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3899,24 km en un año

Ha llegado el final de Semana 52. No solo logré todos los objetivos que me había propuesto al comenzar, sino que fui superándolos y encontrando nuevos. Este es mi modo de darle un cierre a este proyecto, lo que no significa que no esté comenzando uno nuevo.

En estas 52 semanas corrí 3900 kilómetros. ¿Es mucho? ¿Poco? Saquen sus propias conclusiones. El primer año en que hice esto, 2011-2012, fueron 2272,09 km. El período 2012-2013 fueron 2598,59 km. En esta última temporada de Semana 52 sumé 1300 km a todo el año. Pero comparado con los entrenamientos que hicieron otros espartatletas, cualquiera podría considerar que me quedé corto. Si lo que valen son los resultados, llegué a la meta y eso es lo único que para mí cuenta.

Durante Septiembre, mes en que corrí el Spartathlon, sumé 415,33 km (por supuesto, más de la mitad fue esta ultramaratón). Al terminarla dije que no volvería a correrla. Hoy escribo esto 4 semanas después, y ya no estoy tan seguro. No siento que tenga una cuenta pendiente, pero hay algo que se abre paso desde el fondo de mi cabeza, una pregunta que dice… “¿Y si intentamos hacerla sin lesionarnos?”. Además dicen que las chances de finalizar el Spartathlon disminuyen cuando uno busca un segundo triunfo. La confianza de haber llegado suele jugar en contra. Pero bueno, estoy tranquilo, sin ansiedad. Esta carrera me dejó hecho una seda.

Me pareció importante escribir esta entrada para darle un broche final a Semana 52. Me emociona releer el primer post y recordar que mi meta máxima en julio de 2010 era llegar a correr 80 km. Me parecía una salvajada. En el Spartathlon llegué a esta distancia y empecé a sentir dolor. Entonces apreté los dientes y corrí 160 km más. En aquel entonces, mientras empezaba entusiasmado y con una actitud positiva desconocida en mí, jamás se me hubiese pasado por la cabeza correr esa distancia. Tampoco hubiese creído que me iba a volver vegano, y mucho menos que iba a aceptar la promesa de no afeitarme durante dos meses después de terminar este sueño (ya voy un mes y no la soporto, por más que me quieren convencer de que me queda bien).

¿Cómo sigue mi vida? Como saben mis más allegados (y adelanté bastante en la entrada en que hacía mi reseña de la carrera), sufrí un desgarro con inflamación que me dejó usando muletas durante casi tres semanas. No pisar con el pie derecho hizo que, al momento de empezar a caminar, me doliera tanto la planta del pie como la lesión, por la falta de costumbre. La recuperación fue lenta pero constante. Al principio lo único que me calmaba era mantener el pie elevado (y los analgésicos, que en Buenos Aires me suspendieron). Ir al baño, o sea poner el pie hacia abajo, era una tortura, porque la sangre bajaba al tibial y al tobillo y el dolor era espantoso. Así que me aguanté bastante esos días.

Caminar, las primeras dos semanas, estaba fuera de discusión. Todo era muletas, de acá para allá. Pero me las arreglé, hice caso, me puse hielo, y de a poco empecé a recuperar la movilidad del pie. Los dedos dejaron de estar adormecidos, y ya no me dolía al tacto. Empecé a levantarme, a pisar, a doblar a la altura del tobillo, y la hinchazón fue bajando. Ayer, sábado, exactamente 4 semanas después de haber terminado la carrera más gloriosa de mi vida, pude correr por primera vez. Fueron 5 minutos. Me sentí poco ágil, con una sensación de acortamiento en el tibial. Pero ahí estaba trotando, después de gritar de dolor por intentar pararme, luego de haber hecho los últimos puestos de asistencia llorando. Fue una sensación maravillosa.

De a poco estoy volviendo, sin que se me pasen todavía por la cabeza compromisos que quiero hacer ya. Me imagino que correré la San Silvestre, porque es una linda tradición. Seguramente haga la Demolition Race de Pinamar, en Diciembre, porque vamos a ir todos los Puma Runners. Pero qué haré en 2015 es un misterio para mí, y me gusta así.

Mi prioridad, desde que regresé de Atenas, fue recuperarme, y estoy a 7 sesiones de kinesiología de lograrlo. En el centro donde me estoy atendiendo me sugirieron empezar a correr de a poco, y los traumatólogos que me atienden se sorprendieron de lo rápido que desapareció la hinchazón y cómo está regresando mi movilidad. Insisto, todo esto es un pequeño precio por haber cumplido el sueño de mi vida, uno que empezó hace tres años.

Alguno hará una observación interesante. Hoy no tengo un sueño de vida. Y para tranquilidad de todos, digo que está bien. Tampoco lo tenía antes de empezar a correr. Creo que mucha gente no lo tiene, o lo que es peor, lo tiene y no hace nada para conseguirlo. Yo aprendí que no importa lo imposible que parezca ese sueño, está en uno salir a buscarlo. Si lo logramos o no podría no ser lo más importante, porque lo que vale es lo que uno incorpora en el camino a conseguirlo. Me animo a decir que salí muy cambiado de todo esto. Estoy relajado, tomándome las cosas con mucha calma, y sobre todo muy feliz conmigo mismo.

Ya llegará, eventualmente, un nuevo sueño. Lamentablemente no habrá blog donde comentarlo, porque de momento Semana 52 es parte de un sueño cumplido, y siento que debería dejarlo atrás y ver qué otras cosas puedo hacer. Voy a seguir teniendo mi twitter, @Semana52.

Nunca imaginé escribir como algo que pudiera despertar emociones en otras personas. Siempre lo tomé como una forma de comprometerme, de estar obligado a mantener la constancia porque iba a tener la mirada de alguien puesta sobre mí. Es algo que todavía me asombra, y es una de las tantas cosas que descubrí haciendo esto. Si inspiré a alguien, fue sin querer, y por eso estoy muy agradecido. Ojalá mi Spartathlon, y estos cuatro años de blog, sean la prueba de que todos somos capaces de lograr lo que soñamos.

Semana 50: Día 347: ¿Por qué Grecia?

No siempre que hacemos algo nos planteamos nuestros motivos. ¿Para qué hacemos las cosas? Todo tiene un sentido, aunque no sepamos cuál es. Como una tarea terapéutica, me puse a pensar qué me está llevando a viajar a Grecia y dejarlo todo por una carrera.

Buscarle el sentido a la Espartatlón tiene dos niveles. El superficial, donde está lo más “obvio”, y uno más interno, que cuesta ver o aceptar.

Por un lado es una meta, un objetivo. Lo que me enriquece es el camino y no la llegada.

La experiencia me va a hacer bien, voy a salir más sabio. Ese aprendizaje es independiente de si finalizo o no.

Reafirma mi autoconfianza, porque correr 246 km (en 36 horas) es algo que la mayoría de la gente cree que es imposible de hacer.

También hay una cuestión de ego, porque busco demostrar que puedo conquistar lo imposible (si usted cree que esto también tiene que ver con cómo me relaciono con las mujeres, quizás esté en lo cierto).

Sirve para cerrar un círculo de sinergia con Germán, mi entrenador. Desde que empecé con Semana 52 y le dije que quería entrenar en forma comprometida, él siempre me apoyó. De hecho estuvo ahí desde mucho antes, cuando hice mi primera carrera y corrí 7 km (distancia que yo subestimaba). Hoy estoy yendo al otro extremo, el pico máximo, y es una metáfora de lo que creció nuestra amistad.

Siento que merezco hacer esta carrera y terminarla. Hay una cierta presión (autoimpuesta, aclaro) de llegar a la meta, por toda la gente que me apoyó, desde mi familia hasta mis amigos, incluyéndote a vos, quien estás leyendo estas líneas.

Además me gusta correr, y este es el cierre del año (y quizá de una etapa en mi vida).

Es la lección definitiva, el examen final en coraje y compromiso.

La Espartatlón no tiene premios en metálico (aunque para aspirar a algo así habría que tener un nivel como para hacer podio). Hay un cuenco lleno de agua, una corona de laureles y una medalla en la meta. Pero claro, es MUCHO más que eso. Es un objetivo de vida, una anécdota para contarle a los nietos, una lección para cualquiera que crea que no es un incapaz.

Hace muchos años yo viajaba en el tren camino a Constitución. Bajo una lluvia torrencial, en el Velódromo de Escalada, un corredor entrenaba absolutamente solo. A esa distancia y bajo ese diluvio era imposible verle los rasgos de la cara, pero yo imaginé que esa persona, en ese instante, era realmente feliz. En ese momento yo creí que era imposible tener ese nivel de compromiso, y hasta me lamenté no poder ser como él.

A lo que voy es que también corro la Espartatlón por la persona que era en aquel entonces y las que hoy piensan que las proezas físicas solo las logran los que vienen de otro planeta. En verdad esa persona que fui pensaba que comer sano y correr ultramaratones era algo absolutamente imposible. Quizá vos también creas lo mismo. Y corriendo esta carrera podría demostrarme (y demostrarte) que no importa cuán lejanas parezcan las cosas. Si uno de verdad siente la necesidad de hacerlo, nada es inalcanzable.

Todo esto lo aprendí antes de viajar a Grecia. Sería muy lindo viajar y llegar a la meta. Sería el broche de oro a este este aprendizaje: más allá de lo inseguro que te sientas, qué tan sedentario seas o lo mal que te alimentes, nunca es tarde para incorporar el hábito del esfuerzo, la determinación y la paciencia.

Semana 46: Día 316: Coleccionando momentos

Yo fui un niño en diciembre de 1989. Estaba cumpliendo 12 años, y en el cine estrenaban Batman, de Tim Burton, una versión oscura y adulta que me arrastraría inevitablemente a leer y coleccionar cómics. Las historietas me atraían, pero nunca me había planteado coleccionarlas. Recuerdo cuando mi abuela me compró mi primer ejemplar (Batman y los Outsiders #2) y cómo esa revista que salía cada 21 días fue el principio de una colección que ganó más y más terreno.

Compré todo lo que podía, yéndome a comer a la casa de la abuela de Hernán, mi mejor amigo y compañero de banco. La plata que me daba mi papá para el almuerzo la gastaba yendo al centro a comprar historietas, en una época donde había paridad entre el peso y el dólar. Compraba en inglés y también las ediciones españolas de Zinco, editorial que desembarcaba en nuestro país con precios de saldo. A veces me obsesionaba con completar alguna serie y me iba a alguna comiquería a realizar búsquedas de tesoros. Una vez conseguí en el Parque Rivadavia unos muñecos de los Superamigos por 5 pesos (incluso en aquel entonces era muy poco dinero para un invaluable objeto del pasado).

Fui coleccionista durante 10 años. Me especialicé en Superman, no me pregunten por qué porque siempre me gustó más Batman. Adquirí algunos muñecos, que para ser más sofisticado le llamaré “action figures”. Cada semana tenía alguna novedad, y me devoraba cada página, cada cuadrito. Me convertí en un acumulador, hasta que en el año 2000 empezó a sentirse la crisis, corté con mis subscripciones y de un día para el otro, dejé de coleccionar.

Mis miles de revistas quedaron en bolsas o cajas en la casa de mis padres. Cuando me dediqué al diseño gráfico me terminé volcando hacia la edición de historietas. Al principio editaba autores locales, hasta que a fines de 2010 empecé a trabajar editando Marvel para el emprendimiento de un amigo. Si bien de lo que más sabía era de DC Comics, no me costó adaptarme a la “competencia”. De vez en cuando compraba algún que otro libro, como para llenar la biblioteca más que para leer, y por supuesto que conforme editábamos material de Marvel, cada publicación era guardada.

Uno creería que este romance entre las historietas y yo duraría toda la vida, pero lo cierto es que dejé de considerarme coleccionista en el año 2000. Todo lo que vino después fue un poco inercia… parte del perfil de acumulador. Cierto día empecé a correr. Fue de a poco, cada vez con más compromiso y entusiasmo. Y estos dos eventos, haber sido coleccionista y ser corredor, pareciera que no están relacionados en lo absoluto, pero todo tomó relevancia hace una semana.

Cuando empecé a progresar y a fijarme metas más altas, terminé inscribiéndome en la Espartatlón, la carrera a pie más dura del mundo. Hacer deporte, cambiar mis hábitos… eso se volvió una pasión más real que coleccionar objetos. Se me ocurrió que podía conseguir un sponsor, y resultó ser más difícil de lo que creía. Si bien a muchos les parecía muy interesante el proyecto, era difícil verle la veta comercial. Llegué a pensar en juntar fondos a través del crowdfunding, pero estos emprendimientos requieren que uno otorgue algo a cambio de las donaciones. ¿Qué podía ofrecer yo? ¿Si donás $500 salgo a correr con vos? No le encontré la vuelta, y solo pude atinar a pedirle plata a familiares y amigos que quisieran colaborar.

Pero claro, estaba bastante lejos de poder cumplir mi primer objetivo, que era viajar con un equipo de asistencia. No tengo idea cómo se me ocurrió poner algunos objetos a la venta. Ya había hablado con un amigo que se dedica a la compra/venta por ciertas cosas puntuales que sabía eran valiosas pero que no me interesaban demasiado. Le empecé a dar vueltas al tema y publiqué un par de cosas en Mercadolibre. Descubrí que la repercusión estaba en Facebook, así que armé una carpeta pública a la que le empecé a meter fotos de libros y muñecos a precios bajísimos. La respuesta fue inmediata. Oleadas de coleccionistas empezaron a realizar lo que llamé el “comiccidio”. Muchos se conmovían con mi historia de estar rematando mi colección para correr en Grecia. Otros venían a llevarse lo que habían comprado con mucha cara de culpa. Alguno hasta me pidió perdón.

¿Cómo explicarles que un momento en Grecia vale más que cualquier cosa material? No debo haber vendido ni un cuarto de mi colección y ya cubrí el costo de un pasaje y estoy camino a cubrir el segundo (ayudó que Aerolíneas Argentinas, si bien no quiso ser sponsor, me ofreció un enorme descuento en el precio final).

Para mí esto se convirtió en el mejor secreto guardado. Jamás me hubiese imaginado que esa colección que estaba estancada y que solo cunplía requisitos estéticos me iba a servir de financiamiento. Además me encanta cómo suena la historia: “Corredor vende su colección de cómics para financiarse una carrera en Grecia”.

Nada de lo que abandonó las estanterías de la biblioteca es irremplazable. Ni siquiera le puse valor “de mercado” a las cosas, simplemente establecí precios muy económicos para que se vaya todo rápido. Y funcionó. Descubrí que mi colección era un comodity. Esos muñecos de los Superamigos que pagué los cinco por $25 hace una década, hoy se lo llevaron por más de 50 veces ese valor. ¿Hay otra actividad que tenga tanto rédito a lo largo de los años? Porque encima me han dicho que lo vendí barato…

Me hubiese gustado que me represente una marca, pero ahora me doy cuenta que prefiero las cosas tal y como se dieron. Objetos casi olvidados de mi pasado terminan de darle forma a este sueño. Voy a tener la carrera que quise, junto a la gente que quiero asistiéndome. No podría haberlo planificado mejor.

Semana 45: Día 312: Sigo acá

Hoy cumplí el récord de 6 días sin actualizar el blog. Reconozco que antes tenía otro entusiasmo, actualizando desde el teléfono o acercándome a un cyber. Mis excusas son buenas, en verdad, porque estuve en Pinamar con los Puma Runners, para tomarnos un merecido descanso antes de la Adventure Race Pinamar. Además todo el tiempo estábamos haciendo algo, como compras en el supermercado, juegos de voley en la playa (donde me bautizaron Stevie Wonder) y algunas sesiones del Daytona en los fichines, donde en lugar de dedicarme a salir primero me esmeraba por chocar a todos los autos de mis compañeros.

Mañana me voy a tomar esa hora que requiere hacer la crónica de la carrera, una que resultó bastante especial. Lo más fuerte de este fin de semana que me tomé fue una charla improvisada con los chicos, en donde algunos planteamos nuestros objetivos para lo que resta del año. Ya habíamos hecho algo parecido el 1º de enero, en donde hicimos una ronda y contamos qué cosas queríamos lograr en 2014 y en qué nos comprometíamos con el grupo.

Cuando me tocó hablar, no llegué a decir todo lo que quería. En realidad interrumpí el turno de Nico para decir lo orgulloso que estaba de él, de sus logros. Cómo pasó de ser un eventual contacto de Facebook con un origen netamente laboral a engancharse con este blog, a inspirarse para empezar a correr, y a convertirse en menos de un año en un ultramaratonista. Que haya cosas contagiosas en mis propias experiencias es algo que nunca deja de conmoverme.

Por eso terminé abusando de la paciencia de mis compañeros y pedí volver a hablar para decir puntualmente mis objetivos personales y grupales para este año. Lo que me salió fue espontáneo y probablemente no pueda transmitirlo del todo, pero quise aclarar algo que no me gusta. A veces mi amigo George me dice que soy de otro planeta, término que reservamos para seres como Killian Jornet o Scott Jurek. Yo le aclaro que soy del mismo planeta que él. En un rapto de sincericidio confesé que yo me preocupaba mucho por ser mejor que los demás. Cuando terminábamos una carrera yo quería ser el primero del grupo. Me obsesionaba con los tiempos, con lograr mucha distancia con mis conocidos, y mucha mierda orgullosa que no sirve para nada. Con el correr del tiempo me fui dando cuenta de que había algo más, porque yo no disfrutaba correr. Eso quizá le sorprenda a muchos, yo de adolescente odiaba el running, y ni siquiera cuando empecé e hice mi primera carrera de aventura en Pinamar me gustaba todo esto que estoy haciendo. Entrenaba unos meses y abandonaba. Tenía pésimas costumbras alimenticias. No descansaba. Una prueba de que correr solamente no alcanza.

Cuando empecé con el blog, las cosas se fueron acomodando. En verdad, creo que nunca terminan de acomodarse porque uno nunca termina de aprender. Inspirado por Germán, mi entrenador, fui soltándome, buscando algo más. Ahora me di cuenta de que sin quererlo, mucha gente se identificó con algo del blog. Como fue el caso de Nico, hubo quienes empezaron a correr o decidieron comer más sano, ya sea intentando bajar el consumo de azúcar, incorporando jugos naturales o guardando el agua en botellas de vidrio en lugar de plástico. Cosas que no impuse, simplemente se incorporaron por ósmosis. Eso fue un primer paso. Este año me propuse, en aquella charla del 1º de enero, a acompañar más a mis amigos en sus carreras, y lo cumplí en muchísimas ocasiones.

El objetivo personal de lo que queda del año obviamente sigue siendo la Espartatlón y mantener el compromiso de entrenar y cuidarme para llegar lo mejor posible. El objetivo grupal será estar, ayudar y acompañar. Me dediqué a ofrecerme y correr en equipo durante todo 2014, así que en lo que resta aclaré que estoy a disposición de quien quiera. Me gusta volcar mi experiencia y ser el motivador durante una competencia. Ahora quiero que ellos me pidan a mí acompañar. Me haría realmente feliz que me lo pidan, porque hasta ahora siempre fui yo quien fue ofreciéndose. Y si alguien que soportó estos seis días de ausencia de este blog sin pensar que ya me había retirado, y quiere contar con mi compañía (aunque no nos conozcamos en persona), también estoy dispuesto. Tengo un único objetivo de tiempos personales que es la Espartatlón. Después quiero que las carreras tengan un significado más profundo. Ya no corro contra el reloj ni contra nadie en particular. Ahora quiero correr a favor. Espero que alguien tome ese ofrecimiento y lo aproveche. A mí me han acompañado en el pasado y reconozco el poder que tiene apoyarse en alguien.

Intentaré cubrir los huecos de los días previos. Todavía tengo que pasar el reporte de todo lo que corrí en julio, algo que solía hacer el primer día de cada mes. Y, por supuesto, la crónica de la Adventure Race, que fue muy divertida y contó con una sorpresa que la hizo diferente a otros años. Espero acomodarme para hacerlo mañana…

Semana 15: Día 105: Respondiendo mis dudas

Comencé a escribir este blog el 17 de agosto de 2010. Mi idea era empezar a entrenar en serio, con una dieta saludable, el 1º de septiembre… pero no pude con mi ansiedad, y empecé antes, como para ir calentando motores. Pasaron más de tres años, algo así como 41 meses, y en ese período escribí 1170 posts (este es el 1171). La idea se me ocurrió ese mismo mes, probablemente si la hubiera tenido antes, el comienzo de Semana 52 hubiese sido el 1º de agosto…
Antes de empezar tenía montones de dudas. Porque mi idea era aguantar un año y después volver a mi rutina habitual (estar tirado en la compu, comiendo pan con mayoliva). El mundo se divide entre los que se preguntan cuánto falta para terminar y los que miran atrás y ven todo lo que recorrieron. Quiero ser la segunda clase de persona, y hoy me dio por repasar las cosas que pude aprender gracias a escribir este blog.

¿A alguien le va a interesar?
Aunque me avergüence admitirlo, me preocupaba si iba a superar al círculo de amigos y familiares. El primer día empecé con unas 20 visitas, pero no tenía ni idea de qué clase de impacto podía tener por fuera. Lo curioso es que encontré una base de 400 personas estables que pasean por este blog, número que se triplica cuando hago una reseña de una carrera. Solo comento las que me tienen como participante. Evidentemente podría aumentar el tráfico de Semana 52 mencionado a cada una de las que se realizan en Argentina, pero de pensarlo me da mucha fiaca.

¿Voy a aguantar un año?
Mi GRAN duda era cuánto iba a durar. La meta de 52 semanas me daba bastante flexibilidad, pero nunca había intentado un cambio que hubiese sostenido, a excepción de mi vegetarianismo. Años antes de abandonar la carne, cuando me enteré cómo se hacía el salame, me dio mucho asco y juré no volver a comerlo. Aguanté unos 10 días. Había escuchado que comer seis veces por día mejoraba el funcionamiento digestivo y que era el mejor camino para quemar las reservas de grasa. Lo hice un día y medio. Ni siquiera era constante con mi grupo de entrenamiento, ausentándome constantemente, a veces durante meses. Conociéndome, era el que menos confiaba en sostener este proyecto. Pero pude, probablemente porque lo convertí en un estilo de vida.

¿Podré llegar a correr una maratón?
¡Realmente me preguntaba eso! Está ahí, en la primerísima entrada del blog. Me parecía algo muy lejano, como que hoy me proponga, no sé, correr la Espartatlón. Lo tiré como un objetivo real, pero en mi cabeza era absolutamente lejano. No me sentía preparado, y creía que someterse a una distancia de 42 km era demoledor. Y a los dos meses de escribir eso, corrí mi primera maratón en 4 horas 6 minutos. Fue una de las experiencias más gratificantes de mi vida. Y volví a correr más maratones, la última en 3 horas 3 minutos. Actualmente llevo cinco en mi haber, más incontables entrenamientos donde hice el equivalente a eso, y más.

¿Podré correr 80 km?
Ese era mi sueño secreto. La meta más allá de la meta. La locura. En aquel primer post me preguntaba si podría hacer La Misión, pero en mi cabeza no pensaba en la de 160 km. Eso me parecía absolutamente imposible. En realidad tenía en la cabeza a la Half. Tan guardado lo tenía que en una época “llegara80km” era mi contraseña. Participé de La Misión en 2012, y abandoné en el km 112 (bueno, bastante más que lo que me había propuesto al empezar). Igual es una cuenta pendiente. Hice otras carreras todavía más largas, como la Patagonia Run o la Ultra Buenos Aires, ambas de 100 km (y este año quiero repetirlas).

¿Se puede ganar masa muscular siendo vegetariano?
Casi no tenía dudas sobre esto, pero me intrigaba. Yo consumía “proteínas” de la leche y los huevos. De hecho no me gustaban los lácteos, y mi nutricionista me obligó a incorporarlos a mi dieta, a punta de pistola. Puse “proteínas” entre comillas porque yo también creía, en esa época, que solo se podía obtener de los alimentos de origen animal. La cuestión fue que sí, podía ganar masa muscular, pero cuando empecé a aumentar el entrenamiento, quemaba mucho músculo y además de bajar grasas perdía mi ya de por sí pobre musculatura. Con ciertos tips nutricionales y constancia en el gimnasio, comprobé que ni siquiera necesitaba suplementos (como la creatina, por ejemplo).

¿Se puede ganar masa muscular siendo vegano?
Esta es una duda más reciente. Cuando me enteré de las investigaciones que desaconsejaban el consumo de proteína animal, quise hacerme vegano, y empecé el 1º de octubre de 2012. Había leído bastante para esa época y me había cruzado con la historia de otros atletas veganos, como Scott Jurek. Decidí intentarlo, a pesar de que mucha gente aún me insiste en que si no como carne o alimentos de origen animal, no voy a poder con toda la exigencia física a la que me someto. Resulta que estoy en mi pico de masa muscular, jamás, ni siquiera cuando comía carne o derivados lácteos, tuve el físico que tengo. No tiene solo que ver con lo que como, sino con el entrenamiento. Pero evidentemente la proteína vegetal funciona tan bien como la animal.

¿Alcanzaré la musculatura que deseo?
Lamentablemente nunca pude aclarar esta duda. No recuerdo ahora con qué soñaba hace tantos meses atrás. Creo que en mi infantil imaginación creía que iba a tener el físico de Spider-Man, pero me tenía que decantar por una cosa: correr o ganar músculo. El truco, aprendí después, es encontrar el equilibrio. Sin embargo, aunque estoy contento con mis resultados y me doy cuenta que el camino al cuerpo ideal (sin suplementos o químicos) lleva muchos meses. Quizás años. Yo no alcancé la musculatura que deseo. Probablemente el inconformismo sea el motor que me impulsa a seguir. ¿Quiero estar conforme? (una nueva duda) Por ahí eso solo me lleve a ponerle un punto final a mi deseo y terminar para siempre de entrenar. No me veo trabajando para “mantenerme”. Lo que me moviliza es progresar. Así que quizás alcance alguna vez el físico que quiero, pero sé que todavía no llegué a eso.

¿Cuándo terminará todo esto?
Esta es otra gran duda. ¿Hasta cuándo voy a correr? Porque el objetivo de pasar 52 semanas lo logré. Tres veces. ¿Correré para toda la vida? ¿Me conformaré con participar de la Espartatlón para darle un punto final? Si este año no me permiten inscribirme en la madre de todas las carreras, ¿continuaré con el 2015 como meta? La verdad es que no tengo idea. Está bueno ponerse metas, pero también vivir el día a día, estar conectado con el presente. A veces me pregunto cómo sería mi vida sin la “obligación” de reportarme en el blog. Probablemente desperdiciaría esos momentos trabajando. Por ahora, no he encontrado la respuesta…

Semana 1: Día 7: Balance del año que pasó

Corriendo_en_Grecia
Muchas, muchas cosas pasaron durante la tercera temporada de Semana 52. No quise dejar que pasara mucho tiempo antes de hacer un balance, pero para eso necesitaba tiempo, y estos días han sido muy complicados a nivel laboral.
Huelga decir que este ha sido mi mejor año. O sea, el que empezó en la Espartatlón 2012 y terminó en la Espartatlón 2013. Así se miden los años en este blog.
Es raro que esté diciendo esto cuando también la pasé muy mal. Mi separación, básicamente, fue el punto más bajo de mis últimos tiempos. No ese día puntual, sino los que lo antecedieron. Pero crisis significa oportunidad, o al menos se escriben parecido en los ideogramas chinos, así que puedo decir que salí a flote. Las cosas hay que analizarlas en perspectiva, y en ese momento sentía que estaba más o menos en situación de calle, pero ahora entiendo que fue parte de un proceso que me llevó a estar donde estoy hoy. Y me gusta este lugar.
Esta temporada significó un cambio sustancial en mi alimentación, que fue el veganismo. Aprendí muchas cosas, pero la más importante es la de la previsión: hacerme mi propia comida, consumir más vegetales, ir preparado a las reuniones. También incoproré el tema de los jugos, y aunque a muchos les sorprende mi dedicación de lavar la máquina cada vez que la uso, para mí es lo más normal del mundo (tomo al menos dos vasos por día). Este tema llegó a ser motivo de roce en mi pareja, pero ya está incorporado, así que sé que no va a ser problemático. Quien me conozca hoy sabe que esto es parte de mí.
Sin dudas tuve las mejores carreras de mi vida. Empezando por los 100 km de la Ultra Buenos Aires, una experiencia tan deseada y tan emocionante que me largué a llorar al cruzar la meta, en 10 horas con 14 minutos. Supongo que me pasará algo parecido cuando esté en la Espartatlón. También hice mi media maratón más rápida, y terminé el ultratrail de Yaboty en noveno lugar, compartiendo varios kilómetros del principio con el puntero. Como si fuera poco, en Misiones hice nuevos amigos, y superé mi miedo de viajar solo.
La temporada empezó en un viaje por Europa, y lamentablemente no pude volver dentro de esas 52 semanas, pero hice un improvisado viaje a Río con mis amigos de los Puma Runners, algo que ya recuerdo con mucha nostalgia y cariño. Ahí también hice una maratón por las calles cariocas, algo que ni me imaginaba un mes antes.
Probablemente este año haya sido el de los impulsos, tanto para buscar la felicidad como para cumplir metas y objetivos. Volví al gimnasio y logré la masa muscular más alta de mi vida, confirmando que el veganismo no es un problema. Miro hacia atrás y confirmo que hay que escucharse a uno mismo y no dudar. Lanzarse, vencer los miedos. Nadie nos conoce como nostros mismos. Nadie nos puede dar un mejor consejo que nuestra propia cabeza.

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