Archivo de la categoría: Espartatlón III semana 42

Semana 42: Día 294: Cita con la nutricionista

Estas han sido semanas complicadas. Mucho trabajo atrasado, por lo que ya van dos semanas que no voy al gimnasio. Estoy haciendo una terapia alternativa para acomodar los pajaritos y porque necesitaba un cambio a nivel interno (algo de eso hablé en este mismo blog). Para mí esta es una etapa de transición, donde la única constante es el running. A esa cita no he faltado, y sigue siendo mi ancla.

La hora de la verdad, en la que corroborar si vengo bien, es mi cita con mi nutricionista. Desde el 31 de agosto de 2010 me vengo controlando con ella, y ha sido quien me ayudó a convertirme en un maratonista vegetariano y en un ultramaratonista vegano. Si le habré dado desafíos, como cuando decidí no consumir más azúcar ni jarabe de maíz de alta fructosa, y a regañadientes me tuvo que buscar alternativas. Podría decir que mi progreso tiene tres aristas: la física, la mental y la nutricional. De todas me tengo que hacer cargo yo, pero por suerte tengo la guía de gente como Germán, mi entrenador, y en cada caso la clave para lograr cambios perdurables es el mismo: los hábitos.

En mi primera cita, mi peso era de 76,9 kg, mi masa adiposa era 25,1 kg y mi masa muscular 31,2 kg, con el resto dividiéndose entre huesos, piel y mi masa residual (órganos y comida en el estómago). De esto se desprendía un dato interesante: mi cuerpo era 32,6% grasa. A menos que quisiera convertirme en nadador de aguas heladas, no me era de mucha ayuda.

La medición de hoy fue la número 23. Ya al principio tuve cambios importantes, con el único problema de que perdía músculo cada vez. Me tomó casi un año subir algo mi masa muscular. Alcancé mi pico histórico en abril pasado, y hoy, tres meses más tarde, volví a mejorar mis niveles. Ahora, después de cuatro años, volví a estar por encima de los 70 kg de peso total, pero por suerte eso no significó que subí de grasa. Mi masa adiposa es de 14,1 kg (20% de mi peso total) y mi masa muscular es de 34,6 kg, lo que significa 800 gramos por mes desde la última medición.

¿A qué le podría atribuir haber progresado y no haberme estancado? Al entrenamiento. A pesar de no haber ido al gimnasio las últimas dos semanas, estuve haciendo un mínimo de tres veces por semana, además de la rutina en los Puma Runners. Estoy corriendo mucho, y eso influye en seguir bajando grasa, y estoy prestándole atención a lo que como… y haciendo caso.

Comparando mi primera medición con la de hoy, bajé exactamente 11 kg de grasa y subí 3,4 kg de músculo. Aquella vez no sabía lo que era correr una maratón, el veganismo me parecía una locura, y participar de la Espartatlón ni siquiera era una opción a considerar. Mi sueño en aquellos días era llegar a correr 80 km. En dos horas voy a salir para correr 120, y no en una carrera, sino como parte de mi entrenamiento.

Si llegue o no, realmente no me preocupa. Siento que mi experiencia y estrategia me van a jugar a mi favor. Creo que solo una situación muy extrema me va a dejar afuera. He aprendido a atravesar el dolor y a confiar en mí mismo.

Ahora me resta entrenar, seguir probando cosas para aplicar en la Espartatlón (para la que faltan 70 días, nada más) y una última cita con la nutricionista, unos días antes de viajar a Europa. Este es mi mejor momento a nivel físico, pero quizá lo pueda mejorar todavía un poquito más…

Semana 42: Día 292: Un año en el microcentro

Me acabo de dar cuenta de que cumplí un año desde que me mudé a este departamento. Aprendí a quererlo, y me di cuenta que si lo tengo ordenado o desordenado responde a mi estado de ánimo. ¿Ordenarlo me pone de mejor humor, o si estoy anímicamente bien lo tengo cuidado? No lo sé.

Lo primero que me llamó la atención de esta zona eran los arreglos que estaban haciendo en las calles y veredas, convirtiendo algunas en semi-peatonales. Era realmente complicado caminar. 52 semanas después, San Martín está casi totalmente transitable, pero el desorden (perdón, las obras) sigue para el lado de Maipú y más allá.

Lo segundo con lo que me encontré fue no saber dónde estaban las verdulerías o las dietéticas. Me costó ir descubriéndolas, viendo dónde me asesinaban con los precios y en qué locales podía encontrar lo que un vegano ultramaratonista necesita para seguir avanzando. Ahora ya sé para qué lado encarar cuando tengo que abastecerme, y a dónde ir para pagar de más (en el caso de estar apurado). Igual, como vegano, sigo prefiriendo hacer compras en el Barrio Chino, aunque no me queda cerca.

Lo tercero que descubrí de esta zona es lo alborotada que es de 9 a 19 horas, el bullicio que hay en la zona de los bares por la noche, y cómo los sábados y domingos quedan todos los locales cerrados y casi ningún alma por las calles. Detesto caminar por Florida porque me quemaron la cabeza con el “Cambio, cambio, change money, troco reales”. Prefiero caminar de más y evitar a los ochenta “arbolitos” que hay por cuadra. Pero el ritmo de vida acá me sigue pareciendo raro, incluso un año después. ¿Cómo puede ser que la pizzería de la esquina cierre a las 18:30? Les debe ir muy bien.

Es lindo mirar atrás y ver la etapa oscura y triste que dejé atrás. No sé si encontré mi centro en este monoambiente, pero hice una movida por mí mismo y siento que me salió bien. Estoy mejor que hace un año y un mes, y mi proceso de tener mi propio espacio y recuperar mi vida comenzó luego de mi Maratón de Río de Janeiro, cuando volví a Buenos Aires y me esperaba este modesto departamento.

Semana 42: Día 291: Recetas ultramaratonistas: El pinole

Hubo un gran cambio en mi alimentación de carrera cuando descubrí el pinole. Al principio me costaba mucho imaginarme cómo hacerlo, así que indagué en internet y me leí montones de recetas para terminar en una gran frustración.

El pinole es básicamente maíz tostado y triturado, que al mezclarse con agua forma una bebida energizante, muy característica entre los tarahumaras, el pueblo mexicano de ultracorredores. Entre todas las experiencias que encontré en la web estaban quienes no lo recomendaban por su sabor y textura (el maíz no se disuelve realmente) y hasta los que sentían que beberlo no les hacía ninguna diferencia. Yo lo probé en fondos largos (o sea, de 70 o 100 km) y mi veredicto es que sí, funciona.

El primer problema con el que me encontré fue el de la preparación. Me compré una minipimmer para triturar el maíz, después de tostarlo en una sartén, y a la primera destrocé el aparato. La preparación quedó bastante bien, pero era muy trabajoso hacerlo. Creo que fue mi nutricionista quien me dijo que pruebe con polenta. Para mí era algo completamente diferente. En algunas recetas hasta recomendaban no pulverizar el maíz al punto de la harina. Pero ante la necesidad hice caso, compré polenta, me salteé el paso del triturado y directamente la tosté. El resultado fue espectacular. Ya no tenía que romper ninguna minipimmer, el paquete de harina de maíz es todo lo que necesitaba.

Fui probando distintas alternativas para la preparación (semillas de chía, por ejemplo) hasta que di con una receta que a mí me funciona muy bien. Es cierto que la polenta tostada no se diluye en el agua, pero es simplemente ir en contra de lo que estamos acostumbrados. ¿Por qué tiene que estar diluido? El objetivo es que nos dé energía de asimilación lenta para un fondo largo, y eso se cumple a la prefección. Decidí agregarle pasas de uva trituradas (con lo que me quedó de la minipimmer), así además de energía de asimilación lenta, tenía también de asimilación rápida. De esa manera llegué a una bebida isotónica, que me levanta al instante y me da “polenta” para el resto de la carrera.

Yo tomo 250 cc de pinole cada 10 kilómetros. Supongo que la cantidad varía en cada uno, pero es lo que me ha venido funcionando en estos meses.

Ingredientes para 1 litro
Harina de maíz (o polenta) a gusto
Un puñado de pasas de uva
1 g de sal marina
Jugo de limón a gusto
1 litro (aproximado) de agua mineral o filtrada

Preparación
Tostar la harina de maíz en una sartén, sacudiéndola constantemente, hasta que cambie de color. En lo posible que quede una capa fina sobre la sartén para controlar mejor que no se queme. Dejar enfriar.
Previamente poner en remojo las pasas de uva, para ablandarlas. Triturarlas hasta que quede una mezcla homogénea.
En un recipiente (yo uso las botellas de vidrio vacías de Gatorade) echar la harina de maíz tostada. La cantidad es a gusto, yo suelo poner dos dedos (la capacidad de la botella es de 450 cc). Agregar la sal (para esa botella sería la mitad) y el jugo de limón.
Verter las pasas de uva trituradas y completar con agua.

Para hacer mucho pinole suelo tostar en dos tandas, para tener mejor control de que no se queme. Las botellas de Gatorade se las voy pidiendo a mis amigos. El vidrio es más higiénico que el plástico, aunque pese más en la mochila. Obviamente hay que sacudir bien antes de tomar, o la harina de maíz va a quedar toda en el fondo. Me hubiese gustado ser más preciso con las medidas, pero está todo armado a ojo, según el diámetro de mi sartén, la capacidad de las botellas y la inspiración del momento.

¿Es rico el pinole? No es desagradable. Tiene un dejo a tutucas. Lo raro puede ser la consistencia arenosa de la bebida, pero sin lugar a dudas lo que cuenta es la energía que aporta. He corrido 70 km casi exclusivamente con esto y anduve fenómeno. Solo complementé con agua y fainá o pretzels si necesitaba algo sólido para comer.

Semana 42: Día 290: Veganismo + Deporte

 Copio esta noticia que me pareció muy emocionante, y una prueba mucho más extrema que la mía de que el secreto del cambio están en los hábitos.

En 2012 Robert Foster pesaba 148 kg y, por más que llevaba toda una vida jugando el papel de “gordo feliz”, se enojaba por no ser más flaco y no poder desempeñarse físicamente. Su mujer, Jessica, pesaba 130 kg y se sentía miserable por ser ignorada, especialmente luego de que un miembro de su familia dijo que “ya no era alguien a quien mirar”.

Una noche en marzo de 2012 decidieron hacer un cambio. Jessica empezó a tomar clases de zumba y a usar la bicicleta fija. Por su parte, Robert decidió jugar al tenis y dejar de comer un segundo plato durante las comidas. En verano, agregaron actividades que no se sintieran como ejercicio, como caminatas y natación recreativa. Ambos quedaron entusiasmados y buscaron otras cosas para hacer.
Ambos corrieron una carrera de 5 km en diciembre. Robert se vio obligado a caminar buena parte del trayecto, pero se inspiró en la actitud de la gente. “El ambiente, los choques de manos y el sentimiento de logro se me volvieron adictivos”, dijo. Continuó participando en carreras y en 2014, pesando 72 kg menos, completó su primer maratón.

En cuanto a la comida, utilizaron una aplicación para contar calorías y comieron mucha verdura y sólo comida natural. “Nuestra filosofía con la comida fue agregar cosas buenas. Así, cada vez deseábamos menos basura”, explicó Robert. Eventualmente adoptaron una dieta vegana.

Ahora, ambos pesan tan solo 75 kg, por lo que perdieron 127 kg entre los dos. “Me amo. Me gusta lo que veo en el espejo. Sé que aún queda trabajo por hacer, pero soy una persona completamente distinta de la que era antes”, dijo Jessica.

Semana 42: Día 289: Héroes

Gracias por dejarlo todo. Triunfar no es ganar, sino que es dar lo mejor de uno. No tengo absolutamente nada que reprocharles.

A pensar en la revancha, dentro de 4 años.

Semana 42: Día 288: Un fondo de 70 km

Dormí pésimo. Me acosté unos minutos antes de las 22 y la alarma estaba puesta a las 3 de la mañana. Pero daba vueltas en la cama, preguntándome si me había quedado dormido, si había escuchado el reloj… tenía tos, dolor de garganta. En un momento no aguanté más, me levanté y miré a ver qué hora era: 2:59. Arriba.

Desayuné, me vestí, guardé las cosas en la mochila (fainá, pinole, algo de abrigo para después) y salí. Faltaban 10 minutos para las 4 de la mañana. Creo que nunca salí tan temprano. Los boliches todavía estaban a pleno, pocos autos en la calle y un clima ventoso. Harían unos 12 grados. No quería arriesgar nada, así que tenía puesta una remera térmica, un rompeviento y un pañuelo en el cuello.

Desde que me hice plantillas nuevas y le puse un realce al talón del pie derecho, vengo lidiando con un dolor en el metatarso izquierdo que no termina de irse. Como ya se lo saqué, esa molestia va cediendo, pero igual sigue ahí. Mi consuelo es que antes no podía hacer 7 km sin que aparezca, y estaba todo el fondo aguantando, intentando acostumbrarme. Puro huevo.

Seguí mi plan de ir hasta Tigre. Pasé por mis puntos intermedios, donde tomo agua en bebederos (kilómetro 8 y 15), además de ir tomando mi pinole. Cuando sentí algo de hambre, comí un poco de fainá, como hice al pie de una canilla (un bebedero no oficial) en el kilómetro 25. Como salí tan temprano, nunca amanecía. La vez pasada que corrí 70 km y llegué al monumento a los remeros el sol estaba saliendo. Ahora seguía la noche cerrada y todavía no estaba en la mitad.

Decidí seguir por la costa hasta donde se pudiese correr, llegar a la mitad de mi fondo y pegar la vuelta. No sé si fue una buena idea porque me metí por zonas muy oscuras en las que no se veía un alma. En todo mi trayecto hay mucha iluminación y algo de tráfico, como para no sentirse tan desamparado. Pero en ese momento, como buen porteño, me dio un poco de miedo estar en ese barrio bonaerense. Pueden ver mi recorrido en este link.

Emprendí la vuelta cuando llegué a los 35 km, justo después de tomar un poco de agua de mi botella. Me alegró regresar a zonas más iluminadas. Mis zapatillas V2 TR no son muy buenas en ciertas veredas húmedas. Si hay canto rodado o alguna superficie un poco patinosa, me siento a punto de caerme. Es algo que con las Nightfox no me pasaba, y tiene que ver con que esta suela es más dura. En asfalto voy fantástico, pero correr patinando es horrible. Fui tensionado, apretando los pies para no caerme.

Como siempre, cada 10 km tomaba pinole. No pude evitar sacar algunas fotos al amanecer en el Tigre. Los paisajes son un espectáculo que disfruto mucho, algo indivisible de los fondos largos. Llegué donde hacen base los Puma Runners, unos minutos antes de las 9 de la mañana, con 50 km encima. Era fantástico, porque solo me quedaban cuatro vueltas al Hipódromo para cerrar. Hice la primera solo mientras el resto iba llegando. Se me hizo especialmente larga, no sé por qué, pero al menos pude dejar la mochila y correr sin peso extra.

Para mi segunda vuelta el resto del grupo ya estaba entrenando progresiones y burpees, así que tampoco pude engancharlos para que me acompañen. Salí nuevamente solo. Acá pasó algo extraño, el reloj se detuvo (quizá lo había parado yo sin querer), así que me comió más de 1 km. Decidí forzarme a seguir hasta que marcara 70 km. Eso que midió de menos se lo sumaría cuando bajara la información a internet.

Ya en la tercera tuve escolta, y venía fantástico. Comparado con mi fondo anterior , donde el dolor estaba presente constantemente, me sentí espectacularmente bien. Pero claro, llegó la última vuelta. Ahí la compañía era mucho más numerosa. Todo el tiempo había sentido una ligera molestia en el metatarso, y en algún punto me pareció que el pie se agarrotaba y que estaba a punto de acalambrarme. Lo cotrarresté corriendo relajado, no intentando forzar nada. Y funcionó. Pero cuando iba 66 km el dolor pasó de una intensidad de 3 a 8. Apreté los dientes y seguí. Los chicos me hablaban y yo no respondía. Estaba muy concentrado. Me preguntaron si me dolía y asentí. La tensión que sentí en ese momento, el estrés, fue bastante importante. Me llevaba el deseo de terminar. Sabía que al instante en el que parara (aunque fuera un minuto), el dolor desaparecería. Fueron 4 kilómetros muy largos, muy tensionantes, pero faltando 400 metros aumenté la velocidad y terminé con todo lo que tenía.

Fueron 7 horas con 5 minutos para esos 71,80 km (aunque mi reloj marcó 6:56 y 70,17 km). Físicamente terminé muy bien, solo que se me hizo una ampolla con sangre en el dedo chiquito del pie izquierdo, y me corté con una uña del derecho. Un cortecito muy chiquito, y parecía un efecto especial de una película clase B. Obviamente que el metatarso no me dolió más desde el instante en que dejé de correr. Me toco, me aprieto, y no siento absolutamente nada. Al menos ese dolor que tenía que tragarme a partir del kilómetro 7 ahora me castigó en el 66. A ese ritmo, quizá desaparezca para la Espartatlón. Y si no… será cuestión de aguatarme. Es hacer esto mismo pero 2 veces y media más. Quizá peque de optimista, pero me parece que es algo que voy a poder hacer…

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