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Semana 27: Día 188: La Patagonia Run que podría no ser

A veces se alinean los planetas y hechos inconexos determinan resultados muy favorables. A veces pasa absolutamente lo contrario.

La Patagonia Run es una hermosa carrera que se corre en San Martín de los Andes. Y podríamos quedarnos afuera, a pesar de todo el esfuerzo, la logística y el dinero que invertimos. A los gremios se les ocurrió que era una buena idea hacer un paro nacional, que aseguran va a paralizar a todo el país, por motivos que difícilmente el Estado pueda negociar para que no se haga (nunca se pierde la esperanza). Y claro, es el 10 de abril, mismo día en el que con Nico volamos para Bariloche.

Hay toda una paranoia, porque la noticia no está hoy en los medios (pero estuvo hace unos días), y las informaciones que se daban tenían datos falsos u erróneos (como que adhiriera un representante que hace un año no trabaja más en ese sector). El tema es que si se hace el paro, no tenemos plan de contingencia. Cambiar los pasajes que sacamos inocentemente por Despegar.com nos sale más caro que lo que pagamos originalmente. No tienen política de devolución, solo nos reintegran las tasas del aeropuerto (un porcentaje ínfimo del valor total). Nos saldría más barato olvidarnos y comprar uno nuevo. Y aparentemente tendríamos que sacar ida y vuelta, porque si no nos presentamos al primer tramo, automáticamente se da de baja el regreso.

Dejando de lado el tema costos, como si no incidiese, las opciones serían viajar el miércoles 9, día que rápidamente se va a agotar con todos los que participamos de la carrera que, en un estado de pánico colectivo, se van reubicando solos (la aerolínea no tomará ninguna medida hasta que no se anuncie la medida de fuerza, posiblemente el mismo día). La opción que nos sale gratis es esperar al mismo jueves 10, y que quizá nos cambien el pasaje al viernes 11 (mismo día en el que yo salgo para la meta, 22:30 hs). No sería lo ideal, pero para mí es preferible a no correr. El tema es que las empresas de transportes aéreos nunca ponen aviones extra, siempre te reubican en servicios preexistentes. Si no queda lugar para el viernes, ya no nos sirve. La plata nunca la devuelven, solo hacen cambio de fecha.

El micro tampoco es una opción. No solo porque adhieren al paro, sino porque son más de 20 horas de viaje, y si saliésemos el 9, inevitablemente la protesta sindical nos agarraría en parte del viaje. Salir el martes 8 para esquivarle a todo este entuerto… tendría un costo alto para mí a nivel laboral.

Así que… hablando mal y pronto, tenemos los huevos de moño. Habrá que ver qué pasa con todos los corredores y miembros de la organización que estamos prisioneros de una medida que piensa en los trabajadores… pero en ellos, no en nosotros.

Semana 27: Día 187: Técnicas para no dormirme

Descansar, para lo que es mi entrenamiento de fondo, es algo tan crucial como hacer actividad física y comer sano. Sin embargo, es lo que más descuido. Este año me propuse modificarlo y que pase a tener tanta importancia como el resto. Pero esta etapa de transición todavía me resulta difícil.

Los diseñadores gráficos, sobre todos los freelance, solemos hacer sesiones maratónicas, recuperando tiempo perdido, aunque no lo hayamos perdido nosotros. No pasa solamente con los autónomos. Recuerdo trabajar en un estudio de comunicación y que tuviese que ir un sábado para llegar con un cierre, o quedarme hasta las 8 de la noche cuando el horario era hasta las 6. En una editorial, para cumplir con las entregas de unos manuales escolares, trabajé muchos días seguidos hasta las 11 de la noche, con la promesa de que me pagarían un extra que jamás lo hicieron (AZ Editora, hablo de vos).

En este contexto de tantas horas frente a la máquina, entrenar fondos largos parece un oxímoron. Pero se puede. El problema se da con el sacrificio del sueño. Yo funciono mejor de madrugada, por lo que siempre preferí acostarme cuando tenía mucho sueño y levantarme muy temprano, antes del amanecer. Pero también se dan situaciones donde sigo derecho, como me pasó el martes, que para terminar un libro que venía con dos semanas de atraso, me senté a las 8 de la mañana en la compu y me levanté a las 9… del día siguiente.

No sé si es comparable el esfuerzo de estar trabajando 25 horas que el de estar corriendo. Calculo que si estuviese haciendo actividad física, ni notaría el sueño. Pero estar sentado, con el mundo exterior en silencio, no me sube los niveles de adrenalina (todo lo contrario). He intentado muchas cosas, como poner música electrónica al palo, tener las luces prendidas, parar de tanto en tanto para jugar a un jueguito en el iPad, hacerme un té… También es importante comer, porque el organismo sigue trabajando, y es preferible que reciba alimento cada tres horas a hacer un ayuno despierto.

Anoche intenté muchas cosas nuevas para no caer redondo. Por ejemplo, levantarme de la silla cada tanto, hacer algo (cualquier cosa) y volver. También opté por arrodillarme frente al teclado, ya cerca de terminar. Es una de las posiciones más incómodas del mundo para trabajar, pero también lo es para dormirse. Lo peor es que cuando había terminado, con todos los PDFs en baja enviados para su aprobación, me acosté finalmente en la cama y no me podía dormir… Suele pasar.

Siendo una persona que se desnuca en una silla cuando tiene sueño, que se ha quedado dormido en los lugares más insólitos, a quien sus parejas han sabido odiar con todo su ser por desmayarse en reuniones familiares y con amigos, me intriga muchísimo eso de correr mientras debería estar durmiendo. A veces pienso que tengo que salir a entrenar algún día a la medianoche, como para ver qué me pasa. En una semana estaré viajando para San Martín de los Andes a correr la Patagonia Run. El micro que nos lleva a la largada sale a las 22:30 hs. Largamos a las 00 hs del sábado y tenemos hasta las 22:30 para cruzar la meta. No va a ser lo mismo, pero bien podría ser una experiencia similar a reemplazar el sueño por la vigilia. De lo que estoy seguro es que corriendo en la montaña no me va a dar sueño. No voy a necesitar ponerme de rodillas en el suelo o poner música electrónica al palo para no dormirme (eso creo).

Semana 27: Día 186: 342,83 km en un mes

Apenas 14 kilómetros menos que el mes pasado. Eso es todo lo que corrí durante marzo, y estoy seguro de que podría haber superado esa marca de no ser por la Adventure Race, que entre cuidarnos para la carrera y recuperarnos, me sacó varios días.

Quedan exactamente seis meses para la Espartatlón, y calculo que solo cinco para entrenar fuerte. Originalmente quería sumar fondos largos, uno por mes, para llegar a correr 200 en julio… eso ya es dentro de cuatro meses… ¿llegaré?

Me di cuenta de una cosa en la que no había reparado, pero los meses en los que más corro son los que no tienen ninguna carrera. En enero me despaché con más de 480 km y mi fantasía era que lo iba a superar en los meses siguientes… estoy viendo en mi historial que si bien estoy en un nivel superior que otros años, no estoy llegando a los 200 km semanales que DICEN es el estándar para entrenar para la Espartatlón.

Desde que empecé a medirme, este es el registro que llevo. Marco en verde cuando superé los 300 km mensuales y en rojo cuando hice menos de 150 km:

2011
Octubre: 208,73
Noviembre: 173,43
Diciembre: 164,29

2012
Enero: 208,25
Febrero: 290,93
Marzo: 230,27
Abril: 194,35
Mayo: 258,79
Junio: 162,19
Julio: 211,81
Agosto: 169,05
Septiembre: 64,12 km
Octubre: 129,85 km

Noviembre:  169,48 km
Diciembre: 249,77 km

2013
Enero: 323,03 km
Febrero: 321,88 km

Marzo: 335,60 km
Abril: 163 km
Mayo: 157,26 km
Junio: 168,60 km
Julio: 128,39 km
Agosto: 213,86 km
Septiembre: 237,87 km
Octubre: 179,80 km
Noviembre: 152,10 km
Diciembre: 316, 66 km

2014
Enero: 481,46 km
Febrero: 358,90 km
Marzo: 342,83 km

Creo que estuvo bien, mi entrenador me contiene para que no salga a correr 100 km todos los domingos, pero creo que tengo que aumentar mi base semanal. Quizás aplicar el plan de un fondito a la mañana de 10 km y otro a la noche. Eso ya son más de 100 km extra, descontando mis propios entrenamientos con los Puma Runners.

De momento las únicas molestias fueron secuelas de la Adventure Race Tandil (que ya desaparecieron), así que vengo bien, en especial por mi preocupación de estar entrenando casi exclusivamente en asfalto (otra sugerencia importante para entrenar pensando en la Espartatlón). El jueves veo a un traumatólogo especialista en deporte, así me hace un chequeo general… y me confirma que tengo todos los músculos y tendones en su lugar…

Semana 27: Día 185: Consejos para las ultramaratones de montaña

En dos semanas exactamente, ya todo habrá pasado. Habré vuelto en avión hasta Aeroparque, las piernas habrán pedido a gritos un taxi, y quizá me haya tomado una siesta después de jugar 15 minutos con el iPad.

Pero para eso falta, tendré que haber viajado hasta San Martín de los Andes y haber corrido no menos de 100 km en plena Cordillera de los Andes. Si te parece una locura… medio que lo es. Pero me entusiasma muchísimo, porque ya no es una distancia desconocida y quiero mejorar mi magro tiempo de 18 horas (habiendo hecho más de la mitad con mucho dolor de tobillo, luego de una fea torcedura, tampoco estuvo tan mal).

Me gusta lidiar con la ansiedad previa a las carreras compartiendo las cosas que fui aprendiendo en este tipo de terreno.

Lo primero es, como todo, controlar las expectativas. Si a algunos la dificultad o la posibilidad de tener que abandonar en el camino los desanima para siquiera participar, yo diría “usalo”. Lo peor en una competencia tan exigente es la subestimación. Si fuera imposible, nadie llegaría. Y yo llegué rengueando muchísimos kilómetros. Es preferible ser conservador que pensar que por haber hecho la Adventure Race Pinamar estás listo para la montaña. Pisar con cuidado, relajarse sin perder de vista los horarios de cierre de los puestos… y pensar que estamos embarcados en una actividad muy dura y riesgosa.

Lo siguiente es lo de siempre. “Las ultramaratones son competencias de tomar y comer, donde se ven lindos paisajes y se hace deporte”. La estrategia no tiene que ser hacer determinado tiempo o vencer a tal corredor (a menos que seas élite, por lo que no necesitás leer consejos sino darlos). El plan de carrera tiene que estar armado para determinar en qué momentos comer, qué y cuándo. No llegues al día de la ultra para probar algo nuevo, hacelo en un entrenamiento largo. No te lleves una sorpresa desagradable en el filo de la montaña, a dos horas del puesto de asistencia más próximo.

Lo mismo para la bebida, aunque no hay mucha vuelta: agua (que no sea baja en sodio) o bebidas isotónicas. Yo estoy experimentando para bajar el consumo de azúcar o JMAF al mínimo, pero lo pruebo acá en la ciudad y no en la montaña. Pero si no tenés los traumas que tengo yo con la comida saludable te recomendaría atenerte a las bebidas isotónicas. Si te hartás de dulce… aguantate. Podés cortar con comida salada. En un esfuerzo tan prolongado, un Powerade o un Gatorade hacen una gran diferencia.

No sumes peso de más. Consultar el clima te puede adelantar si vas a necesitar esa campera o no. Yo intento llevar abrigos livianos, que si tengo calor me permita atarlos a la cintura. Pero ojo si el recorrido requiere saltar un alambrado o algo que te enganche la ropa.

Si la carrera tiene el sistema para dejar cosas tuyas y que te esperen en un punto del trayecto, no lo desaproveches. Comida, bebida, abrigo si pasamos de noche, medidas secas… es menos peso en la espalda.

El descanso, para mí, es fundamental. Mientras muchos habían ido a la charla técnica de Yaboty, a las 8 de la noche, yo me quedé en mi cama durmiendo. Como había que madrugar (se largaba antes del amanecer) yo me tiré a las 19 y dormí profundamente, mientras muchos, por la ansiedad y el temor de no despertarse, siguieron de largo.

No te desesperes si ves gente que te pasa. Es probable que si vas lento pero constante, más adelante los alcances. O no. Pero es tu carrera, no le tenés que ganar a nadie más que al cansancio, a la naturaleza y a vos mismo.

Hay normas de las organizaciones que suenan a capricho, sobre todo respecto al equipo obligatorio. Pero por algo están. Es preferible que lleves el silbato y la manta térmica para no usarlos, a que caigas en un acantilado o te agarre una noche helada si posibilidad de pedir auxilio o protegerte del frío.

Y, lo más importante, sentite orgulloso de participar de una ultramaratón, termines o no. Si bien no competís con nadie, estás haciendo en un día muchísimo más de lo que algunos hacen en toda su vida.

Semana 27: Día 184: Feliz cumpleaños, Batman

Hoy, pero hace 75 años, se publicaba una revista de historietas que, no exagero, cambiaría al mundo para siempre. Se trataba de Detective Comics #27, que como su nombre indica, era una publicación dedicada a los policiales y al crimen. Un pibe llamado Bob Kane ideó, junto a sus amigos Bill Finger y Jerry Robinson, a un personaje al que le puso de nombre Batman.

El encapotado es conocido por prácticamente todo el mundo. Pero pocos saben que en su primera historia, no sabíamos que Bruce Wayne y Batman era la misma persona hasta la última viñeta. En el año 1939 esto de los superhéroes era algo absolutamente nuevo. Un año antes había debutado Superman, que había resultado ser un tremendo éxito, así que la National, editorial que después se convirtió en DC Comics, le pidió a Kane que ideara otro superhéroe. Basado en ese encargo, tomó inspiración de la máquina de volar de Da Vinci (que remite a las alas de un murciélago), como así también al Zorro y The Bat, personajes que él veía en el cine.

Hablamos del principio del género que hoy le da de comer miles de millones de dólares a Hollywood. En ese entonces no había escuelas de historietas. Casi todos los artistas eran autodidactas, y copiaban fotos o poses de otras historietas, algo que hoy consideraríamos un escándalo, pero que en su momento fue parte del proceso de aprendizaje.

Batman también fue un éxito, y su tono oscuro, a tono con un cómic de “detectives”, se parece más al personaje que interpretó Christian Bale en la trilogía de Christopher Nolan que al de Adam West de los ’60, que había nacido con la intención de ser un programa humorístico para adultos y se volvió un éxito entre los más chicos.

El hombre murciélago marcó una guía sobre cómo serían los héroes por venir. El joven compañero, la guarida secreta, el auto y los accesorios tecnológicos… Batman inventó todo eso. Nunca me va a dejar de llamar la atención cómo, en un principio, este héroe escapaba de la policía y era el terror de los criminales, para que en los ’60s terminara convirtiéndose en una parodia de sí mismo, un poco ridiculizado y hasta asociado con las fantasías homoeróticas que tiene la gente reprimida.

Cuando me enteré de que estaban haciendo una película sobre Batman, me volví loco. A fines de 1989 no existía internet. Nos enterábamos todo por la tele o el diario. La realización de un largometraje de aquel héroe que me encantaba me abrió las puertas del cine. Yo en ese entonces ni siquiera sabía quién era Jack Nicholson, mucho menos Michael Keaton, Kim Basinger o Tim Burton. Solo lo tenía a Jack Palance de “Créase o no, de Ripley”. Oliendo el éxito, editorial Perfil comenzó a publicar una historieta llamda “Batman y los Outsiders”, y ahí empecé a coleccionar. Eso derivó en que me quisiera dedicar al dibujo, que a su vez derivó en que terminara estudiando diseño gráfico, lo que me llevó a editar.

Todo hubiese sido circular si hubiese terminado trabajando en las ediciones locales de Batman, pero no pudo ser. Terminé traduciendo y haciendo labores de editor en las versiones nacionales de Marvel Comics, que es la editorial competencia de DC. Por eso, por ahora, mi afición a Batman sigue siendo algo que no ha sido contaminado por las obligaciones laborales.

Bruce Wayne, a quien la traducción mexicana decidió rebautizar como Bruno Díaz, es el máximo paradigma de enfoque y determinación. Dedicó años a prepararse física y mentalmente para cumplir su objetivo. Lo que el cine no se encargó de transmitir es que la motivación de Batman no es vengar la muerte de sus padres, porque si así lo fuese, cuando el Joker muere al final del film de 1989, hubiese logrado su objetivo. En verdad lo que Batman busca es que nadie en su ciudad pase por lo mismo que él: la tragedia de perder a un ser querido a manos del crimen.

No he llegado al extremo de correr una carrera disfrazado de superhéroe, pero no me olvido de dónde vengo, qué cosas me marcaron, y sin dudas Batman tiene que ver con la decisión de mi profesión. Como si fuera poco, nos ha dejado una promesa: cualquiera que tenga paciencia y dedicación puede mejorar su cuerpo y llevarlo a su límite. O sea, con años de entrenamiento, cualquiera podría ser Batman, mientras que para ser Superman haría falta haber nacido en otro planeta, o cierta araña radioactiva para convertirse en Spider-Man.

75 años, 8 largometrajes (uno en camino, donde se enfrentará a Superman), infinidad de series animadas e incontables historietas. Y la eterna promesa que vivieron generaciones anteriores, la actual y las que vendrán, de que aunque sea de noche y entre las sombras, siempre existirá un rayo de esperanza.

Semana 27: Día 183: ¿Se puede abandonar el azúcar?

Hay una máxima que dice que todos los titulares en forma de pregunta tienen como respuesta “no”. Y la verdad que abandonar el azúcar es una tarea muy compleja. La cantidad de alimentos que tienen esta sustancia es inmensa, pero ahí está el tema: no tomamos consciencia de lo que nos venden adentro de los alimentos refinados, y a veces ni siquiera tenemos opción.

Estoy muy acostumbrado a leer las etiquetas en el supermercado. Al principio, cuando solo era vegetariano, me fijaba que no tuviesen grasa bovina refinada (principalmente pastelería, galletitas). Después me enteré de que la gelatina se hacía con huesos y cartílagos (o sea, involucraba que muriese un animal), así que dejé de consumir una gran porción de productos (quesos crema, mermeladas, golosinas). Ya en ese punto un tercio (o más) de lo que se vendía del supermercado dejó de interesarme.

Cuando me hice vegano, leer las etiquetas se volvió más minucioso. Ahora estaba queriendo dejar la proteína animal, así que una inmensa cantidad de alimentos pasaron a la lista negra (huevos, leche, quesos, margarina, helados, yogures, casi todos los panes de molde, el restante de las galletitas y crackers, tortas, pastas frescas y prácticamente todas las comidas preparadas como empanadas, tortillas, pizzas, etc).

Este blog no pretende sermonear ni obligar a nadie a cambiar su alimentación. Esto es algo mío, muy personal, y que siempre se me dio en forma natural. Como hice un click en mi forma de pensar, me empezó a llamar mucho la atención las compras de la gente. Veía lo que iban poniendo en la caja para que les cobren e iba listando mentalmente las cosas que iban a comer y los potenciales riesgos a la salud. Pero, como dije, son cosas mías… nunca me sentí obligado a dejar de consumir ciertos productos, simplemente no los quise más en mi vida.

Dejar el azúcar se convirtió prácticamente en un abandono de prácticamente todos los cereales, las mermeladas que no tenían gelatina, el dulce de batata y membrillo, y casi diría que el total del supermercado excepto por las frutas, verduras y ciertos cereales como la avena. Ayer, sin ir más lejos, fui a hacer las compras y tomé consciencia de que mi rutina es ir salteando góndolas.

Pero como decía en el título de post, es una incógnita si se puede dejar el azúcar. El haber dejado la leche me significó pasarme al AdeS natural como reemplazo de un líquido fluido y con proteínas para el desayuno y la merienda. Y claro, tiene azúcar. Supuestamente su concentración es menor que en otros alimentos (por ejemplo, en los cereales casi siempre hay más endulzante que cereal), pero sigue siendo algo que quiero dejar. Probé con leche de soja más casera, sin azúcar o con stevia, y resultó un verdadero espanto. En una época me hacía leche de almendras, y quizá sea el camino que tome en un futuro cercano.

Y si hay algo peor que el azúcar, es el jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), que viene en una gran cantidad de alimentos. No es el reemplazo que estaba buscando, sino todo lo contrario. Las ventajas que tiene el JMAF es que es menos costoso que el azúcar, se mezcla mejor con los líquidos, y también se usa como preservante. Las desventajas son que posee mayor fructosa, por lo que aumenta los riesgos de las enfermedades relacionadas como el sobrepeso (hipertensión, obesidad, cardiopatías, etc). El JMAF metaboliza la grasa del organismo más rápidamente que cualquier otro azúcar y daña el hígado y aumenta los triglicéridos, un precio muy alto para que las compañías que venden alimentos procesados y gaseosas bajen sus costos.

Ahora bien… dejar el JMAF me implica algo que para mí es muy complejo, y es abandonar las bebidas isotónicas como el Powerade y el Gatorade. Si bien su aporte de hidratos y electrolitos es imprescindible para las ultramaratones, sigo en la búsqueda de consumir en forma responsable. Esto no quiere decir que voy a pasar exclusivamente al agua, sino que necesito encontrar una alternativa. Y como todo, no puedo esperar a que la industria alimenticia lo invente: lo tengo que hacer yo. Es por eso que en los próximos días voy a experimentar con una bebida isotónica casera, a ver si la puedo usar en la Patagonia Run. Creo que sería fantástico poder volverme autosustentable, y comprobar que con un poco de esfuerzo puedo consumir exclusivamente lo que mi cuerpo necesita, y no lo que precisa una empresa…

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