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Semana 15: Día 105: Respondiendo mis dudas

Comencé a escribir este blog el 17 de agosto de 2010. Mi idea era empezar a entrenar en serio, con una dieta saludable, el 1º de septiembre… pero no pude con mi ansiedad, y empecé antes, como para ir calentando motores. Pasaron más de tres años, algo así como 41 meses, y en ese período escribí 1170 posts (este es el 1171). La idea se me ocurrió ese mismo mes, probablemente si la hubiera tenido antes, el comienzo de Semana 52 hubiese sido el 1º de agosto…
Antes de empezar tenía montones de dudas. Porque mi idea era aguantar un año y después volver a mi rutina habitual (estar tirado en la compu, comiendo pan con mayoliva). El mundo se divide entre los que se preguntan cuánto falta para terminar y los que miran atrás y ven todo lo que recorrieron. Quiero ser la segunda clase de persona, y hoy me dio por repasar las cosas que pude aprender gracias a escribir este blog.

¿A alguien le va a interesar?
Aunque me avergüence admitirlo, me preocupaba si iba a superar al círculo de amigos y familiares. El primer día empecé con unas 20 visitas, pero no tenía ni idea de qué clase de impacto podía tener por fuera. Lo curioso es que encontré una base de 400 personas estables que pasean por este blog, número que se triplica cuando hago una reseña de una carrera. Solo comento las que me tienen como participante. Evidentemente podría aumentar el tráfico de Semana 52 mencionado a cada una de las que se realizan en Argentina, pero de pensarlo me da mucha fiaca.

¿Voy a aguantar un año?
Mi GRAN duda era cuánto iba a durar. La meta de 52 semanas me daba bastante flexibilidad, pero nunca había intentado un cambio que hubiese sostenido, a excepción de mi vegetarianismo. Años antes de abandonar la carne, cuando me enteré cómo se hacía el salame, me dio mucho asco y juré no volver a comerlo. Aguanté unos 10 días. Había escuchado que comer seis veces por día mejoraba el funcionamiento digestivo y que era el mejor camino para quemar las reservas de grasa. Lo hice un día y medio. Ni siquiera era constante con mi grupo de entrenamiento, ausentándome constantemente, a veces durante meses. Conociéndome, era el que menos confiaba en sostener este proyecto. Pero pude, probablemente porque lo convertí en un estilo de vida.

¿Podré llegar a correr una maratón?
¡Realmente me preguntaba eso! Está ahí, en la primerísima entrada del blog. Me parecía algo muy lejano, como que hoy me proponga, no sé, correr la Espartatlón. Lo tiré como un objetivo real, pero en mi cabeza era absolutamente lejano. No me sentía preparado, y creía que someterse a una distancia de 42 km era demoledor. Y a los dos meses de escribir eso, corrí mi primera maratón en 4 horas 6 minutos. Fue una de las experiencias más gratificantes de mi vida. Y volví a correr más maratones, la última en 3 horas 3 minutos. Actualmente llevo cinco en mi haber, más incontables entrenamientos donde hice el equivalente a eso, y más.

¿Podré correr 80 km?
Ese era mi sueño secreto. La meta más allá de la meta. La locura. En aquel primer post me preguntaba si podría hacer La Misión, pero en mi cabeza no pensaba en la de 160 km. Eso me parecía absolutamente imposible. En realidad tenía en la cabeza a la Half. Tan guardado lo tenía que en una época “llegara80km” era mi contraseña. Participé de La Misión en 2012, y abandoné en el km 112 (bueno, bastante más que lo que me había propuesto al empezar). Igual es una cuenta pendiente. Hice otras carreras todavía más largas, como la Patagonia Run o la Ultra Buenos Aires, ambas de 100 km (y este año quiero repetirlas).

¿Se puede ganar masa muscular siendo vegetariano?
Casi no tenía dudas sobre esto, pero me intrigaba. Yo consumía “proteínas” de la leche y los huevos. De hecho no me gustaban los lácteos, y mi nutricionista me obligó a incorporarlos a mi dieta, a punta de pistola. Puse “proteínas” entre comillas porque yo también creía, en esa época, que solo se podía obtener de los alimentos de origen animal. La cuestión fue que sí, podía ganar masa muscular, pero cuando empecé a aumentar el entrenamiento, quemaba mucho músculo y además de bajar grasas perdía mi ya de por sí pobre musculatura. Con ciertos tips nutricionales y constancia en el gimnasio, comprobé que ni siquiera necesitaba suplementos (como la creatina, por ejemplo).

¿Se puede ganar masa muscular siendo vegano?
Esta es una duda más reciente. Cuando me enteré de las investigaciones que desaconsejaban el consumo de proteína animal, quise hacerme vegano, y empecé el 1º de octubre de 2012. Había leído bastante para esa época y me había cruzado con la historia de otros atletas veganos, como Scott Jurek. Decidí intentarlo, a pesar de que mucha gente aún me insiste en que si no como carne o alimentos de origen animal, no voy a poder con toda la exigencia física a la que me someto. Resulta que estoy en mi pico de masa muscular, jamás, ni siquiera cuando comía carne o derivados lácteos, tuve el físico que tengo. No tiene solo que ver con lo que como, sino con el entrenamiento. Pero evidentemente la proteína vegetal funciona tan bien como la animal.

¿Alcanzaré la musculatura que deseo?
Lamentablemente nunca pude aclarar esta duda. No recuerdo ahora con qué soñaba hace tantos meses atrás. Creo que en mi infantil imaginación creía que iba a tener el físico de Spider-Man, pero me tenía que decantar por una cosa: correr o ganar músculo. El truco, aprendí después, es encontrar el equilibrio. Sin embargo, aunque estoy contento con mis resultados y me doy cuenta que el camino al cuerpo ideal (sin suplementos o químicos) lleva muchos meses. Quizás años. Yo no alcancé la musculatura que deseo. Probablemente el inconformismo sea el motor que me impulsa a seguir. ¿Quiero estar conforme? (una nueva duda) Por ahí eso solo me lleve a ponerle un punto final a mi deseo y terminar para siempre de entrenar. No me veo trabajando para “mantenerme”. Lo que me moviliza es progresar. Así que quizás alcance alguna vez el físico que quiero, pero sé que todavía no llegué a eso.

¿Cuándo terminará todo esto?
Esta es otra gran duda. ¿Hasta cuándo voy a correr? Porque el objetivo de pasar 52 semanas lo logré. Tres veces. ¿Correré para toda la vida? ¿Me conformaré con participar de la Espartatlón para darle un punto final? Si este año no me permiten inscribirme en la madre de todas las carreras, ¿continuaré con el 2015 como meta? La verdad es que no tengo idea. Está bueno ponerse metas, pero también vivir el día a día, estar conectado con el presente. A veces me pregunto cómo sería mi vida sin la “obligación” de reportarme en el blog. Probablemente desperdiciaría esos momentos trabajando. Por ahora, no he encontrado la respuesta…

Semana 15: Día 104: Un profesor baja 16 kg comiendo solo en McDonald’s

Seguramente leyeron la noticia. “John Cisna, profesor de ciencias de un colegio del estado de Iowa, decidió llevar a cabo un singular experimento: desayunar, almorzar y cenar en un restaurante de comida rápida McDonald’s durante 90 días”. Por supuesto, cruzarme con esta noticia, y lo que mucha gente entiende, encendió más de una alarma en mi cabeza.
Primero, quiero hacer una consideración. El poder que tienen los medios sobre lo que pensamos es enorme. Guau, seguro nunca escucharon eso, ¿no? Bueno, ahora que les abrí los ojos, les cuento que a veces no importa la noticia, sino el impacto. Y por más que te digan la verdad, el tema es cómo te la dicen. En la publicidad de Coca Cola Life jamás dicen que no tiene azúcar. Empezaron diciendo que estaba “endulzada naturalmente con azúcar y stevia”, para después simplificarlo a “endulzada naturalmente”. Mucha gente con la que hablé hubiese apostado a su propia madre a que esa bebida no tenía nada de azúcar. Pero como el mensaje estaba “endulzado”, en la mente del consumidor se terminó de construir el mensaje falso.
Ahora tenemos esta noticia espantosa, de un profesor (o sea, alguien instruido), que en 90 días perdió 16 kilos comiendo solo en McDonald’s. Eso es lo que dicen los titulares, eso es lo que resaltan. Empiezan a hablar de la “Dieta McDonald’s”, y a insinuar que todo lo que sabemos de nutrición está errado (sí, vivimos equivocados, pero no tanto). En el siguiente video se aclara que el “experimento”… estuvo financiado por una sucursal de la cadena de comida rápida.

Si visitamos cualquier sitio de internet que haya levantado la noticia, vamos a ver que se destaca todo el tiempo el resultado “impensado”, y lo compara con el documental Super Size Me. Para quienes no lo hayan visto, en este verdadero experimento sobre la comida chatarra, el cineasta independiente Morgan Spurlock comió solo comida de los Arcos Dorados, llegando a consumir 5 mil calorías diarias. Además de que solo podía comer lo que se ofrecía en ese restaurante, se había impuesto que si le ofrecían el tamaño “Super Size”, lo tenía que aceptar (lo tuvo que soportar unas 7 veces). El resultado fue que aumentó 11 kilos en 30 días, más los cambios en su salud (energía, apetito sexual, humor, palpitaciones).

Este estudio nuevo, que parece contradecir lo expuesto en Super Size Me, viene por supuesto con trampa. Primero, porque Cisna no consume más de 2 mil calorías por día (el 40% respecto de lo que comía Spurlock). El menú promedio de McDonald’s tiene 1050, por lo que podemos suponer que solo pide uno por día. Segundo, hace 45 minutos de caminata, seis veces por semana, lo que supera la cantidad de ejercicio recomendado por la OMS (media hora). Caminar es de por sí un ejercicio muy completo y infravalorado. “El experimento no tiene como fin recomendarle a la gente que únicamente coma esta comida, sino demostrar que son sus propias decisiones las que pueden marcar la diferencia”, aseguró el maestro, que añadió que lo importante para reducir los niveles de obesidad entre la población no es prohibir el consumo de ciertos alimentos, sino enseñarle a la gente a ponerse límites a la hora de comer y fomentar el ejercicio físico.
Ahora bien, puede ser muy difícil encontrar un artículo que diga “Profesor de ciencias demuestra que se puede bajar de peso caminando y controlando las calorías que se consumen”. No, todo pasa por “comió en McDonald’s”, pero no sabemos qué. Sí podemos suponer todo el menú que tuvo a su alcance, pero si mantuvo las 2 mil calorías diarias, tuvo que optar por ensaladas, y no ponerle queso rallado o las salsas, que terminan agregándole más calorías que las que tiene una hamburguesa. Probablemente pudo pedir helado de postre, pero para no pasarse debió consumir manzanas o algo de menor contenido calórico.
De vez en cuando surge alguna noticia dispuesta a sacudir todo lo que sabemos de nutrición. Me pongo a la cabeza, intentando convencer a la gente de lo nociva que es la proteína animal. Pero a su vez “compito” con este tipo de informes, como el que dice que no es necesario consumir tanta agua (supuestamente se puede obtener de los alimentos directamente), y depende de en qué año estemos, el huevo sube el colesterol o lo baja. Toda esta desinformación no colabora en que la gente tome esas sabias decisiones, como pretendía el profesor.
Si queremos revolucionar los conceptos de nutrición, imitemos a Spurlock o a Cisna… o a mí, sin ir más lejos. Que cada uno pruebe conscientemente cuál es el plan alimentario más saludable y los verdaderos beneficios de hacer actividad física. Aprender a alimentarnos bien y tener una vida verdaderamente sana debería ser más sorprendente que esta noticia que busca dejar bien parada a McDonald’s… y que fue financiada por McDonald’s…

Semana 15: Día 103: Cita con la nutricionista

La última vez que había visto a mi nutricionista había sido a mediados de septiembre, después de mi buen desempeño en la media maratón (yo mido las carreras por progreso personal, y no si le “gano” a más o menos corredores). Me fui contento porque estaba en mi punto histórico máximo de masa muscular, pesando 68,5 kg. Creía, como voy a creer siempre, que podía mejorar, perder algo más de peso, pero seguir con lo que venía funcionando: entrenamiento duro, dieta estricta. No hay más secretos que esos para progresar en las ultramaratones.
Hoy volví a verla, después de que pasaron muchas cosas. Lo principal fue que hice un viajecito a Europa, motivo por el cual no renové mi membresía en el gimnasio. A mi regreso, a principios de diciembre, ya estaba decidido a hacer musculación colgándome de la barra (haciendo dominadas) y dejando el gym para otro momento de mi vida. Mi siguiente cita era el 17 de diciembre, dos semanas después de mi regreso, y el día de mi cumpleaños. Unos días antes, me di cuenta de que era una locura, que quería disfrutar de mi día, así que pasé la fecha para hoy, 8 de enero. Ese tiempo me permitió entrenar más, ya que, como dije antes, siempre voy a creer que puedo mejorar. Sin embargo, creía que iba a llegar y que los estudios me iban a dar una pérdida de músculo y aumento de grasas.
Cuando llegué a la consulta intenté ponerme al día con las carreras (Demolition en Pinamar, San Silvestre de Buenos Aires). Después me devolvió unos libros que yo le había prestado y me dio uno de ella: “Mal comidos”, de Soledad Barruti (como para seguir horrorizándome por cómo nos alimentamos en Argentina). Hicimos la medición antropométrica, y me adelantó que estaba prácticamente igual a la anterior. Para mí eso fue un enorme alivio. Entonces llegaron los resultados más finos.
Primero, bajé 300 gramos de peso. En ese momento no recordaba cuánto me había dado la vez anterior, así que pensé “Ok, no está mal”. Pero el tema es que había bajado 900 gramos de grasa, había aumentado 300 gramos de músculo, y mi masa visceral (los órganos y el alimento que tengo en el estómago) había también aumentado. Eso quería decir que había reducido lípidos en mi cuerpo comiendo más… ¡o sea una muy buena señal! En cuanto a los pliegues cutáneos, los bajé todos, en especial en la cintura. Estoy en uno de mis niveles más bajos de grasa históricos.
Ahí empezamos a ver un poco más a fondo las fechas, y me acordé que no le había contado de mi desempeño en la maratón de Buenos Aires, en la que me había ido más que bien (3 horas 3 minutos). Ese era otro indicio de que estaba bien encaminado (además de que me deshice de la mochila hidratadora, a diferencia de años anteriores, o sea que reduje 2 kilos sobre mis hombros).
No me fui pensando en que tenía que festejar comiéndome un paquete de galletitas Cachafaz. Me fui corriendo a casa, desde San Isidro hasta Retiro, o sea 25,5 kilómetros. Fui pensando mucho en los proyectos para este año, y en que quiero seguir mejorando. Cuando hago las cosas bien, estoy mejor. Y este tiene que ser por lejos mi mejor año.
En una semana exactamente se abren las inscripciones para la Espartatlón 2014. Necesito que todo este empuje motivacional se canalice en esta carrera. No me importa terminarla, primero quiero que me permitan anotarme, y después estar allá e intentar alcanzar la meta. Por más que no llegue, estoy deseando estar ahí y tener la oportunidad de cosechar los frutos que me dé todo este trabajo duro.

Semana 15: Día 102: Progresando, por Scott Jurek

De más está decir que mi ídolo indiscutido (antes, incluso, que Batman) es Scott Jurek, un ultramaratonista que fue precursor del veganismo en este deporte de alto rendimiento. Debería notar que descubrí su existencia hace relativamente poco, ya que es uno de los protagonistas de “Nacidos para correr”, de Christopher McDougall. Hace poco editó su propio libro, “Eat & Run”, y en mi reciente viaje a Barcelona conseguí un ejemplar en castellano (así que tuve la oportunidad de volver a leerlo, esta vez en mi lengua madre).
Las enseñanzas que da este muchacho son invaluables, sobre todo para alguien que busca seguir sus pasos. Supongo que hay muchísimo que cualquiera podría aplicar de lo que él enseña. Que hable de carreras de 160 km o más no invalida que uno lo incorpore para distancias mucho más cortas, o incluso para otras actividades. Pero definitivamente esta autobiografía se ha convertido en mi Biblia, un texto de consulta permanente. Jurek comenzó a correr cuando había poquísima bibliografía de ultramaratones, así que tuvo que aprender por su cuenta y a enseñarse “a sí mismo”.
Uno de los consejos que da es sobre el progreso, y cómo lograr mejorar el ritmo de carrera. Me pareció que valía la pena compartirlo. Le recomiendo a cualquiera que se consiga una copia de su libro, dudo que decepcione.

Progresando
Correr regularmente es ya de por sí toda una satisfacción. Si eres competitivo, una satisfacción incluso mayor te invade cuando la velocidad y la distancia aumentan, pues te desafías a ti mismo. Progresar puede ser una gran motivación y un gran incentivo para seguir practicando ejercicio.
Si quieres superarte como corredor, puedes (y deberías) realizar entrenamientos suplementarios, que hagan hincapié en el fortalecimiento, en la flexibilidad y en la mejora técnica. Pero la manera más simple de mejorar es correr más rápido; u la forma de hacerlo es entrenarte corriendo con más intensidad, como yo lo hice en mis largas subidas a Mount Si [Los fines de semana y para prepararse para carreras de montaña, Jurek trepaba corriendo estos 1000 meros de altura, que sube en un recorrido de seis kilómetros -o más de 150 metros de subida por cada kilómetro horizontal-, veces por entrenamiento].
¿Cómo hacerlo? Después de haber corrido entre 30 y 40 minutos, al menos tres veces por semana durante seis u ocho semanas, ya estarás preparado para comenzar a correr ocasionalmente al 85 o 90 por ciento de tus posibilidades físicas, que es el umbral en el que aumenta el lactato en los músculos, pero el cuerpo aún sigue teniendo capacidad para eliminarlo y procesarlo. Llega al punto en el que puedas mantener el umbral láctico durante 5 minutos, después corre más despacio durante un minuto para darle tiempo al cuerpo a que se recupere y entonces repite. Conforme vayas progresando, incrementa el número de intervalos y su duración, manteniendo una proporción de 5 a 1 entre trabajo y descanso. Por tanto, podrías hacer intervalos de 10 minutos de carrera intensa seguidos de descansos de 2 minutos, o bien de 15 minutos con descansos de 3, etcétera.
A las cuatro o seis semanas, podrás mantener ese nivel de esfuerzo durante 45 o 50 minutos y serás más veloz.

Semana 15: Día 101: Entrenando en casa

Cuando empecé Semana 52, lo que era musculación me lo reservé para casa. Empecé a correr más, a comer mejor, a visitar periódicamente a la nutricionista, y me guardaba las flexiones de brazos, abdominales y pesas para la privacidad del hogar. Al principio, con mi entrenador Germán, nos parecía divertido.
Después hubo que “dar el salto” y empecé a ir a un gimnasio. No tuve todo el compromiso que cuando lo hacía por mi cuenta, pero me sirvió bastante. En los primeros meses no podía hacer tres series de diez flexiones, era muy lastimoso… mis brazos temblaban y quedaba dolorido toda la semana. Pero tuve constancia y seguí hasta que un día dejaron de temblar… y pude agregar repeticiones. Superar esos obstáculos es maravilloso.
En el gimnasio pasé a las máquinas, que me permitían trabajar otros músculos que en casa no podía, como los dorsales. Así estuve varios meses, hasta que un día dejé de ir. Mi horario era por la mañana, pero cuando me puse de novio empecé a dedicarle esa hora a hacer el desayuno y pasear al perro. Apenas me separé tuve una especie de crisis existencial (“¿Qué estoy haciendo con mi vida?”) y volví al gym. Tres meses, entre tres y cinco veces por semana. Recuperé mucho músculo, además de ese compromiso que tenía conmigo mismo todas las mañanas.
Pero antes de volver a abandonar, apareció otro “salto”. Fue la barra. Si bien me había comprado una que quedó juntando polvo en el marco de la puerta, Germán me insistía con que eso era lo que seguía. Trabajar el propio peso, fortalecer los músculos de la espalda… colgándome podía ganar músculo, y con eso fuerza y estabilidad, cosas que me venían bárbaro para las ultramaratones.
Dejar de ir al gimnasio no fue, en esta oportunidad, porque quise dedicarme a otras cosas. En verdad empecé a colgarme y descubrí que era cierto. Ese ejercicio tan difícil, el cual solo podía hacer en series de una repetición, se volvía más fácil con la persistencia y el tiempo. Empecé a disfrutarlo mucho, y descubrí que podía hacer dominadas en frente de la Reserva Ecológica. Incluso en casa, en esa barra eternizada en la puerta del baño (pero de mi nuevo departamento). Para no perder todos esos músculos que había conseguido, empecé a colgarme más y más. Quizá no tengo tanta definición en los bíceps como cuando iba al gimnasio, pero creo que estoy logrando resultados en espalda, dorsales y abdominales.
Una vez más, llegó un nuevo “salto”. Pero esta vez dependía de mis ganas y de mí mismo.
Busqué por Twitter y por Internet ejercicios para hacer en casa. Algo como las rutinas que hacemos en los Puma Runners, pero sin pesas, ya que no tengo. Me costó, principalmente encontré trabajos de piernas para tonificar y fortalecer (muy buenos) y otros intensivos de abdominales. Pero no mucho más. Necesitaba que fuesen bien gráficos, porque aunque se me da fácil el inglés, cierta terminología no la manejo y me confunde (como es el caso de crisscross y flutter kicks).
Y un día, me iluminé. O más bien, me dije “¿Cómo no pensé en esto antes?”. ¡El celular! Ese aparato que a veces me resulta odioso. Me puse a buscar entre las aplicaciones para descargar gratuitamente que estuviesen relacionadas con el entrenamiento. Apareció una de abdominales que me la bajé, aunque me dio un poco de desconfianza. Sin embargo, nunca la probé. Porque descargué una de la empresa Skimble, que es una suerte de red social del entrenamiento. Se llama Workout Trainer, y en su modalidad gratuita tiene para hacer varias rutinas.
Lo bueno de la personalización es que se pueden elegir ejercicios dentro de un rango de tiempo, o por grupo muscular, o por intensidad. Así me fui armando mis propias series, buscando los límites sin salir de casa (el aire libre lo dejo para el running). En días de calor abrasador a veces no da para asarse al sol. Y tengo la oportunidad de entrenar totalmente en boxers.
No sé si este es el camino para aumentar la masa muscular del tren superior, pero me sirvió para aprender ejercicios nuevos y para ampliar mis horizontes. Así no dependo de los horarios de una empresa, ni me tengo que ir hasta ahí. Supongo me está funcionando, porque realmente me hacen transpirar, siento que trabajo, y lo estoy armando como quiero, combinando trabajos de brazos, espalda y abdominales.
A veces la respuesta que uno busca está más cerca de lo que uno cree. Solo hace falta saber en dónde buscarla.

Semana 15: Día 100: Cómo combatir el calor… corriendo

Verano. 30 grados a la sombra. Por alguna extraña razón que nos hace ver como unos dementes frente al común de la población, decidimos salir a correr. Los primeros metros, sea la época del año que sea, los llamamos “entrada en calor”. Es irónico, dado que la temperatura está que arde, pero aunque sea verano, igual queremos entrenar.
Hacer actividad con frío me resulta más fácil, porque uno puede agregarse capas de ropa y así ir controlándolo. De última, cuando uno finalmente entra en calor, todo se vuelve más fácil (hasta el momento en que nos detenemos, todos transpirados, y ponemos nuestra salud en serio riesgo). A veces cuando entreno en días sofocantes como los que vivimos actualmente en este Hemisferio, me saco la remera, pero no puedo sacarme mucho más (a veces envidio a Robbie Williams que pudo).
Esto es lo que suelo hacer en fondos largos, y quizá ayude a alguien que no se anime a salir o que sufra mucho del calor.
Lo primero es hidratarme antes de salir. Medio litro de agua fresca, independientemente de lo que vaya a tomar después.
Si justamente voy a correr por varias horas y no sé si voy a tener para beber, salgo con la mochila hidratadora. Esto inevitablemente nos va a dar calor en la espalda, pero hay que compensar. Además suelo meter bebida extra, como un Powerade, y también viene bien para las llaves, billetera y algunas pasas de uva.
Por ahí a alguno le sorprenda saber que últimamente no estoy corriendo con gorra. Muchos amigos, con más o menos pelo que yo, se sorprenden, me dicen que estoy loco y la mar en coche. Hay una creencia de que el calor corporal se pierde mayormente por la cabeza (en realidad es el 10% del total), pero igualmente llevarla cubierta me resulta muy molesto. Así que este verano he optado por ponerme protector e ir bronceándome hasta no tener la necesidad de taparme nada. Mis amigos mojan su gorra cada tanto, en canillas o fuentes (lo hacen furtivamente). Cuestión de gustos.
Una técnica para tomar agua lo más fría posible es guardar la mochila hidratadora o las caramañolas con la mitad de agua en el freezer. Cuando llega el momento de salir a entrenar, se las llena hasta el tope. Dura fresco un buen rato, pero tampoco es magia.
A menos que haga un calor espantoso, intento medirme al tomar agua. Como dije al principio, tomo medio litro antes de salir, y después espero a sentir un poco de sed para retomar. En carreras quizá me cuido más y lo hago automatizado, cada veinte minutos (en esas situaciones no hay margen para el error). Creo que llegar al punto de la deshidratación es una tontería; uno conoce su cuerpo mejor que nadie. Las señales son la boca pastosa, por ejemplo. El extremo, cuando ya nos deshidratamos, puede ser con la aparición de los calambres.
Si me cruzo con una canilla (puede ser en una plaza o en un baño público) me mojo la cara, la cabeza y la nuca. Esto último es como una inyección de energía. También las muñecas, y que alguien me explique cómo refresca tanto eso, porque no tengo idea.
En la muñeca donde no llevo el reloj, me envuelvo un pañuelo tipo buff para secarme la transpiración. Alguna vez también fue un gorro de emergencia, si el sol estaba demasiado fuerte. Alguna vez ha llegado a hacer demasiado calor, tanto que me molestaba llevarlo, así que lo guardaba o lo envolvía entre la palma de la mano.
No está de más llevar plata y reforzar el agua o las bebidas isotónicas en el camino. Probablemente paguemos precios exorbitantes, en especial en estaciones de servicio y kioscos, pero lo vale. Hay un kiosquito frente a la estación Punta Chica, en el Tren de la Costa, donde venden limonada con menta y gengibre, a la que le ponen hielo picado. En días de calor es la mejor inversión que un corredor puede hacer, sobre todo si falta para que el entrenamiento llegue a su fin.
Por último, a veces intento buscar la sombra de los árboles, pero la verdad es que también trato de amigarme con el sol. Sé que hay carreras donde me va a ser imposible escaparle, así que prefiero acostumbrarme y que no me sorprenda.

Semana 15: Día 99: Vegano por un mes

Existe algo en el universo, un orden, o una sinergia (no sabría cómo llamarlo) que hace que varias cosas sucedan al mismo tiempo. También podríamos echarle la culpa a la cercanía al año nuevo, pero últimamente me encuentro con más personas que quieren volverse veganas. Algunas lo quieren hacer en serio, y temen fracasar. Otras piden indicaciones de platos y menús, pero tienen la necesidad de aclarar “Ojo, igual no quiero ser estricto como vos… y por ahí como carne de vez en cuando”.
Esta energía que se encausa en una misma dirección seguramente es la que me llevó a releer “Eat and Run”, el libro de Scott Jurek, el ultramaratonista vegano. Yo ya lo había leído (“devorado” es la palabra correcta) y en mi viaje a Barcelona conseguí una copia en castellano, cuando el recargo de las tarjetas era solo del 20% (¿se acuerdan?). Creo que ciertos detalles se me habían pasado por la traducción interna en mi cabeza, y gracias al traductor que se tomó la molestia de pasar todas las recetas y las vivencias al castellano, puedo ver cómo incluso Jurek, campeón de las carreras más largas y duras del mundo, se preguntaba si con los vegetales iba a tener todo lo que necesitaba. Me recordó a mí, cuando apenas empecé mi “ovolactovegetarianismo”, y me fracturé el tobillo. La inseguridad de mis familiares y amigos me llevó a preguntarle al traumatólogo si era posible que mi dieta me hubiese debilitado los huesos (me dijo algo así como “ni a ganchos”).
Compartí muchos secretos y experiencias con mis amigos, y todavía hoy, caminando después del entrenamiento, aconsejaba sobre las ventajas de dejar la leche de vaca y sustituirla por leche de soja o de almendras. Algunos pensarán que soy un bruto, que la proteína y la mar en coche, pero yo creo que en el futuro (pónganle… 200 años) se van a matar de risa por nuestras creencias de nutrición actuales (como nosotros nos reímos de los médicos que hace 2 siglos creían que la sangre estaba estancada en el cuerpo y no circulaba). Es una posibilidad.
A casi todos les pido lo mismo: “Aguantá 90 días. ¿Qué son tres meses en toda tu vida? Fijate si esto es para vos, si realmente querés volver a la carne o no en base a tu propia experiencia y al impacto en tu cuerpo”. Ojalá alguno lo haga, a mí también me serviría la experiencia.
El camino es difícil. Yo acompaño a todo el que lo intente, pero uno tiene que hacerlo solo, y las dudas pueden superar a las certezas. Vuelvo al principio, a esa sinergia y las casualidades. Justo en esta época de gente queriendo comer sano y dejar la proteína animal, me crucé con un plan de Lift. Esta es una red social dedicada a los cambios, a la motivación. Intenté usarla para mí, pero me resultaba complicado… ¡y quizá no lo necesitaba! Al menos no ahora… lo curioso es que me siguen llegando planes con frecuencia, y llegó a mi inbox una sugerencia para ser vegano por 28 días. Es un plan sencillo, gratuito, que cualquiera puede seguir. Como está en inglés, me tomé la molestia de traducirlo para beneplácito de los hispanoparlantes. Quizá le ayude a más de uno…
Lamentablemente los enlaces sí están en inglés… ayudan bastante, pero los que no puedan leerlos y les interese, usen esto como base y googleen porque hay miles, sino millones, de páginas que tocan estos mismos tópicos:

La Dieta Vegana

Creada por Erin Frey
Durante las próximas cuatro semanas, te vamos a orientar para que puedas comer bajo una dieta vegana. La dieta en resumen: Comer vegetales, frijoles, aceites, soja/tofu, frutas, pan, arroz, vino. No comer productos animales incluyendo lácteos, huevos, miel, gelatina. Quizá puedas comer… no hay una zona gris: o es parte de un animal o no lo es.

Pasos (día por día)

  1. Hacé una comida vegana

    ¿Qué comidas podés comer? Pasá por el almacén o hacé una búsqueda rápida de locales cercanos con opciones amigables para tu dieta. Aquí hay algunas investigaciones que te podrían ayudar (en inglés): Sugerencias para novatos: http://plantpoweredkitchen.com/why-be-vegan/ http://www.nomeatathlete.com/50-vegetarian-resources/ Lista de compras vegana: http://pcrm.org/kickstartHome/resources/grocery_list.cfm Ideas simples y rápidas para comidas: http://www.vegkitchen.com/vegan-dinner-recipes/ Alimentos que no sabías que estaban hechos con productos animales: http://www.nomeatathlete.com/non-vegetarian-foods/

  2. Comé un desayuno y un almuerzo vegano

    Ideas para desayunos. Tu primera comida es importante, ya que es lo que te prepara para el resto del día. Aquí hay algunas ideas: avena o quinoa, manzanas y manteca de frutos secos, barritas veganas, panes, batido de frutas con leche de coco o de almendras, panqueques. Encontrá más recetas aquí: http://www.thekitchn.com/10-vegan-breakfast-ideas-113446

  3. Comé un desayuno, almuerzo y cena vegana

    Comer afuera. Tu estrategia por defecto debería ser encontrar platos vegetarianos y modificarlos para quitarle los productos lácteos y con huevo, y reemplazar la carne con tofu/legumbres. Aquí hay algunas sugerencias: Pedile al mozo que te indique las opciones veganas. Aclarale qué significa ser vegano (sin manteca, lácteos, huevo) ya que no todos lo saben. La manteca está en muchos platos en los restaurantes. Pedile al chef que use aceite en su reemplazo. Evitá las parrillas, heladerías y cualquier lugar donde no puedas confirmar si se usaron productos animales en las comidas o las salsas. Hay comidas fáciles de comprar o hacer en casa: Ensaladas: lechuga, porotos o de base de vegetales. Sándwiches con humus, manteca de frutos secos y tus frutas y vegetales favoritos; Sopas (cerciorate que no tengan base de carne o crema antes de pedirlas); Platos de fideos italianos [que no sean al huevo]; Platos Mediterráneos: Humus y Falafel; Hamburguesas Veganas sin queso; Comida India: Daal, Channa Masala, Gobhi Matar, Aaloo Paratha, Kadai Bhindi (asegurate de que no usen mantequilla clarificada); Comida China: cualquier plato vegetariano o con tofu; del Sudeste Asiático: Sopas, curries de vegetales, vegetales salteados (asegurate de que no usen una salsa base de pescado); Comida Japonesa: sushi vegetariano, cualquier plato de pastas o arroz con tofu. Leé esta guía si estás en San Francisco: http://zenhabits.net/vegan-sf/

  4. Comé vegano

    Conseguí un compañero de dieta. Hacé que la dieta sea social logrando que un amigo se te una. Si buscás un corresponsable, pedí uno en el foro de discusiones.

  5. Comé vegano

    Recetas rápidas. ¡Aaah! ¿Qué hacer cuando solo tenés 10 minutos para comer? Aquí hay una lista de comidas rápidas de hacer: Almendras/nueces; pan pita (o figazza árabe) con vegetales y manteca de frutos secos/guacamole/salsa/humus; Mantequilla de maní y mermelada; Batatas al microondas o hechas puré; Muffins veganos (podés mantenerlos en el freezer y tostarlos o calentarlos al microondas rápidamente). ¿Qué agregarías a esta lista?

  6. Comé vegano

    Tus metas: ¿Para qué estás haciendo esta dieta? Compartilo en los fotos. Vuelve a tus respuestas cuando necesites motivación. Los motivos habituales incluyen salud, el medio ambiente o porque tus seres queridos adoptaron esa diete. Si te volviste vegano porque está de moda (¡Jay-Z y Beyonce son veganos ahora!), también está bien.

  7. Comé vegano

    ¡Felicitaciones! ¡Llegaste a una semana!Congratulations, you made it one week!

  8. Comé vegano

    Ahorrá dinero. El veganismo promueve comer alimentos sin toxinas, de calidad y sustentables. Vas a ahorrar dinero al no comprar productos con carne pero vas a gastar mucho más en vegetales. ¿Cuáles son los consejos para no pasarte del presupuesto mientras comés vegano? Aquí hay algunos nuestros: Comprá vegetales de estación. Mejor todavía, conseguilos en el mercado; Unite a una comunidad sustentada por la agricultura; Comprá vegetales congelados, que tienen el beneficio extra de no pudrirse rápidamente; Comprá en tiendas étnicas para obtener cosas como arroz, legumbres e incluso vegetales.

  9. Comé vegano

    Snacks veganos favoritos: Si tenés hambre entre comidas, ¡está bien comer! Solo asegurate de elegir opciones dentro de la dieta, como estas: http://www.nomeatathlete.com/vegetarian-snacks/

  10. Comé vegano

    Satisfacé tu necesidad de algo dulce. Tomá una decisión para esta dieta: Si creés que un dulce ocasional te va a mantener satisfecho y feliz, permitítelo de vez en cuando mientras sea una de las opciones de abajo. Contenete si creés que te va a sacar del objetivo. Dulces vegano-friendly: Mantequilla de almendras o de coco; Chocolate negro; Frutas; Crema de coco con fresas; Casi cualquier panificado si está hecho sin huevos o lácteos. Limitá estos si tu objetivo es perder peso.

  11. Comé vegano

    Conseguir suficiente proteína. Existe la falacia de que no vas a obtener suficientes proteínas si comés vegano. De hecho hay muchas proteínas escondidas en comidas que probablemente ya estás comiendo. Aprendé a obtener más proteínas y de qué fuentes aquí: http://www.nomeatathlete.com/vegetarian-protein-primer/ Y existe una lista de comidas veganas con su cantidad de proteínas referenciadas en el siguiente link: http://www.vrg.org/nutrition/protein.php

  12. Comé vegano

    Conseguir suficiente grasa. Las grasas son buenas para vos, así que asegurate de conseguir suficientes: Aceites, palta, y productos con nueces y coco fuentes geniales y saludables de grasas que tu cuerpo necesita para sobrevivir.

  13. Comé vegano

    Estrategias para situaciones sociales. Comer afuera con amigos que no coman vegano lleva algo de planeamiento para asegurarse de que todos estén felices. Aquí hay consejos para equilibrar la balanza: Organizá reuniones para tomar café o bebidas en lugar de almuerzos o cenas; Sugerí un restaurante vegano-friendly cuando hagan planes. Igualmente a nadie le gusta tomar esta decisión; Comé antes de la hora de la bebida para no tentarte a picotear; Guardá almendras y barras veganas en tu mochila o cartera para las veces en donde no hay opciones veganas; Evitá: parrillas, heladerías y cualquier lugar donde no puedas confirmar si se usaron productos animales en las comidas o las salsas. Decile a tus amigos que estás comiendo vegano y por qué. ¡Probablemente te apoyen!

  14. Comé vegano

    ¡Muy bien, llegaste a dos semanas!

  15. Estrategias para viajar

    Comer vegano en los viajes. Mantenerte en una dieta mientras viajás es cuestión de preparación. Aquí hay algunos consejos de blogueros veganos y vegetarianos: http://www.nomeatathlete.com/vegetarian-travel-tips/ No te angusties si rompés tu dieta. Elegí la opción más saludable y volvé en la siguiente comida.

  16. Comé vegano

    Comidas básicas. ¿Cuáles son tus alimentos básicos (los ingredientes y platos que usás una y otra vez)? Decidir tres nuevas comidas para cocinar/comprar cada día te va a agotar. Buscá comidas que puedan convertirse en básicas de tu nueva dieta. ¡Entonces repetí, repetí, repetí!

  17. Comé vegano

    Sé consistente. Probablemente hayas hecho muchos cambios en tu dieta. Abstenete de bajas la cantidad de calorías Y cambiar tus hábitos alimenticios al mismo tiempo. Te vas a sentir miserable y más propenso a abandonar. La clave para cualquier dieta (o meta) es ser consistente y ganar velocidad, como estás haciendo ahora mismo.

  18. Comé vegano

    Tomá más agua. ¿Sabías que a veces tu cuerpo confunde la sed con hambre? Si tenés hambre cuando no deberías, tomá un vaso lleno de agua y espera´diez minutos antes de picar algo. ¿Cuánta agua estás tomando por día?

  19. Comé vegano

    Transición al veganismo. Mucha gente quiere recrear su dieta con ingredientes veganos o comer comida chatarra porque no tiene carne. Las papas fritas y las galletitas no son buenas para vos porque sean veganas. No te alejes de los alimentos integrales, vegetales y frutas, y vas a comer bien.

  20. Comé vegano

    Motivación. ¿Cómo te mantenés motivado? Aquí hay una gran motivación: salud a largo plazo. Ahora estás comiendo de un modo que cuida a tu cuerpo. Si cuidás a tu cuerpo los primeros 50 años, los otros 50 él te va a cuidar a vos.

  21. Comé vegano

    ¡Muy bien, llegas te a tres semanas! Queda una más.

  22. Comé vegano

    Obstáculos. ¿Qué fue lo difícil de esta dieta? Leé los obstáculos que otros Lifters compartieron y dales consejos si los tenés.

  23. Comé vegano

    Consejos para principiantes. ¿Qué consejo le darías a alguien que recién empieza con la dieta? Vamos a juntar a las mejores y compartirlas con gente que se sume al plan a futuro.

  24. Comé vegano

    Substitutos de la carne favoritos. ¿Cómo reemplazaste tus comidas favoritas que se centraban en la carne? ¿Te pasa de extrañarla?

  25. Comé vegano

    Tu éxito. ¡Muy buen! Mucha gente no se mantiene en una nueva dieta tanto como vos. ¿De qué estás más orgulloso?

  26. Comé vegano

    Tu comida favorita. ¡Compartí tu receta si tenés una!

  27. Comé vegano

    Tus resultados. ¿Qué cambios notaste en tu cuerpo y mente? ¡Contanos!

  28. Comé vegano

    ¡Felicitaciones, alcanzaste tu objetivo! Cuatro semanas es más de lo que mucha gente sigue una dieta. Sentite orgulloso. Si disfrutaste de comer una dieta vegana y querés seguir, mantené el objetivo en tu lista (no hace falta que leas las instrucciones diariamente).

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