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Terma Adventure Race Tandil 2015

Terma Adventure Race Tandil 2015

La Carrera: Este clásico de las carreras de aventura se corre desde hace 16 años en la ciudad de Tandil. La conocí como “La Merrel Tandil”, y en mi inocencia jamás asocié que se trataba de un sponsor, y que actualmente llevaría el nombre de “Terma”. Sin embargo, el circuito es muy similar: ha variado levemente con los años, ganando terrenos más interesantes y perdiendo uno o dos kilómetros en el camino. Pero a efectos de esta reseña, diremos que la distancia total fueron los 27 km que declaraba la organización.

El recorrido de esta carrera comienza en la Plaza de las Banderas y es siempre una largada multitudinaria. Es emocionante ver cada año las caras nuevas de los corredores que se animan a conquistar las sierras. Hablar de la belleza de Tandil y su oferta turística sería extenderse demasiado en la reseña, pero cualquier carrera que se realice en esta ciudad tiene el plus de convertirse en unas agradables vacaciones.

Antes de la carrera en sí misma tiene lugar la entrega de kits, donde además tiene lugar una suerte de feria de running donde se pueden conseguir muchos accesorios útiles a precios razonables.

El día de la largada amaneció fresco pero rápidamente el sol levantó la temperatura. En siete años que participo de esta carrera de aventura nunca sentí tanto calor. Los días de marzo, el último del verano, suelen ser bastante cambiantes, y mientras tuvimos que acostumbrarnos a correr con frío o con lluvia, el pasado domingo disfrutamos (y sufrimos) de un imponente día soleado.

El recorrido fue muy similar al año pasado. Tengo la impresión de que la bajada a la cantera tuvo un sendero nuevo, más angosto, donde uno debía agachar la cabeza en ciertas partes. Quizá haya sido parte del año anterior, pero sin dudas es parte de los pequeños cambios en el recorrido que fue sufriendo la carrera. Nunca están de más, ya que aunque la haríamos si el camino fuese calcado, las novedades son siempre bien recibidas para los reincidentes.

Lo bueno: La organización por parte del Club de Corredores y la gente de Tandil suele ser muy eficiente, tanto durante la entrega de kits como en la competencia en sí. Tengo algunas observaciones que voy a dejar para la sección con los aspectos negativos, pero en general se destaca su prolijidad.

El recorrido es óptimo, ya que combina una pequeña parte de asfalto en la largada (en una eterna subida), caminos de tierra, pasto y muchas, muchas rocas. Para quienes entrenamos con responsabilidad todo el año, Tandil es una excelente oportunidad para poner a prueba todo eso que hemos preparado. La primera mitad es una prueba principalmente aeróbica, mientras que la segunda es técnica y aquí entra en juego lo que hayamos entrenado en cuestas. También es un buen entrenamiento en sí mismo para quienes estamos viajando en breve a carreras de montaña, como es mi caso con los 120 km de Patagonia Run. En lo que a mí respecta intenté moverme rápido, con poco equipo encima (solo una botella en la mano con algunas pasas), para aprovisionarme en los tres puestos de hidratación (dos de ellos tenían comida). Así pude probar en dónde estaba parado (no de forma literal) en cuanto a mi potencia de piernas y ver cómo se comportaban mis nuevas zapatillas Asics pisando rocas sueltas.

Lo malo: Aunque el saldo de esta edición de la Adventure Race es positivo, hubo una situación que colmó mi paciencia, y por lo que pude escuchar la de otros corredores. Quienes me conocen saben que soy vegano, y como atleta de alto rendimiento me preocupo mucho por lo que consumo, tanto en lo que respecta a alimentos como bebidas. No creo que los beneficios de las bebidas isotónicas como el Gatorade y el Powerade estén por encima de lo nocivo que es llenarse de azúcar, colorantes y jarabe de maíz de alta fructosa. Pero mucha gente considera que es importante y no está mal que la organización ofrezca este tipo de bebidas. Sí me sigue pareciendo un acto de inconsciencia que el agua de los puestos sea solo la de bajo contenido de sodio. Cualquiera que se dedique a investigar va a poder comprobar que a menos que tengamos problemas de hipertensión, los corredores necesitamos bebidas con un nivel de electrolitos similar al de la sangre. Está bien, la opción es hidratarse con Gatorade, pero quienes estamos harto de que nos llenen de azúcar necesitamos una opción saludable en la que podamos correr más de tres horas sin jugarnos la vida. Para el Club de Corredores esto no es prioritario.

Hasta aquí esto es una apreciación muy personal con la que pocos podrían estar de acuerdo. Pero mientras en el recorrido uno toma su agua o su vaso de Gatorade para beber y seguir corriendo, la llegada a la meta es una combinación de euforia con el cansancio que empieza a hacerse sentir. No tomé la botella de Gatorade que me ofrecieron, y directamente pedí la de agua (con bajo sodio). Salí del corral de la llegada, bebí y me puse a estirar. El sol estaba fuerte, así que fui a pedir otra botella, porque además quería volver, subir la sierra, y acompañar a cualquier corredor de mi equipo que necesitara ayuda. Pero me lo negaron. “La verdad que no nos dejan”. La respuesta me sorprendió mucho, en especial porque gasté media botella de mi propia agua en limpiarle un feo corte en la rodilla a una corredora que se había caído, y la otra mitad en un corredor que rogaba a ver si a alguien le sobraba un poco de líquido.

La organización, que es la que prohibió que se diera más de una botella de agua a los corredores que habían pagado su inscripción, no tiene en cuenta que muchos no corremos con dinero para ir a comprar bebida, que traemos lo puesto y que seguramente agotamos toda nuestra bebida en la carrera. Ya no consideran que sea importante el sodio en los deportistas, pero tampoco el calor ni la necesidad de hidratarse. En la carpa médica comentaban que este fue uno de los años en que más tuvieron que atender a corredores que se desvanecían, en consonancia con un día bastante caluroso. ¿Era justo la edición para escatimar el agua? Realmente me frustró y amenazó con amargarme una mañana que, hasta ese momento, había sido perfecta.

El veredicto: La Adventure Race de Tandil es una carrera exigente, bien organizada, pero no por eso menos riesgosa. El terreno es muy técnico como para subestimarlo. Las cosas que funcionan de la organización hacen que uno pueda disfrutarlas de punta a punta si se está preparado, pero lamentablemente a veces a uno lo tratan como un número, en lugar de como un ser humano.

Puntaje:
Organización: 6/10
Kit de corredor: 8/10
Terreno: 9/10
Hidratación: 3/10
Nivel de dificultad: Para corredores avanzados

Puntaje final: 6,50

Semana 25: Día 173: Los 26 km de la Adventure Race Tandil 2013

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Mientras corríamos por las calles de ripio y atravesábamos los mismos campos a la sombra de esos árboles que recordaba, hablábamos con Vicky de que el Club de Corredores no quería modificar la Adventure Race. Siendo más precisos: no les convenía modificar el recorrido.

Es la vieja fórmula de “Si no está roto, no lo arregles”. Cuando tuvieron que cambiar la ruta por un campo privado que había cambiado de dueño, pidieron disculpas mil veces, como si fuese un terrible pecado. Pero en esta edición tuvimos que tomar otro camino que nos llevó hasta una trepada en una sierra, y realmente lo apreciamos mucho. A pesar de que no nos gusta cuando las cosas cambian, a veces lo necesitamos.

Correr en equipo con Vicky es siempre una experiencia gratificante. Para mí, al menos, que estoy pendiente de ella, midiendo su velocidad, charlando, cuidándonos mutuamente. Cuando la apuro y le digo “Vamos, maldita marica” la petisa putea, pero es parte de la química. Nos amamos y disfrutamos mucho de compartir la pasión del running.

Nos propusimos, con esta carrera, dejar atrás el mal trago del día anterior. Y nos salió. Corrimos, nos divertimos, y le dimos una mano (aunque fuese muy pequeñita) a algunos compañeros que corrían en Tandil por primera vez, o que directamente hacían su primera carrera. Además pusimos nuestra mente en Jeremías, el chiquito de Tucumán que da pelea contra la leucemia. Lo apadrinamos mentalmente, y aprovechamos la carrera para hablar de él y que nos dé fuerzas cuando las nuestras flaqueaban. Cruzamos la meta a las 3 horas y 57 minutos, lo que significó unos 15 minutos menos para la mejor marca de Vicky. Recibimos nuestras medallas, y la mía se irá en una encomienda a la provincia de Tucumán, con destino al tercer integrante de este equipo de corredores.

Participar de Tandil fue una grata experiencia. El día amenazó con estar muy fresco, pero el sol nos calentó y pudimos transpirar a nuestras anchas. La organización, como siempre, fue muy correcta, y agradezco que este año no hayan repetido la tontería de regalar cerveza antes de la Adventure Race y al momento de la llegada. Sigo sin almuerzo vegano (siempre el bendito paty).

Como buen turista, me dediqué a sacar fotos del recorrido. No son representativas de la carrera, sí pueden ser tomadas como el punto de vista de un corredor, inmerso en ese mar de gente y rocas.

Semana 25: Día 170: Tandil por Jeremías

Juanca es un asiduo lector de este blog. Casi diría que es de los de la “primera hora”. Y hace un tiempo se sumó a un proyecto en el que me tuve que sumar también. En su blog Espera por la vida, lo describe como “un proyecto creado en la provincia de Tucumán por María de los Angeles Musumeci quien eligió el atletismo para llevar el mensaje de la Donación en Vida. Acompañamos a quienes padecen enfermedades en su difícil camino, llevando en nuestro corazón y en nuestros pensamientos a todos los príncipes y princesas que lo forman. Corremos por ellos con las esperanzas puestas en que nuestras energías y nuestro amor les ayuden en este momento tan difícil que enfrentan.

Aquí acumulamos kilómetros corridos en las cientos de competencias en las que participamos. Cada kilómetro representa un enorme abrazo, nuestro mejor pensamiento, un pedazo de corazón, para todos los pequeños y pequeñas que la vida los puso ante una circunstancia tan cruel. Tu kilómetro vale mucho porque difunde la obra de María de los Ángeles y  la princesita o el príncipe que portas en tu carrera recibe tu esfuerzo con inmensa alegría y emoción. Hagamos lo que nos gusta, correr, y que nuestras zapatillas nos permitan llevar a estos pequeños guerreros y guerreras de la vida”.

Sin saber bien cómo funcionaba, me ofrecí a colaborar. Juanca decidió que corramos con Vicky por Jeremías, y entre los dos, hoy domingo, sumamos 52 km (un número especial para mí). Pero no sé mucho de este principito. Solo vi su foto, a medio disfrazar del Hombre Araña, y pude entender que había una conexión. Recién caigo de que está en Tucumán, y que visitarlo sería difícil. Por eso le pregunté a Juanca qué teníamos que hacer. ¿Visitarlo? ¿Llamarlo? ¿Enviarle un regalo? Juanca respondió “El hecho de correr pensando en Jere, llevarlo en esta vuelta fantástica que han dado fue lo importante. A Jeremías le contaremos lo que han corrido y estará feliz”.

Suena raro, pero este mensaje lo leí en el celular mientras atravesábamos los caminos de la Adventure Race de Tandil. Le conté a Vicky sobre Jeremías y que solo teníamos que correr pensando en él. Fue nuestro motor, nuestra motivación. Pensar en ese chiquito, ilusionado con una proeza que pasaba lejos de casa, nos llenaba el tanque de la motivación. Queríamos que sepa que cuando estábamos cansados y que nos faltaban las fuerzas, él nos ayudó y nos dio ánimo.

Por supuesto que a mí esto no me alcanza. Me encantaría conocerlo, aunque sea enviarle unos cómics del Hombre Araña, y algún recuerdo de la carrera. Porque aunque estuvimos Vicky y yo haciendo equipo, codo a codo, Jeremías fue el tercero de nuestro grupo. Y aunque estaba lejos, corrió con nosotros.

Vamos a seguir sumando kilómetros por él y por todos los niños que luchan por vivir.

Semana 25: Día 169: Bienvenido a Tandil

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Tenía los ojos desorbitados, la cara roja y casi que escupía espuma por la boca. Con sus 100 kilos se abalanzó hacia mí y se puso en posición de pelea. Me midió con su mano izquierda mientras su puño derecho tomaba envión.
Mientras toda mi integridad física estaba a punto de irse al diablo por un demente, me pregunté “¿Cómo llegué a está situación?”.
Retrocedemos unas horas, al viernes a la noche. Estábamos camino a la ciudad de Tandil, para correr la Adventure Race. Al tráfico de víspera de fin de semana le tuvimos que sumar una espesa niebla y un percance muy tonto: quisimos inflar una rueda en una estación de servicio, y uno de los empleados, queriendo ayudarnos, desinfló la rueda todavía más. El inflador no funcionaba, asi que tuvimos que volver a la ruta con mucha más precaución.
Llegamos al complejo de cabañas, Los 5 Hermanos, a las 3 y media de la mañana. Nuestros compañeros dormían o estaban en el boliche. No sabíamos cuál nos correspondía y no pretendíamos despertar a nadie. Entramos en la que nos parecía y dormimos muy mal, muertos de frío. Tandil, de noche, es un freezer.
A la mañana siguiente Vicky fue a averiguar si nos podían prender el calefón y la estufa. El dueño, con muy mala predisposición, vino a recriminarnos que habíamos ocupado una cabaña que no nos correspondía. El tema era su tono agresivo y sobrador.
Yo no entendía lo que pasaba. Hablamos unos minutos y la conversación se fue caldeando. Se la agarró con Vicky, que no se comió su prepotencia, y me dijo “Llevatela”, y agregó que no le pegaba porque era una mujer. Fui hasta ella y le dije “Deja, amor, es un idiota”.
Nunca me encontré en una situación en la que un proveedor de un servicio me quisiera pegar. Siempre me imaginé que eran los clientes los que se sacaban y querían trompear a todos. Lo agarraron entre tres, mientras me gritaba que me iba a matar, además de insultos irrepetibles. “¡Me haces ponerme así, enfrente de mi hija!”, me dijo.
Yo no salía de mi asombro. No lo provoqué ni creo que esta fuese una situación para resolver con  tanta violencia. De hecho no existen situaciones cotidianas que se resuelvan a los golpes.
Abandonamos Los 5 Hermanos, prometiendo no recomendarlos jamás. Nos obligaron a separarnos del resto del grupo y a buscar de urgencia cabaña. Por suerte conseguimos una al instante, no muy lejos, en un complejo mucho más lindo y barato. Todavía no entendemos en qué situación nos convertimos en okupas maleducados que venían a perturbar la paz. Presiento algo se ignorancia y perjuicio porque, entre otras ciudad, me dijo “¿Te pensás que me vas a hablar así porque sos de Capital?”.
De esta manera empezamos nuestro día de aniversario con Vicky. Todo fue mejorando, pero porque arrancamos tan abajo, después de una semana tan horrible, que luego las cosas solo podían mejorar.
Ahora, luego de cenar, nos resta concentrarnos en la carrera, en las cosas sanas,y dejar toda la mala onda atrás…

Semana 24: Día 168: Rumbo a Tandil

Esta semana pasará a la historia como una de las peores de mi vida. No casualmente no corrí un solo día desde el sábado pasado, como para indicar el poco tiempo en el que pude dedicarme a lo que realmente me apasiona y me relaja. Me salteé la cita con la psicóloga, dormí entre tres y cuatro horas diarias, trabajé hasta quedar tarado, y vi poco y nada a mis amigos.

Pero el punto más triste fue perder a mi gata, y es una herida que se hizo muy profunda. Era como mi hija, y ahora que no está es cuando más noto lo que la necesitaba. Esas cosas que antes me fastidiaban, ahora las extraño: sus uñas clavándose furtívamente en el colchón, su constante frotarse contra mis piernas cada vez que pasaba, el rasqueteo de las uñas contra el fondo del tarro de piedritas…

La pérdida de un ser querido, animal o humano, es irreparable. Todos somos únicos e irrepetibles. Estamos hundidos en el duelo, y todavía notamos la presencia de Catalina. Todavía tengo sus pelos blancos pegados en toda mi ropa, las fundas de las sillas están agujereadas por sus uñas… constantemente la recuerdo. Sigue angustiándome tomar el ascensor, y cada vez que subo o bajo no puedo evitar pensar en su caída. Lo que más nos preocupa es el perro, que perdió a su compañera de juegos, y ahora está olfateando, buscándola.

Pero esta semana nefasta está llegando a su fin. Estoy a minutos de salir con Vicky para Tandil, a pasar el sábado con los Puma Runners y el domingo correr la Adventure Race. Mañana, casualmente, es nuestro segundo aniversario. Lo vamos a festejar haciendo equipo, y la verdad es que nos ilusiona bastante. Necesitamos dejar atrás esta tragedia, y quizá esta carrera nos sirva para dejar de angustiarnos todo el tiempo.

No hay mucha estrategia este año, llego con bastante estrés, pero la idea es hacerla tranquilos. No es nuestra primera vez en las sierras (de hecho, es mi quinta) y nos queremos divertir. Todavía no me decidí si hacerla con mochila hidratadora o con el baticinturón. Lo voy a decidir allá, aunque eso signifique llevar alguno de esos elementos de más. Voy a estrenar calzas cortas que me regaló Vicky, aunque los Puma Runners que ya están en Tandil nos adelantaron que está haciendo bastante frío. Hasta ahora todas las Adventure Race fueron con sol, alguna vez con bastante calor, y sería una novedad hacerlo con bajas temperaturas.

Este viaje, después de esta semana, ha cobrado un nuevo significado. Ya era algo especial, una especie de festejo de aniversario con Vicky. Pero ahora es nuestra forma de mitigar el dolor y la tristeza que todavía nos produce estar en casa. Siempre dije que correr es terapeutico… ahora podría decir que, para nosotros, es muy necesario.

Semana 24: Día 162: A una semana de Tandil

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Se vienen fechas interesantes. Por un lado, en una semana vamos a estar nuevamente en Tandil. Y el 16 vamos a cumplir dos años con Vicky. Tenemos cosas planeadas para esa fecha, ojalá que los fotógrafos estén atentos.

Como ya mencioné muchas veces, Tandil es una tradición en los Puma Runners. Fue mi segunda carrera, en marzo de 2009, en la que corrí las dos últimas postas junto a mi prima Vero. Me encantó, y al año siguiente la quise hacer completa y el esfuerzo me dejó una semana en cama, dolorido y con fiebre. ¡Pero quién me quitó lo bailado!

Sin ánimos de mandarme la parte, Tandil (o “La ex-Merrell”, como le decimos) no me resulta un desafío. Es una competencia muy linda, con un paisaje muy lindo, y una carrera que no debe ser subestimada por nadie (ni siquiera por mí, como estoy haciendo ahora). No sé, me interesa más meterme en competencias nuevas, o reintentar aquellas en las que no pude llegar a la meta (como la Ultra Buenos Aires, o La Misión). Acá se juegan otras cosas. Tandil se convirtió, para mí, en una tradición. Es otra categoría. Hay que ir, compartirla con amigos y disfrutarla. Es lo bastante cerca como para que el traslado no sea un trauma, pero lo suficientemente lejos como para no sentirte en la ciudad, haciendo cuestas en el asfalto.

Este año voy a correr en equipo con Vicky, y aunque ella me va a putear porque le digo que se apure, sé que la vamos a pasar muy bien. Cumplimos  2 años de novios, después de todo, y pareciera que hoy nos queremos más y nos llevamos mejor que en esas primeras e idílicas semanas de cualquier pareja.

Lo único que lamento es que la complejidad de esta carrera (que la tiene) hizo que los fondos largos que venía haciendo quedaran de lado para entrenar cuestas y potencia de piernas. Hubiese preferido seguir creciendo y superar la barrera de los 50 km. Pero en las últimas semanas el entrenador lo prefirió así. Tengo que confesar, además, que con mi socio de vacaciones, estuve trabajando tanto que tampoco me hubiese dado tiempo de correr 4 horas seguidas, un día de semana. Podría decirse que tuve suerte. Dios no cierra una puerta sin abrir una ventana, me parece que dicen, y aunque hubiese preferido los fondos, me vi en la obligación de entrenar lo que me dijeron que entrene. Ni más, ni menos. Sin sobreentrenarme, sin correr fatigado por largas jornadas frente a la computadora. Tuve el tiempo suficiente para solo hacer lo que debía.

Después de Tandil me van a quedar 3 semanas, exactas, hasta la Ultra Buenos Aires. No pienso matarme el próximo finde, sino divertirme, ir tranquilo, y guardarme para los 100 km del 7 de abril. No falta nada…

Semana 17: Día 116: Próximos desafíos

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Si bien la Espartatlón es la meta máxima (podríamos llamarla “la posta”), en el medio hay que ir cumpliendo objetivos secundarios. Cualquiera que se haya lanzado a una carrera sin prepararse sabe que sea una maratón o 5 km, nos puede costar caro.

Los 100 km de la Ultra Buenos Aires es lo que ahora me quita el sueño. Entreno, entreno y entreno, las piernas las tengo duras, pero de a poco se van acostumbrando. Tengo la mira puesta en la primera semana de abril, para después ir corriendo a la primera computadora que encuentre y mandar la ficha de inscripción (siempre y cuando, por supuesto, llegue a la meta en menos de 10 horas y media). Unas semanas antes vamos a participar con Vicky de la Adventure Race Tandil. Es la carrera en la que nos enamoramos hace 2 años, y casi que coincide con nuestro aniversario, así que iremos a vencer a las sierras en pareja, tomados de la mano, arrojando flores a nuestro paso y dando saltitos como dos tarados. Nos vamos a divertir.

Después de la Ultra volvemos a la categoría “cuentas pendientes” y la voy a acompañar a Vicky a hacer la Patagonia Run. Con la hora extra que le agregaron ella hubiese llegado perfectamente el año pasado, pero bueno, en aquel entonces le prometí que la íbamos a hacer juntos, y en lugar de ir a los saltitos y tomados de la mano iré con un rebenque, a ver si aprende lo que es bueno.

Ya más avanzado el año, el 18 de agosto, viene la ultra de Yaboty, la que sin dudas nos entusiasma más de todas. Principalmente porque sabemos que no vamos a pasar frío. También la vamos a hacer en pareja, y la diferencia de nuestra primera ultratrail juntos es que en esta oportunidad son 90 km seguidos en la selva, y no 70 un día y 30 el siguiente como fue en 2011.

Y quién te dice que antes de viajar a Europa, si logro inscribirme en la Espartatlón, no haga una Media Maratón de la Ciudad de Buenos Aires. Estaría bueno. Estoy descubriendo que me gusta mucho correr en la ciudad.

Esos son los objetivos que tengo en mente. Puede que se sume alguno que no tengo presente ahora, pero me quiero tomar cada carrera como una preparación física y mental para la exigencia de correr 246 km en 36 horas. Ese es el plan hoy, en enero. Veremos qué nos depara el destino…

Semana 25: Día 173: Cómo recuperarse luego de una carrera de aventura

El primer impulso de cualquier ser humano, después de un agotador esfuerzo físico de más de tres horas, sería descansar. Tirarse panza arriba a la sombra, y no moverse hasta que todo haya pasado. Bueno, no es así como funciona.

El cuerpo utiliza hidratos de carbono como fuente de energía. Además es probable que haya quemado algo de músculo, por lo que, si hicimos las cosas bien durante la carrera (hidratarnos, ingerir nutrientes como geles o barritas), tendríamos que reponer todo eso que gastamos. Así que, al terminar una competencia como la de Tandil, hay que comer. El tema es qué.

Dentro de la primera media hora, tenemos que reponer hidratos de carbono. Por ejemplo una banana, o bebidas deportivas. Por el tema de los músculos, algo de proteína. Y ni hablar de agua. Cuando terminé de correr el domingo me pesé con una balanza electrónica y arrojó que había perdido casi un kilo. Teniendo en cuenta lo que bebí durante el trayecto, tengo que haber perdido más de dos litros (quizá tres) en transpiración. Eso hay que recuperarlo.

Párrafo aparte merecen los que se fueron corriendo desde la meta a probar los salamines y quesos tandilenses, acompañados por vino y/o cerveza. Lo que han hecho con su cuerpo, no tiene nombre. Siendo que el hígado se sobrecargó de trabajo, filtrando la sangre por el esfuerzo de la carrera, lo peor que le podemos hacer es envenenarlo con alcohol y grasas. Escuché a varios deseosos de celebrar la Adventure Race con un asadito. Mala idea.

Luego está el tema de la elongación. Con el trauma que le hicimos pasar a nuestros gemelos y cuádriceps, hay que estirar. Mi recomendación es caminar un poco, aprovechando ese tiempo para beber y consumir hidratos. Una vez que las pulsaciones bajan y recuperamos el aire, empezar a elongar, en lo posible con ayuda.

Y dejo para el final lo que me parece más importante, y a la vez más subestimado. Porque todos sabemos que si hacemos una actividad física intensa un domingo por la mañana, recién el lunes y quizá el martes se nos vengan encima todos los dolores. El domingo al mediodía, por ejemplo, terminé fantástico la carrera de Tandil, eufórico y feliz. Pasó el tiempo, y el lunes por la tarde empecé a sentir mucho dolor en los hombros, y en los bíceps (todavía me cuesta encontrarle una explicación a esto último). ¿Cómo contrarrestar esto? Corriendo. Así de sencillo. Para que se vaya el entumecimiento y las molestias, hay que seguir entrenando. Es tan sencillo como eso. Cuesta porque uno está cansado, y seguramente dolorido, pero no nos vamos a recuperar hasta que no volvamos a trotar, y de esa forma eliminemos el ácido láctico.

Mi recomendación es nunca quedarse tirado y no hacer nada por una semana. El cuerpo pasa factura por todo. Y si cerramos una carrera tan difícil como la de Tandil, no podemos frenarnos. Hay que aprovechar el envión, y seguir…

Semana 25: Día 172: La Adventure Race Tandil como un entrenamiento

Con Vicky nos estamos preparando para correr, en menos de un mes, una ultra-trail llamada Patagonia Run. A mí me tocan 100 km (bueno, no me “tocan”, sino que lo elegí), y ella decidió enfrentarse a 63 km de senderos y montaña. Decidimos que, a diferencia de Yaboty, esta vez íbamos a correr por separado.

Es un desafío enorme para los dos, y aunque seguramente hubiésemos participado de la Adventure Race de Tandil, decidimos tomarla como un entrenamiento. Una carrera, en especial si es de características similares, bien puede servir para darse cuenta qué cosas hay que ajustar o prever. Un desafío tan extenuante no es lugar para ir a improvisar.

Pasada esta Adventure Race, le supliqué a Vicky que contara su experiencia, ya que tuvimos muchos puntos en común y a la vez cada uno carga con sus propios límites físicos, sueños y trucos motivacionales. Así que, sin más preámbulos, los dejo con sus impresiones del último desafío en Tandil:

Para los que vivimos en Capital Federal y entrenamos para correr carreras de aventura no nos alcanza con hacer cuestas y subir y bajar 40 veces por una calle empinada.

De cara a la ultra-trail que tengo planeada correr en menos de un mes (en San Martín de los Andes) la idea de esta Adventure Race de Tandil era tomarla como un entrenamiento.

Dentro de todas las variables que había anticipado estaba la posibilidad de abandonar ante cualquier dolor extraño, cosa que nunca había evaluado en carreras previas. Además me había establecido no hacerla en menos de 4 horas: iba a tomármela con calma. Una de las razones por las cuales podía llegar a abandonar era que hace ya dos meses sufro de un dolor muy fuerte en el tibial.

Con estas ideas llegué al día de la largada. Había elongado un poco esa mañana pero el dolor estaba ahí, como siempre. Para palear esta situación, Martín me regaló unas tibialeras Compress Sport que son muy buenas. Todavía me dolía un poco, pero me sentía contenida,  y posteriormente me iban a servir para no lastimarme las piernas con los cardos.

Cuenta regresiva y ¡largamos 2300 corredores a enfrentarnos a las sierras! Cómo explicar la emoción de una largada a quien no la vivió; es una vorágine tan grande que es difícil no subirse. Fue complicado para mi cabeza abstraerse del entorno y pensar en cuidar el cuerpo, sobre todo las piernas. Arranqué junto a una compañera a quien ya le había advertido que seguramente la iba a abandonar en el caso de sentir la mínima molestia. Subimos una cuesta interminable, pero el malón nos llevaba. Sentía el tirón en la pierna y que me faltaba el aire, pero seguí, en un momento no me importó nada. De repente las ideas me caían a la mente y empecé a escucharlas. Automáticamente puse el “freno de mano” y bajé las revoluciones. Los corredores me pasaban, corría en las bajadas y caminaba en las cuestas. Nunca sufrí cansancio, pero el dolor estaba ahí. Y todos me pasaban. En un momento sentí que me agarraban el brazo: eran el Sordo y Loreta, dos compañeros del grupo que venían detrás de mí y me llevaron con ellos. Yo quería ir sola, emulando la situación que voy a vivir en abril en Patagonia, donde voy a correr 63 km sola y voy a tener que motivarme a mí misma. Eso fue difícil de lograr en esta carrera ya que estaba constantemente rodeada de corredores, pero yo intenté “hacer la mía”. Entonces les comenté de mi dolor que hasta ese momento era leve. Hicimos media carrera juntos. Ellos tienen mucha experiencia en montaña, cuando nos enfrentamos a las sierras subían como cabritas y yo parecía una anciana.

No me dolían los cuádriceps ni los glúteos: el problema era el tibial. Me agitaba mucho. Pensaba que si me costaba subir estas sierras precámbricas erosionadas, en la cordillera me iba a ser imposible. Así que me lo tomé con calma. El dolor me angustió un poco y en el último puesto de control dejé que el Sordo y Loreta hiciesen su carrera. Me habían ayudado en la subida al Cerro de las Ánimas que era bastante empinado, pero no podía seguir su ritmo. Loreta me había pedido que cante para olvidarme del dolor, ya que siempre cantaba con ellos, pero era tanto que ya tenía la voz quebrada. No fue una situación agradable.

Me sentí débil en las subidas, eran interminables, y sabía que pronto me iba a tener que ver con las de la cordillera frontal. Mientras estaba con los chicos me parecía que podía aflojar porque ellos me apoyaban, pero los dejé ir y quedé sola, rodeada de miles de corredores.

Seguí bajando con cuidado y subiendo a paso de tortuga para que no me duela nada de nada. De repente vi el lago. “¿Ya llegamos?”. Sí, era la llegada, estaba a dos mil metros y todavía me sentía como si recién hubiera arrancado. Entonces tomé el último trago de agua y noté que se me había acabado. Otra variable a tener en cuenta, el agua del hidratador solo me alcanzó para 24 km.

Creí que debía ahorrar energía, ya sabía lo que era el dolor y esa sensación de no llegar más, ¡¡pero a diferencia de otras carreras esta se mi hizo cortísima!!

En la salida del dique estaba Martín esperándome, me tomó de la mano y cruzamos la meta juntos, sosteniendo la bandera del grupo que me habían encargado llevar. Nos abrazamos y fuimos con los demás.

Esta carrera la tomé como una simulación de lo que vendrá. Es fundamental la planificación y el ahorro de energía, al igual que prestar atención en las montañas. Cada uno de los ítems y detalles que fui observando y sintiendo quedaron registrados.

Me di cuenta de que yendo sola no me queda más que confiar en mí misma y escuchar a mi cuerpo. Ahí no aflojo, ya que sé que no tengo a nadie que me sostenga más que mis ganas y mis pensamientos. La automotivación es fundamental, pero los compañeros y los amigos son imprescindibles.

Semana 25: Día 171: Lo que me dejó la ex-Merrell de Tandil

Estas experiencias van decantando con el paso del tiempo, y me fueron surgiendo cosas que no puse en mi reseña del día de ayer. Me parece piola plantearlo.

El Club de Corredores organiza carreras realmente increíbles. Tienen cosas que mejorar (ya llegaré a eso), pero generalmente se caracterizan por una buena logística. Las carreras son bastante accesibles, y lo que uno pague en metálico vuelve de alguna forma, ya sea en los recuerdos (remera, medalla, etc), en los kits para corredores, y en la experiencia que uno vive.

Pero a veces la pifian, y en esta Adventure Race (¡¡¡cómo me cuesta no decirle “Merrell”!!!) capté algunos ejemplos. El principal es que a veces la pifian con el discurso. En un evento de tanto desgaste físico, con un día caluroso como fue el domingo, con todas las recomendaciones que dieron de “hidratarse bien”, ¿cómo pueden entregar “Eco de los Andes” en los puestos? A menos que uno sea hipertenso, el agua con bajo contenido de sodio es MALA para un atleta. Hay que reponer sales, NECESITAMOS el sodio… ¿acaso vale más el aporte de un sponsor que “lo mejor” para un deportista? Preferiría que entreguen agua de la canilla, o que no den agua, y que parte del desafío sea asegurarte tu propia hidratación.

Otro error que veo que cometieron, probablemente también por un tema de sponsoreo, fue regalar cerveza en la charla técnica y en el almuerzo post carrera. Sé que hay gente que tiene la firme convicción de que esta bebida es anti-oxidante, y que es beneficiosa luego de la práctica deportiva… yo prefiero que den agua sin sodio a alcohol, me parece inaudito… Y una cosa es que lo vendan en ese contexto, ¿pero que lo regalen? Cuando me quejé vía twitter, alguien me dijo que era San Patricio. Carna, el animador de la charla técnica, se sorprendió y dijo al micrófono que no tenía idea que ese sábado era esta fiesta. Así que no me consta que haya tenido que ver con el santo patrono de los borrachos. Y ya que estamos, me encantaría que ese almuerzo que año a año te regalan en Tandil tenga UNA opción vegetariana… ya es la cuarta vez que participo y me miran raro cuando pido mi hamburguesa sin hamburguesa… es cierto, los que no comemos carne somos minoría, pero en mi grupo, de 15 corredores, 3 no éramos carnívoros… Creo que después de una carrera no conviene tomar alcohol (por todo el esfuerzo que hacen nuestros órganos para purificar la sangre), me parece que además deberían otorgar algo para reponer hidratos, como pastas (pero bueno, el tema de la carpa del almuerzo no corre por cuenta de la organización, sino que está tercerizado).

Y otra cosa que me hizo ruido fue el discurso de Tagle, director de la carrera, cuando pidió a los deportistas que no tirasen basura en los cerros. Muchos llegan al puesto de hidratación, toman una botella y se la llevan para tirarla más adelante, y después se la pasaban limpiando las sierras, con todo el desgaste extra que eso tenía. La recomendación era tomarla en el puesto, no muy alejados, y dejarlas más a mano. Los deportes de aventura tienen mucho arraigo en disfrutar del aire libre, y son compatibles con una ideología ecológica. Me sorprende que el discurso haya sido “Por favor, facilítennos el trabajo” y no “Cuidemos el medio ambiente”, que me resulta una idea más poderosa. A estas cosas me refiero cuando digo que la pifian…

Pero no todos son palos. Los caminos estuvieron muy bien marcados, y -al menos en mi caso- el GPS me dio casi exactamente la distancia prometida (26,13 km). El día viernes llegamos a las cabañas y ya estaba indicado el sendero para la carrera del domingo. La salida fue ultra puntual, y fueron muy exigentes con los “colados”: en una tranquera, en el trayecto de la primera posta, los iban frenando. Sé que una vez me colé y es una práctica un poco infame. Pero aunque el costo de inscripción sea un monto lógico, es plata que uno invierte, y no es justo que otro haga uso de un servicio pago. La verdad es que si uno no se pudo inscribir, debería esperar a la siguiente oportunidad. Cuando fue la media maratón del año pasado y no llegué a anotarme, di un paso al costado. Admito que el año anterior hice lo contrario, y me avergüenza admitirlo… No se lo sugeriría a nadie.

El otro fuerte en estas carreras de aventura es la camaradería. Es fácil lesionarse, agotarse o deshidratarse. Está bueno ayudar al otro y sentir que uno puede apoyarse en un compañero de carrera, y hasta en un desconocido. Antes yo era bastante introvertido, pero el clima de estas competencias me fue soltando… ahora me encuentro dándole aliento a gente que no conozco, ofreciendo ayuda o agua a quien veo mal… y supongo que el día que necesite ayuda, conseguiré alguien en quien apoyarme. ¡Eso espero! Tengo la sospecha de que me van a ayudar…

El cambio del recorrido fue un cambio significativo, que tendrían que haberlo vendido como una mejora. Decidieron sincerarse y decir que hubiesen preferido que el camino no se alterase, pero he escuchado a muchos corredores elogiando esto. Entiendo la dificultad de encontrar caminos que, aunque sean difíciles, puedan ser medianamente transitables. No estaría mal que cada año tenga pequeños ajustes… yo lo aplaudiría con ganas.

Y podría seguir escribiendo eternamente, pero en su lugar voy a dejar algunas fotos de la Adventure Race Tandil 2012. Nada más que porque una imagen vale más que mil palabras…

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