Archivo de la categoría: motivación

Tiempos de cambio

1379898_10151964810425987_1514946283_n

Por si las noticias no llegan a la región donde estás viviendo, en Argentina hubo elecciones presidenciales. Primero en octubre, donde no se alcanzaron los votos necesarios para aclamar al nuevo presidente, por lo que el domingo pasado tuvimos un ballotage en donde se eligió entre dos candidatos, uno por el oficialismo, otro referente de la oposición. En la primera votación no participé, no por estar en contra del sistema ni por no tener una postura clara, sino porque tenía tanto pero tanto trabajo que ir desde San Isidro hasta el Microcentro me representaba un lujo que no me quise tomar.

Este post no pretende hablar del triunfo de la oposición, aunque el título indique eso. Solía gustarme ir a votar desde la provincia de Buenos Aires hasta la Capital, porque me daba una excusa para ir o volver corriendo (alguna vez hice ida y vuelta). Sí me preocupa mucho el destino del país, pero elegí expresarme lo menos posible sobre política por miedo a perder amigos que no estuvieran de acuerdo conmigo.

Ahora sí, quisiera detenerme en ese punto. ¿Cómo es posible que por trabajo no tenga tiempo de ir a votar un domingo de octubre? Evidentemente algo estaba haciendo mal, porque no era un proyecto personal que requería de algo de mi tiempo libre, sino el mismo trabajo rentado de siempre. Quisiera usar esa situación para ilustrar que mi vida, definitivamente, necesitaba de un cambio. Uno más personal que el que pueda aplicar un traspaso de gobierno.

Trabajo como diseñador gráfico desde 2002. Tuve un período de crisis por 2008/2009 donde trabajé como porteador en el puerto, con un modesto sueldo y la posibilidad de un extra por las propinas, pero más allá de eso, nunca trabajé de otra cosa. Ser editor de cómics fue un poco un desprendimiento del diseño gráfico, y si bien hice tareas de coordinación, nunca pude escaparme del InDesign, del Photoshop ni del Illustrator.

Hace poco dije basta. El diseño me dio de comer por 13 años, pero necesito un cambio, urgente. Sé que este blog se vería más nutrido de entradas si pudiese replantearme mi situación laboral. De hecho, no sería el único aspecto de mi vida que se vería afectado.

En los últimos meses empecé algunos proyectos relacionados con el deporte. Redes sociales, entrenamiento de grupos o personalizado. Y es un área que podría explotar más si pudiese dedicarme de lleno a eso. Tomé la decisión de olvidarme del diseño gráfico a partir del 31 de diciembre y apostar a mi nuevo proyecto de vida. Es algo inevitable y necesario.

“Vive de lo que te gusta y no trabajarás un día de tu vida”, dice el dicho. Y yo necesito dejar de trabajar (pero seguir pagando mi alquiler, vistiéndome y comiendo). Quisiera tener novedades sobre esto antes de fin de año, para que mi transición del diseño al deporte sea menos traumática para mi economía. Veremos qué pasa, pero estoy ansioso por averiguarlo…

3899,24 km en un año

Ha llegado el final de Semana 52. No solo logré todos los objetivos que me había propuesto al comenzar, sino que fui superándolos y encontrando nuevos. Este es mi modo de darle un cierre a este proyecto, lo que no significa que no esté comenzando uno nuevo.

En estas 52 semanas corrí 3900 kilómetros. ¿Es mucho? ¿Poco? Saquen sus propias conclusiones. El primer año en que hice esto, 2011-2012, fueron 2272,09 km. El período 2012-2013 fueron 2598,59 km. En esta última temporada de Semana 52 sumé 1300 km a todo el año. Pero comparado con los entrenamientos que hicieron otros espartatletas, cualquiera podría considerar que me quedé corto. Si lo que valen son los resultados, llegué a la meta y eso es lo único que para mí cuenta.

Durante Septiembre, mes en que corrí el Spartathlon, sumé 415,33 km (por supuesto, más de la mitad fue esta ultramaratón). Al terminarla dije que no volvería a correrla. Hoy escribo esto 4 semanas después, y ya no estoy tan seguro. No siento que tenga una cuenta pendiente, pero hay algo que se abre paso desde el fondo de mi cabeza, una pregunta que dice… “¿Y si intentamos hacerla sin lesionarnos?”. Además dicen que las chances de finalizar el Spartathlon disminuyen cuando uno busca un segundo triunfo. La confianza de haber llegado suele jugar en contra. Pero bueno, estoy tranquilo, sin ansiedad. Esta carrera me dejó hecho una seda.

Me pareció importante escribir esta entrada para darle un broche final a Semana 52. Me emociona releer el primer post y recordar que mi meta máxima en julio de 2010 era llegar a correr 80 km. Me parecía una salvajada. En el Spartathlon llegué a esta distancia y empecé a sentir dolor. Entonces apreté los dientes y corrí 160 km más. En aquel entonces, mientras empezaba entusiasmado y con una actitud positiva desconocida en mí, jamás se me hubiese pasado por la cabeza correr esa distancia. Tampoco hubiese creído que me iba a volver vegano, y mucho menos que iba a aceptar la promesa de no afeitarme durante dos meses después de terminar este sueño (ya voy un mes y no la soporto, por más que me quieren convencer de que me queda bien).

¿Cómo sigue mi vida? Como saben mis más allegados (y adelanté bastante en la entrada en que hacía mi reseña de la carrera), sufrí un desgarro con inflamación que me dejó usando muletas durante casi tres semanas. No pisar con el pie derecho hizo que, al momento de empezar a caminar, me doliera tanto la planta del pie como la lesión, por la falta de costumbre. La recuperación fue lenta pero constante. Al principio lo único que me calmaba era mantener el pie elevado (y los analgésicos, que en Buenos Aires me suspendieron). Ir al baño, o sea poner el pie hacia abajo, era una tortura, porque la sangre bajaba al tibial y al tobillo y el dolor era espantoso. Así que me aguanté bastante esos días.

Caminar, las primeras dos semanas, estaba fuera de discusión. Todo era muletas, de acá para allá. Pero me las arreglé, hice caso, me puse hielo, y de a poco empecé a recuperar la movilidad del pie. Los dedos dejaron de estar adormecidos, y ya no me dolía al tacto. Empecé a levantarme, a pisar, a doblar a la altura del tobillo, y la hinchazón fue bajando. Ayer, sábado, exactamente 4 semanas después de haber terminado la carrera más gloriosa de mi vida, pude correr por primera vez. Fueron 5 minutos. Me sentí poco ágil, con una sensación de acortamiento en el tibial. Pero ahí estaba trotando, después de gritar de dolor por intentar pararme, luego de haber hecho los últimos puestos de asistencia llorando. Fue una sensación maravillosa.

De a poco estoy volviendo, sin que se me pasen todavía por la cabeza compromisos que quiero hacer ya. Me imagino que correré la San Silvestre, porque es una linda tradición. Seguramente haga la Demolition Race de Pinamar, en Diciembre, porque vamos a ir todos los Puma Runners. Pero qué haré en 2015 es un misterio para mí, y me gusta así.

Mi prioridad, desde que regresé de Atenas, fue recuperarme, y estoy a 7 sesiones de kinesiología de lograrlo. En el centro donde me estoy atendiendo me sugirieron empezar a correr de a poco, y los traumatólogos que me atienden se sorprendieron de lo rápido que desapareció la hinchazón y cómo está regresando mi movilidad. Insisto, todo esto es un pequeño precio por haber cumplido el sueño de mi vida, uno que empezó hace tres años.

Alguno hará una observación interesante. Hoy no tengo un sueño de vida. Y para tranquilidad de todos, digo que está bien. Tampoco lo tenía antes de empezar a correr. Creo que mucha gente no lo tiene, o lo que es peor, lo tiene y no hace nada para conseguirlo. Yo aprendí que no importa lo imposible que parezca ese sueño, está en uno salir a buscarlo. Si lo logramos o no podría no ser lo más importante, porque lo que vale es lo que uno incorpora en el camino a conseguirlo. Me animo a decir que salí muy cambiado de todo esto. Estoy relajado, tomándome las cosas con mucha calma, y sobre todo muy feliz conmigo mismo.

Ya llegará, eventualmente, un nuevo sueño. Lamentablemente no habrá blog donde comentarlo, porque de momento Semana 52 es parte de un sueño cumplido, y siento que debería dejarlo atrás y ver qué otras cosas puedo hacer. Voy a seguir teniendo mi twitter, @Semana52.

Nunca imaginé escribir como algo que pudiera despertar emociones en otras personas. Siempre lo tomé como una forma de comprometerme, de estar obligado a mantener la constancia porque iba a tener la mirada de alguien puesta sobre mí. Es algo que todavía me asombra, y es una de las tantas cosas que descubrí haciendo esto. Si inspiré a alguien, fue sin querer, y por eso estoy muy agradecido. Ojalá mi Spartathlon, y estos cuatro años de blog, sean la prueba de que todos somos capaces de lograr lo que soñamos.

Semana 50: Día 347: ¿Por qué Grecia?

No siempre que hacemos algo nos planteamos nuestros motivos. ¿Para qué hacemos las cosas? Todo tiene un sentido, aunque no sepamos cuál es. Como una tarea terapéutica, me puse a pensar qué me está llevando a viajar a Grecia y dejarlo todo por una carrera.

Buscarle el sentido a la Espartatlón tiene dos niveles. El superficial, donde está lo más “obvio”, y uno más interno, que cuesta ver o aceptar.

Por un lado es una meta, un objetivo. Lo que me enriquece es el camino y no la llegada.

La experiencia me va a hacer bien, voy a salir más sabio. Ese aprendizaje es independiente de si finalizo o no.

Reafirma mi autoconfianza, porque correr 246 km (en 36 horas) es algo que la mayoría de la gente cree que es imposible de hacer.

También hay una cuestión de ego, porque busco demostrar que puedo conquistar lo imposible (si usted cree que esto también tiene que ver con cómo me relaciono con las mujeres, quizás esté en lo cierto).

Sirve para cerrar un círculo de sinergia con Germán, mi entrenador. Desde que empecé con Semana 52 y le dije que quería entrenar en forma comprometida, él siempre me apoyó. De hecho estuvo ahí desde mucho antes, cuando hice mi primera carrera y corrí 7 km (distancia que yo subestimaba). Hoy estoy yendo al otro extremo, el pico máximo, y es una metáfora de lo que creció nuestra amistad.

Siento que merezco hacer esta carrera y terminarla. Hay una cierta presión (autoimpuesta, aclaro) de llegar a la meta, por toda la gente que me apoyó, desde mi familia hasta mis amigos, incluyéndote a vos, quien estás leyendo estas líneas.

Además me gusta correr, y este es el cierre del año (y quizá de una etapa en mi vida).

Es la lección definitiva, el examen final en coraje y compromiso.

La Espartatlón no tiene premios en metálico (aunque para aspirar a algo así habría que tener un nivel como para hacer podio). Hay un cuenco lleno de agua, una corona de laureles y una medalla en la meta. Pero claro, es MUCHO más que eso. Es un objetivo de vida, una anécdota para contarle a los nietos, una lección para cualquiera que crea que no es un incapaz.

Hace muchos años yo viajaba en el tren camino a Constitución. Bajo una lluvia torrencial, en el Velódromo de Escalada, un corredor entrenaba absolutamente solo. A esa distancia y bajo ese diluvio era imposible verle los rasgos de la cara, pero yo imaginé que esa persona, en ese instante, era realmente feliz. En ese momento yo creí que era imposible tener ese nivel de compromiso, y hasta me lamenté no poder ser como él.

A lo que voy es que también corro la Espartatlón por la persona que era en aquel entonces y las que hoy piensan que las proezas físicas solo las logran los que vienen de otro planeta. En verdad esa persona que fui pensaba que comer sano y correr ultramaratones era algo absolutamente imposible. Quizá vos también creas lo mismo. Y corriendo esta carrera podría demostrarme (y demostrarte) que no importa cuán lejanas parezcan las cosas. Si uno de verdad siente la necesidad de hacerlo, nada es inalcanzable.

Todo esto lo aprendí antes de viajar a Grecia. Sería muy lindo viajar y llegar a la meta. Sería el broche de oro a este este aprendizaje: más allá de lo inseguro que te sientas, qué tan sedentario seas o lo mal que te alimentes, nunca es tarde para incorporar el hábito del esfuerzo, la determinación y la paciencia.

Semana 48: Día 332: Adiós a un estilo de vida

 
Esto lo dije en varias oportunidades, y comprobé que tengo amigos a los que el tema les angustia más que a mí (bueno, a mí realmente no me preocupa): he dedicido que no me gustan más los cómics.

Esta decisión fue clave para vender toda mi colección. Y quizá no sea tan absoluta. Decidí quedarme con algunas cosas, más que nada regalos que tienen un gran valor sentimental (aunque confieso que me deshice de algunos presentes). Hacía rato que ya no leía cómics, y muchos los tenía haciendo espacio en la biblioteca sin siquiera haberlos abierto. Cuando iba a buscar una remera me salteaba las de Star Wars o de los Avengers. El desenemoramiento venía desde hacía tiempo.

Cuando llegó la necesidad de recaudar, empecé por vender algunos libros puntuales de la biblioteca. Después fueron todos (menos esos dos o tres que hice a un lado porque tienen dedicatorias, por ejemplo) y al final terminé trayéndome unas toneladas de mi vieja casa de Banfield, algunos con manchas de humedad que en otra época me hubiesen preocupado.

Con eso avancé mucho en la recaudación. No fue suficiente, llegó el momento de deshacerme de ropa para vender en ferias. Y ahí fueron esas remeras que hacía meses que dentro de las cajoneras no les llegaba la luz del sol.

Esto va más allá de una necesidad de recaudar. Tiene que ver con una búsqueda de identidad. De ahí viene también esa crisis vocacional que tengo. Ya no me divierte tanto trabajar maquetando y diseñando cómics. Lo sigo haciendo porque me aburre ser pobre.

Creo que uno busca su identidad en algún momento de su vida. Quizá lo haga hasta el fin de mis días. Creo que la búsqueda siempre es algo positivo y enriquecedor. Nunca me imaginé que correr iba a acaparar mis deseos. En ciertos círculos me conocen como “el que va a correr la Espartatlón”, y no como “el traductor del cómic de Los Simpsons en Argentina”. Hoy me define correr, superarme, y todas las cosas que aprendí en estos años entrenando se afianzaron más en mí que una década de terapia.

Algunos amigos se desesperan y creen que estoy loco. Otros me piden que les regale lo que queda de mi colección (prometí venderla o prenderla fuego a fin de año). Lo que sí es una locura es que esto que estoy haciendo va a ser una vez en la vida. Si quisiera volver a financiar una aventura como la Espartatlón con una colección de cómics debería empezar hoy a coleccionar nuevamente y esperar unas dos décadas para venderla en situaciones similares a la actual. Sospecho que no voy a pasar por lo mismo para vender todo a los 56 años. Esto es parte de un ciclo, algo que termina y es reemplazado por otra cosa.

Todavía sigo disfrutando, por ejemplo, de ver en el cine películas de superhéroes (Guardianes de la Galaxia es una obra maestra de las películas de aventuras), y supongo que voy a conservar mi pendrive del Hombre Araña. Los muñecos de He-Man… ufff… de eso sí me va a costar desprenderme. Pero quizá le llegue el momento, tarde o temprano.

“Coleccionar momentos, no objetos”… ese es el mantra de esta nueva etapa…

Semana 47: Día 329: Cambiar un vicio por otro

Conozco mucha gente que tenía sus vicios y que los cambió por una vida sana. Y no fue que únicamente adquirieron hábitos saludables, sino que vivieron el entrenar con la misma pasión que aquello que los destruía.

“Yo me dedicaba a fumar”, escuché decir a mi amigo Juanca Bertram, quien hoy dejó el cigarrillo bien atrás y está intentando participar de todo el circuito de Salomon. Su historia resume la de muchos que nos dedicábamos a cosas destructivas y que ahora pusimos nuestra pulsión en correr. En mi caso yo vivía para comer, y durante varios años de mi vida lo único que realmente me apasionaba eran los cómics. Si no me hubiese vuelto vegetariano probablemente hubiese terminado rodando más que corriendo, pero haber abandonado McDonald’s fue un gran cambio en mi dieta.

Me faltaba la parte del deporte, algo que eventualmente llegó. Y mientras antes me preocupaba por estar al día leyendo cómics y haciendo crecer mi colección, de a poco iba cambiando mi cuerpo y mi cabeza con el running. Lo que me pasó ahora, de vender mis historietas y financiar con eso el viaje, es algo que jamás me hubiese imaginado. Pero el largo proceso de dejar de identificarme con los superhéroes y empezar a sentirme como un corredor me llevó a donde estoy ahora.

Probablemente haya algo más profundo y difícil de interpretar para mí, pero evidentemente tengo alguna energía que antes ponía en ser un coleccionista de libros y revistas y ahora ser un coleccionista de carreras y logros. He tenido tenido mis períodos de abstinencia, por supuesto, tanto en una actividad como en la otra. Ni siquiera podría decir que comer golosinas y leer cómics me hacía un daño visible, pero sí puedo afirmar que eso se llevaba muchísimo de mi atención, y que claramente llegó un punto en donde tuve que elegir una u otra.

Por suerte conozco a muchas personas que decidieron cambiar un vicio por otro, y ese reemplazo fue el deporte. Yo siempre la tuve mas fácil porque en lo mío no había un químico o substancia aferrándose a mi cerebro, sino que era simplemente yo aferrado a una colección interminable de revistas de Superman y compañía. Hoy pude soltarles la mano, como también dejé la mayonesa y los alfajores, y no lo viví como una obligación, sino como parte natural y fluida de un proceso mucho más sano.

Semana 41: Día 282: Cadena maratonista

No tengo muy planificada mi vida post Espartatlón. No sé cómo me va a pegar a nivel emocional, tampoco tengo muy en claro si mis piernas van a ser utilizables después de estar un día y medio corriendo (o lo que me dé el físico). Solo sé que si viajo con amigos voy a querer escaparme a alguna isla por unos días. Y si solo sale viaje familiar con mis papás… probablemente también.

Esto de viajar a Europa hizo que me perdiese un par de ediciones de la Maratón de la Ciudad de Buenos Aires, sin lugar a dudas mi carrera favorita del calendario. ¿Por qué prefiero correr sobre el asfalto, entre el concreto, en lugar de en la montaña, en los médanos, en el bosque? No tengo ni idea. Será que siempre puse la maratón en un pedestal, y cuando la corrí por primera vez, no me decepcionó. Será que haciendo esos 42 km con 195 metros comprendí lo que era ser un corredor, el resultado del entrenamiento y la planificación de carrera. Será que soy una rata de ciudad y que transitar sus avenidas sin interrupción de los coches es lo más cercano a un triunfo que podré sentir. Por ahí es todo eso y por ahí nada que ver. Lo que sí puedo afirmar es que cada vez que participé lo disfruté enormemente.

La edición de 2014, para mí, estaba absolutamente fuera de discusión. Pero me enteré que Javier, compañero de Puma Runners, la va a correr por primera vez. Y me acordé de aquella maratón en la que debuté, en 2010, y cómo me incentivó otro compañero (que siguió su propio camino), llamado Walter. Yo valoré enormemente que él me acompañara, así que me la jugué, después de pensarlo varios días, y le ofrecí a Javier correrla con él. En algún punto es una subestimación hacia él o una sobreestimación hacia mí: creo que puedo correr 246 km y dos semanas después hacer 42 km al mismo ritmo que él, sin retrasarlo. Veremos.

Desde el año pasado estoy prefiriendo las carreras en las que acompaño a un amigo más que las que me mato por mejorar tiempos y posiciones. Creo que viví todo lo que tenía por vivir. Nunca soñé con el podio y aunque siempre estuve bastante lejos de él, mi principal preocupación era mi marca personal. Creo que uno puede superarse infinitas veces, y más allá de la autosatisfacción, queda ahí. Veo más enriquecedor estar ahí para un amigo, aconsejando, dando aliento. Es completar el círculo: yo disfruté mucho mi primera carrera, me gustaría que alguien a quien aprecio viva algo parecido. Seguramente, en unos años, él también pueda pasarle la antorcha a otro corredor que esté debutando en esa distancia. Como me pasó a mí, le pasará a él, y así, armando una cadena maratonista hasta el infinito, y más allá…

Semana 41: Día 281: Reconectándome

No sé si le pasará a todo el mundo, pero a mí internet me anda pésimo. Me quejo, mandan un técnico, ajusta una tuerquita, anda todo fenómeno hasta una semana después. Entre cortes y microcortes se me cancelan archivos bajados que tengo que volver a cargar, no puedo mandar a aprobar proyectos… en fin. Es una empresa que empieza con Fiber y termina con tel. Me caen mal, pero no sé si tanto como esa que empieza con Tele y termina con un centro en el área chica.

Ayer no pude actualizar, pero tuve una revelación muy triste: ya no quiero seguir escribiendo este blog. Ojo, no estoy diciendo que voy a cortar acá. No voy a seguir haciéndolo un quinto año. Me encuentro repitiéndome y me siento falto de inspiración. Ayer odié a Fibertel con todo mi ser, pero no me angustié por no generar una entrada nueva. Pensé en hacerlo por la mañana, pero internet volvió recién hoy, sábado a las 10 de la noche. Y como me cuesta escribir sobre temas que no sean repetitivos, me pareció que lo mejor era ser honesto y ver qué pasa.

Sin dudas este va a ser el último año de Semana 52. No voy a dejar de bloguear ni tampoco me alejaré del mundo del fondismo. Posiblemente lo siga haciendo pero no acá. Estoy en un proyecto que creo que va a ser muy significativo y que va a ayudar a mucha gente. Me entusiasma poner mis esfuerzos en eso.

Empecé Semana 52 para forzarme a generar un cambio. Si me exponía, me ponía en la incómoda situación de no aflojar. Pude documentar un proceso que, sin ánimos de exagerar, me salvó la vida. Al principio vivía con cierta obsesión por la cantidad de visitas que recibía, y me costó despegarme de eso. Después empezaron a reconocerme en la calle (en todos estos años habrán sido unas quince personas) y es algo que nunca deja de darme vergüenza. Soy un tipo de bajo perfil, que nunca destacó, y creo que nunca tomé la verdadera dimensión de estar contando cosas muy personales en un blog. Hacerlo protegido por un teclado facilita todo, pero nunca me detengo a pensar que del otro lado va a haber gente que lea esto con atención.

Escribir me gusta, disfruto mucho de hacer reseñas de carreras, así que seguiré haciendo eso, pero desde otro sitio. Creo que no necesito seguir cambiando física ni deportivamente. Si termino la Espartatlón voy a poder decir “ya está”. Quiero disfrutar del deporte al aire libre, no obsesionarme con los tiempos ni mi ubicación dentro de la clasificación. Quiero correr carreras con gente que la haga por primera vez, compartir las cosas que aprendí… Que todo esto le sirva a alguien más que a mí.

Semana 52 empezó como algo bastante egocéntrico, en el camino encontré que ayudó a varias personas, pero cumplió su función conmigo, y cuando actualizar el blog se convirtió en un compromiso o en algo tedioso (que admito que no pasa siempre) empecé a sentir que era mejor darle un final a terminar odiando esto. No puedo evitar recordar al maratonista español que corrió 500 maratones seguidas y cuando llegó al objetivo se comprometió a seguir y llegar a mil. Pero pasando las 600, un día se despertó para correr y no pudo levantarse de la cama. De un día para el otro había perdido la motivación y su proyecto de desvaneció. No quiero que me pase eso, quiero disfrutarlo, y me quedan solo 12 semanas para la Espartatlón. Todavía puede ser más divertido que un compromiso diario.

Así que finalmente Fibertel me reconectó con Internet. Solo falta que yo me reconecte con esto de escribir, pero desde un lugar diferente… sé que puedo.

Semana 40: Día 279: Terapia

Dicen que correr es la mejor terapia y la más económica. Igualmente, como a mí no me estaba alcanzando, volví a ver a mi psicóloga.

Mi relación con ella es de muchos años, cosa que algunos amigos me han dicho que no es bueno. Aparentemente eso perjudicaría la objetividad del profesional o generaría ciertos mecanismos que a la larga entorpecerían el análisis… o algo así. No sé. A lo largo de los años me han dicho que tenía que cambiar de psicóloga, de nutricionista, de entrenador… y realmente el que tiene la decisión soy yo. ¿Por qué dejar el asesoramiento de alguien que veo que me ayuda?

Empecé terapia por el año 2000, en una época en la que estaba bastante desorientado. En 2003 dejé porque mi pareja en aquel entonces, Mariana, me exigió que abandonara. Su “irrefutable” argumento era que no podía ser que le contara mis problemas a un extraño en lugar de a ella. Lejos de condenarla por este acto de egoísmo e inseguridad, creo que me espera un rincón especial en el Infierno por dejarme de lado y ceder ante esta clase de pedidos.

Lo primero que hice cuando corté con Mariana, dos años después, fue llamar a mi psicóloga (lo segundo fue llamar a esa chica de la que ella estaba terriblemente celosa e invitarla a tomar algo). Volví y continué con mi análisis hasta 2010, cuando este blog y todo lo que me esperaba me dieron la confianza para darme el alta. Estoy pasando por alto muchísimos cambios que se produjeron en esa década, entre los que podría destacar elegir una carrera y recibirme, empezar a trabajar, convertirme en un diseñador freelance y empezar a correr.

 En ese período sin terapia conocí a Vicky (en realidad la conocía, pero nos enamoramos y empezamos a salir). Las cosas iban bien al principio, pero después chocamos constantemente así que hicimos lo que cualquier pareja haría si se lleva mal: nos fuimos a vivir juntos. Al año de no soportarnos y ante mi insistencia, empezamos terapia de pareja. Como me terminé separando, evidentemente no nos ayudó. Estuvimos yendo más de un año. La terapeuta, una mujer que le ponía mucha onda para reconectar a nuestra pareja, nos recomendó hacer también análisis individual. Yo no tenía intención de hacerlo, pero accedí solo para presionar a Vicky de que también fuera por su lado. Cuando nuestra enemistad siguió creciendo hasta límites que ni siquiera me imaginaba, cortamos y me mandé a mudar. Fue el final de una etapa muy triste de mi vida que intento no recordar. Es curioso porque tengo toda esa época documentada en el blog, pero obviamente intenté dejar mi crisis de pareja, que era más pesada que todo mi entrenamiento, fuera de la vista pública.

Separarme significaba muchos cambios en mi vida, en especial porque estaba acostumbrado a todo eso que puede conseguirse combinando dos sueldos: cable, empleada, bidones de agua a domicilio, calefacción central, tres ambientes en Colegiales con seguridad las 24 horas, un perro, un gato y terapia individual y de pareja. Cosas de las que uno puede desprenderse y seguir vivo, pero grandes cambios al fin. Así que hace exactamente un año, ante la perspectiva de pagar un guardamuebles para todas mis cosas y todos los gastos que implicaría una inminente mudanza, decidí cortar terapia.

Doce meses después vivo en un monoambiente en el microcentro donde pago religiosamente el alquiler, sin atrasarme. No tengo cable, limpio yo, me compré un filtro para la canilla, no tengo calefacción, no hay seguridad ni tengo mascotas. Creo que incorporar terapia no era un gasto imposible. Y este momento es otro, donde nuevamente (como en el año 2000) siento que tengo que replantearme las cosas que hago y encontrar el rumbo. Hoy tuve mi primera sesión, y realmente salí peor que cuando entré. Un poco más focalizado, consciente de todas las presiones para ser perfecto a las que me someto, las trampas en las que me meto para entretener la cabeza y todos mis inmensos esfuerzos puestos en cosas que creo que me hacen feliz y que en realidad no me llenan.

Pero eso es la terapia para mí. Enfrentarme a todas esas cosas que elijo no pensar. La cabeza tiene sus mecanismos para escaparle al dolor. Sin ir más lejos, el fin de semana fue el cumpleaños de Vicky. Yo ni siquiera estaba enterado. De hecho hoy me cuentan anécdotas de ella en las que yo estaba presente y no las recuerdo. La tenía bloqueada mentalmente. Y el chiste entre mis amigos consistía en cantarle el feliz cumpleaños a Vicky en mi presencia. Ella que estaba totalmente ausente (en presencia y en mi mente). Tardé dos “Que los cumplas feliz” completos antes de darme cuenta que cantaban por ella. Y de algún modo todo ese chiste me destrozó. Esa noche soñé que volvía con ella, y no era una situación feliz. No nos mirábamos a los ojos, igual que en los últimos meses de agonía de nuestra pareja. Yo estaba más preocupado por lo que mis amigos iban a pensar cuando se enteraran. Estaba angustiado, y como en cualquier sueño, me preguntaba cómo había llegado a esa situación.

Probablemente el mecanismo de protección de mi cabeza hizo que la bloqueara post separación y me preocupara exclusivamente por “subsistir”. Buscar departamento, acomodarme a una nueva rutina, reconectarme con mis amigos que tenía olvidados… No me detuve a pensar en todo el daño que había sufrido. Y quedó enterrado hasta que salió a la luz. Hoy me di cuenta que no había hecho el cierre definitivo con ella. No le tengo rencor, es muy extraño que una persona con la que soñaba casarme termine convirtiéndose en un completo extraño. En el apuro por escaparme del departamento que compartíamos me llevé algunos libros, DVDs y accesorios de carreras que le pertenecían. Se lo quise devolver porque el destino ubicó mi departamento a tres cuadras de su trabajo, pero ella se negó a que apareciera por ahí. Y guardé todo eso en un cajón, sabiendo que tarde o temprano se lo iba a tener que llevar.

Ayer hice el trámite para renovar mi DNI, dato que parecería descolgado salvo por el detalle de que hice el cambio de domicilio. Ya no tengo que volver a Colegiales a votar, ni tengo que ver en mi documento mi vieja dirección. Eso pertenece a otra vida. También le escribí a Vicky para asegurarme de que un año después ella sigue viviendo en ese departamento. Me respondió escueta y fríamente, pero era la confirmación que necesitaba para saber que mañana puedo mandarle una moto con sus cosas y que la seguridad en recepción lo va a recibir. La bloqueé del whatsapp y del Facebook, y borré su teléfono de la agenda. ¿Por qué no lo había hecho antes? No tengo idea.

Para mí esto es también un proceso terapéutico. Nunca me quedó nada pendiente por decirle, solo me unía esa promesa de devolverle sus cosas en algún momento. Y surgió hacerlo hoy, después de estar 40 minutos contándole a mi psicóloga todas las cosas que me están pasando internamente. Creo que ya había pasado la última página con Vicky y me faltaba cerrar el libro.

Por supuesto que todos mis mambos actuales no son ese (ojalá lo fueran porque ya tendría todo resuelto). Germán, mi entrenador, me pide constantemente que me focalice, que ponga la cabeza en la Espartatlón. Y realmente lo intento, todo el tiempo. En general no me han faltado ganas de entrenar o de correr. Faltan 12 semanas para la carrera, eso me da como 10 sesiones de terapia antes de viajar a Europa. Podrá ser poco (o mucho), pero espero que me ayude a acomodar las ideas, porque esta ultramaratón no la voy a correr con las piernas, sino con la cabeza.

Semana 39: Día 272: Coaching mental

Hoy decidí volver a terapia. Hice muchísimos años de análisis con la misma psicóloga, y siempre me criticaron no cambiar de profesional. Sinceramente he trabajado tanto con esta persona, que empezar de nuevo sería un retroceso para mí.

En los últimos tiempos estuve escribiendo sobre cuestiones mentales o de motivación. Siento que encontré un hilo conductor en varias repeticiones o compulsiones de mi vida. El running y el gimnasio se mantienen como las actividades que me hacen realmente bien, pero evidentemente me estoy desequilibrando con todo lo demás. No por nada estoy metiendo fondos de 50 km o más, y yendo cada vez más tiempo al gimnasio. Hoy conté 1 hora con 40 minutos desde que empecé la entrada en calor hasta que terminé de elongar después de todos los trabajos de musculación. ¿Es casualidad que paso cada vez más tiempo haciendo actividad física? Yo sospecho que no.

Me di el alta de análisis cuando empecé con Semana 52. Fue dar un salto al vacío, a ver qué pasaba. Sospechaba que este proyecto me iba a hacer bien, y así fue. Recuperé mi autoestima (o la desarrollé), cambié mi alimentación, y aprendí mucho sobre deporte y entrenamiento (cosas que pude aplicar en otros ámbitos de la vida). Cuando empezó mi crisis con mi ex, empezamos terapia de pareja. La terapeuta nos recomendó complementar con un análisis individual, así que llamé a mi antigua psicóloga, y retomamos hasta el día de mi separación. Como abandonaba mi departamento, eso de no tener lugar fijo donde vivir y no seguir compartiendo gastos me obligaba a hacer ajustes, así que dejé terapia.

Pero no siento que en primer lugar hubiese ido porque quería. Lo sentí como una obligación. Creo que podría haber vuelto antes porque me mudé a un departamento y recuperé mi estabilidad económica, pero no sentía la necesidad. Hasta recientemente, que me di cuenta que no estaba acompañando ciertos progresos físicos con lo mental. Me disperso mucho, busco patear las cosas para adelante, y en lo único que me puedo concentrar es en entrenar. Las facetas que tiene eso son infinitas, pero me gustaría explorarlas con un coach mental.

No sé si el psicoanálisis es la solución. Es un intento por hacer algo. He hablado muchas veces de motivación, probablemente sea hora de comprar lo que vendo y ser proactivo. Correr es terapéutico para mí, me sirve para reflexionar mucho, pero siento que necesito poder resolver ciertas cosas en las que me enrosco. Quizá sea una fase, o una forma de reaccionar ante la cercanía de la Espartatlón. No lo sé, pretendo averiguarlo…

Semana 39: Día 269: "Si estás vacío, llenate"

Diego Armando Maradona debe ser la persona más conocida de la Argentina en todo el mundo. Entre las tantas frases que alguna vez dijo, está la de “Si estás vacío, llenate”. Suena arrogante y simplista. De hecho, nunca le di demasiada importancia. Pero diversas cosas me hicieron reflexionar, y terminé llegando hasta esa misma frase. Yo no soy el Diego, pero quizá lo subestimé y ahora me doy cuenta que dio en la tecla.

Hace poco veía una entrevista que Conan O’Brien le hacía al humorista Louis CK, un verdadero genio si los hay. Él criticaba a los celulares, y cómo los usábamos de excusa para no mirar a los ojos a otras personas y no sentir empatía. Hay que desarrollar la habilidad de ser uno mismo sin estar haciendo nada. En la anécdota que contaba, él estaba conduciendo y en la radio sonó “Jungleland”, un melancólico tema de Bruce Springteen. Empezó a sentir tristeza, y generalmente la combatía mandando mensajes por celular (intentando, seguramente, ser gracioso). Pero decidió resistir esa tentación y dejar que lo inundara esa melancolía. Estacionó a un costado y se largó a llorar. Y después se sintió bien, porque no hay nada mejor que enfrentarse a la tristeza para empezar a valorar las cosas buenas de la vida.

“La gente prefiere arriesgar a tomar una vida y arruinar la suya propia porque no quieren estar solos por un segundo”, decía él, buscándole a una explicación de por qué el 100% de las personas envía mensajes de texto mientras maneja. Como las personas no quieren enfrentarse a esa tristeza, la hacen a un lado con algo.

Creo que ese miedo al sentimiento de vacío es, para muchas personas, un motor para hacer cosas. Probablemente no sea el mejor motivador y terminemos tomando pésimas decisiones. Miro hacia atrás en mi vida (no tan lejos, me basta con mirar la semana pasada) y veo muchas situaciones en las que intento llenar un vacío con cualquier cosa: comidas, películas, juegos, relaciones. Y en realidad no lo estaba llenando, sino que me distraía por un instante.

Esos pequeños placeres efímeros nos sirven solo de distracción. Antes de empezar a correr en serio me la pasaba comiendo pan con Mayoliva. También snacks como las Rueditas, alfajores Águila, helado, Pringles… cualquier cosa por un momento de placer en el paladar. Probablemente una de cada tres veces terminara con dolor de panza y un espantoso sentimiento de culpa. Lo mismo hice, en otra escala, con las mujeres. ¿Cuántas veces me enamoré en mi vida? ¿Cuántas veces creí encontrar a la mujer de mi vida? Necesitaría usar los dedos de los pies para poder contar todas esas veces en que sentí que finalmente había encontrado a la persona que había hecho que todas las relaciones previas hubiesen tenido sentido. “Claro”, pensaba, “me estaba preparando para esto“. Mi psicóloga (a la que le debo un llamado), decía que yo estaba enamorado del amor, y no de alguna mujer en particular. En el fondo todas ellas eran intercambiables, el problema era siempre el mismo: yo.

¿Cómo se escapa uno de sus propias trampas? ¿Cómo se llena ese vacío, que Maradona pone como si fuese algo tan fácil? Probablemente utilizando el recurso de Louis CK: enfrentándose al dolor, al miedo, a la soledad. Corriendo aprendí que es cierto que lo que no te mata te hace más fuerte. Enfrentar a los miedos es quitarles poder, así que de tanto en tanto me recuerdo que comerme un paquete de galletitas Cachafaz va a llenarme la panza, pero nada más. Que no estar en pareja puede ser el momento ideal de alcanzar metas personales, y que cubrir un vacío con un ser humano, a la larga, termina lastimándome a mí y a la otra persona.

Hace unos días planteaba una sensación que me inunda últimamente de insatisfacción. Lo relacionaba con el trabajo y con mi departamento, entre otras cosas. Sobre los compromisos laborales, mucho no pude hacer, más que armarme itinerarios e intentar respetarlos. Funcionó bastante bien. Respecto a mi monoambiente, hice la cama, ordené la ropa, barrí, pasé un trapo en los pegotes del piso, lavé la cocina y hasta le pasé un trapo húmedo a las ventanas. Cosas que normalmente haría si recibiera visitas. Por primera vez lo hice para sentirme a gusto con mi espacio, y también funcionó bastante bien (al día de hoy sigue impecable, y no lo ha pisado otro ser humano más que quien escribe).

Podría decir que tengo una parte física bastante resuelta. En una época a todo este mejunje le tenía que sumar una decepción con mi propio cuerpo. Hoy estoy corriendo distancias que hace cuatro años ni siquiera me podía imaginar, descubriendo nuevos ejercicios y aprendiendo, todo el tiempo. En estos últimos tiempos el entrenamiento es lo que me mantuvo a flote anímicamente y me hizo descubrir que era capaz de hacer muchísimas cosas que me planteaba. Correr, y hacerlo en soledad, también se convirtió en un momento de reflexión, de pensar cómo me encuentra la vida y en dónde estoy parado (por más que esté corriendo).

Si estás vacío, llenate. Nadie explica cómo hacerlo, pero al menos creo haber descubierto que es enfrentándose a tu propio vacío en lugar de buscar distracciones.

A %d blogueros les gusta esto: