Archivo del sitio

Semana 45: Día 310: Los 27 km de la Terma Adventure Race 2013

image

El viernes publiqué sobre las ventajas de actualizar tel blog desde el teléfono. Ahora, en la ruta (son las 19:23), volviendo a casa… y blogueando. Prometí ser buen copiloto y no dormirme. Espero poder cumplir.
Esta Adventure Race en Pinamar no fue muy diferente a otras. Las cosas que siempre funcionan, funcionaron. Las que no, fallaron también, pero son pocas.
Empiezo con las cosas que creo que el Club de Corredores hace mal. Primero, la más grave: siguen dando agua baja en sodio en los puestos de hidratación. Obviamente es una cuestión de sponsors, pero para mí pone en riesgo la salud de todos los atletas que no sufrimos hipertensión. Segundo, por motivos similares, tienen a Quilmes de sponsor. Sin embargo, este año regalaban cerveza sin alcohol. Sigo sin entender que hace ese producto acá, en un evento deportivo, pero a la vez me parece preferible a cuando regalaban bebidas alcohólicas. Otra cosa que me molestó eran los cuatriciclos. En un momento se me puso una atrás y me hacía sentir muy presionado: no sabía si me iba a pasar o no, si hacer un paso al costado o qué…  Además el humo de los caños de escape son menos deportivos que la Quilmes… Pero como ven son pocas cosas para una carrera muy bien organizada.
Con los Puma Runners nos levantamos temprano, desayunamos y salimos a la largada. Me fui todo lo adelante que pude, lo que me significa una ventaja estratégica. Pero un grupo de chicas se ofendió y se quejaba del grupo que se armó de buceadores de multitudes. “¿Es necesario, qué ganás adelantándote?”, “Hubieran venido más temprano”, y “¿Hace falta que me claves la mochila?” fueron algunas cosas que mascullaron entre dientes. No tenía ganas de polemizar, aunque me sentí muy incómodo, pero sí, hacía falta adelantarme para escaparme del malón de la largada, no era la fila del PagoFácil sino la largada de una carrera, y no le clavé la mochila a nadie. De hecho se cruzaron de brazos y me clavaron un codo en las costillas, como si fuese accidental. Creo que las salidas son todas así, con muchos ansiosos queriendo adelantarse. Además, ¿vale la pena hacerse mala sangre por algo que hace una persona que veremos más de tres minutos en toda nuestra vida?
Por suerte esa tensión la pasé apenas crucé la largada. Gracias a haberme adelantado, no sufrí un embudo, crucé el arco a pocos segundos de que el cronómetro se puso en cero, y el estar adelante hizo que no esté esquivando las pisadas de otros en la playa.
Los primeros 5 km fueron, como siempre, por la costa. Todos íbamos pisando la arena húmeda porque era la más firme. Las olas,  a veces, se acercaban peligrosamente a nuestros pies, y teníamos que saltar al costado para esquivarlas. Como sabía que en los médanos me iba a costar, apreté en este tramo todo lo que pude.
Obviamente que la arena blanda siempre nos nivela a todos. Ahí no pude evitar bajar la velocidad y pasar de una zancada abierta a dar pasitos cortos.
Tengo entendido que los médanos son 11 km de toda la carrera. Es bastante frustrante correr en arena suelta, porque absorbe el impacto de la pisada y no lo devuelve, a diferencia de terrenos más duros como el asfalto (que sería el extremo opuesto, que devuelven demasiado).
Hasta ahí mi carrera era complicada. No me sentía cómodo, me quemaba las piernas en las subidas y me sentía muy cansado. Me tomé un gel en el km 10 y no me cayó bien al estómago. Pero esta Pinamar fue un cambio rotundo para mí. Noté algo que me cambió esta carrera para siempre.
Empezó con un dolor en la cara externa de los tobillos. ¿Por qué me dolía justo ahí? Decidí avanzar mirándome otras pies, con más atención que lo habitual. Me sorprendió ver todo lo que se doblaban hacia adentro. Sabía que tenía una pequeña pronación (oficialmente mi pisada es neutra), pero se ve que la irregularidad del terreno hacía que se metieran más para adentro.
Decidí concentrarme en pisar derecho. Esto me obligaba a estar pendiente de mis pasos, pisando (forzadamente) más con la parte externa de los pies. ¿Cómo creen que me fue? Increíblemente mejor.
Si alguien me preguntaba si algo así era una buena idea, hubiese supuesto que no. Pero hice otra carrera. No sé bien por qué me resultaba más fácil correr por la arena y el bosque. Quizá me motivó más que no me doliesen más los pies, pero lo cierto es que mejoré muchísimo mi rendimiento.
También apliqué un truco que aprendí en estas Pinamar, que fue no seguir las subidas y bajadas del bosque. A ver si me sé explicar: el terreno en esta parte son montículos bajos de arena y pinocha que suben y bajan todo el tiempo. Otras piernas y la cabeza se queman siguiendo estos senderos. En lugar de dar pasos cortos, saltaba de cima en cima, abriendo las gambas… y con mi nueva pisada más paralela, empecé a pasar corredores.
No me quiero detener en las complicaciones de correr en las playa. Además de que quema piernas, la arena se mete en las zapatillas, algo terriblemente incómodo.
En el kilómetro 20 me tomé el segundo y último gel. Además de aprovechar dos vasos de Gatorade, comí unos trozos se banana. En el asfalto apreté todo lo que podía y en el último tramo por la costa también. Siempre me sentí cómodo y con resto, a pesar de que casi me acalambro el gemelo derecho en una parte (fue un instante y pasó).
Hay un tramo, de 10 metros o menos, donde uno sube desde la playa al asfalto y corre los últimos 100 metros. Es la parte más difícil, aunque sea corta, porque uno está harto de arena y de correr por superficie blanda. Pero, como todo, se pasa.
Al final metí un sprint furioso y crucé la meta en dos horas y veintiocho minutos exactos, todo un récord para mí.
Me sentí muy contento y me quedé pensando… ¿Realmente me ayudó el cambio en mi pisada? Es una pregunta que solo podré responder corriendo más carreras y desarrollando más aún la experiencia y el entrenamiento.

Semana 45: Día 311: Adventure Race Pinamar en imágenes

Hay dos versiones para esta historia. Una, la que pueden ver en las fotos. Un recorte hecho con una cámara, que captura un instante, eso que capta la lente cuando pasa frente a ella. La otra es una que está en mi cabeza, y que jamás voy a poder compartir. Es el enfoque del corredor, la mirada que baja constantemente al piso para ver en dónde te estás apoyando. Es recorrer a ambos lados con la vista y darte cuenta si estás solo o acompañado, si el que te pasa tan fresco está haciendo postas o si es un individual, es incandilarte con el sol, buscar la arena firme o el pasto del bosque donde hay más tracción. Es mirar el reloj para calcular cuánto te va a tomar llegar a la largada y entrentenerte mentalmente con esas inútiles cuentas. Todo eso es imposible de compartir, es eso que te queda adentro y que se transforma en experiencia. Para eso no hay fotos, mis amigos, así que pido miles de disculpas.

Se fue otra Adventure Race, diferente a todas, aunque con los mismos condimentos. En mi caso, si la vuelvo a correr, será en compañía de Vicky. Creo que me va a ser muy difícil mejorar mi tiempo de ese año, y es algo que ya no me quita el sueño. Casi diría que puedo colgar mis botines arenosos que será con la frente en alto y feliz. En 2011 llegué en la posición 170, y esos 7 minutos de menos de 2012 me ayudaron a llegar en el puesto 88. La próxima vez que ponga mis pies en Pinamar quisiera tomármelo con más calma, disfrutar un poquito más del paisaje y no pensar en si bajo mi marca o si puedo vencer al reloj. Me gustaría compartirlo con la persona que amo y vivir una carrera en equipo, compartiendo con alguien más esa historia que solo mis ojos pueden ver, y que quedan adentro de uno para siempre.

Semana 45: Día 310: Los 27 km de la Adventure Pinamar

image

Llegó el mentado día en que, por cuarta vez en mi vida, corrí en los médanos y bosques de Pinamar. Y fue una jornada de sorpresas.
La que nunca termino de entender es que la hidratación sea con agua de bajo contenido de sodio, algo riesgoso para deportistas. Pero qué se puede esperar cuando te regalan un litro de cerveza en la acreditación (de hecho, esta bebida alcohólica debe tener más electrolitos que esa agua que dan).
Dejando de lado esos aspectos (que me sacan un poco de quicio) la organización estuvo bastante bien.
La gran sorpresa del día fue el clima. En la noche anterior nos morimos de frío, y cuando nos dirigimos al lugar de largada nos abrigamos muy bien: calzas, guantes, gorro, buzo rompeviento, pañuelo. Incluso la remera oficial de la carrera era de manga larga. Pero en cuanto se asomó el sol, todo ese abrigo resultó demasiado. Llegué a sacarme la ropa en exceso, excepto la calza larga porque requería que me desnudase. El pañuelo fue del cuello a la muñeca, lo que se volvió indispensable a la hora de secar la transpiración.
La salida fue súper puntual. Después de la cuenta regresiva, largamos. Pasamos por el típico embudo, con algunos codazos y empujones. Era inevitable, ya que al parecer había 3 mil inscriptos (según la organización).
El recorrido no fue muy distinto al del año pasado (si no fue el mismo). Largamos hacia la playa, por una calle paralela al mar. El hecho de que hubiese llovido días anteriores ayudó a que la arena estuviese más compacta.
Quería mejorar mi tiempo de 2011. Si la última medición que hice con mi nutricionista indicaba algo era que había mejorado de piernas, así que quería saber su podía hacer alguna diferencia.
Sé que el público del blog se renueva, pero me parece un abuso entrar en detalles de todo el recorrido. Para quienes no la conozcan la resumiré en 3 palabras: arena, arena y arena. Y no me quiero olvidar de la arena. Ese elemento creado por la naturaleza puerta torturar al hombre está omnipresente en Pinamar. Tanto en el hotel o cabaña donde te hospedes (sin importar cuánto barras) hasta cada kilómetro del recorrido. No olvidemos que la arena solo sirve para calcinarnos la plantea de los pies en verano y meterse dentro de cualquier prenda de vestir, en especial medias y zapatillas.
El trayecto de esta carrea lo solemos dividir entre las 4 postas, en el que la primera es paralela a la playa, la segunda es puro médanos, el tercero es bosques con suelo de arena y médanos, y el cuarto tiene una suma de todos los anteriores, más un poco de asfalto y pasto de un club de golf.
Me cuesta definir qué es más duro, si los médanos o el bosque. Ese poco rebote del suelo come las piernas y algo de los gemelos. Me sentí mejor que años anteriores, y creo que tuvo que ver con que estaba mejor entrenado. Apliqué dos técnicas que me funcionaron: subir las cuestas a paso corto o caminando, y alcanzar al que tenía adelante en las bajadas (eso cuenta como una misma técnica). Lo otro que hice, que me dio mucho resultado fue en los bosques. Resulta que el suelo está absolutamente ondulado, o sea que esta pesadilla de los competidores es una seguidilla de montículos, y uno está consyantemente subiendo y bajando, subiendo y bajando. Es tortuoso, y al ser arena quema tanto los pies como la cabeza. Yo resolví dar saltos de canguro e intentar pisar siempre en la parte alta de estos montículos. Me cuesta más explicarlo que hacerlo, pero si no se entiende me preguntan. Con esto lograba hacer un esfuerzo que me resultaba menor: prefería dar esos saltos que subir cada cuestita. Y como eso era más veloz, pasé mucha gente así.
Pero la gran sorpresa de este día fueron las polainas. Este adminículo que estuve buscando por años evitó que entrara arena en mis zapatillas. Fue casi mágico. Me evitó que perdiese valiosos minutos teniendo que poster, sacarme el calzado, vaciar toda la arena, y volverme a calzar. Eso también me hizo una diferencia.
Cuando pude, aceleré. Fue en pocas oportunidades, pero no las dejé pasar. Ya fuese arena firme, el asfalto de la Avenida Shaw, o el pasto del golf, le di todo lo que tenía.
Aproveché que la hidratación de está carrera está bien ubicada y corrí con el baticinturón y las 4 caramañolas. Eso da un litro de agua (CON sodio, despierten, Club de Corredores) más los geles. Sin peso en la espalda, sin arena adentro de las zapatillas, sin abrigo excesivo y con el pañuelo para secarme la transpiración, corrí muy cómodo. Al final, crucé la meta a las 2 horas 33 minutos, 7 minutos menos que el año pasado.
En la llegada pasó algo medio raro, que a algunos les molestó, pero a mí no. La medalla la entregaban en un mostrador, afuera del área de finalización de la carrera (a cambio de la entrega del chip). Calculo que esto era para agilizar la llegada y para que ningún colado se lleve una medalla que no por correspondía.
Por supuesto, para no ser menos, odié a la arena, y juré no volver a correr nunca sobre ella. Pero cuando crucé la meta ya sabía que todo eso era mentira, y que seguramente Pinamar me tenga de nuevo en 2013, cruzando sus bosques y sus médanos.

Semana 25: Día 169: La Merrell que no es Merrell

Luego de una noche de relax en Tandil, nos despertamos bien entrado el día. Yo no soñé con la carrera, sino con que era un astronauta con superpoderes en la Luna (y la verdad, no me quejo).
Más cerca del almuerzo que del desayuno, decidimos ir a buscar el kit de la carrera y después comer. Buscamos, como buenos animales de costumbres, el mismo lugar de acreditación que años anteriores. Esa fue una señal a la que no le di importancia: la sede era otra.
Tendría que haber sospechado algo cuando en la web del Club de Corredores hablaban de la “Adventure Race” a secas, sin mencionar a Merrell, que fue sinónimo de estas competencias durante tantos años. Pero dejé pasar el dato.
Cuando estábamos a una cuadra, alguien me dijo que Merrell no era más el auspiciante principal. No lo podía creer.
Sé que ser main sponsor es  algo bastante caro. Desconozco los motivos. Pero sé sintió raro. Más aún cuando recibimos el kit en una bolsa blanca de papel, sin ningún impreso. Esas cosas hacen una diferencia.
Pero no todos los cambios asustan. El recorrido es diferente, no sé cuánto, pero algo ser mí cuarto Tandil es algo que me entusiasma. Encima el recorrido nuevo pasa a 20 metros de nuestra cabaña, lo que tomaré como una buena señal.
Mañana por la mañana veremos qué tal es esta nueva  Merrell, a la que no le podemos decir más Merrell.

Semana 23: Día 158: Tandil 2012

Se viene, una vez más, la Merrell Adventure Race de Tandil 2012. Así como en algún momento se jugó la Copa Toyota Libertadores, esta carrera tiene un main sponsor justo encabezando el nombre. En mi caso, como seguramente le pasó a muchos corredores, no sabía de la existencia de esta marca. O sea que, como estrategia de marketing, funciona.

Si empiezo a analizar por qué cada año vamos en malón a este evento, podría suponer que no es por la geografía, ni su gente, ni los quesos ni los salamines. Quizás podrían hacer la Merrell Adventure Race en San Pedro, y también movilizarían a más de 2 mil corredores. Pero, al menos para nuestro grupo, esto es como un viaje de egresados, combinados con una exigente carrera. O sea, vamos un poco por la joda, otro poco por competir.

Da la casualidad de que va a coincidir con nuestro aniversario con Vicky. Así que nos vamos a escapar el viernes 16 hacia Tandil, veremos algunas rocas para mi chica geóloga, y yo me lamentaré constantemente de que no tengo buena señal 3G. Pero bueno, hace un año la invité a participar con nosotros en una posta, y no pudimos evitar enamorarnos inmediatamente. Nos la pasamos el viaje de ida (con escala en Mar del Plata), haciendo chistes de Los Simpson, Les Luthiers, y compitiendo a ver quién sabía más sobre Batman (debo decir que gané). Hoy lo recuerdo y tengo esa mezcla de que fue hace tan poco, y a la vez hace tanto…

Hoy Tandil tiene, además de esa connotación de viaje de fin de curso, el gusto especial que tiene esta relación. Será que los lugares representan distintas cosas para cada uno, independientemente de si tienen mar, bosque o sierras. Para Vicky y para mí, además, es un escalón antes de Patagonia Run (a la que todavía no le pusieron un sponsor en su título), donde ella va a competir en los 63 km y yo en los 100.

Algunos van a disfrutar del paisaje. Otros de la comida. Algunos van a competir. Nosotros vamos a todo eso. Y a disfrutar de otro año de running, aventura, joda y amor. ¿Se puede pedir más?

Semana 49: Día 341: Los 27 km de la Merrell Adventure Race Pinamar 2011

Llegando a la meta, con mis últimas fuerzas

Voy a sacarme esto del pecho primero que nada: odio la arena. Cada vez que corro en Pinamar, me insulto, me arranco los pelos de las cejas (porque estoy pelado) y juro no volverlo a hacer. La arena se mete en las zapatillas, te obliga a retrasar muchísimo el ritmo, y te quema los cruádriceps. Pero eso es durante el trayecto, cuando termino me siento orgulloso y seguramente en unos meses prometa volver a participar en 2012.

Para esta Merrell hice algunas cosas bien, otras mal, así que me siento un poco nivelado. En principio, evité desde el día de ayer consumir fibras, y asumo que por eso no tuve problemas estomacales. Creo que es la primera vez que en una carrera de tantas horas zafo de esta molestia. Por el otro, mantuve mi estrategia de siempre, de apurar el ritmo al principio e ir acomodándome después, y creo que por eso me dio un fuerte dolor en el bazo (el mentado “flato”) y tuve que bajar muchísimo la velocidad. Pero en general hice una carrera que me dejó satisfecho.

Me preparé como siempre, desayunando temprano. Me cargué el camel con agua, guardé en sus bolsillos los geles y pasas de uva, una banana, cinta hipoalergénica, vaselina sólida y solución fisiológica. La carrera empezaba a las 10, así que 9:30 estábamos con los Puma Runners elongando en la playa. La idea era salir todos juntos y tomar unas buenas fotos grupales, pero no sabían con quién estaban lidiando, así que en la primera oportunidad me separé del grupo y me fui adelante de todo. Yo juré que esto de cortarme solo lo voy a dejar de hacer cuando termine Semana 52. Durante este año intenté siempre hacer el mejor tiempo posible, y esto de irse abajo del arco es clave para escaparle al embudo y no perder segundos (o minutos) valiosos. Lo prometo, lo dejo por escrito: dejo de ser un asqueroso a partir de septiembre.

La salida fue 10:05, según mi reloj nuevo. Marqué mi cronómetro y largué a toda velocidad. Empecé con un ritmo de 3:30 el kilómetro. Mi idea era hacer menos de 3 horas, así que si iba a 5 minutos el kilómetro iba a estar bien. Por supuesto, no importa cuánto planifiquemos las cosas, siempre surgen imprevistos. Mientras avanzaba sobre la arena, inevitablemente bajaba mi velocidad. El reloj andaba de maravilla, y podía ver al instante la distancia que estaba haciendo. Nos metimos en los médanos, pasando la primera posta, y ahí empezaron las subidas más complicadas. En el km 8 me tomé un gel, porque ya sentía las piernas cansadas y temía quemarme.

Me empezó a doler el costado muy fuerte. Empecé a disminuir la velocidad, buscando que pase ajustando mi respiración. Cuando llegué al km 10, mi reloj se detuvo. No entenía qué había pasado. Lo puse en cero y le di start. Un kilómetro después, se volvió a detener. Y a menos que lo reseteara, no había forma de que empezara nuevamente. Tuve una iluminación y recordé que le había metido algo al seteo, sin saber bien qué estaba haciendo. Calculo que establecí una velocidad promedio de 5 minutos el kilómetro, algo imposible para mí en los médanos. Cuando bajaba demasiado de ese ritmo, el bendito reloj se enojaba y se detenía. Lo ajusté y ahí aguantó hasta el final.

En cada posta me tomé un gel, y luché contra el dolor de cuádriceps que me acompañó los últimos 10 km. Atravesé los diferentes terrenos (bosque, arena, asfalto) a pura fuerza de voluntad. Me sentía bien, pero le estaba poniendo todo lo que tenía.

Vi la meta desde la playa (durísima, después de estar 25 km corriendo) y crucé la meta en 2 horas, 40 minutos, 30 segundos. Cumplí mi objetivo de dejar atrás la paupérrima performance del año pasado, cuando corrí con resaca. Vicky corría los 27 km por primera vez, así que dejé de lado el estado de agarrotamiento general, y volví a buscarla. Corrimos el último kilómetro juntos, de la mano en muchos momentos (esto, además de por cuestiones románticas, obedecía a que yo tenía las manos heladas y ella hinchadas… nos complementamos perfectamente).

Saqué muchas conclusiones de esta carrera. Pero prefiero seguir meditándolas para desarrollarlo mañana. Estoy muy contento de haber mejorado mi tiempo, de haber acompañado a Vicky en su debut de una Merrell completa, y ahora nos quedamos un par de días para descansar, y recuperarnos de tamaño esfuerzo.

Semana 47: Día 328: Correr en Pinamar

Se viene la próxima Merrell Pinamar 2011. Esta será la cuarta edición en la que participaré, con el número 673 (me faltaron cinco para ser un programa televisivo oficialista). Y no voy a cancherear con que la tengo muy clara (porque estoy bastante lejos de eso), pero siendo una competencia en la que me codeé tanto con mis propias limitaciones físicas, no me pareció de más compartir algunos tips.

Primero, repasemos los consejos para cualquier carrera de aventura. No estrenar calzado nuevo. Aunque parezca obvio o poco importante, la comodidad lo es todo, y sería una lástima arruinar esta experiencia por estrenar zapatillas. Tenemos que aferrarnos a aquello que conocemos y con lo que nos desenvolvemos mejor. Unas llantas con algo de kilometraje es lo mejor, sobre todo para evitarnos sorpresas. Quizá descubramos que el calzado nos aprieta mucho, o que nos roza y nos provoca ampollas. En un terreno tan variado como Pinamar, no podemos dejar nada librado al azar.

Una correcta alimentación, tanto antes como durante de la carrera, y una buena hidratación. De nada sirve haber entrenado duro para correr sin desayunar, o con resaca (una forma de estar deshidratado). El cuerpo necesita combustible, del bueno. Conviene evitar la fibra desde el día previo para no tener problemas gástricos en el trayecto. Y aunque hay puestos de hidratación, si vamos a correr los 27 km enteros nos conviene tener nuestro propia mochila con agua, para ir regulándolo nosotros. La bebida se entrega en tres instancias repartidas durante el camino, y quizá necesitemos tomar justo en el medio de un tramo.

No crean todo el marketing alrededor de la Merrell. En el proshop que se arma el día anterior hay muchísimos productos a muy buen precio, mucho de los cuales nos van a simplificar la odisea. Pero nadie va más rápido o más lento si no tiene el último camelback. Me acuerdo del speech de “compren anteojos de sol para protegerse de los rayos UV y de la arena”. Esas fueron la menor de mis preocupaciones cuando corrí. Hay que ir juntando consejos, para después poder ignorarlos todos y hacer la propia experiencia. Eso es lo que vale.

La arena es un terreno bastante noble para correr en el sentido de que repercute poco sobre las articulaciones, pero esa absorción del impacto es también su peor cara. Nos vuelve más lentos, cada paso requiere más esfuerzo, y lo empezamos a notar en los cuádriceps que parecen arder en llamas. El ascenso en los médanos es agotador, pero las bajadas son muy divertidas. Nos podemos tirar casi de cabeza, que a diferencia de Tandil y sus piedras, en la arena no nos va a pasar nada.

Para subir una cuesta, lo mejor es buscar las pisadas de los corredores anteriores. Ahí el suelo está más compacto, y resulta más fácil avanzar. Las polainas pueden ser una buena opción para que no entre arena en las zapatillas. No notamos cuando ingresa, pero de a poco se acumula en la punta y empieza a apretar los dedos del pie. Pronto vamos a notar como si en cada zancada estuviésemos pateando adoquines. Frenar para vaciar el calzado nos quita preciosos segundos, y es bastante fastidioso.

En los puestos de control, donde hay agua o gatorade, se suelen formar embotellamientos de corredores, que se desesperan por ser los primeros. La organización no es tonta, y asigna a varias personas para entregar bebidas o frutas. Siempre la gente se atropella por recurrir a los primeros voluntarios, cuando los del final siempre están solos, y ansiosos porque alguien se acerque a ellos. Hagámosle un favor y también uno a nosotros, para seguir descontando segundos.

El clima ha sido bastante extraño para mí. En las tres ediciones en las que participé, siempre hizo calor. Esta vez se realiza el domingo 7 de agosto, habrá que ver si el frío cede. Pero si no lo hace, tenemos que evaluar la posibilidad de tener que correr con frío, o algo de lluvia. Si nos pasa, espero que no sea la primera vez en nuestras vidas. El entrenamiento con frío o en días lluviosos tienen que ver con que nunca vamos a poder anticipar el clima de una carrera, así que lo mejor es nunca dejar de entrenar, ya que desconocemos en qué circunstancias va a estar el clima de la carrera (y convengamos en que siempre preferimos cancelar un entrenamiento, pero jamás nos bajaríamos de una competencia). Y si en lugar de frío hace calor, no está de más ponerse protector solar. Quizá el sol no esté fuerte en agosto, pero me ha pasado de subestimar a este astro porque estaba nublado, y terminar rojo como un camarón.

Lo más importante, hay que disfrutar de esta competencia. Las carreras de aventuras sirven para disfrutar del paisaje. La Merrell de Pinamar tiene muchísimos terrenos, desde el asfalto de la largada, la costa, los médanos, el bosque (con suelo de arena), el club de golf… En un equipo de postas recomiendo la tercera; me parece la más variada y divertida.

Correr con resaca es una de las estupideces más grandes que cometí en mi vida. Estaba convencido de que una borrachera de viernes no iba a tener consecuencias el domingo. Pero hice que mi pobre hígado tuviese que filtrar toda mi sangre alcoholizada, lo que le quitó rendimiento a mi propia oxigenación. Corrí con mucha frustración, parando de tanto en tanto. Jamás una carrera se me hizo tan larga. Ahora, un año después, me intriga mucho ver cómo influye en el resultado haber abandonado el alcohol. En 2010 quería llegar en 3 horas o menos, objetivo que no pude cumplir por una enorme diferencia. En esta edición quiero volver a ese compromiso, a ver si esta vez lo puedo cumplir.

Semana 28: Día 194: Los 27 km de la Merrel Tandil 2011

Cara de felicidad en la largada, antes de saber que la iba a pasar muy mal

Primero que nada, huelga una aclaracion: estoy escribiendo este post en una notebook que no me permite poner acentos ni enies. Es por eso que me veo en la bochornosa obligacion de colaborar con la incultura y que en la Internet haya un texto plagado de errores ortograficos. Hecho este aviso, insto a que todos en su casa tomen un marcador indeleble y escriban en su pantalla cada error que encuentren. No esta de mas ejercitar la escritura.

Pero no estoy aqui para dar clases de lengua, sino para hablar de la Merrel Tandil, que finalizo hace tres horas para mi. Quiero que sepan que esta es una historia de triunfo, de compromiso, y no se asusten si al principio del relato parece que tuve que flaquear. Creo que todos los corredores sufrimos mucho al inicio de una carrera, quiza hasta la odiemos durante todo el trayecto. Pero al cruzar la meta, todo cambia: uno ama el gigantesco esfuerzo que acaba de realizar, y quiere mas.

Anoche cocinamos una cena de pastas con salsa. De postre hubo queso y dulce, y nos fuimos a la cama a una hora razonable. El desayuno fue el de siempre (no conviene innovar): copos de maiz con yogur descremado, pasas de uva y un te. Como adelante en el post anterior, el clima no estaba de nuestro lado. Llovio durante todo el dia, y en algunos momentos casi diluvio. Asi que el recorrido iba a estar embarrado, patinoso y, en consecuencia, mas complicado. En la Merrel Tandil 2010 hice un tiempo de 3 horas 45 minutos, y lo queria mejorar. Sabia que estaba mejor entrenado, mas liviano y mentalmente preparado. Me conformaba con bajar 15 minutos, aunque media hora me parecia la gloria. El hecho de que el camino iba a estar mas complicado me hizo mantener una perspectiva mas humilde.

En la largada nos fuimos bien adelante con Marcelo, con quien estuve entrenando codo a todo todos estos meses. Queriamos evitar el embudo de la salida, y aprovechar tanta cuesta que tenemos encima para superar una subida inicial bastante complicada. Es un punto en donde la gran mayoria de los corredores caminan, y si no nos adelantamos es frustrante tener que buscar huecos para pasar. Salimos disparados, a los pocos segundos de que el cronometro indico la salida. Todo venia de acuerdo al plan. Sacamos gran ventaja, nos fotografiaron felices, y todo estaba bien con el mundo. Excepto que, a los pocos kilometros, me empezo a doler el costado. Me di cuenta de que estaba congestionado, y aunque estaba muy bien abrigado, el frio me empezaba a afectar. Me costaba respirar normalmente. Me agite enseguida, y todavia me quedaban mas de 20 kilometros por delante.

La clave para no aflojar fue Marcelo. El mantenia su ritmo, nos pasabamos unos pocos pasos y nos alcanzabamos. Eramos un equipo, aunque en forma no oficial. Yo le daba aliento constantemente, aunque el que lo necesitaba era yo. Confieso que hagolas carreras relatando el post de Semana 52 en mi cabeza, y ya estaba pensando como explicar esa sensacion de derrota con la que estaba empezando. Lo peor fue que no mejoraba, si bien manteniamos un muy buen ritmo, cada vez me sentia peor. Pero no afloje, esa camaraderia/competencia que tenemos siempre con Marcelo me ayudaba a mantener el ritmo. Me queje, me sone la nariz cada treinta pasos, y segui poniendo un pie delante del otro, siempre. Me sorprendio lo rapido que llegamos a la primera posta. En otras carreras siempre tuve la sensacion de que no llegaba mas. Fue un alivio saber que ya habia pasado un cuarto de carrera.

Intente en algun momento retenerlo a Marcelo. Era su debut competitivo, y no queria que se agotase las piernas. Todavia nos quedaban las partes mas complicadas en las sierras. Todas las subidas las haciamos corriendo, quiza demasiado rapido. En un momento las piernas no dieron mas, y empezamos a subir las partes mas empinadas caminando a paso veloz.

Escupi mocos todo el tiempo. Estaba un poco frustrado. Uno suele pensar en el peor escenario posible, y aunque sabia que solo abandonaba esa carrera en camilla, no me podia imaginar como iba a aguantar toda la carrera asi. El cuerpo entro en calor, y el abrigo empezo a molestar. Subestime a mi cuerpo, casi nunca corro con mangas largas, y esta vez demostro que no iba a ser la excepcion. Me cruce con mi entrenador en una subida y le di la gorra, el rompeviento y mi remera de manga larga. Me sorprendio como se aligero mi camelback al sacarme de encima ese peso muerto, y obviamente me senti mucho mas comodo.

A partir de la segunda posta, ya no me sentia tan ahogado. Las piernas las sentia cansadas (hicimos un esfuerzo extra para despegarnos del peloton de la largada) y eso era todo. Sabiamos que nos faltaba la mitad de la Merrel, y que el cuerpo nos iba a alcanzar (siempre y cuando no surgiese un imponderable). El sol asomaba y se escondia. El viento soplaba muy fuerte arriba de las sierras, y en algun momento me senti un barrilete. Pero, como siempre, el objetivo era seguir avanzando. Me torci el tobillo derecho cuatro veces, patee una piedra con el pie izquierdo cuando la quise saltar y casi me voy de boca al piso, y me patine en una bajada y al caer (de espaldas) me di la rodilla izquierda contra una roca. El cansancio me hacia sentir mas torpe (que de costumbre), pero fui aguantando. Si no me lastime, lo atribuyo al entrenamiento y a haber fortalecido los musculos y tendones.

Con Marcelo no nos separamos mas de 10 metros toda la carrera. Las bajadas sin obstaculos y el llano era donde intentabamos acelerar y ganar terreno. Las subidas las haciamos caminando (sobre el final no era una decision, sino que era fisicamente imposible para nosotros), e intentabamos descender con extremada precaucion cuando habia muchas rocas. La tercera y ultima posta llego y ahi me parecio que estabamos haciendo muy buen tiempo. Es la tercera vez que corro en Tandil (la primera vez hice las dos postas finales) y llegar a los puestos de hidratacion me parecia eterno. Ahora sentia que nuestro ritmo podia ser mejor del que imaginabamos. Me tome un gel con extra cafeina, y seguimos avanzando. En alguna subida que quise hacer caminando, me paso algo por primera vez en mi vida: me empece a acalambrar. Los dedos del pie se me agarrotaban y se doblaban hacia adentro. Los gemelos temblaban y sentia como si tuviese enganchado un anzuelo que tiraba para arriba. No quise frenar, pero tampoco queria arruinarme las piernas. Intente hacer las subidas con prudencia, y matar esa situacion con la indiferencia. Por suerte, funciono, y el calambre no llego.

Pude reconocer algo de la geografia para saber que nos acercabamos al final. Desde la cima de las sierras veia el lago, y sabia que eso indicaba que el dique estaba cerca. Despues de cruzarlo, quedaban pocos metros para la llegada. Las ultimas bajadas las hicimos bastante lento. Algunos corredores nos pasaban, casi que se tiraban, pero el cansancio de las piernas me hacian sentir torpe, y no queria terminar rodando por encima de las piedras. Llegamos al dichoso dique, en donde empece a aumentar la velocidad. Poder correr por llano despues de mas de 26 km era liberador. Llegue a la escalera donde me detuve en 2010. La recordaba de seis escalones, no se por que. Hoy me di cuenta queran como 20, y note la gran diferencia a mi experiencia anterior cuando la pude subir a los saltos. En los ultimos metros sobre el pasto aumente un poco mas la velocidad. No queria hacer un pique hasta no ver la llegada. Entre los arboles vi el arco que indicaba el fin de la Merrel. Hice un sprint con lo ultimo que me quedaba. Cuando hice la ultima curva y pase a los arboles, pude ver finalmente el cronometro. No podia creer el tiempo que estaba haciendo. Cruce la meta a las 2 horas 58 minutos (aproximadamente). Respecto a 2010 baje mi tiempo mas de 45 minutos.

Con Marcelo reclamamos nuestra medalla, almorzamos y nos quedamos tirados en el pasto, elongando y felicitandonos mutuamente. Superamos mi pronostico mas optimista, aun cuando supuse que el terreno embarrado nos iba a retrasar. El entrenamiento con los Puma Runners fue lo que hizo la diferencia. No corri con mayor seguridad que la ultima vez, no senti que estuviese haciendo un mayor esfuerzo. Di lo mejor de mi, y el umbral de resistencia y potencia de piernas, gracias a no dejar de ejercitar todos estos tiempos, es lo que nos permitio hacer ese tiempo. Ahora estamos en el hostel, guardando las cosas y planificando el regreso a casa. En la mesa, mientras estoy a un costado actualizando el blog, el resto de los chicos y chicas comparte anecdotas de la carrera. Mery se me acerca y me dice “pone que corri mejor de lo que esperaba”. Muchos debutaron en Tandil, y coincidieron en que es una prueba mucho mas dificil que Pinamar.

Ahora resta descansar, seguir reponiendo agua e hidratos, y no dejar de entrenar. El acido lactico hara estragos en nosotros en cualquier momento, y la unica forma de menguar el dolor es elongar y seguir corriendo. Si algo saco de esta carrera es que no hay que detenerse. Se puede desarrollar la capacidad pulmonar y la potencia de las piernas, pero la cabeza tiene que estar en funcion de no abandonar. Es algo que tambien se entrena, y lo venimos desarrollando desde hace mucho tiempo.

Semana 22: Día 150: Anticipando la Merrel de Tandil

En un mes y medio se larga la Merrel Adventure Race, en la ciudad de Tandil. 27 km con muchísimas cuestas, lo que se traduce en un verdadero desafío para las piernas.

Mientras escribo estas líneas, rememoro las ediciones pasadas y me doy cuenta de lo que ansío participar en una carrera. Tener una competencia en vista es muy motivador para el entrenamiento. Establece objetivos claros, y una meta para concentrar esfuerzos y ver si hay cosas que ajustar para el día de la largada. Además, suele ser un viaje muy divertido para afianzar relaciones con otros compañeros de grupo. En la edición 2009, por ejemplo, compartimos habitación nada menos que 18 personas, lo que se transformó en una suerte de mágico concierto de ronquidos.

La Merrel de Tandil 2009 fue la segunda carrera en toda mi vida. La primera había sido el año anterior, una posta de 7 km en Pinamar, y en esta oportunidad había decidido hacer los dos últimos tramos, que completaban 13 de los 27 km oficiales. Salimos desde la mitad del circuito con mi prima Vero, compañera de equipo, y apenas largamos nos encontramos con la primera cuesta. Después de cruzar un alambrado, avanzamos a paso hormiga por un sendero, el cual tenía muchas piedras y maleza. Nos agarrábamos de donde podíamos, y mientras más subíamos, más empinado se volvía. Esto aumentaba la adrenalina, y lo que parecía ser un desafío que sólo involucraba “correr”, se transformaba en una peripecia donde había que escalar, agarrarse de las rocas, y no mirar hacia abajo (a riesgo de que te agarre vértigo, caer, y dejar tu silueta marcada en el piso, como el Coyote cuando fracasaba ante el Correcaminos).

Toda esta situación me dejó basante confundido. Era “poco” running, y más aventura. Lejos de molestarme, me encantaba. El resto del camino, en gran parte, fueron piedras, ascensos y descensos. Era muy difícil pasar a otros corredores, porque los caminos eran muy angostos, y salirte de ellos podía jugarte una mala pasada: tropezar con una piedra, y lastimarte seriamente. La experiencia fue alucinante, y aprovechábamos cada llano o camino de tierra para acelerar la marcha. En un punto Vero me pidió que me adelantase, porque necesitaba bajar el ritmo, y ahí comencé mi tradición de abandonar a mis compañeros de carrera.

La meta era en una plaza, y antes de llegar cruzamos un puente sobre un lago, una postal realmente impresionante. Como es habitual, los habitantes de Tandil se acercaban para dar ánimos en estos últimos metros. Subí al trote una escalera, y aceleré hasta llegar a la línea de llegada.

Después de esta experiencia, le recomendé a todo el mundo participar de esta carrera. Siendo que gran parte se hacía escalando y caminando, se me ocurría que cualquiera con un muy mínimo estado físico podía hacerla. No veía la hora de repetir la experiencia.

Llegamos a la Merrel de Tandil 2010. Estaba un poco mejor entrenado y ya había completado los 27 km de Pinamar ese mismo año, yo solo y sin postas. Me sentía enormemente confiado, y tenía la absurda teoría de que, como ya conocía la última mitad de la carrera (en la que avanzaba casi caminando), lo que tenía que hacer era apurarme todo lo que pudiese durante la primera parte. A partir del km 14 empezaban las sierras, y ahí podía recuperar el aire.

Qué iluso que fui.

La largada, como siempre, es increíblemente motivadora, con miles de corredores vistiendo los mismos colores (quienes conozcan esta tradicional carrera, recordarán que ese año se entregaron unas espantosas pecheras, en lugar de las clásicas remeras… no conozco a nadie que haya decidido conservarlas). Comenzamos subiendo una larguísima cuesta. No era demasiado empinada, pero ese caracol en subida quemaba las piernas. Ansioso por avanzar, me la pasé esquivando corredores, que optaban por hacer el ascenso caminando. Corrí los primeros 14 km a buen ritmo, hasta que llegué a la mitad, la parte que conocía. Pero claro, la gran diferencia con el año anterior era que había largado desde ese punto, absolutamente descansado. Esta vez ya venía arrastrando una hora y media de trote ininterrumpido. Todas esas subidas y bajadas que el año anterior había hecho más fresco que una lechuga, esta vez las estaba haciendo con las piernas ya cansadas. En seguida me empecé a agarrotar, y cada subida, que uno deseaba que fuese la última, escondía detrás otra sierra. De nuevo subir, bajar, subir, bajar… se tornó realmente insoportable. Las bajadas eran las peores: resentían muy especialmente en los gemelos.

Ya sobre el final, vi el puente sobre el lago y sentí muchísimo alivio. Estaba orgulloso de no haber frenado, aunque lo deseé todo el tiempo. Llegué a la ciudad, finalmente, y tenía que subir esos seis escalones que el año anterior los había hecho en tres saltitos. Pero esta vez no podía, prácticamente lo hice gateando. La gente me alentaba, y realmente me sentia un poco humillado. ¿Qué pensarían estos tandilenses de un tipo que ni siquiera podía subir una escalerita? Pero una vez arriba, y como siempre pasa, faltando 100 metros saqué fuerzas de donde no tenía. Hice un pique que me permitió cruzar la meta luego de 3 horas 44 minutos y 30 segundos de carrera. Me sentí muy contento cuando la organización me envió mi foto en el instante de la llegada. Se puede ver en mi cara un gesto de enorme alivio.

Y ahora llega una nueva oportunidad de conquistar esta maravillosa carrera. Gracias al blog estoy entrenando en forma mucho más disciplinada y responsable. Cargo encima con mucho menos peso, lo cual me va a ayudar en velocidad (¡y en que las piernas tengan que esforzarse un poco menos!). Tengo más experiencia y desarrollé más mi masa muscular, por lo que sospecho que voy a llegar más entero a la parte la más dura, la de las sierras. Me interesa bajar mi tiempo, así que estos 45 días que quedan tengo que seguir entrenando en cuestas y desarrollando cada pierna.

Pero estoy seguro de una cosa: llegue en el tiempo que llegue, en el estado que sea, mi cara al cruzar la meta va a volver a ser de alivio, por contar con otro desafío conquistado.

A %d blogueros les gusta esto: