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Semana 51: Día 356: Un vegano atrapado en un avión

Tomar una decisión consciente de abandonar la proteína animal y privilegiar una alimentación sana y nutritiva no te prepara para el gran desafío de estar atrapado en un pájaro de metal a miles de metros de altura.

Yo ya ni me enojo. Simplemente me resigno ante el desconocimiento de la gente de qué es ser vegano. Muchos me han acusado de que lo mío es un capricho, y no descarto que tengan razón. Pero bueno, las aerolíneas y empresas de transporte de pasajeros habilitan la opción de comida vegana en viajes largos. Eso no quita que todo pueda fallar…
Cuando llamė a Aerolíneas Argentinas les pedí si podía optar por un menú vegano. El telefonista me preguntó “¿vegetariano?”. Le aclaré que no. Me retrucó “¿vegetariano sin lácteos?”. Ahí me gustó más. Le dije “sin huevos también”. No lo dije por él.
El viaje hasta Ezeiza fue muy tenso. A pesar de que teníamos los asientos asignados, mi mamá quería llegar tres horas antes, porque había que despachar valijas y aparentemente eso toma horas. El taxista nos dejó en otra terminal, y eso sumó a la tensión (igual llegamos demasiado temprano para mi gusto). 
Ya fuera de casa y sin supermercados a la vista (ni siquiera te digo dietéticas), comprar comida vegana es una complicación. Como era la tarde y necesitaba una colación, quise buscar en la terminal algo para comer. Pero solo se podía tomar café y quizá pedir facturas o un sándwich. Decidí probar suerte en el freeshop. Qué iluso. Algo tan abundante en la naturaleza como manzanas o fruta no se venden en ningún lado. Sí hay paquetes de cigarrillos, chocolates y alcohol para todos, con precios en dólares. Qué bien que habla eso de nosotros, relajados ante un viaje. Terminé comprando dos barras de quinoa y una botellita de agua por 84 pesos.
En el avión tocaban dos comidas para las doce horas de vuelo. Si ser vegano en un avión tiene algo bueno es que te puede tocar la comida a vos primero. Generalmente pasa eso, se sacan a los raros de encima y después le sirven al resto. A veces uno tiene la mala suerte de que lo dejen al último, o que directamente le den su comida especial a otro pasajero y que él no diga nada (esto me pasó). Esta vez la fortuna estuvo de mi lado, me despertaron para darme mi bandeja (porque yo me duermo antes de que el avión despegue) y todo estaba en orden. Un pancito negro (seguramente no era integral), fideos tirabuzón, zanahorias, brócoli y una manzana verde de postre.
Unas cuantas horas después, cuando pensé que tenían todo en orden, vino el desayuno. También me llegó primero, pero esta vez vino un sándwich de quién sabe qué con manteca, dulce de leche y queso crema. Cero vegano. Le dije a la azafata que había pedido comida vegana y me dijo que eso era vegetariano. Le expliqué que no comía lácteos (amén de que no me estaban dando absolutamente nada sobre qué untar todo eso). Lo tenso de la situación es que como yo era el primero, mientras me resolvían mi problema, nadie en el avión estaba pudiendo desayunar. 
Me ofrecieron yogurt light como reemplazo, y le dije que eso también era lácteo. La azafata me decía que no tenían nada más que eso y amagaba con dejarme la bandeja sobre mis piernas. Le pedí, siempre con amabilidad, que no me la dejara porque no la iba a comer. Me preguntó qué podía comer y le dije fruta. “¡Ah, fruta!”. Me trajo dos manzanas. Supuse que no me iba a llenar y le pedí un poco de pan. Se sorprendió de que pudiera comer eso.
Entiendo que no se sepa qué es ser vegano, y estoy tan acostumbrado a estas situaciones que ya no me enojo. Pero será un largo camino a recorrer hasta que no tenga que explicar cuáles son los alimentos que no tienen leche ni huevo. Y si no fuera vegano, no tendría tanto para contar de mis viajes…

Semana 44: Día 303: Soluciones alternantivas a problemas cotidianos

Todo problema tiene una solución. Pareciera que esta frase hecha es un poco facilista, pero yo creo que es así. A todo hay que buscarle la vuelta, no quedarse con la primera opción. Cuando trabajaba en un estudio de diseño y nos pedían hacer la creatividad de alguna campaña, la norma era tirar 15 ideas para empezar a llegar a algo original.

Por supuesto que no todo problema tiene 15 soluciones, pero durante mucho tiempo fui de los que aceptaban su destino sin cuestionarlo demasiado. No tenía fuerzas para torcerlo. Hoy quienes me conocen piensan que tengo una fuerza de voluntad terrible, y aunque siento que la fórmula para llegar a ser el dueño de tu propio destino es muy sencilla, me costó muchísimo llegar ahí. Con esto quiero decir que no hay nadie tocado por la varita mágica, ni tampoco yo llegué a un punto inalcanzable para la mayoría de los mortales. Yo odiaba correr y hace diez días hice un fondo de 120 km. Lo que pasó en el medio fue mi búsqueda de alternativas y la paciencia que entrené. Por eso sé que ese camino que recorrí es accesible para casi todos.

A veces los problemas más complejos tienen soluciones sencillas. A veces los problemas sencillos tienen soluciones complejas. Decidí volverme vegano y con eso agregarle una pequeña complicación a mi vida. Me gusta desayunar con cereales, pero un día decidí no consumir más azúcar y ahí estaba yo, buscando cómo reemplazar mis desayunos y meriendas. En otra época de mi vida hubiese pensado que esto en lo que me embarcaba era muy difícil, bordeando lo imposible, y hubiese abandonado al instante. Pero por suerte me volví cabeza dura.

Pasar a cereales integrales fue más sencillo de lo que me imaginaba. Es increíble la cantidad de azúcar que tiene absolutamente todo lo que consumimos. Si leemos las etiquetas, que lista los ingredientes de mayor concentración a menor, vamos a ver que muchísimas marcas tienen más azúcar que cereal. Por favor, deténganse en esa frase. Los 400 gramos de copos de avena tienen más azúcar que cereal. Contabilizando algún que otro elemento externo (sal, conservante, colorante, etc) hablamos de que tranquilamente la mitad debería ser azúcar para que quede en primer lugar. Mi solución para escaparle a todo esto fue pasar a la avena instantánea. Lo fácil es que se consigue en casi cualquier supermercado.

Lo complicado, y esto sí no me lo esperaba, fue el reemplazo de la leche. Al principio opté por el AdeS natural, que es de soja, con dos grandes salvedades: tiene azúcar (al menos está en tercer lugar) y es muy difícil de conseguir. A pesar de que llamé a Unilever para decirles que en casi ninguna góndola está este sabor, no supieron darme una respuesta y ni siquiera tenían la opción de venta directa. La alternativa que me ofrecían era comprar al por mayor en alguna tienda de distribución. Mi problema es que, siendo peatón, no puedo ir hasta una de estas mega tiendas (que no están a la vuelta de la esquina) y acarrear conmigo 12 cartones de AdeS. Por eso, cada vez que veía este producto en el supermercado, cargaba todo lo que me era humanamente posible llevar.

La primera alternativa a este problema fue tomar las otras variantes de leche de soja, que son saborizadas, un poco más fluidas (las pondría cerca de los jugos), con un poco menos de proteína y más azúcar. No me dejaba del todo conforme, pero al menos seguía desayunando. Alguna vez conseguí que un alma caritativa me comprar el pack de 12 y me las fuera trayendo de a poquito, pero tampoco es una solución. Un poco cansado de angustiarme porque se me estaba por acabar el AdeS, pasé a la solución compleja para un problema que no lo es tanto: hacerme mi propia leche.

En sí es un proceso simple que requiere tiempo. Dejar 75gr de almendras en remojo unas 6 horas, escurrirlas, procesarlas en agua filtrada y colar con una tela para pasar el líquido blancuzco a un recipiente (unas 4 veces). Esto me dio un litro de leche de almendras, que complementé con unas gotas de esencia de vainilla. El gusto, por supuesto, es completamente diferente al AdeS natural, principalmente porque no tiene azúcar, pero además no cuenta con conservantes, lo cual para mí es otra ventaja. No tenía suficientes pasas de uva como para triturarlas y endulzarla con eso, así que le puse un poquito de stevia.

Así es que dejé de depender de los caprichos de un distribuidor o de una cadena de supermercados y logré mi independencia. Es un proceso complejo, la leche resultante me termina saliendo un poco más cara que el AdeS, pero al menos no dependo de nadie, y me llevo ese pequeño orgullo de hacer mi propio alimento.

Semana 43: Día 301: ¿De dónde obtengo mis proteínas?

Algo que parece preocuparle más a la gente que no me conoce que a mí mismo es de dónde obtengo mis proteínas, por la difundida creencia de que solo se obtiene de consumir animales. Pero estoy en mi punto de mayor masa muscular en toda mi vida, luego de casi dos años de veganismo (y casi una década y media de no comer carne). ¿Cómo logré esto?

Bueno, gracias a Dios que la proteína también se obtiene de los vegetales. Mi experimentación me llevó a corroborarlo. Hacer fondos eventualmente quema músculo, y con tres veces a la semana de gimnasio y un poco de ingenio, pude ganar masa muscular a un ritmo bastante bueno.

Mi amigo Fito, mi gurú en lo que se refiere a fitness, un día me bajó de un hondazo cuando hablábamos del cuerpo ideal al que aspirábamos tener y mencioné el de Brad Pitt. En aquel momento me dijo que como no consumía proteína animal, jamás iba a poder desarrollar esos abdominales. Le creí, después de todo él tenía una larga experiencia en gimnasio y en el desarrollo de su cuerpo. Esto fue antes de que yo empezar a correr como lo hago ahora. Fito me decía lo difícil que le resultaba a él, con todo el esfuerzo que hacía, para ganar un kilo de músculo al mes. ¿Qué posibilidades me quedaban a mí?

Aceleramos unos años más tarde, cuando empecé a ir a la nutricionista y me obligó a empezar a consumir lácteos. Eran, después de todo, una fuente de proteína de alto valor biológico. A duras penas empecé a incorporarlos. Después del gimnasio me hacía una colación que consistía en una chocolatada chiquita, un par de vainillas y un Gatorade con una cucharada de leche descremada en polvo. Hoy que no consumo lácteos y dejé de lado el azúcar, todo esto desapareció de mi dieta. Pero en ese momento alcanzó para que ganara algo de músculo y me ganara la sorpresa y el respeto de Fito.

El tema fue cuando mi nutricionista me confesó que un libro, The China Study, la estaba haciendo replantearse todo lo que ella sabía de nutrición. Me pasó esta investigación sobre la influencia de la proteína animal en el desarrollo de males como el cáncer, las cardiopatías y las enfermedades autoinmunes. Yo ya era vegetariano… ¿qué tan difícil podía ser vegano? De un momento a otro, tomé la decisión e hice el cambio. A mí ya no me gustaban demasiado los lácteos… era cuestión de dejar de forzarme a consumirlos. Pero… ¿qué pasaba con la colación post gimnasio, que me ayudaba a aumentar mi masa muscular?

Romina, mi nutricionista, tuvo un nuevo desafío (y esto fue antes de que le sumara mi deseo de dejar de consumir azúcar, jarabe de maíz de alta fructosa y harinas refinadas). Haciendo un poco de prueba y error llegamos a la colación ideal: un sándwich de pan con semillas y tofu (conocido como “queso de soja”). Y después de ir al gimnasio y comer esto, gané entre 800 gramos y un kilo de músculo, algo que una persona experimentada (y no vegana) consideraba como todo un logro.

Con el tiempo aprendí sobre otros alimentos, como el seitán, que también tenían proteína vegetal, o la combinación de dos alimentos, como los cereales y las legumbres, que dan la cadena de aminoácidos completa. Contrario a muchos mitos y a la desconfianza de mucha gente, seguí ganando músculo. Lo que verdaderamente hacía la diferencia en cuanto a mi físico era lo obvio: si entrenaba o no. Eso es lo único que realmente define el ritmo del progreso.

Mi gran fuente de proteína vegetal y causante de varios dolores de cabeza es la leche de soja. Siendo que desayuno y meriendo siempre avena con pasas de uva y unas rodajas de banana, obviamente necesito algo para que baje por mi garganta. Cuando quise dejar por completo el azúcar me compré leche de soja en el Barrio Chino y me encontré con un líquido de un sabor no muy agradable, que no duraba más de dos días en la heladera. La opción era el AdeS natural, que tiene la gran contra (que no he podido sortear) de que tiene azúcar. Puse en la balanza que la practicidad era más importante, y empecé a consumirlo en gran cantidad. El problema es que esta variante escasea en las góndolas. No sé por qué, si siempre se agota, las grandes cadenas no reponen constantemente. Llamé a la empresa para decirles lo difícil que era encontrar este gusto y no me ofrecieron ninguna respuesta. Cuando veía AdeS natural en un supermercado, me compraba todo lo que mi cuerpo era capaz de cargar (10 cartones).

Como había períodos de sequía, aprendí a hacer leche de almendras, mucho más caro y trabajoso, pero con la ventaja de que podía hacerlo de un día para el otro y de que me podía encargar de que no tuviese azúcar. Ahora, después de una época de bonanza en donde tenía tanto AdeS que tenía que guardarlo afuera de la heladera, de nuevo se me está acabando y sin reposición a la vista. Por eso me compré almendras, esencia de vainilla, y con los restos de mi minipimmer en breve me haré mi propia leche.

Y ya lo tienen. Entre todos los alimentos que consumo, más la soja y mis colaciones post gimnasio, obtengo toda la proteína que necesito. Mi cuerpo nunca estuvo mejor, y los defensores de la carne jamás estuvieron tan sorprendidos.

Semana 42: Día 290: Veganismo + Deporte

 Copio esta noticia que me pareció muy emocionante, y una prueba mucho más extrema que la mía de que el secreto del cambio están en los hábitos.

En 2012 Robert Foster pesaba 148 kg y, por más que llevaba toda una vida jugando el papel de “gordo feliz”, se enojaba por no ser más flaco y no poder desempeñarse físicamente. Su mujer, Jessica, pesaba 130 kg y se sentía miserable por ser ignorada, especialmente luego de que un miembro de su familia dijo que “ya no era alguien a quien mirar”.

Una noche en marzo de 2012 decidieron hacer un cambio. Jessica empezó a tomar clases de zumba y a usar la bicicleta fija. Por su parte, Robert decidió jugar al tenis y dejar de comer un segundo plato durante las comidas. En verano, agregaron actividades que no se sintieran como ejercicio, como caminatas y natación recreativa. Ambos quedaron entusiasmados y buscaron otras cosas para hacer.
Ambos corrieron una carrera de 5 km en diciembre. Robert se vio obligado a caminar buena parte del trayecto, pero se inspiró en la actitud de la gente. “El ambiente, los choques de manos y el sentimiento de logro se me volvieron adictivos”, dijo. Continuó participando en carreras y en 2014, pesando 72 kg menos, completó su primer maratón.

En cuanto a la comida, utilizaron una aplicación para contar calorías y comieron mucha verdura y sólo comida natural. “Nuestra filosofía con la comida fue agregar cosas buenas. Así, cada vez deseábamos menos basura”, explicó Robert. Eventualmente adoptaron una dieta vegana.

Ahora, ambos pesan tan solo 75 kg, por lo que perdieron 127 kg entre los dos. “Me amo. Me gusta lo que veo en el espejo. Sé que aún queda trabajo por hacer, pero soy una persona completamente distinta de la que era antes”, dijo Jessica.

Semana 29: Día 201: Sí, se puede

A veces es necesario que te digan que no podés hacer algo. No es una cuestión de rebeldía. Tampoco es cruzar semáforos en rojo solo porque está prohibido. Hablo de cuando no te tienen fe, e indirectamente te están regalando un objetivo.

Cuando terminé la Merrel Adventure Race Tandil 2010 en 3:45 hs, unos conocidos en un foro de Internet le restaron importancia. No les parecía un desafío muy grande. Decían que un vegetariano nunca iba a poder dedicarse al deporte de alto rendimiento. La discusión venía de que el vegetarianismo podía ser sano, pero nunca ibas a ser tan fuerte como si comieras carne.

En aquel entonces yo pensaba que estaba en mi cima, que nunca iba a poder correr más que aquellos 27 km. Estar casi cuatro horas haciendo actividad física sin parar me parecía un esfuerzo muy grande, pero probablemente fuese cierto que se podía terminar independientemente de si comsumías animales o no.

Aquella discusión ya había empezado y me sumé por un excelente motivo: hablaban de los vegetarianos y ninguno lo era. E más, hablaban de deporte de alto rendimiento y ninguno lo practicaba.

No pude convencerlos de que el vegetarianismo no era un impedimento. Pero nunca me olvidé de que al igual que ellos, muchos creían que no iba a llegar lejos. Lo mismo cuando en 2012 me pasé al veganismo, y que varias personas creían que era lo mismo que decir que iba a dejar de comer y punto.

Hoy todavía no sé lo que es el alto rendimiento. Quizá lo practique, quizá me falte, pero pude correr 100 km sin consumir carne, ni derivados de animales, ni azúcar ni JAMF (o sea que ni geles ni Gatorade). Alguno podría considerar que era algo extremo, pero yo lo tenía bajo control. ¿Tenía miedo de fallar? Siempre. Pero eso me ayuda a estar focalizado y tomármelo en serio.

Pasaron cuatro años de esa discusión en Internet. Tengo la fantasía de revivir ese topic y aportar nuevas pruebas, pero seguramente me decepcionaría cuando viese que a nadie le importa. Esto lo hice para mí, y para el que tenga la duda de si se puede hacer deporte sin recurrir a preparados artificiales.

¿Sirven los geles, el Gatorade, Powerade, Red Bull, Coca Cola y las barritas? Sí, sirven. ¿Es lo único que se puede consumir para sostener una actividad física por tanto tiempo? No. También podés hacerte tus propios preparados que van a tener el mismo desempeño, sin esos conservantes, colorantes y endulzantes que tu organismo no necesita.

¿Se puede correr sin consumir lo que dictamina un departamento de marketing? Sí, se puede. Podés hacer lo que quieras, sin importar lo que los demás crean. El mundo sería un lugar mucho más chico si no hubiese existido gente que, a pesar del qué dirán, se dedicaron a explorar.

Semana 28:Día 195: Comer en San Martín de los Andes

No es ninguna novedad para el lector asiduo de este blog que el tema de la comida es un trastorno para mí. En cada viaje necesito una planificación especial. Y no es por la carrera en sí, ni por ser vegetariano, vegano o frugano. Soy una nueva categoría, “complicadorano”, porque no consumo productos animales, ni alimentos refinados, ni azúcar o jarabe de maíz de alta fructosa… así que esto me afecta todo, la vida y las competencias.

En el viaje de ida de micro, que se extendió a 23 horas, fui con una bolsa de compras llena de comida. Había de todo, desde pasas hasta latas de conservas, pasando por pan integral con semillas, arroz integral, galletitas veganas (para emergencias), manzanas, bananas, etc. La cena, milagrosamente, era 100% vegana, con ensalada de zanaoria y pepino, unas verduras hervidas (calabaza, lentejas, etc) y uvas de postre. La cena fue un rotundo fracaso: arroz blanco con mayonesa, unas rodajas de pepinos y zanahorias que descansaban sobre fetas de queso y una tortilla de verduras. La intención es lo que vale. Por suerte, me sobraba comida.

El haber venido a un apart hotel me vino al pelo porque tengo cocina en la que cocinar, valga la redundancia. Pudimos comprar arroz integral, polenta, papas y frutas. Nico, que no es complicadorano, se hizo con una lata de atún, pan blanco y fideos comunes. Excepto los cadáveres de peces enlatados, del resto comí o comeré. Soy bastante estricto pero a excepción de los animales, puedo comer fuera de mi dieta porque es eso o morir de hambre.

Para la carrera me armé una estrategia que ya probé otras veces. Tengo sales hidratantes para no tener que recurrir al Powerade. Un sobre por litro de agua y listo. También me traje para preparar pinole (hasta me vine con la minipimmer, o lo que queda de ella), un mix de frutas secas, pasas, pretzels y vamos a preparar fainá (sin aceite) para el recorrido. Creo que con eso voy a estar bien. Y ante una emergencia, puedo permitirme tomar bebidas isotónicas industriales. Mi convicción más fuerte es llegar a la meta. Creo que puedo lograrlo con una dieta más sana y natural, y eso es lo que voy a intentar. Pero en caso de que no me alcance lo que estoy llevando, dejaré que esta vez entre el azúcar a mi organismo, y volveré a intentarlo en la próxima carrera.

Semana 23: Día 161: Un vegano en un cumpleaños

Que ser vegano es un sacerdocio, creo que pocos lo discutirían. Ir a un cumpleaños y esperar encontrar algo para comer borda la ingenuidad absoluta.

Generalmente me preparo. Como bien antes de salir, me llevo una vianda, aviso y pregunto cuál será el menú.

Pero hoy no lo hice. Confié en que no iba a hacer falta. Y en el salón esperaban pizzas, empanadas y sándwiches de matambre con carne. Las opciones vegetarianas tenían queso, salsa blanca o ricota.

¿Me enojé? No tenía por qué. Yo fui poco previsor, solo me preparé un puñado de pasas de uva. Pero es difícil ver a todo el mundo comiendo y uno con sus convicciones y nada más.

Había un poco de morrón y le entré como si mi vida dependiera de ello. No se me ocurrió preguntar si había otra cosa que no fuera de origen animal. Me distraía contando sobre la Espartatlón y mis entrenamientos a los que no me veían desde hacía tiempo.

Y así me la banqué, pero tengo poca tolerancia al hambre. En un momento no pude más, y mi familia empezó a preguntarle a las mozas qué podía comer. Es una situación un poco humillante para mí porque no me gusta ser el centro de atención. Si estoy hablando de correr, ni me doy cuenta. Pero si mi notoriedad pasa por las desventajas de mis decisiones… no me gusta.

Pasó una hora y tuve que insistir. Una moza dijo “Yo también soy vegana”, y prometió encargarse. Al rato vino con una pizza con morrones, tomates y aceitunas negras. Fueron las cinco porciones más exquisitas de mi vida.

Uno podría sacar de conclusión que si elegimos un camino de alimentación fuera de lo habitual, tenemos que ser previsores, siempre. Pero me pareció más interesante el análisis que hizo hoy mi papá: “Si quiere algo, pregunte. Después, insista”.

Semana 15: Día 99: Vegano por un mes

Existe algo en el universo, un orden, o una sinergia (no sabría cómo llamarlo) que hace que varias cosas sucedan al mismo tiempo. También podríamos echarle la culpa a la cercanía al año nuevo, pero últimamente me encuentro con más personas que quieren volverse veganas. Algunas lo quieren hacer en serio, y temen fracasar. Otras piden indicaciones de platos y menús, pero tienen la necesidad de aclarar “Ojo, igual no quiero ser estricto como vos… y por ahí como carne de vez en cuando”.
Esta energía que se encausa en una misma dirección seguramente es la que me llevó a releer “Eat and Run”, el libro de Scott Jurek, el ultramaratonista vegano. Yo ya lo había leído (“devorado” es la palabra correcta) y en mi viaje a Barcelona conseguí una copia en castellano, cuando el recargo de las tarjetas era solo del 20% (¿se acuerdan?). Creo que ciertos detalles se me habían pasado por la traducción interna en mi cabeza, y gracias al traductor que se tomó la molestia de pasar todas las recetas y las vivencias al castellano, puedo ver cómo incluso Jurek, campeón de las carreras más largas y duras del mundo, se preguntaba si con los vegetales iba a tener todo lo que necesitaba. Me recordó a mí, cuando apenas empecé mi “ovolactovegetarianismo”, y me fracturé el tobillo. La inseguridad de mis familiares y amigos me llevó a preguntarle al traumatólogo si era posible que mi dieta me hubiese debilitado los huesos (me dijo algo así como “ni a ganchos”).
Compartí muchos secretos y experiencias con mis amigos, y todavía hoy, caminando después del entrenamiento, aconsejaba sobre las ventajas de dejar la leche de vaca y sustituirla por leche de soja o de almendras. Algunos pensarán que soy un bruto, que la proteína y la mar en coche, pero yo creo que en el futuro (pónganle… 200 años) se van a matar de risa por nuestras creencias de nutrición actuales (como nosotros nos reímos de los médicos que hace 2 siglos creían que la sangre estaba estancada en el cuerpo y no circulaba). Es una posibilidad.
A casi todos les pido lo mismo: “Aguantá 90 días. ¿Qué son tres meses en toda tu vida? Fijate si esto es para vos, si realmente querés volver a la carne o no en base a tu propia experiencia y al impacto en tu cuerpo”. Ojalá alguno lo haga, a mí también me serviría la experiencia.
El camino es difícil. Yo acompaño a todo el que lo intente, pero uno tiene que hacerlo solo, y las dudas pueden superar a las certezas. Vuelvo al principio, a esa sinergia y las casualidades. Justo en esta época de gente queriendo comer sano y dejar la proteína animal, me crucé con un plan de Lift. Esta es una red social dedicada a los cambios, a la motivación. Intenté usarla para mí, pero me resultaba complicado… ¡y quizá no lo necesitaba! Al menos no ahora… lo curioso es que me siguen llegando planes con frecuencia, y llegó a mi inbox una sugerencia para ser vegano por 28 días. Es un plan sencillo, gratuito, que cualquiera puede seguir. Como está en inglés, me tomé la molestia de traducirlo para beneplácito de los hispanoparlantes. Quizá le ayude a más de uno…
Lamentablemente los enlaces sí están en inglés… ayudan bastante, pero los que no puedan leerlos y les interese, usen esto como base y googleen porque hay miles, sino millones, de páginas que tocan estos mismos tópicos:

La Dieta Vegana

Creada por Erin Frey
Durante las próximas cuatro semanas, te vamos a orientar para que puedas comer bajo una dieta vegana. La dieta en resumen: Comer vegetales, frijoles, aceites, soja/tofu, frutas, pan, arroz, vino. No comer productos animales incluyendo lácteos, huevos, miel, gelatina. Quizá puedas comer… no hay una zona gris: o es parte de un animal o no lo es.

Pasos (día por día)

  1. Hacé una comida vegana

    ¿Qué comidas podés comer? Pasá por el almacén o hacé una búsqueda rápida de locales cercanos con opciones amigables para tu dieta. Aquí hay algunas investigaciones que te podrían ayudar (en inglés): Sugerencias para novatos: http://plantpoweredkitchen.com/why-be-vegan/ http://www.nomeatathlete.com/50-vegetarian-resources/ Lista de compras vegana: http://pcrm.org/kickstartHome/resources/grocery_list.cfm Ideas simples y rápidas para comidas: http://www.vegkitchen.com/vegan-dinner-recipes/ Alimentos que no sabías que estaban hechos con productos animales: http://www.nomeatathlete.com/non-vegetarian-foods/

  2. Comé un desayuno y un almuerzo vegano

    Ideas para desayunos. Tu primera comida es importante, ya que es lo que te prepara para el resto del día. Aquí hay algunas ideas: avena o quinoa, manzanas y manteca de frutos secos, barritas veganas, panes, batido de frutas con leche de coco o de almendras, panqueques. Encontrá más recetas aquí: http://www.thekitchn.com/10-vegan-breakfast-ideas-113446

  3. Comé un desayuno, almuerzo y cena vegana

    Comer afuera. Tu estrategia por defecto debería ser encontrar platos vegetarianos y modificarlos para quitarle los productos lácteos y con huevo, y reemplazar la carne con tofu/legumbres. Aquí hay algunas sugerencias: Pedile al mozo que te indique las opciones veganas. Aclarale qué significa ser vegano (sin manteca, lácteos, huevo) ya que no todos lo saben. La manteca está en muchos platos en los restaurantes. Pedile al chef que use aceite en su reemplazo. Evitá las parrillas, heladerías y cualquier lugar donde no puedas confirmar si se usaron productos animales en las comidas o las salsas. Hay comidas fáciles de comprar o hacer en casa: Ensaladas: lechuga, porotos o de base de vegetales. Sándwiches con humus, manteca de frutos secos y tus frutas y vegetales favoritos; Sopas (cerciorate que no tengan base de carne o crema antes de pedirlas); Platos de fideos italianos [que no sean al huevo]; Platos Mediterráneos: Humus y Falafel; Hamburguesas Veganas sin queso; Comida India: Daal, Channa Masala, Gobhi Matar, Aaloo Paratha, Kadai Bhindi (asegurate de que no usen mantequilla clarificada); Comida China: cualquier plato vegetariano o con tofu; del Sudeste Asiático: Sopas, curries de vegetales, vegetales salteados (asegurate de que no usen una salsa base de pescado); Comida Japonesa: sushi vegetariano, cualquier plato de pastas o arroz con tofu. Leé esta guía si estás en San Francisco: http://zenhabits.net/vegan-sf/

  4. Comé vegano

    Conseguí un compañero de dieta. Hacé que la dieta sea social logrando que un amigo se te una. Si buscás un corresponsable, pedí uno en el foro de discusiones.

  5. Comé vegano

    Recetas rápidas. ¡Aaah! ¿Qué hacer cuando solo tenés 10 minutos para comer? Aquí hay una lista de comidas rápidas de hacer: Almendras/nueces; pan pita (o figazza árabe) con vegetales y manteca de frutos secos/guacamole/salsa/humus; Mantequilla de maní y mermelada; Batatas al microondas o hechas puré; Muffins veganos (podés mantenerlos en el freezer y tostarlos o calentarlos al microondas rápidamente). ¿Qué agregarías a esta lista?

  6. Comé vegano

    Tus metas: ¿Para qué estás haciendo esta dieta? Compartilo en los fotos. Vuelve a tus respuestas cuando necesites motivación. Los motivos habituales incluyen salud, el medio ambiente o porque tus seres queridos adoptaron esa diete. Si te volviste vegano porque está de moda (¡Jay-Z y Beyonce son veganos ahora!), también está bien.

  7. Comé vegano

    ¡Felicitaciones! ¡Llegaste a una semana!Congratulations, you made it one week!

  8. Comé vegano

    Ahorrá dinero. El veganismo promueve comer alimentos sin toxinas, de calidad y sustentables. Vas a ahorrar dinero al no comprar productos con carne pero vas a gastar mucho más en vegetales. ¿Cuáles son los consejos para no pasarte del presupuesto mientras comés vegano? Aquí hay algunos nuestros: Comprá vegetales de estación. Mejor todavía, conseguilos en el mercado; Unite a una comunidad sustentada por la agricultura; Comprá vegetales congelados, que tienen el beneficio extra de no pudrirse rápidamente; Comprá en tiendas étnicas para obtener cosas como arroz, legumbres e incluso vegetales.

  9. Comé vegano

    Snacks veganos favoritos: Si tenés hambre entre comidas, ¡está bien comer! Solo asegurate de elegir opciones dentro de la dieta, como estas: http://www.nomeatathlete.com/vegetarian-snacks/

  10. Comé vegano

    Satisfacé tu necesidad de algo dulce. Tomá una decisión para esta dieta: Si creés que un dulce ocasional te va a mantener satisfecho y feliz, permitítelo de vez en cuando mientras sea una de las opciones de abajo. Contenete si creés que te va a sacar del objetivo. Dulces vegano-friendly: Mantequilla de almendras o de coco; Chocolate negro; Frutas; Crema de coco con fresas; Casi cualquier panificado si está hecho sin huevos o lácteos. Limitá estos si tu objetivo es perder peso.

  11. Comé vegano

    Conseguir suficiente proteína. Existe la falacia de que no vas a obtener suficientes proteínas si comés vegano. De hecho hay muchas proteínas escondidas en comidas que probablemente ya estás comiendo. Aprendé a obtener más proteínas y de qué fuentes aquí: http://www.nomeatathlete.com/vegetarian-protein-primer/ Y existe una lista de comidas veganas con su cantidad de proteínas referenciadas en el siguiente link: http://www.vrg.org/nutrition/protein.php

  12. Comé vegano

    Conseguir suficiente grasa. Las grasas son buenas para vos, así que asegurate de conseguir suficientes: Aceites, palta, y productos con nueces y coco fuentes geniales y saludables de grasas que tu cuerpo necesita para sobrevivir.

  13. Comé vegano

    Estrategias para situaciones sociales. Comer afuera con amigos que no coman vegano lleva algo de planeamiento para asegurarse de que todos estén felices. Aquí hay consejos para equilibrar la balanza: Organizá reuniones para tomar café o bebidas en lugar de almuerzos o cenas; Sugerí un restaurante vegano-friendly cuando hagan planes. Igualmente a nadie le gusta tomar esta decisión; Comé antes de la hora de la bebida para no tentarte a picotear; Guardá almendras y barras veganas en tu mochila o cartera para las veces en donde no hay opciones veganas; Evitá: parrillas, heladerías y cualquier lugar donde no puedas confirmar si se usaron productos animales en las comidas o las salsas. Decile a tus amigos que estás comiendo vegano y por qué. ¡Probablemente te apoyen!

  14. Comé vegano

    ¡Muy bien, llegaste a dos semanas!

  15. Estrategias para viajar

    Comer vegano en los viajes. Mantenerte en una dieta mientras viajás es cuestión de preparación. Aquí hay algunos consejos de blogueros veganos y vegetarianos: http://www.nomeatathlete.com/vegetarian-travel-tips/ No te angusties si rompés tu dieta. Elegí la opción más saludable y volvé en la siguiente comida.

  16. Comé vegano

    Comidas básicas. ¿Cuáles son tus alimentos básicos (los ingredientes y platos que usás una y otra vez)? Decidir tres nuevas comidas para cocinar/comprar cada día te va a agotar. Buscá comidas que puedan convertirse en básicas de tu nueva dieta. ¡Entonces repetí, repetí, repetí!

  17. Comé vegano

    Sé consistente. Probablemente hayas hecho muchos cambios en tu dieta. Abstenete de bajas la cantidad de calorías Y cambiar tus hábitos alimenticios al mismo tiempo. Te vas a sentir miserable y más propenso a abandonar. La clave para cualquier dieta (o meta) es ser consistente y ganar velocidad, como estás haciendo ahora mismo.

  18. Comé vegano

    Tomá más agua. ¿Sabías que a veces tu cuerpo confunde la sed con hambre? Si tenés hambre cuando no deberías, tomá un vaso lleno de agua y espera´diez minutos antes de picar algo. ¿Cuánta agua estás tomando por día?

  19. Comé vegano

    Transición al veganismo. Mucha gente quiere recrear su dieta con ingredientes veganos o comer comida chatarra porque no tiene carne. Las papas fritas y las galletitas no son buenas para vos porque sean veganas. No te alejes de los alimentos integrales, vegetales y frutas, y vas a comer bien.

  20. Comé vegano

    Motivación. ¿Cómo te mantenés motivado? Aquí hay una gran motivación: salud a largo plazo. Ahora estás comiendo de un modo que cuida a tu cuerpo. Si cuidás a tu cuerpo los primeros 50 años, los otros 50 él te va a cuidar a vos.

  21. Comé vegano

    ¡Muy bien, llegas te a tres semanas! Queda una más.

  22. Comé vegano

    Obstáculos. ¿Qué fue lo difícil de esta dieta? Leé los obstáculos que otros Lifters compartieron y dales consejos si los tenés.

  23. Comé vegano

    Consejos para principiantes. ¿Qué consejo le darías a alguien que recién empieza con la dieta? Vamos a juntar a las mejores y compartirlas con gente que se sume al plan a futuro.

  24. Comé vegano

    Substitutos de la carne favoritos. ¿Cómo reemplazaste tus comidas favoritas que se centraban en la carne? ¿Te pasa de extrañarla?

  25. Comé vegano

    Tu éxito. ¡Muy buen! Mucha gente no se mantiene en una nueva dieta tanto como vos. ¿De qué estás más orgulloso?

  26. Comé vegano

    Tu comida favorita. ¡Compartí tu receta si tenés una!

  27. Comé vegano

    Tus resultados. ¿Qué cambios notaste en tu cuerpo y mente? ¡Contanos!

  28. Comé vegano

    ¡Felicitaciones, alcanzaste tu objetivo! Cuatro semanas es más de lo que mucha gente sigue una dieta. Sentite orgulloso. Si disfrutaste de comer una dieta vegana y querés seguir, mantené el objetivo en tu lista (no hace falta que leas las instrucciones diariamente).

Semana 13: Día 87: Balance de fin de año: LA COMIDA

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Se acerca fin de año, y es un buen momento para mirar atrás y ver el camino recorrido.
Este va a ser un año muy importante para mí, porque lo voy a cumplir como vegano de punta a punta. Fue una decisión difícil y a la vez fácil. Primero me encargué de paranoiquearme con la proteína animal y sus efectos nocivos en el cuerpo. Después me di cuenta de lo fácil que era para mí, siendo ovolactovegetariano, para dejar el queso y la leche.
El problema vino cuando quise compartir una cena afuera con amigos, o en algún viaje donde no me podía cocinar (como en la Patagonia Run). Esas fueron y serán situaciones complicadas para mí, pero me las pude ingeniar. Las latas terminaron siendo una solución espectacular para el micro de larga distancia. Ya no pude hacer una reunión con pizza, algo que se soluciona tan fácil como levantando un teléfono o de parado en decenas de locales en la Ciudad Autónoma. Sin embargo me encontré en la obligación de cocinar y de aprender, así que supe tener invitados en casa a los que deleitar.
Este año fue también, como quien no quiere la cosa, en el que decidí dejar las harinas blancas, el azúcar, el arroz blanco y la sal de mesa. Esto lo reemplacé con harina y arroz integral, stevia y sal marina. O, en su defecto, sin condimentar las comidas. Realmente ser vegetariano trae consigo un cambio en el paladar, así que uno siente más los sabores. También aprendí a hacer mi propio pan, con semillas y todo, pero las cuentas me dieron que gasto más haciéndolo que comprándolo en una dietética. ¿Cómo es esto posible? No lo sé, probablemente esté haciendo algo mal, como no dejando levar la masa lo suficiente como para que termine saliendo más cantidad. Pero bueno, ser vegano y comer sano es algo un poco oneroso.
Mirando hacia atrás veo que también fue un año donde pude contener las “tentaciones” como las galletitas, budines y otras delicias que aunque veganas, no me aportaban cosas que yo realmente necesitara. Volver a la soltería, a la modesta caja de zapatos que alquilo en el microcentro, me obligó a cuidar los gastos y a no comprar de más. Así fue que terminé organizándome mejor. También me regalaron la juguera, y muchas colaciones pasaron a ser esos exquisitos jugos naturales (pero prefiero explayarme un poco más en el balance de las bebidas, en el día de mañana).
Este año incorporé la espirulina, polvo verde solo para valientes, pero con un altísimo poder nutritivo. También volví a la levadura de cerveza, que a pesar de sus vitaminas y nutrientes, me encanta su sabor y lo terminé utilizando como condimento. Volver al gimnasio, aunque fuese por tres meses, también implicó un regreso a los sándwiches de pan integral y tofu como colación post entrenamiento, y lo incorporé también al post-running. Después de correr, agotados en la noche, vi a varios compañeros míos mirando mi sándwich con baba cayéndole de la boca. No es difícil prepararse algo para cuando terminás de entrenar, y es el momento justo en que tu cuerpo necesita hidratos y proteínas.
Mudarme me trajo otra consecuencia, que fue no tener más microondas. En su lugar tengo un hornito eléctrico con el que resolví todo. La comida queda más rica, se puede tostar el pan, y no sé cómo haré para vivir sin él cuando me mude (me veré en la obligación de comprarme otro). También volví a las ensaladas, en especial cuando descubrí el verdadero valor de las ferias itinerantes, con sus frutas y verduras dos o tres veces más baratas que en el supermercado. Así es más fácil comer sano… aunque se manejan con efectivo, así que fin de mes es acabar con lo que haya en la heladera y las alacenas, o pagar caros los alimentos naturales con tarjeta de crédito en el supermercado. Todo no se puede.
Muchos creen que mi determinación con la comida ha sido una constante, y para mí es un continuo aprendizaje. No siempre tengo la motivación para cocinarme algo sano y nutritivo, y a pesar de estar en casi tres años y medio de blog, sigo esforzándome e incorporando cosas nuevas. Por suerte cada vez hay más ofertas veganas e integrales en la Ciudad, y con toda la experiencia que adquirí en este 2013, el esfuerzo se va haciendo cada vez menos pesado.
(La ensalada que ven en la foto, que no me pude terminar, es de Vita, un restaurante vegano al que me invitó hoy mi amiga Naty. ¡Recomendado!)

Semana 11: Día 73: El vegano y las fiestas

Si usted ha decidido dejar la proteína animal o si tiene uno de esos parientes raritos que no comen carne, esto puede serle de su interés. O puede ser información útil para burlarse de un vegano. Uno nunca sabe.
En Argentina, por una extraña costumbre que tenemos, festejamos Navidad y Año Nuevo como si no hicieran 35 grados a las diez de la noche. Nos atestamos de comida y le damos a alimentos y bebidas super calóricas: vitel toné, turrón de maní, garrapiñadas, chocolate, champagne y un digestivo etcétera.
A todos los argentinos, menos a mí, les encantan los asados. No importa la temperatura, el clima ni la ocasión. Por eso no es extraño que la palabra mágica para la reunión de fin de año sea “¿Nos juntamos a comer un asadito?”. Y como en el fondo me aprecian y disfrutarían mucho de mi presencia, ofrecen “A vos te ponemos unas ensaladas”, a lo que con toda sinceridad respondemos “Soy vegano, no anoréxico”. La oferta pasa a ser “Ok, ponemos unas verduras a la parrilla”. Aquí entra la parte obse a hacer de las suyas:
– Pero me da asco si la verdura toca la grasa de la carne.
– Las pongo a un costado.
– Nunca limpiarías esa parrilla como para que yo coma.
– Te pongo unas papas o ajíes en las brasas.
– Les chorrea la grasa de arriba.
– Las envolvemos en aluminio.
– Alto. Alto, alto, alto. Agradezco tu interés, pero las verduras tostadas en aluminio no son el equivalente del manjar que te resulta el vacío y los chorizos. Si nos vamos a juntar para pasarla bien, me llevo un tupper con comida.
– O quedate en tu casa.
Yo sé que es difícil para la familia y amigos congeniar esta decisión alimenticia. Por eso me acostumbré a llevar lo mío. En un asado o en esos grandes banquetes en los que al arroz le ponen mayonesa y huevo, hay días opciones: amargarse (y pasar hambre) o ser previsor. El vegano no puede esperar que el resto lo atienda (y estoy dejando de lado cuestiones más profundas, como no querer comer alimentos refinados como arroz blanco, harinas, etc… les haría explotar la cabeza).
Comer es un placer. Uno creería que dejar los animales afuera de la dieta es igual a sufrir, pero no es así. A mí me encantan mis comidas y no me salteo ninguna (mi favorita es el desayuno y la merienda, en las que como exactamente lo mismo).
Lo bueno de ser vegano es que uno puede ir a una de esas grandes cenas en las que todos llevan algo y llegar con su plato favorito. Hay una posibilidad en diez millones de que alguien más quiera probarlo. Pero ojo… si empezamos a compartir y el resto descubre lo rico que es el pastel de banana, podemos quedarnos sin nada (lo que no estaría tan mal porque sería acorde al espíritu navideño).
Por eso, mi querido vegano, en estas fiestas tu mejor amigo será tu tupper. Y para todos: uidado con el alcohol (el único animal involucrado en el vino, la sidra y el champagne es quien lo bebe), y no olvides que estos almuerzos y cenas no son para comer, sino para socializar.

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