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Semana 47: Día 326: En la recta final

Es increíble lo poco que falta para la Espartatlón y lo mucho que siento que falta.
Como todo viaje en mi vida, este no viene exento de estrés. El trabajo se acumula y ya tengo hasta los fines de semana comprometidos. Así y todo, me sigo atrasando. Algo que sacrifiqué y que quiero recuperar en breve es el gimnasio. Cómo extraño ese momento de soledad y sacrificio…
El viaje, con sus menesteres y gastos, está bien encaminado. Solo hace falta ultimar un par de detalles allá y de conseguir moneda extranjera sin tener que asaltar a nadie (sinceramente preferiría evitar volver a prisión). Salgo el 17 de septiembre con mis papás, principales sponsors de Semana 52: Espartatlón. Es un viaje de relax por Italia antes de llegar a Atenas el 21. Mi equipo de asistencia llega a Grecia el 23, y me prometieron obligarme a hacerme descansar. Así que nada de museos, ni hacer cola, ni salir a asaltar casas de cambio.
Los pocos días que quedan hasta viajar los voy a pasar trabajando y entrenando. No quiero seguir sacrificando días de running o gimnasio, pero a la vez entiendo que con lo hecho, tendría que estar bien. A menos de un mes de despegar desde el Aeropuerto de Ezeiza, no hay mucha diferencia que pueda hacer.

Semana 47: Día 325: Descansando

Las circunstancias de mi viaje me obligan a no entrenar hoy, un día después de haber corrido 70 km. Pero no dejé pasar la oportunidad de descansar.

La falta de un sueño reparador ha sido siempre mi gran déficit en el entrenamiento. He intentado, en los últimos meses, dormir todo lo que el cuerpo me pida. La única forma natural en que se me ocurrió hacerlo es dejar de lado el despertador y que la cabeza se active sola. Obligarme a dormir es algo que no me sale.

Por no acostarme en horario es que el sábado me quedé dormido y me perdí de hacer el fondo ese día. Por eso reintenté el domingo, con éxito (y más descansado). Llegado el lunes, por supuesto, me dolía la espalda y tenía los pies ampollados y un poquito doloridos (nada grave). Además tengo pilas y pilas de cómics para catalogar, ya que no los puedo vender sin saber su estado ni si las colecciones están incompletas, por no mencionar que hay cosas que tengo que no me acuerdo. Aunque recibí algo de ayuda durante el fin de semana para empezar a ordenarlo, no me quedó otra que tener que hacerlo yo, y me resultó algo menos cansador que ir a entrenar.

Normalmente hubiese ido igual, aunque sea para ver a mis compañeros de Puma Runners, pero me urge organizarme porque me he cruzado con dementes que quieren comprar colecciones completas, así que es mejor saber qué ofrecerles.

Así terminé descansando… mientras por mis manos pasaban miles y miles de revistas. Hubo, sí, dos momentos dolorosos: el primero fue ver que a pesar de ciertos cuidados que tuve, algunas portadas tienen manchas de humedad (otras tienen su olor). Va a ser difícil vender eso, creo que hasta me va a costar regalarlo. El segundo, notar que me faltan cosas. Series que, si las menciono, solo las conocerán los lectores experimentados, pero por ejemplo no apareció la Doom Patrol, escrita por Morrison, material que estoy seguro le hubiese interesado a mucha gente. Como no tengo tan buena memoria, me cuesta darme cuenta si es lo único faltante, porque podría ser que lo haya prestado y me haya olvidado, o que nos haya quedado una caja en la casa de Banfield que no vimos.

Pero, ¿la buena noticia? Nada de esto me quitó el sueño. Cuando me cansé de ordenar, me fui a la cama y dormí como un bebé, soñando con todo lo que vamos a poder hacer en Atenas gracias a esta megaventa…

Semana 47: Día 324: Un nuevo fondo de 70 km

Como comentaba en el último post, se suponía que en la madrugada del sábado tenía que hacer un fondo de 70 km como parte de mi preparación para la Espartatlón… y me quedé dormido.

El tema es que quería empalmar con el entrenamiento de los Puma Runners a las 9 de la mañana, en San Isidro, así que tenía que salir a las 4 de casa. El despertador sonó 3:30, y no me desperté hasta pasadas las 6:30. Así que ayer entrené, como de costumbre, hice un fondo de 15 km con el resto del grupo, y volví a casa, decidido a obtener la revancha.

Esta vez me fui a acostar a una hora prudencial. Al no tener que sumarme al entrenamiento de nadie, tenía más flexibilidad horaria. Me desperté a las 4:30 y a las 5:15 estaba afuera, listo para empezar. Mi reloj Suunto está reparado, así que pude poner el GPS sin problema. Afuera no hacía frío, así que salí.

Tengo todavía algunas molestias en los tobillos. Lo siento cuando hago un pique o algún movimiento explosivo. Si troto tranquilo no pasa nada.

Mi idea era ir a Tigre y volver, pero en el camino decidí improvisar. Pasé por los distintos puntos con bebederos e iba racionando el pinole, la fainá y las galletas de arroz. Cuando estaba en Acassuso, en lugar de seguir derecho hasta la ciudad costera de Tigre, decidí subir por Perú y darle una vuelta al Hipódromo. No tenía idea de cuánto me iba a desviar del camino pensado, pero quería variar ese trayecto tan recorrido. Como distracción me vino bien, además de que sumé el bebedero que hay sobre Fleming y la posibilidad de usar el baño que está en Márquez y Centenario, en una terminal de colectivos.

No me sentía al 100%… quizás al 70%. Si bien el fondo del sábado no había sido muy exigente, sumaba. Además estoy acostumbrado a dejar la mochila cuando me junto con los chicos del grupo, y esta vez sabía que la tenía que llevar sobre los hombros hasta terminar. No estaba particularmente cansado, pero empecé a sentir dolores en los pies, y ya empiezo a sospechar que es por las zapatillas. Además de los tobillos, los dedos chiquitos se me ampollan siempre, y el metatarso izquierdo empezó a molestar nuevamente.

En el km 35, a la altura de San Fernando, pegué media vuelta y volví sobre mis pasos. Me di cuenta que me estaba cansando porque las pausas para tomar eran cada vez más largas, y caminaba bastante antes de empezar a trotar. Estuve a punto de preocuparme por esto, pero me di cuenta que estaba sosteniendo un ritmo demasiado alto para la Espartatlón. Seguramente en la carrera tuviese que hacer pausas como esas y correr más lento. Además voy a hacerla más descansado y sin estar trotando el día anterior.

El sol salió pasadas las 7 de la mañana y me pegó en la cara todo el día. Subestimé este hecho. Ya en el km 50 había pasado una marca, que era la de entrenar en calle con la mochila puesta. A esa altura ya me había desquitado de las cosas porque tenía compañía. Estaba, además, haciendo uno de los fondos más largos sin asistencia.

Hacia el km 60 estaba literalmente cansado y con ganas de llegar a casa. Decidí tomármelo con calma. Nadie me apuraba y no tenía sentido exigirme, así que paré a tomar cada vez que sentí deseos de hacerlo y aproveché esos cortes para caminar un poco. El último tramo, de 7,5 km, los hice a puro huevo, sin frenar. A pesar de que en algún momento sentí que iba demasiado lento o que estaba parando por demás, terminé los 70 km en 6 horas 53 minutos, lo cual no está nada mal. Creo que debería relajarme más.

Esta distancia va a ser la máxima que haga antes de la carrera. A lo sumo repetiré un fondo similar. Me gustaría hacerlo con un modelo nuevo de zapatillas. Todavía necesito encontrar el calzado que voy a usar en toda la Espartatlón…

Semana 47: Día 323: El fondo que no fue

Hoy tenía que levantarme a las 3:30 de la mañana a correr un fondo de 70 km. En realidad era ir hasta Tigre, volver al Hipódromo de San Isidro y completar lo que faltaba con mis compañeros de Puma Runners. Me hice pinole, fainá, me preparé la ropa, la vaselina, la cinta… y me quedé dormido.

En realidad, nunca me desperté. El celular sonó y siguió sonando, aparentemente. Yo abrí los ojos, vi que era de noche, y asumí que, nuevamente, me había despertado antes de que sonara la alarma. Pero eran las 6:38 de la mañana. Y sí, la musiquita que siempre me despierta sonaba cada 5 minutos… todavía.

Supongo que estuve durmiendo mal en la semana, e intenté despertarme tras 4 horas de sueño. Mi cuerpo no lo toleró. Al fin quedó demostrado: soy humano.

Igual fui a entrenar con los chicos del grupo, un poco avergonzado (no saben las cosas de las que me acusaron que me quedé haciendo a la noche). En definitiva, el fondo largo no lo quise perder, así que estoy nuevamente yéndome a dormir, con todo preparado, y apelando a que voy a correr los 70 km sin importar el horario. Lo cierto es que ya el reloj no me corre, así que si me vuelvo a quedar dormido, dispondré de las siguientes 7 horas para correr, termine a la hora que termine.

Así me reencauso en la Espartatlón, para la que faltan nada más que 40 días. Cuando llegue y me bañe, tendré que ponerme a catalogar los miles de cómics que me traje de mi casa materna y que pienso reventar estos días… pero bueno, primero me tengo que ir a dormir. Hasta mañana.

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