Archivo de la categoría: Espartatlón III semana 5

Semana 5: Día 35: Día del vegano

A los que cambiaron el asado por la ensalada. A los que dejaron la leche de vaca por la de soja o de almendras. A los que eligen las milanesas de soja por sobre las de ternera. A los que leen las etiquetas de todos los alimentos, y prefieren cocinar para saber qué ingredientes están usando. A los que les dan pena los animales y eligen no comerlos. A los que ligan con maicena o banana para no usar huevo. A los que consumen fruta en lugar de helado, y quienes convirtieron a la ensalada en el plato principal. A todos ellos, feliz día del vegano.
No es fácil ejercer el veganismo (en especial en un país tan carnívoro como este), pero cada vez es más fácil. Hay más opciones para comer afuera, más productos en las góndolas de supermercados para elegir, y variantes veganas par quedar bien con todos.
En 1994, Louise Wallis, Presidente de la Sociedad Vegana del Reino Unido, instauró el 1 de noviembre como el Día Mundial del Veganismo, con motivo del 50° aniversario de la fundación de esta organización. Yo no soy un fervoroso vegano. No como nada de proteína animal, pero miel sí, y todavía no llegué a enterrar mi cinturón de cuero y a sacarle el saludo a mis amigos que usan cuero. Pero en mi caso esta “moda” se convirtió en un estilo de vida, tanto que no pude dejar de tratarlo, cada tanto, en este blog.
Feliz día, y a festejar con alimentos enteros y bebidas sin proteína de origen animal.

Semana 5: Día 34: 179,80 km en un mes

Rara vez me quedo conforme con el kilometraje que sumo en un mes. Pero no es ajeno a mi sobreexigencia, porque siempre pienso que pude haber dado más. Creo que por ser este el primer mes de estas nuevas 52 semanas, me voy a flexibilizar un poco y diré: es aceptable.
Octubre fue el mes de la maratón, sin dudas la mejor de mi vida. He tenido meses mejores, pero nunca una carrera mejor. ¿Me puedo dormir en mis laureles? Sí, un poquito.
Quizá podría haber corrido más, pero no quedé al 100% después de los 42 km. No sé si fue que no me recuperé del todo o que se me sumó a mucho trabajo, y al no descansar como debería me cuesta dar más. Pero bueno, tengo meses en donde recorrí distancias mucho menores. Lo que a mí me llama la atención es que tengo muchas ganas de volver a participar de una carrera. La que sea, en lo posible de aventura.
Algo que también puede haber influido en el cuentakilómetros es que en los entrenamientos estamos haciendo mucha musculación. Mientras que a veces hacemos 13 o 15 kilómetros, ahora quizá llegamos a 8 y el resto es “suelo”: flexiones, abdominales, sentadillas… A veces, al final, como “premio”, nos juntamos con los chicos a colgarnos de las barras. De a poco voy durando más tiempo colgado. Encontré en ese ejercicio algo complejo, con muchas posibilidades de explorar y mejorar.
Noviembre, lo adelanto, va a ser un mes magro en cuanto a kilometraje. Voy a correr poco porque el trabajo va a empezar a acumularse con la cercanía del viaje, y allá voy a intentar correr un poco, pero no creo que sume más de cuatro o cinco entrenamientos en suelo europeo. Así que probablemente el índice quede a la baja, y en diciembre repunte con todo, ya descansado y volviendo a los fondos largos para la Espartatlón. Siempre los meses de verano son en los que más corro, y esos detalles estadísticos son los que hacen que el cuentakilómetros valga la pena. Vean si no:

Diciembre 2011: 164,29 km
Enero 2012: 208,25 km
Febrero 2012: 290,93 km
Marzo 2012: 230,27 km
Diciembre 2012: 249,77 km
Enero 2013: 323,03 km
Febrero 2013: 321,88 km
Marzo 2013: 335,60 km

¿Cómo será este verano? Vamos a averiguarlo. ¿Por qué hago fondos largos en la época más calurosa del año? Falta de previsión, más que nada.

Semana 5: Día 33: La fuerza de voluntad

Se supone que tengo fuerza de voluntad. Eso me dicen constantemente. Que me admiran. Que soy un ejemplo. Que no pueden alcanzar mi nivel de compromiso. Pero… ¡esas personas no viven en mi cabeza!
Uno es su peor crítico. Yo soy despiadado. No he llegado al punto de darme azotes, pero mientras recibo comentarios era elogiosos, siento que nunca alcanzo mis estándares. ¿Será que es un círculo vicioso (o virtuoso) y que mi inconformismo me ayuda a seguir esforzándome? ¿O la fuerza de voluntad es no tener ganas de hacer algo y hacerlo igual?
Viajo en menos de tres semanas. Eso hace que me estrese mientras el trabajo se acumula. Y no me queda tiempo para entrenar. Entonces como. Creo que un paquete de galletitas (veganas) me van a dar paz. Y la obtengo, hasta que se acaban (7 minutos después). Entonces me da culpa haber comido solo por las ganas de hacerlo.
Desde que empecé el gimnasio falté algunas veces, pero en promedio fui 3 veces por semana. Mi idea era que fuesen 5, pero a veces me dejé vencer por los fatiga. Otras logré vestirme y salir… y no siempre fue fácil. Las veces en que encontré una excusa para quedarme, me pregunté “¿Dónde quedó esa fuerza de voluntad de la que hablan?” (estados de incertidumbre como estos también pueden ser aplacados con comida).
Si tengo que ser objetivo, cosa que me cuesta serlo conmigo, debería decir que lo que cuenta es el resultado. Si así pude mejorar mis tiempos y cambiar mi físico, no hace falta ser tan duro conmigo mismo. Pero inmediatamente pienso lo que podría haber obtenido si hubiese tenido más constancia. Es ver el vaso medio vacío, o en equivalente en el running, que sería contar cuantos kilómetros faltan en lugar de cuántos hicimos.
Llevo tres meses de gimnasio, que podría ser el lapso de tiempo ininterrumpido más largo de mi vida. Para mí es una novedad. Y me costó mucho. No sé si tener fuerza de voluntad hubiese sido no servir enfrascado en un proyecto laboral y salir la calle.
Lo que me pasa, que es lo que pienso cuando me felicitan, es que a mí me cuesta ser así, y no entiendo si se dan cuenta y eso es lo que destacan, o si la admiración pasara porque creen que esto me resulta “fácil”. Este es el motivo por el que me pregunto “Si a mí me cuesta, y no estoy satisfecho pero intento seguir… ¿por qué no podrías hacerlo vos? También te va a costar y probablemente tampoco estés satisfecho”. Pareciera ser algo grosero para decir. Pero yo no tengo ningún secreto ni nada que a mí me resulte admirable. Creo que lo que yo hago lo puede hacer cualquiera que se lo proponga.
No sé si existe una “fuerza” que hace que doblegues a tu propia voluntad. Me parece que no nos podemos obligar a hacer lo que no queremos. Si deseamos algo, es cuestión de ir a buscarlo y tener paciencia.
Y permítanme disentir si alguna vez me dicen que admiran mi fuerza de voluntad. Yo voy a estar pensando que nada te diferencia de mí, más que el hecho de que yo hago pública esta puja interna mía en un blog.

Semana 5: Día 32: El descanso

¿Influye el descanso en el rendimiento? No tengo ningún estudio a mano, pero estoy convencido de que sí.
Nunca intenté correr una carrera sin dormir. He hecho grandes esfuerzos, y llegué a la conclusión de que poco tiene que ver con el “tipo” de alimentación, sino con la calidad. Pero hay algo en mí, químico o genético, que hace que me desmaye por la noche, después de cenar. Mis compañeros de grupo en los Puma Runners tienen varias colecciones de fotos mías que me sacaron durante cenas o algún viaje. Qué le encuentran de fascinante a tener una imagen mía babeando, nunca lo voy a entender.
Más allá de esto, tengo días en que me le animo a cualquier desafío, y otros en donde el cuerpo no me responde (y, como aclaré antes, a mi juicio poco tiene que ver con la comida). Llegué a la conclusión de que lo que influye es el descanso. Últimamente no llego a dormir las 8 horas reglamentarias, y a veces ni siquiera llego a 6. Estas últimas semanas han sido difíciles: mucho trabajo y ninguna gana de perder un día de entrenamiento. Así fue que pasé a tener entre 5 y 6 horas de sueño.
Ayer, puntualmente, Germán (nuestro entrenador), nos dio una buena paliza. Abdominales, flexiones, sentadillas. Bastante por encima de lo habitual. Aunque pude hacer todo, me sentía terriblemente cansado. Mal. Pensé que podía llegar a ver el volumen de trabajo, pero me di cuenta de que tenía que ver con dormir poco. No me termino de recuperar. Me duelen los músculos como si acabara de empezar, y me doy cuenta de que las cosas me llevan un esfuerzo superior al que estoy acostumbrado.
No me queda otra que comprobarlo de una forma que sea sana para mí: durmiendo más. Es una resolución que me gustaría respetar. Seguramente el descanso es algo que subestimo, porque creo que así el día me va a rendir más. Pero un gran problema para los atletas es cuando el cuerpo nos pasa factura, y tenemos el extraño don de ignorarlo. Deséenme 8 horas de sueño. Nos vemos del otro lado.

Semana 5: Día 31: El don del tiempo

Hoy tuve mi momento narcisista en el vestuario del gimnasio, que es cuando paso delante del espejo y me miro el físico: lo suficiente como para captar detalles, pero lo bastante rápido para que nadie se dé cuenta.
Me trasladé no mucho tiempo atrás, sino cuando retomé hace tres meses. Noté una diferencia respecto a aquel entonces y es que ahora se me marcan las abdominales sin que las esté trabando. Es un objetivo cumplido para mí y me pone contento, por más que la humildad me haga disimularlo.
Y me puse a pensar que tres meses es poco tiempo. Pasó relativamente rápido, y quizá ayudó haber ido al gimnasio con mucha frecuencia para tener esta sensación. A algunos 90 días les puede parecer mucho… y quizá lo sea. Pero se consigue mucho con un único secreto (ahí viene, y gratis): la paciencia.
Todos tenemos el don del tiempo. Pero pocos somos pacientes para planificar y esperar. Ahora, en primavera, las plazas y el gimnasio se llenan de gente, a quienes el almanaque les mete presión. Ok, una gran cantidad se acordó ahora de que se viene el verano, pero, ¿por qué no planificar hoy tener el cuerpo deseado para 2014/2015? Un año (o… ejem… 52 semanas) es muchísimo tiempo, pero es razonable para buscar resultados duraderos. Los cambios inmediatos no existen. No hay dietas mágicas, ni suplementos, ni ese “secreto” para tener un físico escultural que nos quieren vender en la Internet.
¿Por qué buscar todo para mañana? Tenemos el don del tiempo. Usémoslo y en unos meses (o en 52 semanas) todo eso que hayamos logrado dejará de ser un cambio instantáneo y pasará a ser parte permanente nuestra.

Semana 5: Día 30: Un fondo en día de elecciones

Para los siete lectores extranjeros de este blog, les cuento que hoy hubo elecciones legislativas en la Argentina. La gran novedad fue que se votaron primarias y ahora eran las elecciones definitivas. Es pronto para saberlo, pero al parecer en dos meses hubo algunas personas que cambiaron su voto. No fue mi caso, aunque esta vez elegí al Partido de la Red para la Legislatura Porteña, y no tengo idea si entró aunque sea uno.
Estas elecciones legislativas me agarran recién mudado, por lo que la escuela que me asignaron para el sufragio está lejos de casa. No demasiado, en tren o subte, en las primarias, tardé media hora en llegar. Pero como me hice el banana y fui al mediodía, creyendo que todos se quedaban almorzando, me comí una cola de más de una hora. El colegio estaba repleto de gente, y mi turno no llegaba más.
Hoy me tocaba volver, en la votación ya definitiva, y como todavía no me acostumbro a este sistema nuevo, me fastidiaba un poco tener que volver a elegir a los mismos candidatos. Pero de pronto me surgió una idea, que podía hacer más interesante el trajín: ¿y si iba a esta escuela corriendo? En un principio pensé que me iba a dar vergüenza llegar a mi mesa todo transpirado… pero, ¿por qué me tiene que avergonzar hacer lo que me gusta? El día había amanecido soleado, y tenía la panza llena con mi avena del desayuno. Era cuestión de calzarse las zapatillas, ponerse el cinturón hidratador, y salir.
Pero ayer entrenamos muy duro, haciendo cuestas con peso, así que eso me hacía dudar. Además estoy adelantando trabajo por el tema del viaje… con tantas dudas, resolví hacer algo que siempre me funciona a la hora de decidir si entrenar o no… lo hice igual.
La ciudad estaba prácticamente vacía. ¿Es así todos los domingos por la mañana y yo no lo sabía? En medio del concreto, el Garmin tardó en encontrar señal de GPS, pero cuando enganchó, salí. El tobillo izquierdo me dolía, como si me hubiese torcido el pie. No me había pasado, solo tenía la fatiga del día anterior.  Pensé que en cualquier momento podía tomarme el tren, porque iba a correr por Libertador y eso es paralelo a las vías (aunque solo dos estaciones me separaban del destino). No tenía idea de la distancia, ni tampoco sentía la presión del tiempo. Era solo hacer un fondo para sumar kilómetros y hacer la excursión hasta la mesa de votación a pie.
MI técnica con los dolores, que quizá no sea la mejor, es esperar y ver qué pasa. Muchas molestias desaparecen corriendo, y esa vez no fue la excepción. Lo venía controlando, y a los 3 km y medio ya no dolía más. Como dije antes, la ciudad parecía vacía, y solo estaba activa en las cercanías de alguna escuela. El sol estaba alto, radiante. Un día espectacular para entrenar.
Intenté no mirar el reloj más que para ver el kilometraje. Nada de tiempos ni de velocidades. Llegué al colegio donde estaba asignado y si tuve que esperar 5 minutos, es mucho. Felizmente pude salir y retomar mi fondo. Terminé llegando a casa después de hacer 20 km (entre ida y vuelta) en menos de 2 horas, contando el voto y las veces en que me tenía que detener por un semáforo. Al finalizar sentí que había aprovechado mucho el día, votando temprano y corriendo. Descubrí que los fondos improvisados son de los que más me gustan. Levantarse a la mañana, con un día espectacular, sin tener nada planeado, y resolverlo en el momento, me hace sentir verdaderamente vivo.

Semana 5: Día 29: La primera maratón

primera_maratón
Hace muchos años, Pierre de Coubertín, principal impulsor de la Educación Física en Francia, decidió crear los Juegos Olímpicos Modernos y así recuperar los ideales deportivos de la Grecia Clásica. Entre el 6 y el 15 de abril de 1896 en Atenas. Coubertín, además de presidir el Comité Olímpico Internacional y crear esta tradición cada cuatro años, fue el que acuñó una famosa frase que decimos con frecuencia: “Lo importante no es ganar, sino competir”.

A pesar de muchas dificultades, los primeros Juegos Olímpicos fueron un éxito. A la fecha, fue el evento deportivo de mayor participación internacional. El Estadio Panathinaikó, el primer gran estadio del mundo moderno, vio rebasada su capacidad.
Cuando se acercaban los primeros juegos, el francés Michel Bréal le sugirió a Coubertín hacer una gran prueba de fondo con el nombre de la legendaria batalla de Maratón. Debatieron qué distancia hacer, si la que unía Atenas con Esparta, de 240 km (hoy la mítica Espartatlón) o la de los 39 km que unen la capital con la ciudad de Maratón. Optaron por la segunda, y esta prueba se convirtió en la favorita y la más esperada por el público.
Recién a cuatro kilómetros del final, el local Spyridon Louis tomó la delantera y le sacó siete minutos de ventaja al segundo. Cruzó la meta a las 2 hs 58 minutos y 50 segundos, aunque solo había corrido esa distancia una vez anteriormente, para la preselección. Había llegado en quinto lugar, con 3 horas 18 minutos. Este humilde pastor griego sorprendió a todos al llegar en primer lugar. Más de 100 mil espectadores hicieron temblar el Panatheinakó cuando se alzó con la gloria. La carrera se inició el 10 de abril a las 14:00 con un disparo de pistola del Coronel Papadiamantopoulos. Compitieron 17 corredores de los cuales 12 eran griegos. El segundo fue Kharilaos Vasilakos y el tercero Spiridon Belokas, quien fuera descalificado cuando se descubrió que hizo parte del recorrido subido en un carro (el broncepasó al húngaro Gyula Kellner). Muchos tuvieron que abandonar en el camino, exhaustos.
Cuenta la leyenda que Spyridon Louis, todavía más rezagado, llegó a Pikermi, se detuvo en una taberna, tomó un vaso de vino y aseguró a los presentes que no se preocuparan, que iba a ganar la carrera. Obviamente que el griego se convirtió en un héroe nacional. El rey de Grecia le propuso aceptar cualquier regalo que se le ocurriera, y el campeón pidió un carruaje con asno para su negocio de transporte de agua. Los regalos le llovieron por todas partes, como por ejemplo el afeitado y corte de pelo durante un año en una barbería. Curiosamente, Spyridon no volvió a competir nunca más. Falleció siendo un hombre acaudalado, el día 24 de marzo de 1940, a la edad de 66 años.
Como podemos ver en la foto que ilustra esta entrada, los primeros maratonistas no corrían con musculosa, ni las últimas zapatillas Asics. Ni siquiera tenían pantalón corto. Parece difícil imaginarse esa época, en la que mensajeros en bicicleta y a caballo iban desde la delantera hasta el palco real en el estadio para informar cómo venía la maratón. Mientras nosotros nos preparamos durante meses, ellos solo corrieron una vez para preclasificar. Las mujeres tenían vedadas las competencias, los caminos eran de tierra, y no necesitaban geles ni vaselina para llegar a la meta. Pero una cosa se mantiene, inmutable: el coraje de los atletas y la determinación para avanzar hasta alcanzar los propios límites.
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