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El día de Star Wars 2015

El día de Star Wars 2015

La Carrera: La Star Wars Run comenzó en Argentina el 4 de mayo de 2014, exactamente el Día de Star Wars. El origen de esta celebración se encuentra en que la famosa frase “May the Force be with you” (“Que la fuerza te acompañe”), suena parecido a “May the fourth”, o sea 4 de Mayo en inglés. Lo que empezó como un chiste entre los fans se convirtió en una celebración mundial.

El año pasado, el Club de Corredores y Disney organizaron esta carrera de 6 kilómetros, donde convivían los que disfrutaban de correr, los fanáticos de las películas y los que se encontraban en la mitad.

Ya hacía rato habíamos compartido entrenamientos con el director y conductor Seba De Caro, y cuando me dijo que se quería anotar para correrla, no pude evitar acompañarlo. Quería estar ahí para ser testigo de su primer intento en una competencia, y más en esa distancia, todavía desconocida para él (con el correr de los meses la superó con creces).
Las diferencias de la edición 2015 fueron varias. Primero, Seba pasó a ser el conductor en la previa y la llegada, por lo que no pudo participar como corredor. Pero yo sí, y tenía conmigo a mi hermano Santiago. Esta vez le tocaba a él ser el debutante.

Segundo, la “gran” diferencia respecto a 2014 fue que esta vez se corrían 7 kilómetros. MIentras que el año pasado cada mil metros representaba a uno de los episodios (la trilogía original y la de las precuelas), en esta oportunidad, a pesar de que estamos anticipando el estreno de Episodio 7 el 17 de diciembre (el día de mi cumpleaños, para qué negar ese dato), esta vez no hubo más que carteles indicadores de los kilómetros, con un diseño discreto pero no alusivo a cada capítulo de la saga.

La tercera diferencia, y la que probablemente hacía más divertida esta entrega, fue que se podía optar por correr por el lado de la Fuerza o de la Oscuridad, con una remera azul para los buenos (con el escudo de los Rebeldes) y la roja para los malos (con la insignia del Imperio Galáctico). Yo me puse del lado de Luke y Yoda, mientras que mi hermano encaró para los Sith.

El evento estuvo atestados de fans, muchos disfrazados de pies a cabeza o con máscaras, sables de luz y maquillaje. El público era tan diverso que adelante estaban los que iban a ganar, en el medio los que corrían para llegar, y atrás los que caminaban y sacaban fotos. Todos recorrieron la distancia, se divirtieron y conmemoraron la saga que, a casi cuatro décadas de su debut, sigue capturando la imaginación de gente de todas las edades.

En lo personal, nunca había corrido con mi hermano. No tenemos poderes ni entrenamiento Jedi, pero sí un enorme aprecio porque somos mellizos (aunque por el poco parecido hay quienes dicen que venimos de madres distintas). Él me endiosa porque cree que no podría correr las distancias que yo corro, así que decidí compartir esta aventura con él y que conozca mi mundo desde adentro.

Tuve el buen tino de avisarle un día antes que le había gestionado una inscripción, y pasó por diversos estados: pánico, euforia, nervios, alegría. Finalmente, cada uno con su remera fosforescente, fuimos al Hipódromo de San Isidro y aunque hicieron dos largadas separadas por color de remera, faltando poquitos minutos para que el cronómetro diera inicio a la carrera, fusionaron los dos coloridos grupos y pudimos correr a la par.

Si bien habían prometido hidratación en la mitad de la carrera, no llegó hasta el kilómetro 5. Eso fue duro porque era a lo que le veníamos apuntando. Santiago hizo un esfuerzo enorme, inédito para él, ya que su vida como padre, empleado y músico no le dejan momentos para entrenar. No me separé de él en ningún momento, cuando sentía que no podía más intentaba distraerlo con otros temas, y aunque caminamos en tres oportunidades para recuperar el aire (por muy pocos metros), cruzamos la meta a toda velocidad. La música de la celebración del final de Episodio I nos acompañó en ese sprint final, y fue realmente mágico. Uno de los momentos más emotivos que viví en una carrera, y que promete ser el primero de muchos para la dupla Casanova hermanos.

Lo bueno: La remera, que brilla en la oscuridad, es un hallazgo. Alguien dijo que la de la Fuerza debería brillar en la luz, pero no se pudo. La organización estuvo bien (tampoco fue impecable) para lo que es gestionar a más de 10 mil corredores, más familiares y acompañantes en las gradas. La marea de remeras del mismo color es una vista imponente.

El plato fuerte de esta carrera fue sin dudas la conducción de Seba de Caro. No lo digo yo porque lo aprecio y es mi amigo, sino porque es así. Mi hermano, que solo lo conoce de la tele, lo vio hablando con el público y me dijo “¡Es un showman!”. La trivia de Star Wars, la química con el público, todo salió en tiempo, natural y divertido. No imagino alguien mejor para conducir este evento.

Lo malo: La hidratación debió haber estado mucho antes, en mi humilde opinión. Si bien 7 km no es un desafío para un corredor experimentado, los que encaran esta distancia por primera vez deberían tener una “excusa” para detenerse, hidratarse, y seguir. Además estaría bueno que dejaran de dar agua con bajo contenido de sodio, ya que solo está indicada para hipertensos. Quienes estamos bien de la presión arterial necesitamos sí o sí agua CON sodio.

Es imposible que con tanta convocatoria, las cosas no se vayan de las manos. Si bien todo salió de forma muy fluida, cuando los 10 mil corredores fuimos al guardarropas para buscar nuestras cosas y cambiarnos, reinaba el caos. No se sabía cuál era la cola, el orden, y aunque había como 30 personas de la organización organizando las devoluciones, se demoró demasiado. ¿Hay solución para esto? Posiblemente no, y la lección sea que quizá convenga no dejar las cosas en el guardarropas si después vamos a querer irnos rápido a casa.

El veredicto: Star Wars Run es una carrera muy divertida, que hay que vivir de punta a punta (en la previa, la competencia y la llegada). Lo que podía hacerse bien se hizo muy bien, y lo que podía fallar falló muy poco. El crecimiento que tuvo en un año pone la vara muy alta, y seguramente en 2015 la podamos disfrutar con los nuevos personajes que conoceremos este año.

Puntaje:
Organización: 9/10
Kit de corredor: 6/10
Terreno: 7/10
Hidratación: 7/10
Nivel de dificultad: Para cualquier corredor, en especial los que recién se inician.

Puntaje final: 7,25

Los 8 km de la Demolition Race Pinamar 2014

Demolition Race Pinamar 2014

La Carrera: Si tengo que hablar de historia, sin lugar a dudas la Adventure Race de Tandil es la más especial para mí. Esta fue mi primera carrera de aventura, y si no cuento las “maratones” del colegio a fin de año, directamente debería decir que fue mi primera carrera. Era parte de un equipo de postas y cuando terminé la que me correspondía, la última, mi entrenador Germán me abrazó y yo no entendí bien por qué. Subestimé mi esfuerzo y no supe ver, como él, que esto era solo el principio de algo más grande.

En mi debut estaba auspiciada por Merrell, hoy por Terma. El recorrido no varió mucho con el paso de los años, con un terreno casi exclusivamente en arena, con muy poco camino de tierra, calle y el maravilloso campo de golf que es un deleite para los pies. Es una prueba agotadora, no es para cualquiera, pero conquistarla es un placer enorme. Y si tenemos suerte, va a tocar un buen día que amerite pasar unos días en la playa antes o después de correr.

El kit del corredor, como en todas las Adventure Race previas, está compuesto principalmente por dos botellones de Terma que terminan cortando las correas de la bolsa. No me fijé si venía algo más, porque ya estar acarreando el kit por dos tiras colgando me resultó un poco fastidioso.

Lo bueno: Esta clásica carrera de ventura se corre en la ciudad de Pinamar cada año. Si bien todavía es un evento que podría tener mayor convocatoria, va ganando presencia en Facebook a medida que se acerca el día de la competencia, y en cada nueva edición pueden verse caras nuevas.

Es difícil hablar de la Demolition Race, porque después de participar en tres ediciones, podríamos decir que ninguna es igual a la anterior. No importa tu experiencia, cómo era el terreno, nada. Uno se entera a qué se enfrenta estando ahí.

Al ser una carrera chica, la organización se maneja a pulmón, y no es algo peyorativo. El kit del corredor es bastante austero comparado con cualquier otra competencia similar, pero en esta edición la calidad de la remera mejoró bastante de la de 2013, y muchísimo más que la de 2012. Hay un código particular, el de ir a darlo todo, con el que muchos entusiastas podrían identificarse.

Lo bueno: Si bien es una carrera corta, de 8 km, esta edición no fue para nada sencilla. Diversos obstáculos en todo el camino hacen que uno la corra agotado incluso antes de llegar a la mitad. Al menos en esta edición hubo que correr por arena suelta y por el bosque, saltar paredes, subirse a containers resbaladizos, echarse cuerpo a tierra, meterse al agua y la clásica trepada por un muro de tres metros, ayudados por una soga.

Es raro que el día no acompañe en diciembre (aunque podría pasar). En el día de la largada había mucho sol, y el recorrido tenía bastante reparo, sobre todo cuando uno se internaba en el bosque. Los voluntarios asistieron muy bien, ofreciendo ayuda, agua y servicio médico a quienes lo necesitaran.

Lo malo: Si bien, como dije, la organización está hecha a pulmón y los voluntarios le ponen, valga la redundancia, mucha voluntad, el hecho de que nunca hagan un recorrido igual he decidido ponerlo como algo negativo. Es cierto que se trata de una carrera corta, pero en base a la experiencia del año anterior convencimos a muchos debutantes para que participen y terminaron agotados, algunos llorando. La camaradería que tienen los corredores hizo que muchos obstáculos fueran sorteados gracias a la ayuda entre nosotros, como el caso del container cuyo techo era peligrosamente resbaladizo.

Ciertos detalles dan la sensación de que las cosas son medio caóticas. En la largada, la explicación del recorrido y todos los obstáculos que íbamos a encontrar resultaban tremendamente confusos. Arrancamos con unas bolsas que debíamos cargar de, supuestamente, un kilo de arena, pero a mí se me hicieron como cinco, y no había dos paquetes iguales: el de algunos era la mitad que el mío. Y lo peor de todo fue que no alcanzó para todos, algo que debería preverse teniendo en cuenta la cantidad de inscriptos.

Aunque los puestos de hidratación estaban estratégicamente ubicados a la sombra, es muy desagradable hidratarse con agua a temperatura ambiente (o sea, caliente). Entiendo que a veces el clima suma y a veces resta, y también que los recursos están bastante ajustados a una carrera que, todavía, necesita tiempo para crecer, pero cuando uno está en un evento donde quiere darlo todo, espera lo mismo de los organizadores.

Y mi GPS, al que le creo, me dio 7 km. Con lo agotado que estaba, agradecí ese kilómetro de menos, pero no creo que a todos les agrade del mismo modo.

El veredicto: Si bien la Demolition necesita unos minutos de horno para convertirse en una carrera obligatoria en el calendario anual del running, algunos van a encontrar que el hecho de que no haya dos ediciones iguales es un gran componente en el desafío. Lamentablemente no podría recomendarle esta carrera a un debutante, a menos que yo supiera que es fanático de los campamentos militares y que tiene mucha energía para gastar. Yo mismo me considero un corredor experimentado y en el primer obstáculo tropecé y me lastimé mucho la pierna (pero culpo más a mi ineptitud y ansiedad que a la organización). En resumen, la Demolition no deja de ser una experiencia que vale la pena vivir, no para cualquiera, y que tiene muchas cosas que ajustar.

Puntaje:
Organización: 6/10
Kit de corredor: 3/10
Terreno: 10/10
Hidratación: 6/10
Nivel de dificultad: Para corredores experimentados o debutantes suicidas

Puntaje final: 6,25

Semana 43: Día 299: Los 7km de Kleenex

Por suerte se alinearon los planetas, y casualmente en el día 300 de mi entrenamiento tuve una carrera. Venía super-oxigenado de Perú, entusiasmado por haber vuelto a entrenar con mi grupo, y con ganas de estrenar mis guantes primera piel en una competencia. Una forma de festejar este número mítico a lo grande.

Pero, por supuesto, aunque uno planee las cosas, no siempre salen como uno las imagina.

Quizá exagere, pero esta mañana me pareció el día más frío del año. Nos juntamos con los Puma Runners a desayunar. Generalmente conseguimos inscripciones gratis por ser auspiciados por la marca del pumita, y siempre pasa que corro con el chip de otra persona. No es la muerte de nadie, pero tampoco está bueno terminar con un tiempo y que en el excel de los resultados aparezca algo completamente distinto. Esta vez, desayuno mediante, teníamos tiempo de organizarnos, repartir los kits, y evitar que yo me vuelva a quejar.

“¿No hay chip?”, pregunté. “No, para esta carrera no hay”, me respondieron con total seguridad. No es la primera vez que participo en una competencia donde es uno el que tiene que controlar su tiempo de llegada. Eran relativamente pocos kilómetros, así que no me sorprendió.

Nos abrigamos y salimos hacia la largada, en Monroe y Figueroa Alcorta. La policía ya estaba controlando y cercando las inmediaciones de la cancha de River, para el partido que significaría su descenso a la B Nacional. El conductor que nos llevó hasta la carrera, nuestro amigo Mak y fanático del millo, tenía muy pocas esperanzas para su equipo.

Tenía mis dudas si correr en pantalón corto o no. Tuve un momento de iluminación, y antes de bajar me puse unos calzoncillos largos de lana. No son tan glamorosos como unas calzas, pero abrigan y es lo que importa. Cuando tomé contacto con el exterior, entendí que estaba tomando la decisión correcta. No sé cuánto marcaría el termómetro, pero se sentía como si uno fuese a escupir cubitos de hielo. Trotamos para entrar en calor, estiramos un poco y fuimos a la salida. Es importante tratar de salir adelante, sobre todo si no tenemos chip que nos descuente el tiempo que tardamos en pasar por debajo del arco.

Como siempre, comenzaron antes las categorías especiales, acompañado de un aplauso enguantado del resto de los corredores. A las 9:30 de la mañana, el cronómetro llegó a cero, y largamos. Después de ese fastidioso embudo en el que uno recibe no menos de cinco codazos y empujones, encontré una abertura y empecé a correr, con zancada larga y acompañando con los brazos. ¿Cuánto tiempo aguantaría ese ritmo? No demasiado.

El frío era tal que me lloraban los ojos. A los pocos metros noté que me costaba respirar. Estaba congestionado, y no ingresaba el aire suficiente. Si inspiraba por la boca me arriesgaba a enfermarme de la garganta, así que aguanté todo lo que pude. Pasé el km 1 a los 3 minutos, 30 segundos. Si sostenía esa velocidad, haría la mejor carrera de mi vida. Mi objetivo era llegar abajo de 28 minutos, y si empezaba fuerte, tenía margen después.

Pero respirar era muy dificultoso. No tenía frío, eso era algo. Crucé el km 2 a los 7:20, eso significaba que mi velocidad había bajado bastante. Nada alarmante, necesitaba concentrarme en encontrar mi ritmo y mantenerlo. Pero en cada control, el cronómetro me señalaba que iba un poquito más lento. En el km 3 me acostumbré a mi nariz tapada o se destapó un poco, porque empecé a respirar con más naturalidad. La ruta de la carrera era muy conocida por mí, en la zona de los lagos de Palermo. Por esta etapa noté que el cordón de mi zapatilla izquierda se había desatado. Los segundos contaban, así que decidí no darle importancia (y no pisarlos).

No estaba seguro de si aumentar la velocidad o aguantar hasta ver la meta. No encontraba tampoco ningún corredor para “sentarme” e ir a su ritmo. O los pasaba, o me pasaban y los perdía de vista. Reconozco que correr en la calle me gusta. Es una experiencia muy diferente a las carreras de aventura, pero siento que el paso es seguro, sin riesgos a torceduras o tropezones.

Crucé el km 6 a los 24:30. Si sostenía esa velocidad crucero, no iba a cumplir mi meta. Empecé a aumentar la zancada. Tenía que hacer la misma velocidad de cuando arranqué. ¡Muy difícil! Esperé al sprint para cuando viese la llegada. Comenzó a asomarse atrás de una curva, y piqué. Con todas mis fuerzas. No podía distinguir qué decía el cronómetro. Cuando estaba a unos 20 metros, vi que marcaba 28 minutos exactos. Pasé por debajo del arco 5 segundos después.

Estaba feliz y atontado, esa típica sensación que uno tiene al llegar a la meta. Me dieron agua helada, y me recordó a las botellas calientes que repartían el 31 de diciembre en la San Silvestre. Mientras avanzaba, intentando pelar una banana con guantes, veía que los otros corredores llegaban y entregaban su chip. Sí, era con chip. Recibimos un mal dato, y ninguno podrá contabilizar su tiempo. Por suerte llegué justo antes que una mujer, así que entre lo que indicaba el cronómetro y ese dato, me sirvió para ubicarme y calcular mi carrera en 28:03 neto. Creo que en la general hubiese llegado en la posición 60, así que, aunque no logré mi objetivo por 4 segundos, me siento bastante orgulloso con este resultado.

Afortunadamente los calzoncillos largos me protegieron en la post-carrera, mientras esperaba la llegada del resto. Mientras corro no suelo tener frío en las piernas, pero el tema con estas temperaturas es cuando uno deja de hacer actividad física. No hay que subestimar al invierno.

Cuando nos juntamos todo el grupo, nos fuimos a hacer un segundo desayuno, esta vez con sanguchitos de miga. Charlamos, nos divertimos un rato, y sin que nadie lo supiera, festejamos 300 días de entrenamiento.

Faltan sólo 64 para el final de las 52 semanas…

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