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Semana 20: Día 137: Expertos en proteínas

Hoy leía un textito con el que me sentí identificado, y decía algo así: “Cuando digo que soy vegano de pronto todo el mundo se convierte en expertos en proteínas”. Nunca nada más cercano a la realidad.

He tenido amistosas discusiones con amigos y familiares sobre los pormenores de no comer carne. Creo que ya he demostrado que, tras trece años sin consumir animales, sigo vivito y coleando. Vicky cree que me quedo dormido (desmayado) en todos lados por alguna falta nutricional, pero si dejamos eso de lado (cualquiera que vea a mi padre durmiendo en el sillón después de almorzar puede comprobar que es un rasgo genético), lo cierto es que nunca me sentí mejor físicamente. Estoy haciendo fondos largos constantemente, sumando kilómetros en entrenamientos intensos, a veces combinados con ejercicios de musculación. Y no me siento débil.

Pero siempre hay alarmistas que consideran que estoy demasiado flaco, que pongo en riesgo mi salud, y así como en el fútbol somos todos directores técnicos, en estas charlas todos somos nutricionistas deportólogos, “especialistas” en lo que el cuerpo humano necesita (en algunos casos, “especialistas” en lo que MI cuerpo necesita). Escuché todo. Las proteínas completas, las de alto valor biológico, el hierro, la vitamina B12. Aunque parezca increíble, he tenido peleas que nada tenían que ver con el deporte o la alimentación, en donde en algún momento me tiraron a la cara “¡a vos te falta comer carne!”, tibio insulto que siempre me deja perplejo.

Creo que no hace falta aclarar que mucha gente desconoce cuáles son las fuentes de energía. Hay tanto pánico hacia las “calorías” que mucha gente cree que son mala palabra. Lo mismo con los hidratos de carbono, llegando al punto de creer que comer una banana puede hacerlos engordar. Las proteínas tienen calorías, pero la principal fuente de energía, eso que nos da la fuerza para realizar acciones o procesos internos son los hidratos, y no hace falta recurrir a los animales para consumirlos. ¡Es más! No hace falta la carne, ni siquiera la leche o los huevos, para obtener proteínas. Tampoco es un misterio, basta consultar a un profesional, y los más arriesgados pueden incluso googlearlo. Las lentejas, los garbanzos, la soja, son todos una excelente fuente de proteína vegetal.

Si estuviese equivocado, creo que no soportaría estar tres horas corriendo sin parar, como pude comprobarlo el domingo pasado. Mañana voy a retirar mis análisis de sangre, que también van a ser un indicador de cómo estoy físicamente, y el jueves voy a tener una función doble: nutricionista por la mañana, y médica clínica por la tarde para que vean mis resultados y me digan cómo está mi salud (sin tener que fiarse de mis opiniones).

Semana 47: Día 325: Cuando la adicción es comer

Este fin de semana hubo locro familiar. Nos fuimos a Villa Ballester, donde en una cacerola tamaño king size, mi tía hizo una comida para un batallón. En otra ollita más modesta, hizo una variante vegetariana para mí, mi hermano Lucas, y un ex-hiper obeso en recuperación.

El vegetarianismo dio pie a ponernos a hablar sobre la comida, los excesos, y el asombroso cambio de esta persona, que asiste a ALCO. Intercambiamos varios tips, y me prometí (mentalmente) entrevistarlo algún día para el blog. Su historia es increíble: tan excedido estaba que nunca supo cuánto pesaba con exactitud. Sabe que eran más de 200 kg, pero recién cuando empezó su estricta dieta fue que llegó a 150, el límite máximo de la balanza. Bajaba de a 4 kg por semana. Empezó a caminar y a correr en la cinta. Cumplió su sueño al poder jugar un partido de fútbol con su hijo, sin sentir que se estaba jugando la vida. Estima que perdió unos 95 kg. Yo peso 68 actualmente, así que el número no deja de alucinarme.

A los cambios en su salud, le vinieron los físicos, que lo llevaron a tener que cambiar toda su ropa. Vivimos cosas parecidas, salvando las enormes distancias entre nuestras historias: cuando viejos conocidos lo veían más flaco, inmediatamente asumían que estaba enfermo. Pero nunca se había sentido mejor. Nos enseñó una técnica para medir, caseramente, si uno está excedido de peso: con el dedo pulgar y mayor, encerrar la muñeca de la mano contraria. Si no llegamos, estamos obesos. Si nos cuesta cerrar, exceso de peso. Si queda  espacio libre, estamos dentro de un margen saludable.

Una de las cosas que charlamos, que nunca me había puesto a pensar, es en el terrible desafío que enfrentan quienes tienen una adicción a comer. Cuando un alcohólico o un drogadicto necesita recuperarse, el paso obvio es que corte con sus vicios. Nada de alcohol, nada de drogas. Vigilancia extrema. Sustitutos (naturales o artificiales). Pero ningún ser humano puede dejar de alimentarse, así que el tratamiento pasa por aprender a controlar los impulsos, y adquirir nuevos hábitos. Su “secreto” fue adquirir una rutina y respetarla. Y por supuesto que le funcionó.

Ayer terminé de ver el documental “Food for knives”, en el que el 70% del tiempo hablaban de “The China Study”, ese libro que me está empujando al veganismo. Ahí no solo había entrevistas con los doctores e investigadores que encontraron la relación entre el consumo de proteína animal con el cáncer, las cardiopatías y la diabetes, sino que se mostraban las historias de enfermos que se habían recuperado con una dieta vegetariana. Desde pacientes con cáncer a quienes les habían prescripto masectomías o quimioterapia, hasta víctimas de ataques cardíacos. En todos los casos, la alimentación era el tratamiento. Una de las historias era la de una mujer que padecía diabetes, secuela de su obesidad. Y su ansiedad pasaba por comer. Incluso tenía episodios en donde de pronto se encontraba en el Wall-mart, a punto de pedirse una comida grasienta o chocolatosa, casi como un borracho es atraído a un bar. Y el verdadero cambio fue el de controlar sus impulsos y aprender a comer para vivir.

Alimentarnos es algo extremadamente placentero. Como cualquier cosa, hecha con exceso es dañina. Necesitamos un profundo cambio cultural para que aquello que debería nutrirnos, deje de enfermarnos.

Semana 47: Día 323: El secreto de una buena salud se encuentra en la punta del tenedor

Lo que hoy la medicina está empezando a demostrar con sus investigaciones, lo dijo Hipócrates, padre de la medicina griega occidental antigua, hace más de dos mil años:“Que la comida sea tu medicina”.

Por esto de buscar resultados inmediatos, y seguramente guiados de la nariz por el desconocimiento o por efectivas campañas de marketing, nos volcamos a suplementos vitamínicos y drogas para mantener un colesterol bajo o para que no suba la presión arterial. Sin embargo, podríamos dejar de meternos porquerías en el cuerpo si sencillamente eligiésemos mejor nuestros alimentos.

Durante el último siglo, los investigadores en nutrición se convencieron de que la proteína era el nutriente por excelencia, y que la mejor fuente era la carne y los derivados animales (lácteos y huevos). Increíblemente el ser humano sobrevivió por milenios antes de que estos productos se duplicasen en nuestra dieta básica. Pero mientras los países ricos consumían más proteína animal, ahí lentamente crecían los índices de enfermedades cardíacas, diabetes y cáncer. Esa relación directamente proporcional entre lo que comemos y lo que nos mata no pareció alertar a nadie. Incluso hoy en día muchas personas prefieren tomar suplementos para bajar los niveles de colesterol, antes de eliminar la ingesta de esos alimentos que la aumentan.

El hombre tiene un poco de cada cosa. Es cazador, porque tiene visión frontal. Tiene colmillos, lo que lo haría carnívoro. Pero también tiene muelas para moler granos, y su aparato digestivo no está diseñado para procesar la carne, como sí lo está para los alimentos de origen vegetal. El hombre, gracias a esa capacidad de razonamiento que lo diferencia del resto de los seres vivos, elige su propio camino, ya sea omnívoro o vegetariano. Pero además es un animal de costumbres, y le resulta imposible (en promedio) cuidar lo que come.

Todos los días compramos alimento. Jamás consideraríamos dejar de hacerlo. Tenemos la capacidad de elegir, que nos destaca dentro del reino animal. ¿Por qué no optar por una dieta sana, por sobre los medicamentos que tratan los síntomas de una dieta insalubre? ¿Realmente preferimos comer un asado a no sufrir problemas del corazón? Pareciera que pensar en una dieta vegetariana es “extremista”, pero no lo es ingerir grasas que, lentamente, tapan nuestras arterias.

Lo que comemos define nuestra salud en los años venideros. En muchos casos, aún cuando adquiramos una enfermedad relacionada con una mala nutrición, el proceso se puede detener o revertir cuidando lo que nos llevamos a la boca. Lo sabemos desde hace miles de años, pero nos cuesta entender que la mejor alimentación es aquella que no nos va a enfermar mañana.

Semana 46: Día 320: Comer por $6 por día

Hoy nos juntamos a almorzar con Vicky en un restaurancito modesto, económico y muy rico, a la vuelta de su trabajo. De fondo estaba la tele, dándole manija a esa declaración del Indec que dice que una persona puede comer por $6 por día (en realidad, el número exacto, es $5,75). Nos pusimos a debatir qué se puede comprar con ese monto, y pensé en polenta, pero ¿se puede vivir así?

Creo que esa plata alcanza para un kilo de pan. O una leche. Pero claramente con eso no alcanza para comer. O quizá sí, se puede encontrar algo que te llene, pero no que te nutra.

En esta época es fácil pegarle al Indec, y no me voy a sumar a la moda (más que nada porque no hace falta, ya bastante desprestigiados están), pero reconozco que yo gasto mucho, mucho más. No me refiero a esa empanata de $30 que almorcé (en una comida casi quintuplico el presupuesto diario), sino lo que gasto en el supermercado. Una botella de dos litros y medio (lo que debería beber diariamente) ronda los $3. No queda mucho resto.

Cito un artículo: Un estudio de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) disidente, coordinado por el diputado Claudio Lozano , calculó que se necesitan $19 por persona, tres veces más que la medición oficial. De acuerdo al Instituto Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), una familia tipo, compuesta por cuatro miembros (jefe varón de 35 años, su esposa de 31 años, un hijo 5 y una hija de 8) necesita $2.251 por mes para cubrir sus necesidades alimentarias. El organismo estadístico, en tanto, había señalado que ese monto es de $688,37 (esos $5,75 por día, por integrante).

El Indec considera que esa suma mensual una familia puede adquirir una canasta básica alimentaria de 27 productos, entre los que se encuentran harinas, vegetales, frutas, lácteos, carnes, grasas e infusiones (aclaración personal: no sé qué compran, si el kilo de bananas sale entre 9 y 12 pesos). Aunque según estudios de profesores de la Carrera de Nutrición de las Universidades de Buenos Aires (UBA) y de La Plata (UNLP), difundidos por Clarín, se trata una dieta “obesogénica” y poco equilibrada. Por eso estimaron que para una mantener una dieta saludable se necesitan $ 24 por día por persona. Lo que implica $2.861 para una familia tipo por mes.

Ese monto tampoco me resulta verosímil. ¿Estoy haciendo mal las cuentas? ¿Soy un millonario y me acabo de enterar? He leído algunas reacciones, que dicen que si vas al Disco y pagás $10 lo que en el Mercado Central sale $2, sos un mal administrador de tu dinero. Quizá sea cierto, o quizá el estudio se haya basado en comer, y no necesariamente en hacerlo “saludablemente”.

Comer sano es caro. Mucho muy caro. Por eso es imposible hacerlo por $6 pod día…

Semana 46: Día 315: En la cuenta regresiva

Sé que esto le interesa a pocas personas, pero sigo dándole vueltas al tema del veganismo. Por capricho, quiero empezar cuando el contador se ponga en cero y esté en la semana 1, día 1. Eso va a ser en Atenas, con una semana todavía por delante en Europa. Mi nutricionista me recomendó esperar al regreso a casa, pero así no llegaría a la Espartatlón de 2013 entrenando exactamente un año sin consumir proteína animal.

Y ahora quedan exactamente seis semanas. Y mientras cenábamos una pizza mitad rúcula, mitad capresse, me daba cuenta de que no iba a poder comer más queso. Y ahí se acaban prácticamente todas las salidas nocturnas, cualquier clase de cena con amigos, al menos para mí. No hace falta ser drástico, pero la verdad es que ya es difícil encontrar comida que no tenga carne de vaca, jamón o pollo. Más complicado todavía va a ser que no tenga lácteos, queso o huevo.

Por suerte The China Study, el librazo de 400 páginas que me está haciendo replantear toda mi postura sobre la alimentación, cuenta sobre Chris Campbell, bicampeón de lucha de la División 1 de NCAA (Asociación Atlética Colegial Nacional), tri campeón de lucha en los EEUU y dos veces luchador olímpico. A los 37 años se convirtió en el norteamericano de mayor edad en ganar una medalla olímpica en lucha, pesando 89 kg. Este señor es vegetariano, y es una prueba de que los que no comen producos animales no son flacos enclenques.

Lo que comemos es un indicio de cómo vivimos… y de qué morimos. Me preocupa que en los países rurales la gente tenga insuficiencia nutricional y serios problemas sanitarios, pero no mueran de cáncer, diabetes o ataques cardíacos. Las diferencias con las naciones “ricas” trazan un paralelo en lo que comen. ¿Estoy a tiempo de revertir mis hábitos alimenticios y así alejar a las llamadas “enfermedades de la opulencia”? Luego de la guerra de Corea, a principios de la década del ’50, se publicó un estudio realizado por investigadores de medicina militar. Ellos examinaron los corazones de 300 soldados muertos en combate. Ellos tenían un promedio de edad de 22 años. Tenían entrenamiento, estaban en buena condición física y eran jóvenes. Por lo menos 77,3% de los corazones examinados tenían “gran evidencia” de cardiopatía. Esto revela que las enfermedades del corazeon se desarrollan durante toda la vida, y no cuando somos viejos.

Claro, los norteamericanos desayunan un cóctel de bacon frito, huevos fritos, y si pudiesen tomarían café frito. Pero también consumen mucha leche, y otros derivados como la manteca. The China Study, además de meterme pánico, me da esperanzas de que el cambio en la dieta, disminuyendo el consumo de proteína animal por debajo del 10%, detiene los efectos silenciosos y nocivos que tiene en el cuerpo. Los veganos siempre me parecieron unos hippies medio locos, y pensar en convertirme en uno me hace dar cuenta de lo difícil que es vivir en este mundo. Y ya ser vegetariano era una complicación, a casi todas las cosas les tienen que poner jamón. Sí, la carne de ese animal que se revuelca en mugre.

Pero bueno, cada vez me voy dando cuenta que el mundo nunca cambia. El que debe cambiar es uno mismo.

Semana 45: Día 308: ¿Adiós a las proteínas animales?

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Un amigo me dijo, no hace mucho tiempo, que eventualmente iba a pasar del vegetarianismo al veganismo. “Ni en pedo”, le dije. Ahora, los vegetales golpean mi puerta…
Para simplificar, decimos que un vegetariano es quien no come animales pero sí sus derivados (lácteos, huevos). Los que verdaderamente solo consumen productos vegetales, los llamamos “veganos”. Siempre me resultaron exagerados, una suerte de secta extrema, extraños seres que no te saludaban si tenías puesto un cinturón de cuero.
En mi caso no comía carne porque me daba pena, y estuve siempre muy en contra de la matanza de animales. Fue el desafío de Semana 52, generar músculo siendo “ovolactovegetariano”. Pero nunca estuve en contra de tomar leche o comer huevos y quesos (siempre y cuando no maten animales en el proceso). Parte del entrenamiento fue adaptar la alimentación con el ejercicio extra de musculación y running, que complementé con soja, seitán, chocolatada, huevos, leche descremada en polvo, queso port salut light y yogur bajo en grasas. Hasta ahí, todo bien. Pero…
Años atrás, en mis primeros años de no comer animales, sufrí una gastritis, y el médico que me atendió me contó, por primera vez en mi vida, que lo ideal para el organismo era comer varias veces al día.  Y fue también la primera vez que escuché que los vegetarianos éramos un grupo con un índice muy bajo en casos de cáncer… y que no se sabía por qué.
Hoy estoy leyendo “The China Study”, una extensa investigación de varias décadas, en el que se establece que el consumo de proteínas animales favorece el desarrollo del cáncer. Ojo, no dice que lo provoca, pero si uno tiene la desgracia de padecer esta enfermedad, consumir carne, leche y huevos sería la peor opción.
Los experimentos son contundentes. En el laboratorio, inyectaron un cancerígeno en ratas. A unas les dieron alimento compuesto un 20% de proteína animal. A otras solo el 5%. Las primeras murieron de cáncer. Las otras no. En su totalidad. No “algunas”, sino que el 100% de un grupo murió y el 100% del otro grupo sobrevivió.
No llego a la parte del libro en el que se explica exactamente cómo pasa esto, pero alcanzó para instalar la idea en mi cabeza. ¿Y si lo intento? ¿Podría convertirme en un fondista vegano? ¿Podría llegar a correr 100 km sin proteínas animales? ¿Llegaría a terminar la Espartatlon?
Son preguntas que me dan vueltas adentro del marote. Ya que tengo un año extra de blog, volverme vegano podría convertirse en el plus de esta nueva etapa. Solo llegué a consultarlo con Vicky, quien inmediatamente se agarró la cabeza y empezó a correr dando vueltas por el living, gritando e insultando a “The China Study”, mientras se arrancaba mechones de pelo (bueno, quizás exagere).
Siempre me molestó ese ciclista que salió en montones de medios como “el” atleta vegano, que iba a correr el Tour de France sin comer proteínas animales… excepto por salmón, una vez por semana. ¡Me resultó muy trucho!  Y sí, ahora siento que yo podría ser un verdadero deportista vegano, que compruebe si se puede hacer una actividad de alto rendimiento solo con proteínas de origen vegetal. Y sacarle el título al chanta que come pescado.
Nunca me pareció que el veganismo fuese una opción. Pero ahora hay una investigación científica que postula que el hombre no fue diseñado para comer animales ni sus derivados. Y asegura que aunque se tarde más tiempo, los resultados terminan siendo los mismo s consumiendo solo vegetales. Así que, cuando el blog cumpla 2 años, voy a empezar una dieta vegana de 52 semanas… y veré qué pasa.

Semana 37: Día 257: Cita con la nutricionista

Hoy visité a mi nutricionista, en el barrio de Acassuso. No fue una cita muy destacada, porque los resultados de mi medición arrojaron que subí 900 gr de grasa y bajé 500 de músculo. Nada para alarmarse, y normal si tenemos en cuenta que abandoné por completo el gimnasio. Pero haber aplazado la Espartatlón un año me devolvieron las ganas de volver a hacer musculación. Era algo que en su momento me resultaba tedioso y que ahora extraño.

El desafío va a ser encontrar el espacio en la rutina diaria para ejercitar. Bien temprano le hago el desayuno a Vicky y saco a pasear al perro. Sin mi, esas actividades quedarían huérfanas y el status quo colapsaría. Caos total. Más tarde le quito horas al trabajo, y muchos compromisos los tengo que hacer por las mañanas. Y en cuanto me siento en la compu a trabajar, es difícil cortar. Voy a dar el ejemplo, no buscar excusas, y empezar pronto, en cuanto encuentre un nuevo gimnasio (se nos acabó el canje en el otro).

Con Romina, mi nutricionista, aprovechamos la consulta para ponernos al día con las carreras y los resultados. Increíblemente, hace dos meses, la vi y yo estaba por correr Patagonia Run. Ahora que nos volvimos a ver, de sorpresa, metí la Ultra Buenos Aires. Pude repasar lo que me parecieron los errores de es carrera (no llevar comida salada, quizá no haberme recuperado del todo físicamente). Pero también hablamos de los aspectos positivos, como mi pronta recuperación. Cuando me bajé y decidí no seguir corriendo, estaba muerto de frío, y hablaba en un tono bajito. Había entrado en modo ahorro de energía. Según mi nutricionista, el haber dormido y haberme recuperado casi por completo fue una buena señal.

El dato de esta consulta fue una nueva fuente de hidratos, ideal para ultra maratones, de bajo contenido de grasa (y por el que tampoco daba dos mangos): las tostaditas “Twistos”. Desconozco si son aptas para vegetarianos, pero calculo que sí. En mis épocas de desenfreno me comía un paquete entero de un saque, habrá que ver si sirven para una ultramaratón. Y el consejo, si voy a bajar la intensidad semanal del entrenamiento, es reducir un 20% la cantidad de hidratos, el mismo porcentaje que aumenté cuando corría 90 km semanales. Esta es una etapa de trancisión, mientras redefino objetivos, y la cita con la nutricionista vino bien para averiguar dónde estamos parados y qué hacer una vez que decidamos el camino a tomar.

Semana 37: Día 253: Alimentarse bien es parte del entrenamiento

Siempre escucho lo mismo: “Tengo que comer menos”. La desesperación de bajar de peso nos lleva a decir semejante burrada. ¡No! No hay que reducir la cantidad de alimento, sino que hay que nutrirse con más inteligencia. Ninguna dieta sana se basa en pasar hambre o estar sub alimentado.

Me llegaron estos tips, que recomiendan compartir, y me caen en este momento justo, cuando escuché en el mismo día a dos deportistas llegar a esta conclusión errónea (menos comida = mejores resultados):

Alimentarse bien es parte del entrenamiento:
· Alimentarse bien, no es comer mucho.
· Alimentarse bien es comer lo justo.
· Alimentarse con variedad de comidas.
· Comer solamente pastas no sirve.
· Comer muchos vegetales.
· Comer mucha fruta.
· Come mucha miel.
· Evita comer frituras.
· Evita comer picantes.
· Evita comer mayonesa.
· No comas demasiada carne roja (tampoco la quites de tu dieta!) y saquele la grasa.
· Beber mucho líquido todos los días. No menos de un litro y medio.
· Bebidas isotónicas y barras energéticas son buenas antes de los entrenamientos de fondo largo.
· Para agregar a tu dieta complejos vitamínicos y minerales, no dejes de consultar a gente calificada.
· No te automediques.
· No utilices ninguna droga o elemento que mejore su rendimiento hoy, lo pagara mañana.
· Trata de buscar un peso razonable para su estructura ósea, puede que no necesites adelgazar.

Semana 21: Día 141: Capricho de deportista

Esta mañana me levanté muy temprano, desayuné, e hice un fondo de 12 km, que me llevó desde la puerta de mi casa, en Belgrano, hasta el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, ida y vuelta. Luego ducha, tomar nota de mis pulsaciones, tiempo y kilometraje en la planilla semanal, atiborrarme de comida y bebida para el resto del día, y a pasar el sábado en una carpa, atendiendo un stand en la feria Family Fest.

La carrera temprana parecería ser el único evento relevante en mi vida deportiva, pero esperen, aún hay más. Por un lado, me preparé fruta, vainillas y el almuerzo en un tupper, nada que se salga de la dieta. Mientras mis compañeros de stand se iban a comprar sándwiches de jamón y queso con mayonesa o helados, yo me mantenía con mis salchichas de soja, manzanas y bananas. Algo que desconcierta a muchas personas es por qué no como cosas aptas para vegetarianos, como galletitas. Explico que además de eso soy deportista, e intento no consumir grasas. Pero bueno, también desconcertaba a todo el mundo que hace unos años fuese vegetariano y no comiese sano (un cuarto de pan con mayoliva todos los días, por ejemplo).

Nuestro stand contaba con dos promotores (un muchacho corpulento y una chica alta y rubia) que entregaban folletos, stickers e imanes. Ambos eran un buen ejemplo de perfección y belleza: cuerpos proporcionados, sonrisa contagiosa. Si tuviesen hijos, serían hermosísimos. Mientras nos calcinábamos bajo la carpa al aire libre y rogábamos por una tormenta con vientos huracanados que nos refrescase, empezamos a intercambiar información de “background” con los promotores: nuestra edad, ciudad de origen, etc. Y resultó que Facundo solía hacer triatlones y actualmente se dedicaba al rugby.

El círculo de la charla se fue abriendo hasta que quedamos nosotros dos compartiendo historias de entrenamiento. Empecé a contarle sobre este blog, mi maratón en Grecia, el objetivo de Espartatlón, y el sueño de, una vez que conquiste esto, ir tras un Ironman. No pude evitar mencionar que soy vegetariano, y que intento hacer todo este entrenamiento en forma natural, sin complementos “artificiales”. Él, por su volumen muscular, obviamente tomaba algún aminoácido o suplemento con proteínas. Yo, que venía intentando hacerme el humilde con tanto viaje y objetivos internacionales, dije “Yo prefiero obtener todo de los alimentos, para demostrar que se puede hacer en forma natural”.

Facundo me preguntó: “¿Y en las carreras no tomás…?” e hizo el gesto de una mano apretando un gel. Ahí se me vinieron los esquemas un poco abajo. Me dejó petrficado (iba a escribir “congelado”, pero nos estábamos asando). Tuve que reconocer, rápidamente, que en realidad todas mis normas y ese objetivo de lograr todo en forma “natural” lo aplicaba en forma más rígida para lo que era musculación, porque en running me iba a ser imposible consumir otra cosa que no sean geles. Puedo complementar con pasas y otros alimentos, pero no puedo pretender estar masticando todo el tiempo.

Y terminé admitiendo que lo mío era un capricho. ¿Qué diferencia hay entre un gel deportivo en una carrera, y un complemento protéico para el gimnasio? Solo lo que nuestros valores nos permiten.

En ese momento me di cuenta de que tengo que cambiar mi discurso. No puedo hacerme el naturista. Hay límites para lo que uno puede lograr en un gimnasio, al igual que en una carrera de fondo. No me interesa empezar a probar fórmulas para ganar masa muscular, como vengo me alcanza. Pero ya reconozco que se trata de un capricho personal, y que si me permito ciertas cosas mientras corro, también se las puedo permitir a otros en la barra de pecho plano.

Semana 20: Día 133: Cita con la nutricionista

Hay algo que me gusta de mi nutricionista, y es que siempre se preocupa de que incorpores en tu dieta las cosas que te gustan. ¿Odiás el brócoli? Afuera, te recomienda otra cosa. ¿No tolerás los lácteos? No hay problema, existen otras fuentes de proteínas.

Mientras yo me volvía un talibán alimenticio, ella me recomendaba no exiliarme, ya que las comidas son también eventos sociales. Aunque me queda bastante lejos y es difícil conseguir turno, me gusta atenderme con ella.

Ayer tocó nueva cita con la nutricionista. Desde hace dos semanas, cuando empecé con el nuevo (y exigente) entrenamiento aeróbico, dejé el gimnasio en segundo plano. Venía levantando pesas 5 días a la semana, y con la barra de dominadas empezaba a notar cambios en mi físico, pero temía que de tanto correr y con poco tiempo para el gym, todo se hubiese ido al tacho.

Pero… la balanza dio que aumenté 1,4 kg, de los cuales 1,2 son de músculo. Desde que empecé Semana 52 vi cómo mi masa muscular iba en decadencia. Algunos meses subía un poquito, en otros bajaba. Ahora estoy en mi pico histórico, y eso me tranquiliza mucho. Siempre dudé de los ejercicios con pesas. Bah, en realidad nunca pude visualizar cómo uno aumentaba sus perímetros, todo parecía un esfuerzo descomunal por tan poco. Y bueno, hay que tener paciencia. Todavía siento que me falta, pero con algo de tiempo y determinación, no hacen falta suplementos ni anabólicos para desarrollar el cuerpo que uno quiere.

Aumenté bastante de cintura y cadera, probablemente también sea músculo. Algo de glúteos. También creció bastante el tórax, y un poco el perímetro del brazo.

Ahora estoy haciendo un experimento interesante, que es anotar todo lo que voy comiendo y bebiendo. Como para ver, de cara a este entrenamiento más intensivo, si necesito aumentar o disminuir parte de mi ingesta. Ver si necesito más hidratos. Me gusta llevar un registro, pero temo condicionarme y alterar mi dieta, solo porque estoy siendo “evaluado”. Pero intentaré no hacerlo, porque esto realmente me puede servir para hilar bien fino.

Aproveché también que hace un mes empecé con el desafío de abdominales, aunque una semana tuve que dejarlo para priorizar los entrenamientos aeróbicos extra. Igual me acomodé, y en lugar de empezar de nuevo, seguí desde donde había dejado. No creo que afecte los resultados. El tema es que me saqué una nueva foto de mi físico, y la veo exactamente igual a la anterior, de hace cuatro semanas. No tiene sentido hacer fotos semanales o quincenales, es difícil ver más cambios de los que ya pude disfrutar… pero seguiremos intentando.

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