Archivo de la categoría: Espartatlón III semana 44

Semana 44: Día 306: Lo bueno nunca es gratis

Me di cuenta que el tiempo se está acabando (toda una revelación) y que el viaje a Atenas está a la vuelta de la esquina. Si bien faltan 58 días para la largada de la Espartatlón, el viaje será dentro de 47, y hay algo que no pude resolver y es que venga un equipo de asistencia. Ya casi no queda tiempo para conseguir un sponsor, pero calculo que hasta que falten 45 días no voy a perder las esperanzas.

El tema, claro, es que la planificación de un viaje toma tiempo, y los pasajes hay que sacarlos pronto. Gracias a un contacto con Aerolíneas aprendí cómo se hace una carta preforma. La envié a nombre del Sr. Recalde y si bien no me podían ofrecer los pasajes gratis (los reservan para situaciones de enfermedad o casos graves), me ofrecieron un 40% de descuento. Sigue siendo mucho el dinero que hay que reunir, pero es una ayuda importante. Entonces, ¿cómo seguir?

Le di muchas vueltas y se me ocurrió algo que siempre me costó hacer: pedir. Ya había instalado una herramienta de donaciones en el blog, que funcionó muy bien el primer día, y después cayó en el olvido. Hice la siguiente cuenta: si tengo que reunir 26 mil pesos, ¿no tendré entre mi familia y amigos 26 personas que puedan disponer de mil pesos cada una, y convertirse así en donadores particulares? Yo soy bastante desprendido del dinero, así que me puse en esa situación y me imaginaba colaborando sin ningún reparo. Así que lo consulté con mi familia, qué pensaba de la idea, con algunos amigos, y me mandé. Publiqué en mi muro de Facebook, que lo tengo solo con amigos y familiares, escribí un llamado a la solidaridad honesto, sin intentar hacerme el gracioso o dar lástima… y funcionó mejor de lo que pensaba.

No tengo el monto exacto, pero muchos familiares y amigos se ofrecieron a colaborar. Algunos ya lo habían hecho hace meses, donándome dinero y hasta euros. Lo conmovedor es que se ofrecieron nuevamente a ayudar. Pasé mi CBU por privado, coordiné encuentros para que me den plata en mano… fue muy conmovedor.

No llegué a la cifra mínima para comprar los dos pasajes, pero me acerqué mucho. Incluso decidí poner una parte, porque después de todo es mi proyecto, y una amiga que administra mis fondos de retiro me dijo que podía sacar parte de mis reservas. Soy joven, voy a seguir trabajando y aportando durante años (además esto es un servicio privado, debería tener una jubilación por mi monotributo).

Esto que estoy haciendo es importante para mí, porque me convencí de que necesito tener un equipo de asistencia para poder hacerle frente a los 246 km de la Espartatlón. Me hace falta apoyo motivacional, alguien que se asegure de que estoy comiendo y tomando lo necesario, y todas esas cosas que el agotamiento puede llegar a hacerme perder de vista. Es una red de contención que considero imprescindible.

Sin embargo, sentí que podía hacer más. Me acordé de Kevin Smith, el afamado guionista y director de cine, que cuando quiso filmar Clerks, su primera película, optó por vender su colección de cómics y así poder financiarla. La movida le salió bien. Hoy su ópera prima es considerada una obra de culto, y pasó a realizar producciones más comerciales y convertirse, en el proceso, en guionista de historietas. En los últimos tiempos tuve una especie de crisis de identidad. Necesito un cambio profesional, o creo que lo necesito. Es algo que estoy trabajando en terapia. Pero realmente dejé de tener apego a mi colección de cómics. Quizá cambié mi pasión por el running, en donde aprendí el poco valor que tienen las cosas materiales. ¿Para qué acumular muñecos y dejar que en la biblioteca los libros junten polvo? ¿Qué es más importante para mí, las cosas que ocupan lugar o la concreción de un sueño?

Empecé tímidamente, publicando un par de libros en Mercadolibre, así como un pack de muñequitos de los Superamigos. Tuve mejor respuesta cuando publiqué esos links en mi muro de Facebook. Ahí me di cuenta que lo que tenía que hacer era usar la red social para vender mis cosas. Saqué fotos, armé un álbum y en medio día vendí un cuarto de la colección. A eso le sumé varias figuras, todo a precios irrisorios. Porque no me importa sacar un rédito económico ni siento que tanto plástico y papel tenga valor para mí. Me alegra ver que a otras personas sí. Yo me contento con saber que esto me va a terminar de formar el equipo que me va a acompañar a la meta. Eso también tiene un costo, pero tras una vida de acumular cosas, siento que todo converge en este viaje y este sueño.

Semana 44: Día 305: Gente Sexy

En el día de la fecha fui al programa Gente Sexy, en la Rock & Pop FM, para hablar de la Espartatlón. Fue una entrevista ágil, rápida, en donde tuve mucho para decir, y creo que me quedé corto. Me trataron muy bien, y hasta nos quedamos charlando fuera de aire porque se habían quedado re copados con la experiencia. Hasta les pasé mi receta del pinole.

Gracias a Fini, la productora, me pasaron el audio, que igual se puede escuchar en la web de la radio. Pero yo quería compartirlo en el blog, como parte de esta cuenta regresiva al viaje.

No pude cumplir mi objetivo de usarlo como plataforma para recaudar fondos, no era el lugar y los ponía en un compromiso. Pero igual creo que sirvió para difundir mi sueño y contarle a la gente qué es Semana 52: el sueño de una persona que dejó de ponerse límites.

Lo volví a escuchar y no quedó tan mal. No se nota que no sé modular, y será que el tema me apasiona que hasta me resultó interesante. Para el que se lo perdió, acá lo tiene a continuación:

http://clyp.it/hdapqg45/widget

Semana 44: Día 304: El sueño completo

Estos últimos meses escribí muchas veces mi historia. De cómo pasé de ser un “gordo come chizitos” (como le gusta decir a mi entrenador Germán) a ser un tipo que está a 60 días de correr los 240 km de la Espartatlón. Un sueño que está ahí nomás de realizarse.

Y la conté tantas veces porque armé una presentación con mi historia, la carrera, y por qué necesito un sponsor. Verán, estadísticamente quienes llegan a la meta en Atenas son quienes cuentan con un equipo de apoyo propio. Será por motivación o porque te ayudan a no salirte de la estrategia, pero los que van solos la tienen más difícil y los que van acompañados llegan. Tiene sentido.

Hace casi un año, Germán le dijo al grupo que el sueño de correr la Espartatlón no era más mío, sino que era de todos. Claro, ellos me acompañaron en los fondos más largos y difíciles, corriendo a mi lado o asistiéndome con agua, comida y aliento. Además, yo me hice ahí, entre ellos. No empecé siendo ultramaratonista: era el tipo que iba al fondo, que faltaba cuando llovía y que creía que la recompensa era un alfajor triple y no un cuerpo sano. Ellos me ayudaron y confiaron, yo cambié, y terminé ayudándolos a ellos al mostrarles que el compromiso y la constancia rinden sus frutos más rápido de lo que uno creería.

La Espartatlón es de todos y con ayuda de al menos dos de ellos tendría a mi equipo de asistentes y el sueño estaría completo. Pero es algo que sale caro, así que armé la presentación para conseguir sponsors o pasajes (no para mí, eso ya está pagado y estoy feliz de que salga de mi bolsillo). En la primera versión hablaba de mí en tercera persona, y los chicos me la bocharon. Decían que le faltaba emoción, que tenía que contar las veces que había intentado cumplir los requisitos de la Espartatlón y fallé. Lo importante que era para mí todo este proyecto. Cómo pasé de odiar correr de chico a vivirlo con tanta pasión. Los cambios que logré en los últimos años. Les hice caso y surgió una nueva versión que te podía hacer llorar.

Pero tiempo después obtuve consejo de vendedores, gente más cerca de los gerentes, que me dijeron que era demasiado largo. Que no tenían ni 5 minutos para dedicarme y que me iba a perder la poca atención que me podían dar. Una página, sintética, y si los enganchaba ahí les trataba de sacar una lágrima. Así que nació la segunda versión, más técnica y fría, pero con un bello mapa del recorrido y sus 75 puestos de control.

Resultó que esa no sería la versión final. Otra persona experta en ventas me dijo que la primera página estaba fantástica, pero le faltaba una segunda en la que contara qué ofrecía yo a las empresas y cuáles eran mis objetivos. Lo de la experiencia personal estaba bien, pero como complemento. De hecho, se convirtió en un anexo de “historia de vida” llamado “El corredor que odiaba correr”.

Con estos híbridos más una carta preforma, llegué a Aerolíneas Argentinas, rogándoles por dos pasajes de avión como mínimo (aunque el número mágico es 4). Me respondieron un mes después con una oferta muy buena, descontándome un 40% el precio de los pasajes como forma de apoyo. No tenían por qué hacerlo ni pedían nada a cambio, pero no es suficiente. Eso sigue siendo muchísima plata. Así que sigo buscando.

Me parece que 15 días es un plazo razonable para decir “muchachos, hasta acá lo intentamos”. Me estoy jugando las últimas armas, tocando los últimos contactos. A través de mi amigo Seba De Caro llegué a la Rock n’ Pop (FM 95.9), y mañana, en Gente Sexy, a eso de las 10:45 de la mañana, voy a estar en la sección “Gente que hace” hablando de la Espartaltón, cómo correr se convirtió en mi vida, y en mi necesidad de conseguir un sponsor para que el sueño esté completo. Quizá sea mi última arma. No dejo de soñar. Tengo fe de que algo puede surgir a último momento.

La carrera… la correré como sea. Pero una ayudita del destino no me vendría nada mal.

Semana 44: Día 303: Soluciones alternantivas a problemas cotidianos

Todo problema tiene una solución. Pareciera que esta frase hecha es un poco facilista, pero yo creo que es así. A todo hay que buscarle la vuelta, no quedarse con la primera opción. Cuando trabajaba en un estudio de diseño y nos pedían hacer la creatividad de alguna campaña, la norma era tirar 15 ideas para empezar a llegar a algo original.

Por supuesto que no todo problema tiene 15 soluciones, pero durante mucho tiempo fui de los que aceptaban su destino sin cuestionarlo demasiado. No tenía fuerzas para torcerlo. Hoy quienes me conocen piensan que tengo una fuerza de voluntad terrible, y aunque siento que la fórmula para llegar a ser el dueño de tu propio destino es muy sencilla, me costó muchísimo llegar ahí. Con esto quiero decir que no hay nadie tocado por la varita mágica, ni tampoco yo llegué a un punto inalcanzable para la mayoría de los mortales. Yo odiaba correr y hace diez días hice un fondo de 120 km. Lo que pasó en el medio fue mi búsqueda de alternativas y la paciencia que entrené. Por eso sé que ese camino que recorrí es accesible para casi todos.

A veces los problemas más complejos tienen soluciones sencillas. A veces los problemas sencillos tienen soluciones complejas. Decidí volverme vegano y con eso agregarle una pequeña complicación a mi vida. Me gusta desayunar con cereales, pero un día decidí no consumir más azúcar y ahí estaba yo, buscando cómo reemplazar mis desayunos y meriendas. En otra época de mi vida hubiese pensado que esto en lo que me embarcaba era muy difícil, bordeando lo imposible, y hubiese abandonado al instante. Pero por suerte me volví cabeza dura.

Pasar a cereales integrales fue más sencillo de lo que me imaginaba. Es increíble la cantidad de azúcar que tiene absolutamente todo lo que consumimos. Si leemos las etiquetas, que lista los ingredientes de mayor concentración a menor, vamos a ver que muchísimas marcas tienen más azúcar que cereal. Por favor, deténganse en esa frase. Los 400 gramos de copos de avena tienen más azúcar que cereal. Contabilizando algún que otro elemento externo (sal, conservante, colorante, etc) hablamos de que tranquilamente la mitad debería ser azúcar para que quede en primer lugar. Mi solución para escaparle a todo esto fue pasar a la avena instantánea. Lo fácil es que se consigue en casi cualquier supermercado.

Lo complicado, y esto sí no me lo esperaba, fue el reemplazo de la leche. Al principio opté por el AdeS natural, que es de soja, con dos grandes salvedades: tiene azúcar (al menos está en tercer lugar) y es muy difícil de conseguir. A pesar de que llamé a Unilever para decirles que en casi ninguna góndola está este sabor, no supieron darme una respuesta y ni siquiera tenían la opción de venta directa. La alternativa que me ofrecían era comprar al por mayor en alguna tienda de distribución. Mi problema es que, siendo peatón, no puedo ir hasta una de estas mega tiendas (que no están a la vuelta de la esquina) y acarrear conmigo 12 cartones de AdeS. Por eso, cada vez que veía este producto en el supermercado, cargaba todo lo que me era humanamente posible llevar.

La primera alternativa a este problema fue tomar las otras variantes de leche de soja, que son saborizadas, un poco más fluidas (las pondría cerca de los jugos), con un poco menos de proteína y más azúcar. No me dejaba del todo conforme, pero al menos seguía desayunando. Alguna vez conseguí que un alma caritativa me comprar el pack de 12 y me las fuera trayendo de a poquito, pero tampoco es una solución. Un poco cansado de angustiarme porque se me estaba por acabar el AdeS, pasé a la solución compleja para un problema que no lo es tanto: hacerme mi propia leche.

En sí es un proceso simple que requiere tiempo. Dejar 75gr de almendras en remojo unas 6 horas, escurrirlas, procesarlas en agua filtrada y colar con una tela para pasar el líquido blancuzco a un recipiente (unas 4 veces). Esto me dio un litro de leche de almendras, que complementé con unas gotas de esencia de vainilla. El gusto, por supuesto, es completamente diferente al AdeS natural, principalmente porque no tiene azúcar, pero además no cuenta con conservantes, lo cual para mí es otra ventaja. No tenía suficientes pasas de uva como para triturarlas y endulzarla con eso, así que le puse un poquito de stevia.

Así es que dejé de depender de los caprichos de un distribuidor o de una cadena de supermercados y logré mi independencia. Es un proceso complejo, la leche resultante me termina saliendo un poco más cara que el AdeS, pero al menos no dependo de nadie, y me llevo ese pequeño orgullo de hacer mi propio alimento.

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