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Semana 28: Día 194: Moyano, no podrás contra nosotros

Moyano es un sindicalista que no quería que viajemos a participar de la Patagonia Run. Hizo todo lo posible, como declarar un paro total de transportes el día jueves, cuando con Nico salíamos en avión hacia San Martín de los Andes. Nosotros, que no nos dejamos amedrentar, empezamos a pensar en nuestras alternativas.

¿Esperábamos a que la aerolínea anunciara la cancelación de los vuelos y nos cambiara la fecha? Eso tenía el riesgo de volar el viernes, mismo día en que yo salía para la meta… eso si es que quedaba lugar.

¿Sacábamos un pasaje nuevo en avión? Eso nos podía costar muy caro.

Comprábamos una ida en micro, especulando con poder recurrir a a vuelta. Otro riesgo grande, en caso de que, como nos prometía Lan, el vuelo sí se hiciese.

Terminamos eligiendo la última opción, porque era la más económica. El problema es que como el paro es el 10 y el viaje en micro tomaba más de 20 horas, no podíamos salir el miércoles 9, teníamos que adelantarnos y viajar el 8.

Cuando finalmente definimos este entuerto, que no nos hizo ninguna gracia, Nico se torció el tobillo: distensión de ligamento. Guardia traumatológica, resonancia magnética y la gran pregunta. “¿Corro o no corro?”. Yo sentía que le tenía que recomendar que se quedara en su casa, pero en su lugar, ¿qué hubiese buscado que me digan? Los corredores somos cabeza dura, en especial cuando nos estuvimos preparando tanto tiempo para una carrera. Mientras algunos podrían interpretar que el destino le decía a Nico que no participara de la Patagonia Run, yo creo que somos nosotros los que definimos nuestro porvenir. Si se venda, se cuida, podía jugársela… y lo hizo.

Así que, contra la adversidad, mirando cada media hora el estado del vuelo que no íbamos a tomar, nos dirigimos a Retiro a tomar nuestro micro. Salimos en horario, pero en el camino empezamos a tardar y a dar vueltas. La cena era vegana (debe ser la primera vez en mi vida que la pegan) y no sé qué película pusieron porque me quedé muy dormido.

Al día siguiente, después del almuerzo (donde no la pegaron ni a palos), empezaron los rumores de que estaba el camino cortado. ¿Piquete? Los lugareños se bajaban en paradas intermedias donde sus parientes los iban a buscar. Nos empezamos a preocupar. Preguntamos a uno de los empleados de la empresa de transporte si llegábamos hasta San Martín de los Andes “Por ahora sí”, dijo, lo que no nos tranquilizó en absoluto.

Cuando preguntamos más, nos enteramos de qué estaba pasando. En los últimos días una lluvia torrencial inundó a varias localidades de Río Negro, exactamente por el camino donde debíamos pasar. Llegamos hasta un punto donde no pudimos avanzar y dimos una vuelta en U. En un punto se armó una caravana de micros buscando un claro donde poder pasar. ¿Estaba Moyano también detrás de todo esto? ¿Hasta dónde quería llegar?

Nuestro arribo a San Martín de los Andes fue con tres horas de retraso. Casi un día entero arriba de ese micro, con la incertidumbre de si estábamos en lo correcto o no. Cuando finalmente llegamos al apart hotel y nos conectamos a internet, vimos que Lan había cancelado nuestro vuelo.

No pudiste contra nosotros, Moyano. Acá estamos, dispuestos a desmitificar eso de que el destino de cada persona lo decide la (mala) suerte.

Semana 28: Día 191: La trama de la Patagonia Run se complica…

A medida que pasan los días, el rumor del paro deja de ser paranoia y pasa a ser una realidad. No sé cuánto tiene que ver el pánico al que vamos cayendo, pero Aerolíneas Argentinas confirmó que no vende más pasajes para el 10 y le permite a sus clientes cambiar la fecha de sus vuelos sin costo alguno. Lan, por otro lado, mantiene un respetuoso silencio que me juego mantendrá hasta el mismo jueves…

Decididos a no quedarnos afuera de esta magnífica carrera, con mi amigo Nico evaluamos muchas posibilidades, que incluían desde cambiar el pasaje aéreo a cargo nuestro hasta ir en auto (yo no sé manejar, y por mencionar esto seguramente fue que anoche tuve una pesadilla en la que estaba atrás de un volante). La ecuación ideal era encontrar el punto medio entre el dinero extra que íbamos a tener que poner, la comodidad y los días perdidos. Finalmente optamos por comprar pasajes de micro. El tema, claro, era que no nos agarre el 10 viajando, así que no quedó otra que comprar para el martes… ¡dentro de muy poco!

Resolver este entuerto fue una mezcla de alivio con desesperación. No tengo el bolso hecho ni estoy cerca de hacerlo, además de que estoy sacrificando muchísimo tiempo de trabajo, que no puedo recuperar allá. Nos esperan 20 horas de viaje en ruta contra las dos horas de avión. Pienso en eso y me dan ganas de llorar (pero me voy a aguantar).

No perdemos la esperanza de que Lan tenga un buen gesto con sus pasajeros y abra el tema del cambio de pasajes. A nosotros nos obliga a resolverlo con la empresa a la que se los compramos, Despegar.com, quienes nos cobran más caro por el cambio que si los comprásemos de nuevo. Con Nico estamos dispuestos a perder lo que pusimos por el nuevo pasaje de micro si es que finalmente podemos volar un día antes, el miércoles, si volver el lunes, como estaba pactado. Para colmo, por política de Lan, si no estamos en el vuelo del jueves, automáticamente se cae nuestra reserva para el regreso. Como valientes que somos, no sabemos en qué medio va a ser el regreso. Lo resolveremos sobre la marcha.

Para seguir poniendo las cosas interesantes, el pronóstico del tiempo anuncia que en la Patagonia va a hacer bastante frío. Para las 9 de la mañana del sábado, justo en la mitad de la carrera, anuncian un grado bajo cero, marca que deberíamos potenciar hacia abajo en la montaña. Además el miércoles habrá lluvias, además de viento y un cielo nuboso. Ideal para los que vamos por la aventura. Habrá que llevar abrigo y olvidarse del protector solar.

Cuando parecía que todos nuestros problemas habían terminado, Nico, que va por su primera ultramaratón, decidió realizar un patético intento de llamar la atención del grupo y en el entrenamiento de ayer -¡el último antes de la carrera!-, decidió torcerse el tobillo y caer de boca al piso. Hay quienes amortizan su caída, mientras que él pareció tirarse de cabeza. Quedó con mucho dolor, sin poder pisar, y rengueaba en forma lastimosa. Todo esto a unos 100 metros de terminar con el trabajo de ese día. Ahora Nico se encuentra en su casa descansando, con el pie en alto, preguntándose si hacía falta que esta carrera se volviese más difícil, con esto del paro de transporte y el clima poco favorable. Ya era suficiente, ¿no? Esto demuestra que no importa cuán controlado tenga uno las cosas, muchas veces la vida nos depara algunas sorpresas…

Semana 27: Día 188: La Patagonia Run que podría no ser

A veces se alinean los planetas y hechos inconexos determinan resultados muy favorables. A veces pasa absolutamente lo contrario.

La Patagonia Run es una hermosa carrera que se corre en San Martín de los Andes. Y podríamos quedarnos afuera, a pesar de todo el esfuerzo, la logística y el dinero que invertimos. A los gremios se les ocurrió que era una buena idea hacer un paro nacional, que aseguran va a paralizar a todo el país, por motivos que difícilmente el Estado pueda negociar para que no se haga (nunca se pierde la esperanza). Y claro, es el 10 de abril, mismo día en el que con Nico volamos para Bariloche.

Hay toda una paranoia, porque la noticia no está hoy en los medios (pero estuvo hace unos días), y las informaciones que se daban tenían datos falsos u erróneos (como que adhiriera un representante que hace un año no trabaja más en ese sector). El tema es que si se hace el paro, no tenemos plan de contingencia. Cambiar los pasajes que sacamos inocentemente por Despegar.com nos sale más caro que lo que pagamos originalmente. No tienen política de devolución, solo nos reintegran las tasas del aeropuerto (un porcentaje ínfimo del valor total). Nos saldría más barato olvidarnos y comprar uno nuevo. Y aparentemente tendríamos que sacar ida y vuelta, porque si no nos presentamos al primer tramo, automáticamente se da de baja el regreso.

Dejando de lado el tema costos, como si no incidiese, las opciones serían viajar el miércoles 9, día que rápidamente se va a agotar con todos los que participamos de la carrera que, en un estado de pánico colectivo, se van reubicando solos (la aerolínea no tomará ninguna medida hasta que no se anuncie la medida de fuerza, posiblemente el mismo día). La opción que nos sale gratis es esperar al mismo jueves 10, y que quizá nos cambien el pasaje al viernes 11 (mismo día en el que yo salgo para la meta, 22:30 hs). No sería lo ideal, pero para mí es preferible a no correr. El tema es que las empresas de transportes aéreos nunca ponen aviones extra, siempre te reubican en servicios preexistentes. Si no queda lugar para el viernes, ya no nos sirve. La plata nunca la devuelven, solo hacen cambio de fecha.

El micro tampoco es una opción. No solo porque adhieren al paro, sino porque son más de 20 horas de viaje, y si saliésemos el 9, inevitablemente la protesta sindical nos agarraría en parte del viaje. Salir el martes 8 para esquivarle a todo este entuerto… tendría un costo alto para mí a nivel laboral.

Así que… hablando mal y pronto, tenemos los huevos de moño. Habrá que ver qué pasa con todos los corredores y miembros de la organización que estamos prisioneros de una medida que piensa en los trabajadores… pero en ellos, no en nosotros.

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