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Desafío Pinamar 2016

Rumbo_a_Pinamar

Durante bastante tiempo estuve pensando en si tenía sentido reflotar este blog, que fue mi excusa para lograr cambios muy profundos en mi vida. Cuando completé el Spartathlon en 2014 no parecía que tuviese mucho sentido continuar con el blog sin tener un objetivo en vista. Y después de correr 246 km (164 km con una pierna desgarrada), tampoco tenía la urgencia para encontrar algo nuevo.

No sé bien cómo se me ocurrió (probablemente le haya copiado inconscientemente la idea a Niko Kierde, que hizo algo parecido al año pasado), pero estábamos preparándonos con el Puma Running Team para correr en Pinamar, más específicamente la Terma Adventure Race. Debe ser la sexta o séptima vez que la corro, y le tengo mucho aprecio porque fue mi primera carrera en toda mi vida, en la que Germán, mi coach, me recibió con un abrazo de llegada, y yo no entendía qué tenía de importante correr 7 km en arena (me subestimaba mucho, y demostró ser la base de todo lo que vino después).

Entonces, cuando me di cuenta de que extrañaba escribir en un blog y que necesitaba un objetivo que me llevara a seguir esforzándome física y mentalmente, pensé “En 2016 voy a correr a Pinamar”.

Pero no una carrera. Correr, literalmente, a Pinamar.

Quizá sean 380 km. Por ahí más. No hay presión de tiempo, puedo hacerlo en los días que quiera (entre cinco y seis deberían alcanzar). No sé todavía el camino, ni la logística que va a requerir, pero me tienta la idea de que mi llegada coincida con la Adventure Race Pinamar 2016, y recibir a mis compañeros de entrenamiento después de haber llegado a pie.

No hay organizador, pero tampoco hay costos de inscripción, ni requisitos que cumplir. Solo soy yo entrenando, bajo la guía de Germán que, al igual que yo, va a tener que sentarse a pensar cómo se logra algo así.

“Lo que no te desafía, no te cambia”, estoy diciendo últimamente, con mucha frecuencia. Me gusta aprender, y creo que sin importar si llegue o no, esta experiencia me va a cambiar mucho.

Semana 45: Día 311: Adventure Race Pinamar en imágenes

Hay dos versiones para esta historia. Una, la que pueden ver en las fotos. Un recorte hecho con una cámara, que captura un instante, eso que capta la lente cuando pasa frente a ella. La otra es una que está en mi cabeza, y que jamás voy a poder compartir. Es el enfoque del corredor, la mirada que baja constantemente al piso para ver en dónde te estás apoyando. Es recorrer a ambos lados con la vista y darte cuenta si estás solo o acompañado, si el que te pasa tan fresco está haciendo postas o si es un individual, es incandilarte con el sol, buscar la arena firme o el pasto del bosque donde hay más tracción. Es mirar el reloj para calcular cuánto te va a tomar llegar a la largada y entrentenerte mentalmente con esas inútiles cuentas. Todo eso es imposible de compartir, es eso que te queda adentro y que se transforma en experiencia. Para eso no hay fotos, mis amigos, así que pido miles de disculpas.

Se fue otra Adventure Race, diferente a todas, aunque con los mismos condimentos. En mi caso, si la vuelvo a correr, será en compañía de Vicky. Creo que me va a ser muy difícil mejorar mi tiempo de ese año, y es algo que ya no me quita el sueño. Casi diría que puedo colgar mis botines arenosos que será con la frente en alto y feliz. En 2011 llegué en la posición 170, y esos 7 minutos de menos de 2012 me ayudaron a llegar en el puesto 88. La próxima vez que ponga mis pies en Pinamar quisiera tomármelo con más calma, disfrutar un poquito más del paisaje y no pensar en si bajo mi marca o si puedo vencer al reloj. Me gustaría compartirlo con la persona que amo y vivir una carrera en equipo, compartiendo con alguien más esa historia que solo mis ojos pueden ver, y que quedan adentro de uno para siempre.

Semana 45: Día 310: Los 27 km de la Adventure Pinamar

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Llegó el mentado día en que, por cuarta vez en mi vida, corrí en los médanos y bosques de Pinamar. Y fue una jornada de sorpresas.
La que nunca termino de entender es que la hidratación sea con agua de bajo contenido de sodio, algo riesgoso para deportistas. Pero qué se puede esperar cuando te regalan un litro de cerveza en la acreditación (de hecho, esta bebida alcohólica debe tener más electrolitos que esa agua que dan).
Dejando de lado esos aspectos (que me sacan un poco de quicio) la organización estuvo bastante bien.
La gran sorpresa del día fue el clima. En la noche anterior nos morimos de frío, y cuando nos dirigimos al lugar de largada nos abrigamos muy bien: calzas, guantes, gorro, buzo rompeviento, pañuelo. Incluso la remera oficial de la carrera era de manga larga. Pero en cuanto se asomó el sol, todo ese abrigo resultó demasiado. Llegué a sacarme la ropa en exceso, excepto la calza larga porque requería que me desnudase. El pañuelo fue del cuello a la muñeca, lo que se volvió indispensable a la hora de secar la transpiración.
La salida fue súper puntual. Después de la cuenta regresiva, largamos. Pasamos por el típico embudo, con algunos codazos y empujones. Era inevitable, ya que al parecer había 3 mil inscriptos (según la organización).
El recorrido no fue muy distinto al del año pasado (si no fue el mismo). Largamos hacia la playa, por una calle paralela al mar. El hecho de que hubiese llovido días anteriores ayudó a que la arena estuviese más compacta.
Quería mejorar mi tiempo de 2011. Si la última medición que hice con mi nutricionista indicaba algo era que había mejorado de piernas, así que quería saber su podía hacer alguna diferencia.
Sé que el público del blog se renueva, pero me parece un abuso entrar en detalles de todo el recorrido. Para quienes no la conozcan la resumiré en 3 palabras: arena, arena y arena. Y no me quiero olvidar de la arena. Ese elemento creado por la naturaleza puerta torturar al hombre está omnipresente en Pinamar. Tanto en el hotel o cabaña donde te hospedes (sin importar cuánto barras) hasta cada kilómetro del recorrido. No olvidemos que la arena solo sirve para calcinarnos la plantea de los pies en verano y meterse dentro de cualquier prenda de vestir, en especial medias y zapatillas.
El trayecto de esta carrea lo solemos dividir entre las 4 postas, en el que la primera es paralela a la playa, la segunda es puro médanos, el tercero es bosques con suelo de arena y médanos, y el cuarto tiene una suma de todos los anteriores, más un poco de asfalto y pasto de un club de golf.
Me cuesta definir qué es más duro, si los médanos o el bosque. Ese poco rebote del suelo come las piernas y algo de los gemelos. Me sentí mejor que años anteriores, y creo que tuvo que ver con que estaba mejor entrenado. Apliqué dos técnicas que me funcionaron: subir las cuestas a paso corto o caminando, y alcanzar al que tenía adelante en las bajadas (eso cuenta como una misma técnica). Lo otro que hice, que me dio mucho resultado fue en los bosques. Resulta que el suelo está absolutamente ondulado, o sea que esta pesadilla de los competidores es una seguidilla de montículos, y uno está consyantemente subiendo y bajando, subiendo y bajando. Es tortuoso, y al ser arena quema tanto los pies como la cabeza. Yo resolví dar saltos de canguro e intentar pisar siempre en la parte alta de estos montículos. Me cuesta más explicarlo que hacerlo, pero si no se entiende me preguntan. Con esto lograba hacer un esfuerzo que me resultaba menor: prefería dar esos saltos que subir cada cuestita. Y como eso era más veloz, pasé mucha gente así.
Pero la gran sorpresa de este día fueron las polainas. Este adminículo que estuve buscando por años evitó que entrara arena en mis zapatillas. Fue casi mágico. Me evitó que perdiese valiosos minutos teniendo que poster, sacarme el calzado, vaciar toda la arena, y volverme a calzar. Eso también me hizo una diferencia.
Cuando pude, aceleré. Fue en pocas oportunidades, pero no las dejé pasar. Ya fuese arena firme, el asfalto de la Avenida Shaw, o el pasto del golf, le di todo lo que tenía.
Aproveché que la hidratación de está carrera está bien ubicada y corrí con el baticinturón y las 4 caramañolas. Eso da un litro de agua (CON sodio, despierten, Club de Corredores) más los geles. Sin peso en la espalda, sin arena adentro de las zapatillas, sin abrigo excesivo y con el pañuelo para secarme la transpiración, corrí muy cómodo. Al final, crucé la meta a las 2 horas 33 minutos, 7 minutos menos que el año pasado.
En la llegada pasó algo medio raro, que a algunos les molestó, pero a mí no. La medalla la entregaban en un mostrador, afuera del área de finalización de la carrera (a cambio de la entrega del chip). Calculo que esto era para agilizar la llegada y para que ningún colado se lleve una medalla que no por correspondía.
Por supuesto, para no ser menos, odié a la arena, y juré no volver a correr nunca sobre ella. Pero cuando crucé la meta ya sabía que todo eso era mentira, y que seguramente Pinamar me tenga de nuevo en 2013, cruzando sus bosques y sus médanos.

Semana 45: Día 309: Acreditándonos en Pinamar

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Como conté varias veces, Pinamar fue mi primera carrera, aunque en 2008 se llamaba “Merrell Adventure Race”. Hoy, sin ese clásico sponsor, se entregaban los kits para la edición que se va a correr mañana.
Luego de la trasnoche típica del viernes, con los chicos del grupo dormimos lo que pudimos y nos levantamos para desayunar. Sin importar lo que hagamos en días previos, el sábado empezamos a cuidarnos. Optamos por las pastas, dejamos el alcohol de lado y empezamos a sentir esas cosquillas en el estómago.
Voy a hacer una observación muy subjetiva. Otros corredores que habían madrugado nos adelantaron que en la acreditación regalaban un litro de cerveza. En otra oportunidad hubiese creído que era una broma, pero en la Adventure Race de Tandil entregaban latas de cerveza  gratis, tanto en la charla técnica como después de la llegada. Probablemente la falta del main  sponsor los haya forzado a aceptar a cualquier marca. Pero me parece que una cerveza es una pésima opción. No representan el espíritu deportivo ni está asociado a la salud. Hace mal tomar antes de la carrera (el hígado se queda  filtrando las toxinas y no la sangre), como también después. Y no te regalaban una latita, ahora daban una botella de litro por atleta. Me pareció lamentable. Creo que no hay que buscar apoyo económico a cualquier precio, y si está cerveza quisiese estar presente en eventos deportivos, deberían desarrollar una bebida afín (además de alcohol, regalaban una botellita de Gatorade).
Dejando de lado esta situación, que no deja de sorprenderme, la organización funciona como un violín, al igual que cada año. Por ejemplo, yo no estaba inscripto, por un error del Club de Corredores, y lo resolvieron al instante, con una buena atención y paciencia.
En el pro shop compramos geles y Vicky se hizo con una calza nueva. Lo bueno de estos puestos de venta es que suelen tener mejores precios que en tiendas, o descuentos por pago en efectivo. Suele ser una buena oportunidad de actualizar el equipo.
La remera de este año pareciera ser de una tela más finita que la de años anteriores, y el talle M, que me pido siempre, me queda corta de mangas pero perfecta de largo. Hay opiniones divididas en el grupo de si está buena o si va para atrás  (a mí me gusta).
El horario ideal para ir a la acreditación es a la mañana. Alguna vez fuimos por la tarde y nos quedamos sin talles de remera. Además quedamos muy sobre el pucho para resolver cualquier inconveniente en la inscripción. Hoy, cuando nos fuimos (más cerca del mediodía) el lugar estaba lleno de corredores haciendo largas filas. Confirmé que el mejor horario para acreditarse es temprano,antes de almorzar.
Solo queda no cansarnos, cenar hidratos (pero liviano), hacer un buen desayuno y a correr… pero abrigados. Parece que este año el clima no nos va a acompañar.

Semana 44: Día 302: Tiempo de reposo

Hoy hicimos un fondito de casi 13 km con algunas cuestas, y eso es lo último “fuerte” que vamos a hacer antes de Pinamar. Entramos en la etapa en la que hay que guardarse.
Es lo más complicado para un corredor: tener que bajar la intensidad antes de una competencia. Al menos en mi caso, nunca es suficiente, y siempre podría haber hecho más. Pero ahora que tuve un mes en el que sumé mucho kilometraje, no tiene sentido exigirme más.
Uno busca llegar al suya de la carrera en su mejor estado, y esa es la prioridad. Romperse por sobreentrenar (o sea calambres, esguinces, desgarros y cualquier lesión) va en contra de ese plan.
Así que ahora hay que aprender a dominar la ansiedad. Lo hecho, hecho está. Paciencia y a dedicarse solo a mantener lo que ya se hizo. Dos entrenamientos más (light) en la semana y la próxima vez que corra va a ser en las playas de Pinamar…

Semana 43: Día 300: Entrenando cuestas en la Ciudad de Buenos Aires

A los porteños siempre nos pasan el trapo en las carreras de aventura. No nos avergüenza. Sí, tenemos un orgullo desmedido, pero la verdad es que en muchos terrenos, como la montaña o los médanos, hacemos agua. No por nada en las competencias en arena ganan locales, al igual que en la altura. Ojalá eso significase que en calle la descosemos, pero tampoco es así.

Para entrenar para Pinamar nos la tenemos que ingeniar. No podemos contratar una empresa de construcción para que nos tire un volquete con arena en la esquina de casa. De hecho no sé si encontramos este terreno antes de conducir unas cuantas horas por la ruta. La costa de Buenos Aires es un río, y nosotros somos tan tontos que le damos la espalda, a diferencia de nuestra vecina Montevideo.

Una de las alternativas que tenemos es buscar calles empinadas y hacer cuestas ahí. Fortaleciendo las piernas obtenemos potencia, y hace que los médanos se hagan un poco más fáciles. Pero no es tan sencillo encontrar estas subidas. Se me ocurren las bajadas a la Avenida Paseo Colón, en dirección a Puerto Madero, pero ¿alguien podría correr en el microcentro, entre los automóviles y los millones de peatones? Así que hay que seguir pensando.

Sin irse al conurbano (donde hay menor densidad de población y más calles cuesta arriba), hoy opté para entrenar en escaleras. Por un lado, las de mi edificio. Es un ejercicio muy intenso. No me da quedarme entre 4 pisos (vivo en el 15), así que bajo para hacer algún trámite y subo al trote. Pero por otro, para quienes viven en planta baja o no quieren quedar como unos dementes ante el consorcio, comparto mi entrenamiento en las escaleras de la estación de Belgrano. Es imposible que no haya gente subiendo y bajando, pero es tranquilo y con un buen nivel de exigencia. Ya sea de a un escalón o de a dos, sentí cómo trabajaban los cuádriceps y, en menor medida, los gemelos.

Este tipo de escaleras, sobre las vías del tren, se encuentran en todos lados. Si lo combinamos con un fondo, podemos ir hasta Chacarita, donde merma la cantidad de autos y de gente, y encontrar una imponente escalera frente al Cementerio. En mi caso le escapé a la bajada de Virrey del Pino, que llega hasta la Avenida Luis María Campos. Tiene muchas salidas de autos y los conductores, por algún extraño motivo, hacen como que no te ven. Pueden pasarte por encima o frenarte el paso, y mientras uno los insulta y patalea, ellos miran hacia el lado exactamente contrario, como si fuesen sordos y cortos de vista.

Y en todas estas cosas andamos pensando los citadinos cuando queremos entrenar para hacer aventura. El destino quiso que Buenos Aires se fundase aquí, en la llanura, y millones de porteños la eligieron para vivir y para soñar, de vez en cuando, con poder escaparse de ella.

Semana 43: Día 295: Pinamar, mi primera carrera

Ya van varias veces que hablo de mi primera carrera, pero van 691 posts… creo que inevitablemente voy a empezar a repetirme.

Quizá la pequeña diferencia sea que esta vez me subí al DeLorean e hice un pequeño viaje al pasado.

La Merrell Adventure Race Pinamar 2008 fue mi debut como corredor. Me crucé con la foto que ilustra esta entrada y con algunos (pocos) comentarios que hice en un foro privado de nuestro grupo de running. Físicamente me reconozco, pero a la vez siento que he cambiado mucho. No me refiero a tener unos kilitos más que ahora (creo que, luego de esa foto, subí todavía más). En ese peinado que intentaba tapar mis entradas me veo con una inseguridad que ahora no tengo. Ese tipo sonriente todavía hacía terapia, vivía en su propia oficina en Paternal. Entrenaba desde hacía cuatro meses y le habían dado una remera que le quedaba como una carpa (tiempo después perdería esa prenda aunque fuese gigante, sin saber dónde iría a parar).

Ese joven de 30 años redonditos se encontraba por primerísima vez con una situación de carrera. Serían 7 kilómetros de arena y bosque y arena y pasto y arena. Terminaría “con lo justo”, y hacer el circuito completo iba a parecer todavía muy lejano. Le tomaría otro año entero animarse a salir desde la largada y llegar hasta la meta, en la misma carrera, con el mismo entusiasmo, pero con una rodilla lesionada.

Aquel corredor inexperto no tenía idea de lo que se avecinaba. ¿Un blog contando sus intimidades? ¿Correr una maratón? ¿Ultramaratones? Son cosas que eventualmente iban a llegar, pero que ni las imaginaba. Solo quedaría el recuerdo de la primera carrera, compartir un fin de semana con un grupo de desconocidos a los que los unía la pasión por correr. Los nervios de estreno, la ilusión de llegar y hacer que el grupo de postas se sintiese orgulloso. Esa experiencia de camaradería que se repetiría infinidad de veces.

Esa medalla sería la primera. Ese pibe que sonreía antes de largar la conservaría para siempre, junto a las que iban a sumarse después: primero adentro del placard, casi como si le diesen vergüenza; luego en una vitrina en el living (pero solo porque no iba a saber qué otra cosa poner ahí). Aquel corredor debutaría con el par de zapatillas que tenía a mano, el que le había alcanzado para comprar (unas Adidas de dudosa legitimidad). En esa experiencia no sentiría sed ni cansancio porque la distancia era corta, aunque la correría por primera vez. Cruzaría la meta de la mano de sus otros tres compañeros, cuando el reloj marcara las 3:02:13.

Pero la prueba tendría su anécdota final. Este corredor de la foto se enteraría, días más tarde, de que su equipo figuraba como primero en su categoría. El tiempo que les iban a asignar sería el de 1:50:18. El misterio se resolvería más tarde, cuando mirando una foto, la organización caería en cuenta de que un misterioso corredor había corrido de colado con nuestro número, el 2102.

Todas estas cosas volvieron a mí viendo las fotos, releyendo esos mails de julio de 2008, cuando intentábamos dilucidar las incongruencias en la clasificación. Y ahora estoy preparándome para la misma carrera, con más experiencia e, increíblemente, más entusiasmo.

Semana 42: Día 293: Haciendo escaleras, pero en casa

Desconozco lo que es llegar a una carrera sintiéndome que estoy absolutamente listo y que no necesité más entenamiento, dieta o descanso. Siempre siento que me faltan 5 para el peso, y cuando no me estuve recuperando de una lesión venía de curarme de una enfermedad, o no había podido dormir lo suficiente los días previos, o me tuve que saltear varios entrenamientos por diversas causas.

El motivo de que me pasen estas cosas se resume en una gran verdad: soy un obsesivo. Creo que aunque corra 8 veces por semana, me va a parecer que algo me faltó.

En poco más de dos semanas vamos a correr la Adventure Race de Pinamar. “Es un trámite”, dicen algunos, pero siempre termino puteando porque los médanos me detrozaron las piernas, o porque el bosque, con sus montículos y sus raíces, me hicieron torcer los tobillos o me aniquilaron las rodillas. Ya veremos de qué me quejo este año, pero por lo pronto decidí optimizar al máximo el entrenamiento. La clave para esta carrera es la fortaleza de piernas, así que empecé a subir los 15 pisos hasta mi departamento por escalera.

Empecé bajando, lo cual me mareó bastante. Por una cuestión lógica de gravedad + esfuerzo, bajé rápidamente, siguiendo cada vuelta que hay en cada piso, y en la planta baja intentaba disimular que todo seguía girando. Subir… eso fue otra historia.

Hay 16 escalones por cada planta, lo que da un total de 240. En subida, al trote, se me hincharon los cuádriceps y pensé que iba a romper los jeans como Lou Ferrigno en el Increíble Hulk. Seguro que usted me imaginaba vestido deportivamente, como mis amigos que me llaman por teléfono a cualquier hora y creen que siempre me encuentran entrenando. No, iba vestido de civil, y me mandé escaleras arriba, intentando que el portero no se dé cuenta porque me da vergüenza que noten que no subo por el ascensor.

Y fue un ejercicio intenso, agotador, y muy gratificante. Voy a aprovechar este entrenamiento relámpago que tengo a mi alcance. Creo que me sumo puntos para Pinamar, y el día que se vuelva a cortar la luz, no me quejaré y lo tomaré como otro ejercicio de fuerza de piernas.

Semana 42: Día 288: Preparándonos para los médanos

La Adventure Race de Pinamar está cada vez más cerca. Hoy aprovechamos el sábado y fuimos temprano al Club de Corredores a inscribirnos. Por primera vez no tuvimos que hacer fila y esperar hasta ser atendidos (porque, en otras oportunidades, llegamos al mediodía y no apenas abrían). Creo que la remera de este año, finalmente, va a valer la pena. Roja, de mangas largas, una tela suave… un gran contraste de ese trapo de tela azul que nos dieron en Tandil 2010.

La gran preocupación son las cuestas, y la dificultad de que sea arena. Vicky sabrá contarnos de dónde surge esta geografía (yo siempre imaginé enormes rocas erosionadas durante miles y miles de años por el viento), pero todos sabemos lo difícil que es correr en este terreno. Las piernas queman como nunca, y sentimos que nos quedamos en el mismo lugar. Lo mejor que podemos hacer es correr en cuestas, fortalecer las piernas, y cuando llegue el día de competir, no aflojar.

Este año pienso estrenar mis polainas, a ver si no me entra arena en las zapatillas. El miércoles me voy a comprar calzado nuevo, y lo voy a ablandar en los entrenamientos para poder estrenarlas en Pinamar. Pienso reincidir con Puma, que de las mejores son las más económicas. Todavía no sé el modelo.

Hoy hizo frío aunque estaba el día soleado. Con Vicky investigamos un poco Belgrano, buscando calles empinadas donde hacer cuestas. Bajamos por José Hernández, y luego de que casi nos atropellen dos veces (y gente grande… es increíble) optamos por la última cuadra antes de llegar a Libertador. Tiene buena inclinación, son 100 metros exactos, y la subimos corriendo 10 veces hasta que paramos para elongar.

No pareció suficiente, así que cruzamos la avenida hasta llegar a las vías. Hay una escalerita que cruza y baja, y metimos 20 escaleras (ida y vuelta). Ahí sí, los cuádriceps empezaron a quemar. Era pasado el mediodía, nos dio hambre y frío, así que decidimos cortar ahí nuestro improvisado entrenamiento y repetirlo mañana domingo. En esta etapa lo más importante es la fuerza de piernas, porque la resistencia ya la tenemos controlada.

Seguiremos fortaleciéndonos en estas semanas, y allá probaremos si las polainas hacen alguna diferencia en la arena. Espero que sí, hace casi un año que las compré y ahí están, guardadas y a la espera de ser estrenadas.

Semana 41: Día 282: Palpitando Pinamar

Confesión: no quiero ir a correr a Pinamar. Yo tenía ganas de participar en Yaboty, y volver a la selva en una época donde no me muriese de calor. Esta vez son 90 km en lugar de 100, y la excelente impresión que me llevé el año pasado me hacen querer volver a repetir la experiencia. Pero con Vicky decidimos priorizar al grupo, y nos vamos a la playa.

La ultramaratón que organiza la gente de Salvaje en Misiones es el 11 de agosto. No tiene margen para hacerse el loquito: es esa y no hay que superponerla con otra cosa. Pero la Adventure Race Pinamar (otra “ex-Merrell”) es el 5. Y es una competencia más accesible en cuanto a dificultad del terreno, cercanía a Buenos Aires y costo de traslado. Nos quedamos con ganas de Yaboty, pero en los Puma Runners hay muchos que van a vivir su primera experiencia compitiendo, entonces pasó más ir a lo clásico. Si las fechas hubiesen estado más separadas, la historia sería diferente, y con Vicky nos hubiésemos mandado a la ultra, aunque fuese solos. Pero no nos queremos perder un viaje en el que compartimos muchas cosas con nuestros compañeros de grupo. A veces uno toma estas decisiones y deja de lado lo que uno quiere hacer, para no perderse otra clase de experiencia. Es verdadera “aventura” a cambio de un mini-viaje de egresados.

Pero Pinamar tampoco es una papita. Tenemos compañeros que el año pasado tuvieron que abandonar, motivo de una deshidratación. La arena te come las piernas, y esto es un terreno constante en todo Pinamar. Es un circuito más corto, de 27 km, que se puede correr individual, en pareja o en posta de 4 personas. Creo que este año volveré a intentarlo solo, para ver si mejoro mi marca. Además quiero correr con el bati-cinturón y ver si eso me suma. Y desde 2008, que corro ininterrumpidamente en esta playa, me ha tocado un clima excelente. Me gustaría averiguar si la racha se mantiene, o si el clima se acuerda de que estamos en invierno.

Veremos… mientras tanto intentamos meter todos los fondos posibles y hacer muchas cuestas para acostumbrar a las piernas…

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