Archivo de la categoría: Espartatlón III semana 38

Semana 38: Día 266: El sueño (literal) de un fondista

Quienes me conocen saben que no tolero el sueño. Si estoy cansado, mi cuerpo empieza a apagarse lentamente. A los bostezos y ojos achinados se me suma una picazón en todo el cuerpo. En realidad no creo que me pique realmente, sino que me rasco y no sé si eso me da más o menos sueño. Creo que más. Acto seguido, las funciones cognitivas se apagan, los ojos se cierran, la boca se abre y la cabeza queda colgando (hacia atrás o hacia adelante, depende). Mientras duermo todos me sacan fotos, se ríen y la pasan bomba.

He comprobado que no sufro narcolepsia ni nada parecido. Todos los Casanova nos rendimos ante el sueño, cabeceamos y nos desmayamos. Más allá de la genética, esto me inquietaba, hasta que leí en Nacidos para Correr que los tarahumara van caminando y de pronto se desploman en el suelo. Esta tribu de ultra corredores optimizan su energía al máximo y cuando tienen sueño, se dejan caer como si fueran marionetas a las que le cortan los hilos. ¿Tendré algo de tarahumara, aunque solo sea en desmayarme ante el sueño?

Esto de estar entrenando distancias de ultramaratón hace que tenga que madrugar. Y es algo que, por suerte, me cuesta muy poco. Todo el esfuerzo que hago para quedarme despierto a la noche es me lo ahorro en la mañana, levantándome de un salto. Mañana, por ejemplo, tengo que correr 70 km, y quiero que los últimos 20 coincidan con el entrenamiento de los chicos de Puma Runners. Además necesito terminar antes de que empiece el partido de Argentina, así que mis cálculos me dieron que tendría que estar empezando mi fondo a las 4 de la mañana. Si les parece que va a hacer frío, es porque no saben cómo baja la temperatura en los primeros minutos de luz solar. ¿Algún meteorólogo que me explique por qué, cuando sale el sol, hace más frío que la noche anterior?

Aunque tenga las cosas preparadas, necesito desayunar, así que con suerte me tengo que levantar a las 3:30 de la madrugada, vestirme, comer mis cereales y salir.

Lo curioso de todo esto del sueño, mi resistencia (o falta de ella) ante el cansancio y las ultramaratones es que voy a enfrentarme a la Espartatlón, en la que no voy a poder dormir. La única experiencia que tuve haciendo algo similar fue en La Misión (que a simple vista no estaría siendo tan parecida), en la que no debo haber dormido más de dos horas en tres días. Supongo que la emoción de la carrera no me va a permitir rendirme ante el sueño, así que no me estoy preocupando por controlar mi agotamiento (digo esto mientras bostezo, me lloran los ojos, y me empiezo a rascar la cabeza… sí, definitivamente eso me da más sueño).

Madrugar, por supuesto, obliga a acostarse más temprano, algo que le encantaba a Murakami. Él un día decidió que junto a su esposa no iban a acostarse tarde. Quienes los rodeaban iban a tener que entenderlo, así que se excusaba de las reuniones (a veces ni siquiera iba) y aprovechaba las primeras horas del día, como hacemos todos los amargos.

El descanso es uno de los pilares del deporte de alto rendimiento, junto al entrenamiento y la alimentación. Probablemente sea el aspecto más descuidado, pero últimamente estoy intentando meter la mayor cantidad de horas de sueño, aunque sean pocas como suele pasar cuando arranco una ultra a la medianoche.

Mañana toca un fondo de siete horas, así que ya me estoy metiendo en la cama…

Semana 38: Día 265: Sangre vegana

¿Quién será el afortunado que reciba 500 cc de sangre vegana, sin colesterol, ni alcohol, ni medicamentos, ni drogas? Fortalecida con ultramaratones y gimnasio. Esta donación premium quizá salve alguna vida. Para pensarlo.

Semana 38: Día 264: Mi rutina de gimnasio

Encontré un placer inmenso en empezar el día entrenando en el gimnasio. Pude ir descubriendo lo que me gusta, lo que no, mis mañas, y me armé una rutina que no solo implica los ejercicios.

Me gusta ir temprano, aunque eso requiere que no me acueste muy tarde. Suelo poner el despertador a las seis, aunque lo ajusto dependiendo de la hora en que me haya acostado. La siguiente hora la paso tomando mi vaso de agua, mi desayuno (cereales con pasas, banana en rodajas y leche de soja), preparando mi colación post gimnasio, la toalla y la ropa de recambio.

Los elementos más importante que descubrí para hacer la rutina de gimnasio más placentera son los guantes, para no destrozarme las manos y una toallita para secar la máquina después de usarla. Casi nadie hace esto, aunque se supone obligatorio. A mí me gusta no dejar rastro de mi paso.

Si cumplo mi itinerario, llegaría al gimnasio, luego de una caminata de quince cuadras, a las siete de la mañana. Pero han sido pocas las veces en que lo logré. El promedio histórico ha sido a las ocho, lo cual sigue estando bien para mí.

Después de dejar las cosas en el vestuario, me voy a ejercitar. Primero una entrada en calor de diez minutos en la cinta, seguido de ejercicios de elongación. Ahí empiezo el circuito con ejercicios de piernas, dorsales, espalda, abdominales, hombros y bíceps, alternando con días de pecho y tríceps. Como estoy medio chueco y busco enderezarme, siempre trabajo dorsales y abdominales (mínimo 240 por día).

La idea del circuito es trabajar una serie y no repetirla hasta terminar el resto de los ejercicios. Eso me da tiempo a recuperarme, y me permite trabajar con más peso que si hiciera las tres series seguidas.

En total estoy terminando en una hora y media. Alguna vez leí que al cuerpo no le hacía diferencia si se pasaba ese umbral. Pero a esa altura estoy pensando en lo mejor de la mañana, que es el sándwich de tofu y mi botellita de agua que me esperan en mi mochila. También me hidrato entre circuitos, con agua del gimnasio.

Como muchas cosas que me gustan, empecé prejuzgándolas. Antes me reía de quienes iban a entrenar en musculosa y se miraban en el espejo, y hoy hago exactamente lo mismo. Me gusta verme haciendo el ejercicio, controlar mi posición y ver cómo trabaja el músculo. Pero sé que es una suerte de ilusión óptica. Hacer bíceps, por ejemplo, llena a los músculos de sangre, y se ven más hinchados de lo que en realidad son. La ilusión dura una media hora.

Después de volver al vestuario y comer mi colación, llega el momento de una ducha caliente, cambiarme y salir a la calle a enfrentar el día. Si cumplí mi itinerario, estaré en casa cerca de las nueve y cuarto. No me gusta volver muy cerca de las once, porque se me junta con mi colación de media mañana.

Estoy haciendo esto tres o cuatro veces por semana, y noto muchos cambios. Todos son lentos y se aprecian con el tiempo. Básicamente tienen que ver con fortalecimiento (levantar más peso), recuperación (ya no queda doliendo al día siguiente) y marcación (el músculo crece y la grasa retrocede).

Hay días en que me cuesta salir, en los que una hora y media de ejercicios parece mucho. Pero nunca me arrepentí de entrenar, así que intento no pensarlo mucho y salir. El tiempo me demostró que esos pequeños esfuerzos diarios están rindiendo sus frutos.

Semana 38: Día 263: Ajustando el objetivo II

¿Se acuerdan de lo que hablaba ayer? ¿Cómo pasamos de ver la mejor manera de hacer un fondo de 150 km el sábado (mismo día que juega la selección) a tres días con 50, 70 y 50 km consecutivos? Bueno, eso no va a pasar.

Ayer a la noche entrené con los Puma Runners. No hice un fondo demasiado largo, 5,6 km, pero trabajamos muchísimo fuerza de piernas con ejercicios de musculación. Y en esas progresiones, Germán (mi Maestro Yoda) me vio trotando “raro”. Cenamos juntos y charlamos de cuáles eran las mejores opciones para el fin de semana, hasta que llegamos a la conclusión de volver a subir el listón con los tres días que me iban a sumar 170 km.

Hoy estaba camino al Club de Corredores, para inscribir al grupo en la Adventure Race de El Palmar. Mientras caminaba, el metatarso izquierdo me dolía, algo que solo me pasaba cuando corría. No deja de preocuparme, pero mientras esté dentro de un umbral que me permita correr, no me desespero. Ya habíamos hablado en la cena de la posibilidad de tomar analgésicos (algo que estaba intentando evitar), porque es mejor experimentar ahora que en la carrera, para la que faltan exactamente 100 días. Y venía pensando en ese dolor y en si iba a desaparecer en algún momento de estos tres meses, cuando sonó mi teléfono. Germán.

Cuando lo atendí me planteó su preocupación por el acortamiento que notó. Es una consecuencia lógica de correr tantos fondos, pero estoy intentando compensar con elongación todos los días. Siento que tengo mayor flexibilidad, aunque quizá no sea la suficiente. Lo que me propuso era bajar el plan del fin de semana y concentrarnos en solo un fondo de 70 km el sábado.

Puede sonar raro que diga “solo un fondo de 70 km”, como si fuese algo livianito. No es joda, aunque apenas sea el 28% de la Espartatlón. Igual para mí suma mucho y sigue siendo un desafío. Mantenemos el plan de hacer un fondo mucho más largo para después de El Palmar, que corremos a fin de mes.

El objetivo es correr toda la noche, experimentar pasar todas esas horas en la oscuridad. Algo de eso viví (o “padecí”) en Patagonia Run, pero me sigue pareciendo un desafío y quiero hacerlo. De por sí el fondo de 70 km lo voy a arrancar a las 4 de la mañana, para que a las 9, cuando comienzan a entrenar los chicos de Puma Runners, me queden 20 km por delante y los pueda compartir con ellos.

Hoy mi única traba es el metatarso. No sé si fue tan buena idea cambiar de plantillas, pero el hecho de haberme sacado la talonera no resolvió nada en lo inmediato, así que no veo más opción que bancármela. Me tranquiliza que mi problema no sea la fatiga muscular o el agotamiento físico. Creo que podría estar corriendo por siempre. El dolor del metatarso al menos me obliga a ir con calma, razonar, y concentrar cualquier molestia o dolor en ese punto único, y no en el resto del cuerpo. Algo es algo.

Semana 38: Día 262: Ajustando el objetivo

Resulta que el sábado próximo queríamos hacer un fondo de 150, quizá el más largo antes de la Espartatlón. Según mis cálculos más conservadores, debería hacerlo en 16 o 17 horas. Lo que no tuvimos en cuenta es que a la una del mediodía juega la selección nacional. Entonces… ¿qué hacer?
Que juegue Argentina, en esta instancia, no me preocupa. Puedo entrenar sin angustia. El gran problema es que no puedo hacerlo solo. Necesito asistencia. Por experiencia sé que puedo correr 50 km solo, arreglándome con lo que entre en la mochila. Pero con eso solo cubro un tercio.
Pensé en salir antes, pero para cerrar a las doce del mediodía tendría que salir a las ocho de la noche del viernes. Si salgo el sábado después del partido, tipo tres de la tarde, terminaría a las siete de la mañana del domingo. ¿Puedo disponer de asistencia en la madrugada? Tengo muchas dudas, todas girando en torno al horario “menos peor”.
Al final decidimos tirarlo unas semanas atrás, así que la idea actual es correr 50 km este viernes, 70 el sábado y 50 el domingo. Tres semanas más tarde, hacemos los 150 km de una (y digo esto sin saber en este instante qué pasa con el mundial, si ya va a haber terminado).
Tengo autonomía para hacer 50 km, y hasta 70 me animo, sobre todo si corro por el Hipódromo de San Isidro que tiene bebederos. Calculo que iría desde casa hasta Tigre, para volver a Acassuso y terminar ahí. Veré qué pasa y cuánto me molesta el metatarso…

Semana 38: Día 261: Un fondo mundialista

Ya venía tentándome con la idea de correr mientras Argentina estuviese jugando el mundial. Ver si las calles quedaban desiertas como yo me imaginaba, y aprovecharlas para entrenar en un original acto de rebeldía.

La idea de salir a hacer un fondo fue de mi amigo Jorge, incluso propuso salir a las 5 de la tarde, con el partido empezando dos horas después. Era obvio que no íbamos a terminar antes del silbatazo inicial, pero bueno, ¿qué nos podíamos perder? Si estuviésemos en octavos de final ya nos estaríamos comiendo las uñas. Pero ahora estábamos relajados, con Bosnia iba a ser un trámite… ¿no?

Salimos puntual desde Libertador y Callao. Seguimos por Figueroa Alcorta, poniéndonos al día de las carreras, las recuperaciones, las rutinas en el gimnasio. George es de charlar mucho mientras corremos, lo que a mí me hace todo el entrenamiento mucho más ameno.

Íbamos tranquilos, pero a un ritmo interesante. Yo estaba experimentando con mis plantillas, a las que les saqué el realce que tengo para el tobillo derecho, y ver si eso hacía que no me doliese el metatarso izquierdo. Parecía tan fácil… pero no lo fue. Lo que sentí fue exactamente lo mismo que las últimas semanas: dolor intenso, que a veces se hace más agudo, otras desaparece. Pero siempre está ahí, latente. No hubo cambios, o a esta altura me va a costar sentirlos.

De a poco la ciudad se fue vaciando. En la calle, autos y motos se apresuraban. Los empleados de seguridad del predio que está en la costanera, pero del lado de Capital, nos vinieron a avisar que cerraban (OBVIAMENTE se iban a ver el partido), y en el regreso por Libertador el tráfico empezaba a desaparecer.

No pretendíamos hacer un fondo de más de 21 km, además yo no llevaba mucha agua, y de comida solo dos rodajas de mi pan casero (o sea, amasado con mis propias manos). Por eso suponía que íbamos a terminar antes de que empezara el partido. Pero no, se hicieron las 7 de la tarde, y al toque el suelo vibró y los edificios se sacudieron con un “¡GOOOOOOLLLL!” gritado como si estuviésemos jugando contra Inglaterra. ¿Será que la cábala a partir de ahora es que salga a correr durante cada partido?

En lugar de ir a casa, en Pueyrredón doblé para acompañar a George a su casa y acercarme a lo de mi hermano. Me decepcionó que todavía hubiese autos y gente en las veredas, aunque muy poca. Un joven en un claro estado de ebriedad me tocó el hombro cuando lo pasé y me dijo “Eh, tranquilo, no corras, relajate que está el partido”, y lo siguió repitiendo mientras yo me alejaba. “¡No quiero ser un vago como vos!”, le respondí (cuando estuve a una distancia segura). Lo que saco de conclusión es que la gente en la calle eran un 80% mujeres, 2% vagabundos, 17% turistas y 1% colgados que estaban viendo a la selección en televisores de restaurantes, kioscos y escaparates.

Se me ocurrió la brillante idea de pasar por un restaurante vegetariano a comprar mi cena y no complicar a mi hermano. Me abría un poco, pero resolvía la noche. Llegué a la puerta a las 19:20… y abrían 19:30. Así que lo dejé para el entretiempo. Mi fondo lo cerré en los 27,5 km, con 2:30 hs ininterrumpidas, un gol en la calle (que me enteré que había sido en contra), el golazo de Messi y el descuento de Bosnia para hacernos sufrir. Mientras veía el partido elongaba, como para no perder la costumbre.

Fue un lindo experimento, pero hoy me enteré de que el sábado que viene es el partido contra Irán, justo cuando yo estaba planeando correr 150 km. Prefiero mi entrenamiento a esta instancia del Mundial, el problema es que si no tengo gente que me asista, no voy a tener autonomía para correr esa distancia. Quizá si engancho a uno de esos extranjeros que andaban paseando por una ciudad casi vacía…

Semana 38: Día 260: Al mal tiempo… correr

Debería hacer un seguimiento al post catártico que escribí ayer. Sé que preocupó a más de uno, que me escribió y agradezco muchísimo el apoyo. No resolví absolutamente nada en las últimas 24 horas, pero sin dudas me ayudó escribirlo.

Lo que sí me doy cuenta es de que cualquier pensamiento negativo o sensación de vacío se resuelve corriendo. Incluso en las condiciones más adversas.

Hoy me levanté a las 5 de la mañana, algo que la mayoría odiaría. Afuera hacía frío, el pronóstico indicaba una mínima de 1 grado que sospecho no habíamos alcanzado. Me vestí, desayuné, preparé las cosas en la mochila, y ni a palos tenía lo que suelo tener para fondos largos. No había pinole ni fainá, solo agua, pasas de uva y ganas. A las 6:15, después de ir al baño varias veces (para reducir las ganas de buscar un arbolito por la calle), salí, puse el GPS y arranqué.

Como siempre, me abrigué por demás. Guardé los pañuelos que tenía en el cuello y la cabeza, pero me dejé los guantes puestos, por las dudas. Como cualquier madrugada de estos meses fríos, era una noche cerrada. El pie no me dolía, así que apreté. Corrí entre la gente que volvía a dormir y los que encaraban un compromiso temprano. En el kilómetro 8, mi primera posta, tomé agua del bebedero. El metatarso todavía no dolía, lo cual me pareció una buena señal. Seguí hasta la cancha de River, sin saber si encaraba Libertador o si cruzaba el puente para salir al otro lado. En el momento decidí ir al puente.

Pasaban los kilómetros y el pie no dolía. Pasé por debajo de la General Paz, el Carrefour de provincia y llegué a la costanera de Vicente López. Le saqué una foto al amanecer, un cielo que se iba iluminando de a poco. A medida que se iluminaba el día, la temperatura se desplomaba. Me tuve que poner el pañuelo para proteger las orejas. Con cada exhalación salía un vapor cada vez más blanco.

Por el kilómetro 15 me empezó a doler el metatarso. No en cada pisada, pero una irregularidad, o apoyar en una superficie blanda, me hacía ver las estrellas. La meta era en la Shell, donde tenía una reunión con Nico y Germán, nuestro entrenador. Era a las 8, y para no llegar tarde, en lugar de desviarme por el costado del Tren de la Costa, corté camino por Libertador. Debe ser una cuestión mental, porque a menos de diez cuadras, casi llegando, el dolor era terrible. Difícil creer que sea una casualidad. Pero aguanté, no bajé el ritmo, y llegué, pasado apenas un par de minutos.

La reunión, en la que hablamos del desarrollo de un sitio web, transcurrió en un lugar donde tenían calefacción… afortunadamente. Frenar me enfrió. No me cambié, y la térmica mojada empezó a bajarme mi propia temperatura interna. Me abrigué, y para las 9 estábamos en la base donde nos juntamos a entrenar con los Puma Runners. Pero el frío que tenía en ese momento era terrible. Llevaba 21,5 kilómetros corridos en 1 hora con 45 minutos.

Después llegó el ansiado entrenamiento con los chicos, con pasadas, muchísimas abdominales, muchísimos burpees, y fondo de regreso, por lo que terminé corriendo 34,4 km en toda la mañana. Mi humor era inmejorable. No me sentía cansado, ni tampoco que mi vida estaba fuera de eje. Opté por no pensar en trabajo por el resto del día, y lo cumplí. Ahora estoy en casa, con sueño y a punto de irme a dormir. Me ayuda planificar mi próximo fondo (mañana, domingo, unos 20 km) y planificar el megaentrenamiento del sábado que viene. Quizá corra una distancia superior a 100 km, en un mismo día. Y lo pongo en condicional, porque me cuesta pensar en hacer 150 km de corrido. ¿Cómo será? ¿A qué hora tendría que arrancar? ¿Cómo sería la estrategia? Digo que me cuesta porque no lo tengo definido, pero no me asusta, en absoluto. Al contrario, definirlo me va a ayudar a pasar esta semana. Tengo un nuevo objetivo. Corrí mucho y voy a correr mucho más. ¿Qué otra cosa podría pedir?

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