Archivo de la categoría: ultramaratón

Semana 52: Día 360: Densos nubarrones sobre Atenas

Uno de los grandes desafíos de la Espartatlón es enfrentar al clima. Temperaturas que algunos años han superado los 35 grados, mucho frío en la noche y la posibilidad de enfrentarse a tormentas, ya que septiembre es temporada de lluvias en Grecia. Ya el pronóstico ha confirmado que este viernes vamos a quedar pasados por agua…

El hecho de que llueva puede ser tanto una bendición como lo contrario. Sin dudas la temperatura va a bajar y el sol no va a ser tan abrasador. Pero siendo que se esperan tormentas por la noche, esto podría convertirse en un problema. La perspectiva de enfrentar las once horas promedio de oscuridad con la ropa mojada no es muy alentadora.

Se debatió mucho si el clima iba a hacer que esta ultramaratón será más sencilla o más difícil que otros años. En 2012 hubo una ola de calor que dejó afuera a muchos competidores, en una carrera que de por sí ya no era sencilla. Yo he corrido mojado y sinceramente no me entusiasma, en especial por los pies que se llevan la peor parte. Creo que tengo abrigo ligero y un rompe viento como para protegerme la parte superior del cuerpo. Posiblemente necesite una cantidad importante de medias secas para hacer recambios…

El hecho de que llueva y que las temperaturas estén por debajo de los 30 grados me daría un poco más de confianza (igual ya venía bastante confiado). Al parecer, cada Espartatlón es única, y este año no será la excepción.

Semana 51: Día 354: Cómo seguir la Espartatlón en vivo

Me está dando la impresión de que esta ultramaratón pone más nerviosa a la gente que me rodea que a mí mismo. Para ellos les quiero dejar un instructivo de cómo seguir el desarrollo de esta carrera.

Es muy seguro que vamos a estar tuiteando constantemente con el hashtag #PumaEnEsparta. Depende que resolvamos cuestiones técnicas (el roaming sale una fortuna y media), pero la intención es que las actualizaciones de la Espartatlón sean en vivo, tanto en la previa como durante las 36 horas que dure. También lo posterior, como para que sepan qué se siente correr 246 km (por ejemplo, averiguar si uno puede seguir de pie después de eso).

Pero más allá de las redes sociales, que creo que las vamos a hacer de goma, la organización tiene una página web bastante aceitada en la que se puede seguir a todos los corredores. La dirección es http://www.spartathlon.gr.

Una vez que uno ingresa, a menos que sea un especialista en lengua griega, debería pasar los textos a inglés a través de un simple click en una bandera británica. Además de toda la información muy interesante, está la sección “Live Data“, que es la que nos interesa.

Hasta que no comience la carrera no vamos a poder ver los datos, pero ahí se puede seguir a los corredores por su número de dorsal. El mío es el 183. Se puede consultar el desarrollo por corredor o por puesto (son 74 más el de la meta). El horario de inicio de la carrera es a las 7 de la mañana del viernes 26, hora local. La diferencia horaria es de seis horas, así que para mis familiares y amigos en Buenos Aires, la aventura comienza a la 1, en plena medianoche. La llegada límite es a las 19, hora local, o las 13 en Argentina.

En nueve puestos la información del chip es en vivo. Esto corresponde al inicio, el 4º (km 19,5), el 11º (km 42,2, que es el primero en el que me permiten recibir asistencia de mi equipo), el 22º (km 80), el 35º (km 123,3), el 47º (km 159,5, en la base de la montaña, que da comienzo a la parte más dura de toda la carrera), el 52º (km 171,5, y llegar hasta aquí, Nestani, me preclasifica para volver a correr la Espartatlón los próximos 3 años), el 60º (km 195,3), el 69º (km 226,7) y el 75º (km 246,8, la meta).

El resto de los puestos se actualiza a mano, y desconozco si se podrán ver en tiempo real. Pero con estos indicios ya se puede seguir en vivo esta carrera gloriosa. Ojalá llegue.

Semana 49: Día 340: El equipo espartano

Cuando me puse a investigar sobre la Espartatlón, en seguida llegué a dos conclusiones: es una paliza para las piernas, y correr sin equipo de asistencia es sinónimo de abandonar.
Para lo primero solo podía especular con entrenar mucho sobre asfalto y fortalecerme todo lo posible. Para lo segundo necesitaba ese elemento que resuelve todos los problemas del hombre moderno: dinero.
El sueño de correr los 246 km de Grecia era mío, y se lo contagié a mi grupo de entrenamiento, Puma Runners. No al punto de que ellos la quieran correr, sino ayudarme a lograrlo. Pero un viaje de esta magnitud, en temporada alta, es costoso, y por más que yo me pago todo con mucha felicidad, sin un sponsor iba a ser imposible que me acompañara un equipo.
Cuando me inscribí en la Espartatlón estaba obligado a completar los datos de mis dos asistentes. En un rapto de fe anoté a Germán, mi entrenador, y a Nico, compañero de aventuras y converso al mundo del running gracias a Semana 52. Ambos padres con responsabilidades laborales, era imposible que pagaran el viaje de su bolsillo.
La búsqueda de sponsor no dio sus frutos, pero reuní el dinero vendiendo mis comics y muñecos. Aclaré de entrada que no era un préstamo o favor a ellos. Yo necesito que estén para asegurar mi llegada a la meta.
Finalmente el equipo se conformó, y después de que cada uno hizo sus malabares con el trabajo, se convirtieron en el equipo espartatleta. Lean terminó sumándose, sospecho que porque imagina que el viaje va a ser pura joda. Pobrecito.
Estos son, entonces, mi equipo de asistencia. En ellos confío y de ellos dependerá en gran parte que no me desvíe de mi estrategia.
Germán De Gregori: Mi LifeCoach. Quien se encargó de mi entrenamiento. Durante la carrera se va a hacer cargo de mi salud. Sabe cómo corro, hasta dónde puedo esforzarme y está al tanto de mis aptitudes y debilidades física. También va a filmar y sacar fotos.
Nicolás Pardo: Conductor y encargado de la logística. Responsable de dónde voy a comer y tomar, y qué cosas. Responsable de los recambios de ropa y calzado.
Leandro Aciar: El comodín. Puede turnarse con cualquiera y dejar que el otro descanse. Puede conducir y creemos que filmar también. 
Ellos son mis ases en la manga, y en quienes confío la carrera más grande de mi vida.

Semana 47: Día 328: Lo que no te mata, te fortalece

Si tuviese que decir qué fue lo último que aprendí corriendo, debería decir que fue la tolerancia al dolor.
En mi vida he sufrido fracturas, golpes, esguinces, y todo eso antes de empezar a correr. Haber llegado a un entrenamiento intensivo me llevó a conocer un abanico de nuevos dolores que me obligaban a tragar saliva y seguir avanzando.
Muchas veces estuve acompañando a alguien en una carrera o un entrenamiento, y en mi rol de motivador intenté que se fuerce más allá de sus límites. “El dolor es pasajero”, les decía. Y me tocó estar corriendo con dolor en los tobillos o el metatarso izquierdo y pensar si yo forzaba a otras personas mientras sentían algo similar. Creo que me aguanté por el deseo de mantener una coherencia.
Me da la impresión de que eso que uno se aguanta fortalece el carácter. Al menos en una ultramaratón es muy probable que algo duela y haya que seguir. El máximo ejemplo es Scott Jurek, quien ganó una carrera con un tobillo hecho una pelota y otra (una carrita llamada Espartatlón) con un dedo del pie fracturado. 
Aguantar el dolor y seguir te fortalece el carácter. Uno le escapa a estas situaciones, pero yo creo que cada experiencia le quita el rótulo de “desconocido” a las cosas. Al menos, la siguiente vez que te enfrentes al dolor, es algo a lo que estarás un poco más habituado.
“El dolor es vida”, dicen. Y además es un gran maestro. Por eso sé que la Espartatlón, la termine o no, me hará un hombre más sabio. Con eso me alcanza…

Semana 47: Día 327: Hacer lo imposible

“¿Y eso es real? ¿Es algo que se puede hacer?”. Eso es lo que generalmente me dicen las personas que escuchan por primera vez que voy a participar de la Espartatlón.
Si nos sintonizas por primera vez, quizá no sepas que la Espartatlón (o Spartathlon) es una de las carreras más duras del mundo: 246 km en un máximo de 36 horas. No es imposible de hacer, solo requiere de tres cosas: preparación, estrategia y voluntad. Que sea “poco” no quita que no sea muy difícil.
Si voy a llegar, no tengo idea. En el fondo la experiencia me aterra, y es por eso que la tengo que hacer. Cuánto dolor, hambre, calor, sed, cansancio, frío, sueño voy a sentir es algo con lo que no me quiero enloquecer… pero sin dudas voy a sufrir. No creo que nadie la pase bien: como todo, la experiencia toma otro sentido cuando uno cruza la meta.
Sí creo que soy capaz de soportar todo eso y llegar. O sea, tragar saliva, apretar los dientes y no detenerme. Muchos creían que eso es imposible, pero ya lo he hecho en el pasado. Seguramente, quienes se sorprenden por la existencia de una carrera tan brutal es porque no han salido mucho de su zona de confort. Si supiera que la voy a terminar… ¿cuál sería la gracia?
Creo que todos somos capaces de terminar la Espartatlón. Solo necesitamos preparación, estrategia y voluntad. Si falta alguna de esas tres, seguro va a ser imposible. Pero con ese combo, hasta lo imposible empieza a volverse realizable…

Semana 44: Día 302: El jetlag de los ultramaratonistas

Recuerdo haber leído en “De qué hablo cuando hablamos de correr” que Murakami hacía una defensa de irse a dormir temprano. Él dice que junto a su esposa habían decidido aprovechar el día y dejar la noche para descansar, pero me imagino que esto fue algo que lo impuso él mismo. Así fue que empezaron a declinar todas las invitaciones para cenar y las salidas tarde, y sus conocidos no tuvieron más opción que adaptarse.

Yo nunca pude ganarle la batalla al sueño. Cabeceo y me desconecto. Podría estar atado a una camilla mientras un rayo láser va subiendo para cortarme en dos (luego de que el villano me explicó su plan, acariciando a su gato, y se fue a la sala de control a presionar el botón que dispara las bombas atómicas), y si estoy cansado igual me quedaría dormido. En una profesión como es el diseño gráfico, muchas veces los minutos cuentan y tengo que hacer espantosas horas extra para llegar a la fecha de entrega. Pero descubrí que no me sirve intentar quedarme despierto, así que directamente prefiero estar en la cama a la medianoche y madrugar.

Cuando empecé a hacer distancias de ultramaratón tuve que luchar contra el sueño varias veces, pero si estoy haciendo actividad física, casi que ni lo noto. En el fondo de 120 km que hice el fin de semana pasado arranqué a las 23:30 y terminé a las 14:30, y no fue hasta que me llevaron en auto a mi casa que comencé a cabecear. En varios fondos, para aprovechar el resto del día o acoplarme al entrenamiento que hacen los Puma Runners, salí muy temprano, a veces despertándome a las 3 de la mañana para desayunar y salir. Está buenísimo poder hacer una distancia de ultra y terminar a tiempo para almorzar… pero a veces me termina descompaginando el resto de la semana.

Siendo que tengo poca tolerancia al sueño (algo que para mí es muy bueno porque me obliga a descansar lo que mi cuerpo pide), madrugar hace que me duerma más temprano. Por ejemplo, ayer me desperté a la madrugada y salí a correr 22 km antes de acoplarme con mis compañeros de grupo. Fue un día largo, de una semana agitada, y a la anoche me quedé dormido como a las 8. Me desperté a las 3 de la mañana y cené. Es una especie de jetlag de ultramaratonista.

Después de mi fondo de 120 km prometí dormir 12 horas. Casi lo cumplo, ya que me desconecté a las 19:00 y a las 6:30 del día siguiente abrí los ojos, sin estar del todo seguro de qué día era ni qué hora. No soy de los que se pueden quedar dando vueltas en la cama, así que cuando me pasan estas cosas me levanto e intento comenzar, con la esperanza de ir acomodándome al resto de los habitantes de mi huso horario.

Algunas cosas que me desacomoda estar corriendo tanto a horarios dispares es que después termino actualizando el blog a cualquier hora (como la entrada del sábado a las 5 de la mañana del domingo). Pero no me quejo. Creo que es normal ir a contramano del mundo (o por lo menos es habitual en mí). Calculo que cuando uno está encasillado en en el rol del loquito que corre y come sano, estas cosas no le sorprenden a nadie. O por lo menos, muchos logran aceptarlo, más allá de que no lo entiendan. Es por eso que me estoy perdiendo cumpleaños, interesantes chats nocturnos en los grupos de whatsapp, salida… ¿y qué gano a cambio? Correr y seguir acercándome a mi sueño de correr la Espartatlón.

Todavía no tengo del todo decidido cómo va a seguir mi vida (y mi rutina) después de septiembre. Quizá siga corriendo ultramaratones, y este jetlag se vuelva algo habitual. O por ahí me sienta realizado y me dedique a otra cosa, poniéndome más en línea con el resto del mundo.

Semana 41: Día 287: Recetas ultramaratonistas: Fainá

Una de las cosas que más satisfacción me dio fue descubrir que podía prescindir del azúcar y de muchos alimentos refinados y químicos para poder correr grandes distancias. Al principio, como cualquier corredor que se inicia, fui a lo seguro, a lo que consumía todo el mundo. Obviamente bebidas isotónicas y geles. Era imposible pensar en una carrera sin eso. Pero bueno, ese era el preconcepto que tenía. Ya descubrí que no es tan así.

Abrir la cabeza y cuestionar lo establecido no es fácil. A mí me costó mucho. Pero siendo vegetariano estaba un poco acostumbrado a ir a contramano del mundo. Por eso el paso al veganismo fue más fácil de lo que esperaba. Nunca imaginé que iba a terminar en una cruzada en contra de las harinas refinadas, el azúcar blanca, los químicos en los alimentos procesados y el nefasto jarabe de maíz de alta fructosa. Creemos, porque así nos educaron, que cualquier cosa de la góndola del supermercado nutre, y no queremos volvernos paranoicos y pensar que lo que las empresas quieren es producir mucho a bajo costo, dejando el tema de la nutrición en último plano.

Es imposible hacer una ultra y no estar correctamente hidratado y alimentado. Lo sé por experiencia personal. Los geles y las bebidas isotónicas SÍ sirven… pero, ¿son la única opción?

Cuando decidí dejar el azúcar descubrí que está presente en casi todos los alimentos que se pueden comprar en un supermercado. Hasta en las latas de garbanzos (porque, justamente, son un conservante barato). Es por eso que pasé a la variante de comprar las legumbres secas y dejarlas en remojo toda la noche. Es más trabajoso, pero al menos soy un poco más consciente de lo que estoy comiendo. No quiero hilar fino y ponerme a hablar de los pesticidas, los alimentos transgénicos y todas las cosas que no podemos ver. No todos tenemos acceso a granjas orgánicas. Hay mucho que se puede hacer por la salud, y por supuesto que soy consciente de que me queda mucho por hacer.

Cuando decidí dejar los geles, la alternativa a la que llegué con mi nutricionista para obtener hidratos de carbono de asimilación lenta fue la fainá. Este alimento, muy típico de Argentina, es nada menos que harina de garbanzo. Al principio compraba un preparado muy fácil de cocinar, pero que en los ingredientes tenía montones de químicos y conservantes. Sentí que estaba a mitad de camino. Hasta que compré directamente harina de garbanzo en el Barrio Chino (un kilo por el mismo precio que los 200 gramos del preparado). Le hice algunas variantes y llegué a esta receta, pensada para un fondista.

FAINÁ PARA CARRERA
Ingredientes:
200 gr de harina de garbanzos
una pizca de sal
pimienta (a gusto)
semillas de chía trituradas (a gusto)
600 cc de agua

Preparación:
Echar en un bowl la harina de garbanzos, la sal, la pimienta y las semillas. Se puede probar cualquier otra semilla, estas en particular me gustan (tiñen un poco la preparación de marrón), y al estar trituradas se mezclan mejor.
Echar el agua y revolver hasta que no queden grumos.
Aceitar una fuente para horno con fritolim mientras dejamos descansar la preparación unos minutos en el bowl.
Volver a batir, ya que seguramente quedó mucho sedimento por debajo.
Colocar en horno fuerte hasta que la parte de arriba se dore. Bajar y cocinar unos 20 minutos más.

Los tiempos de cocción varían. Yo uso un horno eléctrico, pero en algunas recetas de internet recomiendan precalentar el horno. A veces, después de que se terminó de cocinar, noto que la fainá queda muy blanda, casi como un flan. Es cuestión de dejarla reposar y toma consistencia.

Para los fondos la corto en cuadrados y lo meto en una bolsita, para poder guardarlo en algún bolsillo de la mochila hidratadora. Si te estás preguntando si los garbanzos y las semillas pueden dar gases, te respondo que sí, seguramente. El tema de la fibra y cualquier alimento que provoque una revolución en tu estómago es algo a lo que yo le escapaba. Lo importante era correr y que nada lo entorpeciera. Pero llegó un día en el que pasé a las ultramaratones, y prácticamente cualquier cosa puede molestarte, hasta una correa que cuelga de la mochila y te golpea a cada paso el hombro. Esas cosas, si te distraen, pueden enloquecerte.

Mi experiencia me indicó que a todo nos acostumbramos. Incluso a la fibra. Por eso me puse como objetivo acostumbrarme a comer y correr. Empecé a hacer mis fondos inmediatamente después de un suculento desayuno, y a llevarme cualquier tipo de comida en mis fondos y carreras. Es increíble cómo el cuerpo cambia con los hábitos. La capacidad está en uno mismo. Con esta sencilla receta yo dejé por completo las bebidas isotónicas. Ahora con agua mineral o filtrada y estos cuadraditos de fainá ya tengo lo que necesito para entrenar para mis ultramaratones. Pero por supuesto que no es lo único que consumo. Dejaré mi receta del pinole para otra ocasión…

Semana 38: Día 266: El sueño (literal) de un fondista

Quienes me conocen saben que no tolero el sueño. Si estoy cansado, mi cuerpo empieza a apagarse lentamente. A los bostezos y ojos achinados se me suma una picazón en todo el cuerpo. En realidad no creo que me pique realmente, sino que me rasco y no sé si eso me da más o menos sueño. Creo que más. Acto seguido, las funciones cognitivas se apagan, los ojos se cierran, la boca se abre y la cabeza queda colgando (hacia atrás o hacia adelante, depende). Mientras duermo todos me sacan fotos, se ríen y la pasan bomba.

He comprobado que no sufro narcolepsia ni nada parecido. Todos los Casanova nos rendimos ante el sueño, cabeceamos y nos desmayamos. Más allá de la genética, esto me inquietaba, hasta que leí en Nacidos para Correr que los tarahumara van caminando y de pronto se desploman en el suelo. Esta tribu de ultra corredores optimizan su energía al máximo y cuando tienen sueño, se dejan caer como si fueran marionetas a las que le cortan los hilos. ¿Tendré algo de tarahumara, aunque solo sea en desmayarme ante el sueño?

Esto de estar entrenando distancias de ultramaratón hace que tenga que madrugar. Y es algo que, por suerte, me cuesta muy poco. Todo el esfuerzo que hago para quedarme despierto a la noche es me lo ahorro en la mañana, levantándome de un salto. Mañana, por ejemplo, tengo que correr 70 km, y quiero que los últimos 20 coincidan con el entrenamiento de los chicos de Puma Runners. Además necesito terminar antes de que empiece el partido de Argentina, así que mis cálculos me dieron que tendría que estar empezando mi fondo a las 4 de la mañana. Si les parece que va a hacer frío, es porque no saben cómo baja la temperatura en los primeros minutos de luz solar. ¿Algún meteorólogo que me explique por qué, cuando sale el sol, hace más frío que la noche anterior?

Aunque tenga las cosas preparadas, necesito desayunar, así que con suerte me tengo que levantar a las 3:30 de la madrugada, vestirme, comer mis cereales y salir.

Lo curioso de todo esto del sueño, mi resistencia (o falta de ella) ante el cansancio y las ultramaratones es que voy a enfrentarme a la Espartatlón, en la que no voy a poder dormir. La única experiencia que tuve haciendo algo similar fue en La Misión (que a simple vista no estaría siendo tan parecida), en la que no debo haber dormido más de dos horas en tres días. Supongo que la emoción de la carrera no me va a permitir rendirme ante el sueño, así que no me estoy preocupando por controlar mi agotamiento (digo esto mientras bostezo, me lloran los ojos, y me empiezo a rascar la cabeza… sí, definitivamente eso me da más sueño).

Madrugar, por supuesto, obliga a acostarse más temprano, algo que le encantaba a Murakami. Él un día decidió que junto a su esposa no iban a acostarse tarde. Quienes los rodeaban iban a tener que entenderlo, así que se excusaba de las reuniones (a veces ni siquiera iba) y aprovechaba las primeras horas del día, como hacemos todos los amargos.

El descanso es uno de los pilares del deporte de alto rendimiento, junto al entrenamiento y la alimentación. Probablemente sea el aspecto más descuidado, pero últimamente estoy intentando meter la mayor cantidad de horas de sueño, aunque sean pocas como suele pasar cuando arranco una ultra a la medianoche.

Mañana toca un fondo de siete horas, así que ya me estoy metiendo en la cama…

Semana 32: Día 222: A un mes de Fiambalá

A pesar de que por cuestiones de costos decidí no participar en Fiambalá, hoy era la conferencia de prensa en la Casa de Catamarca en donde se repasaba la carrera, y como me invitaron personalmente, decidí ir. De última, es un modo de saber qué me estoy perdiendo.

Fiambalá es una carrera de aventura, quizá una de las más difíciles que se vayan a hacer en nuestro país. Y esa dificultad radica en que se corre en el desierto. Olvidate de sombrita en los árboles, arroyos donde mojarte los pies… esto es extremo. Las distancias son tres, 27, 50 y 80 km. Gran parte del recorrido es arena suelta, y ahí está otro motivo por el que yo no debería participar. Ya mencioné que había una cuestión de costos. Por suerte los problemas de plata son los más baratos de resolver: solo requieren dinero. Pero tengo cada vez más cerca la Espartatlón, para la que me tengo que preparar exclusivamente en asfalto, porque se corre casi toda en ruta. A eso hay que sumarle la lógica de que tengo costos de pasajes, que ya hay que empezar a pagar en cómodas cuotas, por lo que se me empieza a complicar Fiambalá. Así que probablemente lo mejor sea ponerla como objetivo el año que viene.

Generalmente las carreras que se hacen por primera vez suelen tener una concurrencia baja. Recordemos la Ultra Buenos Aires 100K, también organizada por Salvaje Eventos, que si bien era algo no competitivo y a puro huevo, reunió a unas 50 personas. Ese número ya estaba ampliamente superado en la charla de hoy, y entre los inscriptos alegan tener más de 400 corredores.

Por suerte llegué y me encontré con un amigo, Cristian, que está inscripto y con ciertos nervios. Le ofrecí prestarle un par de polainas (requisito indispensable para tantos kilómetros de arena), y de paso le di mi opinión sobre la hidratación: bebida isotónica por encima del agua (la que dejaría para mojarse y sacarse lo dulce de la boca. No dejé pasar la oportunidad para recomendarle el pinole y seguir despotricando contra el azúcar, pero sé que mi batalla no es la más práctica. Para esta carrera hablamos de contar con 3 litros de agua para largar, e ir cargando en los puestos de hidratación. Hay poco margen, casi tanto como la sombra que se puede encontrar en las dunas.

El fuerte de esta carrera, además del titánico desafío (que NADA tiene que ver con la selva de Yaboty o la montaña de la Patagonia Run) es el atractivo turístico. Correr en medio de la nada, dependiendo de uno mismo, en un clima áspero… debe ser maravilloso. Cualquier desafío es tentador, y el paisaje de Catamarca lo hace muy particular.

Otro encuentro que tuve en la charla fue con D.J., viejo integrante de los LionX, quien siempre hizo carreras de calle, con excelentes tiempos en maratón. Me sorprendió que eligió los 80 km de Fiambalá como su debut en aventura… es como empezar desde arriba… espero que no se arrepienta de esta experimentación, porque las diferencias son abismales… no hay reparo, el calor se sufre más (y el frío para los que arrancan de noche, mucho más), la arena quema piernas a lo loco, y uno se siente insignificante en medio de ese desierto infinito…

Sí, a los ultramaratonistas nos gusta sufrir. Creo que Fiambalá va a ser una cita obligada para los que creemos que los desafíos están en salirse de la zona de confort. Ojalá que el año que viene esté escribiendo la reseña porque fui, en lugar de quedarme con las ganas…

Semana 30: Día 208: Reivindicando a los griegos

Ayer me volví a quejar de la “desorganización” de la Espartatlón y de los griegos en general. En verdad yo veo estas cosas como puntos de giro en el guión de una película que termina con la carrera (llegar o no la meta es lo que se resuelve en el final).

Como un colega corredor me dio su punto de vista (si fuese legal, probablemente se casaría con la International Spartathlon Association), me pareció justo mostrar otra cara.

Los griegos son, ni más ni menos, nuestros padres a la hora de hablar de la civilización occidental. Sus aportes en la filosofía, ciencia y política nos han definido como sociedad al día de hoy.

Visitar Atenas puede ser un golpe para muchos turistas. Yo me sentí en casa. El modo en que actúa la gente, parecieran todos argentinos. Lamentablemente, manejan tan mal como nosotros (lo sé, se supone que iba a compensar…). Honestamente en Atenas fue donde mejor me trataron como turista. Hay que manejarse en inglés, pero siempre supieron darme indicaciones precisas y se interesaron por mi historia (es muy raro explicarle a un griego lo que es la Espartatlón).

Si algo nos hermana con los atenienses es que ellos también se subestiman. Se quejan de su gobierno, de los servicios públicos, y de sus propias playas. Pero cuando un griego te dice que un balneario es feo, para un argentino puede ser el paisaje más alucinante de su vida. Y lo mejor es que algo de razón tenían: aunque uno vea una playa hermosa, más lejos se esconden lugares infinitamente mejores.

No tuve suerte con mis primeros intentos de anotarme en la carrera, pero siempre encontré gente que me ayudó desinteresadamente. De hecho, todos los problemas que tuve me los resolvió un griego…

Hoy solo soy un atleta intentando correr su primera Espartatlón. Siento que estoy juntando anécdotas, y que seguramente termine muy agradecido con la organización una vez que cruce la meta (si la cruzo, si no, no).

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