Archivo de la categoría: off topic

Semana 42: Día 289: Héroes

Gracias por dejarlo todo. Triunfar no es ganar, sino que es dar lo mejor de uno. No tengo absolutamente nada que reprocharles.

A pensar en la revancha, dentro de 4 años.

Semana 33: Día 229: Sin internet

Un día, internet dejó de funcionar. Esto me imposibilita trabajar, además del ocio, como puede ser ver videos para pasar el rato, escuchar la radio online, subir mis entrenamientos desde el reloj, contactarme con mis amigos, ver si mañana llueve o no, y un infinito etcétera.

Esta no es la primera vez que Fibertel me deja de garpe. Para colmo, lo primero que responden es que hay una falla general, aunque no sea cierto… porque cuando no recuperé por un día entero el servicio, me programaron un técnico para que venga al domicilio. Encima me decían que iban a pasar entre las 13 y las 19… ¿realmente esperan que me quede seis horas prisionero en mi casa, sin saber la hora exacta en la que van a venir? Pude renegociarles de 8 a 13, que sigue siendo un rango horario exagerado, pero al menos no me parte el día por la mitad.

Hasta que no se resuelva, las actualizaciones de este blog pueden verse afectadas… pero bueno, háganme el aguante. Podría actualizar desde el celular, pero hasta último minuto tenía la esperanza de que el servicio volviese tan súbitamente como desapareció…

Semana 27: Día 184: Feliz cumpleaños, Batman

Hoy, pero hace 75 años, se publicaba una revista de historietas que, no exagero, cambiaría al mundo para siempre. Se trataba de Detective Comics #27, que como su nombre indica, era una publicación dedicada a los policiales y al crimen. Un pibe llamado Bob Kane ideó, junto a sus amigos Bill Finger y Jerry Robinson, a un personaje al que le puso de nombre Batman.

El encapotado es conocido por prácticamente todo el mundo. Pero pocos saben que en su primera historia, no sabíamos que Bruce Wayne y Batman era la misma persona hasta la última viñeta. En el año 1939 esto de los superhéroes era algo absolutamente nuevo. Un año antes había debutado Superman, que había resultado ser un tremendo éxito, así que la National, editorial que después se convirtió en DC Comics, le pidió a Kane que ideara otro superhéroe. Basado en ese encargo, tomó inspiración de la máquina de volar de Da Vinci (que remite a las alas de un murciélago), como así también al Zorro y The Bat, personajes que él veía en el cine.

Hablamos del principio del género que hoy le da de comer miles de millones de dólares a Hollywood. En ese entonces no había escuelas de historietas. Casi todos los artistas eran autodidactas, y copiaban fotos o poses de otras historietas, algo que hoy consideraríamos un escándalo, pero que en su momento fue parte del proceso de aprendizaje.

Batman también fue un éxito, y su tono oscuro, a tono con un cómic de “detectives”, se parece más al personaje que interpretó Christian Bale en la trilogía de Christopher Nolan que al de Adam West de los ’60, que había nacido con la intención de ser un programa humorístico para adultos y se volvió un éxito entre los más chicos.

El hombre murciélago marcó una guía sobre cómo serían los héroes por venir. El joven compañero, la guarida secreta, el auto y los accesorios tecnológicos… Batman inventó todo eso. Nunca me va a dejar de llamar la atención cómo, en un principio, este héroe escapaba de la policía y era el terror de los criminales, para que en los ’60s terminara convirtiéndose en una parodia de sí mismo, un poco ridiculizado y hasta asociado con las fantasías homoeróticas que tiene la gente reprimida.

Cuando me enteré de que estaban haciendo una película sobre Batman, me volví loco. A fines de 1989 no existía internet. Nos enterábamos todo por la tele o el diario. La realización de un largometraje de aquel héroe que me encantaba me abrió las puertas del cine. Yo en ese entonces ni siquiera sabía quién era Jack Nicholson, mucho menos Michael Keaton, Kim Basinger o Tim Burton. Solo lo tenía a Jack Palance de “Créase o no, de Ripley”. Oliendo el éxito, editorial Perfil comenzó a publicar una historieta llamda “Batman y los Outsiders”, y ahí empecé a coleccionar. Eso derivó en que me quisiera dedicar al dibujo, que a su vez derivó en que terminara estudiando diseño gráfico, lo que me llevó a editar.

Todo hubiese sido circular si hubiese terminado trabajando en las ediciones locales de Batman, pero no pudo ser. Terminé traduciendo y haciendo labores de editor en las versiones nacionales de Marvel Comics, que es la editorial competencia de DC. Por eso, por ahora, mi afición a Batman sigue siendo algo que no ha sido contaminado por las obligaciones laborales.

Bruce Wayne, a quien la traducción mexicana decidió rebautizar como Bruno Díaz, es el máximo paradigma de enfoque y determinación. Dedicó años a prepararse física y mentalmente para cumplir su objetivo. Lo que el cine no se encargó de transmitir es que la motivación de Batman no es vengar la muerte de sus padres, porque si así lo fuese, cuando el Joker muere al final del film de 1989, hubiese logrado su objetivo. En verdad lo que Batman busca es que nadie en su ciudad pase por lo mismo que él: la tragedia de perder a un ser querido a manos del crimen.

No he llegado al extremo de correr una carrera disfrazado de superhéroe, pero no me olvido de dónde vengo, qué cosas me marcaron, y sin dudas Batman tiene que ver con la decisión de mi profesión. Como si fuera poco, nos ha dejado una promesa: cualquiera que tenga paciencia y dedicación puede mejorar su cuerpo y llevarlo a su límite. O sea, con años de entrenamiento, cualquiera podría ser Batman, mientras que para ser Superman haría falta haber nacido en otro planeta, o cierta araña radioactiva para convertirse en Spider-Man.

75 años, 8 largometrajes (uno en camino, donde se enfrentará a Superman), infinidad de series animadas e incontables historietas. Y la eterna promesa que vivieron generaciones anteriores, la actual y las que vendrán, de que aunque sea de noche y entre las sombras, siempre existirá un rayo de esperanza.

Semana 23: Día 156: Noche del Oscar

Como algunos saben, además de correr, tengo una especial afición por el cine. Todos los años, con mi grupo de amigos, armamos un “prode” del Oscar. Siempre gano, y siempre hay críticas de fraude, como si yo pudiera tener acceso a los resultados antes que el resto.

Pero bueno, como hoy no es un día de running sino de cine, voy a compartir mi listado y mañana me dirán cuántos aciertos tengo. Sospecho que gano por cuarto año consecutivo (una vez hubo empate y perdí en un bochornoso repechaje).

MEJOR PELÍCULA: 12 años de Esclavitud
MEJOR DIRECTOR: Alfonso Cuarón – Gravedad
MEJOR ACTOR: Matthew McConaughey – Dallas Buyers Club
MEJOR ACTRIZ: Cate Blanchett – Blue Jasmine
MEJOR ACTOR DE REPARTO: Jared Leto por Dallas Buyers Club
MEJOR ACTRIZ DE REPARTO: Lupita Nyongo – 12 años de esclavitud
MEJOR GUIÓN ORIGINAL: Ella
MEJOR GUIÓN ADAPTADO: 12 años de esclavitud
MEJOR CORTOMETRAJE: Helium
MEJOR FOTOGRAFIÁ: Gravedad
MEJOR CANCION: “Let it go” de Frozen
MEJOR PELÍCULA ANIMADA: Frozen
MEJOR CORTO ANIMADO: Get a Horse!
MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA: The Great Beauty (Italia)
MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO: Escándalo americano
MEJOR EDICIÓN: Capitán Phillips
MEJOR MAQUILLAJE Y PEINADOS: Dallas Buyers Club
MEJOR BANDA SONORA: Gravedad
MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Gravedad
MEJOR EDICIÓN DE SONIDO: Gravedad
MEJOR MEZCLA DE SONIDO: Gravedad
MEJORES EFECTOS VISUALES: Gravedad
MEJOR DOCUMENTAL: 20 Feet from Stardom
MEJOR CORTO DOCUMENTAL: The Lady in Number 6: Music Saved My Life
ÚLTIMO ARTISTA EN APARECER EN “IN MEMORIAM”: Phillip Seymour Hoffman

Obviamente la gran favorita es 12 años de esclavitud para las principales nominaciones, aunque Gravedad se lleva todo en los rubros técnicos. A pesar de que muchos quieren que ese sea el año de Di Caprio (con su cuarta nominación), McConaughey le gana por un pelito. “In Memoriam” es una categoría que inventamos, para darle una variante, y vale 5 puntos.

¡Deséenme suerte!

Semana 3: Día 15: Lo importante

Estuve meditando si valía la pena escribir este post o no. Lo charlé y me recomendaron hacerlo. Mi miedo era lo que podían llegar a pensar de mí… pero, ¿es eso realmente importante? Creo que no debería preocuparme si algo me deja mal parado. Es un precio bastante bajo por pagar si es que realmente se puede hacer una diferencia.
Hoy fui a entrenar. Hice relativamente poco para ser un sábado, 8,75 km. Sirve para paliar los nervios de la maratón de mañana, estar en contacto con mis amigos de Puma Runners, y seguir charlando ideas con Germán, mi entrenador, para cambiar el mundo. Tenemos esos sueños, de ayudar motivando. Hacía frío al costado del río, a pesar de que estaba abrigado con una remera de manga larga. Como no estaba corriendo (hice trabajo diferenciado) perdí calor enseguida. Me podría haber traído cualquiera de las camperas que tengo, pero quise viajar ligero hasta zona norte. Desde donde estábamos entrenando, en Paraná y el río, se podía ver Puerto Madero a lo lejos. Si pudiese correr sobre el agua, mi casa esaba en línea recta por la costa.
Volví a la base trotando, pensando en dónde encontrar un baño para hacer pis. Intenté dar el ejemplo corriendo por la vereda, y no por la calle como acostumbro. Cuando llegué a destino hice un poco de trabajo de musculación colgándome de la barra, algo que cada vez me resulta más sencillo. Me elogiaron mis bíceps, lamentablemente fue un hombre (no es que haya algo malo en eso). Me comí mi sándwich de tofu y pan integral con semillas, que tenía en mi tupper de plástico y tomé de mi agua hervida.
Hago este comentario porque últimamente vengo muy mal de plata. Mudarme hizo que gaste de más, entre flete, compras, depósito… antes, si no llegaba a fin de mes, lo cubría con mi pareja, pero ahora eso no era opción. Además me cayeron cuentas que tengo por débito automático, y pagué más de 2 mil pesos de tarjeta de crédito. Me quedé 200 pesos corto para pagar el alquiler, así que recurrí a mis papás, que me prestaron eso y todavía un poco más, para no estar tan justo. El balance de mi cuenta me deprimía: 28 centavos.
Tengo comida stockeada, por suerte. Pero para controlar mis gastos, empecé a hervir el agua. No es lo ideal, le desconfío bastante, pero zafa hasta que cobre algo en breve. Estos últimos días recurrí a esto y así la vengo zafando, entre lo que todavía queda en la alacena (que gracias a mi previsión es bastante) y lo que hay almacenado en la tarjeta SUBE. Me di cuenta que se podía vivir con poco, pero me sentí muy pobre y algo angustiado.
Esta maratón la pagué hace tiempo con tarjeta, gracias a que tengo la capacidad de endeudarme un poco. Pero sentía que necesitaba un cinturón hidratador… un capricho, porque realmente no era necesario. Quería correr cómodo mañana, con mis caramañolas con geles (diluídos en agua hervida), mis pasas de uva, y mi celular smartphone para sacar fotos antes, durante y después de la carrera. Conseguí unos pesos y en lugar de usarlos para comprar más agua mineral o fruta o más comida, fui a la Expo Maratón y volví, suplicante, al stand donde ayer me querían cobrar 100 pesos extra por pagar con tarjeta. Encontré exactamente lo que buscaba, me calzaba perfecto, y me volví caminando a casa, un poco más relajado.
Podría haber vuelto en colectivo, pero decidí caminar. Me preocupaba cansarme por mañana, pero a la vez no quería estar en una parada, esperando. Me puse el cinturón, prendí la radio en mi smartphone y comencé a recorrer Libertador, la misma avenida por la que vamos a transitar mañana. Venía pensando en todos esos lugares, preocupado por mis 28 centavos en mi cuenta, con culpa por haber comprado en la Expo en lugar de aguantarme con las cosas que tengo, y no sé en qué otras tonterías, cuando vi algo que puso todo ese día en otra perspectiva. Fue volver caminando, por ese trayecto, cuando podría haber sido por cualquier otro, lo que hizo que me cruce en esa esquina con él. Empecé viendo sus pies, con el rabillo del ojo. Estaba descalzo y sucio. Caminaba despecito, como si la rigidez de la vereda le hiciera doler. Era muy flaco, con los jeans rotos, una remera roñosa que le quedaba grande. Tenía el pelo hecho rastas y una frondosa barba. En otro contexto podrías haberlo tomado por un neo hippie. Pero lo cierto es que ese tipo no tenía absolutamente nada.
No detuve mi marcha, hice lo que normalmente hace cualquiera: seguí de largo. Pero no pude evitar repasar todas las cosas que pensé a lo largo de este día. Yo sentía que estaba mal, que me faltaban cosas, cuando en este mismo planeta, en este mismo país y en esta misma ciudad, hay un tipo que quizá ni sabe que se corre una maratón. Que no anda preocupado por tener un cinto hidratador. Por ahí ni siquiera tenía una cuenta bancaria. No tenía techo, ni ropa limpia, ni calzado. Y yo sí tenía todo eso.
Seguí mi camino, con el impulso de volver. Hablar con él, ver si necesitaba ayuda. Mientras me acercaba a casa repasaba las cosas que yo tenía sin uso y que le podía regalar. Y ahí fue que me pasó lo que más vergüenza me da: decidí que era mejor no hacer nada. Porque el tipo podía ser orgulloso y rechazar lo que yo le llevase. Capaz había elegido vivir así. Por ahí era un drogadicto que me iba a robar. Quizá yo iba a intentar ayudarlo y me iba a arrepentir. O en una de esas, después de regalarle las cosas, me seguía a mi casa y no me lo sacaba más de encima. Mi cabeza fue rápida para inventarme excusas para no hacer nada.
Entré a mi departamento y me sentí muy avergonzado por pensar esas cosas. Por no animarme a ayudar desinteresadamente a alguien. ¿Cuántas veces pasé por al lado de alguien que no tenía nada e hice como si no existiese? Es muy frecuente hacerlo en la Ciudad de Buenos Aires, donde hay mucho contraste con la verdadera pobreza. Fui derecho al placard y agarré un par de viejas zapatillas que no usaba. Aparté un dos pares de medias (uno que me había regalado mi papá el mismo día en que me prestó plata para el alquiler… perdón, pá). Separé un jean que nunca uso, una campera impermeable (tipo rompeviento), algunas remeras (de manga larga y corta) y un buzo Adidas… toda ropa que hace mucho que está guardada en un cajón.
Volví, algo inseguro, a la esquina donde lo había visto, con dos bolsas. Pero no estaba. Me arrepentí de no haber hablado con él, de no haberle pedido que me espere ahí mismo. Pensé que tendría que haberme apurado. Sin embargo, seguí caminando, en la misma dirección que lo había visto avanzar, despacito, con sus pies sucios y descalzos. Nada, ni noticias. Pensé en preguntar por él… pero, ¿a quién? Seguí instintivamente, sintiéndome un tonto. Hasta que lo vi en una esquina, más adelante, caminando con dificultad. Me puse a su lado y lo saludé: “Hola”.
Se dio vuelta y me miró. Le pregunté por qué estaba descalzo. Me empezó a hablar… pero no le entendí una sola palabra. Tenía una voz muy bajita y no modulaba. Creo que ni siquiera hablaba en castellano. Podría decir que era croata o rumano, pero jamás podría identificar ese idioma si lo escuchara. Le pregunté si quería un par de zapatillas. Me dijo algo que supuse que era un sí. Saqué una y le dije que esperaba que le quedase. La agarró, la puso junto a su pie, como mediría cualquiera un número de calzado en una zapatería, y le iba perfecto. Se metió su encendedor en el bolsillo, y siguió de largo hasta que cayó por la botamanga hasta el piso. Esa imagen me resultó muy triste. Le mostré los dos pares de medias, y automáticamente se las empezó a poner. Me hablaba, me hacía gestos, y entendía que su voz tenía tonos. Como que me estaba diciendo algo. Pero yo no le podía entender.
Le mostré que había un jean, casi nuevo. No saqué toda la ropa, era para que lo revise él. Me di cuenta que no tenía absolutamente nada consigo, más que la poca ropa que llevaba puesta, su encendedor y sus cigarrillos. Le expliqué cómo la campera de lluvia se guardaba y quedaba como si fuese un bolsito chiquito. Me dijo algo que no pude interpretar. Se señalaba una pulsera de metal que tenía. Me rompía el corazón no entender. Me pareció que no quedaba nada más que hacer. Levanté mi pulgar y él levantó el suyo. Le di la mano, y su apretón fue muy débil. Su mano estaba mugrosa y áspera. Le di una palmada en su huesudo hombro y le dije, con toda la sinceridad del mundo, “Cuidate”.
Me fui y me di cuenta que no tenía ni idea de a dónde estaba yendo. Hasta que me ubiqué me desvié dos cuadras. A pesar de que no ocurrió ninguna de las estúpidas fantasías que había tenido, me pareció que no había sido suficiente. En mi casa tenía todavía muchas más cosas. Tenía comida, que no sabía cómo darle porque son todas cosas para cocinar (arroz, cous cous). Quizás eso era más urgente que ropa. Pero me seguía impactando que el tipo estuviese caminando en el Centro con sus pies descalzos… Eso también urgía.
No quise volverme loco. Sentí que lo ayudaba a tener un punto de partida. Ropa sana, protección de la lluvia, calzado. Otras veces doné ropa, pero fue a alguien sin rostro. No era lo mismo que ver a la persona que lo necesitaba y tenerla enfrente.
Y dudé muchísimo en escribir esto. Porque pensaba que podía desvirtuar esa ayuda. ¿Para qué hacerlo? ¿Por fama? ¿Para quedar bien? Temía que alguien pensara estas cosas de mí. Pero después pensé “¿Es eso importante?”. Realmente, ¿no es un precio muy pequeño si hace una diferencia? Soy inseguro, aunque no lo parezca porque tengo un blog diario donde, muy de vez en cuando, desnudo mis propias miserias. Quizás a mí me hubiese ayudado leer sobre un tipo que ayuda a otro porque sí, con las cosas que tenía a su alcance, en lugar de apartar la mirada y hacer como que no pasaba nada. Ya ayudé, muy mínimamente, a un desconocido en la calle. Me pareció que podía valer la pena compartirlo, porque si pude motivar a otros a que corran o que busquen un cambio en su vida, en una de esas contagio esto y consigo que otra persona ayude sin esperar nada a cambio.
Puedo tener la cuenta bancaria vacía, pero sé que a principios de mes se vuelve a llenar. No puedo sentirme pobre si elijo viajar hasta zona norte a cagarme de frío al costado del río, si decido comerme un sándwich de tofu. Hay gente que no puede elegir. Quizá si viésemos las cosas que son realmente importantes de la vida, aprenderíamos a preocuparnos menos y a ayudar más.

Semana 1: Día 6: 20.000 besos

20mil_besos
Son altas horas de la madrugada y vine de reunión con amigos, la cual involucró una escapada al cine para ver 20.000 besos, la nueva película de Sebastián De Caro. Fibertel se empecinó en no funcionar, no pude actualizar el blog antes de salir, y este impasse me sirvió porque ahora tengo ganas de escribir sobre esta cinta y hacer un off-topic (porque no se puede hablar exclusivamente de correr, entrenar, comer).
Sin hablar demasiado de la trama, 20.000 besos habla de la vida de un joven tras una separación (que incluía convivencia) y cómo se reconecta con sus amigos. Está explicado en forma no tan obvia, pero el protagonista venía de aislarse y de perder un poco el contacto de quién era y qué cosas lo definían. Parte de ese viaje de reencontrarse consigo mismo lo hace vivir una experiencia intensa que tiene alegrías y bajones… como la vida misma.
No pude evitar sentirme identificado, siendo que este año me separé. Yo también tuve que ir a la pila de CDs a llevarme los que eran míos, tuve que escuchar llantos a través de una puerta, y puse mi vida en cajas (que, coincidentemente, contenía libros y muñecos). También me reconecté con las cosas que me hacían bien y con mis amigos. De hecho, terminamos en un bar hablando de la película, poniéndonos al día con nuestras historias, y nos imaginamos a alguien filmándonos… también creemos que nuestras charlas podrían terminar en la gran pantalla.
El estreno de 20.000 besos es bastante reducido por tratarse de una producción independiente, pero está brillantemente filmada, es divertida, a veces dura, y muy entretenida. Seguramente por mi situación particular me pegó más que al resto (que se encargó de destacar los bellísimos atributos de Carla Quevedo). Este tipo de películas no duran mucho en cartel, desplazadas injustamente por los tanques de Hollywood. Les recomiendo ir a verla, y les hice el favor de contar poquísimo de la trama o los actores (tiene un casting brillante, y una muy buena dirección actoral). Probablemente en algún personaje o alguna situación, todos podamos reencontrarnos a nosotros mismos… y de esa forma adueñarnos un poquito de esta película.
20000_besos

A %d blogueros les gusta esto: