Archivo del sitio

Semana 35: Día 241: Trayendo un poco de tranquilidad al blog

Quizá esta aclaración sea innecesaria, pero la experiencia (fallida) de la Ultra Buenos Aires no me dejó deprimido. No estoy triste, ni enojado, ni desilusionado. Ayer escuchaba sobre un atleta que estaba muy golpeado porque en una carrera (creo que el Iron Man) había salido en el séptimo puesto. ¿Cómo puede alguien lamentarse por algo así? Me pareció un pésimo ejemplo… Creo que encontrarnos ante objetivos difíciles puede ser un motor para superarnos y salir más sabios de todo esto.

Sin dudas yo aprendí mucho, y ya hay cosas nuevas que quisiera intentar (o cosas viejas que di por sentado). Tengo nuevos objetivos a mediano plazo y a largo plazo. Mi viaje a Grecia no lo voy a posponer (aunque Vicky tuvo la gentileza de preguntarme si quería eso) y voy a seguir entrenando… y supongo que voy a seguir actualizando el blog, mientras decido cómo se acomodan los próximos meses.

Juandy, un gran amigo, comparó la Ultra Buenos Aires con Rocky I, en el que Balboa pierde contra Apollo Creed, y uno hincha por el Semental Italiano, a sabiendas de que en Rocky II va a ganar. Salvando las distancias entre el boxeo y el running (y las películas con la vida real), me honró esa comparación. Lamentablemente mi oportunidad para pre-clasificar era una sola, y no llegué. Por suerte, al igual que en el cine, la vida da revancha.

Creo que hubiese sido un tonto si me hubiese puesto mal. La posibilidad de no tener una chance era lo que me angustiaba. Comprobar que no estaba preparado (sin detenerme en los motivos) me da mucha paz interior. Puedo pensar en dejar pasar este año sin sentir que he perdido el tiempo, sino en que necesito 52 semanas más para correr 36 horas sin jugarme la vida.

Me quedan muchas cosas por decir de esta carrera, lo que aprendí, y sé que me quedé corto en los agradecimientos a todos los que me ayudaron. Todavía me queda mucha tela por cortar (pero poco tiempo durante el día para sentarme a hacerlo). Gracias a todos los que están escribiendo palabras de aliento, tanto en el blog, como en su réplica de Clarín y en el twitter. Hoy voy a visitar a mi grupo de entrenamiento, pero no creo que a entrenar. Aunque ganas… no me faltan.

Y quiero agradecer nuevamente a Brenda, que se acercó hasta Marcos Paz, quien vino a verme sin siquiera conocerme en persona (y ni siquiera llegamos a cruzar un saludo). Me alegra que haya podido presenciar un poco de la “cocina” que fue la Ultra Buenos Aires, y que haya sido una “loca” más que vino a verme correr. No dejen de visitar su blog, Chica que corre (el running desde adentro!!)

Semana 35: Día 240: Los 100 km de la Ultra Buenos Aires

Antes que nada quiero hacer la imprescindible aclaración de que esta fue la carrera que más feliz me hizo en toda mi vida. Algunos tendrán su propia fantasía de cómo es el Cielo, y yo me di cuenta de que la mía es todo lo que viví ayer. Tener a mi familia, a mis amigos y a mi perro acompañándome, dándome aliento, ayudándome, mientras yo exploraba mis límites, es lo más hermoso que me pasó en la vida.

Hubo mucha planificación para la Ultra Buenos Aires en poco tiempo. Era previsible que algunas cosas no salieran como las habíamos pensado. El pronóstico había anunciado que por fin iba a salir el sol para el fin de semana, y yo lo vi recién hoy domingo. Se suponía que iban a hacer entre 14 y 19 grados, y pasé un frío importante. Íbamos a largar a las 9 de la mañana pero un imprevisto nos obligó a empezar a las 10 y media. Así y todo, con esos tiempos demenciales para organizar una ultramaratón, las cosas no salieron como las habíamos pensado, pero podrían haber salido infinitamente peor.

Llegamos a Marcos Paz el viernes, después de un viaje complicado en tren. Estábamos Vicky, Oso Rulo (nuestro caniche), mis padres y yo. Los tiempos de combinación entre el ramal Once/Merlo y el de Merlo/Lobos eran muy acotados. Al ser feriado, la frecuencia del segundo era cada 1:20 hr. Pero llegamos justito… solo para enterarnos de que habían cancelado el servicio, y de que teníamos que esperar dos horas y media. Tomamos un taxi, negociamos el precio, y llegamos a La Posada. Paseamos un poco, pero más que nada nos relajamos.

Me desperté temprano, desayuné y preparé las cosas para correr. Nos golpearon la puerta y eran mis hermanos Santiago y Matías, que ya habían recontra jurado que iban a venir… y lo hicieron a tiempo. A las 8 estábamos en la plaza, desde donde iba a arrancar, y ya me estaba esperando Germán, mi entrenador. Lloviznaba un poquito, pero nada como para alarmarse. El tema fue que la gente de la organización no aparecía, producto de una emergencia familiar absolutamente entendible. Pero en ese momento, no teníamos forma de contactarnos. El resto estaba más nervioso que yo. 9 y media llegó Rodolf (así, sin la “o” final), nos asesoró sobre el trayecto, y se quedó controlando la salida. Luego se fue a esperarnos en Plomer, la ciudad donde iba a pegar la vuelta. Sincronizamos relojes y a las 10:30 en punto largué.

Todo el tiempo lo tuve a Matías manejando su auto a mi lado, y Santiago de copiloto. El resto, se quedó en la plaza. Me insistieron en que no corriese con la mochila, que era mucho peso, pero yo fui muy terco y quise tenerlo todo el tiempo conmigo. Me aferré a un argumento incuestionable: no me quería deshidratar. Después de algunas cuadras de asfalto tomé una calle entoscada, pero con bastante barro. Tomé por la vereda, mientras los lugareños me miraban, extrañados. El auto me esperó en la calle en la que tenía que doblar, en el km 2,5.

Fuimos derecho otros 5 km, y nos cruzamos con pocos vehículos. Es lo bueno de Marcos Paz, ciudad ideal para todo tipo de carreras. Doblamos a la izquierda en otra calle, un poco más embarrada, que desembocaba en la ruta 6 en el km 13, aproximadamente. El paisaje daba mucha paz. Nos cruzamos con las vacas, un puente sobre un arroyito, y la tranquilidad del campo. La colectora era, obviamente, otra historia, pero estaba muy poco transitada, así que pude correr por el asfalto. El tiempo era impecable: 5 minutos el kilómetro. Los chicos me sacaban fotos desde el auto y la subían a mi twitter.

Nunca vimos el cartel de Plomer para doblar (de hecho solo se ve en el sentido contrario), así que nos pasamos. Tenía que doblar en el km 21,5, y no lo hicimos. No hubo un perro en todo el recorrido que no nos haya ladrado cuando los cruzamos. Al momento en que mi gps dio 25 km exactos, me detuve. Quise, por precaución, ponerme Voltaren en las rodillas. El último tramo, en la ruta, era mucho más frío, así que me puse un buzo, una gorra y un pantalón largo. Tuve suerte de tener todo eso en el auto, porque se suponía que el clima iba a ser otro.

La vuelta fue más dura. Al principio mantuve el ritmo, el tiempo me iba a sobrar con comodidad. Pero… empecé a bajar. El muro. Cuando pasé el km 30 ya estaba en 5:38 de ritmo, y me costaba mucho bajarlo. Vimos un auto estacionado en la banquina, eran algunos compañeros de los Puma Runners que no habían podido estar en la llegada, pero que venían a hacer el aguante. Me empecé a cansar, el Gatorade de la mochila me empezó a asquear, al igual que los geles. Intenté comer un mix de frutas secas, pero la nuez y las almendras me cayeron muy mal. Empecé a caerme anímicamente.

Solo me pudo ayudar Juli, compañero de grupo, que se bajó del auto y empezó a correr conmigo. Me dio un poco de pánico, no podía controlar mi cuerpo (cansancio, respiración, dolores musculares) y empecé a correr 400 mts y trotar lento 100. La meta me parecía cada vez más lejana, pero mis hermanos me pedían tranquilidad, tenía tiempo de sobra. Con esos cambios de ritmo los kilómetros pasaban más rápido. Le pedí a Juli que no me esperase, que fuese a su ritmo para que yo pudiese alcanzarlo. Pedí agua, pero no había. El auto de las Puma Runners se fue a llenar una cantimplora mientras intentaba seguir avanzando. Cada vez me costaba más, y mis aspiraciones de terminar se iban desvaneciendo. La cabeza me pedía parar todo el tiempo. Caminaba y trotaba alternadamente, con Juli dándome aliento, felicitándome cada vez que corría. En el km 37 se acabó el Gatorade, me saqué la mochila y se la di a Santi. Confieso que me ayudó un poco sacarme ese peso.

Finalmente llegó el agua junto con las chicas. Yo solo pensaba en llegar a la meta, que era justo la mitad de la ultra, y sentarme un momento. No había nada salado, y nunca deseé tanto comer pretzels. Pensando en alternativas me terminaron comprando pan. Fantaseaba con ese instante, sentadito, cambiándome las medias, masticando un miñoncito. Rodolf nos alcanzó en bici y me dio más agua. Sorteamos los caminos de barro, y empecé a tirar un poquito más. Juli fue mi salvador, y cuando ya reconocí la zona cercana a la plaza subí un poquito la velocidad. Ahí los vi a todos esperándome, mucha gente que había llegado, amigos, hasta se vino Brenda, amiga de este blog, con la ilusión de correr unos kilómetros. Pero el cambio de recorrido y el frío la desanimaron.

Fue un golpe anímico que no me dejasen detenerme un segundo. Quizá se me veía el cansancio en la cara. Después de todo habían sido 50 km en 4 horas y media. Si seguía bajando el ritmo, no iba a llegar dentro del límite de las 10 horas y media. Entre todos los que me esperaban estaba mi eterno compañero de aventuras Marcelo, listo para acompañarme 50 km todo el tiempo. También se sumó otra Puma Runner, Marian, y le pude dar un beso a Vicky, que me esperaba feliz. Estaba muy contento de verlos a todos, pero casi a las patadas me mandaron a que siga. El consejo era bueno, no me tenía que enfriar. Pero anímicamente venía muy golpeado.

Solo me acompañó el auto de mis hermanos, al que se le sumó Vicky y nuestro perro. Caminé varias cuadras, hasta que le pedí a mi hermano que parase el auto. Me senté, me saqué las medias, me unté de Voltaren, y me tomé todo el tiempo del mundo. Necesitaba ese momento de tranquilidad. Era lejos de la meta, nadie me veía más que los presentes. Largamos entre las calles embarradas, pero no encontraba el ritmo. Sentía un poco la presión del reloj, y los chicos me arengaban para que no afloje. Con Marcelo empezamos a hacer cambios de ritmo, 100 metros caminando y 400 en progresiones. Marian seguía a su ritmo, y cada 500 metros la alcanzábamos. Así empecé a sentirme un poco mejor, y comprobé que es una muy buena estrategia de ultramaratón. Me agitaba, pero caminando me recuperaba.

Con eso avanzamos casi 10 km, seguidos por unos molestos perros que se cruzaban todo el tiempo. No pude más, me dolía el estómago. Vicky me cuidaba desde el auto, y Oso Rulo, angustiado por mi calamitoso estado, lloraba. Se me hizo un nudo cuando ella me dijo, con ojos llororos, que yo podía, que ella también había querido abandonar en otras carreras y que yo la había ayudado a seguir. Mariconeando de una forma que no me suele caracterizar, seguí avanzando, frenando y trotando. Llegamos a la ruta, y pedí descansar un poco. Estaba destruido, empapado y con frío. Me prestaron ropa seca, más abrigo, y me sacaron para que siga corriendo. Intentaba no preguntar la hora, sentía que no llegaba. Pero igual no quería abandonar. Igual fantaseaba con comer un plato de pastas e irme a la cama, calentito.

Empezaba a hacerse de noche. El sol se asomó un segundito, pero no lo suficiente. En promedio, el día había estado horrendo, y ahora se empezaba a ir la única fuente de luz. Se cruzaron en auto ese grupete de amigos que no tiene nada que ver con el running, y que venían de lejos a interceptarme. Intenté que me viesen fuerte, sin caminar, pero las piernas me mataban. La cabeza, insistentemente, agregaba excusas para detenernos. Marcelo y Marian, que venían acompañando todo el tiempo, se ofrecieron a elongarme. Me tiré a un costado, en el pasto, y cuando empezaron a estirarme sentí unos dolores horribles. No contuve mis gritos de dolor, lo que hizo que todos se bajasen de los autos a verme. Vicky me hizo masajes en la espalda y se ofreció a correr conmigo. Se cruzó un nuevo auto Puma Runner, mientras se hacía más de noche.

Cuando finalmente pegamos la vuelta, mi estado era calamitoso. No tenía energías, y solo quería volver (pero en auto). De pronto se apareció Germán para correr conmigo, y hasta dos amigos míos, Juandy y el Colo, empezaron a trotar EN JEAN. Estaba rodeado de afectos (Oso Rulo dormía en el asiento de atrás del Clío de mi hermano), toda esa sinergía a mi alrededor, pero cada vez rendía menos. Pedí un gel y agua para bajarlo, y en el km 77 lo vomité. Mi cabeza quería abandonar desde hacía 45 km, esta vez mi cuerpo le daba la razón. Se había terminado, en ese instante, mi ultramaratón.

Empezamos a caminar, todos juntos, mientras yo seguía con arcadas y eructos (no era mi mejor momento). Estaba empapado de transpiración, así que me consiguieron más ropa seca. Los músculos de las piernas daban puntadas de dolor por todos lados, y me sentía a centímetros de un calambre. Lo más probable era que me hubiese deshidratado (solo hice pis una vez en esas ocho horas, el resto se me fue transpirando). El tema con la deshidratación es que no tiene vuelta atrás. Caminamos en la oscura colectora, solo iluminados por los autos que nos escoltaban. Había dos opciones, volver en auto o terminar a pata, por el orgullo. Me sentía sereno, quizás algo triste, pero no demasiado. Estaba rodeado de amigos, con mis hermanos, de la mano de mi novia. Me sentí más acompañado que nunca. Todavía quedaban dos horas para la hora límite, pero solo convirtiéndome en un keniata podía llegar.

Después de un rato decidí que era mejor volver en auto. Pensaba en todos los que me estaban esperando, y como el objetivo de las 10 horas y media ya no los iba a poder alcanzar, no tenía tanto sentido seguir por orgullo. El cálculo daba que me iba a tomar cuatro horas para volver caminando. Nos repartimos en los dos vehículos y con bastante dolor me senté y subí mis piernas. Estaba muerto de frío, y me sentía extremadamente agotado. Llegué a la plaza y los que todavía estaban me recibieron con un aplauso. Fue un momento muy emotivo.

Obviamente fuimos a comer, y cumplí mi sueño de ese plato de pastas, aunque en ningún momento me desabrigué. El resto estaba en remera de manga corta, y yo con doble campera.

Si me hubiesen preguntado hace una semana cómo me podía llegar a sentir si no podía terminar la Ultra Buenos Aires, hubiese respondido algo completamente diferente a lo que terminó pasando. ¿Cómo podía quejarme? Había dado todo lo que tenía. No frené por miedo, sino porque no podía más. Más de 20 personas se habían movilizado hasta Marcos Paz solo para verme. Me acompañaron en momentos de mucha angustia y tensión. Ni siquiera me imaginaba que mi hermano Matías iba a poner su auto a disposición toda la carrera, para avanzar a mi lado, a paso de hombre. Era sábado, sánguche entre feriado y domingo, seguro que todas esas personas tenían cosas interesantes para hacer ese día. Sin embargo, eligieron venirse hasta ese pueblo para alentar y acompañar. No me importó no haber terminado, corrí, sentí todo ese afecto, y aprendí muchas cosas de organizar y correr ultramaratones.

Marcelo me dijo una frase que no la voy a recordar con exactitud, pero la podría parafrasear de la siguiente forma: Los sueños no se cancelan, se posponen. Esto fue un primer intento. Ya voy a conquistar los 100 km de running, a mi tiempo. No va a ser este año, pero ya tengo gente que se ofreció volver a acompañarme. Y la gente de Salvaje se quedó contenta con la experiencia, y propusieron repetirlo el año que viene. Quizá es todo lo que hace falta, un loquito mandándose a conquistar solo un desafío, y sus seres queridos acompañando y ayudando. Así debe ser cómo nacen las carreras.

Semana 35: Día 238: El recorrido oficial de la Ultra Buenos Aires

Entre todos los compromisos por sus constantes eventos deportivos, la gente de Salvaje finalmente estableció el recorrido de la Ultra Buenos Aires. Son 100 km, y siempre barajamos la posibilidad de armar un circuito chico para que cualquiera se sumase a correr lo que quisiese. Bueno, como que al final es así y no es así.

La Ultra va a tener un recorrido de 25 km, empezando desde la Plaza de Marcos Paz (Belgrano y 25 de Mayo) hasta la entrada del Club de Parapente. Ida y vuelta es la mitad de la carrera. Vamos a tener el cronómetro y un gazebo en la largada, así que cualquiera que venga por sus propios medios nos va a encontrar fácilmente.

El recorrido del circuito es:

Largada Plaza de Marcos Paz (200 mts de asfalto) hasta llegar a un camino de tierra firme (entoscado). Ahora que paró de llover va a estar más transitable (todos los otros caminos posibles estaban bastante anegados). En el km 13 llegamos hasta la ruta 6, de asfalto, y corremos por la colectora. En el km 21,5 ingresamos a Plomer, por camino de tosca, y frente al Club de Parapente pegamos la vuelta. Ah, el Google Map es una cosa maravillosa.

Nos vamos a manejar con autos, así que quienes me quieran acompañar 25 km saliendo desde la largada no tienen que volver a la ciudad en Parapente.

Estoy muy nervioso. Pero a la vez muy contento de poder hacer esto. Estoy muy agradecido con la gente de Salvaje que está poniendo recursos para que pueda cumplir este sueño helénico. Lamentablemente no pudimos cerrar las posibilidades de los auspicios/donaciones, pero se abrió una puerta para hacerlo cuando corra la Espartatlón. Así que los contactos no fueron en vano (y si la idea es donar cierta cantidad de dinero por cada kilómetro que corra, con 246 se van a tener que poner bastante más).

Les recuerdo, para los que no se manejen con auto, que a Marcos Paz se puede llegar en colectivo (el 136 desde Primera Junta), o en el recientemente “desconsesionado” tren de la Línea Sarmiento, hacia Merlo, para combinar luego con el que va a Lobos (hasta la estación de Marcos Paz). Consultar primero los horarios, porque tienen poca frecuencia.

Mañana quizá haga un posteo temprano, antes de largar, y deje la reseña de este desafío para el domingo. Ahora me voy a Once, a tomar el tren, para pasar el resto del día en Marcos Paz, intentando bajar un poco las revoluciones…

Semana 34: Día 237: Llegaron las remeras de la Ultra Buenos Aires

Lloren, chicos, lloren.

No, no lloren, es mía. Es todo lo que daba el presupuesto.

Me informan que otro medio para llegar a Marcos Paz es el 136 desde Primera Junta. Debe ser un buen tirón, pero no es una ciudad tan aislada de la Capital como algunos creen.

Al final decidimos que Marcelo, mi eterno co-equiper, me va a acompañar (y hacer de liebre) en la última parte. Llegará tipo 2 de la tarde, y a partir de ahí me ayudará a mantener el ritmo hasta la meta. Ayer corríamos juntos, 10 km, el diez por ciento de la Ultra Buenos Aires, y me dio bastante cagazo… Pero bueno, es cuestión de no aflojar. Nunca lo hice, no voy a empezar justo este sábado.

26 de mayo, 9 de la mañana. Calculo que empezaremos al costado de la plaza de Marcos Paz. Busquen un grupo de gente con un perro caniche. Es Oso Rulo, y me va a acompañar a cruzar la meta, cuando haya corrido los temidos 100 km…

Semana 34: Día 236: Queda poco tiempo para la Ultra Buenos Aires…

Me encanta que haya gente que pregunte si se pueden inscribir en la Ultra Buenos Aires, y cuánto hay que pagar. Y lo preguntan en serio. El día que organicemos una carrera en serio, hacemos un desastre (pero en el buen sentido).

Ayer salió un informe en América sobre el estado de la Ruta 6. Que es la que va a Marcos Paz. Aparentemente solo el Frogger podría cruzarla (referencia para los niños de la década del ’80). Por otro lado, un amigo me adjuntó un link sobre una planta donde se queman residuos, y el olor fétido preocupa a los vecinos marcopaceños (?), que la quieren lejos (más lejos todavía, en lo posible cerrada para siempre). Nada que me amedrente. Porque voy en tren y tengo la nariz tapada.

Seguramente hay recorridos alternativos para llegar, que yo, como peatón, desconozco por completo. Aparentemente Vicky y yo no somos las únicas personas sin auto en la Argentina, así que quienes deseen ir en transporte público pueden tomarse el terrorfífico tren de la línea Sarmiento, el que va a Merlo. Luego de 14 estaciones se hace combinación con la locomotora que va a Lobos, y la cuarta estación es la de Marcos Paz. Requiere algo de astucia combinar los distintos servicios para no quedarse esperando 50 minutos a que pase la siguiente formación, pero está todo bastante organizado en la página web de TBA.

Mientras tanto sigo avanzando con mi dieta de alta cantidad de hidratos. También estoy tomando mucha agua, y cada media hora voy corriendo al baño. Espero que no me pase esto durante la carrera…

Estos días lluviosos seguramente han dejado el recorrido bastante intransitable. Esperemos que se seque todo para el sábado. Si no la gente de Salvaje Oudoor va a buscar un camino alternativo por la colectora de la ruta 6. Sí, esa que salió en las noticias con pozos donde podrías llegar a perder tu auto adentro.

Pero me siento con fe. Creo que va a salir todo muy bien. Ni siquiera el trabajo que se acumula y acumula (felizmente) quita mi atención de este objetivo. Pasado mañana ya voy a estar haciendo el chek-in del hotel… y al día siguiente estaré sacándome toda esta ansiedad de adentro y corriendo la carrera de mi vida. Eso es, hasta que finalmente participe de la Espartatlón…

Semana 34: Día 234: La Ultra Buenos Aires, por Radio Rivadavia

Hoy me llegó una buena (después de andar a las trompadas contra la vida), y es que en Casting, de Radio Rivadavia (AM 630), me va a entrevistar esta noche en relación a la Ultra Buenos Aires, y mis sueños espartatlonianos.

Este programa, conducido por Juan Marconi (cronista de Pura Química, de ESPN), está al aire de lunes a viernes, de 21 a 23, y se puede escuchar desde cualquier parte del mundo que tenca acceso a la web. Lo que me confirmó, Matías Lértora, uno de los integrantes del programa, es que me llamarían a las 22 hs. Si el tiempo empeora, me encontrarán en casa, y si el clima aguanta, habré terminado el entrenamiento del día de hoy.

Ya estoy en la recta final, y solo me queda rogar que lo de las donaciones salgan, y que cada kilómetro que corra el sábado se transforme en dinero que sea donado para una entidad. Tengo en mente alguna organización que ayude a personas que padezcan de bulimia y anorexia, es un tema que alguna vez toqué en el blog y en el cual me gustaría poder ayudar. Sería lo único que no depende de mí, y que si se da haría que toda esta experiencia tenga otro valor.

Esta es una semana un poco más corta, y el viernes estaré ya en Marcos Paz con Vicky, mis padres, y quien se quiera sumar, para estar tempranito el sábado y no demorar la largada (es la única carrera que me esperaría para empezar, pero no da llegar tarde). Les recuerdo que el circuito es de 10 km, así que cualquiera que se acerque a Marcos Paz puede venir a compartir algunas vueltas con nosotros.

Semana 34: Día 232: En la recta final

Hoy hice el que probablemente sea mi último entrenamiento de fondo antes de los 100 km de la Ultra Buenos Aires. Me dio la impresión de que mis rodillas soportaron los 15,3 km que hice en San Isidro, en una mañana gris y con una fina lluvia. Intento leer el Wind Guru para adivinar cómo va a estar el clima el sábado que viene, pero sinceramente no entiendo nada. Creo ver que voy a tener viento norte (al menos la flechita apunta para abajo), aunque quizá signifique un huracán que te empuja al suelo. La temperatura dice que, a las 9 AM (hora de la largada) será de 15 grados (Celcius, porque si fueran Farenheit estamos sonados).

Lo que sí entiendo es que va a estar nublado, así que voy a dejar los anteojos de sol y la gorrita en la mochila. Ahora que sé que el recorrido van a ser 10 km, puedo planificar arreglarme con un puesto donde tener agua y comida. Mi duda es si voy con el Voltarén encima o si lo dejo ahí. Este ungüento me acompaña desde que se hicieron habituales las molestias en las rodillas por el aumento en el entrenamiento, y como es analgésico y desinflamatorio, ya me unto en forma preventiva. Hoy me pasé antes de empezar y al terminar, aunque casi no tuve molestias. Añoro el día en que pueda salir a correr sin sentir ningún tipo de dolor, y sé que va a llegar eventualmente. Ahora estoy sufriendo las consecuencias de esos 100 km en la montaña patagónica, y aunque podría no haberla hecho y estar entrenando ahora al máximo de mi potencial, creo que tenía que estar en un estado de debilidad para que esta Ultra Buenos Aires tenga un dejo de intriga.

La verdad es que nunca corrí 100 km en llano, contra el reloj. Las otras dos veces fue con límites mucho más holgados, en terreno con muchísima pendiente, lo que me obligaba a caminar buena parte del recorrido y tomarme las cosas con calma. Ahora estoy preocupado por el tiempo y por todo aquello que pueda llegar a retrasarme. Pero me tengo muchísima fe. Tanto que si las rodillas aguantan, creo que tengo chances de llegar en 9 horas. Sería ideal, porque cruzaría la meta a las 6 de la tarde, cuando todavía hay algo de luz (digo, 18:38, y miro por la ventana y está todo oscurísimo).

Con Vicky estamos evaluando dormir el viernes que viene en Marcos Paz, para no tener que madrugar y recorrer toda esa distancia desde casa. Los nervios aumentan, y lo mejor es no andar haciendo maratones antes de la ultramaratón. Así me aseguro estar lo más relajado posible y desde temprano. Lo de un potencial auspicio va tomando forma, en tiempo récord, y si llega a salir, va a legitimar todavía más este emprendimiento. Creo que voy a correr con todos los gastos, pero no me interesa hacer plata con esto, por eso si se da esa remota chance de que aparezca un auspiciante, todo lo que reciba va a ser donado a una entidad de mi preferencia. Pero bueno, probablemente esté contando los huevos antes de que la gallina los ponga, así que dejo el tema ahí.

Las rodillas no me duelen, y lo tomo como una buena señal. Quedan menos de siete días para la Ultra Buenos Aires, y ya empezó la etapa de la dieta rica en hidratos de carbono y baja en grasas. A guardarse el resto de la semana, ya hice todo lo que podía hacer para estar a punto.

Semana 34: Día 231: Ultra Buenos Aires tiene fecha, hora y lugar

Finalmente acordamos con la gente de Salvaje que los 100 km de Ultra Buenos Aires tendrán lugar el día sábado 26 de mayo a las 9 de la mañana. Eso me da un día menos de espera, pero me gusta más que el domingo.

Para los que no sepan dónde queda Marcos Paz, está ubicado sobre ruta 200, a 50km de Capital Federal. Para los que se den maña con el Google Maps, aquí el enlace a la plaza principal, que podría ser un buen punto de encuentro. Entre ella y la estación de tren (que está pegada) suelen hacerse las largadas cuando se corre en esta ciudad.

La definición de la fecha era todo lo que faltaba para largarlo oficialmente. Este es un experimento, al que obviamente está invitado quien quiera venir. El circuito de 10 km va a facilitar que cualquiera pueda correr conmigo sin quedar perdido en medio del campo. Yo voy a darle 10 vueltas, y el que tenga ganas de sumarse, está más que invitado (pero si a algún gracioso se le ocurre correr 100 km, el estatuto de la Ultra Buenos Aires prohibe cruzar la meta antes que yo).

Para lo que seguramente necesitemos ayuda es para asistir en la logística, como la hidratación. Tengo familiares y amigos que se ofrecieron a ayudar, pero lo hacen sin caer en que la carrera va a durar entre 9 y 10 horas, y no creo que haya nadie que se banque quedarse tanto tiempo por el pancho (de soja) y la coca (light).

Gracias a todos los que están haciendo posible que este sueño (en desarrollo) se haga realidad.

Semana 33: Día 230: La trama se complica

Voy a hacer un post de confesiones. Probablemente no sorprendan a nadie las cosas que diga a continuación, pero conviene dejarlas por escrito y hacer catarsis.

Tengo tantas ganas de correr 100 kilómetros como el pánico que me da. Me encantan los desafíos, pero sé que estoy pasándome de mis límites, que esto no va a ser gratis. Me encanta correr, es algo que me da un inmenso placer. El running para mí es terapeutico. Me da paz. Estos días de incertidumbre con los griegos solo eran calmados por mis jornadas de entrenamiento. Correr toda esa distancia junta, probablemente, me obligue a correr mucho menos en las semanas siguientes. Pero es un precio justo por lo que vale el desafío, y por pre-clasificar para la Espartatlón.

Y ahora viene la segunda confesión, que vengo guardándome, y es que no me termino de recuperar de las rodillas. Patagonia Run fue mucho más dura de lo que me imaginaba. Obviamente no estaba preparado para la montaña, ni me imaginé que iba a necesitar más potencia de piernas. Fue la prueba más difícil de mi vida, y encuentro algo de consuelo en el hecho de que la pude terminar. No lo hice en mi mejor estado, y tuvo sus consecuencias. Ahora corro y las rodillas empiezan a doler. Mucho, pero no como para detenerme. Creí que a esta altura ya iba a estar al 100%, pero ayer me di cuenta que estoy lejos todavía. Hicimos un fondo de 20 km, que fueron 4 vueltas al hipódromo de San Isidro. Al final de cada vuelta, nos hidratábamos y estirábamos un poco, nunca más de tres minutos. Eran en progresión, y quizá tendría que haberme guardado o haberlas hecho estable. El tiempo fue excelente, 1 hora 35 minutos (descontando esos pequeños descansos). Y hoy sentí dolores todo el día, al arrodillarme, al sentarme. Son señales de alarma, que colaboran con ese pánico creciente, que intento esconder.

Correr me encanta, pero estoy jugando con distancias que van más allá de lo que estoy acostumbrado. Es parte del crecimiento, y en algún momento hay que correr el techo. Pero los 20 kilómetros de ayer eran una quinta parte de lo que me toca dentro de 10 días. ¿Voy a poder seguir y completar los otros 80 kilómetros? ¿Qué consecuencias voy a tener? ¿Cuánto voy a necesitar descansar después? La meta es llegar en menos de 10 horas y media. Si no, estoy sonado. La presión está ahí presente, la oportunidad de correr la Espartatlón es una sola.

Sé a lo que me enfrento si no la puedo correr. Estos días en que no sabía cuál iba a ser mi destino resultaron muy jugosos para el blog. Hoy casualmente hablaba con mi amigo Javi, esporádico lector, que me reconoció estar en el borde de la silla, esperando las novedades de cada día. Y reconozco que mientras la cosa se complicaba, yo me decía para mis adentros que ahora iba a tener tela para cortar. Pero la verdad es que la pasé muy mal. Mucha angustia que no supe cómo resolver. Vicky me hablaba de alternativas como otras carreras en la misma fecha que la Espartatlón, o cambios en el itinerario (más días en París, menos en Atenas), y yo me sentía como Zorba, el Griego, cuyas pertenencias ya se las querían repartir antes de que él muriese. Sé que dramatizo, y puse mi energía en encontrar una salida a este dilema de la pre-inscripción. Pero prácticamente fue todo lo que pude hacer. El día se convirtió en huecos entre las respuestas de los griegos, y entrenamientos, donde los problemas se disipaban.

Sé a lo que me enfrento si no llego. No me voy a morir de tristeza, pero me puse tanta expectativa que puedo soportar no llegar, intentar la Espartatlón y tener que bajarme antes de la mitad, pero no puedo tolerar la situación de quedarme con las ganas. Quizá eso es lo que realmente me da pánico de la Ultra Buenos Aires, porque si no llego, se terminó Grecia para mí hasta el año que viene.

Por ahora, las cosas que puedo manejar, están marchando. Solo dependo de que mi punto más débil en mi carrera de fondista, las rodillas, no me fallen. Y que aguanten “nada más” que 100 kilómetros.

Semana 33: Día 229: Ultra Buenos Aires está en marcha

Los griegos me han respondido mi carta con un brevísimo comunicado:

Querido Martin,
mientras tanto, por favor, complete y envíe la ficha de inscripción por e-mail.
Gracias,
P. Tsiakiris

Y bueno, obviamente lo hice.

Mientras tanto, ya bauticé la carrera: Ultra Buenos Aires. Con Vicky vamos a hacer remeras con el logo, que acabo de diseñar. Federico Lausi, de Salvaje, propuso Marcos Paz como sede para correr los 100 km. En este lugar ellos tienen depósito, y las distancias ya calculadas.

Esto tiene muchísimos pro y una sola contra (personal y subjetiva). Por un lado, ya he corrido en este terreno, y aunque lo hice con obstáculos (no sería el caso esta vez), me siento cómodo al conocerlo. Además no tengo que pensar en dar infinitas vueltas para alcanzar la distancia (eran 250 vueltas a la pista del CENARD, o casi 20 al Hipódromo de San Isidro). Y lo más importante, es una zona despejada, por lo que no hay obstáculos. Si alguien quería acompañarme por San Isidro, corríamos un cierto riesgo: si llegábamos a ser muchos para entrar en la vereda, cualquier descuidado podía terminar en la calle. Aunque la idea de hacer una carrera tipo “guerrilla” (de sorpresa) tenía un toque romántico, lo mejor es adquirir permisos, pero para eso no hay tiempo.

Todo esto está resuelto en Marcos Paz. Lo único que me da pena es que si lo hubiésemos hecho en San Isidro, cualquiera podía llegar en transporte público. Este lugar está a un par de horas en auto, y para alguno el acercarse hasta ahí un día tan temprano a la mañana va a ser casi tan duro como correr los 100 km para mí. No se preocupen, están todos excusados. Menos mis amigos y familiares.

Entonces ya tenemos el lugar y el organizador. Lo que nos falta sería definir el día. Por suerte el viernes es feriado, fiestas patrias, así que ahí se van a hacer las Fiestas Mayas, de 10 km. Nos deja el fin de semana libre. Probablemente lo mejor sea hacerlo el domingo, porque históricamente las carreras se hacen esos días. Así que lo más probable es que corra el 27, y el 28 esté enviando mis tiempos oficiales a la organización. Por ahora es lo más probable, y nos deja el sábado para marcar el terreno.

Por ahora, es lo que hay. De paso aprendo un poco cómo se organiza una carrera.

A %d blogueros les gusta esto: