Archivo de la categoría: salud

Semana 50: Día 350: Cita con la nutricionista

Hoy visité nuevamente a mi nutricionista, con quien me vengo asesorando desde que comencé el proyecto de Semana 52. Esta fue nuestra cita número 24, y por supuesto nos dedicamos a hablar del viaje a Grecia y todo lo que voy a necesitar para correr 246 km.

Con el tema de mi partida y la cantidad de cosas que tenía que adelantar para las tres semanas que no esté en el país, era bastante probable que mi entrenamiento se viese resentido. La última vez que vi a Ronima, mi nutricionista, fue en julio, y desde aquella vez casi que no puse un pie en el gimnasio. Me concentré en trabajar y entrenar en mis fondos y las tres veces a la semana que veo al Puma Running Team. Me había pagado tres meses en un gimnasio, sospechando que a más carca del viaje, menos posibilidades tenía de ir.

En esto pensaba mientras iba a la cita con Romina, ya que asumí que debía haber perdido masa muscular y ganado grasa. Quizá sea por nervios, pero últimamente estoy alimentándome principalmente a carbohidratos, quizás a un nivel donde no llego a quemarlo todo y tengo un excedente. Me siento y me veo bien, pero no en mi nivel más magro. Esto no es algo que me preocupe, pero ya me venía adelantando a la medición antropométrica.

Mis sospechas se confirmaron cuando el estudio dio como resultado que subí 500 gramos de grasa (no demasiado), y la sorpresa llegó con la confirmación de que subí 800 gramos de músculo, principalmente en las piernas. Me dediqué a correr y a hacer los ejercicios que indicaba Germán, nuestro entrenador: sentadillas, estocadas, burpees. No deja de sorprenderme que ese tipo de rutinas otorguen tantos cambios al cuerpo.

Pero lo jugoso de la entrevista con la nutricionista fue imaginar cómo iba a ser la carrera, ver cuántos puestos de asistencia iba a tener y qué convenía comer en todo ese trayecto. Hicimos un estimativo de 35 horas y arrojó que tenía que consumir más de 2100 gramos de hidratos de carbono… puesto así no parece tanto, pero si te cuento que una zanahoria tiene 5 gramos de carbohidratos, te empezás a dar una idea de que hay que comer mucho.

Por supuesto que la hidratación es fundamental, sobre todo porque se espera calor (una característica habitual de la Espartatlón). Resolvimos que tenía que tomar un litro y medio por hora, asegurándome de ponerle sales en caso de que sea baja en sodio. Sacando un promedio, los puestos están a una distancia de media hora entre sí, por lo que tendría que tomar algo cada vez que paro y vaciar mi caramañola de 500 cc en el camino.

En cuanto a la alimentación, lo ideal es variar las fuentes de hidratos de carbono para estimular a todos los receptores. Eso optimiza la absorción y utilización de energía. Me compadezco por ese norteamericano que dijo que iba a correr los 246 km tomando solo Coca Cola…

Para que se hagan una idea de la cantidad de comida que tengo que ingerir ese día y medio que dura esta ultramaratón, usaré de ejemplo un pan, tipo mignón. Una hogaza tiene 20 hidratos de carbono, por lo que si me alimentara solo con eso debería consumir 108 panes. Pero vamos a variar la ingesta con pasas, fruta, pinole, fainá, pretzels y quizás algunas pastas o nachos o lo que terminemos preparando una vez que estemos en Atenas.

Un consejo que me dio Romina, que no había pensado, era el de conseguir una heladerita térmica para mantener ciertas cosas perecederas, como puede ser el pinole (o al menos no tomarlo a la temperatura de un té) y alcohol en gel, porque no puede haber nada peor que tener que salirse de la carrera por una intoxicación alimenticia.

La cita duró casi una hora, y en el cierre planteamos el desafío de comparar mi peso antes de correr y al finalizar. Voy a intentar hacerlo, puede arrojar datos interesantes para saber el nivel de deshidratación y el de pérdida de masa muscular. En octubre, antes de la Maratón de la Ciudad de Buenos Aires (ya me dijo que estaba loco por querer correrla tres semanas después), vamos a hacer una nueva medición, para ver cómo responde mi cuerpo ante semejante paliza.

Mañana fondo de 50 kilómetros, último largo antes de la carrera, y primera oportunidad para experimentar con la maca. Veremos qué resulta.

Semana 47: Día 329: Cambiar un vicio por otro

Conozco mucha gente que tenía sus vicios y que los cambió por una vida sana. Y no fue que únicamente adquirieron hábitos saludables, sino que vivieron el entrenar con la misma pasión que aquello que los destruía.

“Yo me dedicaba a fumar”, escuché decir a mi amigo Juanca Bertram, quien hoy dejó el cigarrillo bien atrás y está intentando participar de todo el circuito de Salomon. Su historia resume la de muchos que nos dedicábamos a cosas destructivas y que ahora pusimos nuestra pulsión en correr. En mi caso yo vivía para comer, y durante varios años de mi vida lo único que realmente me apasionaba eran los cómics. Si no me hubiese vuelto vegetariano probablemente hubiese terminado rodando más que corriendo, pero haber abandonado McDonald’s fue un gran cambio en mi dieta.

Me faltaba la parte del deporte, algo que eventualmente llegó. Y mientras antes me preocupaba por estar al día leyendo cómics y haciendo crecer mi colección, de a poco iba cambiando mi cuerpo y mi cabeza con el running. Lo que me pasó ahora, de vender mis historietas y financiar con eso el viaje, es algo que jamás me hubiese imaginado. Pero el largo proceso de dejar de identificarme con los superhéroes y empezar a sentirme como un corredor me llevó a donde estoy ahora.

Probablemente haya algo más profundo y difícil de interpretar para mí, pero evidentemente tengo alguna energía que antes ponía en ser un coleccionista de libros y revistas y ahora ser un coleccionista de carreras y logros. He tenido tenido mis períodos de abstinencia, por supuesto, tanto en una actividad como en la otra. Ni siquiera podría decir que comer golosinas y leer cómics me hacía un daño visible, pero sí puedo afirmar que eso se llevaba muchísimo de mi atención, y que claramente llegó un punto en donde tuve que elegir una u otra.

Por suerte conozco a muchas personas que decidieron cambiar un vicio por otro, y ese reemplazo fue el deporte. Yo siempre la tuve mas fácil porque en lo mío no había un químico o substancia aferrándose a mi cerebro, sino que era simplemente yo aferrado a una colección interminable de revistas de Superman y compañía. Hoy pude soltarles la mano, como también dejé la mayonesa y los alfajores, y no lo viví como una obligación, sino como parte natural y fluida de un proceso mucho más sano.

Semana 43: Día 301: ¿De dónde obtengo mis proteínas?

Algo que parece preocuparle más a la gente que no me conoce que a mí mismo es de dónde obtengo mis proteínas, por la difundida creencia de que solo se obtiene de consumir animales. Pero estoy en mi punto de mayor masa muscular en toda mi vida, luego de casi dos años de veganismo (y casi una década y media de no comer carne). ¿Cómo logré esto?

Bueno, gracias a Dios que la proteína también se obtiene de los vegetales. Mi experimentación me llevó a corroborarlo. Hacer fondos eventualmente quema músculo, y con tres veces a la semana de gimnasio y un poco de ingenio, pude ganar masa muscular a un ritmo bastante bueno.

Mi amigo Fito, mi gurú en lo que se refiere a fitness, un día me bajó de un hondazo cuando hablábamos del cuerpo ideal al que aspirábamos tener y mencioné el de Brad Pitt. En aquel momento me dijo que como no consumía proteína animal, jamás iba a poder desarrollar esos abdominales. Le creí, después de todo él tenía una larga experiencia en gimnasio y en el desarrollo de su cuerpo. Esto fue antes de que yo empezar a correr como lo hago ahora. Fito me decía lo difícil que le resultaba a él, con todo el esfuerzo que hacía, para ganar un kilo de músculo al mes. ¿Qué posibilidades me quedaban a mí?

Aceleramos unos años más tarde, cuando empecé a ir a la nutricionista y me obligó a empezar a consumir lácteos. Eran, después de todo, una fuente de proteína de alto valor biológico. A duras penas empecé a incorporarlos. Después del gimnasio me hacía una colación que consistía en una chocolatada chiquita, un par de vainillas y un Gatorade con una cucharada de leche descremada en polvo. Hoy que no consumo lácteos y dejé de lado el azúcar, todo esto desapareció de mi dieta. Pero en ese momento alcanzó para que ganara algo de músculo y me ganara la sorpresa y el respeto de Fito.

El tema fue cuando mi nutricionista me confesó que un libro, The China Study, la estaba haciendo replantearse todo lo que ella sabía de nutrición. Me pasó esta investigación sobre la influencia de la proteína animal en el desarrollo de males como el cáncer, las cardiopatías y las enfermedades autoinmunes. Yo ya era vegetariano… ¿qué tan difícil podía ser vegano? De un momento a otro, tomé la decisión e hice el cambio. A mí ya no me gustaban demasiado los lácteos… era cuestión de dejar de forzarme a consumirlos. Pero… ¿qué pasaba con la colación post gimnasio, que me ayudaba a aumentar mi masa muscular?

Romina, mi nutricionista, tuvo un nuevo desafío (y esto fue antes de que le sumara mi deseo de dejar de consumir azúcar, jarabe de maíz de alta fructosa y harinas refinadas). Haciendo un poco de prueba y error llegamos a la colación ideal: un sándwich de pan con semillas y tofu (conocido como “queso de soja”). Y después de ir al gimnasio y comer esto, gané entre 800 gramos y un kilo de músculo, algo que una persona experimentada (y no vegana) consideraba como todo un logro.

Con el tiempo aprendí sobre otros alimentos, como el seitán, que también tenían proteína vegetal, o la combinación de dos alimentos, como los cereales y las legumbres, que dan la cadena de aminoácidos completa. Contrario a muchos mitos y a la desconfianza de mucha gente, seguí ganando músculo. Lo que verdaderamente hacía la diferencia en cuanto a mi físico era lo obvio: si entrenaba o no. Eso es lo único que realmente define el ritmo del progreso.

Mi gran fuente de proteína vegetal y causante de varios dolores de cabeza es la leche de soja. Siendo que desayuno y meriendo siempre avena con pasas de uva y unas rodajas de banana, obviamente necesito algo para que baje por mi garganta. Cuando quise dejar por completo el azúcar me compré leche de soja en el Barrio Chino y me encontré con un líquido de un sabor no muy agradable, que no duraba más de dos días en la heladera. La opción era el AdeS natural, que tiene la gran contra (que no he podido sortear) de que tiene azúcar. Puse en la balanza que la practicidad era más importante, y empecé a consumirlo en gran cantidad. El problema es que esta variante escasea en las góndolas. No sé por qué, si siempre se agota, las grandes cadenas no reponen constantemente. Llamé a la empresa para decirles lo difícil que era encontrar este gusto y no me ofrecieron ninguna respuesta. Cuando veía AdeS natural en un supermercado, me compraba todo lo que mi cuerpo era capaz de cargar (10 cartones).

Como había períodos de sequía, aprendí a hacer leche de almendras, mucho más caro y trabajoso, pero con la ventaja de que podía hacerlo de un día para el otro y de que me podía encargar de que no tuviese azúcar. Ahora, después de una época de bonanza en donde tenía tanto AdeS que tenía que guardarlo afuera de la heladera, de nuevo se me está acabando y sin reposición a la vista. Por eso me compré almendras, esencia de vainilla, y con los restos de mi minipimmer en breve me haré mi propia leche.

Y ya lo tienen. Entre todos los alimentos que consumo, más la soja y mis colaciones post gimnasio, obtengo toda la proteína que necesito. Mi cuerpo nunca estuvo mejor, y los defensores de la carne jamás estuvieron tan sorprendidos.

Semana 42: Día 290: Veganismo + Deporte

 Copio esta noticia que me pareció muy emocionante, y una prueba mucho más extrema que la mía de que el secreto del cambio están en los hábitos.

En 2012 Robert Foster pesaba 148 kg y, por más que llevaba toda una vida jugando el papel de “gordo feliz”, se enojaba por no ser más flaco y no poder desempeñarse físicamente. Su mujer, Jessica, pesaba 130 kg y se sentía miserable por ser ignorada, especialmente luego de que un miembro de su familia dijo que “ya no era alguien a quien mirar”.

Una noche en marzo de 2012 decidieron hacer un cambio. Jessica empezó a tomar clases de zumba y a usar la bicicleta fija. Por su parte, Robert decidió jugar al tenis y dejar de comer un segundo plato durante las comidas. En verano, agregaron actividades que no se sintieran como ejercicio, como caminatas y natación recreativa. Ambos quedaron entusiasmados y buscaron otras cosas para hacer.
Ambos corrieron una carrera de 5 km en diciembre. Robert se vio obligado a caminar buena parte del trayecto, pero se inspiró en la actitud de la gente. “El ambiente, los choques de manos y el sentimiento de logro se me volvieron adictivos”, dijo. Continuó participando en carreras y en 2014, pesando 72 kg menos, completó su primer maratón.

En cuanto a la comida, utilizaron una aplicación para contar calorías y comieron mucha verdura y sólo comida natural. “Nuestra filosofía con la comida fue agregar cosas buenas. Así, cada vez deseábamos menos basura”, explicó Robert. Eventualmente adoptaron una dieta vegana.

Ahora, ambos pesan tan solo 75 kg, por lo que perdieron 127 kg entre los dos. “Me amo. Me gusta lo que veo en el espejo. Sé que aún queda trabajo por hacer, pero soy una persona completamente distinta de la que era antes”, dijo Jessica.

Semana 40: Día 278: De gordo a delgado… ¡en segundos!

Cuando uno ve esas fotos del “antes y después”, en donde los cambios físicos parecen imposibles… generalmente lo son. Trucos de iluminación, usar dos modelos distintos, hinchar la panza y después meterla para adentro, son artimañas que ni siquiera precisan del Photoshop.

El sentido común ya debería decirnos que para preparar las fotos de un aviso no se esperan meses para ver los cambios… ni siquiera las semanas que prometen los productos “fantásticos”. La ansiedad en la que estamos inmersos nos hace volcarnos a estas falsas esperanzas de que con 5 minutos diarios, en poco tiempo vamos a tener un físico privilegiado. Rara vez se vende un estilo de vida, porque lo que la gente quiere comprar son soluciones instantáneas. ¿Bajar el consumo de grasas y azúcares de por vida? ¿Entrenar una hora, tres veces por semana? ¿Para qué, si con el Ab-Destroyer 3000 solo tengo que enchufarme los electrodos y sentarme a mirar la tele?

Hay varias páginas que explican los trucos más comunes (en inglés), como son este ejemplo y este (aunque no sepan el idioma, las fotos son más que elocuentes). Yo decidí hacer mi propio experimento. Después de probar un par de tomas, elegí dos en las que se podía ver el “cambio”. La diferencia entre una y otra es de segundos… ¡solo tuve que sacar panza en una y trabar en la otra!

No soy un ejemplo del fitness (todavía), pero podría cobrar algunas monedas por revelar el secreto para pasar de panzón a delgado… claro que acabo de decirlo, y gratis…

Semana 33: Día 230: Sin muela

Hace un par de meses, estaba desayunando y sentí algo con punta adentro de mi boca. Inmediatamente imaginé el juicio a Kellog’s por meter un objeto extraño adentro de su avena, pero no, era mi muela de porcelana y su sistema anticuado de pegarlo adentro de la cavidad de mi diente cariado.

En la guardia lo pegaron y me advirtieron que no iba a durar mucho. Era muy cierto, creo que aguantó dos meses (como mucho) y almorzando con amigos después de correr los 21 km de San Pedro, masticando mis ñoquis de papa, se volvió a salir. Ahí quedó, suelto, a la espera de turno con el dentista.

La tecnología odontológica ha avanzado, y ahora ponen unos tornillos que, sinceramente, me dan bastante pánico. Ver el video con animación 3D no me tranquilizó. Después de pagar una FORTUNA por algo tan chiquitito, el dentista se decidió a deshacerse de todo lo que quedara de mi vieja muela. Me sacó las raíces, pero primero las partió en dos (si alguien se empieza a sentir mal con este relato, me avisa). Por suerte estaba anestesiado, pero podía oler el hueso hecho polvo que volaba por los aires. Luego siguieron tironeos, raspados, un tubito que aspira la saliva y quién sabe cuántas cosas más. Yo estaba aislado mentalmente, en mi mundo feliz, uno en el que los dentistas y los pacientes son amigos.

Y eso fue todo, me vaciaron el diente y quedó un agujero (cosa que me angustia de una manera que no sé si podría explicar). Al principio me dieron una gasa enrollada que tuve que morder por una hora. La anestesia se quedó conmigo toda la tarde, durmiéndome hasta la nariz. El dentista me dio una lista de las cosas que tengo y que no tengo que hacer, ahora que estoy agujereado. En 45 días me revisan, si el hueso se soldó, pasan a la fase 2, que es la de poner la corona y el diente, con ese sistema de tornillos que preferiría no haber conocido.

Lo que más me perturba, además de concentrarme en masticar con el otro lado, es que no puedo hacer actividad física. Ni gimnasio ni running. Por eso aproveché y ese mismo día corrí 30 km, pero por la mañana… como para estar a punto y volver el sábado. Cuando el efecto de la anestesia se iba yendo, sentía como si me hubiesen pegado una trompada con una manopla, así que entiendo lo de quedarse quietito y dejar que todo cicatrice.

Mañana por la mañana podría probar ir al gimnasio a ver qué pasa… pero tengo que esperar a Fibertel a que me arreglen internet. Reconozco que mis desgracias son bastante poco importantes. Al menos tengo 3G en el celular y otros 33 dientes en su lugar…

…ah, los humanos tienen 32 dientes, yo tengo dos más, lo que me convierte en un mutante.

Semana 31: Día 215: Martín Casanova desde adentro

¿Alguna vez quiso ver qué hay adentro mío? ¿Cómo soy por adentro? ¿Tengo corazón? Aquí estoy, sin ropa, para que me vean hasta la médula espinal…
Yo no entiendo mucho, pero ya me adelantaron que soy un deforme, así que eso se puede vislumbrar en la radiografía de frente. La columna tiene una ligera escoliosis, y se ve la asimetría de la cadera, que indica lo de la pierna más corta que la otra.
En la radiografía de la derecha se puede ver mi muela postiza, que me tengo que arreglar. También mis dos clavículas en ángulo, porque me fracturé una vez cada una (a pesar de mi asimetría, intenté romperme parejo).
Otra cosa que se ve es el edificio de enfrente. Porque puse la radiografía en la ventana.
El análisis de una persona autorizada lo tendré la semana que viene, cuando pasen los feriados y pueda ver al kinesiólogo…

Semana 29: Día 203: Guerra contra el azúcar

Cuando me volví vegano alcancé un extremo en la alimentación, o al menos eso es lo que se ve desde afuera. Cualquier cosa que se diferencie del común denominador parece más cercano al extremismo religioso que al placer. Si no me gustara lo que como, estaría al horno…

Dicho esto, cualquier cambio brusco para mí es más natural de lo que parece. Dejar de comer papas fritas, por ejemplo, no me costó nada porque era un paso más cerca hacia alimentarme sanamente. Cuando nos juntamos con amigos en algún restaurante, pareciera imposible pedirle al mozo otra cosa que papas fritas mientras esperamos la comida… yo mientras me entretengo con pan, agua o simplemente los miro comer y charlo…

Apenas me hice vegano frecuentaba una dietética en Colegiales, a la vuelta del departamento donde vivía, atendido por un simpático señor y empleadas que iban rotando. Ninguna estaba ahí más de un par de meses. Casi todas eran veganas. No investigué mucho el asunto de por qué iban siendo reemplazadas por otra vegana, pero bueno, hace un par de semanas pasé por la puerta y el local había desaparecido. En esos primeros intentos por abandonar la proteína animal, le comentaba al dueño que también quería dejar el azúcar. No recuerdo qué me llevó a esa decisión, supongo que era una cuestión de “siguiente paso lógico”. El vendedor me dijo que iba a ser imposible. Todo tiene azúcar. Incluso las cosas más insospechadas.

No es mi intención dejar el azúcar en su totalidad porque me resultaría imposible. Por ejemplo, la leche de soja con la que desayuno y meriendo la contiene. Pero creo que puedo reducir su consumo drásticamente, a un nivel mínimo. Ya empecé a mirar etiquetas, elegir salsas de tomate, conservas o salsa de soja sin azúcar. ¡Hay que mirar mucho! Pero se puede. El té lo tomo amargo, y el paladar me cambió. Es increíble las cosas que consumimos solo por costumbre.

Como mi campaña para no consumir azúcar es bastante pública, me acercaron este texto, publicado originalmente en EverydayHealth.com y recopilado en este blog. Me pareció interesante compartirlo porque es la experiencia de una mujer convenciendo a su familia de dejar absolutamente el azúcar durante un año. Algo así como una Semana 52 nutricional. He aquí el relato:

Mi familia dejó de comer azúcar por un año y esto fue lo que pasó…



Por Eva O. Schaub, 

Érase una vez una época en la que yo era sana – o al menos pensaba que lo era.
Naturalmente me faltaba la energía suficiente para terminar con el día, pero con todos los anuncios en la televisión promocionando bebidas energéticas para las masas cansadas de los Estados Unidos, siempre asumí que yo no era la única que sufría. Y, por supuesto, todo el mundo en mi familia temía las temporadas de resfriados y gripe, pero también pensé que al llegar enero, todas las personas desarrollan algún grado de enfermedad.
Al menos eso es lo que pensaba hasta que empece a escuchar nueva información inquietante, sobre los efectos del azúcar. Según varios expertos, el azúcar es lo que está causando que muchos estadounidenses tengan sobrepeso y enfermedades. Cuanto más pensaba en ello, esta nueva información empezó a tener sentido para mí – un montón de sentido. Uno de cada siete estadounidenses tiene sindrome metabólico. Uno de cada tres estadounidenses es obeso. La tasa de diabetes se ha disparado y las enfermedades cardiovasculares son la causa de mortalidad número uno de Estados Unidos.
Según esta teoría, todas estas enfermedades y muchas otras se pueden asociar con la presencia de este gran tóxico en nuestra dieta … el azúcar.

 Una idea brillante
Tomé todo este conocimiento recién descubierto y formulé una idea. Quería ver cuan difícil sería para nuestra familia – mi marido, nuestras dos hijas (de 6 y 11) y yo – pasar todo un año sin consumir alimentos con azúcar añadido. Cortamos de nuestra dieta cualquier alimento con ázucar añadido, ya fuera azúcar de mesa, miel, melaza, jarabe de maple, agave o jugo de frutas. También se excluyó cualquier cosa hecha con edulcolorantes o alcoholes de azúcar. A menos que la dulzura fuese original en el alimento (por ejemplo, una pieza de fruta), no lo comeríamos.
Una vez que empezamos a buscar, encontramos el azúcar en los lugares más increíbles: tortillas, salchichas, caldo de pollo, ensaladas preparadas, fiambres, galletas, mayonesa, tocino, pan, e incluso en fórmula para bebés. ¿Por qué añadir toda esta azúcar? Para hacer estos artículos más agradables al paladar, preservar por más tiempo los alimentos, y abaratar la producción de alimentos empacados.
Llámenme loca, pero evitar azúcares añadidos durante todo un año me parecía una gran aventura. Tenía curiosidad de lo que sucedería. Quería saber cuan difícil iba a ser y qué cosas interesantes podrían suceder. ¿Cómo iba a cambiar mi forma de cocinar y hacer compras?
Después de haber realizado mi investigación estaba convencida que eliminar el azúcar nos haría todos más saludables. Lo que no esperaba fue cómo el hecho de no comer azúcar me hizo sentir mucho mejor de una manera muy real y tangible.
 Un año sin azúcar más tarde…
Era sutil, pero perceptible: cuanto más tiempo pasaba sin comer azúcar añadido, me sentía mejor y con más energía. Y por aquello de las dudas, algo que sucedió confirmó la conexión entre dejar el azúcar añadido con sentirme mejor: el cumpleaños de mi marido.
 Durante nuestro año de NO azúcar, una de las reglas era que como familia, podríamos tener al mes, un postre con contenido de azúcar y si era el cumpleaños de alguno de los miembros de la familia, este lo podía elegir.
Por ahí de Septiembre ya notamos nuestros paladares cambiados y poco a poco, empezamos a disfrutar menos de nuestro postre mensual.
Pero cuando nos comimos el decadente pastel de varias capas con crema de banano que mi marido había solicitado para la celebración de su cumpleaños, yo sabía que algo nuevo estaba ocurriendo. No sólo no me gustó mi rebanada de pastel, ni siquiera la pude terminar. Tenía un sabor extremadamente dulzón para mi paladar ahora sensible, hizo que mis dientes dolieran,  mi cabeza comenzó a latir con fuerza y mi corazón empezó a acelerarse… Me sentía muy mal.
 Estuve tumbada en el sofá con la cabeza apunto de estallar, por una hora antes de empezar a recuperarme. “Caray”, pensé “El azúcar siempre me hizo sentir mal, pero debido a que estaba en todas partes, nunca lo realicé”.
Después que nuestro año sin azúcar añadido terminó, conté las ausencias de mis hijos en la escuela y las comparé con años anteriores. La diferencia fue dramática. Mi hija mayor, Greta, pasó de 15 ausencias en el año anterior, a sólo dos.

Hoy en día, habiendo pasado ese año, la forma en que comemos es muy diferente. Apreciamos el azúcar en cantidades drasticamente más pequeñas, lo evitamos en los alimentos diarios (en el que no debería estar en primer lugar), y guardamos el postre para momentos muy particulares. Mi cuerpo parece estar dándome las gracias por ello. No me preocupo por quedarme sin energía. Y cuando aparece la temporada de gripe, ya no siento la necesidad de esconderme con mis hijas debajo de la cama. Si nos enfermamos sabemos que nuestros organismos están mejor equipados para luchar, nos enfermamos menos y nos recuperamos más rápidamente. Para mi sorpresa, después de nuestro año sin azúcar, todos nos sentimos más sanos y fuertes. Y eso no es nada despreciable.

Semana 27: Día 183: ¿Se puede abandonar el azúcar?

Hay una máxima que dice que todos los titulares en forma de pregunta tienen como respuesta “no”. Y la verdad que abandonar el azúcar es una tarea muy compleja. La cantidad de alimentos que tienen esta sustancia es inmensa, pero ahí está el tema: no tomamos consciencia de lo que nos venden adentro de los alimentos refinados, y a veces ni siquiera tenemos opción.

Estoy muy acostumbrado a leer las etiquetas en el supermercado. Al principio, cuando solo era vegetariano, me fijaba que no tuviesen grasa bovina refinada (principalmente pastelería, galletitas). Después me enteré de que la gelatina se hacía con huesos y cartílagos (o sea, involucraba que muriese un animal), así que dejé de consumir una gran porción de productos (quesos crema, mermeladas, golosinas). Ya en ese punto un tercio (o más) de lo que se vendía del supermercado dejó de interesarme.

Cuando me hice vegano, leer las etiquetas se volvió más minucioso. Ahora estaba queriendo dejar la proteína animal, así que una inmensa cantidad de alimentos pasaron a la lista negra (huevos, leche, quesos, margarina, helados, yogures, casi todos los panes de molde, el restante de las galletitas y crackers, tortas, pastas frescas y prácticamente todas las comidas preparadas como empanadas, tortillas, pizzas, etc).

Este blog no pretende sermonear ni obligar a nadie a cambiar su alimentación. Esto es algo mío, muy personal, y que siempre se me dio en forma natural. Como hice un click en mi forma de pensar, me empezó a llamar mucho la atención las compras de la gente. Veía lo que iban poniendo en la caja para que les cobren e iba listando mentalmente las cosas que iban a comer y los potenciales riesgos a la salud. Pero, como dije, son cosas mías… nunca me sentí obligado a dejar de consumir ciertos productos, simplemente no los quise más en mi vida.

Dejar el azúcar se convirtió prácticamente en un abandono de prácticamente todos los cereales, las mermeladas que no tenían gelatina, el dulce de batata y membrillo, y casi diría que el total del supermercado excepto por las frutas, verduras y ciertos cereales como la avena. Ayer, sin ir más lejos, fui a hacer las compras y tomé consciencia de que mi rutina es ir salteando góndolas.

Pero como decía en el título de post, es una incógnita si se puede dejar el azúcar. El haber dejado la leche me significó pasarme al AdeS natural como reemplazo de un líquido fluido y con proteínas para el desayuno y la merienda. Y claro, tiene azúcar. Supuestamente su concentración es menor que en otros alimentos (por ejemplo, en los cereales casi siempre hay más endulzante que cereal), pero sigue siendo algo que quiero dejar. Probé con leche de soja más casera, sin azúcar o con stevia, y resultó un verdadero espanto. En una época me hacía leche de almendras, y quizá sea el camino que tome en un futuro cercano.

Y si hay algo peor que el azúcar, es el jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), que viene en una gran cantidad de alimentos. No es el reemplazo que estaba buscando, sino todo lo contrario. Las ventajas que tiene el JMAF es que es menos costoso que el azúcar, se mezcla mejor con los líquidos, y también se usa como preservante. Las desventajas son que posee mayor fructosa, por lo que aumenta los riesgos de las enfermedades relacionadas como el sobrepeso (hipertensión, obesidad, cardiopatías, etc). El JMAF metaboliza la grasa del organismo más rápidamente que cualquier otro azúcar y daña el hígado y aumenta los triglicéridos, un precio muy alto para que las compañías que venden alimentos procesados y gaseosas bajen sus costos.

Ahora bien… dejar el JMAF me implica algo que para mí es muy complejo, y es abandonar las bebidas isotónicas como el Powerade y el Gatorade. Si bien su aporte de hidratos y electrolitos es imprescindible para las ultramaratones, sigo en la búsqueda de consumir en forma responsable. Esto no quiere decir que voy a pasar exclusivamente al agua, sino que necesito encontrar una alternativa. Y como todo, no puedo esperar a que la industria alimenticia lo invente: lo tengo que hacer yo. Es por eso que en los próximos días voy a experimentar con una bebida isotónica casera, a ver si la puedo usar en la Patagonia Run. Creo que sería fantástico poder volverme autosustentable, y comprobar que con un poco de esfuerzo puedo consumir exclusivamente lo que mi cuerpo necesita, y no lo que precisa una empresa…

Semana 26: Día 181: Me sube la bilirrubina

Hoy tuve turno con la doctora Carosio, que es quien en los últimos tiempos me hizo los aptos médicos. Como me cambié de obra social por una que me asesinaba menos cada mes, quizás esta sea nuestra amarga despedida.

Cada vez que la doctora Carosio me veía, yo sé que lentamente en su cabeza iban apareciendo mis características: “vegano… corre mucho… tiene la bilirrubina alta…”. Varias veces me consultó si mi decisión de no comer proteína animal la iba a sostener toda la vida, porque le preocupaba que no esté recibiendo lo que necesitaba. Los análisis en general dieron siempre perfecto, excepto por la bilirrubina, índice que todavía no tengo idea de para qué sirve. Intentaré explicarlo copiando y pegando de internet: “Es un pigmento que se almacena en la vesícula y se elimina por la bilis al tubo digestivo. Se emplea fundamentalmente para valorar la función de la vía biliar y del hígado”. ¿Quedó claro? ¿No? Mejor, así no me siento tan solo.

Según mi nutricionista (a quien veré el próximo viernes), es normal que la bilirrubina le dé alta a los corredores. En mi caso, viendo el archivo, noto que en diciembre de 2010 me dio 1,44. Los valores de referencia, en aquel entonces, eran entre 0,3 y 1,0. En Febrero de 2013 me dio 1,6, pero los valores de referencia que indicaban los análisis eran entre 0,2 y 1,5. Supongo que la medicina se actualiza. En los estudios que revisó la doctora hoy me dio 1,76.

En febrero me había dado una orden para hacerme un hepatograma. Como no había “apuro”, me dejé estar y jamás lo hice. Hoy me dio una nueva orden. Si es normal que suba en corredores de fondo, ha sido progresivo mi aumento de bilirrubina con la cantidad de kilómetros mensuales que estoy haciendo.

Cito un informe de internet: “Múltiples estudios indican que el entrenamiento de resistencia provoca una menor concentración de hematíes en sangre circulante, debido fundamentalmente a déficit de hierro, pero también debido a un aumento de la hemólisis intravascular. Esto puede explicar las tasas elevadas de bilirrubina en sangre en los deportistas de fondo. Al romperse los hematíes, la hemoglobina se escinde en sus dos componentes: el grupo protéico de la globina y el grupo hemo, del que su componente de hierro es reutilizado, y el resto de hemo se metaboliza en biliverdina y posteriormente en bilirrubina”. Además, aparentemente puede hasta ser beneficioso para la salud. Mamá, leé: “Científicos de la Universidad de Johns Hopkins de Nueva York (Estados Unidos) han descubierto cómo la molécula tóxica de la bilirrubina puede también ser beneficiosa para la salud humana. Los hallazgos se publican ahora en la edición online de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Los investigadores informan que la bilirrubina y la enzima que la origina, constituyen el mayor agente protector contra el daño oxídativo, algo que en el futuro ayudará a mejorar los tratamientos contra el infarto cerebral, el ataque cardiaco e incluso el declive cognitivo después de una operación de ‘bypass’. La bilirrubina es, pues, un agente antioxidante tan potente que desplaza al glutation A, la molécula que se ha considerado, como el mayor antioxidante celular. Conocida como la molécula tóxica que se produce en la última fase de la degradación de la hemoglobina, la bilirrubina se sabe también que reacciona con formas altamente reactivas del oxígeno responsable de prácticamente todo el daño celular.”

Otro índice que me dio por encima de los valores normales (Mamá, no te alarmes que me aclararon que está todo bien) es el de la Glucemia. Tengo 106 mg/dl, cuando los valores de referencia son entre 70 y 110. Acá la doctora hizo trampa porque me dijo que se revisaron esas cifras y que el máximo recomendado es 100, ya que se observó que las personas que tienen más de ese valor pueden desarrollar diabetes años más tarde. Supongo que también podrían haber tenido 90 en algún momento de su infancia, por lo que tampoco me dice nada. Estoy en campaña para dejar los azúcares refinados y el Jarabe de Maíz de Alta Fructosa (JMAF). Además de hacer ejercicio y ser vegano… no se me ocurre qué más hacer para no desarrollar diabetes en algún momento de mi vida. Si alguien tiene una mejor idea, soy todo oídos.

Quiero dejar en claro que escribí un post sobre la Bilirrubina sin mencionar en ningún momento a la canción de Juan Luis Guerra. Para mí es un progreso inmenso.

A %d blogueros les gusta esto: