Archivo del sitio

Semana 19: Día 130: Entre corredores nos entendemos

“No sos normal…”.

“¿Estás bien…?”.

“Me parece que estás haciendo demasiado ejercicio”.

“Mirá que no comer carne no es normal”.

“Correr una maratón no es normal… Un poquito para controlar el peso está bien… pero más que eso… es ridículo lo que hacés”.

“Si hay ascensor, ¿por qué subís por las escaleras? No tiene sentido”.

Estas son algunas de las frases a las que me estoy empezando a acostumbrar. Tanto por parte de amigos, compañeros de trabajo y familia.

Así empezaba el mail de una amiga corredora, justo cuando estaba a punto de comenzar el ritual de escribir el post del blog (me dio letra sobre un tema que es bastante habitual). Ella no es vegetariana, si bien hacía remo de más chica, empezó a correr hace relativamente poco, y ya desde nuestros mismos cromosomas podemos confirmar que somos dos personas muy diferentes. Pero tenemos mucha desmotivación en común. A mí también me han visto “demasiado” flaco, se han horrorizado cuando dije que corrí un ultratrail de montaña de 100 km, y hasta me han llegado a decir que por correr me iba a crecer el corazón y me iba a morir. Pero sigo acá, vivito y coleando (no saben cómo agarro las esquinas mientras entreno).

Cuanto uno más se adentra al mundo del running, más nos metemos en el “tupper” del mundo del running. Priorizamos un buen entrenamiento, comer sano… en lugar de salir a comer picada con fernet después del trabajo.

Quienes no corren no entienden a los corredores. Es así.

En el caso de comidas familiares, notás la evidente sobreabundancia de comida en el plato propio “para que vuelvas a tu peso normal… no estás bien”.

Solo el haber dejado de comer carne, café y leche me aisló significativamente de parte del mundo. Genero miradas de… “no está bien”, gritos de familia, etc.

Este breve breve mensaje es para aquellos que no llegamos a ser veganos como Martín, pero tratamos de que la alimentación nos acompañe con las corridas y la vida. Creo definitivamente, que si uno mismo está feliz, uno es normal y hace lo que debe hacer para cada momento y etapa de la vida…

Así terminaba su e-mail (vamos a proteger su identidad para que su familia la siga mirando mal cuando come).

Mi intento de respuesta fue el siguiente: A la gente le asustan los cambios. Pero en tu caso sos excepcional, salís de la norma, y todo tu esfuerzo tiene consecuencias físicamente… se exteriorizan tus cambios. Pero hay que ver quién te trata de ridícula o de exagerada, seguramente alguien que no se anima a salir del molde, que no sabe que la felicidad no está en comerse cinco facturas. Quizá pasa por ahí, porque encontraste el placer en otro lado. Mientras los otros se entrenan para que la panza les crezca y les entren seis facturas en lugar de cinco, vos vas sumando kilómetros. ¡Por suerte te juntás con gente que sí te entiende!

Entre corredores nos entendemos.

Semana 16: Día 111: Empieza una nueva etapa

Hasta ahora fueron solo promesas. “Voy a correr la Espartatlón”. Pero ya está, hay que ponerse manos a la obra. En los últimos meses he crecido bastante como corredor, logrando mejorar tiempos… es hora de pasar a la próxima fase.

Charlando con Germán, mi entrenador, surgió lo que era inevitable: es momento de tocar el entrenamiento. Tres veces por semana, de 10 a 15 km por día de entreno, no me va a alcanzar para llegar a los 246 km en 36 horas. Hay que meter fondos más largos, fortalecer las piernas, y preparar la cabeza para estar mucho, mucho tiempo corriendo.

Todavía es un misterio lo que me espera, pero en teoría la semana que viene arrancamos. Por ahora esas tres veces por semana de entrenamiento estaban complementadas con cuatro o cinco sesiones de gimnasio. Sumado a la barra para dominadas, por fin empezaba a ver cambios en mi musculatura, sobre todo en los bíceps (a principios de febrero tengo otra medición antropométrica que dará el veredicto). Pero ahora tengo que priorizar la parte aeróbica, y es probable que empiece a perder músculo de a poco. Un pequeño sacrificio para desarrollar resistencia. Tengo que volver a ser el somalí blanco.

Me cuesta pensar en todos los cambios que esto va a traer aparejado. Quizá tenga que empezar a implementar siestas para compensar el desgaste físico extra. O abandonar la vida nocturna por los próximos 9 meses. Cualquier esfuerzo descomunal deja de ser tan terrible cuando uno tiene un objetivo puntual al que llegar. No tengo problema en relegar salidas si eso me acerca más a la meta espartana.

Pero estoy conjeturando. El lunes me entregarían la nueva rutina, de 7 días a la semana (imagino que entre 4 y 5 para correr). Eso sí, de todas las cosas que voy a sacrificar, hay una que voy a defender a capa y espada, que es seguir actualizando este blog. Intuyo que voy a pasar por muchos cambios y va a valer la pena registrarlos…

Semana 51: Día 356: El fondo

“En el fondo es bueno”, dice el chiste. Pero no se refiere al fondo del running, sino al patio de su casa. Los que se consideran fondistas (como es mi caso) sólo son corredores que gustan de hacer grandes distancias, especulando con desarrollar resistencia más que velocidad.

Hay una cuestión inevitable de cualquier carrera, y es que uno compite contra el reloj. De las miles de personas que se anotan, solo un puñado busca hacer podio. Y de ellos, únicamente tres lo lograrán. El resto queremos vencernos a nosotros mismos, y nos alcanza (y sobra) con cruzar la meta. Pero hay muchos tipos de competencias, y podríamos englobar las de running en dos: las cortas y las de fondo. En las primeras tenemos desafíos que van de los 100 metros a los 5 km (esta clasificación es mía, tomarla con pinzas). Podemos ver que los atletas que ganan suelen tener mucha masa muscular, y un sprint que da calambre. En el segundo grupo tenemos las de resistencia, aquellas en que la delgadez de los ganadores es directamente proporcional a los kilómetros recorridos.

Cada tipo de carrera tiene su nivel de dificultad y su tipo de entrenamiento. Difícilmente un sprinter que gana los 100 metros en segundos se banque mucha velocidad en una maratón. Las distancias largas tienen como primer objetivo poner al límite la resistencia de nuestro cuerpo. En segundo plano (aunque sigue siendo importante) está la cuestión de hacer un buen tiempo.

Hoy hicimos un breve entrenamiento en los lagos de Palermo (los que siguen Semana 52 en twitter pudieron ver una foto en vivo). Como estoy a pocos días de correr la maratón, me tocaba hacer un fondo, máxime siendo que no me quedan muchas oportunidades de entrenar antes del viaje. Así que pasé del frío matutino a la gélida noche porteña, con un fondito de 12 km. Me siento en la obligación de mencionar que cuando empecé a correr, esta distancia me parecía inalcanzable. Pero, poco a poco, los kilómetros se acumulan, y los tiempos mentales se acortan.

Estos 12 km en las heladas calles de Palermo es uno de los tantos fondos que fui haciendo para prepararme para esta maratón. Sumado a lo de esta mañana, daba un entrenamiento decente por el día de hoy. A diferencia de otras veces, estaba equipado con el reloj con GPS, lo que me permitió correr por mi casa en lugar de tener que ir a alguna pista conocida, o medir la distancia en el Google Maps. Ahora podía ver en vivo cuánta distancia tiene rodear la inmensa manzana donde está mi edificio (2,33 km) y ver el esfuerzo que tengo que hacer para mantenerme por debajo de los 5 minutos el kilómetro (el promedo me dio 4:49).

El fondo tiene una cuestión de desafío mental. El sprint es un esfuerzo casi efímero. Es una agonía tan breve, que al finalizarla casi la olvidamos. En cambio sostener un trote por una hora o más empieza a ser un desafío mental. La monotonía es a lo que más le temen los corredores, que suelen preferir las carreras de aventura a las de calle. Yo detestaba el fondo, y ahora me encanta. Disfruto de acumular kilómetros y dejarme llevar, sin pensar en nada más que en mantener la respiración y pisar correctamente. Se supone que es una actividad solitaria, y está bien que así sea. Hay que disfrutar de estos momentos en soledad, en los cuales uno se conecta con si mismo.

Aunque eso de “no pensar” no siempre es así. Hoy, mientras avanzaba por las oscuras calles de Palermo, pensaba en si sería capaz de sostener ese ritmo en Grecia, mientras estuviese corriendo mi maratón. Como lo hago solo, el único objetivo es ganarle a una marca mental (3:30:00). Para eso tengo que correr en 5 minutos el kilómetro o menos. Hoy pude hacerlo, pero allá va a tener que ser esto multiplicado por tres. Ni idea si seré capaz. Empecé a flaquear y dudar de mí. Pero entonces me imaginé controlando la velocidad y apretando cuando bajase el ritmo. Me vi llegando a la meta, cumpliendo el objetivo, con los ojos llenos de lágrimas, feliz por cumplir el desafío, y a la vez triste por estar tan lejos de casa. El fondo tiene esas cosas: uno puede no pensar en nada, o por el contrario pensar en todo.

Semana 40: Día 275: Día del Running

Ayer, 1 de junio, se conmemoró el día del running. Y sí, ¡me acabo de enterar!

Me queda un consuelo: sin saberlo, lo festejé haciendo lo que más me gusta. Anoche fue casi perfecto. A pesar de la época del año, se podía estar en remera. Hicimos una entrada en calor, elongamos, técnica, pasadas, progresiones, y más elongación. Como estoy haciendo el Desafío de Abdominales isométricos, me pude saltear las bicicletas y bolitas, y pasé directamente a las flexiones de brazos. Pero lo mejor, como siempre, es estar en compañía de otros corredores, gente absolutamente distinta, unida por la pasión por correr.

Mis compañeros de Puma Runners no son tan despistados como yo, y sabían que era el Día del Corredor. Este año se celebró su tercera edición, y como muchas tendencias, nació en EEUU. El National Running Day tiene lugar el primer miércoles de junio, y es el resulado de la colaboración de una gran cantidad de grupos de corredores de Norteamérica. No es casualidad, siendo que tienen 43 millones de atletas, que corren un promedio de 42 km semanales. En los últimos 10 años, la cantidad de personas que corren o hacen jogging aumentó 48%, más de medio millón terminó una maratón en 2010, y más de 5 millones completaron una carrera de 21 km.

La iniciativa del Día del Running contemplaba 10 formas de celebrarlo, que bien podrían ser metas de las que adueñarnos:

1. Declará tu pasión: ¡La gente corre por millones de motivos, y queremos conocer la tuya! Ingresá en http://www.runningday.org y hacé que la nación se entere por qué corrés, ya sea para reunir dinero para caridad, mantener la cintura en línea, o conseguir esa dona después de la meta de los 5K.
2. Llevá la pista al trabajo: Cambiá los mocasines por zapatillas y estarás impecablemente vestido para el Día Nacional del Corredor. Tus pies te lo agradecerán, y será mucho más fácil salir para una carrerita corta durante el almuerzo o cuando vuelvas del trabajo a casa.
3. Transforma a tus amigos en rivales: ¡Los amigos no dejan que los amigos caminen en el Día Nacional del Corredor! Invitá a un amigo o dos (mientras más, mejor) a patear la calle con vos. ¡Se van a enganchar enseguida!
4. Cambiá el Happy Hour por el Running Hour: Hacé las cosas más interesantes agregándole una carrera a tus planes post-trabajo. Salí a las 5 de la tarde con algunos compañeros y relájense con unos kilómetros en lugar de con unos cocktails.
5. Arremete contra nuevos terrenos: Aprovechá el día y recorré un camino jamás transitado. ¿Quién sabe? Quizá encuentres un nuevo camino para entrenar que le dé sabor a tu verano (en EEUU, el verano comienza el 21 de junio).
6. Entrega el obsequio de pies felices: Doná a organizaciones que fomenten las carreras entre jóvenes, como “Shoes That Fit”. Han asistido para entregar 800 mil pares de zapatillas a pequeños pies. ¡Piensa en todos los kilómetros que vas a ayudar a que corran!
7. Haz que el running corra en la familia: Tienen tus ojos, ¿pero también tu resistencia? Dejá las bicis y los bats de béisbol en el garage y corré por el barrio con tus chicos. Hacé que las cosas estén más interesantes con una pequeña carrera para ver quién es el más rápido
8. Elegí una meta de running: Comenzá un nuevo objetivo ne el Día Nacional del Corredor. Puede ser cualquier cosa, incluyendo sumarle cinco minutos a tu próximo entrenamiento, correr una nueva distancia, o anotarte en una carrera.
9. Sacale ventaja al aire libre: Correr afuera le gana a pasar todo tu tiempo en la cinta. Salí por la puerta principal y alejate del gimnasio para agregarle un poco de naturaleza a tu entrenamiento de la tarde.
10. Tratate como a un campeón: Preparate para el éxito permitiéndote tu golosina favorita post-carrera, vistiendo tu remera favorita, o ayudando a tus pies con un nuevo par de zapatillas.

Semana 37: Día 257: Lugares para entrenar: Montevideo

Lo que llama la atención de Montevideo son esas similitudes con Buenos Aires y sus sutiles diferencias. El agua es Salus, los lácteos Conaprole. Toman mate por la calle, festejan hoy el día de la madre, y le cambian los nombres a todas las facturas. Pero la principal diferencia es que en Uruguay no le dan la espalda al río.

Aunque los montevideanos insistan en llamarlo “mar”, estas aguas dulces hacen unas pequeñas olas, como si fuese una playa en calma que no precisa guardavidas. Todo está en función de la costa, los edificios miran hacia allí, los parques, restaurantes y atracciones turísticas bordan al río. Era lógico que La Rambla, esa calle/vereda infinita, fuese el mejor lugar para ir a correr.

Como decía al principio, Montevideo tiene muchas similitudes y sus características particulares. Hay un cierto nivel similar de marginalidad, caminar por la calle (y tener el mote de “turista” pintado en la cara) no es del todo seguro. Quizá sea sólo una “sensación” que venimos arrastrando desde Buenos Aires. Anoche un lugareño nos paró para pedirnos dinero para droga. Decidió apelar a la sinceridad para ganar nuestra simpatía (no lo logró) y dijo que no necesitaba comprar comidas, ni estaba enfermo, sólo quería ser honesto. Por la mañana vi a unos policías de civil detener a unos rateros, y los revolearon por los aires, como hacen estos simpáticos muchachos en casa. No deja de chocar ver escenas así.

Salí a entrenar con un poco de miedo; en mi paranoia la Policía me podía llegar a detener por verme corriendo. Generalmente los que más pánico tenemos somos los que no hicimos absolutamente nada. Me dirigí desde el hotel hasta La Rambla, y me sorprendió lo cerca que estábamos de la costa. Cuando llegué a la vera del río, me encontré con algo maravilloso para cualquier corredor: pilares rojos que indicaban la distancia. Yo estaba en el 2.500 metros, y a mi derecha podía encontrar el cero. Decidí ir hacia mi izquierda, porque me habían adelantado en el hotel que la vista era mucho mejor.

Al darle la cara al río, La Rambla tiene escaleras que bajan hacia la arena, donde además de poder hacer cuestas, se puede entrenar en este terreno para variar el esfuerzo de las piernas. Hay bicisendas que corredores y peatones respetan a rajatabla (otra diferencia importante, los autos frenan en las sendas peatonales). Corrí sin tener un destino fijo, y de desconfiado le pregunté a un atleta hasta dónde llegaban estos pilares con las indicaciones de distancia. Me dijo que iban bastante lejos. Ante mi duda de si iban más allá de los 5 km, me dijo que los 8.500 metros estaban en Pocitos, y que todavía seguía. Me pareció una buena meta para ir y emprender el regreso. En total hice 15 km a un ritmo estable, más que nada para hacer fondo. Me encantó la vista, el aire, y me ayudó que hizo un clima inusual para esta época: 19 grados, con un sol que entibiaba la frente.

Salí bastante cómodo, por no tener que cargar con las llaves. Al estar todo volcado al río, cuando lo necesité pude ir al baño de una estación de servicio (donde me patiné y me di un terrible golpe en las lumbares, pero este cuento espantoso quedará para otra ocasión). Cada tantos kilómetros hay mapas de la ciudad, y muchos relojes para controlar el tiempo y “vichear” la temperatura. Fue una muy linda experiencia, así que la repetiré mañana, antes de volver a casa.

Semana 32: Día 220: La frecuencia cardíaca

Una de las cosas más complicadas para los deportistas es la de calcular la frecuencia cardíaca, para así establecer porcentajes de esfuerzo y entrenar de manera más eficiente y segura. Se ha resuelto con el uso de distintos pulsómetros que monitorean el corazón, pero no todos podemos acceder a esa tecnología. Para los que contamos las monedas para llegar a fin de mes, la ciencia nos ha dado una alternativa: Las matemáticas.

Cuando nos iniciamos en el running probablemente nos surja la duda de si estamos aptos para correr. Hay muchos mitos al rededor de esta actividad, no olvidemos que la leyenda de la maratón se inicia con Filípides muriendo en la meta. Existe un test (que detallaremos en breve) para que conozcamos nuestro umbral. Si recién comenzamos, nuestra frecuencia cardíaca debe estar entre el 50 y el 65% de su capacidad máxima.

Pero, ¿cómo medimos mínimos y máximos? Lo primero que tenemos que determinar son las pulsaciones que tenemos por minuto en reposo. Lo ideal es tomar esta medida apenas nos despertamos y antes de levantarnos de la cama. Luego de saber cuánto late nuestro corazón al no hacer ninguna actividad, nos incorporamos, lavamos bien nuestros dientes, y tomamos un desayuno completo. Llega el turno de la segunda parte del test: subir un escalón con una pierna durante 90 segundos. Una vez terminado y sin detenernos, repetimos con la otra. Volvemos a tomar nuestras pulsaciones. Ahí tenemos nuestros parámetros de mínimo y máximo.

Existe además un ejercicio para medir nuestra capacidad de recuperación. Después de entrenar probablemente estemos por encima de las 165 pulsaciones por minuto. Si esperamos 60 segundos y volvemos a controlar, sería un muy buen indicio que hayan bajado 25 o 30 pulsaciones. Eso indica un corazón sano y con buena aptitud para recuperar. Si no vemos esa mejora puede ser un índice de que nos estamos sobreexigiendo, o que nos hace falta mejorar nuestra capacidad aeróbica.

Es hora de sacar la calculadora. Hay una prueba, llamada el test de Karnoven, que mide la frecuencia cardíaca de reserva. Dos personas de la misma edad pueden tener una frecuencia máxima similar, pero en reposo sus pulsaciones son diferentes. Por lo tanto, el porcentaje de esfuerzo va a variar. La fórmula de Karvonen también mide los porcentajes de consumo de oxígeno máximo. La ecuación es la siguiente:

FC de reserva = FC máxima – FC en reposo.

Existe un parámetro estándar para el valor máximo, que es 220 pulsaciones menos la edad (en mi caso, como tengo 33, sería 187). Para las mujeres es 226, descontándole los años cumplidos a la fecha. Si queremos calcular el 50%, la cuenta sería la siguiente:

FC máxima – FC reposo x 0,5 + FC reposo

Marea, ¿no? Hay una página que lo explica bastante bien:

Hagamos un ejemplo para que lo veas, tomemos un hombre de 30 años, con 60 pulsaciones en reposo (se toman por la mañana, antes de levantarse).
Su FCM es de 220 – 30 = 190. A este dato le restamos la FC rep.:   190 – 60 = 130 pulsaciones de RFC.
Para calcular la intensidad de sus entrenamientos (el porcentaje al que desea entrenar), escogemos el porcentaje o ritmo, por ejemplo al 50%:
130 x 50% = 65 y le sumamos la FC rep.:   65 + 60 = 125
Es decir, que el señor del ejemplo debe correr a 125 ppm, para ir a 50% de ritmo cardíaco. Míralo despacio, parece complicado pero no lo es.

Realmente me gusta investigar y darle mi propio estilo a cada explicación, pero en un tema tan interesante y complejo, lo mejor es citar directamente a la fuente. Hace casi una semana que le estoy dando vueltas a este post, y me resigné a que nunca voy a poder explicarlo mejor que en este sitio.  Tiene además una tabla con valores promedio para cada edad, y algunos consejos muy prácticos (como, por ejemplo, no quedarse bajo el 50% de la frecuencia cardíaca máxima, ya que no produce adaptaciones).

Semana 29: Día 201: Deportistas de fin de semana

Es innegable que el running y una vida más activa está calando en la gente. Cada vez hay más carreras de calle (de entre 5 y 10 km), y algunas hasta tienen una variante participativa, para realizar caminando y sin presión de tiempo. Es probable que en este contexto aumenten los deportistas de fin de semana, quienes de lunes a viernes no realizan actividad física y dejan todo para el sábado y domingo. Este ritmo tiene sus consecuencias.

La gran mayoría hemos pasado por esta situación: nos sentimos motivados, queremos bajar algunos kilitos de más o simplemente empezar a movernos. Entonces nos mandamos a correr 6 km de una, o hacemos 500 abdominales, o nos matamos en el gimnasio. Y luego tenemos que lidiar con esos terribles dolores que se acentúan a las 24 hs., y alcanzan su pico máximo a las 48 hs. Un sufrimiento que podríamos haber llegado a evitar si hubiésemos hecho un entrenamiento un poco más inteligente.

Los ejemplos no los tiré al azar. Recuerdo una vez que, humillado por la cinturita de mi amigo Fito (gran aficionado al fitness), decidí usar un banco inclinado para hacer abdominales. Con más determinación que técnica, hice más de 200 abdominales. Al día siguiente tenía un dolor terrible, sobre todo cuando subía las escaleras o quería correr al subte. Ni hablar de 24 hs. después, momento en que caminaba encorvado y no me podía enderezar.

A muchos el estrés laboral nos pide a gritos salir a hacer alguna actividad. Con esta “moda” de las carreras de calle, lo más probable es que mucha gente se vuelque a correr, se desilusione y abandone su idea. Pero no conviene intentar condensar todo en el fin de semana, sino hacer al menos media hora de ejercicio diario. Caso contrario, al reducir el running a dos días consecutivos e intensivos puede generar dolores musculares, ya que el cuerpo no está acostumbrado. Entrenar deriva en mejoría, no en contínuo padecimiento.

Para evitar estas dolencias hay que intentar ser moderado y aumentar de a poco la intensidad. No conviene concentrar todo en dos días seguidos, sino intentar separarlos para favorecer la recuperación de los músculos y articulaciones. Elongar siempre, tanto antes como después de entrenar. Aunque nos consideremos deportistas amateurs, necesitamos cuidar su cuerpo como si fuésemos profesionales.

Hay quienes por motivos laborales no pueden entrenar todos los días, y por lógica le dedican sus momentos libres. El tema está en quienes tienen factores de riesgo cardíaco, como sobrepeso, sedentarismo, o son fumadores. El corazón necesita adaptarse gradualmente, y lo ideal (si se tiene esa meta de dedicarse más “en serio” al deporte) es hacerse un chequeo general con un médico clínico. Con 30 minutos de caminata diaria a un ritmo sostenido, en 15 días la frecuencia cardíaca comienza a disminuir. Esto se da porque el corazón se acostumbra a realizar más esfuerzo con menos latidos. No hay que matarse para empezar, basta con ir de a poco, todos los días.

Hacer deporte sólo los fines de semana no es malo, sino que, como todo, tiene que hacerse con moderación, en especial si necesitamos adaptarnos. La clave de todo es la constancia. Una vez que adaptemos al cuerpo y a la cabeza a una rutina de ejercicios, podemos dedicarle más tiempo en la semana, y empezar a preocuparnos por una alimentación más responsable e inteligente. Existen empresas que, preocupadas por la salud de sus empleados, tienen planes de entrenamiento, o son más flexibles para que aprovechen el horario de almuerzo para hacer ejercicio (además de comer). Así, después de todo, no tienen que sacrificar su fin de semana por algo que, a corto plazo, les va a traer muchos beneficios.

Semana 26: Día 177: Entrenamiento vs. carrera

Ayer por la noche entrenamos con los Puma Runners, zurcando el terreno embarrado y esquivando algún ocasional charco. La idea era evitar el asfalto, para ir practicando en un suelo más parecido a la Merrel de Tandil, que va a tener lugar el próximo 13 de marzo.

Mientras corríamos, me di cuenta de que es muy difícil igualar las condiciones de una carrera. Más allá de que intentemos hacer cuestas y prepararnos para las sierras, las condiciones mentales previas a una competencia son imposibles de imitar. En el entrenamiento no existe esa adrenalina típica, ni contamos con puestos de control, ni personas alentándonos. Y es más fácil ponerle un freno a nuestro entusiasmo ante un dolor o una lesión. Conozco casos de corredores testarudos que, con desgarros en ambas piernas, se negaron a abandonar la carrera, y esperaron hasta recuperarse para seguir. Esa tozudez no existe en un entrenamiento. Lo lógico es que, ante esa situación, nos vayamos a casa a descansar.

Por lo menos en mi caso, cuando entreno, aunque esté pensando en una Merrel en particular, jamás repito las condiciones. Estas serían, por ejemplo, estar 3 horas corriendo sin parar. En los entrenamientos segmentamos los tramos y elongamos, tomamos agua, recuperamos el aire. Por supuesto existe gente que es más consciente de su cuerpo y sus limitaciones, y en una competencia se toma las cosas con más calma. Pero yo no puedo, en una carrera lo dejo todo. Por suerte no me ha tocado lesionarme mientras competía (toco madera), pero sé que tampoco querría abandonar. Después de la largada, cuando el reloj empieza a contar los segundos, es como si me olvidara de las precauciones. Sí, voy a intentar no lastimarme, pero es el momento en donde se juega todo lo que incorporamos en el entrenamiento. Ahí el esfuerzo se multiplica, no hay lugar para el descanso. Es a todo o nada.

Pero aunque no podamos imitar al 100% las condiciones de una carrera, tenemos que intentarlo. Es por eso que no cancelamos el entrenamiento si llueve, o hace frío, o si caen meteoritos. ¿Cómo sabemos si el día de la competencia no va a estar así? Tranquilamente podemos encontrarnos con barro, charcos y condiciones que son hasta menos favorables que cualquier entrenamiento en la ciudad. En la Merrel Nocturna 2010 montones de corredores estaban petrificados ante una zanja que, aunque la cruzasen de un salto, iba a mojarlos o a ensuciarlos. ¿Qué esperaban encontrarse? ¿Uno de esos caballeros de los dibujos animados, que tiraba su capa arriba de un charco para que la señorita pudiese caminar por encima?

Alguna vez hemos dicho “prefiero romperme en la carrera y no entrenando”. Quizá sea algo bastante irresponsable, pero probablemente la mayoría de los corredores piense así. En el entreno se tienen muchos cuidados: si no te da el aire o las piernas, te tomás el colectivo y te vas a tu casa. Todos hemos parado más de vez. Pero en medio de una competencia, con la adrenalina bombeando por todo nuestro cuerpo, nuestros límites se alejan exponencialmente. Tenemos más tolerancia al cansancio, al calor, al frío, al dolor. Aunque suene paradójico, es algo que no se puede entrenar. Sólo lo vamos desarrollando con la experiencia, lo vivimos cada día que participamos en una carrera.

Semana 25: Día 171: Correr es perjudicial a la salud

“¿Corrés? Se te agranda el corazón… ¡y te podés morir!”. Difícil olvidar una frase como esta, pero cuando uno empieza a dedicarse a entrenar, no es raro escuchar cosas así.

Ningún estudio es representativo de toda la raza humana. Si me junto con un amigo y me como dos manzanas mientras él elige quedarse mirando por la ventana, la estadística dirá que comimos una cada uno. Pero incontables investigaciones hablan de los beneficios de correr, y cualquiera lo puede comprobar día a día. En mi caso me ayudó a perder muchísima grasa, a tonificar músculo, desarrollar velocidad y ganar resistencia. Aún así, muchas personas están preocupadas por mi salud. Unas pocas me hicieron caso y se pusieron a googlear maratonistas, para ver que era muy común que un corredor que entrena intensamente tenga una estructura física muy delgada.

Pero así son las cosas, hay quienes se angustian por mi físico y me recomiendan “comer” más, o ejercitar menos, como si estuviese poniendo mi vida en riesgo. Me da más pánico el experimento de Morgan Spurlock, el documentarista que comió sólo alimentos de McDonald’s durante 30 días, en la afamada película “Supersize me”. Yo sólo veo progreso en cuanto a mi salud: me enfermé mucho menos (venía invicto hasta la semana pasada) y soy más veloz que nunca.

Uno de esos estudios que relacionan el running con la salud, recomendaba correr para vivir más años. Fue replicado por la cadena Reuters, y se expandió a incontables portales de noticias. Comenzaba diciendo que los miembros de mediana edad de un club de atletismo tenían la mitad de posibilidades de morir durante un periodo de 20 años que las personas que no corrían. Correr redujo el riesgo no sólo de sufrir una enfermedad carcíaca, sino cáncer y enfermedades neurológicas como Alzheimer, todo esto comprobado por científicos de la Universidad de Stanford, en California. El estudio, publicado en el Archives of Internal Medicine, decía que 19 años después, el 15 por ciento de los corredores había muerto en comparación con el 24 por ciento de los que componían el grupo de control.

El equipo supervisó a 284 atletas y 156 personas similares y sanas como grupo de control. Todos eran personal de la facultad y tenían antecedentes sociales y económicos similares, y su edad era de 50 años o más. Desde 1984, cada voluntario rellenó una encuesta anual sobre frecuencia deportiva, peso e incapacidad para ocho actividades: ponerse de pie, vestirse y asearse, higiene, comer, andar, alcance, agarre con la mano y actividades físicas rutinarias. La mayoría de los voluntarios hacían algo de ejercicio, pero los deportistas se ejercitaban hasta 200 minutos a la semana, en comparación con los 20 minutos de los no corredores.

Al principio, los atletas eran más delgados y menos propensos a fumar en comparación con el grupo de control, y se ejercitaron más a lo largo de todo el periodo de estudio en general. Con el tiempo, todos los grupos redujeron su actividad, pero los corredores continuaron acumulando más minutos a la semana de actividad enérgica de todos los tipos. Las personas que comenzaron a hacer ejercicio cuando eran mayores también mejoraron su salud. El estudio también mostró que los corredores sufrieron menos lesiones de todos los tipos, incluyendo en las rodillas.

Hasta ahí, nada nuevo. Lo curioso fue una reacción, publicada en el periódico gratuito 20 minutos, de España (equivalente a La Razón o El Argentino, de la Ciudad de Buenos Aires). Cito textual, sin resumirlo ni nada, porque me dejó algo perplejo:

“Correr perjudica a la salud”
DIEGO MAS MAS. 13.08.2008

Los medios de comunicación pueden hacer mucho bien… o mucho mal. Uno de ellos, muy conocido, Yahoo noticias, ha titulado: “¿quiere vivir una larga vida?: corra” su resumen de un pequeño y muy sesgado estudio francés difundido por Reuters.

Correr ha sido prohibido como práctica regular en el ejército estadounidense

Estudio pequeño, por abarcar menos de 500 personas en total, y sólo durante veinte años de su vida, y encontrando diferencias entre ellos poco significativas; sesgado, porque ya de entrada los “corredores”, por ejemplo, fumaban menos que el grupo de control, sino, sobre todo, porque confunde el “correr” con el hacer ejercicio; es un clásico ejemplo más, y aquí trágico por sus consecuencias, de “mentir con estadísticas”.Por supuesto, hacer ejercicio es sano. Pero también sabemos que, como otros ejercicios violentos, el correr (no digo el andar) no sólo no es bueno, sino que perjudica gravemente la salud, por lo que ha sido incluso prohibido como práctica regular en el ejercito estadounidense, país donde el “inventor” del “jogging” murió de infarto a los 53 años, mientras corría. Fomentar esa práctica es pues, literalmente, incitar por imprudencia a una práctica insana a que puede acabar con sus propios lectores.

Las respuestas a esta nota son jugosas y muy divertidas. Algunos apoyando al redactor, otros totalmente en contra. Hubo quienes consideraron que cualquier exceso era malo, y se aventuraron a afirmar que el aumentar las pulsaciones era dañino para al corazón. Otros, en tono irónico, aseguraban que el artículo estaba en lo cierto: comer pizza y tomarse litros de cerveza tirado en el sillón, viendo la tele, era el camino a una larga y saludable vida.

Seguro que todos los atletas se han topado en algún momento de sus vidas con este este “miedo” (no podría llamarlo de otro modo) que tienen las personas hacia el running. Como si nos estuviésemos flagelando día a día. ¿Es comparable con otros hábitos, como fumar y tomar alcohol? A mi me parece ridículo verlo de esa manera, pero aunque las estadísticas digan que correr hace bien, existe (y existirá) gente que no se siente representada y que piensa todo lo contrario.

Semana 23: Día 160: Entrenar con música

Silvina Luna aparece pura y exclusivamente para generar tráfico en este blog

Cuando corro no me gusta escuchar música. Cuando entreno en el gimnasio sí. Me llama la atención.

Como conté, brevemente y hace tiempo, me resulta incómodo correr con auriculares. De hecho empecé a buscar modelos deportivos, para que no se me caigan mientras corro. Alguna vez me armé de paciencia, y mientras los cositos se soltaban de mi oído y se arrojaban al vacío, yo pensaba “¿para qué me estoy haciendo tanto problema?”.

No creo que a todas las personas les pase lo mismo, así que este post debe ser tenido en cuenta como una inmensa subjetividad. Cuando corro me gusta pensar. Sé que si los auriculares no se cayeran, no prestaría atención a la música. Estoy más concentrado en la respiración, en mirar dónde piso, en repasar futuros viajes, carreras… a veces estoy muy cansado, y mi atención está puesta en disimularlo. Las piernas empiezan a quemar, y sólo puedo pensar en llegar, tomar agua, y recompensarme al final con una deliciosa manzana verde. ¿Cómo prestaría atención a Madonna cantando Don’t tell me?

Pero es muy distinto a cuando voy al gimnasio. Ahí creo que me volvería loco si no escuchase la radio. Mi preferida es la Metro, y por el horario en que entreno, siempre escucho Día Perfecto. Me sirve además de guía. Si anuncian que está llegando Perros de la Calle es que estamos cerca de las 10 de la mañana, y se me está pasando el día. Por supuesto que en el gimnasio hay un reloj, pero mi pensamiento es más pavloviano.

Lo que no soporto son algunas publicidades (“Claromecopa”, te estamos mirando). Eso me da indicio de que sí estoy prestando atención. Escucho con detalle los comentarios de Osvaldo Bazán, y las acotaciones (siempre graciosas) de Federica Pais (me voy a confesar, tengo esperanzas de que nombrando a Federica, haya gente que la googlee y termine llegando a este blog… ya que estamos, voy a agregar “cola”, y “desnuda” para cerrar la trampa). He intentado otras radios, alguna vez que estaba muy estresado y no soportaba los comentarios ni las publicidades, me pasé a música clásica. Alguna vez a la Aspen, con temas ochentosos (mi teoría es que la música de los años 80 le causa nostalgia incluso a la gente que no vivió en esa época).

Entonces, ¿por qué en el running no quiero escuchar música y en el gimnasio sí? Mi teoría es que, al menos en lo que respecta a mi rutina, correr es una actividad grupal. Más allá de que nos separemos y corramos dispersos (cosa que, sinceramente, casi nunca pasa), seguimos largando juntos, y llegando a la misma meta. El gym es para mi una actividad más solitaria. Además no siento que requiera mucha más concentración que correr, es simplemente hacer los ejercicios correctamente, no pasarme del peso y no soltar un disco sobre mi pie. Lo más parecido a pensar que hago es contar las repeticiones. Después, entre el trabajo de un músculo y otro tengo que descansar, y la verdad es que no me podría quedar mirando el techo.

Hay gente que entrena con un amigo y se queda charlando. Sin ánimo de prejuzgarlos, generalmente son las personas que menos entrenan. Yo llego y realmente quiero terminar las rutinas, ducharme (mi momento favorito de la mañana) e irme. Salgo pilas, casi siempre. Pero la diferencia con el running es que ahí me junto con amigos, y prefiero estirar la sesión que ser el primero en escaparme.

La Metro es, netamente, una radio de música electrónica. Tienen el “tema Osvaldo”, donde Bazán pasa un tema sin restricciones de estilo. Me gustan los ritmos marchosos y repetitivos (el 85% de los diseñadores prefiere estos temas). Como hice aquella vez, hace tiempo, voy a recomendar algunos discos para entrenar, sea en el gimnasio o en un trote solitario:

“Dig your own hole” (Chemical Brothers – electrónica)
“Tron Legacy” (Banda sonora del film, por Daft Punk – electrónica)
“Greatest Hits II” (Queen – rock)
“Absurd-Ditties” (Toy Dolls – punk, cuidado que este disco puede causar problemas cardíacos en personas impresionables)
“Charriots of Fire” (Banda sonora del film, Vangelis – instrumental, dedicado a mi padre)

¡Se aceptan sugerencias!

A %d blogueros les gusta esto: