Archivo de la categoría: Espartatlón III semana 46

Semana 46: día 322: ¡El equipo completo!

Hoy pasó algo maravilloso y es que junté TODA la plata de la venta de cómics, fui a Aerolíneas Argentinas, dije “deme dos pasajes a Roma” y listo, pasajes emitidos. Así es que Germán y Nicolás, quienes integrarán mi equipo de asistencia en la Espartatlón, ya se aseguraron el vuelo a Europa. Queda todavía llegar desde Italia hasta Grecia, pero es la parte sencilla (y no tan onerosa). A último momento se sumó Lean, por lo que el Spartathlon Team llega a cuatro personas (incluyendo quien les escribe).

Es un enorme peso que me saco de encima, además de que hice bastante lugar en mis bibliotecas. Restaría, además de los vuelos low cost hasta Atenas, resolver el hospedaje, la comida y el alquiler de un coche que lleve a todos a través de los puestos de control. El equipo “oficial” solo puede constar de dos personas, y en este caso son Germán y Nicolás (a quienes, en un acto de asombrosa fe, los inscribí en marzo). Lean está de backup, además de que vamos a necesitar alguien que filme porque todavía mantenemos el sueño de hacer un documental con toda esta experiencia.

Dicen que quien corre la Espartatlón solo no llega, y que tener un equipo es clave. Yo coincido. Cuando uno está cansado toma malas decisiones, como dejar de comer o tomar por haberse hartado. Ahí entran ellos, que tampoco van a ir a pasear. Estar despierto las 36 horas, atento… creo que a ellos les va a costar vencer el sueño más que a mí. Pero son situaciones límite que ninungo vivió y que conoceremos en Grecia…

Voy a seguir vendiendo cosas para el resto de los gastos. Si llegan a conocer a alguien que le interese los cómics, pueden visitar la carpeta que contiene fotos de lo que figura disponible. Pueden llevarse algo barato, quedar bien con alguien o simplemente, como me ha pasado en varias ocasiones, reemplazar algo que hayas perdido en una mudanza o por culpa de amigos de lo ajeno: https://www.facebook.com/martin.casanova/media_set?set=a.10152159300561876.1073741837.619731875&type=1

Semana 46: Día 321: Próximo fondo largo de 70 km

Este sábado me toca nuevamente un fondo de 70 km. Es probablemente la distancia máxima que haga de acá a la Espartatlón. Es increíble cómo en otras épocas esta distancia me parecía imposible, y ahora es simplemente un entrenamiento.

Quizá la distancia varíe. Voy a correr hasta Tigre y volver al Hipódromo, como para estar a las 9 de la mañana en San Isidro y engancharme con el entrenamiento de los Puma Runners. Eso me va a dar 50 km y supongo que ellos harán 20 km, o quedaré como un mentiroso.

Toda esta joda me obliga a salir de casa a las 4 de la mañana. Si tengo todo preparado de la noche anterior (pinole, ropa, etc) me podría levantar 3:30, desayunar y salir. Pero siempre me atraso. Como sea, voy a salir de noche y estaré las siguientes 5 horas solo, la calle y yo. Y algunos que salen de bailar, también.

Estos fondos voy a hacerlos sin música. En parte porque se me volvieron a romper los auriculares que me compré (los hacen muy frágiles a propósito), pero también porque no me quiero desacostumbrar a estar únicamente en compañía de mis pensamientos, tal como va a ser en la Espartatlón donde está prohibido correr con reproductores de música. Creo que es necesario tomar noción del tiempo y apropiarse de esa sensación. Si no, la perspectiva de correr una ultramaratón de 246 km te destruye mentalmente.

Haré lo posible por descansar, pero ya siento la presión del viaje, de las cosas que tengo que dejar listas antes de salir… posiblemente el vuelo de ida a Roma, el 17 de septiembre, sea lo primero que descanse como se debe. Me encanta viajar, es algo que me motiva muchísimo, pero a la vez me estresa horriblemente, y siempre que me voy me siento en falta por algo que no pude resolver antes de viajar. ¿Será esta aventura en Grecia la excepción? Lo dudo.

El tobillo no me está molestando tanto como antes, así que tengo la esperanza de que en este fondo no va a ser un problema. Correr tranquilo nunca me molestó, pero superar las 5 horas de pavimento es exigente para cualquier cuerpo, dolorido o no. Me enteraré de todo el sábado a la madrugada.

Semana 46: Día 320: Ese maldito tobillo

Con el correr de los años y los kilómetros voy descubriendo nuevos dolores, algunos en partes del cuerpo que rara vez me habían dolido antes. Ahora fue el turno de mis tobillos.

No recuerdo exactamente cuándo empezó, así que no podría decir qué fue lo que lo provocó. Posiblemente tenga que ver con el uso de la plantilla con realce que usé un tiempo y que me provocó fuertes dolores en el metatarso izquierdo. Como me duele el tobillo derecho externo y el izquierdo interno, deduzco que tiene que ver con una inclinación de mi cuerpo. También tengo la teoría de algún mal movimiento haciendo burpees, sumado a la fatiga de los entrenamientos.

Corrí la Adventure Race de Pinamar ya sintiendo estas ligeras molestias. No le di tanta importancia y durante la carrera no sufrí dolores, pero esta carrera de aventura es muy irregular y los pies bailan entre montículos de arena, piñas, raíces, pozos… es factible que eso haya empeorado algo previo. Lo cierto es que posterior a esta carrear empecé a sentir cada vez más dolores. El sábado pasado hice un fondo de 22 km antes de empezar el entrenamiento con los Puma Runners y descubrí esa molestia que tenía que ver con la rotación del pie y no con correr. Dependiendo de si apuraba el paso o pegaba un salto (para subir un cordón) el dolor aparecía o no.

En el entrenamiento hicimos abdominales, y cuando llegó el momento de saltar sobre bancos para trabjar cuádriceps, me di cuenta que un simple salto me hacía doler mucho, en especial el tobillo interno izquierdo. Ahí decidí guardarme y no seguir corriendo (después de todo ya llevaba 26 km encima). El lunes no fue diferente, la molestia estaba ahí. Correr no me dolía, pero esprintar y saltar hacía que el dolor aparezca y no se quiera ir.

Con el correr de los días fue cediendo, y lo que me tranquiliza es que el trote tranquilo no me afecta en lo más mínimo. Incluso probé un sprint y pude hacerlo sin problemas. Pero la sensibilidad sigue estando.

Nada de lo que me pasa me hace sentir que la Espartatlón está en peligro. Y sé que en el caso de que me doliese, correría igual. No sé en dónde está mi límite, pero el dolor del metatarso me dio bastante tolerancia al dolor. Estuve horas corriendo, acostumbrándome a la molestia, abrazándola. Me mantenía enfocado, cauteloso. Esto lo voy a encarar del mismo modo.

Si me cuido y no pego saltos ni hago un sprint explosivo, probablemente se vaya en unos días. A menos de un mes y medio de la carrera, nada me va a detener…

Semana 46: Día 319: El egoísmo ante todo

Pido disculpas por escribir un post negativo, que no exalte los buenos valores de los seres humanos. Pero estoy fastidiado y no puedo creer que exista gente así.
Como todavía no conseguí sponsors para la Espartatlón (no pierdo las esperanzas) decidí empezar a vender mi colección de cómics y figuras. Eso fue un cambio enorme, porque no solo conseguí el dinero que necesitaba, sino que me desprendí de objetos materiales que ya no me definían.
Como abrí el círculo de la recaudación por fuera de familia y amigos, conocí a mucha gente que vino gustosa a llevarse algún libro, en general como nuevo y a la mitad de su valor. Eso, para un coleccionista, es muy importante. Muchos me deseaban suerte en el viaje, o me preguntaban cómo era la carrera. Otros simplemente venían a buscar su botín.
Y después estaban los vivos que querían que les haga un descuento. Intenté explicarles que las cosas estaban nuevas y con un descuento del 40%, pero igual no les alcanzaba. Hubo una persona que me reservó unos libros por $300 e inmediatamente los ofreció a la venta por $500… ¡y ni siquiera se los había entregado!
Otra situación desagradable fue que algunas personas controlaron qué pasaba con el material reservado… al punto de exigirme que liberara los libros tras tres días de espera y se los vendiera a ellos… increíble.
Es gente que puso su propio beneficio ante todo. No me gusta que la gente saque a relucir su egoísmo. Hasta intentaron engañarme con cosas que vendía para que creyera que estaban por encima de su valor de mercado.
Espero no ser así nunca. Tengo mis caprichos y a veces no me doy cuenta si hago algo que afecta a otros. No me gusta cuando una persona quiere pasar por encima de otra. Es irónico que eso lo haya aprendido de las competencias…

Semana 46: Día 318: ¡Primer objetivo cumplido!

Después de recibir varias donaciones (¡algunas anónimas!) y de vender una parva de cómics y muñecos, logré el primer objetivo que era recaudar fondos para pagar los pasajes del equipo que me va a asistir en la Espartatlón. No saben el peso que se levantó de mis hombros.

Por suerte se logró con tiempo. El viernes es la fecha límite para cubrir las reservas. Sin muchas esperanzas empecé una campaña en mi círculo íntimo para recibir donaciones y mucha gente estuvo ahí para ayudar, dependiendo de sus posibilidades. Fue realmente algo muy emocionante. Pero el monto a alcanzar era muy alto, y decidí poner a la venta algunas cosas. Una colección de estatuillas que estaba guardada en una caja, los Superamigos que juntaban polvo, un par de libros grandes y caros. Me cebé y decidí vaciar la biblioteca. Así se empezó a ir todo. Y hoy llegué al número que necesitaba.

Esto no es, ni por asomo, todo lo que hace falta recaudar. Con esto logramos poner a Nicolás y a Germán en un avión que los va a llevar hasta Roma. Ahora falta llevarlos desde ahí a Atenas, reservar hospedaje, el alquiler del coche allá, la comida y cualquier gasto imprevisto. O sea que la “gran venta gran” va a seguir, y para eso voy a recuperar la tonelada de cómics que hay en mi vieja casa de Banfield. Sigue el comiccidio.

Gracias a todos los que colaboraron, ya sea donando o comprando material. Hubo un chico que no quiso que le dé el vuelto (¡cincuenta pesos!) porque era su forma de aportar para este sueño.

Ya nada nos puede detener. Estamos con un pie en Roma, y hay que seguir avanzando hasta pasar por Atenas y llegar a Esparta.

Semana 46: Día 317: Hay equipo

Anoche tuve un sueño, y en él iba al entrenamiento corriendo. Nada fuera de lo común, son 22 kilómetros, aproximadamente. Ahí me esperaba mi grupo de entrenamiento, los Puma Runners. El tema es que, apenas llegaba después de ese fondo, empezaba a correr la Espartaltón. Para mis adentros pensaba que no había sido una buena idea lo de los 22 kilómetros, pero no importa, igual hago 246 más. El camino era de pasto, incómodo, y lo que me tranquilizaba era que me escoltaban algunos de mis compañeros.

Hace tiempo que el sueño de correr la Espartatlón se volvió grupal y no individual. Si bien la corro solo, ellos estaban ahí, en cada instancia. El algún momento me imaginé viajando a Grecia con todos ellos, porque en mis fantasías conseguíamos un gran sponsor que ayudaba con todos los costos. Eso no ocurrió, pero Germán, mi entrenador, siempre dijo que me iba a acompañar. Hoy lo sumamos a Nico al viaje, y después a Lean. Además de mis papás (los únicos sponsors de Semana 52 a la fecha), este es actualmente el equipo que estará en Atenas apoyando, haciendo logística, y viviendo el día a día.

Yo siento que tengo la parte fácil, que es correr. Ellos se movilizarán de puesto a puesto, y estoy seguro de que al principio va a ser muy vertiginoso y entrentenido, y a las seis horas se van a querer matar. Pero bueno, yo los necesito, porque lo que me preocupa es que el cansancio me haga distraerme en lo que respecta a comida e hidratación, sobre todo pasada la mitad de la carrera. Será su tarea que yo mantenga la estrategia y que siga motivado.

Esto es muy tranquilizador para mí. Por eso hice mi aporte vendiendo cómics para cubrir una parte enorme de los pasajes. Como funcionó tan bien, y vendí una quinta parte de mi colección, me quedé pensando en si podría sumar más gente vendiendo lo que me falta, o sumar comodidades al viaje. Transformar esos cómics guardados desde hace una década en un equipo de asistencia en la Espartatlón… se entiende que estoy haciendo negocio, ¿no?

Todavía queda un mes y medio para la carrera, pero ya siento que tengo todo lo que necesito. Si la termino o no será algo a definir, pero sé que hice todo lo que estaba a mi alcance, y que voy a correr la carrera más gloriosa de todo exactamente en las circunstancias que siempre deseé…

Semana 46: Día 316: Coleccionando momentos

Yo fui un niño en diciembre de 1989. Estaba cumpliendo 12 años, y en el cine estrenaban Batman, de Tim Burton, una versión oscura y adulta que me arrastraría inevitablemente a leer y coleccionar cómics. Las historietas me atraían, pero nunca me había planteado coleccionarlas. Recuerdo cuando mi abuela me compró mi primer ejemplar (Batman y los Outsiders #2) y cómo esa revista que salía cada 21 días fue el principio de una colección que ganó más y más terreno.

Compré todo lo que podía, yéndome a comer a la casa de la abuela de Hernán, mi mejor amigo y compañero de banco. La plata que me daba mi papá para el almuerzo la gastaba yendo al centro a comprar historietas, en una época donde había paridad entre el peso y el dólar. Compraba en inglés y también las ediciones españolas de Zinco, editorial que desembarcaba en nuestro país con precios de saldo. A veces me obsesionaba con completar alguna serie y me iba a alguna comiquería a realizar búsquedas de tesoros. Una vez conseguí en el Parque Rivadavia unos muñecos de los Superamigos por 5 pesos (incluso en aquel entonces era muy poco dinero para un invaluable objeto del pasado).

Fui coleccionista durante 10 años. Me especialicé en Superman, no me pregunten por qué porque siempre me gustó más Batman. Adquirí algunos muñecos, que para ser más sofisticado le llamaré “action figures”. Cada semana tenía alguna novedad, y me devoraba cada página, cada cuadrito. Me convertí en un acumulador, hasta que en el año 2000 empezó a sentirse la crisis, corté con mis subscripciones y de un día para el otro, dejé de coleccionar.

Mis miles de revistas quedaron en bolsas o cajas en la casa de mis padres. Cuando me dediqué al diseño gráfico me terminé volcando hacia la edición de historietas. Al principio editaba autores locales, hasta que a fines de 2010 empecé a trabajar editando Marvel para el emprendimiento de un amigo. Si bien de lo que más sabía era de DC Comics, no me costó adaptarme a la “competencia”. De vez en cuando compraba algún que otro libro, como para llenar la biblioteca más que para leer, y por supuesto que conforme editábamos material de Marvel, cada publicación era guardada.

Uno creería que este romance entre las historietas y yo duraría toda la vida, pero lo cierto es que dejé de considerarme coleccionista en el año 2000. Todo lo que vino después fue un poco inercia… parte del perfil de acumulador. Cierto día empecé a correr. Fue de a poco, cada vez con más compromiso y entusiasmo. Y estos dos eventos, haber sido coleccionista y ser corredor, pareciera que no están relacionados en lo absoluto, pero todo tomó relevancia hace una semana.

Cuando empecé a progresar y a fijarme metas más altas, terminé inscribiéndome en la Espartatlón, la carrera a pie más dura del mundo. Hacer deporte, cambiar mis hábitos… eso se volvió una pasión más real que coleccionar objetos. Se me ocurrió que podía conseguir un sponsor, y resultó ser más difícil de lo que creía. Si bien a muchos les parecía muy interesante el proyecto, era difícil verle la veta comercial. Llegué a pensar en juntar fondos a través del crowdfunding, pero estos emprendimientos requieren que uno otorgue algo a cambio de las donaciones. ¿Qué podía ofrecer yo? ¿Si donás $500 salgo a correr con vos? No le encontré la vuelta, y solo pude atinar a pedirle plata a familiares y amigos que quisieran colaborar.

Pero claro, estaba bastante lejos de poder cumplir mi primer objetivo, que era viajar con un equipo de asistencia. No tengo idea cómo se me ocurrió poner algunos objetos a la venta. Ya había hablado con un amigo que se dedica a la compra/venta por ciertas cosas puntuales que sabía eran valiosas pero que no me interesaban demasiado. Le empecé a dar vueltas al tema y publiqué un par de cosas en Mercadolibre. Descubrí que la repercusión estaba en Facebook, así que armé una carpeta pública a la que le empecé a meter fotos de libros y muñecos a precios bajísimos. La respuesta fue inmediata. Oleadas de coleccionistas empezaron a realizar lo que llamé el “comiccidio”. Muchos se conmovían con mi historia de estar rematando mi colección para correr en Grecia. Otros venían a llevarse lo que habían comprado con mucha cara de culpa. Alguno hasta me pidió perdón.

¿Cómo explicarles que un momento en Grecia vale más que cualquier cosa material? No debo haber vendido ni un cuarto de mi colección y ya cubrí el costo de un pasaje y estoy camino a cubrir el segundo (ayudó que Aerolíneas Argentinas, si bien no quiso ser sponsor, me ofreció un enorme descuento en el precio final).

Para mí esto se convirtió en el mejor secreto guardado. Jamás me hubiese imaginado que esa colección que estaba estancada y que solo cunplía requisitos estéticos me iba a servir de financiamiento. Además me encanta cómo suena la historia: “Corredor vende su colección de cómics para financiarse una carrera en Grecia”.

Nada de lo que abandonó las estanterías de la biblioteca es irremplazable. Ni siquiera le puse valor “de mercado” a las cosas, simplemente establecí precios muy económicos para que se vaya todo rápido. Y funcionó. Descubrí que mi colección era un comodity. Esos muñecos de los Superamigos que pagué los cinco por $25 hace una década, hoy se lo llevaron por más de 50 veces ese valor. ¿Hay otra actividad que tenga tanto rédito a lo largo de los años? Porque encima me han dicho que lo vendí barato…

Me hubiese gustado que me represente una marca, pero ahora me doy cuenta que prefiero las cosas tal y como se dieron. Objetos casi olvidados de mi pasado terminan de darle forma a este sueño. Voy a tener la carrera que quise, junto a la gente que quiero asistiéndome. No podría haberlo planificado mejor.

A %d blogueros les gusta esto: