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Semana 49: Día 337: Entrenando con los Teams Puma

Hoy se dio un evento muy entretenido que fue un entrenamiento colectivo entre todos los Puma Running Team: el de Zona Norte (al que pertenezco), Puerto Madero y Palermo, este último jugó de local porque nos juntamos por esa zona.

La experiencia fue interesante porque de golpe triplicamos la cantidad de alumnos. Había, por supuesto, tres entrenadores, y pude comprobar que cada uno tiene sus códigos y su modo de entrenar. En turnos de 20 minutos fuimos rotando, en grupos mezclados, para entrenar técnica con uno, pasadas con otro y suelo (o musculación) con Germán, mi coach habitual.

Gracias a que nos mezclaron pude encontrarme con otros corredores, algunos mucho más veloces que yo (esto fue una novedad y un buen ejercicio para el ego). Pude intercambiar anécdotas con otros atletas, y escuchar de un chico que hizo su primera maratón en 4 horas. No es nada destacable eso, pero la primera mitad corrió a 7 minutos el kilómetro y el restante a 4, cuando se dio cuenta de que estaba yendo demasiado lento. Otra que empezar en forma conservadora… Le dije que los seres humanos hacemos el camino inverso, arrancamos con todo y terminamos bajando.

El cambio me vino bien porque Palermo me queda más cerca que San Isidro, aunque si hay una próxima vez y es en Puerto Madero, tendría la posibilidad de salir de casa 10 minutos antes… Es interesante ver qué zonas de la Ciudad se pueden aplicar para un entrenamiento combinado. Hice pasadas a toda velocidad, me reí mucho con los ejercicios de técnica (sobre todo con los que desconocía) y pude comprobar que la práctica hace al maestro. En nuestro grupo los burpees, que tanto odiamos, los manejamos con bastante soltura, mientras que los chicos de otros grupos que lo hacían por primera vez tuvieron dificultades, primero para entender cómo hacerlo y segundo para que les salga. ¿Y no es eso progresar? Todos fuimos un desastre el primer día, y aunque no estamos para dar clases de burpees, al menos ahora podemos hacer diez seguidos.

El día ayudó y nos acompañó el sol. Además conocí a gente de Puma que me aseguró que me van a dar ropa para la Espartatlón. Eso espero, ¡realmente la necesito! Fue un día relajado, aunque el entrenamiento haya sido intensivo. Ahora me queda descansar para enfrentar el fondo de 50 km de mañana.

Grecia espera…

Semana 43: Día 301: ¿De dónde obtengo mis proteínas?

Algo que parece preocuparle más a la gente que no me conoce que a mí mismo es de dónde obtengo mis proteínas, por la difundida creencia de que solo se obtiene de consumir animales. Pero estoy en mi punto de mayor masa muscular en toda mi vida, luego de casi dos años de veganismo (y casi una década y media de no comer carne). ¿Cómo logré esto?

Bueno, gracias a Dios que la proteína también se obtiene de los vegetales. Mi experimentación me llevó a corroborarlo. Hacer fondos eventualmente quema músculo, y con tres veces a la semana de gimnasio y un poco de ingenio, pude ganar masa muscular a un ritmo bastante bueno.

Mi amigo Fito, mi gurú en lo que se refiere a fitness, un día me bajó de un hondazo cuando hablábamos del cuerpo ideal al que aspirábamos tener y mencioné el de Brad Pitt. En aquel momento me dijo que como no consumía proteína animal, jamás iba a poder desarrollar esos abdominales. Le creí, después de todo él tenía una larga experiencia en gimnasio y en el desarrollo de su cuerpo. Esto fue antes de que yo empezar a correr como lo hago ahora. Fito me decía lo difícil que le resultaba a él, con todo el esfuerzo que hacía, para ganar un kilo de músculo al mes. ¿Qué posibilidades me quedaban a mí?

Aceleramos unos años más tarde, cuando empecé a ir a la nutricionista y me obligó a empezar a consumir lácteos. Eran, después de todo, una fuente de proteína de alto valor biológico. A duras penas empecé a incorporarlos. Después del gimnasio me hacía una colación que consistía en una chocolatada chiquita, un par de vainillas y un Gatorade con una cucharada de leche descremada en polvo. Hoy que no consumo lácteos y dejé de lado el azúcar, todo esto desapareció de mi dieta. Pero en ese momento alcanzó para que ganara algo de músculo y me ganara la sorpresa y el respeto de Fito.

El tema fue cuando mi nutricionista me confesó que un libro, The China Study, la estaba haciendo replantearse todo lo que ella sabía de nutrición. Me pasó esta investigación sobre la influencia de la proteína animal en el desarrollo de males como el cáncer, las cardiopatías y las enfermedades autoinmunes. Yo ya era vegetariano… ¿qué tan difícil podía ser vegano? De un momento a otro, tomé la decisión e hice el cambio. A mí ya no me gustaban demasiado los lácteos… era cuestión de dejar de forzarme a consumirlos. Pero… ¿qué pasaba con la colación post gimnasio, que me ayudaba a aumentar mi masa muscular?

Romina, mi nutricionista, tuvo un nuevo desafío (y esto fue antes de que le sumara mi deseo de dejar de consumir azúcar, jarabe de maíz de alta fructosa y harinas refinadas). Haciendo un poco de prueba y error llegamos a la colación ideal: un sándwich de pan con semillas y tofu (conocido como “queso de soja”). Y después de ir al gimnasio y comer esto, gané entre 800 gramos y un kilo de músculo, algo que una persona experimentada (y no vegana) consideraba como todo un logro.

Con el tiempo aprendí sobre otros alimentos, como el seitán, que también tenían proteína vegetal, o la combinación de dos alimentos, como los cereales y las legumbres, que dan la cadena de aminoácidos completa. Contrario a muchos mitos y a la desconfianza de mucha gente, seguí ganando músculo. Lo que verdaderamente hacía la diferencia en cuanto a mi físico era lo obvio: si entrenaba o no. Eso es lo único que realmente define el ritmo del progreso.

Mi gran fuente de proteína vegetal y causante de varios dolores de cabeza es la leche de soja. Siendo que desayuno y meriendo siempre avena con pasas de uva y unas rodajas de banana, obviamente necesito algo para que baje por mi garganta. Cuando quise dejar por completo el azúcar me compré leche de soja en el Barrio Chino y me encontré con un líquido de un sabor no muy agradable, que no duraba más de dos días en la heladera. La opción era el AdeS natural, que tiene la gran contra (que no he podido sortear) de que tiene azúcar. Puse en la balanza que la practicidad era más importante, y empecé a consumirlo en gran cantidad. El problema es que esta variante escasea en las góndolas. No sé por qué, si siempre se agota, las grandes cadenas no reponen constantemente. Llamé a la empresa para decirles lo difícil que era encontrar este gusto y no me ofrecieron ninguna respuesta. Cuando veía AdeS natural en un supermercado, me compraba todo lo que mi cuerpo era capaz de cargar (10 cartones).

Como había períodos de sequía, aprendí a hacer leche de almendras, mucho más caro y trabajoso, pero con la ventaja de que podía hacerlo de un día para el otro y de que me podía encargar de que no tuviese azúcar. Ahora, después de una época de bonanza en donde tenía tanto AdeS que tenía que guardarlo afuera de la heladera, de nuevo se me está acabando y sin reposición a la vista. Por eso me compré almendras, esencia de vainilla, y con los restos de mi minipimmer en breve me haré mi propia leche.

Y ya lo tienen. Entre todos los alimentos que consumo, más la soja y mis colaciones post gimnasio, obtengo toda la proteína que necesito. Mi cuerpo nunca estuvo mejor, y los defensores de la carne jamás estuvieron tan sorprendidos.

Semana 40: Día 278: De gordo a delgado… ¡en segundos!

Cuando uno ve esas fotos del “antes y después”, en donde los cambios físicos parecen imposibles… generalmente lo son. Trucos de iluminación, usar dos modelos distintos, hinchar la panza y después meterla para adentro, son artimañas que ni siquiera precisan del Photoshop.

El sentido común ya debería decirnos que para preparar las fotos de un aviso no se esperan meses para ver los cambios… ni siquiera las semanas que prometen los productos “fantásticos”. La ansiedad en la que estamos inmersos nos hace volcarnos a estas falsas esperanzas de que con 5 minutos diarios, en poco tiempo vamos a tener un físico privilegiado. Rara vez se vende un estilo de vida, porque lo que la gente quiere comprar son soluciones instantáneas. ¿Bajar el consumo de grasas y azúcares de por vida? ¿Entrenar una hora, tres veces por semana? ¿Para qué, si con el Ab-Destroyer 3000 solo tengo que enchufarme los electrodos y sentarme a mirar la tele?

Hay varias páginas que explican los trucos más comunes (en inglés), como son este ejemplo y este (aunque no sepan el idioma, las fotos son más que elocuentes). Yo decidí hacer mi propio experimento. Después de probar un par de tomas, elegí dos en las que se podía ver el “cambio”. La diferencia entre una y otra es de segundos… ¡solo tuve que sacar panza en una y trabar en la otra!

No soy un ejemplo del fitness (todavía), pero podría cobrar algunas monedas por revelar el secreto para pasar de panzón a delgado… claro que acabo de decirlo, y gratis…

Semana 38: Día 264: Mi rutina de gimnasio

Encontré un placer inmenso en empezar el día entrenando en el gimnasio. Pude ir descubriendo lo que me gusta, lo que no, mis mañas, y me armé una rutina que no solo implica los ejercicios.

Me gusta ir temprano, aunque eso requiere que no me acueste muy tarde. Suelo poner el despertador a las seis, aunque lo ajusto dependiendo de la hora en que me haya acostado. La siguiente hora la paso tomando mi vaso de agua, mi desayuno (cereales con pasas, banana en rodajas y leche de soja), preparando mi colación post gimnasio, la toalla y la ropa de recambio.

Los elementos más importante que descubrí para hacer la rutina de gimnasio más placentera son los guantes, para no destrozarme las manos y una toallita para secar la máquina después de usarla. Casi nadie hace esto, aunque se supone obligatorio. A mí me gusta no dejar rastro de mi paso.

Si cumplo mi itinerario, llegaría al gimnasio, luego de una caminata de quince cuadras, a las siete de la mañana. Pero han sido pocas las veces en que lo logré. El promedio histórico ha sido a las ocho, lo cual sigue estando bien para mí.

Después de dejar las cosas en el vestuario, me voy a ejercitar. Primero una entrada en calor de diez minutos en la cinta, seguido de ejercicios de elongación. Ahí empiezo el circuito con ejercicios de piernas, dorsales, espalda, abdominales, hombros y bíceps, alternando con días de pecho y tríceps. Como estoy medio chueco y busco enderezarme, siempre trabajo dorsales y abdominales (mínimo 240 por día).

La idea del circuito es trabajar una serie y no repetirla hasta terminar el resto de los ejercicios. Eso me da tiempo a recuperarme, y me permite trabajar con más peso que si hiciera las tres series seguidas.

En total estoy terminando en una hora y media. Alguna vez leí que al cuerpo no le hacía diferencia si se pasaba ese umbral. Pero a esa altura estoy pensando en lo mejor de la mañana, que es el sándwich de tofu y mi botellita de agua que me esperan en mi mochila. También me hidrato entre circuitos, con agua del gimnasio.

Como muchas cosas que me gustan, empecé prejuzgándolas. Antes me reía de quienes iban a entrenar en musculosa y se miraban en el espejo, y hoy hago exactamente lo mismo. Me gusta verme haciendo el ejercicio, controlar mi posición y ver cómo trabaja el músculo. Pero sé que es una suerte de ilusión óptica. Hacer bíceps, por ejemplo, llena a los músculos de sangre, y se ven más hinchados de lo que en realidad son. La ilusión dura una media hora.

Después de volver al vestuario y comer mi colación, llega el momento de una ducha caliente, cambiarme y salir a la calle a enfrentar el día. Si cumplí mi itinerario, estaré en casa cerca de las nueve y cuarto. No me gusta volver muy cerca de las once, porque se me junta con mi colación de media mañana.

Estoy haciendo esto tres o cuatro veces por semana, y noto muchos cambios. Todos son lentos y se aprecian con el tiempo. Básicamente tienen que ver con fortalecimiento (levantar más peso), recuperación (ya no queda doliendo al día siguiente) y marcación (el músculo crece y la grasa retrocede).

Hay días en que me cuesta salir, en los que una hora y media de ejercicios parece mucho. Pero nunca me arrepentí de entrenar, así que intento no pensarlo mucho y salir. El tiempo me demostró que esos pequeños esfuerzos diarios están rindiendo sus frutos.

Semana 37: Día 257: Dolor de gimnasio

Aunque haya perdido el monitor cardíaco, quiero dejar en claro que estoy yendo al gimnasio con cierta regularidad. Desde que el traumatólogo me lo recomendó para acomodar la postura y mejorar la zancada, intenté ir todos los días. Hice este esfuerzo porque no siempre puedo, y eso me asegura un mínimo de tres veces de gimnasio a la semana. Algunas veces pude ir cuatro, y en contadas excepciones cinco.

La banda que funcionaba como monitor cardíaco era la prueba de que estaba haciendo trabajo de musculación, la cantidad de minutos por sesión y el esfuerzo. También venía bien para las sesiones de entrenamiento aeróbico,  pero tampoco me resultaba imprescindible. En el Movescount iba tirando cada una de las veces que ejercitaba, y me gustaba ver qué proporción de gimnasio había respecto a las veces que corría. Pero un día, en el vestuario, lo perdí, y aprendí que lo que se pierde allí, no se recupera jamás (se suma a mis guantes sin dedos y a mi billetera con todos mis documentos y tarjetas).

A pesar de que ustedes deben confiar en mi palabra, estoy yendo y me estoy fortaleciendo. Pero parte del proceso es acostumbrarse al dolor, algo que los que entrenamos lo llevamos con cierto orgullo. No hablo de una molestia insoportable que te impide moverte al día siguiente, sino unos pequeños dolorcitos que se sienten en determinados movimientos y nos hacen pensar “Ah, sí, eso es de cuando hice pecho en el banco plano”.

Al entrenamiento que venía haciendo, el kinesiólogo le sumó una variante: el circuito. Yo antes hacía distintas series de un mismo ejercicio (generalmente tres, con 10 o 15 repeticiones en cada uno), descansaba un par de minutos y pasaba al siguiente. Ahora es una serie e inmediatamente pasar al siguiente músculo, intentando alternar piernas con tren superior. Eso elimina, al menos para mí, los pequeños períodos de descanso, pero además me permite usar más peso, porque luego tengo más tiempo para descansar. Así que ahora estoy levantando más kilos con las piernas, llegando a un par de repeticiones antes del fallo. Además me pidió subir la cantidad de abdominales que estaba haciendo, poniéndome un mínimo de 200 por día (yo estoy metiendo 210, como para estar en una zona segura).

Ahora, en este instante, siento un pequeño (y orgulloso) dolor en los pectorales, quizá los músculos que menos estoy trabajando. Es que por las cuestiones posturales y de mecánica de correr, en lo que más me estoy concentrando es en las piernas, la espalda y las abdominales. Necesito fortalecer ciertos músculos que corriendo no trabajo tanto, ganar más elasticidad y agilidad (por eso también estiro mucho), y mejorar la postura de la espalda, porque tengo una lordosis en la base de la columna (para eso están las abdominales) y un arqueo en la parte superior (para eso los ejercicios de remo, para los dorsales, intentando juntar las escápulas, además del trabajo de espalda).

Supongo que cuando llega un momento en que levantar peso ya no duele, es hora de intentar subir 5 kilos con las pesas. Por ahora vengo bien, me siento más fuerte, y empezar el día así me llena de energía, contrario a lo que uno podría asumir. Y este dolor no es el que corresponde a hacer mal un ejercicio o el de lastimarse. Es un indicador de que estás haciendo algo por tu cuerpo, y te incentiva a seguir esforzándote.

Semana 36: Día 249: Nunca te des por vencido…

Hoy tengo muy poco tiempo para actualizar el blog… al trabajo se le sumó ir a ver a mi hermano al hospital, internado por un sobreentrenamiento… es curioso que mi propio hermano esté recuperándose por ser terco y darle muy duro a ejercicios de musculación (después de mucho tiempo de no hacerlo). Me cuesta un poco asimilarlo porque en sus mismas condiciones yo hubiese hecho exactamente lo mismo, de hecho jamás me hubiese imaginado que un agotamiento muscular general aumentaría tanto una enzima que podría complicar los riñones…

Sin embargo, me gustaría que no se rindiera, que se recuperara hasta quedar en el punto donde intentó volver a hacer actividad física. Y desde ahí, con su nueva experiencia, aprendiera qué tiene que hacer y cómo hacerlo. O sea, levantarse y no darse por vencido.

A él le dedico este video, que es un ejemplo de perseverar, aún cuando las condiciones parecieran ser las peores.

Semana 34: Día 237: El Crossfit

Ayer recibí una invitación de Germán, mi entrenador, para hacer una clase de crossfit. En nuestro grupo, Puma Runners, solemos meter algunas técnicas de esta disciplina, tan de moda, pero nunca había estado en una clase hecha y derecha.

Fui sin expectativas, porque realmente no tenía absolutamente idea de nada. Solo sé que el crossfit está de moda y quizá cierto prejuicio en contra de las cosas populares me haya hecho ignorarlo. A esto le tendríamos que sumar un cierto temor, porque me dan pánico los desconocidos, así que ir a un lugar con completos extraños no era mi idea de pasarla bien. Pero mi tendencia ha ido variando hacia animarme a las cosas que no me animaba a hacer, así que ahí estuve, lo más preparado que pude, dispuesto a empezar.

Aprendí mucho. Por ejemplo, que las rutinas de entrenamiento, llamadas WOD (work out of the day) varían diariamente. Cada día, en cada hora, se hace la misma, así quienes entrenan en ese gimnasio pueden elegir cuándo ir. La rutina comenzó con una entrada en calor, corriendo alrededor del gimnasio: rodillas al pecho, a la cola, laterales, tocando el piso alternativamente con cada mano, cambiando de lado. La entrada en calor siguió con abdominales en V, planchas… todo dentro de mi capacidad y absolutamente controlable.

Después, basado en el WOD, tocó agarrar una barra larga y una soga. Primero comenzamos a practicar los ejercicios de levantamiento de pesa con un palo. Eso servía para corregir la postura de la espalda, los movimientos de los brazos y la coordinación. Me costó muchísimo porque es algo que no hago habitualmente. Tenía que comenzar desde las rodillas, levantar el palo pegado al cuerpo, dejar los codos apuntando hacia adelante, y levantar en un impulso, casi agachándome con las piernas y después subiendo. Todo ese movimiento que parece tan sencillo me mareaba mucho… ¡y solo estábamos practicando!

La clase, y creo que es una tendencia, tiene siempre esta parte previa para practicar los ejercicios hasta que empiece el WOD propiamente dicho… que es la parte más brutal de todas. En este caso era en espejo. Había que hacer 30 burpees, 30 deadlifts (levantar la pesa desde el piso hasta dejar la espalda derecha y los hombros hacia atrás), 30 DU (saltos dobles de soga, por ser novato me permitieron hacer 75 saltos simples), 30 abdominales en V (los brazos y las piernas extendidas, se tocan arriba, con la cola como vértice), 30 hang clean & jerk (levantar la barra desde las rodillas hasta arriba) y repetir en espejo.

Dejé aparte el tema de los burpees, el invento del demonio para castigar a los atletas. Consiste en ir al suelo, piernas atrás, pecho contra el piso, levantarse en flexión, que los pies queden apoyados en el piso haciendo un salto hacia arriba y hacia adelante, y saltar verticalmente, con un aplauso sobre la cabeza. Eso, 30 veces, después todas las rutinas, y cerrar con otros 30 de estos. Jamás me cansé tanto en un entrenamiento que no haya sido corriendo. No podía parar de transpirar, chorreaba gotas por el suelo, y a los 20 burpees se me salía el corazón y las piernas no me respondían. Le puse todo para terminar. Fue una experiencia tan agotadora como increíble.

Los WOD pueden ser por repeticiones o por tiempo. Como después venía otro grupo, quienes no terminaron cerraron cuando el profesor indicó. Yo debo confesar que terminé justito, uno o dos minutos antes del cierre. Luego de guardar las cosas, empezó la elongación, como para aflojar el cuerpo castigado.

Con esta sola clase sentí que el crossfit es un entrenamiento muy completo e intensivo. Quizás a mí me sirvan ciertas cosas y no todas, porque tengo un objetivo puntual que es la Espartatlón en 120 días, pero se lo recomendaría a cualquiera que tenga ganas de tonificar. Para mí fue un desafío y me encantó poder superarlo. Confieso que me quedé con ganas de volver… y probablemente algún día lo haga.

Semana 32: Día 220: No tomar atajos

Cuando empecé con Semana 52, a mediados de 2010, tenía como meta no tomar atajos. Lo pensaba literalmente, corriendo todo lo que hiciera falta, dando el máximo siempre y el mínimo nunca. Me alegra saber que, casi cuatro años más tarde, sigo viviendo bajo ese mismo lema.

Nunca lo pensé para químicos o drogas que aumenten la masa muscular o el nivel de oxígeno en sangre porque, para qué negarlo, ni siquiera sabría dónde conseguirlo. La creatina por ahí es fácil de conseguir, y hasta me chicanearon en un principio con que siendo vegetariano lo iba a necesitar, pero para mí eso no era natural. Cualquiera podría decir que los geles tampoco son naturales, pero aunque me tomó tiempo, ya los dejé.

El que busca encuentra, dicen. Nunca busqué epo, droga que supuestamente abunda en el ambiente del running tanto como el ibuprofeno, y quizá por eso es que jamás me la crucé. Lo más cerca que estuve de ese efecto fue cuando volví de Cusco, Perú, lleno de oxígeno en mi sangre.

Germán, mi entrenador, siempre identifica a los papeados. Sabe verlos a lo lejos y nos incentiva a no intentar imitarlos. Yo puedo aspirar a marcar músculo y quizá que crezca un poco, pero tampoco demasiado. Sin embargo no estoy atrás de un químico que acelere un proceso que debería ser natural. Ayudo con la alimentación, pero al parecer hay gente urgida en el gimnasio. Y tampoco es que no se tengan que esforzar. Levantan mucho más peso que yo, pero lo levantan. De todos modos, prefiero mis modestos logros a base de hidratos y proteína que obtengo de un sándwich. No siento que esté poniendo mi salud en juego, y no me urge estar musculoso porque no hago lo que hago para que me vean.

Bueno, tampoco me molesta que me vean.

La ciencia se encargó de acelerar todos los procesos. Yo creo que se va a perder la satisfacción del esfuerzo, lo conseguido con el trabajo duro y la paciencia. Si no, tranquilamente podríamos tomar un atajo en una carrera y después reclamar nuestra medalla. Ahí nos estaríamos olvidando de que lo que importa no es la meta, sino el trayecto.

Semana 30: Día 210: Dolores placenteros

Siempre dije que los dolores musculares post entrenamiento eran un motivo para sentirse orgulloso. Entiendo que haya gente que le escape al dolor, es absolutamente comprensible. Pero cuando uno se habitúa a la musculación sabe que hay algo ahí que está indicando un inminente progreso.

Hay dolores y dolores. No hablo de cuando uno se lesiona un músculo. Hay que entrenar con inteligencia, dentro de un esquema que, idealmente, estará armado por alguien que sabe y que nosotros repetiremos confiados. En mi caso actual estoy haciendo una rutina que me pasó el traumatólogo, con el fin de fortalecer las piernas y prevenir lesiones. No trabajo la hipertrofia, sino la marcación. Poco peso, muchas repeticiones. Al principio creía que era algo demasiado fácil, y parte de mi subjetividad orgullosa e infantil creía que iba a hacer el ridículo ante los fornidos del gimnasio. Pero aunque estoy levantando 5 kilos a una pierna, hacer cuatro series de 10 repeticiones, sosteniendo el peso 5 segundos, demuestra ser bastante agotador. Cuando me levanto siento los músculos hinchados, la sangre que bombeó, y una sensación que está al límite entre el entumecimiento y el dolor. Y es algo fantástico.

Como no pude con mi genio, le fui sumando ejercicios para el tren superior, como espalda, bíceps, pecho. Y gracias a que tengo la experiencia de lesiones anteriores, como estoy volviendo a levantar peso después de varios meses de no hacerlo, empecé tranquilo, liviano. Controlando mi subjetividad orgullosa e infantil. Así, cuando un ejercicio ya no me cueste, sé que le voy a poder sumar más peso o más repeticiones. Es así, hacer que el cuerpo duela para que, cuando no haya más dolor, subir un escalón de esfuerzo.

Por eso, para mí, no hay que tenerle miedo a estos dolores ni tampoco tomarlos como un mal síntoma. Hay que abrazarlos, saber que son una parte necesaria del desarrollo físico, y usarlos como motivadores. A mí, hasta ahora, me ha funcionado…

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