Archivo de la categoría: Espartatlón III semana 14

Semana 14: Día 98: Encontrar la motivación

“¿Cómo hacés para motivarte?”.
¿Existe una pregunta más difícil de responder?
El miércoles 1º de enero arrancamos oficialmente la temporada 2014 de los Puma Runners. Lo hicimos con una nueva tradición, que fue ponernos en ronda y decir nuestros objetivos personales y grupales. Fue un momento íntimo y poderoso. Empecé yo, porque parece que soy el más verborrágico.
Más tarde le tocó el turno a Paco. Él fue parte del equipo de la Demolition, aquella carrera que hicimos quince días antes en Pinamar, donde trepamos médanos y nos tiramos en toboganes de agua. Todos teníamos un nivel muy similar, y Paco se sintió intimidado. Creía que nos estaba retrasando y pidió sacrificarse y que lo dejemos atrás. Era una carrera divertida y corta, pero no sin alguna dificultad. Intentamos alentarlo, y al menos yo no quise separarme de él y le hablaba, posiblemente poniéndolo más nervioso. Por supuesto que llegamos enteros, y Paco se sorprendió de la velocidad que hizo todo el equipo.
En la ronda del miércoles pasado, entre sus objetivos personales (nadie había tenido demasiado tiempo para preparar el discurso, nos enteramos ahí que teníamos que decirlo), él dijo que quería encontrar la motivación. Que alguna vez la había tenido y que ahora le costaba encontrarla. Me sentí muy movilizado por sus palabras. ¿Quién no se encontró en esa situación alguna vez? ¿Quién no lo pasó no una, sino mil veces?
Inmediatamente me puse a pensar. ¿Qué me motiva a mí? Al principio no encontraba la respuesta. Por ahí, en mi caso, agarré impulso y estoy en modalidad crucero, en piloto automático. Pero no me olvido de cuando salir a la calle me costaba más que terminar una maratón. Seguramente a la gran mayoría le pasó que prefirió quedarse en la seguridad del hogar a enfrentarse al mundo exterior.
Sin embargo, no encontraba la respuesta. Vivo motivado y motivando. ¿Entonces? ¿Dónde está eso que me impulsa a esforzarme y querer mejorar constantemente? No pude evitar remontarme a la vez en que se me acabaron las fuerzas y abandoné. En 2012, la primera y fallida Ultra Buenos Aires, cuando vomité en el km 77 y sentí un alivio enorme cuando escuché a mi entrenador decir “Bueno, ya está”. Lo interpreté como que él me dejaba abandonar. Lejos de estar disconforme, me sorprendía haber llegado tan lejos, cuando en el kilómetro 30 ya no podía más. Había arrancado muy fuerte y ante los primeros signos de debilidad corporal me asusté. Sentí que no llegaba, con tanta convicción que logré no llegar. Pero ahí estaba mi familia (mis hermanos, mis papás), mis amigos (que incluía a mis compañeros de entrenamiento y los que no corren “ni a un colectivo”) y mi entrenador (más otro hermano que un amigo). Algunos, en jean y mocasines, empezaron a correr a mi lado. Me alentaban, y sí, funcionó, porque hice 47 km más de los que hubiese querido.
Esto me lleva inevitablemente a la Ultra Buenos Aires de 2013, cuando sí llegué. Nuevamente mi familia y mis amigos estaban ahí para alentarme, algunos para correr a mi lado. Hubo momentos de tensión, cuando el agua sin sodio me empezó a afectar y hacía pis color naranja. Me tropecé y caí en el barro, enterrando ambas manos hasta la mitad del brazo. Tuve que saltar alambrados, enfrentar largos caminos solitarios y vencer al reloj: 100 km en menos de 10 horas y media. No corrí solo, por más que era yo el que ponía un pie adelante del otro. Estaban todas esas personas pendientes de mí, y yo corría por mi marca, y en algún punto por ellos. Me daban fuerzas, y eso me permitió llegar (en 10 horas y 14 minutos).
Tanto en mi mayor fracaso como en mi mayor triunfo, la motivación vino del mismo lado, de todos los que me acompañan. De ahí fui bajando a todas las otras carreras, donde siempre estaba pendiente de los otros que corrían, de los que alentaban. Llegar a la meta es maravilloso, pero he encontrado que es durísimo que no haya nadie que te reciba o a quien abrazar. Por eso siempre que fui en grupo volví para interceptar a alguien en el camino, para alentar y acompañar los últimos metros.
Todo esto me lleva a Paco y la Demolition. ¿Para qué hablarle, ponerlo nervioso, exigirle que no se queje y se esfuerce más todavía? Yo podía ver que estaba dando todo de sí mismo… ¿para qué pretender más? Supongo que lo que intentábamos hacer era justamente motivarlo. Ayudarlo a que encuentre la fuerza interna que te hace seguir cuando el cerebro pide a gritos que pares. Y cuando los demás creen que yo soy más fuerte de lo que realmente pienso, esa fe que tienen en mí me suma fuerzas. Por ahí no se aplica a todos, pero eso fue lo que quisimos hacer con Paco. Demostrarle que confiábamos en él, en que podía dar más de lo que se estaba permitiendo. Que lo acompañábamos y que no nos importaba si le resultaba difícil. De hecho es exactamente lo opuesto. Si a mí no me cuesta y a vos sí, entonces el que está poniendo en juego su fuerza de voluntad y su coraje sos vos, no yo.
La motivación viene de adentro, pero eso no quiere decir que no se llene desde afuera.

Semana 14: Día 97: 316, 66 km en un mes

Por fin alcanzo una distancia acumulada con la que estoy conforme. En Diciembre tuve el regreso del viaje a Europa, y en lugar de hacer una resolución para el año nuevo, la hice para empezar antes de que terminara 2013. Mi compromiso fue correr cada vez que tuviese ganas. No reprimirlo. Sumar. Aprovechar la hermosa Reserva que tengo tan cerca. Ir y volver corriendo a cada lugar donde tuviese que ir. Aprovechar las oportunidades. Y eso, evidentemente, funcionó.
Hice 316, 66 km, que es más del doble que Noviembre, y mucho más que los meses previos. De hecho, desde Marzo que no acumulaba más de 300 km. Y descubrí que no era tan difícil alcanzar esa marca, bastaba con hacer 10 km diarios. Ya de lunes a viernes, haciéndolo por la mañana, significan 200 km en un mes. ¡Muchísimo! Y ahora me parece un esfuerzo tan liviano… No es ni una hora de trote, una salida desde mi casa hasta la Reserva, una vuelta entera al circuito más largo y listo, de nuevo en mi departamento.
Pero obviamente que no siempre pude ir. Alguna vez una entrega complicada de trabajo me obligó a quedarme en casa. O necesitaba descansar después de fondos largos y agotadores. Intenté no dejarme vencer por el calor y salir a la calle. Incluso hoy, que en realidad cuenta para el kilometraje de enero, salí abajo del diluvio a sumar kilómetros… imposible arrepentirme.
No todo fue entrenamiento. También sumé alguna carrera. Nada demasiado largo, pero ahí estuvo la Demolition Race en Pinamar, y la San Silvestre, en la Ciudad de Buenos Aires. Igual metí fondos más largos, como los 30 km del sábado pasado, o un día que me pintó y en lugar de hacer 10 en la reserva terminé corriendo 20 km.
Sin dudas es uno el que se pone las metas. Yo decidí aumentar la cantidad de kilómetros y encontré que no era muy difícil. Incluso he complementado la mitad de esos fondos (casi diarios) con entrenamiento de pesas y suelo, como para complementar. Ha sido un muy buen cierre de año, y me siento más seguro y confiado que nunca. Solo me falta que me acepten a fin de mes mi pedido de inscripción en la Espartatlón… y podré correr (y después morir) en paz…

Semana 14: Día 96: Los números de 2013

Los “duendes de las estadísticas de WordPress.com” (no me inspira mucha confianza que me lo digan así) prepararon un informe sobre el año 2013 de mi blog. Para superar la fiaca del 1º de enero (de un CALUROSO 1º de enero), se los dejo, así se enteran un poco el detrás de escena de todo este año. Yo cierro este primer día de 2014 de la mejor forma posible: yéndome a entrenar.

Aquí hay un extracto:

El Museo del Louvre tiene 8.5 millones de visitantes por año. Este blog fue visto cerca de 110.000 veces en 2013. Si fuese una exposición en el Museo del Louvre, se precisarían alrededor de 5 días para que toda esa gente la visitase.

Haz click para ver el reporte completo.

Semana 14: Día 95: Los 8 km de la Corrida San Silvestre Buenos Aires 2013

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Otro año que se termina, otra San Silvestre adentro. La cuarta que se hace en la Ciudad de Buenos Aires, de hecho.
La tradición comenzó en 2010 aquí, aunque sé que se extendió a otras localidades. Aquel 31 de diciembre se realizó por primera vez en Argentina, aunque el formato de la carrera se viene realizando desde hace muchos años en todo el mundo para celebrar fin de año. Yo he tenido la suerte de participar en todas, y cada una con su particularidad.
En la primera, que largó a las 4 de la tarde, nos morimos de calor. Mal. Ahora nos estamos quejando de la ola sofocante, pero en aquel entonces largar con el sol allá arriba fue demencial. El agua de los puestos de hidratación estaba CALIENTE. Yo estaba recuperándome de una lesión en la costilla, así que corrí con una faja. Creo que fue la primera vez que volvía al atletismo, ya en vías de recuperación (dos semanas antes había sido mi cumpleaños y no me podía reír del dolor). El cupo fue reducido, considerando que era la primera edición: unos 2200 corredores. Mi tiempo fue de 34:55.
La segunda, en 2011, repitió ese absurdo horario de las 4 de la tarde, pero la suerte estuvo de nuestro lado y la temperatura bajó bastante. En la primera edición se había corrido el rumor de que le iban a agregar 1 km cada año, hasta llegar a la distancia de San Pablo (que si mal no recuerdo, actualmente es de 16 km). Pero no pasó, y volvimos a correr 8 km, aunque con un clima más benigno. Seguramente esto hizo una gran diferencia, porque sin lesión ni sol asesino, la terminé en 32:15.
La tercera edición, 31 de diciembre de 2012, fue la última que hicimos con aquel maravilloso recorrido. En aquel entonces no lo sabíamos, pero la llegada del Metrobús seguramente influyó en que ya no correríamos por la 9 de Julio, debajo del obelisco, con un trazado en cruz que unía el Congreso con la Casa Rosada. También sería la despedida del asesino horario de las 4 de la tarde… pero tampoco lo sabíamos en ese entonces. Me estaba recuperando de un dolor de rodilla, y terminé los 8 km en 33:15.
Y venía por fin la nueva edición, la de esta mañana. Estoy en una nueva etapa medio zen (o medio vaga) y no me levanté con muchas ganas de hacer marca. Creo que si me lo hubiese propuesto, lo hubiese logrado. Este año mejoré mis tiempos de casi todas las carreras, pero cuando me apuro no disfruto de correr. Creo que a casi todos nos pasa lo mismo. Y este ha sido un año especial, con muchísimos altibajos (a veces cosas muy malas, a veces muy buenas). Y lo que más me quedó fue la fortaleza de la amistad.
Como en esta entrega corría por primera vez mi amigo Nico, decidí acompañarlo. Al principio, cuando se lo dije en la largada, no me creía. Me decía que me iba a despegar de él y lo iba a dejar atrás. Pero cumplí. Me resultó más valioso acompañarlo y hacerle de sargento, obligándolo a que haga velocidad. O sea, que sufra él en lugar de mí.
Este año tuvieron el tino de que la largada fuese a las 8 de la mañana. No hizo el calor horroroso de días atrás, sino que estaba agradable. Además, a esa hora había bastante sombra entre los edificios. La salida era desde Diagonal Norte y Suipacha, encarando hacia el lado de la Casa Rosada. Nada de cruzar la 9 de Julio, ni correr en sus laterales, ni pasar bajo el Obelisco. Eso ha quedado en el pasado. El recorrido, si bien tiene edificios muy lindos, me resultó mucho menos interesante. Pero correr en tu ciudad, junto a 5 mil personas (los conté uno por uno) es una muy linda experiencia.
Nico empezó a correr este año, y mejoró a pasos agigantados. Recuerdo haberlo acompañado hace unos meses, en los 10 km de las Fiestas Mayas, y yo vi cómo creció desde entonces. Hoy no fue la excepción, arrancamos con él y un amigo suyo (que como nos dejó atrás, de castigo no mencionaremos) a una muy buena velocidad, por debajo de los 4 minutos el kilómetro. Era difícil que mantuviésemos ese ritmo (de haberlo hecho hubiese roto mi propia marca), pero lo importante era separarnos del malón. Las calles por las que nos íbamos a meter eran angostas, y lo que más quería era correr con comodidad, sin andar a los codazos.
Otra táctica que les obligué a aplicar es la de irnos lo más adelante posible. No es muy popular entre los que ya están ahí parados, desde hace media hora, pero bueno, es la ley de la jungla. Avanzamos con respeto, hasta que es físicamente imposible. Igual tuvimos que caminar hasta pasar por debajo del arco de largada.
La hidratación estuvo bien, aunque algunos cayeron en la trampa del vaso de Gatorade, cosa imposible de tomar mientras uno corre. A menos que te quieras volcar la mitad encima, o atragantarte y que te quede ese gustito picante en el paladar. Para 8 km el agua alcanzaba bastante bien, y con ese clima benévolo (que debía estar debajo de los 30 grados) más que nunca.
El nuevo recorrido es un poco más intrincado, de idas y vueltas. Yo creo que no colabora con que se rompa el récord histórico de esta carrera. El ganador estuvo a 2 minutos de romperlo, se comentaba en el after race. En el trayecto, Fede Motta (lector de este blog), vino a saludarme, y como corresponde, no me pasó. Otro lector, al que no le pregunté el nombre, sí me pasó. Tengo que poner reglas claras, todos los lectores de Semana 52 atrás mío…
Nos acomodamos con Nico a una velocidad de 4:40. Lo sentí exigido, sobre todo en la respiración. Me pidió un par de veces que vaya a mi ritmo, pero me había comprometido a acompañarlo. Mi presión, evidentemente, le hacía mal. Le dije la obviedad del año: “Ahora me vas a odiar, pero en la meta me vas a agradecer”. Lo fui arengando y tenía momentos en donde disparaba y otros (pocos) donde bajaba la velocidad. Sobre el km 7, en la Plaza de Mayo, me dijo “Andá, dale”. ¡A un kilómetro de la meta! Le dije que ni loco, esto lo terminamos con un sprint.
Y así fue. A pesar de mi presión, de estar siempre bordeando el límite, de ahogarlo con el aire, de jurarme que no podía, hicimos el bendito pique al final. Le pedí que gritásemos ESPARTAAAAAA al cruzar la meta, pero me dejó solo. Es más, creo que se fue a un costado, buscando que nadie pensara que íbamos juntos.
El tiempo fue de 36:39 según mi reloj, con una distancia de 8,30 km. Para mí estuvo más que bien. No fue la gran diferencia de años anteriores, pero no fue un tiempo personal, sino que fue compartido. Eso lo hizo más valioso para mí. En mi imaginario me hubiese encantado tener a otro corredor con un poquito más de experiencia que yo que me arengue. Creo que la única situación que viví similar fue cuando corría con mi papá, en mi adolescencia, y él me daba aliento y me iba aconsejando. Fue hace más de 20 años, y sus consejos sobre respiración se los iba repitiendo a Nico hoy…
Creo que lo más maravilloso que vi en esta carrera fue a un atleta descalzo. Tenía la planta de los pies negras (no es que las calles de Buenos Aires estén particularmente limpias) y un andar muy cómodo. Le pregunté hace cuánto que corría así y me dijo que dos años. La historia de siempre, una lesión lo llevó a abandonar las zapatillas. “Es más barato”, le dije. Le saqué algunas fotos, tenía unos gemelos tallados con cincel. Lo envidié, tengo pendiente, en algún futuro incierto, probar de abandonar el calzado para trotar…
Este ha sido un buen año, puesto todo en la balanza. Igual no me conformo, y espero que 2014 sea mucho mejor.

Semana 14: Día 94: 200 calorías

Siempre nos preguntamos… ¿cómo calcular las calorías? Y lo peor, muchas veces las pseudo dietas nos hacen creer que algo calórico es malo, cuando en realidad es nuestro combustible. Obviamente que si uno se pasa, el cuerpo no lo asimila… y lo acumula.
Hoy me crucé con este sencillo estudio donde se recopilan 36 alimentos que contienen 200 calorías. No especifica más que eso. El fondo negro y el plato blanco sirven como marco de referencia para establecer porciones. Se los comparto para que ustedes saquen sus propias conclusiones.


Semana 14: Día 93: Correr a fuego lento

Hola, soy Martín Casanova. Quizá me recuerden por haber editado quince minutos la revista Comiqueando, o por otros éxitos como el ciclista que regaló su bici una semana después de que lo chocó un auto.
Ayer, como todos los 28 de diciembre, escribí cualquier tontería, y aunque algunos descubrieron la mentira, muchos me preguntaron por la HiperEspirulina. Los amo, a todos.
Estos días de calor agobiante he salido a correr. La explicación de tamaño acto de masoquismo es que uno nunca sabe qué clima va a tocar en una carrera. Pero a veces se hace insoportable.
Ayer hicimos un fondo de 30 km, desde el Hipódromo de San Isidro hasta el monumento al remero, en el Tigre, ida y vuelta. De un bebedero salía agua como para el mate, pero igual nos mojamos la cabeza. En el camino compramos agua, gatorade y limonada con hielo picado (el elixir de los dioses). También mendigamos una palangana con agua. Llegamos empapados de transpiración, con sed y hambre. No nos dimos cuenta que habíamos arrancado a las 9 y terminamos 13:20.
La mujer que nos dio una palangana de agua (además de la exquisita limonada) nos dijo que estábamos locos por haber salido a correr en un día así. Le dije que se me había roto el aire acondicionado en casa y que por eso había ido a correr. No fue un chiste del día de los inocentes.
Hoy se podía suponer que iba a descansar, ya que en la semana estoy yendo bastante seguido a correr en la Reserva, al rayo de un sol abrasador. Pero como tenía que ir a retirar el kit de la San Silvestre, me pareció una buena idea ir y volver corriendo. Total, ¿qué son 11 kilómetros?
Bueno, me derretí. Las suelas Dr las zapatillas se pegaban al asfalto. Podría haberme hecho un wok de verduras en el pavimento (lo normal es cocinar un huevo frito, pero eso no es vegano).
Cuando llegué a retirar mi kit, la chica de la organización me reconoció por el blog. Yo morí un poco de vergüenza porque chorreaba transpiración… pero siempre es lindo que me reconozcan, y más cuando hay testigos y no creen que deliro por el calor.
Estos días son duros y yo no creo que tengamos que usarlos de excusa para no hacer nada. Con previsión y mucha agua, hasta puede ser divertido. Y nos prepara para inesperados climas extremos en carreras. ¿Por qué iba a dejar pasar la oportunidad?

Semana 14: Día 92: Balance de fin de año: LOS SUPLEMENTOS

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Última entrega del balance de 2013, en donde pasaron muchas cosas, buenas y malas… pero con la balanza inclinándose hacia lo positivo.
Este año fue en el que finalmente pude superar los 30 kg de músculo. Vamos por partes, cuando empecé con Semana 52, era un desastre. Tenía una pésima rutina alimenticia, no estaba muy comprometido con el entrenamiento, y tenía que bajar mucha grasa. No era algo tan fácil de lograr, pero estaba motivado. Lo que ya sabíamos que iba a pasar era que iba a perder músculo, porque los fondos hacen eso. Pero no me preocupé, decidí darle para adelante igual. En los meses subsiguientes perdí grasa, pero también masa muscular, cada mes más. Cuando empecé el gimnasio logré nivelarme un poco, pero no fue hasta este año que logré ese objetivo que se había puesto mi nutricionista de superar los 30 kg de musculatura.
Lo que en su momento no conté fue cómo lo logré. Principalmente porque temía que no funcionara y que alguien me imitara (ACLARACIÓN: Chicos, no hagan esto en sus casas, soy un profesional). Me gusta aconsejar en base a experiencias exitosas. Este año, con el boom de los envíos desde china (la vieja y querida Ali Express), buscando muñecos de las Tortugas Ninja y accesorios para running, me encontré con un producto que lo tenía todo: la HiperEspirulina® (o Chāo luóxuán zǎo). Este producto es básicamente espirulina metabolizada, que puede absorberse más fácilmente, con un refuerzo de nutrientes, ginseng y glucógeno. Contiene 870% más de proteína que la carne de vaca, 500% más magnesio que los champiñones, 1300 veces más clorofila que las verduras de hojas verdes y 2 veces más vitaminas del complejo B que las almendras.
Comencé a tomarla con el desayuno, mezclado con la avena y las pasas de uva. Al principio es difícil acostumbrarse porque tiñe todo de verde y hace que el gusto de la comida sea parecido a la acelga. Pero con el tiempo uno siente los beneficios. Antes me quedaba dormido en todas las reuniones, sobre todo después de comer. Ahora me siento atento y afilado, listo para la acción. Logré subir 2 kilos de músculo por mes… ¡incluso en los meses en los que no iba al gimnasio! Además mejoré mis tiempos de carrera, como puede atestiguar cualquiera que vea mi desempeño: en la maratón de Río, en junio, hice 3 horas 27 minutos. En solo 3 meses, cuando corrí la de Buenos Aires, bajé a 3 horas 3 minutos. Ya en este punto consumía HiperEspirulina® en todas las comidas, a veces mezclado con arroz, tofu y ananá, y otras preparándome jugos con agua y una pizca de stevia.
Soy el primero en admitir que lo que más me hubiese gustado es no obtener estos logros consumiendo suplementos y que sea todo en forma natural, pero lo que realmente cambió mi modo de pensar fue cuando se destapó la verdad del caso Armstrong (Lance Armstrong, no Neil Armstrong). Si bien la FDA no aprueba el uso de HiperEspirulina® en las competencias (en el dopaje muestra un acelerado nivel electrolítico), quedó demostrado que la superación va de la mano de la química. Emil Zatopek, hoy en día, no podría ganar una competencia sin ayuda de la ciencia, por más entrenamiento corriendo en borceguíes, en la nieve, con la mujer a caballito. Hoy los campeones olímpicos se lo comerían crudos (de hecho, con los suplementos indicados, hasta yo le daría carrera).
Existen suplementos de origen natural (y vegano), como los polvos protéicos con soja, la corteza de bambú o el batido de jengibre, ópalo y azúcar orgánica, pero sus resultados son ínfimos y muy lentos. Hoy ya tres de mis colaciones diarias son HiperEspirulina®, y realmente no la cambiaría por nada (lo que daría porque HiperEspirulina® me auspicie este blog… HiperEspirulina®, ¡nunca salgo de casa sin ella!).
Nuevamente, les recuerdo que no hagan esto en sus casas, no conviertan a su cuerpo en un conejillo de indias. Mejor es consultar a su nutricionista para que les indique la mejor forma de incorporar HiperEspirulina® en su dieta. Las primeras semanas tuve un poco de sangre en la orina y algunas migrañas, pero ya casi se me fue.
Y con esto cierro el balance de 2013, una seguidilla de posts aburridos que casi nadie comentó. Mañana, a retirar los kits de la San Silvestre, ¡y a cerrar el año corriendo!

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