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Semana 18: Día 124: Correr es fácil… ¿es fácil?

Encontré una afición que es la de leer a otros corredores. Empecé con Murakami y “De qué hablo cuando hablo de correr”, libro que me inspiró a irme a correr a Atenas, a lo guapo, solo por la banquina. Después leí “Nacidos para correr”, de McDougall, maravillosa obra literaria necesaria para cualquiera que corra ultramaratones o que sueñe con hacerlo alguna vez. Ahora estoy con “La huella de los héroes”, de Arcadi Alibés, un catalán que narra las historias de cada una de las maratones olímpicas, y cómo fue su experiencia corriendo en esas ciudades en la actualidad.

Pero ahora me crucé con un blog de otra chica corredora que se anima a contar sus propias experiencias. Y como yo escribí, hace unas semanas, una entrada que se llamaba “Correr no es fácil“, vino a contarme cómo la casualidad quiso que escribiera un post en su blog “¿Quién me lee?”, titulado “Correr es fácil… ¿es fácil?” (claro que ella lo hizo dos meses antes). Con toda la impunidad he decidido copiarlo y pegarlo, porque me gustan las experiencias de otros corredores, y cómo aunque seamos de diferente origen, forma, color y número de zapatilla, todos tenemos cosas en común.

Y “¿Quién me lee?”, se pregunta la autora. ¡Yo te leo!

Estaba pensando que cuando empecé a correr me dije a mi misma: Está buenísimo, debe ser el deporte más barato y fácil que existe. ERROR.
 
No es que uno tenga que se millonario para poder correr, pero la realidad es que, a menos que hayamos elegido correr barefoot (descalzos) las zapas no son las mas económicas.
En el momento que te acostumbras a las zapatillas y decís (o pensas, no es necesario que andemos contando todo a todo el mundo): ¡Que geniales que son estas zapatillas, me hacen volar y aparte, como las uso solo para correr están como nuevas!  OKAY, en ese exacto día, tu entrenador te pregunta: ¿Cuánto tienen esas zapatillas ya? A lo que uno responde contento: Un año, estas como nuevas ¿no?… NO, ya tendrías que cambiarlas te dice. Y vos que creías que estaban como nuevas…ilusa.
Dependiendo de si sos hombre o mujer, el costo también varía.
Las mujeres aparte de correr porque nos hace bien, porque nos gusta, porque es un deporte hermoso…nunca dejamos de lado nuestro costado femenino (en esta parte los hombres leen: …nunca dejamos de lado nuestro costado consumista compulsivo), en fin, nos gusta correr y estar lindas al mismo tiempo, transpiradas, pero con la remerita color fucsia de última moda, y OBVIO, los shorcitos haciendo juego. Nunca hay pantalones, calzas, remeras, tops, medias…suficientes en nuestro armario, NUNCA. Y como la ropa deportiva es finita…siempre entran algunas prendas mas en ese cajoncito… ¿o no chicas?
Los hombres (ojo, no todos, no hay que generalizar), corren con el mismo short con el que juegan a la pelota, que es el mismo con el que juegan al tenis, y es el mismo que usaron para hacer el ultimo asado. Con dos o tres pantaloncitos (siempre negros) y las remeras de las carreras en la que participan, es suficiente. No combinan (ni les importa) nada.
Dejando de lado el tema económico, viene la parte más divertida, uno se cree que es fácil. 2° ERROR.
 
Y acá todos piensan: ¿¿correr?? Pero si es natural, no necesitas más que salir a la calle, y correr.
Y eso es lo que todos pensamos cuando arrancamos. Correr es como caminar más rápido. No señor, resulta que hay diferentes técnicas para correr. Y hay ejercicios para mejorarla, y si corres con buena técnica te cansas menos (aparte, si corrés con técnica, salís bien en las fotos, no como si te estuvieras desarmando). Hay que aprender a respirar, hacer respiración abdominal, que es con la que más te entra oxigeno. Y todo eso hacerlo mientras corres, acordarte de la técnica, la posición de los brazos, la zancada, la respiración, el tiempo, las vueltas.
Tu entrenador te pone pasadas de xxx mts en xxxx tiempo, que cada vez que vez el plan te querés morir, deseas que sea una jodita, tratás de robar segundos o hacer menos pasadas de las que corresponde, pero ellos, esos hombres/mujeres que nos arman esos planes diabólicos, siempre están controlando, y saben cuando mentís, y te miran con cara de: Me estás mintiendo, seguí corriendo porque el plan del mes que viene va a ser peor.
Gracias a este deporte conocí músculos que no sabía que existían (nota: igual, me faltan algunos en las piernas, a veces veo fotos de corredores que se le marcan músculos que definitivamente yo no tengo, no me vinieron), aprendí que elongar es sinónimo de doblarse a la mitad y que te duelan todos los músculos, aprendí que el regenerativo significa que después de que haces unas pasadas matadoras, no viene una señora con un daiquiri y una pizza, NO, significa que tenés que seguir corriendo un rato más, para que al otro día no parezcas recién bajado de un caballo.
En fin, no es fácil señor, señora….pero que es muy divertido…sin dudarlo.

Semana 17: Día 114: Correr no es fácil

Correr no es fácil.

Primero que nada, hay que juntar fuerzas (muchas) para salir de casa, o para dejar de hacer lo que uno está haciendo, que es quedarse quieto, bajo la sombra, protegido de las inclemencias del clima.

Hay que estar vestido apropiadamente. Se sabe que no se puede correr a las 12 del mediodía en San Juan con campera y pantalón largo, así como no se puede escalar el Cerro Colorado en San Martín de los Andes en pantalón corto y musculosa, a las 5 de la mañana, en abril (o en cualquier época del año).

Hay que estar bien alimentado y bien hidratado. Quizá en distancias cortas uno crea que no hace falta ingerir nada, pero lo cierto es que corremos gracias a lo último que comimos. Y correr una maratón sin agua ni comer nada durante… bueno, te quiero ver.

Hay que afrontar que nadie nos puede ayudar, que cada paso lo damos por voluntad propia y que nuestro cerebro es el que se tiene que organizar y mandar los impulsos eléctricos a las piernas. Podemos aceptar consejos, pero en última instancia es nuestra responsabilidad decidir qué pie va adelante de cuál, en qué momento aceleramos, cómo respiramos y a qué nos aferramos para llegar. Todo el peso de esas decisiones recae en uno mismo.

Y no son solo las cosas que hay que hacer, sino las que nos pasan.

La respiración se acelera, nos agitamos y el corazón se acelera. Cualquier cosa nos puede doler, estemos muy bien preparados o no. El pecho, los cuádriceps, los pies. Músculos que ni sabíamos que existían. Cosas tan triviales como un pantalón demasiado ajustado nos puede provocar una irritación, y quienes no amedrentan y siguen corriendo corren el riesgo de perder una uña. O más.

Correr implica enfrentarse a familia y amigos que quizá te feliciten pero no te van a entender. Si te esforzás y mejorás tu cuerpo va a cambiar, puede que llegues a sentirte mejor físicamente pero te van a preguntar si estás enfermo. Van a recomendarte que comas como si no lo estuvieses haciendo. Te van a decir que te estás matando o que vas a terminar haciéndote daño. Vas a darte cuenta de que la motivación no es fácil de encontrar fuera de tus propios pensamientos.

Una nariz tapada puede convertir un entrenamiento o una carrera en una actividad penosa. Más de una vez te vas a encontrar en la obligación de escupir, perdiendo cualquier clase de decoro. Y no solo eso, alguna vez vas a necesitar acomodarte la ropa interior, vas a transpirar, a mancharte la ropa a toser mientras bebés y, en algunos casos, hasta podés llegar a lastimarte y sangrar. Si buscabas glamour en correr, te vas a desilusionar.

Esta actividad tampoco es gratis, el desgaste del calzado te va a obligar a cambiarlo a medida que quieras progresar. Las carreras se pagan, al igual que un grupo de entrenamiento o un buen corredor. Los viajes a hermosos lugares para correr no son baratos, como tampoco lo son el hospedaje ni el equipo que eventualmente puedas llegar a necesitar.

Vas a encontrar tu límite. Y va a estar mucho antes de lo que tu orgullo te va a permitir. Eso te va a llevar a darte cuenta que sos un ser humano, frágil, sin superpoderes. Vas a tener que aprender a ser humilde, a saber cuándo renunciar. Alguna vez puede que pagues caro tu terquedad y te lesiones, llevando la dificultad de correr a un nuevo nivel. No hay nada más frustrante que estar mentalizado para esforzarte y hacer actividad física, y que tu cuerpo no te lo permita. Vas a empezar a habituarte a esa palabra… “frustración”.

Vas a pensar que no llegás. Te vas a preguntar qué hacés acá. Vas a arrepentirte de tu estrategia en medio de la carrera. Dos días después vas a estar pensando qué diferente hubiesen sido las cosas si no hubieses hecho esto o si en realidad hubieses hecho aquello. Vas a aprender lo difícil que es correr cuando tu propia voz, en el fondo de tu cabeza, está dudando y te dice que quizás sea mejor aflojar o abandonar.

Correr no es fácil. Hay que superar todo esto, cada vez. Pero si fuese sencillo, ¿dónde estaría la satisfacción de hacerlo?

Semana 20: Día 133: Cita con la nutricionista

Hay algo que me gusta de mi nutricionista, y es que siempre se preocupa de que incorpores en tu dieta las cosas que te gustan. ¿Odiás el brócoli? Afuera, te recomienda otra cosa. ¿No tolerás los lácteos? No hay problema, existen otras fuentes de proteínas.

Mientras yo me volvía un talibán alimenticio, ella me recomendaba no exiliarme, ya que las comidas son también eventos sociales. Aunque me queda bastante lejos y es difícil conseguir turno, me gusta atenderme con ella.

Ayer tocó nueva cita con la nutricionista. Desde hace dos semanas, cuando empecé con el nuevo (y exigente) entrenamiento aeróbico, dejé el gimnasio en segundo plano. Venía levantando pesas 5 días a la semana, y con la barra de dominadas empezaba a notar cambios en mi físico, pero temía que de tanto correr y con poco tiempo para el gym, todo se hubiese ido al tacho.

Pero… la balanza dio que aumenté 1,4 kg, de los cuales 1,2 son de músculo. Desde que empecé Semana 52 vi cómo mi masa muscular iba en decadencia. Algunos meses subía un poquito, en otros bajaba. Ahora estoy en mi pico histórico, y eso me tranquiliza mucho. Siempre dudé de los ejercicios con pesas. Bah, en realidad nunca pude visualizar cómo uno aumentaba sus perímetros, todo parecía un esfuerzo descomunal por tan poco. Y bueno, hay que tener paciencia. Todavía siento que me falta, pero con algo de tiempo y determinación, no hacen falta suplementos ni anabólicos para desarrollar el cuerpo que uno quiere.

Aumenté bastante de cintura y cadera, probablemente también sea músculo. Algo de glúteos. También creció bastante el tórax, y un poco el perímetro del brazo.

Ahora estoy haciendo un experimento interesante, que es anotar todo lo que voy comiendo y bebiendo. Como para ver, de cara a este entrenamiento más intensivo, si necesito aumentar o disminuir parte de mi ingesta. Ver si necesito más hidratos. Me gusta llevar un registro, pero temo condicionarme y alterar mi dieta, solo porque estoy siendo “evaluado”. Pero intentaré no hacerlo, porque esto realmente me puede servir para hilar bien fino.

Aproveché también que hace un mes empecé con el desafío de abdominales, aunque una semana tuve que dejarlo para priorizar los entrenamientos aeróbicos extra. Igual me acomodé, y en lugar de empezar de nuevo, seguí desde donde había dejado. No creo que afecte los resultados. El tema es que me saqué una nueva foto de mi físico, y la veo exactamente igual a la anterior, de hace cuatro semanas. No tiene sentido hacer fotos semanales o quincenales, es difícil ver más cambios de los que ya pude disfrutar… pero seguiremos intentando.

Semana 12: Día 83: Reconciliándome con la bici

El día que corra la Espartatlón será cuando empiece a considerar seriamente empezar a entrenar triatlón. Quizá en 2012 consiga viajar a Grecia y no llegue; eso significará que tendré que volver a intentarlo. Pero cuando lo logre quiero dedicarme al tria, quizá pensando en un Iron Man.

Bueno, el tema es que desde que un auto me chocó en la intersección de las avenidas Dorrego y Corrientes, me deshice de la bici y juré no volver a subirme a una, promesa que vengo cumpliendo desde hace más de un año. Obviamente, ante este objetivo, tengo que reconciliarme con este vehículo. Falta para esto, pero al menos, como parte de la rehabilitación, empecé a recopilar las ventajas de andar en bicicleta.

Ecología: La bicicleta no contamina el medio ambiente, ya que usa la energía generada por el movimiento de nuestros pies en el pedal y no utiliza combustibles que emiten dióxido de carbono.

Trabajo cardiovascular: En alrededor de 30 minutos de pedaleo podemos quemar hasta 300 calorías. Además optimiza el funcionamiento cardiovascular y respiratorio del organismo.

Tonificación y fuerza: andar en bicicleta requiere una gran participación de los músculos de la pierna. El pedaleo tonifica y fortalece cuádriceps, isquiotibiales y gemelos, lo cual es de ayuda para complementar otras actividades que también necesitan de fuerza en las piernas. A la hora de ganar músculo siempre es más recomendable que correr.

Eficiencia energética: el consumo de energía que requiere la utilización de la bicicleta es 50 veces menor que el que requiere un automóvil. Por otra parte, la energía empleada en la fase de fabricación de un automóvil permitiría la fabricación de entre 70 y 100 bicis. Los costos de adquisición y mantenimiento de la bicicleta son de 30 a 40 veces inferior a los del automóvil. Si se analizan los gastos colectivos de construcción y conservación de la infraestructura viaria y la regulación de la circulación, para la misma capacidad de transporte la bicicleta requiere entre una inversión 10 y 20 veces menor que el tráfico motorizado.

Autonomía: La bici constituye una forma independiente de movilidad cuando las distancias resultan demasiado largas para ser realizadas a pie. Es fácil de manejar a casi todas las edades y casi en cualquier forma física, además de ser barata y accesible.

Seguridad: La bicicleta no es un medio de transporte peligroso, ya que no es capaz de producir en general grandes daños y contribuye a mejorar la seguridad vial calmando el tráfico. Donde crece su uso, se reduce el número total y la gravedad de accidentes. Igual ojo al manejarla en la calle, ya que uno viene a ser la carrocería del rodado.

Rapidez: para distancias de hasta 5 kilómetros la bicicleta se muestra como el medio de transporte más rápido en los desplazamientos “puerta a puerta” urbanos, a veces más que un colectivo o un auto.

Ocupación de espacio: El espacio ocupado por las bicicletas en  muy inferior al requerido por otros transportes. La capacidad de una vía ciclista multiplica por 10 la de una vía para automóviles. En el espacio de una plaza de aparcamiento de automóvil cabrían hasta 20 bicicletas.

Economía: la bicicleta puede ayudarnos a ahorrar mucha plata, ya que no gasta en combustible.

Salud: manejarse en bicicleta es una forma idónea de hacer ejercicio, que no contamina y es silenciosa, mejorando la salud individual y colectiva. También ayuda a liberar ansiedades, relajar y respirar aire puro. Aumenta el flujo sanguíneo, mejora la capacidad pulmonar y reduce los niveles de colesterol en la sangre. Además ayuda a disminuir el porcentaje de grasa en el cuerpo, convirtiéndola un arma eficaz para combatir el sobrepeso. Incrementa la coordinación motriz, mejora la capacidad física, mejora el ritmo de recuperación después de hacer ejercicio, incrementa la masa ósea (vuelve los huesos más fuertes), ayuda a mejorar el ánimo, distrae de las preocupaciones (se recomienda en estados de estrés y ansiedad) y aumenta la elasticidad así como el rango de movimiento en las articulaciones.

Otras ventajas: Se puede practicar a solas o en grupo y en contacto con la naturaleza. Aminora el calentamiento global (cero emisiones). Combate la obesidad. Es más fácil y rápido que caminar. No paga impuestos. Una vez que aprendés a andar, no te olvidás más.

Semana 21: Día 144: El salto de rana

Recientemente, en el entrenamiento con los Puma Runners, descubrí un ejercicio al que nunca le había prestado atención, y que me resultó tremendamente difícil: el salto de rana. Es, ni más ni menos, un modo informal de llamar a las sentadillas que se hacen en forma dinámica, o sea avanzando.

Varias  veces tuvimos clases de técnica de carrera, en las que alternábamos saltos tipo canguro, trote de costado, skipping, etc. Alguna vez hicimos saltos de rana, pero en sesiones cortas, por lo que no causaron gran impacto en mi. Todas esas variantes de técnica tienen como fin mejorar la postura, el modo en que corremos, y fortalecer los músculos de las piernas. No es lo mismo correr en llano que por montaña, y toda esta ejercitación nos ayuda a desarrollar nuestra velocidad y a estar mejor preparados para todo tipo de terrenos.

Recién el miércoles pasado hicimos un trabajo tan intenso con los saltos de rana, que cada cinco minutos preguntaba cómo se llamaba este ejercicio tortuoso. Creo que Germán, el entrenador, lo llamó “sentadilla dinámica”, que como nombre me encanta, pero lo googleé y encontré otras cosas con esa nomenclatura. Así que tómenlo con pinzas. En una cancha de fútbol 7, dividido por zonas, dimos una vuelta haciendo un trote suave, pero cada 8 metros hacíamos salto de rana. El ejercicio consistía en no impulsarse con los brazos, sino con las piernas, intentando mantener el equilibrio. Las piernas abiertas, rodillas flexionadas, y una vez que saltábamos manteníamos la posición un segundo y volvíamos a saltar. Contabilicé 8 series sentadillas, lo que equivalió a 80 metros dando saltos, de un circuito de 170 metros. Y después de descansar 15 minutos (jamás necesité tanto elongar) volvimos a dar otra vuelta, agregándole 10 abdominales antes de cada sentadilla (esto hizo el trabajo más ameno, ya que, de alguna forma, hacer bolitas permitía descansar unos segundos).

Las piernas, ya promediando la mitad de la vuelta a la cancha, prendían fuego. Recién al hacer los saltos de rana uno se da cuenta la cantidad de zonas que trabajan, como el transverso del abdomen, el recto abdominal, los músculos paravertebrales, los erectores espinales, los glúteos y los cuádriceps. Sí, todo eso con dar unos saltitos. Pero que consumen casi toda la energía.

La función de estas sentadillas es desarrollar la fuerza en las piernas y la potencia. No es necesario saltar muy alto. Este ejercicio puede resultar peligroso si nos se realiza correctamente (por ejemplo, si caemos con los talones, o si no amortiguamos la caida con las rodillas). Por eso fue ideal hacerlo sobre pasto, que absorbe mucho el impacto. La forma ideal de hacerlas es impulsándose hacia delante con ambos pies (paralelos) al mismo tiempo, enlazando un salto con otro (los hacíamos con un descanso de un segundo). Recomiendan soltar el aire al impulsarnos, y de acuerdo a cuánto separemos las piernas, el peso del ejercicio se va a repartir entre la parte frontal y la zona interna de los cuádriceps. Se trata de un trabajo que combina tanto lo aeróbico con anaeróbico.

Hoy, sábado, parte del entrenamiento fue realizar saltos de rana en una cuesta. O sea, en forma ascendente. Ahí noté cómo mi lado hábil (el derecho) hacía que mi eje se corriese para ese lado. Un indicio de esto fue que al final mi pierna derecha estaba más cansada que la izquierda. Lejos de angustiarme y de defenestrar a este agotador ejercicio, aclaro que las sentadillas sirven, justamente, para corregir la postura.

Investigando sobre este ejercicio, me encontré con la “pliometría” (plyethein, en griego, significa “aumentar”, y metrique, “longitud”), que trabaja la capacidad reactiva del músculo para desarrollar un impulso elevado de fuerza, inmediatamente después de un brusco estiramiento mecánico muscular. O sea, es la capacidad de pasar rápidamente del trabajo muscular excéntrico al concéntrico. El salto de rana es un ejercicio pliométrico, y como tal aumenta la funcionalidad de las fibras musculares en las diversas contracciones (haciéndolas más fuertes), desarrolla la fuerza de los músculos impulsores (principalmente de gemelos, cuádriceps y glúteos), mejora la capacidad de coordinación muscular, tonifica los tendones (previniendo la tendinitis), mejora la capacidad de velocidad, aumenta la amplitud de la máxima tensión voluntaria y la capacidad reactiva de los músculos, aumenta la elasticidad muscular y mejora la técnica de carrera.

Pero cómo cansa…

Semana 19: Día 128: ¿Qué quema más grasas? ¿Aeróbico o anaeróbico?

Siempre creí que el running era un ejercicio netamente aeróbico, mientras que lo anaeróbico eran “las pesas”. Pero al interiorizarme más en este deporte, me di cuenta de que dependiendo del tipo de actividad, también estaba haciendo anaeróbico (por ejemplo, correr a velocidad máxima).

Ahora que la maldita costilla me lo está permitiendo, estoy yendo a entrenar. Anoche, trotando y absorto en mis pensamientos, recordé una charla navideña, en la que un familiar iba al gimnasio y priorizaba los ejercicios anaeróbicos. Al último, para quemar grasas, hacía bicicleta fija. Me di cuenta de que, en mi caso, hacía exactamente lo contrario, primero aeróbico y después pesas. Me pareció interesante averiguar qué método era el más eficiente.

La diferencia entre ambos tiene que ver con cómo obtiene energía el organismo, si es con necesidad de oxígeno, o sin necesidad de él. Nunca ocurre uno u otro exclusivamente, siempre predomina alguno.

Aeróbico: son ejercicios de mediana o baja intensidad y de larga duración, donde el organismo quema hidratos y grasas para obtener energía. Para ello, necesita oxígeno. Algunos ejemplos son correr, nadar, remar, pedalear, hacer esquí de fondo, escalar, trekking, bailar, el aerobox, etc. Como quema lípidos, se suele utilizar para bajar de peso, y al necesitar oxígeno, ejercita el sistema cardiovascular.

Anaeróbico: son ejercicios de alta intensidad y de poca duración, cuya energía proviene de fuentes inmediatas que no necesitan ser oxidadas por el oxígeno, como son el ATP muscular (Adenosin Trifosfato), la PC o fosfocreatina y la glucosa. Algunos ejemplos son el levantamiento de pesas, las artes marciales, las carreras de velocidad, los lanzamientos y saltos atléticos, el tenis, etc. Este tipo de ejercicios son buenos para la tonificación; o sea el trabajo y fortalecimiento del sistema musculoesquelético.

En definitiva, el aeróbico es el que quema grasa principalmente, pero si bien suelen intervenir ambos métodos, lo ideal es combinarlos, y así conseguir beneficios musculares y cardiovasculares. Por otra parte, para utilizar los lípidos en el cuerpo como fuente de energía, es necesario que se hayan gastado los hidratos de carbono de los músculos. Cuando se acaban (alrededor de 20-25 minutos de comenzada la actividad) se empieza a utilizar los depósitos de grasa de forma aeróbica.

Los ejercicios de baja intensidad (un máximo de 130 pulsaciones por minuto) producen gasto energético de los depósitos de lípidos, y son ideales para personas que recién están empezando. Por ejemplo, un trote de 30 minutos, tres veces por semana. En el mundo del entrenamiento físico, los trabajos anaeróbicos, o sea continuos y de alta intensidad (mayores a 130 pulsaciones por minuto) también usan los depósitos de lípidos, además de fosfágenos e hidratos de carbono. Por ejemplo 10 carreras de 5 minutos a máxima velocidad, con intervalos de 2 minutos. La diferencia entre ambos métodos es que el primero tiene un riesgo bajo para personas con condición física deficitaria o que sufren alguna patología.

Supongo que la diferencia está en los objetivos que tiene cada uno, si sólo quemar grasas, o si además se quiere fortalecer la musculatura, o el sistema cardiovascular… Lo ideal es definir las metas y a partir de ahí ver qué se prioriza.

Por ahora la costilla me permite correr. Anoche, en el entrenamiento, hice 6 pasadas que dieron un total de 9 km, y aunque me tomé un ibuprofeno preventivo, no tuve ninguna molestia (llevé la faja a que la achiquen y la modista no cumplió con los tiempos prometidos, así que corrí sin ella). Hoy por la mañana no tengo dolores, así que sigo en plan optimista. Estas pasadas combinan el ejercicio aeróbico (en la salida, a mediana intensidad) con el anaeróbico (cuando finaliza, corriendo a máxima velocidad). Después de elongar intenté hacer abdominales, pero me dolió mucho la costilla. Así que mi regreso al gimnasio va a seguir demorándose.

No necesito seguir utilizando mis magros depósitos de grasa. Me gustaría hacer más ejercicio anaeróbico y generar masa muscular, para que las señoras me dejen de decir que estoy escuálido y que tengo que comer más. De momento, sólo tengo las progresiones y el sprint para tonificar… y seguir armándome de paciencia…

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