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Semana 51: Día 352: Una experiencia de carrera (o “El Método Perelman”)

Pablo Perelman es un corredor aficionado que un día decidió escribir un blog sobre las cosas que lo apasionan. Pueden ver que, de entrada, él y yo tenemos muchas cosas en común. También corrió la Media Maratón de la Ciudad de Buenos Aires hace una semana y tuvo una experiencia de película, con situaciones muy divertidas. Como si fuera poco, su análisis es muy bueno, en especial el método que inventó (que lleva su apellido) para correr una carrera relajado y disfrutando la experiencia (ahí empezamos a distanciarnos, porque yo arranco siempre desesperado y preocupado por el reloj).

Le pedí autorización para compartir en Semana 52 su crónica, que me sacó varias sonrisas y un par de carcajadas. Les recomiendo que visiten su blog Correlatos, porque no tiene desperdicio. Ahora sí, los dejo con su texto:

Método Perelman para mejorar los tiempos en carreras de calle masivas

Llegó la hora de comenzar a utilizar este espacio, así que vamos a intentarlo. Ayer corrí la media maratón de Buenos Aires, que para los que no son corredores, tiene, como todas las medias maratones una extensión de 21 km. Si no son corredores no abandonen la lectura de este post, que quizás algo de lo que se dice les termine interesando. Por otra parte ser no corredor (como también serlo) son estados eventuales, ya que de un día para el otro se comienza a correr y de la misma manera se abandona la actividad.

El Método Perelman para mejorar tiempos en carreras de calle masivas (en adelante el método Perelman) nació por accidente. Sucede que ayer me quedé totalmente dormido y en lugar de despertarme a las 5:30, como tenía previsto, lo hice exactamente una hora después. La alarma del celular la apagué estando dormido, y tampoco escuché la radio del equipo de música que había programado por si fallaba el teléfono. El sábado me había acostado muy tarde, así que no me llamó la atención quedarme dormido. Respiré aliviado al ver que eran las 6:30 y no las 9. Me vestí y desayuné a los piques y a las 7 estaba saliendo de mi casa. Lo primero que pensé era que en el mismo momento que emprendía el camino hacia la largada de la carrera, mis compañeros de running team estaba sacándose la foto grupal. Pero el problema más acuciante era que tenía que encontrarme con una amiga – Gaby Bianchi – para pasarle el kit de otra amiga – Perla – que no podía correr la carrera porque había caído en cama un par de días antes.

Empecé a buscar un taxi mientras trotaba por la Avenida Las Heras rumbo a Plaza Italia, y el panorama se presentaba más que complicado, ya que ni siquiera pasaban vacíos. Pero cuando estaba llegando a Santa Fé ocurrió una especie de milagro. Un taxi que venía ocupado para a mi lado, el taxista me toca bocina y me hace señas para que suba. Enseguida pensé que era algún compañero de mi equipo “Correrayuda”. Tan convencido estaba que salude al flaco que estaba sentado en el asiento de atrás con un beso y percibí en él cierta incomodidad. El taxista me aclaró que la idea de subirme había sido suya (no te hagas problema pibe que vos no pagás nada). El pibe de atrás resultó ser un americano de Boston, Misha, que hacía apenas dos semana que estaba viviendo en Buenos Aires por trabajo. Por su reacción podría afirmar que aun no está muy familiarizado con saludar con un beso a hombres desconocidos que se suben a su taxi. A las pocas cuadras la situación se volvió aun más cosmopolita, porque el taxista volvió a parar para subir a una rubia preciosa que tendría unos 30 años. Nina resultó ser una diplomática dinamarquesa que trabaja en la Embajada de su país, que hace dos años y medio que vive en Buenos Aires, y que está apunto de abandonar la carrera diplomática para casarse con un porteño del que se enamoró hace poco más de un año. Nos contó que pensaba tardar 1:30 (un tiempazo para una mujer) porque no estaba bien entrenada.

Llegamos a destino y el bostoniano se negó firmemente a compartir el costo del viaje. Me despedí de mis compañeros de taxi y comencé a trotar hacia la zona de largada para encontrarme con Gaby, con quién veníamos intercambiando mensajes y llamados. Estábamos a tres o cuatro metros de distancia hablando por teléfono, pero no lográbamos divisarnos.  Hasta que finalmente nos topamos de frente y le entregué el kit de Perla. En ese momento eran las 7:30 pasadas y yo no había entrado en calor, ni dejado en el guardarropas un buzo que no quería cargar durante toda la carrera.

Entonces decidí relajarme. Fui al guardarropas e hice una entrada en calor corta de menos de 10 minutos. Entre una cosa y otra recién traspasé la línea de partida 15 minutos después de la largada oficial. Muchas veces había pensado que largar cuando la carrera ya estuviera empezada podía tener sus ventajas, así que no lo tomé como un problema sino como una oportunidad de experimentar algo distinto.

En las carreras masivas de calle elegir el lugar desde el cual se larga es un tema complicado, por lo menos para el 70% de los corredores. Los que tienen una cantidad apreciable de carreras creo que saben de que estoy hablando. Ubicarse muy cerca de la línea de largada, en el medio o al fondo, con todos sus gradientes, tiene sus ventajas y sus desventajas.

Si uno no pertenece al grupo privilegiado de los más rápidos que pelean por los podios o al menos por lograr una muy buena performance en su categoría, colocarse muy cerca de la meta tiene sus inconvenientes. En primer lugar hay un primero que podríamos definir como ético. Si no somos corredores muy rápidos, ponerse cerca de la línea de largada lo que hace es molestar a los más rápidos que se colocaron detrás de uno. Es sumamente molesto sentirse un obstáculo y que para pasarnos nos hagan a un costado a los codazos, mientras nos claven una mirada de desprecio y alguna que otra puteada. Por otra parte, como durante por lo menos los dos primeros kilómetros casi todos te pasan, desde el punto de vista anímico es un golpe a la autoestima y uno corre el riesgo de desanimarse.

Entonces, una vez que nos dimos cuenta que ponerse demasiado adelante no sirve, en la próxima carrera tratamos de colocarnos en un lugar acorde a nuestro ritmo. Incluso, en algunos casos (recuerdo por ejemplo algunas ediciones de la Nike) cuando el corredor se inscribe le preguntan por su tiempo estimado, y le dan una pulserita para que se ubique en el lugar que le corresponde a su ritmo de carrera. Esto funcionaría muy bien si la gente fuera honesta en el tiempo declarado y además se ubicara en el espacio asignado (cosa que por otra  parte nadie controla). Pero en la práctica, son muchos los que no respetan la consigna, y se cuelan con la ilusión de mejorar un par de minutos su tiempo en la competencia. Entonces lo que ocurre es que en la largada se produce el efecto congestionamiento. Salvando las distancias, es algo parecido a salir durante un cambio de temporada rumbo a la costa: la salida de Buenos Aires suele ser un infierno y por momentos no hay otra solución que ir a paso de hombre. Entonces, ahora que largamos en el lugar que teóricamente nos correspondía, somos nosotros los que estamos tratando de abrirnos paso a los codazos y puteadas, o los que buscamos encontrar espacios alternativos, de la misma manera que los automovilistas se meten en la banquina. El congestionamiento suele prolongarse por lo menos hasta los dos primeros kilómetros, y a veces vuelve a producirse más adelante cuando el sendero se estrecha. Si bien es una situación frustrante, de tan acostumbrados que estamos lo tomamos como un inconveniente casi inevitable de estas carreras multitudinarias. Ni hablar si llegamos a ultimo momento y debemos colocarnos al final de la gran hilera: en este caso el efecto congestionamiento se potenciará al máximo. En conclusión, si uno se anotó en una carrera para buscar su plusmarca individual u obtener un buen tiempo, el congestionamiento es un enemigo que seguramente conspirará contra ese objetivo. En una competencia muy larga como el maratón ese problema se diluye, pero en una de diez kilómretros puede significar que hasta la tercera parte de la carrera no se pueda realmente despegar. En un medio maratón se da una situación intermedia, pero el problema no es desdeñable. El congestionamiento siempre trae aparejado que el tiempo final sea mayor al que potencialmente se podría haber logrado. Ni hablar si el corredor una vez que el panorama finalmente se abre intenta compensar el tiempo perdido, porque corre el riesgo de fundirse y terminar muy mal los últimos kilómetros.

¿Y qué pasa si decidimos largar una vez que la carrera ya empezó hace una buena cantidad de minutos? Para los corredores de elite y los amateurs que buscan podios, este método claramente no les sirve, debido a que los podios se entregan según el tiempo oficial, que contabiliza cuánto tarda el corredor en transponer la línea de llegada, tomando como punto de partida la largada oficial. En otras palabras, la carrera la gana el primero en cruzar la meta, por más que el segundo haya tardado un segundo menos de acuerdo al llamado tiempo neto (que comienza a computarse cuando el corredor efectivamente pasa por la línea de largada, lo cual es registrado por el chip que provee el organizador del evento). Pero decíamos que estos corredores tienen solucionado el problema ya que se colocan muy cerca de la línea de partida. Es más, en muchas carreras los corredores de elite largan unos metros adelante que el resto, justamente para evitarles que algunos desubicados les provoquen un “efecto tapón”.

Si uno larga 15 minutos después, como me sucedió a mi ayer, el efecto congestionamiento desaparece. No solamente al inicio, sino durante toda la carrera. Por supuesto que nuestro tiempo oficial va a ser muy malo, pero si lo que nos interesa es el tiempo neto (como a casi todos los corredores que conozco) con esta modalidad de largada se tienen muchos segundos y hasta minutos para ganar. Así como el congestionamiento genera malhumor y frustración, tener despejado el camino durante los primeros kilómetros nos permite rápidamente colocarnos en el ritmo de carrera que nos propusimos. Además, otra cosa que sucede y que ayer me encantó, es que durante toda la carrera uno pasa a todos los corredores que vienen adelante. Eso me ocurrió de manera muy notoria durante la primera mitad de la carrera, cuando dejaba atrás a centenares de competidores como si fueran postes. Pero también, aunque ahora me costaba un poquito más pasarlos, a los que rebasé en la segunda mitad y así fue hasta el final de la competencia.

Así como cuando te pasan no te gusta nada, para mi pasar es un placer que me genera un efecto psicológico tremendamente positivo. Correr es precioso, pasar es divino. En síntesis el método puede servirnos para lograr un mejor tiempo en carreras multitudinarias, que por otra parte son la más importantes del calendario.Y si lo que nos interesa es ver como salimos en la general, por sexo y en nuestra categoría, siempre es posible recomponer la información en función del tiempo neto.

Algo que no dije pero que está implícito, es que el método también nos permite dormir hasta una hora más, como lo demuestra mi experiencia de ayer (aunque claro; no siempre pasará un taxi que mágicamente nos invita a subirnos y encima gratis).

Pero como sucede con casi todo, no solo en el running sino también en la vida, también hay desventajas, que es bueno conocer para llegado el momento sopesarlas con los beneficios.

En mi caso, aunque esto no se aplica a todos los corredores, la principal es que me perdí la foto con mi running team, foto que está al final de este post. De todas maneras, bien se puede llegar a tiempo para quedar retratado con los compañeros, empezar la entrada en calor unos minutos antes de la largada y comenzar a correr 10 o 15 minutos después de producida la misma. Aunque en este caso, claro, adiós a la hora extra en la camita.

La segunda desventaja es que uno corre casi toda la carrera acompañado de corredores más lentos y eso puede inconscientemente quitarnos el incentivo que produce la competencia. En mi caso, claramente ayer me pasó eso, agravado porque no llevaba ni un reloj con GPS ni un monitor de frecuencia cardíaca. Y como me olvidaba de controlar los tiempos de cada kilómetro, corrí más de la mitad de la carrera sintiendo que iba a un ritmo mucho más rápido del que cumplí en la realidad. De todas maneras, creo que esto es fácilmente corregible si uno dispone de la tecnología que permite monitorear permanentemente el ritmo al cual estamos corriendo. De hecho, esto no hubiera ocurrido si el viernes en la expo no hubieran vendido cinco minutos antes el Garmin que quería comprarme. La última desventaja ya la mencioné arriba, pero la reitero: este método no le sirve a los que buscan podios. Aunque, ciertamente, en las carreras masivas conquistar un podio es muy difícil si uno no es un corredor de elite.

Bueno. Hasta aquí mis reflexiones sobre el “Método Perelman para mejorar tiempos en carreras de calle masivas”. Se los recomiendo fervientemente. No sólo porque pueden conseguir a igual condición de entrenamiento un tiempo neto mucho mejor, sino fundamentalmente porque sin congestionamiento – tanto arriba de un auto como conduciendo nuestro propio cuerpo – el viaje es mucho más placentero.

Semana 50: Día 347: Y ahora… los 42 km

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Ya con la euforia de la Media Maratón a la baja, llega el turno de la carrera por excelencia, la distancia perfecta: los 42 kilómetros con 195 metros.

Aunque a algunos les parezca una obviedad y a otros una novedad, correr esa distancia no es lo mismo que hacer 21 km dos veces. Todo lo que yo hice el domingo pasado no lo podría mantener durante tres horas y pico. No pasé el umbral del consumo total de reservas de hidratos de carbono, no sentí la aparición de ácido láctico, no me acalambré ni me deshidraté. Crucé la meta con mucha motivación y energía de sobra (no hubiese podido ir más rápido, pero sí seguir corriendo). Eso no quiere decir que en la maratón pueda repetir y duplicar mi performance.

La página oficial de la carrera tiene un apartado que encuentro meramente lúdico: si uno ingresa ciertos desempeños en distancias (1500 metros, 3000 metros, etc) indica en cuánto se va a terminar los 42 km. Me presulta muy impreciso, pero bueno, igual le ingresé mis tiempos en la media, y dice que tendría que hacer la maratón en 3 horas y 5 minutos. ¡Sería fantástico! Pero también significaría bajar mis tiempos en 20 minutos, un salto que podría llegar a dar algún día, pero no lo veo factible para dentro de un mes.

De todos modos quiero llegar bien al día de la largada. Siento que el entrenamiento está dando sus frutos: estoy más magro, más liviano, y concentrado en el objetivo final, que es el de las ultramaratones. Para mí, 42 km tendrían que ser un entrenamiento más, y es por eso que no me conviene hacerlo a toda máquina. Por ahí buscar un tiempo entre las tres horas y media y las cuatro. Algo que para mí historial sea conservador.

Pero me va a ser imposible. Ese día, lo sé, voy a estar tremendamente motivado, voy a querer despegarme del pelotón y ponerle todo el corazón a esa experiencia. Va a ser difícil contenerme, pero quizá sea lo más inteligente… si sigo teniendo presente mi objetivo final.

Recién hoy pude ver la clasificación oficial de mi media maratón. Aunque ya la había visto, se la comenté por privado a Germán, mi entrenador, y le dije que no lo quería hacer público… porque me daba vergüenza. Creo en la superación personal, y estoy convencido de que es más importante que llegar antes que otro corredor. Debería decir que no me gusta el autobombo, pero en realidad lo que más que angustia es que los demás crean que tengo una imagen muy elevada de mí y que me la creo mucho. Por ahí aclarar que estoy constantemente exigiéndome, disconforme casi siempre con mi desempeño y que siento todo el tiempo que puedo mejorar, tendría un efecto contrario. Pero es la verdad, solo me importa ser más rápido de lo que supe ser.

Bueno, eso. Germán me dijo que lo comparta igual. Y aprendí a no cuestionarlo cuando yo no me animo a hacer algo y él me insiste en que lo haga. En un mes y moneditas todo esto no va a importar, porque voy a estar de nuevo concentrado en una carrera, intentando mejorar distancias más que tiempos.

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Semana 50: Día 346: Críticas a la Media Maratón

Yo disfruté mucho de los 21k de Buenos Aires. En lo que a mí respecta, fue perfecta. Hice mejor tiempo del que esperaba, el sol acompañó, vi a muchos, muchos amigos (todos hechos gracias a correr) y durante el trayecto, además de transitar lugares increíbles, tomé y comí lo que me hizo falta, provisto todo por la organización.
Por eso me sorprendió el tono de muchas críticas que leí ayer y hoy. La incuestionable, que la viví a través de mis compañeros de Puma Runners, fue el caos absoluto del guardarropas. Vane lo dijo muy bien, después de hacer 40 minutos de anárquica cola: “Esto es el último contacto que tiene la organización con el corredor. Si te quedas con esta impresión, te arruinan la carrera”.
Quizás el anonimato de Facebook haya ayudado a que muchos se descargaron en la página oficial de la media maratón si ninguna clase de filtro. Todos hablaban del guardarropas, pero también de los chips descartables que se despegaban. También la desorganización de la llegada, donde se amontonaba la gente que ya había corrido. Independientemente de que debe ser muy, pero muy difícil ordenar a miles y miles de participantes, hay cosas que creo que son responsabilidad de los corredores. Despejar el área de llegada está en cada uno. Vi a gente tirada en el piso estirando, a 10 metros del fin del corralito. ¿Hacía falta? Después está esa obsesión que no entiendo de terminar de correr 21 km y ponerte a hacer una larguísima fila para que te saquen una foto y la publique una conocida publicación de running. Era como si regalaran algo… ¡Solo les regalan publicidad! Además, estaban estratégicamente ubicados para agarrar a los participantes apenas salían, en lugar de hacerlo a un costado. La cola era tan larga que, obviamente, entorpecía el flujo de los finishers.
Otro reclamo que me parece es compartido (si no es exclusivamente culpa nuestra) es la cantidad de basura. No es para nada difícil usar la misma bolsa que daban de promoción para tirar ahí nuestras cosas, hasta que encontremos un tacho.
La crítica más absurda que leí no fue de parte de corredores, sino de vecinos que estaban molestos haber sido despertados por los gritos de los corredores y la música de Los Beatles. “Piensen en los vecinos”, pedía, como si una carrera como esta no pusiera al barrio ya la ciudad en un valor más alto. Para cerrar, proponía trasladar estas competencias a la Reserva Ecológica, como si 17 mil personas pudiésemos completar 21 km ahí adentro.
Creo que el hecho de que haya tanta gente compitiendo le termina jugando en contra. Por un lado, estos números son muy difíciles de manejar (poco tiene que ver con idoneidad), y por el otro, no se puede complacer a todo el mundo…

Semana 50: Día 345: La Media Maratón de la Ciudad de Buenos Aires

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Ayer intuí que hoy iba a ser un gran día. No me equivoqué.

Faltan tres semanas para que termine este año y complete las 52 semanas. No se va a caracterizar por alguna gloriosa carrera en la que haya participado, sino que ahora que miro hacia atrás veo que podría haber llamado a esta temporada como “Un atleta vegano”. El cambio en mi alimentación fue el más importante, y el no haberme podido inscribir en la Espartatlón por falta de cupo hace que mi meta máxima espere un año más.

Pero eso no quiere decir que no haya tenido muchos logros personales en este tiempo, tanto a nivel personal como deportivo. “Orden es progreso”, me dijo hoy Juanca al teléfono, antes de volverse a Venado Tuerto. Y lo dijo felicitándome por mi departamento y cómo está todo organizado. Ser vegano también implica tener mucho orden en la cabeza y en la cocina, y también es un requisito para conquistar metas.

Hoy corrí los 21 km de la Ciudad de Buenos Aires, sin pensar que iba a ser la “última” carrera de esta temporada de Semana 52. Seguro, en un mes está la Maratón, pero eso ya va a entrar en la nueva temporada, de cara a la Espartatlón. No lo venía pensando mientras corría por mis calles, pero sí me dije, y me lo repetí muchas veces, que esta tenía que ser la última vez que buscaba velocidad. Es hora de intentar alcanzar distancias, superar la barrera de los 100 km y vivir para contarlo.

No es casual que haya mencionado a Juanca, ya que este fiel lector del blog, que hoy es un amigo, vino a correr esta media maratón y aprovechamos para vernos en persona. Confirmé que Juanca no es un ser virtual, sino que existe y es en 3D. Él es vocero de Espera por la Vida, y nos trajo a todos los Puma Runners unas pulseritas hechas por él mismo para correr por Benicio, el chiquito de 8 meses que fue operado del corazón. Si hubiese una forma de medir esta campaña íntima (pero no menos importante), debería decir que fue un éxito, porque mientras las repartíamos hoy, a las 7 de la mañana, una corredora desconocida se acercó, y al escuchar la historia pidió una para ella.

Yo soy ansioso, y eso de coordinar para que gente de Pilar y San Isidro se levanten en horario, salgan de sus casas y consigan dónde estacionar, todo previo a la largada de una carrera, era algo que me tenía un poco nervioso. Teníamos que repartir kits todavía, más las pulseras, sacarnos unas fotos para seguir promocionando la importantísima labor de concientización de Espera por la Vida, ir al baño, dejar las cosas en los guardarropas y buscar nuestro lugar en la salida. ¡Era mucho! Pero dije que iba a ser un buen día, y todo nos salió bien (bueno, casi todo… a uno de los Puma Runners se le rompió el auto camino a la carrera y se quedó en su casa, maldiciendo por su suerte).

Entre los amigos que estaba ahí conmigo y que también hice con el blog estaba Nico, otro “loco” que descubrió el poder del running. Ni hace seis meses que entrena y hoy hizo la media maratón. Ir a una carrera tan linda, con tus amigos de siempre y los nuevos, es más de lo que cualquiera podría pedir.

Con Marcelo, asiduo compañero de aventuras, y Nico, nos fuimos abriendo paso entre los otros corredores y nos pusimos lo más cerca (humanamente posible) de la largada. Aunque teníamos el arco bastante cerca, pasamos por debajo cuando el cronómetro ya marcaba un minuto de carrera. Para mí eso es clave, porque con 17.500 inscriptos se hace un importante embudo. Más relajados, el resto de los Puma Runners arrancaron de más atrás, y cruzaron la línea de largada como a los cinco minutos.

Correr era físicamente complicado, porque la gente no terminaba de abrirse. Cuando encontrábamos un hueco nos metíamos a toda velocidad, pero enseguida teníamos que frenarnos. Veníamos por Figueroa Alcorta, y después de ver a un montón de gente improvisar un “carril rápido” por la vereda, nos mandamos. Recién ahí pudimos ir a buena velocidad, buscando siempre despegarnos del malón.

El recorrido de este año fue distinto, y no nos metimos en Libertador por la calle Dorrego. Pero cruzamos las vías del tren por debajo del puente, que es algo que a mí me encanta. Sé que puede parecer algo bastante trivial, pero es una curva donde los autos pasan quemando llantas, y no solo me encantan las formas y los colores del metal y el ladrillo formando esa estructura, sino que disfruto cada vez que le ganamos un cachito de espacio al tránsito.

Mi reloj marcaba una velocidad de 4 minutos 10, y a veces lo bajábamos. Hasta ese momento le creía al bendito aparato. Los shows de música y baile que están alternados con la hidratación le da otro color a la carrera, y me di el gusto de acompañar algunas estrofas de una canción de los Beatles mientras iba corriendo. El clima era espectacular, y la remera me empezó a dar calor, así que me la saqué. La llevé en la mano todo el recorrido, y supongo que cuando vea las fotos de la Media Maratón me voy a poder encontrar más fácil. Habrá que buscar al espantapájaros.

El recorrido tuvo algunas diferencias, pero ciertas partes se mantuvieron, como pasar por el Obelisco, la Casa Rosada, Plaza de Mayo, el Cabildo… no hay carrera más turística que esta (bueno, quizá la maratón, pero también es una competencia mucho más dura). Por Retiro me separé de Marcelo, y aunque quería correrla con él, pensé que en un momento me iba a cansar y que no iba a poder seguirle el ritmo. Pero no sé qué me pasó, estaba como poseído por fuerzas desconocidas. No podía bajar el ritmo, venía abriendo la zancada y corriendo con todo el corazón. Me di vuelta varias veces para buscarlo pero dejé de verlo. Paré para tomar Gatorade (y no volcármelo todo encima) y aproveché para buscarlo entre los miles de corredores… pero nada. Decidí seguir y ver hasta dónde podía apretar.

Estuve todo el recorrido yendo rápido, pero cómodo. Podría haber ido más tranquilo y disfrutado más del paisaje, pero para mí lo importante era que estaba haciendo un muy buen tiempo y que nada me preocupaba. En un momento mi GPS dejó de coincidir con los carteles de kilometraje de la organización. Yo tenía un kilómetro 100 metros de más. ¡Era demasiado! Le preguntaba a otros corredores que miraban sus relojes y el mío era el único desfazado. Me hizo sonar algunas alarmas en la cabeza, porque uno regula en base a lo que le falta, y mil metros es una enorme diferencia en la que uno tranquilamente se puede quemar… pero decidí que mi reloj solo me marque el tiempo que venía corriendo, y la distancia la medía con los carteles.

Tomé un par de vasos de Gatorade, que igualmente estaban llenos hasta menos de la mitad, y tres botellitas de agua (otro punto a favor de esta carrera es que el agua… ¡tiene sodio!). También me hice de algunos trozos de banana, y quise comprobar que con eso me alcanzaba para tirar los 21 kilómetros. No me equivoqué. He tenido fondos en entrenamientos donde aguanté con menos. Dejo los geles para la maratón o las carreras más largas.

Otra de mis partes favoritas de este recorrido es subir la autopista. Ahí, más que nunca, recorremos a pie un camino absolutamente vedado a los peatones. Además, el sol brillaba fuerte y calentaba la piel. Me agradecí por la iniciativa de estar corriendo en cuero.

El paso bajo nivel, que yo creía que era la parte más dura de la carrera, me resultó menos temible de lo que recordaba. Quizá el entenamiento, sobre todo en cuestas, ayuda, además de que me acostumbré a distancias más largas y no lo hice tan cansado. Me sirvió que hayan cambiado el punto de largada, corriéndolo unos 200 metros. Al estar llegando, después de meternos un tramo por los lagos de Palermo, la meta se vislumbraba mucho mejor, y al tener todo ese trayecto bastante memorizado, hasta parecía que estaba más cerca. Recurrí a todo mi entrenamiento, en especial de técnica, y levanté los tobillos para dar zancadas más largas y ganar velocidad. En la entrega de kits me encontré con un lector de este blog, Diego, al que le dije que me conformaba con hacer un tiempo de 1:45, y a medida que me acercaba al cronómetro oficial, pude ver que estaba por debajo de los 90 minutos. Culminé mi media maratón con un sprint furioso, grité “¡¡¡ESPARTAAA!!!” y frené mi reloj en 1:26:45. ¡Mucho mejor de lo que me animaba a imaginar!

Mi alegría era inmensa. No sé en qué ubicación estoy de la general, pero es algo que no me importa tanto siendo que le gané a la única persona que realmente me importaba, que era yo mismo. En 2010 hice esta misma carrera en 1:57, y sacarle media hora es bajar el tiempo un 25%. Realmente, no puedo pedir más.

No me lesioné, no me dolió absolutamente nada, no sentí sed, ni hambre, y después pude compartir experiencias de carrera con amigos, como los de Actitud Deportiva, que conocí en Yaboty. Fue una experiencia realmente impresionante, y con esa marca de reloj, la página oficial de la Maratón dice que en Octubre tengo que hacer los 42K en 3 horas 5 minutos. Me mojó la oreja y me siento muy lejos… pero me prometí solo priorizar los fondos y no la marca horaria…

Hablando del reloj, cuando volví a casa quise investigar por qué me había dado tanta diferencia. Además, en el resumen de la carrera me decía que mi velocidad máxima había sido… ¡45 kilómetros! ¿Qué le queda a Usain Bolt y todos los campeones velocistas si yo puedo terminar una maratón en una hora? Cuando descargué a Movescount la información del recorrido, pude constatar que bajando Corrientes hacia la Avenida Alem metí un pique, aprovechando el desnivel, y doblé muy cerrado. Según el Suunto eso lo hice a 1:33 minutos el kilómetro, algo que quizá sea imposible para un ser humano, pero definitivamente nunca lo podría hacer yo. Quizá un satélite explotó en el espacio, o había alguna clase de interferencia, pero viendo el recorrido era como si hubiese cruzado para correr por adentro del Centro Cultural Bicentenario. Luego viene una parte en la que al parecer hice un zigzagueo yendo de vereda a vereda de Alem (el tráfico no estaba cortado), y en lugar de subir hacia la Casa Rosada, me desvié hacia Ingeniero Huergo, rodeando la Plaza Colón, a velocidades asombrosas que nada tenían que ver con el recorrido. Ahí está ese kilómetro con cien metros de más que me descolocó la segunda mitad de la carrera. Una pena, porque hasta ahora mi historia con el reloj Suunto era de amor incondicional.

Volviendo a la media maratón, el punto más flojo de la organización, hay que decirlo, fueron los guardarropas. Mientras que el año pasado fue un ejemplo, con sectores separado por rangos de números de corredores, esta vez fue un verdadero caos, con un solo cubículo habilitado (y los demás extrañamente cerrados) y mareas de corredors que querían sus cosas para irse a su casa. La inexperiencia no cuenta como excusa, menos cuando un año atrás la cosa fue absolutamente lo opuesto. Yo, por suerte, tenía mis pertenencias en el auto de Nico, pero los miles de atletas que tienen este último contacto con la organización de la carrera se quedan con un mal sabor de boca.

Quedan 5 semanas para la Maratón de la Ciudad de Buenos Aires. Esta media es la última carrera de esta temporada de Semana 52, y para mí ha sido un maravilloso cierre. Los 42K van a ser la primera de la que seguramente sea la temporada final de este blog. En 55 semanas quiero estar uniendo Atenas con Esparta, un sueño para el que no voy a querer seguir esperando…

Probablemente una de las claves para ganar tiempo, además de salir bien adelante, fue no correr con el celular, sacando fotos. Por suerte lo tuve a Nico, que logró capturar muchos momentos espectaculares de los 21 km, que gentilmente comparte a continuación:

Semana 50: Día 344: Por qué la Media Maratón de la Ciudad va a ser excelente

Hace tres años yo corría la Media Maratón de la Ciudad de Buenos Aires… colado. No me había inscripto, y fui a acompañar a mi prima Vero y a una amiga. Casi que un par de días antes me había enterado de su existencia, el cupo máximo era de 10 mil corredores (este año se alcanzaron los 17 mil 500) y yo venía de hacer carreras de aventura… o sea que me preocupaba eso de aburrirme con el asfalto.

Fue la única vez que me colé en una competencia, aprovechándome de los recursos asignados para los corredores, como agua y medallas. Ahora parece una anécdota de un principiante, porque miro hacia atrás y es algo que no volvería a hacer. En esa oportunidad, con Semana 52 apenas empezando, hice 1 hora, 57 minutos, 35 segundos.

Esta, junto con la Maratón de la Ciudad, se convirtieron en mis carreras de calle favoritas. Tengo la oportunidad de imponerme con mis piernas en zonas vedadas a los peatones. Me intriga cómo va a ser el recorrido por la 9 de Julio, ahora que está el Metrobus. Pero es otra cosa más por la que quiero estar ahí.

Pronostico que mañana va a ser un gran día. Lejos va a quedar el diluvio del día de hoy, y estoy seguro de que el sol va a brillar. Ni siquiera parece que vayamos a tener frío, ya que se pronostican unos 15 grados para la largada. Aunque sean 8, ahí estaré, solo con mi remera.

El gran cambio de aquella media maratón de 2010 y la de mañana es que casi todos los Puma Runners vamos a estar ahí, corriendo. Salvo contadas excepciones, la mayoría del grupo se enganchó y estará probándose en esta clásica carrera. Para mí es una alegría muy grande, quiere decir que estamos muy unidos y que cada uno decidió vencer aquel prejuicio que tenía de que la calle era aburrida. Más de uno está corriendo 21 km por primera vez en su vida, una marca maravillosa para romper.

Es difícil para nosotros, los que vivimos en Buenos Aires, verla con ojos de turista. Pero correr por sus calles (y autopista) le da a uno una visión muy diferente. Seguro que va a ser un mar de gente y la largada será siempre complicada, pero todo va a valer la pena. Hoy me encontré con Juanca, lector, comentarista habitual de este blog, y nuevo amigo, que me regaló un medallero hecho con sus propias manos. Él está de visita desde Venado Tuerto, y va a poder ver la media maratón con más ojos de turista que yo. También me voy a juntar con Nico, otro habitué del blog, y los tres iremos hacia la largada, a ver qué tan cerca podemos dejar el auto (el primer gran desafío de mañana). Y haber hecho amigos con Semana 52 es realmente algo muy poderoso para mí. Ya en la entrega de kits de ayer se acercaron a saludarme, y es algo que nunca deja de sorprenderme. Este blog es la mejor experiencia que he tenido en mi vida, me ha ayudado a crecer y a probar cosas nuevas.

El recorrido de los 21 km ya de por sí vale el esfuerzo. Encontrarse con amigos, nuevos y de larga data, le suma muchísimo al evento. Y correr por Benicio, el recién nacido al que operaron del corazón el miércoles pasado, cierra todo el paquete. Porque a veces no nos damos cuenta de que las cosas que hacemos, incluso algo tan personal como correr, puede tener mucho impacto en el otro. Correr no solo nos ayuda a nosotros mismos, también inspira y le da fuerza y motivación a quienes lo necesitan. Mañana va a ser un gran día, y estoy muy contento de formar parte de él.

Semana 49: Día 343: La agotadora acreditación de los 21K

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Los argentinos, y en especial los porteños, nos creemos los más vivos. Suponemos, erróneamente, que nos las sabemos todas. Yo soy un claro ejemplo. Estuve convencido de que en las elecciones primarias el mejor horario era el del mediodía, porque todos iban a estar almorzando. Ye sa brillante idea la tuvieron otras 800 personas en la mesa donde votaba yo. Cuando el Gobierno de la Ciudad decidió aumentar el pasaje del subte a $2,50, dije “qué buen momento para comprar muchos subtepass a $1,10”, y me fui como un iluso a la estación más cercana, donde había un mar de ratones como yo. Hoy, en la acreditación, volví a vivir esa sensación de poca originalidad.

La Expo Maratón, que precede a las carreras de 21 km y la de 42, es un clásico, con stands para comprar (con algunas ofertas muy buenas) y algo de circo para los visitantes, como fotos, estudios gratuitos, sorteos, charlas, etc. La función principal es retirar los kits, y hacia allí fuimos con Vanessa y el encargo de otros 10 compañeros de los Puma Runners. Nos juntamos con vane a las 14:30 en el centro y fuimos para La Rural, convencidos de que les ganábamos de mano a todos los corredores que estaban prisioneros de su horario laboral. Cuando llegamos, casi a las 15 hs, los 17 mil inscriptos parecían estar todos juntos ahí, haciendo la cola. Nuestra idea era personalizar las remeras con divertidos apodos. Prestamos especial atención porque esta año los talles eran más grandes para los varones y más cortas para las chicas. Yo siempre uso M y esta vez me di cuenta que lo que me quedaba mejor era una S. Uno se probaba el talle en la puerta y después entraba.

Cuando uno llega ilusionado a un lugar, es muy duro ver a tantas personas que, mansamente, hacen filas interminables. Pero al fondo vimos un mostrador especialmente pensado para retirar 5 kits o más. ¡Perfecto! A los codazos, nos abrimos paso y llegamos hasta ahí. En mi infantil imaginación, iba a estar de regreso en casa antes de las 18 horas, para pasar unas poquitas correcciones a un trabajo y enviarlo por mail. Pero los minutos pasaban y nuestra cola no avanzaba ni un centímetro. Era un pobre consuelo ver que en casi todos los mostradores era igual. Entendimos un poco la lentitud cuando el primero de nuestra fila se fue con una caja tamaño bañera con unos 60 kits. Nos sacamos algunas fotos, a mí me dio hambre como todos los días a las 16 hs y me compré una manzaba en Brioche Doreé por seis pesos, y nada parecía hacernos avanzar.

A pocos minutos de las 17 hs y todavía sin llegar a retirar los kits (nos faltaba ponerles el nombre a cada una) me fui. Pero no porque renunciaba… ¡tenía que mandar ese bendito e-mail! Dejé todo en manos de la muy capaz Vanessa y salí de La Rural corriendo (literalmente). Entré en el subte, combié en 9 de Julio con la línea C, me bajé en General San Martín y corrí a casa. Mientras se exportaba el pdf de impresión me atraganté con mi avena con pasas y leche de soja, y mientras adjuntaba el mail lavé todo como pude y salí de nuevo corriendo. Entré al subte y me volví a bajar en la estación Plaza Italia. De ahí corrí nuevamente hasta la entrada de La Rural, donde Vanessa ya había retirado las bolsas y llevado a estampar las remeras. ¡Misión cumplida!

No me dio nada de tiempo para recorrer porque ya teníamos que retirar las prendas con nuestros apodos. Las trajeron en dos tandas. “Maritha”, “La Rubia”, “Gus”, “Marce”… iban pasando las remeras. Yo estaba ansioso por recibir la mía que decía “Semana52”. Pero nada. Vanessa empezó a urgar entre las bolsas. Había un “ALE” (con letras gigantes) en una remera talle “S”, pero para Alejandro habíamos encargado una XL. El chico de los estampados dijo que ya no había más. De hecho, sobraba una remera que no tenía estampa… talle XL. Sí, en mi remera S estaba escrito ALE en letras GIGANTES, de unos 10 cm de altura. Y no nos la querían cambiar (claro, porque el error era nuestro). Me lamenté por haber dejado a Vanessa sin supervisión, y empecé a imaginarme corriendo el domingo con el nombre de otra persona. Lo único que nos ofrecieron los chicos fue sacarle las letras.

Y eso hicimos. Y aunque quedó perfecta, cambié la XL que no tenía estampado por una S, y volví a hacer la cola para que le pongan Semana52 (sin espacio). Después de dejarla y volverla a buscar a los 20 minutos, me saqué una foto con la remera, me compré un par de medias de industria nacional, y me fui, absolutamente molido. Estas cosas me agotan mucho más que correr. Prefiero estar dos horas haciendo actividad física que haciendo una fila y esperando mi turno. Espero que este sea el único contratiempo que me den los 21K de la Ciudad de Buenos Aires…

Semana 37: Día 255: Los 21 km de la Mizuno Half Marathon

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Como comentaba en posts previos, en un arranque de improvisación decidí inscribirme en la media maratón que se corría en Vicente López. Uno generalmente se prepara para este tipo de carreras, averigua quién la organiza, o cuál va a ser el recorrido. Yo me anoté porque la corrían dos amigos míos de los Puma Runners. Nada más que por eso.

Al momento de la inscripción estaba viviendo en Caballito, en el departamento de mi hermano y Seba, su pareja. Me trataban muy bien, me daban comida vegana, y no me obligaban a pasear al perro (tamaño caballo). No me podía quejar. Pero bueno, un poco me quejaba. No está bueno instalarse indefinidamente en el hogar de una pareja, porque por más que te prometen que no molestás, uno siente que está todo el tiempo en el medio. Tampoco tenía un lugar fijo para trabajar, y le buscábamos la vuelta para que yo estuviese cómodo y mi hermano pudiese atender a sus pacientes. Mi prima Vero me insistió en que me instale por unos días en su departamento de Recoleta, y con la media maratón encima, me pareció que era más prudente salir desde este barrio que desde Caballito.

La largada era a las 7 y media de la mañana. Si salía desde lo de mi hermano iba a tener que levantarme a las 4. Mudado e instalado en lo de mi prima, terminé yéndome a dormir a la 1:30. Con todo el dolor del mundo madrugué, me cambié y salí a encontrarme con Pablo, un amigo que corría y me alcanzaba a la meta. Lloviznaba, lo que parecía un mal pronóstico para la carrera.

Como decía antes, me mandé sin saber absolutamente nada. Solo que el organizador era TMX, lo cual para mí es una buena referencia. Sin embargo hubo un detalle que me pareció poco feliz, y fue que el chip se entregaba de 6 a 7 AM, previo a la salida (que, recordemos, era 7:30). Desconozco si hubo algún problema, pero yo estaba como cortando clavos, porque no sabía si íbamos a hacer a tiempo. A la hora de la salida todavía era de noche, pero por suerte la llovizna desapareció como por arte de magia.

Largamos 7:40, un brevísimo retraso que quizá tuvo la colaboración de esta extraña logística de los chips. Salimos Pablo, Lean, Germán y yo, cada uno a su ritmo. Yo estaba con poco sueño e improvisando, y sinceramente no tenía ganas de hacer marca. Fui a estar con mis amigos, impulsado por su presencia. Tenía ganas de acompañarlos, estar ahí como apoyo moral o para dar consejos. Quería disfrutar del paisaje y no estar todo el recorrido tensionado, sufriendo el esfuerzo físico desmedido. Es algo que también quise hacer en las Fiestas Mayas. Creo que no tengo que demostrarme nada. No quiero ser el más rápido, y la meta espera a todos, desde el primero al último. Como un buen libro que lo dosificamos porque no lo queremos terminar, yo también quería disfrutar un poco más de cada carrera.

Me apegué a Lean, un Puma Runner de la nueva generación, quien tiene un muy buen ritmo pero vive siempre relegándose para acompañar a alguien. Esta vez decidí que iba a ser él quien estuviese acompañado. Salimos desde el costado del río, y dimos una larga vuelta que nos hizo cruzar por el costado de la largada. No lo sabíamos en ese entonces (yo, al menos, que caí de paracaidista), pero esto de hacer círculos y pasar por el mismo punto más de una vez fue la característica de esta media maratón, y el punto que yo más le critico. 21 kilómetros es una distancia suficiente para unir Provincia con Capital. Permite hacer a pie cosas tan raras como salir desde la cancha de Boca y llegar a la de River, o hacer un ida y vuelta desde Colegiales hasta Olivos. Pero lo que fue una ventaja para los fotógrafos que no tuvieron que salir a perseguirnos porque les pasamos por al lado cuatro veces, para los corredores se volvió un poco tedioso.

A ver, la organización fue un reloj. Todo funcionó perfecto, la hidratación, las indicaciones, el puesto de frutas. Todo bárbaro. Pero el recorrido era muy monótono. Pasamos por calles de asfalto, estacionamientos… y repetíamos tramos, que hacíamos de ida y después de vuelta. En ciertos puntos, sobre todo cerca del final, parecía que girábamos en cada esquina, zigzagueando constantemente. Al principio pensé que era yo el quisquilloso que se quejaba, pero me fui dando cuenta de que no era el único.

La carrera no tuvo sobresaltos. En un momento lloviznó, lo cual prometía hacerlo más interesante, pero enseguida paró. Mientras corríamos no se sentía el frío (todo lo contrario), así que agradecí haber tenido el instinto de dejar las calzas en la mochila. Después de cruzar la mitad del circuito en una hora exacto, le dije a Lean que nuestro objetivo podía ser que la segunda mitad fuese más rápida. Aventuré “1:58:00” como meta. También le prometí que no lo iba a presionar, cosa que no pude cumplir.

El entusiasmo hacía que caltando pocos kilómetros, instintivamente aceleráramos. Íbamos cómodos, tratando de banar de 5 minutos el kilómetro. Sobre el final, y faltando a mi promesa, empecé a presionar a Lean para que acelerara. Le pedí una progresión. El pobre, con la lengua afuera, ponía su mejor cara y con mucha enteresa y caballerosidad me ignoraba por completo. Por reflejo, estando a pocos metros de la meta empecé a acelerar, pero vi que Lean mantenía un ritmo constante. No quise cruzar solo, así que me resistí al sprint final y cruzamos codo a codo. El reloj nos indicaba que habíamos cruzado en 1:55:19, mucho mejor de lo que esperaba.

Por supuesto, al frenar y enfriarme, empecé a temblar como una hoja al viento y a sufrir el espantoso clima. Tuvimos una tregua y en todo el recorrido el tiempo estuvo bastante benévolo, pero cuando la gran mayoría habíamos terminado, empezó a llover con insistencia. Por suerte estábamos desayunando, refugiados en una estación de servicio, compartiendo anécdotas de la carrera que todos acabábamos de terminar.

Dejo algunas instantáneas de carrera, pero esta vez desde afuera: suelo sacar yo las fotos, pero ahora temí por la lluvia y dejé la cámara bien guardada…

Semana 36: Día 252: Otro impulso de carrera

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Las incripciones de carreras de calle no son caras. Una media maratón por $120 es un precio más que razonable. Pero últimamente tuve una actitud más conservadora hacia las competencias. Desde mi separación volví a sentir un apego emocional a correr, y cuando el miércoles me enteré que dos amigos de los Puma Runners iban a correr la Mizuno Half Marathon (acá en Vicente López, no en Miami) dije “¿Y por qué no me anoté yo?”.

Suelo ser más previsor, pero evidentemente hay una tendencia porque es la segunda vez que lo hago en menos de dos semanas. Decidí inscribirme en esta carrera, exactamente el día en que no se podía hacer más preinscripciones en la web. Fui a la acreditación a sacarme la duda. “¿Me puedo inscribir?”. Y resultó que sí. El costo no era el mismo: $200 (ya había aumentado a $180 para los últimos días). Me seguía pareciendo un precio razonable, así que… di mis datos, pagué y me fui con mi remera y mi número de corredor.

Esto va a tener algunas complicaciones logísticas. La largada es a las 7:30 de la mañana, pero los chips se entregan de 6 a 7. Y yo estoy en la Loma del Quinoto, así que voy a tener que salir bien temprano. Pero es parte de la aventura… al que quiere celeste, que le cueste. Será cuestión de salir con la suficiente anticipación, y plata para el taxi como plan de emergencia. Y si no llego… bueno, mala suerte. Ameritará un post también el contar mi fracaso.

Correr me encanta, entrenar también. Participar de una carrera es algo muy especial, es donde uno se mide realmente cómo está, donde se deja todo (o casi). Sigo sin entender al que corre adelante de todo, “ganándole” a los otros miles que participamos, pero estar en medio de la muchedumbre es un plus de motivación que ningún entreno me puede dar.

La organiza TMX, la misma de la Patagonia Run. Cuando fui al Recoleta Mall a anotarme me encontré trabajando a Mario, a quien ya había conocido en mis dos viajes en micro a la Patagonia, y siempre me recuerda por mi veganismo más que por mis hermosas facciones. Lo que tiene la Patagonia Run, en comparación con esta media maratón, es que es infinitamente más cara, pero al menos tienen mi visto bueno en cuento a tareas organizativas. No es lo mismo hacer la logística de una montaña que de una calle, pero supongo que si les ha salido bien las competencias de aventura, esta media maratón tiene que ser pan comido para ellos.

No puedo evitar relacionar estas carreras con mi situación sentimental. Hacer estas cosas (tanto participar de una competencia como hacerlo por un impulso de último momento) me ayuda bastante a sobrellevar la situación. No me arrepiento de la ruptura, era necesario, pero eso no quiere decir que esté contento ni que la esté pasando bien. Creo que tengo suerte de tener algo que me llene a nivel emocional, y que sea la conjunción perfecta del cuerpo y la mente. Es transformar las energías negativas de una separación en algo positivo.

Semana 4: Día 26: Palpitando la Salvaje Night Race

El año pasado participé de una de las carreras más extrañas de mi vida. Se trató de la Salvaje Night Race, 30 km por la noche de Marcos Paz. El grupo organizador creció mucho desde entonces (a fuerza de hacer las cosas a pulmón, pero bien), y seguramente en la edición de 2012, del sábado próximo, haya muchos más particpantes, pero en la de 2011 éramos un puñado. Yo me divertí mucho, y sin proponérmelo llegué cuarto de mi categoría. Vicky hizo su primer podio y llegó en tercer lugar de las damas.

Fue muy extraño porque al ser pocos, en muchos tramos quedé absolutamente solo, con cero referencia de otros corredores que me confirmase que el camino era el correcto. Hay algo que se estremece dentro de uno cuando no hay ninguna luz hacia adelante y, al darte vuelta, nada viene hacia vos. Y también es el momento perfecto para que el asesino de la motosierra salga de entre los matorrales y te corte en fetas.

En aquel entonces la distancia eran 30 km. Por desgracia para los que buscamos superarnos constantemente (pero por fortuna para que se sumen más corredores), este año la distancia es de 21 km. Hay un circuito de 10 también, para los que recién se inician. Después de correr por la noche en la Energizer del Hipódromo de Palermo (un fiasco porque estaba demasiado iluminado), irnos a Colón (Entre Ríos) a aventurarnos en la oscuridad tiene un plus diferente. Además es nuestro merecido viaje con el grupo, los Puma Runners, que vamos en patota hacian donde esté la aventura. Actualmente Vicky está enferma, y de su recuperación depende de que participemos este sábado. Esperemos que se mejore pronto porque ella siempre vuelve con anécdotas de cada carrera, y no merecería perderse esta.

¿Dónde corremos? “Ubicada a orillas del rio Uruguay, la ciudad de Colón es uno de los principales centros turísticos de la Provincia de Entre Ríos. Colón es un lugar caracterizado por las bellezas de sus paisajes, sus placenteras playas de arena blanca a orillas, mucho verde y amplias opciones gastronómicas y hoteleras”, dice la web de la carrera. “El punto de largada será el Parque Quirós, que se encuentra ubicado al sureste de la ciudad de Colón, entre el Balneario Municipal “Santiago Inkier” y el Balneario Privado “Club Piedras Coloradas”. El Parque Quirós constituye uno de los mayores atractivos con los que cuenta la ciudad de Colon, ya que posee una ubicación que sirve de mirador hacia el río Uruguay. También ofrece una frondosa vegetación y cuenta con barrancas con sendas peatonales las cuales atraviesan las grutas de la Virgende Itatí y la Virgen de Lourdes”.

Lo bueno de arrancar de noche es que la acreditación se puede hacer antes de la largada. A las 20 hs vamos a cruzar la largada, unos diez minutos después de que baje el sol. El sendero es de tierra y arena, y al parecer no va a llover, así que el recorrido va a ser muy accesible, por la costa del río Uruguay. Esperemos que la salud de Vicky mejore de acá al viernes (fecha en la que salimos para Entre Ríos). Y si la gastritis no nos lo permite, me quedaré cuidando de mi familia, que es lo único más importante que salir a correr…

Semana 50: Día 346: Una enseñanza de la Media Maratón de la Ciudad de Buenos Aires

Todavía resulta impresionante pensar en 15 mil personas corriendo la misma carrera.

El año pasado el cupo fue menor, y a último momento me quise inscribir. Recién volvía de correr en Grecia, y la verdad es que la había pasado bastante mal físicamente (emocionalmente estaba en la gloria). Pero ya no quedaban lugares, solo podía anotarme en la de 10 k. En 2010 ya me había colado en la media de Buenos Aires, y como no fue algo que me enorgulleció, no quise volver a hacerlo. Pero en 2012, con una novia con iniciativa y que paga todas sus inscripciones por la web, nos decidimos a anotarnos y nos tomamos poquitos minutos para hacerlo.

Ya el año pasado los medios hablaban de récord de inscriptos, pero no sé si imaginaban esto. La organización seguramente lo anticipó, y con 15 mil cupos hubo lugar para todos. Creo que cerraron la inscripción cuando acababan de pasar los 14 mil, porque ese es el número que da hoy la prensa, pero a último momento, el viernes, liberaron algunos lugares (con la advertencia de “te toca el talle de remera que te toca”).

Una compañera de los Puma Runners, Dora, decidió el sábado que quería correr. Con Vicky le hicimos la cabeza y, sin saberlo, le aseguramos que iba a conseguir inscribirse. ¿Con qué criterio dijimos eso, si el año anterior yo no pude hacerlo? No sé por qué, pero Dora se apersonó y se pudo anotar. Su número de dorsal andaba en el 14850 (aproximadamente), así que no me extrañaría que el número de corredores sea bastante más optimista que el que dio la prensa.

¿Contemplaron los periodistas a los del “último minuto”? ¿Y los colados? Muchos eligen guardar la remera oficial y correr con otra, en especial los de elite (que medio hacen lo que se les canta, como correr al doble de velocidad que uno). Pero, ¿correr sin dorsal? Ningún inscripto haría eso, principalmente porque además era el chip que fiscalizaba el tiempo de cada uno. Lo que pasó, probablemente, es que hubo quienes aprovecharon la masa crítica y se metieron, amparados en que por más miembros de la organización que hubiese, era imposible controlar a cada uno de los 15 mil atletas.

Es cierto que fui un colado en el pasado, y encima en una edición de esta misma carrera. En los comentarios de este blog me hicieron ver mi error, y hoy tengo otra postura sobre este tema. Cuando corrí sin anotarme, me dieron una medalla, pero otros que llegaron después que yo se quedaron sin su reconocimiento porque se habían acabado. La mía la regalé esa misma mañana a una amiga que se había quedado con las manos vacías. Pero muchos que habían pagado por poder correrla sufurieron la misma (injusta) suerte.

He tenido eventos en los que me anoté el día anterior, sobre el pucho, y una vez pagué la inscripción 15 minutos antes de la largada. Pero aprendí algo en el camino. Uno de esos amigos que hice en las carreras, el gran Eduardo Waldo Frechou, transmite esta enseñanza en cada competencia en la que participa. En la espalda de su remera siempre se abrocha el mismo cartel. En la media maratón de ayer lo pude reconocer por este detalle. Su mensaje es contundente: “Nada se obtiene sin sacrificio”. Sea económico, físico o mental, todo lo bueno tiene un precio. No tiene sentido salteárselo.

(Click acá para ver las fotos de la Media Maratón)

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