encorvado, con el libro “Nacidos para correr” bajo el brazo. Pero, atenta, escuchó mis motivos para estar en la consulta. Tuve que responder nuevamente las preguntas de rigor, si tenía algún tipo de enfermedad crónica, si tenía alguna lesión… Me pareció importante mencionar que era vegetariano (no quise entrar en detalles), y ella me preguntó si comía algo de derivados animales. Le dije que era vegano, pero que me sentía bárbaro. No, nunca tuve anemia, y resultó que era muy afortunado.

También creí que era oportuno aclarar que corría y mucho. Sin entrar tampoco en detalles, le dije que hice una carrera de más de 100 km. Se quedó fascinada, y no tuve el coraje de decirle que en realidad no había llegado a la meta y que me quedaron 48 km en el tintero. Pero me dijo que me felicitaba, que con tanta actividad física y alimentación sana, iba a vivir muchos años.

Ahora el chiste, como para ubicarme en el mapa, es hacerme la batería de estudios que incluyen análisis completos de sangre y orina, ergometría, electrocardiograma, y un estudio del corazón que no logro descifrar por esa letra de logia secreta que tienen los médicos. Pero dénme un turno y yo voy a que me peguen cosas en el pecho y me hagan correr como un poseso en una cinta.

Tengo algo así como 90 días exactos para cumplir mi meta de llegar a los 100 km en menos de 10 horas y media. Hoy se me dio la rebeldía de salir a correr sin la autorización explícita de mi entrenador (aprovecho reuniones de trabajo para ir y volver corriendo). Y mientras trotaba por la bicisenda hacía cuentas mentales y pensaba cuál debía ser mi ritmo promedio para poder llegar. El año pasado me mandé bastante a lo kamikaze, así que ahora cuento con una ventaja, que es la experiencia (aunque haya sido darme la trompa contra un muro). Ahora reemplacé el miedo a lo desconocido por el miedo a lo conocido.

Trece semanas. Noventa días. Ese es el largo del camino que tengo que trazar en mi mapa. Creo que sé el punto desde donde voy a empezar, en los próximos días tendré que dilucidar el mejor camino para llegar hasta mi destino.

Semana 16: Día 107: Cómo se compone la masa corporal

Para los que pudieron leer algo del eterno post de ayer, les agradezco su paciencia. Ya que estoy, hago una aclaración obvia pero que no está de más: esos análisis de sangre correspondían al control periódico que estoy haciendo con la nutricionista. Además de corroborar que los niveles están bien, hacemos una medición antropométrica de mi cuerpo. Es un método que tiene sus limitaciones, pero es una excelente forma de medir el impacto que tiene el entrenamiento y la dieta a nivel físico.

Este informe de Composición Corporal mide la complexión física, separándola en cinco tejidos: adiposo (grasa subcutánea), muscular, residual (vísceras, órganos, pulmones), óseo y cutáneo (piel). El argentino promedio de 20 a 30 años, según estos estudios, mide 1,74 cm y pesa 73,8 kg. Probablemente coma carne y sea de Boca (esto lo supongo yo, que encima no sé nada de fútbol). El perímetro de su cintura mide 80,8 cm, su cadera 96,3, y sus pliegues cutáneos (que sirven para medir la grasa) son en la región abdominal de 17 mm y en los muslos de 12,5 mm.

Esto a nivel promedio. No quiere decir que sea el “ideal”, porque uno puede hacer actividad física y mejorar su cuerpo, pero a menos que te cortes los pies o te agregues huesos, no podés modificar tu altura (ponerse tacos tampoco cuenta).

La primera medición antropométrica me la hicieron el 31 de agosto de este año, justo un día antes de empezar Semana 52. La última fue el 14 de diciembre. En el medio, hice todo el entrenamiento e incorporé la alimentación controlada de la que he hablado ad nauseum. A continuación, el valor inicial y el actual:

Altura: 180,2 cm (no varió)
Peso: 76,9 kg / 67,3 kg
Perímetro de cintura: 82,2 cm / 72,3 cm
Perímetro de caderas: 99,6 cm / 90,3 cm
Pliegues cutáneos abdominal: 28,5 mm / 8,5 mm
Pliegues cutáneos muslo: 22,5 mm / 13,5 mm

Hay otros índices que fueron variando. Por ejemplo, los perímetros de los bíceps. El tema fue que empecé con un valor (30,3 cm con el brazo relajado, 32,1 flexionado en tensión), y mientras aumentaba el nivel de entrenamiento, quemaba grasa y músculo. Así fue que en la segunda medición el perímetro bajó a 29 cm relajado y 31,5 en flexión, y en la tercera disminuyó a 28 cm para el primero y 30 para el segundo. Recién en el último relevamiento empecé a subir masa muscular. El perímetro del brazo relajado pasó a ser 28,2 cm, y en flexión 30,9. Tuvo que ver que empecé a entrenar en un gimnasio, siempre cuidando la alimentación. Es la primera vez, desde que hacemos estos informes, que el músculo aumenta, y en la composición general subí 500 gr (mientras la masa adiposa continuó decreciendo).

Estos son los kg y porcentajes de mi cuerpo, comparando la primera medición y la actual:

Masa Adiposa: 25,13 kg (32,68%) / 16,71 kg (24,61%)
Masa Muscular: 31,16 kg (40,53%) / 30,05 kg (44,26%)
Masa Residual: 8,05 kg (10,48%) / 7,93 kg (11,68%)
Masa Ósea: 8,68 kg (13,68%) / 8,68 kg (11,29%)
Masa de la Piel: 3,87 kg (5,03%) / 3,91 kg (5,76%)

Los huesos no varían, y la piel realmente muy poco. La masa residual es un índice para demostrar que el cuerpo está alimentado y que los cambios no son producto de matarme de hambre.

¿Qué sigue ahora? Como el plan de alimentación y entrenamiento demostraron funcionar, vamos a aumentar algunas porciones en las comidas. Se suman más proteínas, y ahora tengo una nueva colación, post cena (algo liviano, no otro plato de fideos). De la medición anterior (hace un mes y medio) a la actual perdí 1,7 kg de grasa, y como dije antes aumenté 500 gr de músculo.

Extraño horrores entrenar. Sigo yendo a los entrenamientos aunque mi lesión me impide hacer nada más que mirar. Voy para dar un poco de lástima a mis compañeros, y no perder ese espacio en mi semana que tanto me costó imponer. Me preocupa no estar haciendo nada, pero me insisten en que la masa muscular sigue creciendo, incluso en períodos de reposo. Creer o reventar (yo elijo creer).

Semana 16: Día 106: Qué indican los análisis de sangre

Probablemente veas Dr. House. Y si no lo hacés, deberías. Es cierto que muchas veces inventan procedimientos imposibles, pero es un mundo apasionante, y todos querríamos ser insultados por el creativo doctor rengo.

Para quienes se interesan por estas series de detectives médicos, y para los que se han hecho algún análisis de sangre y nunca les explicaron qué eran todos esos términos y valores, les ofrezco un detalle. Este es el control que me hice el 9 de diciembre pasado. La nutricionista me respondió dudas sobre algunos valores y qué significaban, pero decidí investigar a fondo todo lo que pude sobre el tema. Creo que con esto ya estoy para integrarme al equipo de diagnóstico del Hospital Princeton-Plainsboro.

A continuación, los distintos estudios que le hicieron a mi sangre vegetariana, en el orden en que aparece en el informe.

Hematocritos: Mide el porcentaje de los glóbulos que se encuentran en toda la sangre, y depende de su número y su tamaño. Los valores normales para un adulto son del 40 al 54%, yo estoy en 43,5. Un índice bajo puede deberse a anemia, fallos en la médula ósea, embarazo, hipertirodismo, problemas de alimentación, etc. Valores altos indican cardiopatías, deshidratación, enfermedades pulmonares crónicas, un shock, etc.

Eritrocitos: Los glóbulos rojos son los principales portadores de oxígeno a las células y tejidos del cuerpo. Contienen en su interior la hemoglobina, una proteína que contiene hierro, lo que le da el color rojo a la sangre, por ello el nombre de glóbulos rojos o Eritrocitos: eritro (rojo) + citos (células). Los valores normales para un adulto son de 4,5 a 5 mill/mm3, yo tengo 5,19. Un índice bajo puede deberse a alteraciones en la dieta, anemias, cáncer, enfermedades sistémicas, embarazo, fibrosis de médula ósea o hemorragias. Valores aumentados pueden significar cardiopatías, enfermedades pulmonares crónicas, estancias en lugares de gran altitud y poliglobulia (demasiados glóbulos rojos en la circulación sanguínea, el opuesto a la anemia).

Hemoglobina: Es una proteína que existe en el interior de los glóbulos rojos y que transporta el oxígeno en su interior. Los valores normal son de 12,5 y 17 gr/dl, yo estoy en 14,9.

Volumen corpuscular medio (VCM): Indica el tamaño de los glóbulos rojos. Los valores normal son de 82 a 98 fl, yo estoy en 83,8. Un indicador alto significa falta de vitamina B12 y ácido fólico, y si es bajo indica falta de hierro. La nutricionista me dijo que leyendo el análisis no se nota que soy vegetariano.

Hemoglobina corpuscular media (HCM): Indica la cantidad de hemoglobina que hay en cada glóbulo rojo. En cierto modo nos está diciendo lo ‘rojos’ que son los hematíes. Los valores normales son de 27 a 32 pg, yo estoy en 28,7. Al igual que en el VCM, el número elevado es falta de B12 y ácido fólico, un indicador bajo es falta de hierro.

Plaquetas: Son las células de la sangre encargadas de la hemostasia, es decir, de cerrar los vasos sanguíneos cuando se produce una herida, formando parte del coágulo. Los valores normales son de 140 a 400 mil/mm3, yo estoy en 204. Aumenta o disminuye por patologías o infecciones graves.

Leucocitos: Los glóbulos blancos o leucocitos son células de defensa que circulan por el torrente sanguíneo. Los valores normales son de 4 a 11 mil/mm3, y yo tengo 6,3. Desde que entreno y no me salgo de la dieta, no me enfermé nunca, lo cual es una buena señal. Disminuye cuando la médula ósea está inhabilitada por infecciones o tumores. Existen varios tipos: neutrófilos, linfocitos, monocitos, y eosinófilos. El valor total agrupa a la suma de todos ellos; si uno de estos tipos está elevado o disminuido, puede afectar a la cifra global. Los neutrófilos son los más numerosos, atacan sustancias extrañas (como bacterias) y aumentan en casos de infección. Hay una variante de estos, llamados “en cayado”, que son los “inmaduros”, y en condiciones normales su número es cero (como en mi análisis). Los linfocitos y monocitos aumentan sobre todo en infecciones por virus o parásitos. También en algunos tumores o leucemias. Los Eosinófilos también aumentan por presencia de parásitos, así como en las en las alergias y en el asma.

Ferritina: Es una proteína que se encuentra dentro de las células y que almacena hierro de manera que el cuerpo lo pueda usar posteriormente para producir hemoglobina, la proteína presente en los glóbulos rojos que transporta oxígeno. Los valores normales van de 30 a 400 ng/dl, yo estoy en 88,8. La deficiencia indica, obviamente, bajo consumo de hierro, dificultades del intestino de absorber esta sustancia, o pérdida de sangre (menstruación abundante o una pequeña hemorragia constante en el tracto intestinal). El aumento puede estar asociado a una enfermedad genética llamada hemocromatosis, en la cual se absorbe demasiado hierro.

Glucemia: Mide la cantidad de este azúcar que circula por la sangre. Los valores normales son de 70 a 115 mg/dl, yo tengo 90. El aumento o la disminución está relacionado con enfermedades como la diabetes o en ayunos prolongados.

Creatinina sérica: Es una proteína derivada del músculo que circula por la sangre y se elimina a través de la orina. Se emplea para valorar la función de los riñones. Los valores normales son de 0,9 a 1,3 mg/dl, yo estoy en 0,9. Aumenta cuando el riñón no funciona correctamente, o hay un cuadro de deshidratación. También en personas muy musculosas (no es mi caso). Disminuye en individuos desnutridos con poca masa muscular, y es frecuente en ancianos (¡tampoco es mi caso!).

Ácido úrico: Es el producto final del metabolismo de algunos aminoácidos, que a su vez son las sustancias que componen las proteínas. Se elimina fundamentalmente por la orina. Los valores normales son de 3,4 a 7 mg/dl, yo tengo 4,3. Aumenta por una dieta abundante en proteínas, o por realizar ejercicio extenuante. También pueden indicar cálculos en el riñón, o gota (enfermedad metabólica, suele manifestar con una inflamación del dedo gordo del pie).

Colesterol: Es un lípido o grasa que circula por la sangre y que también está presente en otros tejidos como el hígado o el cerebro. El Colesterol Total tiene como valores normales de 140 a 200 mg/dl, yo estoy en 125. Colesterol HDL: es el “bueno”. La referencia es de 0 a 140 mg/dl, yo estoy en 42. Las cifras elevadas son protectoras del sistema cardiovascular, de forma que no solo no importa tenerlo alto sino que es el objetivo de algunos tratamientos que esta cifra se eleve, al menos por encima de 35. Colesterol LDL: es el “feo” y el “malo”. Los valores normales son de 55 a 90 mg/dl, yo tengo 71. Los niveles altos se asocian a mayor riesgo de infarto de miocardio y otras enfermedades cardiovasculares.

Triglicéridos: Son también un tipo especial de grasas que circulan en la sangre. Los valores normales son de 30 a 120 mg/dl, yo tengo 59. Aumenta por la ingesta de alcohol y tabaco, y por una dieta rica en grasa.

Bilirrubina: Es un pigmento que se almacena en la vesícula y se elimina por la bilis al tubo digestivo. Se emplea fundamentalmente para valorar la función de la vía biliar y del hígado. Es lo que le sube a Juan Luis Guerra cuando te miro y no me miras. Los valores normales son de 0,3 a 1 mg/dl, yo estoy en 1,44. Es el único índice que no tengo dentro de los valores normales, y no sé si eso es malo, la nutricionista nunca lo mencionó, y prefiero no hacerme mala sangre (a ver si me sube la bilirrubina, y no lo quita la aspirina, no, ni el suero con penicilina). Aumenta en enfermedades como la hepatitis (entre 2 y 3 mg/dl), en patologías de la vía biliar, como las obstrucciones por piedras en la vesícula, y en caso de una fuerte destrucción de glóbulos rojos (hemólisis).

Transminasa: Son enzimas que se encuentran en el interior de las células hepáticas (hepatocitos). Sirven para medir la función del hígado. La Transaminasa GOT tiene un valor normal de entre 5 y 38 Ul/l, yo tengo 29. La GPT va de 3 a 38 Ul/l, yo estoy en 29. Diferencias entre ambas enzimas puede indicar inflamación del hígado por consumo de alcohol. También puede significar hepatitis, ser signo de obesidad, quistes, tumores o una obstrucción grave de la vía biliar.

Proteínas totales: Mide la cantidad de proteínas presentes en el suero. Los valores normales en adultos son entre 6,4 y 8,4 g/dl. Yo tengo 7,5. Puede aparecer baja la concentración de proteínas en suero en: agammaglobulinemia, ascitis, hemorragias, enteropatías, quemaduras, malnutrición, o en enfermedades renales, intestinales, del hígado o por deficiencia de inmunoglobulinas. Puede aparecer alta la concentración de proteínas en suero en enfermedades inflamatorias o infecciosas, crónicas, o en mieloma múltiple.

Fosfata alcalina: Es una enzima presente en diferentes partes del organismo, como el hígado, el hueso o el intestino. Puede alterarse en situaciones de enfermedad, pero también durante el crecimiento. Los valores normales van de 40 a 130 Ul/l, yo estoy en 61. Aumenta durante el crecimiento (en los niños), pero en adultos puede indicar enfermedades en los huesos, raquitismo, obstrucción de la vía biliar o en el caso de una fractura. Disminuye en la desnutrición.

Sodio sérico: La concentración de sodio en la sangre es el resultado entre la entrada del mismo por la dieta y su salida a través del filtrado del riñón y su salida por la orina. Este estudio se utiliza para evaluar la función de los riñones, de las diferentes hormonas que lo regulan, y situaciones de la regulación de líquidos en el cuerpo humano. Los valores normales son enre 135 y 150 mEg/l, yo tengo 138. Los niveles aumentados de sodio en la sangre pueden indicar deshidratación, diabetes insípida, hiperladosteronismo, síndrome de Cushing. Los niveles disminuidos pueden indicar ascitis, cetoacidosis diabética, derrame pleural, diarrea, enfermedad de Addison, enfermedades renales, edema periférico, exceso de sudoración, insuficiencia cardíaca congestiva, síndrome de secreción de hormona antidiurética, o por causa de vómitos.

Potasio sérico: Los pequeños cambios de concentración de potasio en la sangre producen una gran alteración en la transmisión de estímulos nerviosos y musculares, sobre todo es importante en la función del corazón. Al bajar los niveles de potasio pueden aparecer arritmias y un aumento del potasio puede causar bloqueos cardíacos. Los valores normales en sangre son de 3,5 a 5 mEq/l. Yo tengo 5. Los niveles aumentados pueden significar acidosis metabólica o respiratoria, problemas renales, enfermedad de Addison, hemolisis, hipoaldosteronismo o traumatismos. Los niveles disminuidos podrían indicar una dieta inapropiada, diarrea, síndrome de Cushing, hiperaldosteronismo, vómitos.

Tirotrofina (TSH): Es la hormona estimulante de la tiroides. Es producida por una glándula localizada en el cerebro, llamada Hipófisis. Tiene la función de regular la actividad en más o menos de la glándula toroides que se ubica en el cuello. Los valores normales van de 0,27 a 4,2 uUl/ml, yo tengo 1,21. Puede aparecer niveles altos de TSH en hipotiroidismo congénito o en el primario, resistencia a la hormona tiroidea o agenesia. Los índices bajos podrían indicar enfermedad de Graves, tirotoxicosis o hipofunción hipofisaria.

El lunes les tomo examen de todo esto.

Semana 10: Día 67: Apto para la actividad física

Probablemente sea una obviedad (porque no hubiese resistido 66 días de actividad física si no hubiese sido así), pero ayer me hice un apto médico… y estoy apto.

Ok, tengo que ser fiel a la verdad. No pude entrenar los 66 días. Hubo días, en la pre y post maratón, más la recuperación de alguna carrera o por trabajo, en que no pude hacer actividad física… digamos que habré entrenado un total de 60 días. Que no está mal, porque más allá de todo no dejé de actualizar el blog, que de última es un compromiso diario al que sí no le quiero fallar.

Pedí turno con una doctora porque en el gimnasio en el que empecé me exigían un apto médico. Esto es, sencillamente, para que si me da un síncope o si fallezco en la bicicleta fija, la responsabilidad sea de quien me autorizó a hacer actividad física y no de ellos. O para poder rechazar mi membresía si no estoy apto, aunque ya haya pagado tres meses por adelantado. Por suerte mi nutricionista ya me había mandado a hacer estudios, hace un mes y medio, así que contaba con los resultados de los análisis de sangre y orina, más la ergometría y el electrocardiograma. Así que mi esperanza era resolver todo en una única visita a la clínica.

La cuestión del apto médico tiene un significado especial para mi. Tanto es así que, mientras la doctora miraba mi ergometría, esaba convencido de que iba a encontrar algo. “Mmmmm… sus valores RT no están del todo bien, convendría repetir el examen”, era una de las cosas que esperaba que dijera. En cambio su conclusión fue “Todo dentro de los valores normales”. Uffff…

Después, a la camilla a tomarme la presión. Sentía que mi corazón se aceleraba. “¿Qué estoy haciendo?”, pensaba. “¿Cómo me pongo nervioso, si hace años que hago actividad física, no me gusta comer con sal, y estoy haciendo una dieta sana (y estricta) desde hace meses?”. La doctora volvió a repetir que estaba todo normal. Después, estetoscopio para controlar los pulmones. El corazón todavía latía fuerte, y la doctora me pidió que respire por la boca. Recordé el post en el que hablaba de que respirar por la nariz calentaba el aire y lo filtraba. Así que con cada bocanada que bajaba por la garganta, lo sentía congelado y lleno de virus, bacterias y microorganismos. De hecho la paranoia hasta me hizo sentir molestias en la garganta después de que dejé la clínica.

“Todo normal, te firmo el apto médico”, dijo la doctora, para mi alivio.

Mis nervios tenían que ver con recuerdos algo traumáticos de mi niñez y adolescencia, donde jamás me encontraron ninguna cuestión que me impidiese hacer actividad física, pero había un especialista en mi cuerpo que jamás me consideraba apto: yo mismo. Me miraba en el espejo y me veía flaco, con las costillas muy marcada (años después desarrollaría una panza importante y extrañaría esa delgadez). No me gustaba la forma de mis piernas, ni el pecho, y mis brazos siempre me parecieron muy flacos. No era bueno en ningún deporte (quizá algo en el tenis de mesa, influenciado por mi papá) y en los test de Educación Física siempre daba mal.

En el libro de Murakami (que me estoy esforzando por no terminar, pero ya me quedan pocas páginas) él contaba cómo podés hacer una lista infinita de tus defectos, mientras que pocas veces te contentás  con el puñado de virtudes que tenés. Mi físico siempre, hasta hace unas pocas semanas, era algo que me criticaba constantemente. Todavía no me gusta del todo, pero siento, por primera vez en la vida, que es algo que se puede cambiar. Mi virtud, si es que se le puede llamar así porque me ha traido también problemas en el pasado, es la perseverancia. Me ciño a un plan (generalmente impuesto por otra persona, en la que confío) y no me salgo de ahí.

Aún tengo que desarrollar la confianza en mi mismo. Sé que la sola existencia de este blog parece demostrar una gran soberbia de mi parte. ¿Quién es este tipo que da consejos y se saca fotos de su cuerpo? ¡Ni que fuera…………………….. (llenar el espacio con su estrella de cine favorita)! Bueno, no es así. Sólo me gusta compartir, como lo han hecho conmigo, las cosas que voy aprendiendo. Siempre agradecí mucho los consejos que me fue dando gente con más experiencia. ¿De qué sirve lo que aprendemos si nos lo quedamos para nosotros mismos? Lo de las fotos, es para forzarme a aceptar cómo soy, y para comprobar (si no me gusta lo que veo) que las cosas se pueden cambiar, de forma saludable, con paciencia y esfuerzo.

Ya me confirmaron varias veces que estoy apto para hacer actividad física. De a poco lo voy aceptando yo mismo…

Semana 10: Día 64: Ya bajé de peso, ¿y ahora?

Ayer fui a ver a mi nutricionista. Me intrigaban muchas cosas, como por ejemplo si estaba alimentándome bien, y qué consumir para ganar más masa muscular, porque con el entrenamiento intensivo sentía que me estaba consumiendo poco a poco. Una balanza de Rosario me dio que pesaba 70,2 kg, y nunca me había sentido tan flaco.

Lo que solemos hacer con mi nutricionista es repasar las carreras en las que participé, cómo me sentí, y qué es lo que se viene. En el primer caso, le conté sobre la Merrel Nocturna, y lo bien que me sentí. Pero también le dije que no podía evitar ir al baño, de hecho estoy todo el tiempo con ganas de hacer pis. Me preguntó qué agua estaba tomando y le dije que Nestlé, porque la Villa del Sur me resultaba un poco desagradable por el gusto salado que tiene. Bueno, resulta que, al menos para hidratarse en las carreras, lo importante es el alto contenido de sodio, y no al revés. Aparentemente son más frecuentes los casos de muerte en maratones por hidratación inadecuada (exagerada cantidad, poco sodio) que por deshidratación. Las cosas que aprende uno.

Así que, primera nota mental, volver a la Villa del Sur. Vamos a probar un tiempo, a ver si eso me hace ir menos al baño. Glaciar y Eco de los Andes están bien para el día a día, pero no para las competencias. Nestlé está en el medio, y la que más sodio tiene (y ahora entiendo por qué está tan presente en las competencias) es Sierra de los Padres. Las bebidas deportivas tienen alto contenido de minerales, pero no suelen elevar tanto el sodio (a los valores más aptos para deportistas), porque eso le da al producto un gusto metálico y poco agradable al paladar. Pero, obviamente, sirven y mucho.

Lo otro que me pasó en la Merrel Nocturna fue un dolor muy fuerte en el estómago, al costado. No puedo precisar bien dónde, si en los riñones o en algún otro órgano. Me había pasado otras veces, durante entrenamientos largos, pero definitivamente desde que empecé la dieta, y no antes. Me avergüenza un poco decirlo, pero básicamente el dolor es por monumentales gases. En los últimos kilómetros de la Merrel el dolor era muy intenso. Lo venía aguantando, pero en un momento me encontré trotando a un ritmo menor que caminar. Ahí decidí apagar la linterna y hacer un paso al costado, al refugio de los árboles. Lo que creía que era una descompostura explosiva terminó siendo un estruendoso y largo gas. Es increíble lo bien que me sentí después de sacarlo afuera, y pude retomar la carrera a gran velocidad, como si no hubiese pasado nada. La duda ahora es, ¿por qué me pasó? Hay varias teorías, más allá de que el running afloja toda esa zona. Probablemente sea una cuestión de haber consumido mucha fibra antes de la actividad deportiva. Tengo la impresión de que la manzana no me cae bien tan cera de correr, y me acabo de enterar de que le tengo que sacar la cáscara, porque eso es pura fibra. Otra causa puede ser intolerancia a la lactosa, alimento que casi no consumía antes de empezar Semana 52. Ya iremos viendo…

Segunda nota mental: pelar las manzanas antes de entrenar. Aproveché la consulta para sacarme otra duda. Tomar mucha agua mineral, ¿favorece la formación de cálculos? “Jamás lo escuché” dijo la nutricionista. Listo, me quedo más tranquilo.

Parte matemática, estadística y aburrida del post

Excepto las pantorrillas, seguí bajando en todas las mediciones.

Peso inicial: 76,9 kg
Peso actual: 68,5 kg

Masa adiposa inicial: 25,13 kg
Masa adiposa actual: 18,39 kg

Masa muscular inicial: 31,16 kg
Masa muscular actual: 29,55 kg

Masa residual inicial: 8,05 kg
Masa residual actual: 7,94 kg

Dicho en otras palabras, bajé casi 7 kg de grasa, que era el objetivo inicial, imposible de alcanzar en tan poco tiempo si no hubiese hecho tanta actividad física. También perdí 1,6 kg de masa muscular, normal para un entrenamiento aeróbico intensivo. Pero eso me preocupa, porque en Semana 1: Día 1, el objetivo, además de bajar 7 kg de grasa, era subir 3,5 kg de músculo. Ahora pasamos a que tengo que aumentar 5 kg de musculatura. En cuanto a la masa residual son las vísceras y el alimento que tengo dentro. Que sea un valor estable refleja que estoy comiendo y que no me maté de hambre. Dejé afuera a la masa ósea y la piel, que prácticamente no varían.

En cuanto a la medición de los perímetros, seguí bajando.

Tórax mesoesternal inicial: 93,1 cm
Tórax mesoesternal actual: 88,3 cm

Cintura (mínima) inicial: 82,2 cm
Cintura (mínima) actual: 73,2 cm

Caderas (máxima) inicial: 99,6 cm
Caderas (máxima) actual: 92,3 cm

Muslo (superior) inicial: 59,1 cm
Muslo (superior) actual: 53,5 cm

En cuanto a los pliegues (o sea, te pellizcan la piel a ver cuánto agarra el aparato de medición) y que demuestran la desaparición de la grasa:

Supraespinal inicial: 13,5 mm
Supraespinal actual: 6,5 mm

Abdominal inicial: 28,5 mm
Abdominal actual: 10 mm

Muslo (medial) inicial: 22,5 mm
Muslo (medial) actual: 15 mm

Entonces, ¿y ahora? Lo que sigue es modificar la dieta para ajustarla las nuevas necesidades. Por un lado, no pasar hambre durante los entrenamientos (único momento del día en que siento que la comida no me alcanza). Luego está el objetivo final de Semana 52, correr la maratón en Grecia, y bajar 48 minutos mi tiempo anterior. Y después está la parte estética, lograr más musculatura (consumiendo más proteínas y modificando el entrenamiento con pesas). Ahí empezamos a chocar running, que consume músculo, con hacer musculación.

Fácil, lo que se dice fácil, no va a ser. Pero quedan 10 meses por delante. Con todo lo que logramos en 63 días, es un buen parámetro de que en el tiempo que resta vamos a poder seguir progresando y ajustando las tuercas.

Semana 5: Día 29: El entrenamiento está funcionando

La dieta no está ajena a sacrificios... pero los resultados lo valen

Hay algo que pasa a nivel subconciente en la gente cuando se entera de que estás haciendo dieta, y es que siempre te ven más flaco. Automáticamente, por gentileza o sugestión, te felicitan la siguiente vez que te ven. Si a eso le sumamos que uno es su peor crítico, los períodos en que cuido mi alimentación están plagados de escepticismo. A pesar de que notaba cambios muy sutiles en mi físico, recién hace una semana me di cuenta de que el cinturón ya no me ajusta los pantalones. Es más, ya podría bajar un talle tranquilamente. ¡El entrenamiento funciona!

Y por entrenamiento me refiero tanto a la dieta como a los ejercicios. Porque una cosa no funciona sin la otra.

La verdad de la milanesa (de soja) la tiene mi nutricionista. Ayer la visité y le llevé una parva de estudios (de orina, de sangre, electrocardiograma y ergometría). Todos dieron dentro de los valores normales. Estos análisis los hice el lunes 13 de septiembre, así que es un poco pronto para ver el reflejo de la dieta. Por eso podríamos asumir que mi cuerpo se acostumbró hace rato a la dieta vegetariana, y que más allá de mis malos hábitos alimenticios (que no me ayudaban en mi rendimiento deportivo) no tuve nunca anemia, colesterol elevado ni problemas cardíacos. Una sola cosa llamó la atención del estudio de sangre, y era un indicador llamado “CPK”, que estaba bastante elevado. Mi nutricionista me preguntó “¿El día anterior al estudio hiciste un esfuerzo físico extenuante?”. Me quedé pensando, y no me podía acordar. Tuve que llegar a mi casa para darme cuenta deque el domingo 12 de septiembre había corrido los 21k de la Ciudad de Buenos Aires

“¿Vas a hacer alguna carrera en especial en estos días?”, me preguntó.
“Ah, sí. La maratón de la Ciudad de Buenos Aires”, respondí.
“Ah” dijo (como diciendo “menos mal que te pregunté”). “¿Y cuándo es?”.
“En doce días”

Bueno, mientras escribo estas líneas, mi nutricionista está planificando la comida de la semana previa a los 42 km, donde vamos a disminuir la cantidad de verduras hasta eliminarla los tres días previos, y hacer un shock de hidratos (en realidad estoy escribiendo esto en la madrugada del miércoles, probablemente ella esté durmiendo y lo prepare en breve…). Aunque tenga el cuerpo colmado al 110% de hidratos, eso no va a alcanzar para el titánico esfuerzo de la maratón, así que evaluaremos qué consumir durante la carrera (turrón, Gatorade, pasas de uva). Una de mis tareas es buscar alguna golosina tipo Yummy o Mogul que no contengan gelatina como estabilizante (esto equivale a buscar a un pez que no esté mojado, pero algo vamos a inventar). Estas gomitas tienen mucha cantidad de glucosa, ideal para reponer energía de inmediato. También tengo que buscar si los geles que se consumen durante las carreras también tienen gelatina en sus ingredientes… El vegetarianismo no es sencillo.

En mi cita con la nutricionista, al momento de medir los pliegues de la piel, las circunferencias de mi cuerpo y mi peso, se notó el progreso de entrenar todos los días y dehaber sido estricto con la dieta: Bajé casi 5 kg en cuatro semanas. Las fotos lo atestiguan, y del análisis que hizo mi nutricionista surgió que ahora tengo 21,5 kg de grasa corporal (antes 25,1), 30,3 kg de músculo (antes 31,15) y 7,8 kg de masa residual (antes 8,05). Por suerte no perdí ni piel ni huesos (sería un problemita que eso pasara), y en total terminan de sumar los 72,2 kg que peso actualmente (hace 4 semanas pesaba 76,9).

La pérdida de masa adiposa está directamente relacionada con haber eliminado casi por completo el consumo de grasas, además del entrenamiento de running y musculación. La pérdida de 850 gramos de músculo está dentro de lo esperable: es consecuente con el ejercicio aeróbico intensivo. Probablemente tendría que haber perdido el doble, pero compensé con los ejercicios de pesas que me indica Germán, el coordinador de los Puma Runners.

En resumen: eliminé 4,7 kg de peso. En la medición de perímetros, perdí en todos lados (brazos, tórax, panza, etc.), excepto en las pantorrillas, porque ya desde la primera cita con la nutricionista, hace 28 días, que venía bien entrenado en running. La disminución más importante se dio en la cintura, cadera y muslo superior, donde más grasa perdí. En el examen de pliegues cutáneos (que se mide pellizcando la piel con unos aparatos de medición) el índice que más bajó fue la región abdominal. Intento imaginar lo que son 4 kg de grasa, como si los tuviese enfrente mío, y me doy cuenta que es un montón.

Todos estos resultados no significan una meta. Son sólo la comprobación de que la perseverancia y la diciplina funcionan. Obviamente, ayudado por profesionales que me guían. La idea es seguir, a ver qué pasa dentro de cinco semanas, que es cuando haremos las nuevas mediciones.

Los dejo con el nuevo set de fotos, donde podrán aprovechar para contar los lunares de mi espalda (creo que ameritan visita al dermatólogo). Para comparar, pueden ver las fotos de la Semana 1: Día 1 y Semana 3: Día 15.

Semana 0: Día -7: El salto de fe

Fue difícil encontrar una imagen que acompañe a esta entrada...

Ana, mi analista desde hace 10 años, me recibe con esa mezcla de calidez y distancia que tienen los buenos psicólogos. Subo las escaleras hasta su consultorio. Estoy un poco nervioso, y decido no dar vueltas: “Vengo a que me des el alta”.

Por primera vez en años, me siento en el diván en lugar de acostarme. Le cuento sobre este blog, y mi experimento de 52 semanas de actividad física diaria. Aclaro que no es el motivo por el que quiero dejar análisis. La verdad es que me siento bien, optimista. Orgulloso de los logros en mi vida. Si hay un buen momento para despegar, es este. Quiero probar arreglármelas por mi cuenta, que en definitiva es el fin de toda terapia.

Me doy cuenta, y se lo remarco, que el blog significa para mi muchísimas cosas que venía charlando desde que empecé mi análisis, allá por el año 2000. Una de las primeras cosas que llevé al consultorio es que no tenía una meta en la vida. Luego de trabajar sobre eso, descubrí cómo dejar la pasividad y “ponerle el cuerpo” al deseo (representado, entre otras cosas, en correr). También, varias veces, llevé que tenía una necesidad imperiosa de escribir, y nunca encontraba algo que me motivase a hacerlo. Logré dar un giro en mi vida (o dos, o tres), y puse en marcha algo que prometía que siga cambiando.

Hablo con mi psicóloga con algo de nerviosismo, pero seguro de lo que estoy diciendo. Ella sonríe, sin dejar de lado esa distancia que hizo que este análisis fuese exitoso. Me felicita y me dice que el nuevo proyecto es muy interesante. Me recuerda que puedo retomar terapia cuando lo necesite, sea “acá” (señala el consultorio) o con otra persona.

“Te recuerdo”, agrega ella, “que el alta te la das vos”.

Nos despedimos brevemente. Le digo “Gracias por todo”, y aunque suena forzado, es muy sincero.

Vuelvo a mi casa caminando, pensando mucho. En lugar de entrar en pánico por algo que se terminó, encuentro motivación en lo que está por empezar.

Tengo la sospecha de que esa es la actitud que tengo que tener para ir desde la semana 1 hasta la semana 52.

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