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Semana 50: Día 350: Cita con la nutricionista

Hoy visité nuevamente a mi nutricionista, con quien me vengo asesorando desde que comencé el proyecto de Semana 52. Esta fue nuestra cita número 24, y por supuesto nos dedicamos a hablar del viaje a Grecia y todo lo que voy a necesitar para correr 246 km.

Con el tema de mi partida y la cantidad de cosas que tenía que adelantar para las tres semanas que no esté en el país, era bastante probable que mi entrenamiento se viese resentido. La última vez que vi a Ronima, mi nutricionista, fue en julio, y desde aquella vez casi que no puse un pie en el gimnasio. Me concentré en trabajar y entrenar en mis fondos y las tres veces a la semana que veo al Puma Running Team. Me había pagado tres meses en un gimnasio, sospechando que a más carca del viaje, menos posibilidades tenía de ir.

En esto pensaba mientras iba a la cita con Romina, ya que asumí que debía haber perdido masa muscular y ganado grasa. Quizá sea por nervios, pero últimamente estoy alimentándome principalmente a carbohidratos, quizás a un nivel donde no llego a quemarlo todo y tengo un excedente. Me siento y me veo bien, pero no en mi nivel más magro. Esto no es algo que me preocupe, pero ya me venía adelantando a la medición antropométrica.

Mis sospechas se confirmaron cuando el estudio dio como resultado que subí 500 gramos de grasa (no demasiado), y la sorpresa llegó con la confirmación de que subí 800 gramos de músculo, principalmente en las piernas. Me dediqué a correr y a hacer los ejercicios que indicaba Germán, nuestro entrenador: sentadillas, estocadas, burpees. No deja de sorprenderme que ese tipo de rutinas otorguen tantos cambios al cuerpo.

Pero lo jugoso de la entrevista con la nutricionista fue imaginar cómo iba a ser la carrera, ver cuántos puestos de asistencia iba a tener y qué convenía comer en todo ese trayecto. Hicimos un estimativo de 35 horas y arrojó que tenía que consumir más de 2100 gramos de hidratos de carbono… puesto así no parece tanto, pero si te cuento que una zanahoria tiene 5 gramos de carbohidratos, te empezás a dar una idea de que hay que comer mucho.

Por supuesto que la hidratación es fundamental, sobre todo porque se espera calor (una característica habitual de la Espartatlón). Resolvimos que tenía que tomar un litro y medio por hora, asegurándome de ponerle sales en caso de que sea baja en sodio. Sacando un promedio, los puestos están a una distancia de media hora entre sí, por lo que tendría que tomar algo cada vez que paro y vaciar mi caramañola de 500 cc en el camino.

En cuanto a la alimentación, lo ideal es variar las fuentes de hidratos de carbono para estimular a todos los receptores. Eso optimiza la absorción y utilización de energía. Me compadezco por ese norteamericano que dijo que iba a correr los 246 km tomando solo Coca Cola…

Para que se hagan una idea de la cantidad de comida que tengo que ingerir ese día y medio que dura esta ultramaratón, usaré de ejemplo un pan, tipo mignón. Una hogaza tiene 20 hidratos de carbono, por lo que si me alimentara solo con eso debería consumir 108 panes. Pero vamos a variar la ingesta con pasas, fruta, pinole, fainá, pretzels y quizás algunas pastas o nachos o lo que terminemos preparando una vez que estemos en Atenas.

Un consejo que me dio Romina, que no había pensado, era el de conseguir una heladerita térmica para mantener ciertas cosas perecederas, como puede ser el pinole (o al menos no tomarlo a la temperatura de un té) y alcohol en gel, porque no puede haber nada peor que tener que salirse de la carrera por una intoxicación alimenticia.

La cita duró casi una hora, y en el cierre planteamos el desafío de comparar mi peso antes de correr y al finalizar. Voy a intentar hacerlo, puede arrojar datos interesantes para saber el nivel de deshidratación y el de pérdida de masa muscular. En octubre, antes de la Maratón de la Ciudad de Buenos Aires (ya me dijo que estaba loco por querer correrla tres semanas después), vamos a hacer una nueva medición, para ver cómo responde mi cuerpo ante semejante paliza.

Mañana fondo de 50 kilómetros, último largo antes de la carrera, y primera oportunidad para experimentar con la maca. Veremos qué resulta.

Semana 42: Día 294: Cita con la nutricionista

Estas han sido semanas complicadas. Mucho trabajo atrasado, por lo que ya van dos semanas que no voy al gimnasio. Estoy haciendo una terapia alternativa para acomodar los pajaritos y porque necesitaba un cambio a nivel interno (algo de eso hablé en este mismo blog). Para mí esta es una etapa de transición, donde la única constante es el running. A esa cita no he faltado, y sigue siendo mi ancla.

La hora de la verdad, en la que corroborar si vengo bien, es mi cita con mi nutricionista. Desde el 31 de agosto de 2010 me vengo controlando con ella, y ha sido quien me ayudó a convertirme en un maratonista vegetariano y en un ultramaratonista vegano. Si le habré dado desafíos, como cuando decidí no consumir más azúcar ni jarabe de maíz de alta fructosa, y a regañadientes me tuvo que buscar alternativas. Podría decir que mi progreso tiene tres aristas: la física, la mental y la nutricional. De todas me tengo que hacer cargo yo, pero por suerte tengo la guía de gente como Germán, mi entrenador, y en cada caso la clave para lograr cambios perdurables es el mismo: los hábitos.

En mi primera cita, mi peso era de 76,9 kg, mi masa adiposa era 25,1 kg y mi masa muscular 31,2 kg, con el resto dividiéndose entre huesos, piel y mi masa residual (órganos y comida en el estómago). De esto se desprendía un dato interesante: mi cuerpo era 32,6% grasa. A menos que quisiera convertirme en nadador de aguas heladas, no me era de mucha ayuda.

La medición de hoy fue la número 23. Ya al principio tuve cambios importantes, con el único problema de que perdía músculo cada vez. Me tomó casi un año subir algo mi masa muscular. Alcancé mi pico histórico en abril pasado, y hoy, tres meses más tarde, volví a mejorar mis niveles. Ahora, después de cuatro años, volví a estar por encima de los 70 kg de peso total, pero por suerte eso no significó que subí de grasa. Mi masa adiposa es de 14,1 kg (20% de mi peso total) y mi masa muscular es de 34,6 kg, lo que significa 800 gramos por mes desde la última medición.

¿A qué le podría atribuir haber progresado y no haberme estancado? Al entrenamiento. A pesar de no haber ido al gimnasio las últimas dos semanas, estuve haciendo un mínimo de tres veces por semana, además de la rutina en los Puma Runners. Estoy corriendo mucho, y eso influye en seguir bajando grasa, y estoy prestándole atención a lo que como… y haciendo caso.

Comparando mi primera medición con la de hoy, bajé exactamente 11 kg de grasa y subí 3,4 kg de músculo. Aquella vez no sabía lo que era correr una maratón, el veganismo me parecía una locura, y participar de la Espartatlón ni siquiera era una opción a considerar. Mi sueño en aquellos días era llegar a correr 80 km. En dos horas voy a salir para correr 120, y no en una carrera, sino como parte de mi entrenamiento.

Si llegue o no, realmente no me preocupa. Siento que mi experiencia y estrategia me van a jugar a mi favor. Creo que solo una situación muy extrema me va a dejar afuera. He aprendido a atravesar el dolor y a confiar en mí mismo.

Ahora me resta entrenar, seguir probando cosas para aplicar en la Espartatlón (para la que faltan 70 días, nada más) y una última cita con la nutricionista, unos días antes de viajar a Europa. Este es mi mejor momento a nivel físico, pero quizá lo pueda mejorar todavía un poquito más…

Semana 28: Día 190: Cita con la nutricionista

Estos han sido días de mucha consulta con profesionales. La doctora que me dio el apto médico, el traumatólogo que me revisó la postura y la pisada, y ayer la nutricionista, que me hizo el nuevo estudio de mi composición corporal.

Los análisis de sangre los vio bien. No le preocupaban los niveles de bilirrubina elevados, algo habitual en deportistas de fondo. Sí le pareció que le faltaba un análisis enzimático, para evaluar el estrés, y de sodio y potasio en sangre. Quedará para la próxima. Me propuso hacer un estudio previo a la Espartatlón y después, usándome como un caso de estudio para evaluar el impacto que tiene una ultramaratón de esas características en el cuerpo. Lo veo muy interesante…

Fui sin muchas expectativas, pensando que como no estuve yendo al gimnasio y que estoy con un volumen alto de entrenamiento aeróbico, la medición antropométrica me iba a decepcionar. Desde el comienzo de este año prioricé el volumen por sobre todo lo demás. Quizá lo que mantengo con mucha constancia es comer sano, y eso probablemente juega a mi favor.

Mientras tomaba las medidas de largos, perímetros y pliegues, mi nutricionista iba diciendo “ajá… bien… ajá”. ¿Qué estaría pensando? “Creo que va a dar mejor”, dijo, mientras me subía a la balanza. Mi peso era de 68,3 kg. No estaba seguro de si eso era bueno o no.

Resultó que en enero estaba en 68,2, casi igual, pero el tema eran las proporciones. En tres meses perdí 580 gramos de grasa y gané 690 de músculo. ¡Una grata sorpresa! Mi entrenamiento no disminuyó, lo cual con una alimentación sana seguramente colaboró. “Lo que no está roto, ¿para qué arreglarlo? Seguí así”, me dijo.

Actualmente estoy en mi pico máximo de desarrollo físico. Tengo diez kilos menos de grasa que cuando empecé, en agosto de 2010, y un kilo más de músculo. Desde julio del año pasado que cada medición me da mejores resultados. Coincide, por qué negarlo, con mi separación, así que mi secreto para el progreso vendría a ser la soltería…

¿Pudo haber ayudado que esté abandonando los alimentos procesados y refinados? ¿Que me haya propuesto consumir más verduras en las comidas? ¿Que esté entrenando fuerte sin descuidar el descanso entre ejercicios y el reponer energía durante y después de cada sesión?

Seguramente todo influye en el resultado final. Me intriga qué va a pasar con este estudio dentro de tres meses, cuando haya tenido todo ese tiempo de gimnasio y más de mil kilómetros nuevos de entrenamiento aeróbico. Lo sabré el 18 de junio, cuando tenga mi próxima cita con la nutricionista.

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