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Semana 28: Día 192: Secuelas de la Ultra Buenos Aires

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Me imagino que mi papá nunca se imaginó que, a los 35 años, me iba a estar poniendo las zapatillas de nuevo. Pero cuando terminé los 100 km de la Ultra Buenos Aires, me tuvo que ayudar a cambiarme. Siendo que alcancé esa marca en llano por primera vez, es lógico que las piernas estuviese entumecidas. Todavía podía mantenerme en pie, pero sin dudas me hacía falta ayuda.

Embarrado como estaba y con el sol que empezaba a ocultarse, me tenía que cambiar. Me saqué la remera mojada, me alcanzaron un pantalón largo, y a duras penas me descalcé. Mi papá se acercó y me puso las medias, una actividad que probablemente no haya hecho en los últimos 30 años. Mientras levantaba mi pierna izquierda, mi gemelo se contrajo y un relámpago de dolor subió hasta el cerebro. Pegué un alarido y la sencilla tarea de vestirme se convirtió en tratarme un calambre. La pierna derecha fue exactamente igual: descalzarme, mi papá asistiéndome, y el músculo contrayéndose de golpe en un fogonazo de dolor.

Probablemente hayan sido los únicos calambres que sentí en la Ultra Buenos Aires, y por suerte ocurrieron luego de haber terminado. Lo bueno nunca es gratis, dice Bucay, y era lógico que un esfuerzo sostenido por tanto tiempo iba a tener consecuencias. Los gemelos me duelen bastante poco, comparado con las molestias que siento ahora en el tibial izquierdo. El canto del pie derecho también hace que me cueste caminar, y mis cuádriceps están rígidos y no colaboran cuando quiero levantarme de la silla.

Pero claro, esto no es nada comparado al dolor en mis bíceps (no me imaginaba que me iban a molestar), la tensión que siento en la nuca y los dolores en las abdominales (en especial la sección que está a los extremos, que van de la ingle a las costillas). Otra cosa que no preví fue que me quemé la cara con el sol, se me resecaron los labios (¡lo que me impide besar a Vicky!) y como la nariz me goteó durante gran parte de la Ultra, se me lastimó y se formó una cascarita.

El dolor es pasajero, la gloria es eterna. Ahora me toca reposo, y todas estas molestias no empañan la serenidad y alegría que siento. Digamos que si ese es el precio por salir a conquistar mis límites, me resulta que es bastante barato. En algún momento todo va a pasar y voy a volver a estar afinado. Hoy intenté caminar un poco para recuperarme. Si no fuese por ese dolor en el canto del pie derecho, caminaría absolutamente normal (aunque mucho más lento que de costumbre).

Otra consecuencia bastante esperable fue mi peso. Aunque me paré sobra la balanza después de ir al baño, comer y tomar, encontré que había perdido 3 kilos. Parte puede ser pérdida de líquido, pero también puede haber tenido que ver con la pérdida de masa muscular y de grasa. Me miro en el espejo y me noto los pómulos más marcados. Esto lo noté en alguna maratón, pero se iba durante el día. A más de un día de haber terminado, mi cara sigue huesuda. ¡Si a alguien le queda alguna duda, estoy comiendo mucho, dándole prioridad a los hidratos!

A pesar de que estoy entero y con mucho entusiasmo, no me veo preparado para correr este sábado los 63 km de la Patagonia Run. La decisión final la tomaré en los próximos días, pero me parece que no va a variar. Es una distancia exigente… realizable, pero es imposible que la pueda hacer al 100%, incluso cuando mi intención fue siempre hacer un trail caminando. Tenía ganas de compartir la aventura con Vicky… creo que se lo debía, y realmente me encanta correr en equipo con ella. Es organizada, divertida y me valora mucho (excepto cuando le digo que se apure en las subidas). Mi deseo era que pudiese terminar la distancia que el año pasado no pudo hacer, por un límite de tiempo que este año se flexibilizó. Por eso creo que esta vez lo va a poder hacer, aunque no me tenga a mí a su lado. Puede que sea la secuela más dura de la Ultra Buenos Aires, pero como dije, lo bueno en la vida nunca es gratis…

Semana 28: Día 191: Los 100 km de la Ultra Buenos Aires

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Esta historia empieza a mediados de 2008. Yo había empezado en un grupo de entrenamiento, los LionX, y después de un par de meses de entrenar con cierta regularidad, llegó la hora de probarse en una carrera. Esta fue la Merrell Adventure Race Pinamar. Me enganché en una posta, e hice los 7 km que me correspondían (el último tramo). Al cruzar la meta Germán, nuestro entrenador, se me acercó y me dio un abrazo. Yo no entendí por qué me felicitaba, si lo que había hecho me parecía bastante poco. Tenía compañeros que habían corrido 27 km, y ellos me parecían más dignos de felicitación que yo. Germán nunca olvidó este detalle, y esta anécdota cobró otra importancia en el día de hoy. Les pido que no se olviden de esto, porque va a tener un poco más de sentido hacia el final del post.

Un día decidí empezar con Semana 52, un blog con un objetivo anual, que era entrenar diariamente y mejorar mi alimentación. Germán me acompañó y pasé de haber tenido una de esas Merrells de 27 km como marca máxima, a correr maratones. De hecho, cerré el año corriendo 42 km en Atenas, estilo “guerrilla”. Ya en ese entonces estaba saliendo con Vicky, quien se había quedado en Buenos Aires. Fue ella la que me habló de la Espartatlón, carrera que si bien conocía, nunca le había prestado mucha atención. Ella, sin quererlo, me metió la idea de enfrentarme a esta durísima prueba de 246 km en 36 horas, uniendo Atenas con Esparta.

Para inscribirse en esta legendaria competencia hay que reunir algunos requisitos. El que me parecía más sencillo era correr 100 km en menos de 10 horas y media. O sea, era el más sencillo, sin que eso signifique que era fácil. Un teléfono descompuesto entre un argentino y un griego hablando en inglés hizo que me durmiera y que, cuando las cosas se aclararon, me diese cuenta de que no estaba inscripto en la Espartatlón 2012. Como último recurso, le propuse a Germán organizar una carrera nosotros, de 100 km, para así reunir los requisitos. De esta manera nació la Ultra Buenos Aires. Fede Lausi, de Salvaje Eventos, aceptó darnos una mano con la fiscalización y propuso hacerlo en Marcos Paz. La competencia, que me tenía a mí como único participante, no salió bien en el sentido de que no llegué (hice 77 km, cometiendo muchos errores por inexperiencia). Pero fue algo muy hermoso y movilizador para mí, porque estaba mi familia y mis amigos apoyándome. En una de las situaciones más emotivas, un par de kilómetros antes de abandonar, se aparecieron unos cuantos a correr a mi lado, algunos con jean y zapatillas de lona. Me quedó el gustito amargo de no haber podido cumplir mi sueño, pero el gustazo de haberme sentido tan querido.

Los sueños no se cancelan, sino que se posponen, me dijo alguien en el blog. Me pareció que tenía razón, así que decidimos repetir la experiencia de la Ultra Buenos Aires. Al principio estaba en duda de si Salvaje iba a poder organizar por todos los compromisos previos con sus propios eventos, pero los planetas se alinearon, y Fede Lausi puso la fecha del 7 de abril para correrla. Le sugerí poner varias distancias para que se enganchen no solo corredores de elite, sino cualquiera con ganas de probarse en largas distancias, y así se decidió que tenga un circuito de 25 km, en el que se podía pasar una, dos o cuatro veces, dependiendo de la distancia a la que uno se hubiese inscripto.

Marzo fue un mes muy malo para mí. Caí en una gran depresión por motivos personales, y eso me afectó mucho mi entrenamiento. Corrí 50 km muy lastimosos, que me hicieron olvidar de la Espartatlón, ya que ni siquiera me parecía que podía alcanzar los 100. Pero seguí haciéndole caso a Germán, entrenando las distancias que me sugería, y cuando me tocó hacer 70 km, Vicky me ayudó con la logística… y llegué muy entero. Ahí me pareció que podía llegar.

Pero la tensión no se fue. De hecho, se pasó a mis piernas, y dos días antes de la Ultra los gemelos me dolían terriblemente. El sábado me dio diarrea, me salió una llaga en el labio, y el dolor se pasó a mis tibiales y rodillas. Pensé en abandonar, pero me acordé de Robertito, el nene mendocino con leucemia por el que íbamos a correr. Si él la peleaba todos los días, ¿qué ejemplo le podía dar si renunciaba antes de tiempo?

La salida fue desde la estancia La Mariucha. Originalmente salíamos a las 7, pero unos cuantos rezagados nos demoraron hasta las 7:30. Los de 100 km éramos como siete corredores. Entre los de 25 y 50 superábamos los cincuenta inscriptos. El recorrido eran caminos rurales, y tenía forma de ocho, para que hubiese hidratación en la largada/llegada, al igual que en el km 6,5. Como estaba en el centro, lo volvíamos a pasar en el km 20. La bebida consistía en Powerade en el arco de salida y después agua.

Salí segundo, atrás de Martín Paternó, ídolo cordobés. Mantenía un ritmo imposible de alcanzar. No lo vi en la largada a Germán y me preocupó, pero supuse que solo se había retrasado.

El camino estaba bien marcado, aunque con cansancio encima no veía las flechas. Empecé intentando mantener un ritmo de 5:30 el km. Si podía hacer la mitad así, el resto se podía hacer en 6:30 y así cumplir la marca de las 10 horas y media con holgura. Me preocupaban muchos mis dolores previos, y no estaba seguro de poder correr sin acalambrarme. Pero apreté los dientes y seguí.

Venía escoltado por mis amigos Juandy y El Colo, ambos en bici. Además, mi hermano Matías venía con su auto (igual que el año pasado) y tenía de copiloto a mi papá. Ellos se encargaban de que tuviese comida y agua constantemente. Las ultramaratones son competencias de comer y beber en el que hay lindos paisajes y se hace actividad física.

La primera vuelta de 25 km no tuvo mayores inconvenientes. Casi todo era camino rural, con poco o nada de barro, más un tramo de unos 4 km en asfalto. Como cada vez que salgo a correr al principio del día, hacía mucho pis, muy transparente. Okey, todo bien, es una señal de que los riñones funcionan bien.

Mi sorpresa llegó cuando alcancé el km 21, en el que empezaba la parte crosscountry. Yo imaginé que solo íbamos a cortar camino por campo, pero además de cruzar una cerca de alambre por encima, teníamos que sortear mucho barro y correr por tierra poceada por vacas. Al principio me pareció que iba a jugar en contra de mi objetivo de llegar en menos de 10 horas y media, pero entendí que este tramo iba a hacer el camino menos aburrido.

La meta estaba en un tambo, así que en los últimos metros tuve que esquivar a unas cuantas vacas. Me intimidaban bastante, porque pesan más o menos igual que un auto compacto. Por suerte, cuando me acerqué corriendo se hicieron a un lado. Crucé el arco de llegada a las 2 horas 19 minutos. Ahí, no había nadie para recibirme. Busqué con la vista a Germán, y no lo vi. Dudaba de que hubiese ido y eso me angustiaba mucho.

Empezando la segunda vuelta, llegó mi mamá y mi amigo Javi. Se subieron al auto de Matías y mi papá y me acompañaron esos otros 25 km. Me sentía cansado pero entero. A diferencia del año anterior, fui mucho más conservador con mi ritmo, oscilando entre 5:30 y 5:40 el kilómetro. Juandy intentaba mantener el ritmo, y se sorprendía de lo que le costaba alcanzarnos cuando frenábamos.

En el km 30 me empezó a doler el canto del pie derecho, así que me tomé un calmante sublingual. Como siempre, apreté los dientes y seguí. Por suerte no “toqué el muro”, aunque el ritmo me parecía que bajaba de vez en cuando. Aproveché el asfalto de la colectora para aumentar la velocidad y especular con eso para después. Llegué a la parte de crosscountry (donde ni el auto ni las bicis me podían acompañar), trepé el alambrado y cuando llegué al primer barrial me fui de boca al piso. Las manos me quedaron hundidas, al igual que las rodillas y las zapatillas. Lancé mi característico “¡La puta que me parió!”, me levanté y seguí corriendo.

En la meta, que crucé a las 4 horas 21 minutos, me esperaban mis amigos y mi familia. Pero Germán, mi entrenador, no estaba. No dejaba de pensar en que necesitaba que estuviese ahí, acompañándome en ese día tan importante.

Aproveché para ponerme medias limpias y sacarme las embarradas. Me embadurné con Voltaren, tomé agua y salí.A los pocos kilómetros me crucé con Paternó, el puntero, que estaba sentado en el piso. Le pregunté qué le pasaba y resultó que tenía mal su tobillo. Quise ayudarlo y lo mandé de vuelta a la meta con el auto de mi hermano. Me pareció que no se podía dejar a nadie tirado, y que yo era capaz de arreglármelas solo unos kilómetros. Así pasé a la delantera, pero con la conciencia tranquila.

Esta tercera vuelta, sin dudas, fue un desastre. Estando solo, me di cuenta de que mi pis tenía el color Tang de naranja, incluso cuando estaba tomando puramente agua cada 15 minutos. Estaba agotado y me empecé a hacer la idea de que no iba a llegar. Tomar constantemente agua no me ayudaba, y de pronto las ganas de orinar se repetían y solo salían cinco gotitas oscuras.

Intenté relajarme y beber, pero la situación era frustrante. Se me ocurrió, ya que contaba con un equipo que me cuidaba, de llamar por teléfono a Romina, mi nutricionista. Le pregunté si podía ser hiponatremia, un trastorno causado por tomar agua baja en sodio, algo que puede ser fatal para un atleta. Era plausible. Su consejo: abandonar la carrera y ver a un médico. Le confesé que estaba buscando una excusa para abandonar… y que por eso no quería hacerlo. Me dijo que no tome más agua, solo Powerade, y que la mantenga al tanto.

Ajustamos la estrategia y el auto de mi hermano salió disparado a buscar más bebidas isotónicas. Estaba asustado, porque el pis (que salía en gotitas) era muy turbio y las ganas de orinar me impedían correr. Caminé, maldecí, y pensé en la posibilidad de abandonar la carrera por motivos médicos. Pero de alguna forma decidí seguir avanzando y beber mucho, mucho Gatorade y Powerade. Milagrosamente me volvieron las fuerzas y mantuve un ritmo bastante bueno. Haber frenado había causado que mi ritmo bajase estrepitosamente, pero cuando alcancé nuevamente la colectora de la ruta, aproveché el asfalto para aumentar la velocidad.

Cuando llegué a la parte de crosscountry, habiendo acumulado 70 km (mi marca más reciente), me pareció que podía terminar la carrera. Tenía buen tiempo, encontré con Mak, mi compañero de los LionX que estaba terminando sus 50 km. Me dio mucho aliento y lo pasé. Cuando levanté la pierna izquierda para trepar el alambrado, me dio un terrible tirón en la nalga. Pensé que no iba a poder seguir, así que me tomé otro calmante. Pero por suerte los músculos se fueron aflojando y pude seguir.

Crucé la meta en 7 horas 28 minutos. Busqué con la vista a Germán, mi entrenador, y no lo vi. Aunque no estaba, no perdía las esperanzas de que se asomase de atrás de un árbol. Cuando me crucé con Mak no tuve el coraje de preguntarle si había venido, por miedo a que me confirme que se había quedado. Estaba confiado en terminar, sentía que tenía la carrera en el bolsillo, pero el triunfo iba a tener un gusto amargo. De todos modos, no podía asegurarme de poder terminar aún.

Antes de salir le pedí a Vicky que se suba al auto de Matías y corriese conmigo esos últimos 4 km crosscountry. Debería aclarar aquí que Matías se iba a quedar la mitad de la carrera, para volverse a casa y cumplir su rol de padre y esposo. Pero se dio cuenta de que lo necesitaba, y que sin él se hubiesen dificultado mucho las cosas. Yo sospechaba que no se iba a querer volver.

Esta última vuelta, teniendo 3 horas de margen, la podía hacer en un ritmo de 7 minutos el kilómetro. Empezaba a entrar en terreno desconocido, siendo que mi única referencia eran los pésimos 77 km que hice en Marcos Paz el año pasado. Juandy iba y venía con su bici, consciente de la importancia de que tomase bebidas isotónicas todo el tiempo. Mi papá y Vicky, copilotos de mi hermano, me alcanzaban también bebida, comida y Voltaren para cada dolor nuevo. Tuve las molestias más inusuales de mi vida. Por ejemplo, en un momento se me acalambró el cuello, debajo de la mandíbula, y la lengua me quedó dura. ¿Cómo puede ser tan traumático hacer algo tan maravilloso como hacer actividad física?

Mi papá, viéndome sufrir esos últimos kilómetros, me dijo “Tengo ganas de bajarme y correr con vos”. Le dije que bueno, que venga, así que compartimos un recontra emotivo trote entre padre e hijo.

Llegamos a la ruta y, como las vueltas anteriores, aceleré. Me preguntaron si no estaba yendo demasiado rápido, y confesé que necesitaba ese margen. No estaba seguro de cuánto me iba a tomar la parte de crosscountry, que parecía un pantano. Yo, mientras tanto, hacía cinco gotitas de pis cada 10 minutos, y puteaba.

Vicky se bajó del auto faltando 4 km, lista para encarar conmigo la parte más complicada de la carrera. Una pareja de amigos que estaba terminando la tercera vuelta de los 100 km me alentó y me aseguró que llegaba cómodo. No quise cantar victoria. En el maldito alambrado nos esperaba Mak, quien en lugar de ayudarnos a pasar por arriba lo levantó y cruzamos en cuatro patas (igual me dio un tirón en las piernas terrible). Él nos guió por el terreno dificultoso, esquivando el barro y las partes más complicadas. ¡Cuantos atajos que conocía! Me hubiese hecho una carrera muy distinta si yo los hubiese captado. Como un padre, Mak nos cuidaba y decía “cuidado con la rama”, “miren al suelo”, “vengan por acá”, “no hables, guardá fuerzas”. Como si fuera poco, además me daba aliento.

Vicky me decía que no afloje, que atrás venían las chicas y que me iban a alcanzar. Es un chiste interno, el modo en que lo presionaba su mejor amigo a Scott Jurek (mi ídolo, ultramaratonista vegano). Cruzamos nuevamente por el tambo, las vacas, y más amigos (El Colo, la Morocha, Julio) se acercaban para correr conmigo los últimos metros. Sentía que se me salían las lágrimas al ver tanta muestra de cariño.

Mak, que se comportó como todo un caballero, frenó faltando 10 metros para la llegada, así la cruzaba yo solo. Por instinto, apenas crucé, fui derecho a abrazar a mi mamá y me largué a llorar. Ni siquiera me detuve a mirar el reloj, que marcaba que mis 100 km se terminaron en 10 horas 14 minutos, holgado para pode clasificar para la Espartatlón. Empecé a abrazar y a besar a todos los que estaban ahí para verme, y entre tantas caras apareció Germán, mi entrenador. La alegría de ver que sí había estado (resultó que no nos habíamos cruzado las dos vueltas anteriores) me emocionó tanto que nos fundimos en un abrazo y también lloré sobre su hombro. Mucho cambió en estos cinco años en que me abrazó después de esos 7 km de Pinamar y los 100 km que acababa de terminar. Hubo mucho trabajo, mucho crecimiento, y pasamos de ser profesor y alumno a ser amigos.

Vicky me decía que me amaba, que estaba orgullosa de mí, y también lloré con ella. Es la primera vez que me emociono tanto con una carrera. Realmente fue muy difícil para mí, y en todo momento me sentí contenido por mi familia y mis amigos. Que todos ellos se hayan venido desde tan lejos a correr o a venir a alentarme. Sufrí mucho. Dudé bastante. Pero el estar tan contenido por todo ese afecto, hace que todas esas cosas negativas pasen a un plano muy secundario. Hice fuerza por mí, por Vicky, por mi familia y amigos, y por Robertito. Y todo eso dio sus frutos. Poco importó si salí primero (de hecho, fui el único que logró terminar los 100 km). Lo que para mí vale es que, aunque la ultramaratón es una actividad muy solitaria, yo la terminé gracias al trabajo en equipo.

Ahora dejo el espacio para la demagogia, porque tengo que agradecer a todos los que me ayudaron a cumplir mi sueño. A Vicky, por confiar en mí y estar siempre a mi lado. A Germán, mi entrenador… por los mismos motivos (pero sin el tinte romántico). A Romina, por sus consejos y por tranquilizarme en un momento desesperante de la carrera. A mis papás y mis hermanos Lucas y Santiago, representados en el imprescindible Matías. A Juandy y el Colo, que se bancaron casi 100 km de bici y terminaron hechos una piltrafa. A Javi, que vino a verme aunque era su cumpleaños (¡un grosso!). A la morocha y Julio, por acompañarme y sacar unas fotos espectaculares. A los chicos de los LionX que pudieron acercarse: el Gato, Gloria, Vane, Lean, y en especial a nuestro patrono protector Mak. Todos ellos son parte de la elite espartana. A Fede Lausi, que se sumó a mi sueño y me dio una mano enorme para hacerlo realidad. La Ultra Buenos Aires es ahora toda suya. A todos los voluntarios y corredores que me dieron aliento y ofrecieron su ayuda en todo momento. A todos los que no pudieron venir e igual se preocuparon por el resultado de la carrera y me contactaron por teléfono, whatsapp o mensaje de texto (demasiados para nombrarlos a todos). Y a todos los lectores de este blog que no dudaron de mí ni un instante. Gracias, de corazón.

Semana 28: Día 190: Correr por Robertito

“Robertito es un luchador con todas las letras. Lucha contra su leucemia, por ahora con el tratamiento con quimio está muy bien. Pasaron momentos muy duros”.

Con estas palabras, María de los Ángeles, quien coordina Espera por la vida (Tucumán), me describía al principito que me va a acompañar espiritualmente en la Ultra Buenos Aires de mañana. A veces no tomamos conciencia de que nuestros esfuerzos físicos, aunque sean carreras intimidantes y de mucho desgaste, no se comparan en nada a lo que la pelean chiquitos que sufren estas horribles enfermedades.

En Tandil corrimos pensando en Jeremías, y esta vez Robertito, de Mendoza, es parte de mi equipo, y lo tendré en mente cuando me falten las fuerzas y tenga que depender solo de mi fuerza de voluntad. Por ahora no necesita un transplante, pero no se puede descartar. Aunque ya está todo coordinado para que corramos juntos (yo con el cuerpo, él con el corazón), me sigue pareciendo que es poco. Sé que le van a contar sobre la carrera, sobre alguien que, aunque esté lejos, pensaba en él… pero me sigo pensando en que podría hacer más.

Por eso me comprometí con María de los Ángeles a mandarle algo de la carrera. Se lo debo a Jere, que nos acompañó en Tandil, a quien le voy a mandar historietas del Hombre Araña y la medalla de Finisher. En este año, en el prototipo de la Ultra Buenos Aires, no hay premiación, así que me las ingeniaré para enviarle otra cosa. El ritmo frenético de estas últimas semanas me impidió acercarme a mandar la encomienda a Retiro, pero ya con los 100 km finalizados y antes de partir hacia San Martín de los Andes me voy a hacer ese momento.

A veces podemos ayudar mucho haciendo muy poco. A veces podemos hacer más. Encontré que teniendo presente a estos pequeños guerreros que la pelean día a día, sin marginarlos ni hacer como que no existen, se puede hacer una pequeña diferencia.

Semana 27: Día 189: Nervios

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Quedaría mejor decir que tengo nervios de acero, ¿no? Que nunca dudo cuando me enfrento a desafíos, por más difíciles que sean, que tengo total seguridad de mí mismo y de todas las cosas que hice. Pero aunque puedo guardarme cosas, nunca mentiría en el blog (a menos que sea el Día de los Inocentes).

Cometí un par de errores, y voy a adelantarme a la carrera para contarlos. No descansé todo lo que hubiese debido. Germán, mi coach, constantemente me decía “Relajá”, pero yo seguía hecho un nudo de nervios. Tuve un par de meses de trabajo muy intenso, en parte culpa de la inminente Feria del Libro, en parte por compromisos atrasados que se iban acumulando. Entonces mis horas promedio de sueño pasaron a ir entre las 4 y 5 horas. ¿Hay cuerpo que aguante ese ritmo? Bueno, llegué a correr 70 km sin lamentarlos, ¿no?

Probablemente no haber descansado todo lo que necesitaba, y vivir tensionado ante este desafío con el que soñé tanto tiempo, me hayan afectado. Anoche me sentí afiebrado, con mucho dolor de espalda, y hoy los gemelos se me agarrotaron y me dolían un montón… ¡y la última vez que entrené fue el domingo pasado! Pero no casualmente cuando decidí que ya era suficiente y me alejé de la computadora (y tomé contacto con el mundo exterior), me pude empezar a relajar. No tengo fiebre, casi no me duele la espalda (estar sentado casi todo el día no ayuda) y los gemelos se me relajaron.

Okey, estoy nervioso… ansioso, si se quiere, pero ¿me va a impedir esto correr el domingo? Mentiría si dijera que cuando corrí 70 km no estaba tensionado. Quizá ahora llegué a un punto riesgoso, pero en aquel entonces correr me ayudó. Me conectó conmigo mismo y me relajó mucho.

Los desafíos, sobre todo los que implican un esfuerzo físico descomunal, asustan. Al menos a mí, que la he pasado mal en otras circunstancias. Pero confío en mi voluntad, y en que aunque haya cometido uno o dos errores, también hice bien las cosas. Comí todas las comidas, entrené duro, en forma escalonada, sin cuestionar a mi etrenador. Fui escuchando a mi cuerpo, practicando qué cosas me resultaban cómodas comer y tomar, y aunque las distancias me intimidaban (50 y 70 km, de un día para el otro, deberían intimidar a cualquiera), me le animé.

Y eso es lo que mucha gente no entiende cuando digo que estoy nervioso. No importa todo eso, porque lo que busco yo es el desafío. Es conquistar mis miedos. Vengo de una vida de no animarme, de ser pasivo y dejar que la vida se me escurra. Tengo una pila de oportunidades desaprovechadas. Un día, ya ni sé cómo, hice un click y decidí intentar aquellas cosas a las que no me animaba. Este blog empezó con el “lejano” sueño de correr una maratón (o sea, 42 km) y ahora estoy en el sueño intermedio de terminar 100 km en menos de 10 horas y media. La distancia me intimida, y justamente ese sentimiento es lo que me motiva a intentarlo.

Así que no importa si me quejo, si pongo excusas, ni siquiera si cometo un par de errores. Voy a dar lo mejor de mí, voy a apretar los dientes cuando haga falta, y solo voy a abandonar cuando sienta que mi salud está en riesgo. Si quiero convertirme en un ultramaratonista tengo que abrazar el dolor, reconciliarme con el sufrimiento, y dejar que mi fuerza de voluntad me guíe. Parece difícil. Lo es. Pero bueno, la recompensa de conquistarte a vos mismo es indescriptible.

Semana 27: Día 187: La Ultra Buenos Aires SIGUE creciendo

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Bueno, de más está decir que la Ultra Buenos Aires me dejó de pertenecer en el momento en que Salvaje se hizo cargo de la organización. Al principio propuse algunas cosas, pero el evento tomó vida propia, y me voy enterando de su desarrollo a la par de cualquier atleta. Es difícil describir la alegría que me produce esto. Sueño con esa anécdota que cuenten algún día, de esa prestigiosa carrera y que uno diga “Ah, sí, la creó un pibe que quería anotarse en la Espartatlón, el primer año la corrió solo y después se empezó a sumar gente”. Ni siquiera me interesa que la asocien con mi nombre, solo con alguien que tuvo un sueño y que lo puso en marcha hasta que se realizó.

Hoy me enteré de que entre los que corran el domingo se va a sortear un reloj Timex con GPS. ¡No está mal! Yo quisiera ganármelo, me vendría bien porque mi Garmin tiene una vida útil de 5 o 6 horas. Pero eso no es todo, también me enteré de que hay más de 50 inscriptos, y siendo que es una carrera sin medallas ni premiaciones, puedo confirmar que lo que motiva a los atletas es la competencia en sí y no los regalos del kit oficial (de hecho, no quiero dejar de mencionarlo, Fede Lausi se la jugó y decidió que haya una remera oficial de la Ultra Buenos Aires).

Al parecer los caminos están bastante anegados, producto de la espantosa tormenta que sufrimos en estos días. Se supone que hoy va a llover también, pero ojalá para el domingo esté todo transitable. Correr con barro me puede complicar bastante no solo mantener el ritmo como para llegar en 10 horas y media, sino la asistencia en bici que van a hacer mis amigos. Pero bueno, creo que me tendré que conformar con saber que el día de la carrera no va a llovar, lo cual es bastante.

Entre las confirmaciones de Salvaje, anunciaron que en 2014 la Ultra Buenos Aires sí va a tener caracter competitivo. Supongo que mi necesidad de que haya una ultramaratón en llano era el deseo de muchos. Está buenísimo que existan tantas opciones en sierras y montañas, pero también estamos los que no queremos escalar ni hacer trails, sino correr. Este evento está pensado para eso.

Tengo una mezcla de nervios y ansiedad que no me alcanzan las palabras para describir. Quiero correr la Ultra y quiero terminarla, pero ya sé que arranco con un triunfo moral, un granito de arena en algo que puede convertirse en una tradición grossa. Quedan nada más que 4 días…

Para inscribirse en la Ultra Buenos Aires: http://www.salvajeoutdoor.com.ar/informacion.php?e=50
Grupo de la Ultra Buenos Aires en Facebook: https://www.facebook.com/ultrabsas100k

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Semana 25: Día 175: La Ultra Buenos Aires crece

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Si todavía no te decidiste si querés correr la Ultra Buenos Aires o no, quizá te interese saber que la organización decidió, gracias a la respuesta positiva del público, a entregar remeras oficiales de la carrera. Lo que en un momento era por el pancho (de soja) y la coca (light), va tomando cada vez más forma profesional. No pudimos lograr lo de la entrega de medallas (eso quedará para otra edición), pero al menos todos se van a llevar un recuerdo de esta experiencia.

Ya hay un mapa más definido, que comparto en este post. Además de la posibilidad de acampar en la estancia, los que como yo quieran descansar más cómodamente pueden hospedarse en una habitación con cama y reservarse un remís que los lleve a la largada. Los que nos animemos a los 100 kilómetros tenemos que estar para salir a las 6, bien temprano, pero necesitamos estar mucho antes para el desayuno de cortesía. Por eso le tenemos que ganar a la salida del sol y madrugar. Parafraseando al dicho, nos ganaremos la ayuda de Dios.

En cuanto al entrenamiento, ayer corrí 50 km y el domingo me tocan 70. Cuando me enteré de esto (y perdón por el lenguaje), se me llenó el culo de preguntas. ¿Cómo voy a hacer? ¿Qué hay de esos dolores relacionados con la fatiga? ¿A dónde me conviene ir? ¿Cómo me aseguro tener el agua suficiente? Y eso es lo primero que se me ocurre. Después está el tema de que el gps del reloj no me va a durar 7 horas (o lo que me tome hacer esta distancia), que no sé si me va a dar la cabeza para tanto, y un largo etcétera. Pero la verdad es que en el fondo quiero hacerlo porque es difícil. Y si fuese facil no creo que tuviese motivación para hacerlo.

Lo pongo de otra manera: me da miedo correr 70 km. Ya lo hice, el año pasado, para esta misma carrera, y fue agónico. Lo mismo en la Patagonia Run. Le temo a la sensación de frustración, a perder el control de mi cuerpo y de esta actividad que me gusta. Pero esto también me hace humilde. Me da un objetivo a cumplir. Me llena de orgullo hacerlo a pesar de todo.

El domingo voy a estar a 70% de cumplir la meta de hacer 100 kilómetros en 10 horas y media. Va a ser un indicador de qué tan lejos estoy de cumplir este sueño.

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Semana 24: Día 163: A cuatro semanas de la Ultra Buenos Aires

Faltan cuatro semanas para correr la Ultra Buenos Aires. Escribo estas líneas cerca de la medianoche, y podría decirse que en exactamente 28 días voy a estar de regreso en mi casa, con la duda resuelta de si pude correr los 100 kilómetros en 10 horas y media o no.

Hace unas semanas no me tenía fe. Cuando corrí los 50 km, recuperé toda la confianza y me sentí muy bien encaminado. Ahora, que entre el trabajo y la priorización de la Adventure Race Tandil dejé de lado los fondos largos, me volví a preocupar. No sé con qué me encontraré el 7 de abril a partir de las 6 de la mañana, pero lo tendré que ir a averiguar a Marcos Paz.

Estos días que pasaron me encontré con mucha gente que la va a correr. Me da esperanzas de que esto se convierta en una tradición anual, independientemente de mi desafío personal. Ayer hablaba con mi papá, que me confirmó que va a venir a verme, y en el caso de terminar la ultra, vamos a empezar a planificar el viaje a Grecia en septiembre. Sin Vicky, y con la incógnita de si mi mamá se sumaría o no, me emociona mucho pensar en que él me acompañe del otro lado del océano a participar de la carrera más difícil de mi vida. Por ahora hay muchas incógnitas.

Lo que sí sé es que hay un montón de gente que me va a acompañar. Y mucha que viene a la Ultra Buenos Aires porque le resulta un desafío interesante. Me siento hermanado con todos, los que corren y los que vienen a dar aliento. Quisiera que ya sea 7 de abril, pero también quisiera que faltase mucho más y tuviese más tiempo de entrenar. Todo no se puede, es una cosa o la otra… y me conformo con sacarme de encima este examen autoimpuesto.

Miro el calendario, constantemente. Sé a lo que me enfrento, lo que hay en juego, y lo que más me intriga es qué hacer con el blog en caso de no llegar. ¿Tendrá sentido seguir escribiendo otro año hasta averiguar si puedo llegar a los 100 kilómetros en ese tiempo? Es una duda que me carcome, ralmente estoy pensándolo constantemente.

Por ahora, todo sigue encaminado. Va a ser una carrera modesta y austera, pero divertida, hecha por gente que le apasiona correr y que no busca “salvarse” con esto. O sí. Quizá sí queremos salvarnos, pero no económicamente. Hay una necesidad que no es material, sino espiritual, que nos lleva a embarcarnos en este emprendimiento. Y sospecho que los proyectos que surgen así son los que más perduran.

Semana 18: Día 122: Se larga la Ultra Buenos Aires

Bueno, prometí volver sobre esta ultra maratón cuando hubiese novedades, ¿no? Bueno, ¡ATENCIÓN!

Se abrieron las inscripciones. Los precios son irrisorios: $100 para los 100 km, $70 para los 50 km y $50 para los 25 km.

La idea es mantener todo al costo. Difícilmente la gente de Salvaje saque ganancia de esta experiencia, pero sin dudas la Ultra Buenos Aires dejó de ser el sueño de un loquito para ser el sueño de muchos loquitos. La idea de poner diferentes distancias es para que mucha gente se anime. El recorrido desde el arco de largada (con cronómetro y todo) hasta el mismo punto es de 25 km. Esa vuelta es la primera de la ultra y la half ultra, y el total de la beginner. Es también un recurso logístico.

Cuando corrí la Ultra Buenos Aires el año pasado me dio pena que no me pudiera ver toda la gente que estaba en la largada, ya que el circuito era de 50 km. O sea que algunos me vieron por la mitad, totalmente destruido, y muchos no me volverían a ver cuando abandoné en el km 77. Al tener la vuelta de 25 km pasaré por la meta cuatro veces, y podré tirarle besos a la hinchada (si es que se presenta). Además, poniendo un puesto de hidratación ahí, viene perfecto para el antes, durante y después de la ultra.

También tiene que ver con no dejar afuera a nadie que quiera correr. Del grupo de Puma Runners, por ahora, solo hay un interesado en hacer los 100 km (además de mí), uno para la de 50 y el resto para la de 25. De por sí son distancias que intimidan, y es hermoso ver que una idea disparatada se convierte en el objetivo de mucha gente. Los veo entrenar, planificar, contar los días (tres semanas después de la Adventure Race Tandil, una semana antes de la Patagonia Run…), y siento que aunque no llegue, dejé algo. Es el árbol que podría haber plantado o el libro que podría haber escrito. La Ultra Buenos Aires 100K ya es de la posteridad. La gente de Salvaje la está organizando muy bien, usando sus propios recursos y bajando los costos al mínimo.

Creo que si llegamos a 40 inscriptos estaríamos hechos (a decir verdad, le aposté 50 pesos a Lausi, director de Salvaje, que superábamos esa cifra… así que ayúdenme). Estoy tan contento que hasta podría no volver a llegar y no me importaría. Pero ni loco estoy un cuarto año escribiendo todos los días en este blog. Estoy entrenando duro y concentrándome en este objetivo crucial. Si no le gano al reloj, aunque sea gateando voy a terminar los 100 km. Es mi ballena blanca, solo que ahora no la voy a ir a cazar solo.

Va la info de la página:

Información General

INFO 

Fecha: Domingo 07 de Abril 2013
Distancias: ULTRA MARATHON 100K | HALF ULTRA 50K | BEGINNER 25K
Lugar: Estancia “La Mariucha” Marcos Paz
La carrera no se suspende por lluvia (en caso de lluvia se realizará un traslado desde Marcos Paz hasta la estancia en 4×4 a cargo de cada participante)

 

CONCEPTO 

Carrera participativa (no posee premiación) clasificatoria para el Spartathlon (primera edición 100% amateur)

La carrera este año (2013), tendrá un formato sencillo, con vueltas de 25k, hidratación y puesto de asistencia.

Podrán participar corredores acompañados por sus profesores/entrenadores (en bici, cuatri, moto o en auto), con el fin de probarse en distancias largas a un costo de inscripción muy bajo.

 

CRONOGRAMA

Domingo 07 de Abril 2013 – Estancia La Mariucha

06:00hs                                Largada Ultra marathon

08:00hs                                Largada Half ultra marathon

08:00hs                                Largada Beginner

 

MARCACION, ASISTENCIA, HIDRATACIÓN Y SERVICIOS 

El recorrido estará indicado por cintas de la organización y a cada corredor se le entregará un mapa.

Solamente habrá asistencia de la organización en largada/llegada/transición de 25k, asi como también hidratación de powerade y agua mineral en este punto.

La organización contará con un cronometro flip de 6´´, personal para toma de tiempos y marcación, arco y carpa de largada y llegada. También ofrecerá desayuno para cada corredor, hidratación y traslado en vehículo en caso de emergencia.

 

COSTOS 

Ultra marathon 100k – $ 100.-

Half ultra marathon 50k – $ 70.-

Beginner 25k  – $ 50.-

La reserva de inscripción se realiza via web.

El pago de la inscripción se realizará únicamente por los medios de pago de Salvaje eventos http://www.salvajeoutdoor.com.ar/pagos.php

 

MAPA DE RECORRIDO 

Mapa Ultra Bs As

Semana 17: Día 118: Ultra Buenos Aires 2013

Como que ya no hay vuelta atrás…

Ese capricho de correr la Espartatlón derivó en que inventáramos a último momento una ultramaratón, llamada “Ultra Buenos Aires“. Fue en Marcos Paz, el año pasado, y tuvo el increíble récord de ser una carrera con un solo inscripto y nadie llegando a la meta.

Pero la gesta dejó pensando a Fede Lausi, coordinador del grupo Salvaje, y esta vez decidió incluir a la Ultra Buenos Aires a su calendario de carreras. En base a sugerencias mías y a la inmensa experiencia que tiene él, acordamos hacer tres distancias: 25 km (beginner ultra), 50 km (half ultra) y 100 km (ultramaratón). La fecha, el 7 de abril. Es ideal porque me recupero a tiempo de los 26 km de Tandil (el 17 de marzo) y después hago relajado los 63 km de la Patagonia Run (el 14 de abril).

Recién acabamos de oficializarlo. Todavía no sabemos costos de inscripción, la idea es que sea muy bajo, como para cubrir costos y nada más. El año pasado soñaba con que esto se convirtiese en una tradición anual, y ahora lo veo como algo muy posible.

Así que si estás leyendo esto y tenés curiosidad por lo que se siente hacer una ultramaratón, o si querés compartir conmigo mi sueño de inscribirme en la Espartatlón (o sea, llegar a correr 100 km en 10 horas y media)… ¿por qué no te inscribís? Después, cuando la Ultra Buenos Aires tenga 1000 inscriptos y la veas promocionada hasta en la sopa, vas a poder decir “yo fui uno de los primeros en correrla, allá cuando era súper amateur…”.

Semana 16: Día 112: Preparándome para los 100 km

Como saben los lectores que siguen este blog desde hace tiempo, empecé Semna 52 con el único objetivo de averiguar qué pasaría con mi cuerpo si me tomaba el entrenamiento en serio. O sea, si comía como correspondía y corría todo lo que tenía que correr. De más está decir que los cambios en mi cabeza y en mi físico fueron intensos y llegaron más pronto de lo que me imaginaba.

Para coronar ese año, me fui a correr a Grecia. Puro capricho. 42 km entre Atenas y Maratón, yo solo. Todavía se me quiebra la voz cuando cuento lo que fue esta experiencia para mí.

Ya en ese momento, mientras me distraía leyendo los carteles en griego y me acalambraba y puteaba por no tener agua a mano, pensaba en que el siguiente objetivo para mi vida sería correr los 246 km de la Espartatlón. En mi cebamiento pensé que lo podría hacer en otras 52 semanas, pero un tontísimo teléfono descompuesto con la organización me dejó bastante afuera, ya que tenía que correr 100 km en 10 horas y media para pre-clasificar. Nunca aceptaron que se confundieron y me hicieron creer que podía prescindir de ese requisito, pero poquitos días antes del cierre de las inscripciones, con los cupos cubiertos y lista de espera, improvisé junto a Germán y Fede Lausi (de Salvaje Eventos) una carrera a la que llamé “Ultra Buenos Aires” (un festival de música me acaba de registrar el nombre, pero lo seguiré usando). Estaba agotadísimo por haber corrido 100 km en montaña un mes antes, no tenía experiencia y fallé en la estrategia. Hice 77 km hasta que no pude más. Lo que me sorprende todavía es que desde el km 30 sentía que el cuerpo no me daba.

Fue duro aplazar el objetivo un año más, pero lógico. Ahora contaba con algo invaluable: experiencia. No me voy a poder olvidar lo que se siente correr horas y horas, estar agotado, y hasta sé lo que es comer e hidratarse MAL. Pagué las consecuencias, y quiero creer que ahora me va a ir mejor.

Decidí que la nueva Ultra Buenos Aires tenía que ser unos meses antes del cierre de la inscripción de la Espartatlón, como para darme tiempo a reintentarlo si algo sale mal (por ejemplo, si me engripo, cosa que podría pasar). Pero también necesitaba organizarlo en una época que no me muera de frío (como me pasó en mayo pasado) ni de calor, además de que necesitaba volver a entrenar fondos largos. Fines de marzo me pareció prudencial, aunque ahora la fecha que pisa fuerte es primera semana de abril.

Los tiempos no dan para hacer una carrera abierta, aunque después de evaluar costos de logística, hidratación y fiscalización, si los números cierran quisiera que se sume quien quiera. La actividad del corredor es bastante solitaria (yo siempre competí contra mí mismo), así que el sentirse acompañado es un plus muy grande.

Estoy entrenando duro y parejo, y esta semana creo que voy a alcanzar los 80 km, sumando lo que corrí entre lunes y jueves. Y todavía me queda el sábado. Sinceramente, me siento espectacular. Salir a correr durante dos horas y media es la mejor forma de alcanzar la paz espiritual. No me siento cansado ni que me esté exigiendo, y estoy encarando esta aventura con una dieta netamente vegana. Sigo en pie, más entero que nunca. Hoy me hice el primer estudio del corazón (de tres) que son necesarios para tener un apto médico, y la cardióloga me felicitó por mi funcionamiento cardiovascular. Me mostró en la pantalla lo bien que se abrían las válvulas y cómo el músculo se notaba fuerte. Le tuve que creer, solo veía manchas grises, como cuando intentaba adivinar lo que estaba pasando en el canal codificado.

Probablemente en este mes ya defina todo para esta nueva Ultra Buenos Aires. Intento no imaginarme cruzando la meta. Es el verdadero objetivo, obviamente, pero hoy estoy pensando en atravesar esa muralla de los 77 km, y hacerlo mucho más entero. Ese será el segundo paso en mi camino a la línea de llegada (el primero ya lo estoy dando, que es entrenar en forma responsable). Esta vez, sin la presión del tiempo y con el importantísimo aporte de la experiencia, debería llegar. ¡Este blog no puede seguir indefinidamente!

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