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Semana 31: Día 214: Soy el número 183

“¡Buena suerte, número 183!”, escribió Nikolaos Petalas en mi muro de Facebook.

Su nombre delata su origen helénico. Es mi héroe griego, a quien recurrí en cada obstáculo que tuve para inscribirme en la próxima edición de la Espartatlón. Le encanta esta carrera y se nota su voluntad de ayudar, aunque cree que ciertas cosas de la mítica competencia se tendrían que actualizar. Desde adentro, y por puro altruismo, orienta a los corredores y hace de vínculo entre ellos y la organización.

Esto era el final de la gran odisea, pero a la vez es también el principio. Uno no está oficialmente inscripto hasta que no se le asigna un número de corredor. Y para llegar a eso tuve que preclasificar, y después estar en el momento justo llenando la ficha de preinscripción. Y luego de ser aceptado, llenar ooootra ficha y pagar 450 euros. Para cada situación tuve algún percance, y Nikolaos me aseguraba que era mala suerte (sé de otros atletas argentinos que no tuvieron ningún problema).

Hoy me llegó este alivio inmenso, a través de ese mensajito en inglés.

“¿No te habías dado cuenta?”, me preguntó, luego de que le dije que aquella era la mejor noticia del año. Y la verdad es que venía revisando el listado en la web, donde jamás aparecía. Faltan 16 días para que se cierre la lista, y aunque es bastante, siento que entré justito. De momento somos 9 argentinos confirmados, y por las dificultades para hacerse de moneda extranjera y girarla al exterior, muchos de ellos consiguieron una excepción para poder pagar los costos estando en Atenas. En mi caso lo pude resolver con la cuenta bancaria de un amigo en el exterior.

Me gusta el 183. Es múltiplo de 3, y esos son números que me gustan. No sé por qué, un día decidí que todos los múltiplos de 3 iban a ser mis favoritos, y cada vez que tuve que optar, los elegí, como en los molinetes del subte. No creo que esto sea una señal ni nada por el estilo, es simplemente casualidad. La suerte no tiene nada que ver con esto, solo el trabajo duro, la constancia y estar en el lugar justo en el momento indicado.

Ahora sí, estoy definitivamente adentro. En 150 días me verán corriendo con el dorsal 183 enganchado en mi remera o en el pantalón, y junto a otros 400 corredores intentaré cumplir el sueño de llegar hasta Esparta corriendo. Cada vez estoy más cerca.

Semana 30: Día 207: Las trabas para llegar a Esparta (o para no llegar)

La Espartatlón es una de las carreras más difíciles del mundo. Pero no me refiero al desafío titánico de correr 36 horas, casi exclusivamente en asfalto, por lomas que te comen las piernas y luchando contra el agotamiento. Me refiero a la inscripción.

Como comenté varias veces, en mi primer intento por inscribirme pregunté si podía hacerlo sin cumplir los requisitos de pre-aprobación. Me dijeron “¡Pero ya está inscripto y su número de corredor es XX!”, porque me habían confundido con un mexicano de apellido Casanovas. Tardé varios meses en darme cuenta del error. Rogué porque reconocieran que el problema era de ellos y no mío, pero los griegos son tercos y no dieron el brazo a torcer. Inventamos la Ultra Buenos Aires 100K para cumplir al menos ese requisito (dos semanas después de volver de la Patagonia Run, y comentiendo todos los errores de principiante que pude). Luego de mi fallido intento, prometí reintentar al año siguiente.

En 2013 corrí esa dichosa ultra y llegué en menos de 10 horas y media. Al lunes siguiente fui a la compu a inscribirme, solo para ver que no quedaban cupos y que habían cerrado la lista de espera. Ok, ESPERARÉ OTRO AÑO MÁS…

Esta vez no quise dejar nada librado al azar. Me senté frente a la computadora, mirando fijamente el reloj para estar llenando mi solicitud en el minuto cero que abriesen las inscripciones. Pero le calculé mal al huso horario y en lugar de completar la ficha online al instante de que la habilitaron, lo hice 45 minutos después. A dos horas de iniciarse la inscripción, cubrieron los cupos y empezaron con la lista de espera. Esta vez les había ganado.

O eso creía. El formulario no adjuntó mis archivos donde demostraba que había corrido 10:14 hs en 2013, así que ni me tuvieron en cuenta. Pasaban las semanas y cuando vi que le habían confirmado hasta el último, sufrí. Empecé a averiguar, a preguntar, a molestar… se destapó que había un error en la programación de la web y terminé mandando mis adjuntos al Facebook personal de uno de los organizadores. A los pocos días, me confirmaron que me aceptaban.

Pero la historia no termina ahí. Porque para quedar fehacientemente inscripto hay que pagar 450 euros. Yo soy un afortunado porque pude cobrar un trabajo que hice afuera y le di el dinero a un amigo que tiene cuenta en España para que haga la transferencia. Fantástico. Lo hizo, me mandó el comprobante y se lo reenvié a la organización. El que no paga antes del 15 de mayo, pierde su lugar y entra alguno de la extensa lista de espera.

Pasaban las semanas, y yo no tenía noticias de mi inscripción. Preocupado, empecé a preguntar. Me pedían paciencia, la lista la actualizaban cada 2 semanas… pero yo seguía sin aparecer. Finalmente me confirmaron mi temor: no tenían registros del pago. Atribuyo la confusión a que el dinero llegó de una cuenta que no era mía, por lo que no lo asociaban conmigo. Tampoco había llenado una ficha (otra más) con los datos de mi equipo de acompañantes. Insistí, por supuesto, aclaré todo, y ahí sí me aseguraron que todo estaba en orden.

Dicen que hay que luchar por lo que uno quiere. Yo todavía no puedo creer las vueltas que estoy dando solo para estar inscripto… Poner un pie en la línea de largada podría ser más difícil que realizar la carrera misma…

Semana 25: Día 172: ¿Cuánto cuesta ir a la Espartatlón?

La Espartatlón (Esparta+Atenas+Londres, en honor a los británicos que la crearon) es una carrera económica, si se tiene en cuenta que en su costo de inscripción está incluido el hospedaje en la Villa Olímpica (del miércoles anterior a la prueba al lunes siguiente, junto con todas las comidas), y la asistencia en los 75 puestos de control. La logística de una prueba así, independientemente de que la participación está acotada a 380 corredores, es monstruosa, y dudo que haya un interés netamente monetario para realizarla.

Pero claro, no es económica para un atleta de Sudamérica, o de puntos alejados del mundo.

Los griegos  la tienen más fácil, ya que se pueden desentender del tema del traslado, del idioma y, quizá, de hospedaje. No están pasando por un buen momento en su propio país, y seguramente esta carrera sea solo para los helénicos con mayor poder adquisitivo. Ser locales les debe jugar a favor, porque conocen el terreno y pueden entrenar cuando quieran. No por nada el récord mundial de la Espartatlón es de Yiannis Kouros en 20 horas con 25 minutos (él es, además, el único cuádruple campeón de esta competencia bestial). La inscripción, para ellos, tiene un costo mucho más bajo por ser organizadores, menos de la mitad que para el resto del mundo.

Los alemanes y japoneses, junto a los griegos, son los otros países que tienen un cupo máximo de inscriptos: 40 corredores. No casualmente son gente de alto poder adquisitivo y buen pasar económico. Esto les permite participar de cualquier carrera que se les antoje, así que no les deberían preocupar los costos.

Los argentinos, en cambio, la tenemos bastante más complicada. Nunca tuvimos una relación favorable con el Euro, moneda que nació casi en simultáneo con el fin del infame “1 a 1” entre el peso y el dólar. Actualmente la cotización oficial establece que 1 euro equivale a 11 pesos. Si bien para un griego una inscripción de 450 euros no significa lo que para nosotros sería desembolsar 450 pesos, la conversión hace que el precio se dispare para nosotros: casi 5 mil pesos. Si realizamos una transferencia internacional supongo que ese sería el costo oficial, ya que no puede pagarse con tarjeta. Por la situación económica y bancaria de la Argentina, tengo entendido que el año pasado la organización hizo una excepción con nuestro país y permitió que esto se abonase en efectivo allá (el límite para no perder el lugar es pagar el 15 de mayo).

Después de haber pagado la inscripción, deberíamos preocuparnos por los pasajes aéreos. La opción más barata, a mi juicio, es comprar un pasaje a Madrid y luego un vuelo “low cost” a Atenas. No existen servicios directos, y las conexiones son más costosas que haciéndolo así. De paso uno puede pasear un poco por esta hermosa ciudad. En mi caso quizá lo haga vía Roma, para poder visitar a los Casanova que viven en Italia. Suponiendo que elija esta última opción, la ida sería en temporada alta, lo que tampoco lo haría demasiado barato. Supongamos que salimos el jueves 18 de septiembre (la carrera es el viernes 26) y tengamos el regreso el jueves 2 de octubre (no viajar en fin de semana o en lunes abarata los costos) tenemos un vuelo directo en Aerolíneas Argentinas por $18.263, que ya incluye el recargo del 35% al turismo. Esto equivaldría a 1660 euros, cotización oficial.

Pero esto no nos pone todavía en Atenas. El vuelo low cost más barato, después de visitar a Rocco y Ana María Casanova, sería de $1171,20, más el 35% de recargo al turismo y compras con tarjeta al exterior termina quedando en $1581,12, o 143 euros.

En Atenas vamos a necesitar alquilar un auto. Si bien hay transporte público muy accesible y no demasiado caro desde el aeropuerto, a partir del kilómetro 81 puedo tener asistencia de un equipo acreditado… debería decir que “necesito” asistencia… Es lo que diferencia a los corredores que logran terminar la Espartatlón de los que la tienen que abandonar. En promedio el alquiler de un coche está en 200 euros, o 2200 pesos.

Ahora que mencioné al equipo, considerando que los necesito para dos tercios de la carrera, que podría transformarse en 24 horas… ¿de cuántos debería ser? ¿Aguantarían dos personas estar un día entero yendo de acá para allá, en un auto alquilado? Yo creo que no, que lo mejor sería dividirlo en turnos. ¿De cuánto? Ocho horas me parece lo ideal, lo que arroja que necesitaría a seis personas, a menos que se vayan rotando mientras van descansando. ¡Quizá lo que haga falta sería una casa rodante en lugar de un automóvil! Eso sin duda influiría en el costo. Pero supongamos que lo cerramos en seis personas. Los costos de pasajes se multiplican por ese número, o sea que estamos hablando de $138.908,84, solo de pasajes.

Hospedaje para estos pobres santos que se encargarán de que durante 24 horas coma y beba lo necesario, como así también que no me caiga anímicamente y pueda terminar la competencia. Por unos 20 euros uno podría acomodar a su equipo en la Villa Olímpica, y hay hostels con un costo similar si nos quedamos fuera del período establecido por la organización. Para 12 días hablamos de $21.384 como barato, más los 6 días que no tengo cubiertos por mi inscripción a la Espartatlón, el costo asciende a $23.166.

Sumémosle ahora las comidas y traslados, porque aunque hayamos alquilado un coche, somos al menos 7 personas. Entre comer afuera (que no es lo más barato) y comprar en supermercado, podemos hacer un estimativo de unos 20 euros diarios. Aunque yo tenga las comidas de la Villa Olímpica por seis días, difícilmente sea vegana o integral, así que me sumo en ese costo extra. Redondeando, calculando el recargo al turismo, para siete personas, hablamos de unos $25 mil extra.

A efectos de cerrar en un número que no sea tan monstruoso, voy a dejar gastos paralelos, como el equipo y elementos de carrera (zapatillas, medias, calzas, anteojos de sol, gorro, protector solar, comida de marcha). En total estamos hablando de un piso de $194.300 pesos, o 13.080 euros tarjeta. Por supuesto que esto es el dinero que necesitamos reunir entre varios, no solo yo. Se va cerrando el concepto de que sí o sí necesito tener uno o varios sponsors que nos ayuden a afrontar todos estos costos. Hay algunas puntas, una presentación que hice (y que sigo puliendo), y poquísimo tiempo para que circule.

El “pitch” del proyecto es simple: este no es un sueño personal, sino algo compartido. Somos varios los que queremos llevar esto de “cualquiera con determinación y paciencia puede cumplir sus metas” a un plano real. ¿Es difícil? Muchísimo. ¿Se puede hacer? Claro que sí. Hay que buscarle la vuelta…

Semana 19: Día 128: Noticias de Grecia

“Querido Atleta,

Estamos encantados de anunciarle que su pedido de participación a la carrera SPARTATHLON 2014 race está inicialmente aceptada.
Le recordamos que de acuerdo al REGLAMENTO/PREREQUISITOS, debe completar el ‘FORMULARIO DE INSCRIPCIÓN’ y enviarlo dentro del siguiente enlace:…”

Mi corazón se salteó un latido.

Estoy adentro.

¡¡¡ESTOY ADENTRO!!!

Un par de lágrimas rodaron por mis mejillas.

Entonces, me di cuenta.

“La puta madre, ahora voy a tener que correrla…”.

Semana 18: Día 126: Esperando el milagro espartano…

Hola. Mi nombre es Martín Casanova. Me gusta correr y soy una persona caprichosa. Yo lo sé, probablemente algunas personas crean que no me doy cuenta de que doy rienda suelta a mis caprichos, pero nadie lo sabe mejor que yo. Se me metió en la cabeza correr la Espartatlón, que en mi mente infantil es la carrera más difícil del mundo. Me resultaba increíblemente lejana cuando lo decidí, y hoy, tres años después, lo sigue siendo… pero me siento mucho más cerca. Me preparé física y mentalmente, y creo que en septiembre podría llegar a correr los 246 km.
Eso es, si me pudiese inscribir. Cada año hay un problema que me deja afuera, y este no ha sido la excepción.
En 2011 corrí en Grecia, por la banquina, desde Atenas a Maratón. Algo muy duro para mi preparación física de aquel entonces. Cuando llegué y caí rendido ante los pies de la estatua de Hermes, me juré (y lo hice público) que lo que seguía era la Espartatlón (o sea, un desafío como el que acababa de hacer pero multiplicado por seis).
En 2012 consulté a la organización si podía inscribirme aún sin cumplir los requisitos de haber corrido 100 kilómetros en menos de 10 horas y media o 200 sin límites de tiempo. La verdad es que no existían ultramaratones en las que poder hacer ese tiempo o esa distancia. Me respondieron “Pero ya estás anotado y tenés el número XXX de dorsal”. Fantástico. ¡Qué fácil! Pero cómo imaginar que un argentino hablando en inglés con un griego iba a ser un teléfono descompuesto. Del otro lado, en Atenas, creían que estaban hablando con un tal Casanovas, de México. Cuando me di cuenta del error, era demasiado tarde. La inscripción cerraba en dos semanas y acababa de correr los 100 km de la Patagonia Run. Improvisamos la Ultra Buenos Aires, y me quedé en los 77 km. Aprendí mucho de esa experiencia.
En 2013 Federico Lausi, de Salvaje, tomó la posta de la Ultra Buenos Aires y la organizó con puestos de bebida y mucha garra. Terminó siendo una experiencia alucinante para mí, que compartí con amigos y familiares. Hice los 100 km en 10 horas con 14 minutos, muy tranqui, y sentía que tenía energía para más. Nada que ver con lo del año anterior. La carrera se hizo con tiempo, casi dos meses antes de que se cerrara la inscripción de la Espartatlón. Cuando llegué a mi casa y me quise inscribir, habían cerrado anticipadamente las inscripciones porque habían superado el cupo y tenían a 190 personas en lista de espera.
Como los resultados sirven por dos años, en 2014 era mi oportunidad y el tercer intento. La tercera es la vencida, ¿no? Cuando a principios de enero dijeron que el 15 abría la inscripción, el corazón se saltó un latido. Fue la semana más larga de mi vida. El formulario para anotarse se iba a habilitar a las 19 horas de Grecia, y yo le calculé bastante mal a lo que equivalía en Buenos Aires (las 16). Pero como soy ansioso (además de caprichoso), todos los días entraba una o dos veces a la página web, buscando novedades. En una de esas visitas obsesivas, a las 14:30, vi que ya estaban aceptando inscripciones. Raudamente reuní todo lo que necesitaba (foto, carta de recomendación original y traducción al inglés, resultados de la carrera, certificado de salud), lo adjunté y lo mandé. Decía que iba a recibir en mi bandeja de entrada un mail de esos en donde uno hace click en un link para validar la cuenta. No llegaba y me ponía muy ansioso. Finalmente apareció en la carpeta de correo no deseado. Listo, en la web decía que dentro de los 15 días confirmaban mi solicitud.
Obviamente uno espera que esa confirmación llegue antes. Todos los días esperaba ese bendito mail. Al principio más relajado, pero conforme pasaban los días, la ansiedad crecía. Nadie (de los corredores de todo el mundo) había recibido nada. De hecho empezó a circular en el foro no oficial de la Espartatlón, en Facebook, que en 2 horas habían cubierto los cupos (recuerden que en 2012 eso no había pasado). Unos días antes de la fecha límite, los alemanes tenían su lista de aceptación. En este país hay una delegación local de la Espartatlón, así que lograron cubrir sus 40 lugares asignados sin esperar tanto tiempo. Ayer fue el turno de los griegos. Hoy le tocó al resto del mundo.
Menos a mí.
Era muy frustrante ver a todos esos corredores festejando que los habían aceptado. Incluso vi a algunos argentinos… ¿por qué a mí no? Intenté ser paciente, pero no pude. Escribí en el grupo de Facebook que estaba preocupado, y un voluntario que trabaja en la organización se contactó conmigo. Aunque no recibí todavía información oficial de un rechazo a mi solicitud, me adelantó que en las estadísticas de Deutsche Ultramarathon Vereinigung no figura el resultado que me habilita a competir. Esta web alemana contiene muchísimas ultramaratones internacionales, y es la que usan para cotejar los datos de los aplicantes. Pero supongo que se alimenta por información que dan las organizaciones de cada carrera. Yo ni sabía de su existencia, y solo figura mi participación en la Patagonia Run de 2012… ¡pero no la de 2013! Tampoco mis dos asistencias a Yaboty ni la Ultra Buenos Aires, o mi intento fallido en La Misión (supongo que esa data también figuraría, a menos que solo reflejen las carreras completas). De hecho la gente de Salvaje tampoco conocía el sitio, y ante mi sugerencia se pusieron en contacto. El tema es que, al no figurar ahí, mi solicitud no fue aceptada.
Pero… siempre hay un pero, incluso de connotaciones positivas… en el grupo no oficial de la Espartatlón hay corredores experimentados y novatos, así como miembros de la organización y voluntarios. El apoyo que se da en ese grupo es inmenso. Creo que es lo más maravilloso de estas carreras en las que uno deja el cuerpo y el alma para llegar… la colaboración entre pares, el aliento. Es sobrecogedor. Un voluntario, Nikolaos, me escribió por privado. Él fue quien me comentó lo de la web internacional que usaban para corroborar los datos de las carreras. Se puso en contacto con gente de la organización y prometió mantenerme al tanto. Luego llegó el mail de Panagiotis, responsable del mantenimiento de la web de la Espartatlón. Primero me confirmó que mi solicitud había entrado en fecha, y después que de los adjuntos que envié, solo llegó el certificado médico. Papadimitriou pareciera ser la persona que tiene la posta, en la organización, que también me dijo que como no figuraba en la web de la Deutsche Ultramarathon Vereiningung y solo habían recibido mi certificado médico, TODAVÍA no estaba adentro. Obviamente que le mandé todos los adjuntos, y me pidió que esperase hasta mañana a la mañana, hora griega. Panagiotis me dijo que ningún corredor había tenido problemas con los adjuntos, pero que iba a hablar con la organización en mi defensa.
Entonces… así estamos. Con tensión, nervios, pero todavía con fe. Esto puede pasar, y ser solo una anécdota más. O que me rechacen la solicitud, y tener que esperar otro año más. Entonces… ¿qué pasaría?
Hoy le di muchas vueltas al tema. Solo lo hablé con un grupo reducido de mis conocidos, el círculo de la confianza. Esto incluye a Germán, mi entrenador, que me dijo algo importantísimo: no importa. Porque esto es un capricho, y acá hay muchas cosas más en juego. Hay un grupo de entrenamiento que quiere ser partícipe de esto, que lo mismo les daría si es la Espartatlón en Grecia o la Maratón Des Sables en el Sahara. Estamos siendo una buena influencia, logrando por contagio que gente se interese en comer más sano y cuidarse, progresar. Eso es lo que vale y lo que no deberíamos perder. Así que esa parte caprichosa mía estaría muy decepcionada si no puedo entrar este año, pero sería algo dentro de mi ego y deseo de satisfacción personal. Va a costar, claro, porque soy humano y por ende vengo fallado, pero esto que se fue construyendo con Semana 52, que me excede, no va a estar en riesgo.
Todavía podría correr este año la Espartatlón, y en mi corazón realmente espero que se dé ese milagro. Si no se da, me quedo con algo maravilloso y es la cantidad  de personas, del otro lado del mundo, que sin conocerme están queriendo ayudarme. Esto es lo que las carreras sacan de la gente, sea la distancia que sea, y lo volveré a ver en Atenas este año o en cualquier parte del mundo.

Semana 18: Día 123: El juego de la espera

Podría estar tapado de trabajo. O escuchando música. O comprando en el supermercado. O viajando en colectivo, leyendo un libro, cocinando o simplemente descansando. Pero siempre, SIEMPRE estoy pensando en si quedé o no inscripto en la Espartatlón.
Esta semana la organización avisó, desde su sitio web, que estaban empezando a enviar los mails de confirmación a los corredores inscriptos. Hay que estar atento a la bandeja de entrada (y la carpeta de correo no deseado) porque entra ese único e-mail y con eso hacés la inscripción oficial. Y si no te enteraste… sonaste. Los únicos que sé que ya están inscriptos son los de la delegación alemana, porque cuentan con una filial de la Espartatlón local. Como cada año se anotaban una cantidad importante de atletas, los limitaron a 40 al año, tal y como hicieron con los japoneses y los griegos (pero estos últimos no dieron señales de haber entrado).
Lo único que más o menos me tranquiliza es que en el grupo de Facebook y la página no oficial de la carrera, nadie más que los alemanes confirmó estar adentro. Hay un post que dice “Comparte aquí si ya estás inscripto”, con 18 me gusta y nada más. Después somos unos cuantos tipos chequeando todo el tiempo la web, con los nervios a la miseria, revisando todo el tiempo la carpeta de spam.
Supuestamente el jueves vence el plazo que ellos prometieron de 15 días para confirmar la inscripción. La importancia, además de la ansiedad por sacarme este objetivo tan importante de encima, es que esto define cómo sigue mi año. Es probable que durante enero meta unos 450 kilómetros, y que ese sea el piso de acá a septiembre. ¿Qué pasa si no quedo? Me voy a amargar, SEGURO. Voy a perder un poco de interés en el entrenamiento y el blog. Volveré a comer galletitas sin culpa (o con culpa, pero lo haré con la excusa de darme un gusto y combatir la depresión). Me gustaría ponerle menos expectativa a esto, pero no puedo.
Hay varias personas alrededor del mundo que está en mi misma situación. No sé si eso me conforma, pero al menos no me siento tan solo en esta angustia…

Semana 16: Día 110: Inscripción a la Espartatlón

253 días, 4 horas, 34 minutos y 9 segundos. Eso es lo que estoy viendo ahora, en el witio web de la Espartatlón, o sea el tiempo que falta para la largada. Parece mucho, como también poco. Hoy leía a un veterano corredor que decía que solo podrías enfrentarte a esta ultramaratón si tu entrenamiento comenzó en Navidad… Tan mal no estoy, entonces…
No sé qué pasó, por ahí mi próximo comentario va a dar medio hipster, pero yo me enteré de casualidad de la Espartatlón, buscando información sobre la Maratón. Fue una de las primerísimas entradas del blog, narrando la epopeya de Filípides y la que se terminó convirtiendo en una prueba espartana moderna. Era, como tantas cosas, algo que se me hacía muy lejano. Pero después me volví a reencontrar con esa historia, y empecé a coquetear con la idea de correrla, sin saber en lo que me estaba metiendo.
Quise correrla en 2012, pero no cumplía los pre-requisitos de correr 100 km en 10 horas y media o 200 sin límite de tiempo. Me inscribí en la Patagonia Run, pensando que eso me podía servir (creo que ni siquiera el ganador, Reyes, bajó de las 11 horas, y yo le puse unas agónicas 18). Escribí a la organización y les pedí una excepción. Su respuesta me tranquilizó: “Quedate tranquilo que estás inscripto”, y me daban mi número de corredor. Resultó que me confundieron con un mexicano de apellido “Casanovas”. Así que aunque creía que estaba adentro, en realidad no lo estaba.
Lloré, imploré, pedí una excepción. Que se hagan cargo de su confusión. Ya había sacado los pasajes a Grecia. Estos tipos no se conmueven ante nada. “¿Cómo vas a sacar un pasaje a otro país sin siquiera saber si estabas inscripto?”. Después de una eterna lista de mails en los que propuse correr 100 km antes de que cerrara el plazo máximo de la inscripción (31 de mayo), el director de la carrera me dijo que me ponía en lista de espera. En ese momento había 30 corredores esperando, de los 350 que suponía el cupo máximo. Faltaban dos semanas, así que inventamos la Ultra Buenos Aires, junto con Fede Lausi de Salvaje. Él decidió hacerlo en Marcos Paz. El 26 de mayo, sin haberme recuperado del todo de Patagonia Run, me mandé más solo que el 1 a correr 100 km. Acompañado por familia y amigos, llegué hasta el km 77 antes de abandonar. Al día siguiente mandé un e-mail a la organización diciéndoles que no me iba a inscribir, les agradecí y les dije que reintentaría al año siguiente.
En ese interín, algo pasó. No sé qué fue. Quizá tuvo algo que ver con que fue el 30 aniversario, y por ahí tuvo mucha prensa. Pero de una edición a la siguiente, la popularidad de la Espartatlón estalló. Salvaje volvió a organizar la Ultra Buenos Aires, esta vez abriéndola a quien quisiera correrla, y agregándole categoría beginner (25 km) y Half (50 km). De nuevo mis amigos y mi familia estaban ahí, apoyándome, y esta vez con más preparación y determinación, hice los 100 km en 10 horas y 14 minutos, con 16 de resto para alcanzar la marca necesitada. Fue una experiencia muy diferente a la del año anterior. Me sentí con resto, aunque los 246 km se me hacían muy lejanos. Significaba hacer un 150% más de todo ese esfuerzo. Lejano, pero no imposible.
Volví de Marcos Paz, y fui derecho a la computadora para inscribirme. Esta vez había corrido los primeros días de abril, así que tenía que tener cupo. Pero en la página de la Espartatlón se habían cerrado las inscripciones. Habían cubierto los 350 lugares a los pocos días, y cuando llegaron a 190 personas en lista de espera, se dieron cuenta de que no tenía sentido seguir recibiendo pedidos. Me sentí desilusionado, pero a la vez con cierto alivio porque tenía otro año más para entrenar y mejorar.
Estuve muy atento a las nuevas fechas para la edición de 2014, mi tercer intento por inscribirme. Hace una semana anunciaron que hoy, 15 de enero, a las 19 horas de Grecia, abría la inscripción para la 32º edición. En mis cálculos mentales eran las 4 de la tarde de Argentina, pero no se me conoce por ser bueno con las matemáticas. Esa semana, una o dos veces por día entraba a la web y veía qué decía la sección de “Registration”. Siempre el mismo mensaje: “Athletes registrations begins 15/01/2014”. La espera era eterna.
Hoy, aunque suponía que todo comenzaba a las 16 hs, entré más temprano, y encontré que el registro estaba activado. Después de pasar por un estado de pánico tipo el “El Grito”, de Munch, empecé a inscribirme. A diferencia de otros años, era completando un formulario online y no con un word (yo, para adelantar, ¡ya tenía el word escrito! No me sirvió de nada). Completé todo, me saqué una foto, escaneé un apto médico (mientras me preguntaba por qué no había hecho todo esto antes), llené todos los campos e hice click en “Send”. Me aclaraban que en 15 días me darían respuesta a mi solicitud, y que me habían enviado un correo para verificar mis datos y estar registrado en la página. Por supuesto el e-mail nunca me llegó. Pero por fortuna tuve la brillante idea de ir a buscarlo a la carpeta de Spam, donde estaba ahí, entre ofertas de viagra y oportunidades laborales para trabajadores independientes.
Ya entregado, con el registro completo, me pude relajar un poco y dedicarme a esperar dos semanas a que me digan si estoy adentro o no. Aproveché para entrar en el grupo de Facebook que contiene a corredores de la Espartatlón veteranos y a los que queremos probar por primera vez, y pude presenciar el pánico generalizado por el formulario que no siempre funcionaba y el mail de confirmación que nunca llegaba. Lo que más me sorprendió fue ver a una persona de la organización decir, a las 15:10, que en esa hora y monedas habían recibido 290 solicitudes. Una gran diferencia a dos años antes, cuando en mayo la lista de espera era de solo 30 personas.
Evidentemente la Espartatlón creció, no por nada ahora ofrecen 380 lugares y no 350, como era costumbre. En definitiva, ¡quiero dejar en claro que yo quería hacer esta ultramaratón cuando no era tan conocida!
Me voy a dormir 15 días y vuelvo.

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