Archivo de la categoría: Espartatlón III semana 32

Semana 32: Día 224: Crece la lista de argentinos en la Espartatlón

Esta es la orgullosa delegación argentina que va a participar en la Espartatlón 2014:

Martín Casanova
Hector Bengolea
Leo Bugge
German Cordisco
Martin Cordoba
Fabian Alberto Duarte
Gerardo Re
Gustavo Claudio Rigassio
Guillermo Sivori
Alejandro De Brandi
Ivana Farias

La fortuna quiso que quede primero, seguramente porque pude resolver mi inscripción (incluyendo el pago) primero. Pero soy un debutante (y el varón más joven, como pueden apreciar en la imagen), mientras que entre los otros veo nombres de corredores experimentados, muchos ya han completado el recorrido entre Atenas y Esparta… ¡algunos más de una vez!

Otro ítem a destacar es que contamos con la presencia de una mujer (y la más joven de todos), Ivana Farías… ¡un lujo!

En la lista de espera quedan un par de corredores que están ansiando por un lugar. Tal es el caso de Nico Kierde, quien terminó los 246 km en una oportunidad, relato que alguna vez rescaté para este mismo blog.

Es un grupo muy diverso, de gente más madura que yo, lo cual me intimida un poco. Pero ya estamos debatiendo estrategias de entrenamiento, intercambiando tips de viaje… ¡me siento entre amigos! No los conozco personalmente a ninguno, pero nos hermana la locura de este sueño… Son la delegación argentina, pero los veo como guerreros espartanos, con quienes haremos la formación en la que cada uno protege al otro con su propio escudo.

Por la gloria.

Semana 32: Día 223: ¿Dónde va el número?

El fin de semana pasado fui a correr la Star Wars Run. Era la primera carrera de mi amigo Seba, y había sumado a dos amigos cinéfilos que iban por la Guerr a de las Galaxias y para probar suerte en un evento deportivo. Uno, de hecho, era un experimentado corredor que por lesiones había abandonado hacía tiempo las carreras.

Así que estábamos los cuatro dirigiéndonos en auto hasta el Hipódromo de San Isidro. Como siempre hago todo a último momento, decidí ponerme el número de corredor en el viaje, un poco adivinando dónde colocar los ganchitos en la oscuridad. Me lo puse donde hago siempre: en el pantalón. Generalmente es del lado derecho, supongo que porque soy diestro. Me sorprendió la pregunta de Seba, que desde el asiento del acompañante me preguntó “¿Dónde te ponés el número?”. Él se lo había puesto, como lo haría cualquier persona, en la remera, a media altura entre el pecho y la panza, intentando no tapar la imagen fosforescente de Yoda.

Le expliqué dónde me ponía siempre mi número dorsal y por qué: generalmente, las remeras son muy frágiles. Cualquiera que haya participado en dos o tres carreras notará la constante de que se enganchan fácilmente de cualquier cosa. No hablo de un clavo, sino de la imperfección en una madera, por ejemplo. Se corre el tejido y ya está, queda marcada para siempre. Si corrés con mochila sabés que tendrá un desgaste eterno. Así que, para preservar un tiempo más la tela, intento no atravesarlo con cuatro agujas. Además hay un motivo práctico, que se aplica a las carreras de aventura pero que el hábito traslada a todo tipo de competencia: el abrigo.

Cuando uno corre en la montaña, con temperaturas muy frías, seguramente quiera ponerse un abrigo. Algunas organizaciones exigen que el número esté siempre a la vista, para una mejor identificación para los voluntarios. No es muy práctico ponerse un buzo, colocarle el dorsal, y cuando entremos en calor sacarse todo y volver a enganchar el tyvek en otro lado. Por eso un día descubrí que ponerlo en el pantalón, que no me iba a sacar hasta no meterme a bañar después de terminar la carrera, era lo más práctico.

Parece tonto, pero esas cosas ahorran segundos, esfuerzos, y agujeros en remeras. He visto gente que se los pone en la espalda (imagino que lo hacen solo en competencias de calle donde no tienen que ponerse mochilas hidratadoras). Lo cierto es que para encontrarse uno en las fotos es mejor que el fotógrafo tenga el número a la vista. En algunas páginas uno se puede buscar por su código de corredor. A veces, por supuesto, no aparecemos ni que nos lo hubiésemos puesto de antifaz. Pero bueno, no está de más facilitarle las cosas a la organización…

Semana 32: Día 222: A un mes de Fiambalá

A pesar de que por cuestiones de costos decidí no participar en Fiambalá, hoy era la conferencia de prensa en la Casa de Catamarca en donde se repasaba la carrera, y como me invitaron personalmente, decidí ir. De última, es un modo de saber qué me estoy perdiendo.

Fiambalá es una carrera de aventura, quizá una de las más difíciles que se vayan a hacer en nuestro país. Y esa dificultad radica en que se corre en el desierto. Olvidate de sombrita en los árboles, arroyos donde mojarte los pies… esto es extremo. Las distancias son tres, 27, 50 y 80 km. Gran parte del recorrido es arena suelta, y ahí está otro motivo por el que yo no debería participar. Ya mencioné que había una cuestión de costos. Por suerte los problemas de plata son los más baratos de resolver: solo requieren dinero. Pero tengo cada vez más cerca la Espartatlón, para la que me tengo que preparar exclusivamente en asfalto, porque se corre casi toda en ruta. A eso hay que sumarle la lógica de que tengo costos de pasajes, que ya hay que empezar a pagar en cómodas cuotas, por lo que se me empieza a complicar Fiambalá. Así que probablemente lo mejor sea ponerla como objetivo el año que viene.

Generalmente las carreras que se hacen por primera vez suelen tener una concurrencia baja. Recordemos la Ultra Buenos Aires 100K, también organizada por Salvaje Eventos, que si bien era algo no competitivo y a puro huevo, reunió a unas 50 personas. Ese número ya estaba ampliamente superado en la charla de hoy, y entre los inscriptos alegan tener más de 400 corredores.

Por suerte llegué y me encontré con un amigo, Cristian, que está inscripto y con ciertos nervios. Le ofrecí prestarle un par de polainas (requisito indispensable para tantos kilómetros de arena), y de paso le di mi opinión sobre la hidratación: bebida isotónica por encima del agua (la que dejaría para mojarse y sacarse lo dulce de la boca. No dejé pasar la oportunidad para recomendarle el pinole y seguir despotricando contra el azúcar, pero sé que mi batalla no es la más práctica. Para esta carrera hablamos de contar con 3 litros de agua para largar, e ir cargando en los puestos de hidratación. Hay poco margen, casi tanto como la sombra que se puede encontrar en las dunas.

El fuerte de esta carrera, además del titánico desafío (que NADA tiene que ver con la selva de Yaboty o la montaña de la Patagonia Run) es el atractivo turístico. Correr en medio de la nada, dependiendo de uno mismo, en un clima áspero… debe ser maravilloso. Cualquier desafío es tentador, y el paisaje de Catamarca lo hace muy particular.

Otro encuentro que tuve en la charla fue con D.J., viejo integrante de los LionX, quien siempre hizo carreras de calle, con excelentes tiempos en maratón. Me sorprendió que eligió los 80 km de Fiambalá como su debut en aventura… es como empezar desde arriba… espero que no se arrepienta de esta experimentación, porque las diferencias son abismales… no hay reparo, el calor se sufre más (y el frío para los que arrancan de noche, mucho más), la arena quema piernas a lo loco, y uno se siente insignificante en medio de ese desierto infinito…

Sí, a los ultramaratonistas nos gusta sufrir. Creo que Fiambalá va a ser una cita obligada para los que creemos que los desafíos están en salirse de la zona de confort. Ojalá que el año que viene esté escribiendo la reseña porque fui, en lugar de quedarme con las ganas…

Semana 32: Día 221: El Chino Maidana no se hizo a alfajores

Hubo una época en mi vida, pre-Semana 52, donde era completamente adicto a los alfajores, puntualmente al Mini Torta Águila. También el Cachafaz era un excelente reemplazo cuando no encontraba el otro. En mi trampa mental era una recompensa que me daba por haber obtenido un logro, o era lo que me levantaba si tenía un mal día. Como la vida se compone de momentos buenos y momentos malos alternadamente, terminaba comiendo un alfajor diariamente.

Me costó mucho dejar de asociar el sabor rico con la alimentación. Hoy podría parecerle un bicho raro a cualquiera que crea que abandoné las golosinas por propia voluntad, al punto de que no las extraño ni me tientan. Me cuesta recordar aquellos días de grasas saturadas y azúcares, pero las viví. Fue también una época donde tenía sobrepeso, estaba disconforme con mi físico y eso me deprimía constantemente (me levantaba el ánimo, brevemente, con golosinas, y el ciclo volvía a empezar).

Los alfajores no eran lo único “no sano” que comía, y no puedo endilgarles a ellos todos mis traumas. Pero eran parte de un mal hábito. Cuando empecé con Semana 52 aprendí casi inmediatamente a leer las etiquetas de los alimentos, a dejar de lado lo que tenía alto contenido de grasa, y cuando mi físico alcanzó un punto de equilibrio, ya había aprendido a apreciar los verdaderos alimentos y no el placer efímero de la comida chatarra.

Ayer viajaba en el tren y vi a un muchacho comiéndose un alfajor Guaymallén. Pensé inmediatamente en el Chino Maidana, y cómo que un referente del deporte nacional esté auspiciado por esta marca y se haya comido un alfajor en cámara termina impactando en la gente. Quizá la asociación no sea consciente ni directa, pero si un campeón, con un físico espectacular, se come en todas sus peleas una golosina… seguramente si yo hago lo mismo, obtendría sus músculos y su fuerza… ¿no?

Difícil. Guaymallén auspicia a Maidana desde hace 5 años. Antes de la pelea con Mayweather tenía el 8% del mercado argentino. Hoy seguramente haya disparado sus ventas, al punto de que la empresa hizo declaraciones de que están interesados en expandirse a otros países.

Analicemos lo que se comió el Chino y el muchacho del tren.

Un alfajor Guaymallén tiene 38 gramos. Aporta:

Energía 678 kj
162 kcal
Carbohidrato 24 g
Proteína 2 g
Grasa 6 g
  Grasa Saturada 2,5 g
  Grasa Trans 1,2 g
Fibra 0,5 g
Sodio 90 mg

Desglose de Calorías: 34% grasa, 61% carbohidratos, 5% proteínas.

Mi fórmula para medir si un alimento es sano o no es que tenga menos del 5% de grasas. Para calcular ese valor, hay que llevar la porción a 100 gramos. O sea, si en 38 gramos hay 6 de grasa, quiere decir que hay 15,8% de grasas en un alfajor Guaymallén. Bastante lejos de mi parámetro saludable, y el de cualquier nutricionista.

Los alfajores poseen grasas trans, que provocan un incremento en sangre del colesterol LDL (el llamado “colesterol malo”), que al estar en exceso tiende a adherirse a las paredes de arterias y venas entorpeciendo la circulación. Esto ocasiona a su vez una disminución del colesterol HDL (conocido como “colesterol bueno”), lo que lleva al organismo a perder progresivamente su capacidad para regular, eliminar y reciclar el colesterol.

Cualquiera podría decir que un alfajor de vez en cuando no hace mal, pero difícilmente te acerque a un objetivo de un físico como el de Maidana. Comparémoslo con una fruta, por ejemplo una banana (100 gramos):

Energía 372 kj
89 kcal
Carbohidrato 22,84 g
Azúcar 12,23 g
Proteína 1,09 g
Grasa 0,33 g
  Grasa Saturada 0,112 g
  Grasa Poliinsaturada 0,073 g
  Grasa Monoinsaturada 0,032 g
Colesterol 0 mg
Fibra 2,6 g
Sodio 1 mg

Desglose de Calorías: 3% grasa, 93% carbohidratos, 4% proteínas.

Sin dudas, para un atleta de cualquier disciplina, una fruta va a ser preferible que un alfajor. Lamentablemente las bananas no tienen la misma prensa que las golosinas. Solo se usan para insultar a futbolistas. Cuánto nos ayudaría si después de una pelea el Chino Maidana le diese un mordisco a una manzana…

El motivo por el que las grasas trans resultan tan peligrosas se debe a que provocan un incremento en sangre del colesterol LDL (el llamado “colesterol malo”), que al estar en exceso tiende a adherirse a las paredes de arterias y venas entorpeciendo la circulación. Esto ocasiona a su vez una disminución del colesterol HDL (conocido como “colesterol bueno”), lo que lleva al organismo a perder progresivamente su capacidad para regular, eliminar y reciclar el colesterol.

Leer más en http://www.eldia.com.ar/edis/20131117/Grasas-trans-veneno-oculto-muchos-alimentos-causa-estragos-salud-informaciongeneral5.htm

El motivo por el que las grasas trans resultan tan peligrosas se debe a que provocan un incremento en sangre del colesterol LDL (el llamado “colesterol malo”), que al estar en exceso tiende a adherirse a las paredes de arterias y venas entorpeciendo la circulación. Esto ocasiona a su vez una disminución del colesterol HDL (conocido como “colesterol bueno”), lo que lleva al organismo a perder progresivamente su capacidad para regular, eliminar y reciclar el colesterol.

Leer más en http://www.eldia.com.ar/edis/20131117/Grasas-trans-veneno-oculto-muchos-alimentos-causa-estragos-salud-informaciongeneral5.htm

Semana 32: Día 220: No tomar atajos

Cuando empecé con Semana 52, a mediados de 2010, tenía como meta no tomar atajos. Lo pensaba literalmente, corriendo todo lo que hiciera falta, dando el máximo siempre y el mínimo nunca. Me alegra saber que, casi cuatro años más tarde, sigo viviendo bajo ese mismo lema.

Nunca lo pensé para químicos o drogas que aumenten la masa muscular o el nivel de oxígeno en sangre porque, para qué negarlo, ni siquiera sabría dónde conseguirlo. La creatina por ahí es fácil de conseguir, y hasta me chicanearon en un principio con que siendo vegetariano lo iba a necesitar, pero para mí eso no era natural. Cualquiera podría decir que los geles tampoco son naturales, pero aunque me tomó tiempo, ya los dejé.

El que busca encuentra, dicen. Nunca busqué epo, droga que supuestamente abunda en el ambiente del running tanto como el ibuprofeno, y quizá por eso es que jamás me la crucé. Lo más cerca que estuve de ese efecto fue cuando volví de Cusco, Perú, lleno de oxígeno en mi sangre.

Germán, mi entrenador, siempre identifica a los papeados. Sabe verlos a lo lejos y nos incentiva a no intentar imitarlos. Yo puedo aspirar a marcar músculo y quizá que crezca un poco, pero tampoco demasiado. Sin embargo no estoy atrás de un químico que acelere un proceso que debería ser natural. Ayudo con la alimentación, pero al parecer hay gente urgida en el gimnasio. Y tampoco es que no se tengan que esforzar. Levantan mucho más peso que yo, pero lo levantan. De todos modos, prefiero mis modestos logros a base de hidratos y proteína que obtengo de un sándwich. No siento que esté poniendo mi salud en juego, y no me urge estar musculoso porque no hago lo que hago para que me vean.

Bueno, tampoco me molesta que me vean.

La ciencia se encargó de acelerar todos los procesos. Yo creo que se va a perder la satisfacción del esfuerzo, lo conseguido con el trabajo duro y la paciencia. Si no, tranquilamente podríamos tomar un atajo en una carrera y después reclamar nuestra medalla. Ahí nos estaríamos olvidando de que lo que importa no es la meta, sino el trayecto.

Semana 32: Día 219: Los 6 km de la Star Wars Run

La Carrera: Con motivo del 4 de Mayo, día de Star Wars, algún genio del marketing se le ocurrió sumar este onomástico que cada vez se está imponiendo más con otra actividad que está logrando más adeptos, como es el running. Así fue que nació la Star Wars Run, que se corrió en varias ciudades del mundo a la vez. Al menos en la de Buenos Aires, la cita era a las 23 hs, como para estirarse un poquito y estar a las 00 hs para celebrar un día bien jedi.

Tengo entendido que la organización no corría por cuenta exclusivamente del Club de Corredores. Probablemente ellos aportaron su aparato de difusión, inscripciones y cronometraje. El resto (animación, por ejemplo), corría por cuenta de Unlimited S.A., que han estado involucrados en otros eventos similares, como la Enegrizer Night Race. Esta también era una carrera nocturna, aunque al momento de inscribirse o retirar el kit a mí no me aclararon si había que llevar iluminación propia o no. Evidentemente lo mismo le pasó a muchísima gente porque muy pocos tenían luz frontal.

Lo que me fastidió un poco de la acreditación es que cuando pagué tuve que llenar una ficha de deslinde, con mi DNI, firma y aclaración, a la vez que me preguntaron mi talle de remera. Incluso me la pude probar para medirlo. Pedí XS, pero cuando fui dos días después a retirar el kit, no quedaban talles, y me volvieron a pedir que firme el deslinde. Me pareció algo poco importante, pero a la vez desprolijo.

La remera tenía la cara de Yoda dibujada con palabras fluo. Este personaje no es mi favorito, digamos que me parece el peor detrás de los Ewoks y los Yawas (eso da a entender que no me gustan los petisos de esta franquicia, pero en mi defensa digo que lo banco mucho a R2D2).

El día de la largada, sábado, lloviznó muy poco. Esto pareció amenazar el evento, que de todos modos no se suspendía, pero no pasó a mayores.

Yo no tenía intenciones de participar, pero cuando me enteré de que la quería hacer mi amigo Seba, a quien ayudé en sus primeros kilómetros dentro del running, no pude no estar. La distancia, 6 km, no me interesaba, tampoco la modalidad nocturna en la Villa Hípica de San Isidro, pero quería decir presente en la primera carrera de su vida. La amistad me pudo más que el frikismo.

Así que ahí estábamos, por suerte Seba es conocido así que tuvimos acceso al VIP, cosa que yo nunca había vivido en una carrera. Había muchísima comida de mucha categoría, que no era vegana, y no la recomendaría antes de correr. Afortunadamente también había un stand de frutas al que ataqué vorazmente. En el VIP vi a Eugenia Tobal, que no corría, y les confirmo que en persona es hermosa.

La cantidad de gente era impresionante. No sé calcular, así que mi pronóstico podría ser una burrada, pero éramos muchísimos. Había por supuesto gente disfrazada y corredores con sables de luz (de juguete), máscaras y algún demente con casco. La multitudinaria largada, con música de la película (que un poco te ponía la piel de gallina), fue bastante puntual. Lamentablemente el recorrido era en pasto que deberían haber cortado, sobre un terreno irregular, así que las piernas se cansaban más rápido. Yo no puedo decir que a mí me resultara particularmente agotador, pero vi a muchísima gente caminar a partir de los 500 metros. Igual creo que para todos llegar a la pista de tierra fue un alivio.

Recién cuando estábamos inmersos en la competencia, codo a codo con Seba, me di cuenta que los kilómetros estaban marcados con números romanos por los episodios. Podríamos decir que pasábamos de la Amenaza Fantasma al Ataque de los Clones, para después pasar por La Venganza de los Sith, Una Nueva Esperanza, El Imperio Contraataca y terminar en El Regreso del Jedi.

En cada uno de esos puntos habían prometido “sorpresas”, pero era gente caracterizada. Me sorprendió la cantidad de gente que hizo el recorrido caminando, y los otros tantos que se paraban en cada kilómetro a sacarse fotos con los Stormtroopers, los Jedi o los Sith. Con Seba estábamos mentalizados en disfrutar pero también en correr. Su marca máxima eran 4 km, y queríamos hacer el recorrido completo sin frenar ni caminar.

La carrera formaba una suerte de espiral, y siendo la pista tan ancha, había mucho espacio para correr. El tema fueron ciertos sectores donde había que doblar en un ángulo agudo, que eran más angostos y se formaban algunos embudos molestos.

No nos hizo falta iluminación, aunque me costaba mucho ver el cronómetro del reloj. Igual la luz de la calle llegaba, la noche no estaba tan oscura y complementado con algunas luces de otros participantes, se veía el piso con facilidad.

Había un puesto de hidratación, donde daban agua sin sodio, pero por la distancia no creo que fuese significativo. No hubo comida ni Gatorade en el recorrido, solo en la meta. Seba se bancó todo el recorrido en forma titánica, y fue muy emocionante cruzar la línea de llegada con él. La medalla, huelga decirlo, era hermosa, quizá la más linda que alguna vez tuve.

Como había un escenario muy luminoso, con un animador que me dicen era de Disney Channel, los corredores se iban agolpando después de dejar el chip. Me parece que estábamos DEMASIADO cerca de la meta. Nosotros fuimos mitad de tabla y todavía faltaban llegar corredores. Creo que no estuvo bien calculado, la convocatoria fue muy grande y el espacio les quedó chico. Mi impresión es que esta carrera necesita hacerse en otro lugar, organizada de otro modo, para poder disfrutarse más. Y el evento de cierre, con cuenta regresiva para las 12 de la noche, prometía mucho (parecía que iba a salir Mark Hammil o Harrison Ford), pero terminó saliendo un muchacho con una bata jedi haciendo un baile con luces. Me pareció muy pobre.

Y cierro con esto. ¿Alguien es fanático de Yoda? ¿No saben que los fans de Star Wars hinchamos por los malos? Queremos una remera de Bobba Fett, Darth Vader o un Stormtrooper. Queremos que ganen los buenos, pero en el pecho preferimos vestir a los personajes con onda…

Lo bueno: Este es un evento colorido, con el plus de una franquicia espectacular como es la de la Guerra de las Galaxias. La medalla, sin ninguna duda, pone la vara muy alta para este tipo de carreras. El peso de esta carrera es el show y no el desafío deportivo en sí.

Lo malo: La organización tuvo muchas fallas. Organizar un evento de esta magnitud no es fácil, y si lo tuviese que hacer yo seguramente cometería muchos más errores (y peores). No quiero pecar de subestimación. Pero si tanto el Club de Corredores como Unlimited han hecho carreras en el pasado, cuesta creer que fallen en cuestiones como la acreditación. No fui a los baños, pero leí comentarios de que estaban mal iluminados (si son químicos, obviamente no tienen electricidad adentro).

El veredicto: Star Wars Run es un evento ideal para fanáticos de la saga, incluso aquellos que no estén acostumbrados a correr. La distancia es accesible, aunque sea caminando. También se la recomendaría a quien esté iniciándose en el mundo del running, incluso si mantienen el terreno con ese pasto y ese terreno irregular. Los 6 km no son una distancia para subestimar, y es una excelente meta para empezar. Todavía hay muchas cosas para mejorar, y es claro que tienen capacidad para hacerlo.

Puntaje:
Organización: 5/10
Kit de corredor: 7/10
Terreno: 6/10
Hidratación: 8/10
Nivel de dificultad: Para todo tipo de corredor, especialmente iniciales

Puntaje final: 6,50

Semana 32: Día 218: Rumbo a la Carrera de Star Wars

Sí, soy un poco fan de Star Wars. No demasiado, porque nunca me alejé de las películas. Recuerdo de chiquito ir a ver Episodio VI (El Regreso del Jedi), y ver la cabeza gigante de Darth Vader en pantalla grande. Vi la nueva trilogía en el cine, me compré tres remeras de Star Wars cuando viajé a Europa (cada una en un viaje distinto, no sé por qué nunca las adquirí acá), tengo el poster de Episodio VI enmarcado, listo para caerme en la cabeza mientras duermo, me conseguí las tres parodias que hicieron en Padre de Familia en DVD (original, por supuesto), y mi hermano mayor cometió el error de regalarme su colección de muñecos originales (de 1977, año en el que nací).

No soy nada comparado con otros fanáticos que han visto todas las series televisivas, han leído los cómics y las novelas, jugado a los juegos… me parece una franquicia muy copada, con mucha onda, y me entusiasma la nueva trilogía que va a encarar Disney.

Pero jamás me había interesado en correr la carrera de Star Wars que se hace dentro de pocas horas. ¿Por qué? Bueno, son seis kilómetros, y no es una distancia que me represente un desafío. No quiero sonar soberbio, pero como me acostumbré a fondos largos, me parece que no amerita el esfuerzo ni el dinero. Entiendo la necesidad comercial de hacer un recorrido muy accesible a una enorme porción de público (de hecho sé que agotaron el cupo), así que hasta ahí había llegado mi amor por la Guerra de las Galaxias.

Peeeeeero… mi amigo Seba, a quien ayudé a empezar a entrenar en el verano pasado, la quería correr. Nunca hizo esa distancia, y me pareció que lo tenía que acompañar. Como un padre que ve a su hijo dar sus primeros pasos, yo lo vi correr por primera vez y sorprenderse de que en nuestro primer entrenamiento había hecho más de un kilómetro. Así que fui y me inscribí. Intentaré analizar esta carrera desde una perspectiva objetiva y sin prejuicios. Es una fiesta para los corredores que no están acostumbrados a distancias largas, y para fanáticos de la saga que quieren participar de algo así, sin medir las consecuencias (me imagino a algún Chewbacca muriéndose de calor).

Entonces hacia allí voy, dispuesto a sumarme codo a codo con un amigo que quiere celebrar el 4 de Mayo, día de Star Wars.

¿Por qué esa fecha? Porque “May the 4th”, como se pronuncia esa fecha en inglés, suena parecido a “May the force”, inicio de la famosa frase “Que la fuerza esté contigo”. Vamos a ver qué nos espera…

A %d blogueros les gusta esto: