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Semana 22: Día 150: La Misión Race

Escribo esto mientras espero novedades de mi amigo Mak, un corredor a quien aprecio mucho, con una cabeza muy dura y un gran corazón.

Mak fue uno de mis primeros referentes cuando empecé a correr. Era experimentado, determinado y muy analítico, cualidades que hacen a un buen corredor de ultramaratones. Economista, padre, otra generación. Solo nos unía correr, aunque con el tiempo encontré actitudes de nobleza inherentes en él y no exclusivas del fondismo.

Tenemos más diferencias que puntos en común. Yo creía que al no comer carne estaba salvando a muchas vacas de un penoso destino, pero después me di cuenta que lo que yo salvaba, él terminaba comiéndoselo.

En 2012 fuimos a la Misión juntos. Era la primera vez en esa competencia de montaña de 160 km para ambos. La ceniza volcánica le afectó su asma y yo pensé que no la iba a poder terminar. Pero a pesar de mi preparación y de que yo me creía el vegano más determinado del running, me tuve que bajar. La experiencia fue durísima, la más terrible para mí en una carrera. Sufrí el frío y la lluvia, que combinadas en una montaña sin tremendas. Pero todo por lo que pasé, Mak también lo pasó, y su cabeza lo llevó a la meta.

Este año decidí concentrarme en la Espartatlón y no volver a intentar La Misión. Pero ahí está Mak, corriendo ahora después de varios días en la montaña, y sé que, como en 2012, la va a terminar. Acá estamos esperando noticias todavía.

Y como yo no fui, le regalé mi mochila marca Quechua para que la lleve a la meta. En mi Misión, actual cuenta pendiente, no la pude hacer conocer la gloria de la llegada. Pero yo sentí que dándosela lo ayudaba a tener una mejor carrera. Y él se llevó algo físico de parte de los amigos que lo acompañamos en espíritu. Porque aunque no pudimos irnos hasta allá, Mak nos llevó con él en esta aventura.

Semana 6: Día 38: Mi sueño actualmente

Ok, estoy pensando en la Espartatlón. En poder anotarme y en terminarla. Pero no va por ahí la cosa. Hace poco mi amigo Nico me compartió un video, que a mí me fascinó. Entiendo que esto me pasa a mí porque me gusta correr, porque hace mucho que no participo de una carrera de aventura, y porque esas imágenes me evocaron a muchas experiencias imborrables en mi vida.
El running se convirtió en una excusa para conocer lugares y personas increíbles. Me ayudó a conocerme (porque uno se conoce mejor al estar agotado en medio de la montaña) y a aprender cuáles eran mis límites (y cómo superarlos). Cuando vi este video rememoré los nervios de la salida, el cansancio, los dolores, las imágenes de la naturaleza en el fondo, los pies yendo uno adelante del otro, comer en la marcha, hidratarse, transpirar, cansarse, y recuperar la vida al cruzar la meta. Todas cosas muy difíciles de explicar a quien no lo vivió.
Este video me hizo sentir “yo quiero estar ahí, haciendo eso, ahora mismo”. Me pareció que era una buena oportunidad compartirlo con todos:

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