Archivo de la categoría: Espartatlón III semana 1

Semana 1: Día 7: Balance del año que pasó

Corriendo_en_Grecia
Muchas, muchas cosas pasaron durante la tercera temporada de Semana 52. No quise dejar que pasara mucho tiempo antes de hacer un balance, pero para eso necesitaba tiempo, y estos días han sido muy complicados a nivel laboral.
Huelga decir que este ha sido mi mejor año. O sea, el que empezó en la Espartatlón 2012 y terminó en la Espartatlón 2013. Así se miden los años en este blog.
Es raro que esté diciendo esto cuando también la pasé muy mal. Mi separación, básicamente, fue el punto más bajo de mis últimos tiempos. No ese día puntual, sino los que lo antecedieron. Pero crisis significa oportunidad, o al menos se escriben parecido en los ideogramas chinos, así que puedo decir que salí a flote. Las cosas hay que analizarlas en perspectiva, y en ese momento sentía que estaba más o menos en situación de calle, pero ahora entiendo que fue parte de un proceso que me llevó a estar donde estoy hoy. Y me gusta este lugar.
Esta temporada significó un cambio sustancial en mi alimentación, que fue el veganismo. Aprendí muchas cosas, pero la más importante es la de la previsión: hacerme mi propia comida, consumir más vegetales, ir preparado a las reuniones. También incoproré el tema de los jugos, y aunque a muchos les sorprende mi dedicación de lavar la máquina cada vez que la uso, para mí es lo más normal del mundo (tomo al menos dos vasos por día). Este tema llegó a ser motivo de roce en mi pareja, pero ya está incorporado, así que sé que no va a ser problemático. Quien me conozca hoy sabe que esto es parte de mí.
Sin dudas tuve las mejores carreras de mi vida. Empezando por los 100 km de la Ultra Buenos Aires, una experiencia tan deseada y tan emocionante que me largué a llorar al cruzar la meta, en 10 horas con 14 minutos. Supongo que me pasará algo parecido cuando esté en la Espartatlón. También hice mi media maratón más rápida, y terminé el ultratrail de Yaboty en noveno lugar, compartiendo varios kilómetros del principio con el puntero. Como si fuera poco, en Misiones hice nuevos amigos, y superé mi miedo de viajar solo.
La temporada empezó en un viaje por Europa, y lamentablemente no pude volver dentro de esas 52 semanas, pero hice un improvisado viaje a Río con mis amigos de los Puma Runners, algo que ya recuerdo con mucha nostalgia y cariño. Ahí también hice una maratón por las calles cariocas, algo que ni me imaginaba un mes antes.
Probablemente este año haya sido el de los impulsos, tanto para buscar la felicidad como para cumplir metas y objetivos. Volví al gimnasio y logré la masa muscular más alta de mi vida, confirmando que el veganismo no es un problema. Miro hacia atrás y confirmo que hay que escucharse a uno mismo y no dudar. Lanzarse, vencer los miedos. Nadie nos conoce como nostros mismos. Nadie nos puede dar un mejor consejo que nuestra propia cabeza.

Semana 1: Día 6: 20.000 besos

20mil_besos
Son altas horas de la madrugada y vine de reunión con amigos, la cual involucró una escapada al cine para ver 20.000 besos, la nueva película de Sebastián De Caro. Fibertel se empecinó en no funcionar, no pude actualizar el blog antes de salir, y este impasse me sirvió porque ahora tengo ganas de escribir sobre esta cinta y hacer un off-topic (porque no se puede hablar exclusivamente de correr, entrenar, comer).
Sin hablar demasiado de la trama, 20.000 besos habla de la vida de un joven tras una separación (que incluía convivencia) y cómo se reconecta con sus amigos. Está explicado en forma no tan obvia, pero el protagonista venía de aislarse y de perder un poco el contacto de quién era y qué cosas lo definían. Parte de ese viaje de reencontrarse consigo mismo lo hace vivir una experiencia intensa que tiene alegrías y bajones… como la vida misma.
No pude evitar sentirme identificado, siendo que este año me separé. Yo también tuve que ir a la pila de CDs a llevarme los que eran míos, tuve que escuchar llantos a través de una puerta, y puse mi vida en cajas (que, coincidentemente, contenía libros y muñecos). También me reconecté con las cosas que me hacían bien y con mis amigos. De hecho, terminamos en un bar hablando de la película, poniéndonos al día con nuestras historias, y nos imaginamos a alguien filmándonos… también creemos que nuestras charlas podrían terminar en la gran pantalla.
El estreno de 20.000 besos es bastante reducido por tratarse de una producción independiente, pero está brillantemente filmada, es divertida, a veces dura, y muy entretenida. Seguramente por mi situación particular me pegó más que al resto (que se encargó de destacar los bellísimos atributos de Carla Quevedo). Este tipo de películas no duran mucho en cartel, desplazadas injustamente por los tanques de Hollywood. Les recomiendo ir a verla, y les hice el favor de contar poquísimo de la trama o los actores (tiene un casting brillante, y una muy buena dirección actoral). Probablemente en algún personaje o alguna situación, todos podamos reencontrarnos a nosotros mismos… y de esa forma adueñarnos un poquito de esta película.
20000_besos

Semana 1: Día 5: La cabeza puesta en correr

Me doy cuenta de que lo que más le intriga a las personas que no corren es en qué pensamos mientras lo hacemos. Queda claro en que cualquiera puede imaginarse qué es correr. Todos lo hemos hecho, aunque sea de chicos y relacionado con un juego. Cualquiera ha hecho carreras en el colegio, ha realizado travesuras y tuvo que salir rajando (el ring raje, el carnaval), y ha tenido un profesor exigente en Educación Física. Correr, transpirar, estar cansado… no es desconocido para nadie.
Y la pregunta que se repite constantemente es “¿En qué pensás?”. El rival está en la cabeza, y todos sabemos eso. Diría, sin temor a equivocarme, que cualquiera puede alcanzar el físico óptimo para hacer una actividad física, pero lo difícil es ordenarse mentalmente. El fantasma es “aburrirse”. Al parecer hay quienes creen que correr es aburrido y otros que no pueden imaginar qué podríamos estar haciendo para nuestros adentros. Yo siempre respondo lo mismo (que es la verdad), yo canto. Generalmente me trabo en un estribillo y lo repito incesantemente en mi mente. “Estoy verdeeeee… No me dejan salir”. Eso suena muy seguido adentro de mi cabeza, seguramente porque las ultramaratones bajan mis expectativas hasta que me alcanza con llegar con vida. También calculo mentalmente cuánto falta para el siguiente puesto, o intento recordar el recorrido (generalmente le erro bastante).
Muchas, muchas veces narro la carrera como si fuese un post de este blog. Alguna vez saco una conclusión o una frase que termina llegando a la reseña de la carrera. Pero el 95% queda absolutamente olvidado. En una oportunidad me filmé hablándole a la cámara, y fue muy interesante porque después terminé por olvidar todo lo que estaba pensando. Pero de vez en cuando se cuela un chiste, una anécdota, y suelo memorizar la hora o la distancia en el GPS para que llegue al post en qué momento estaba pasando eso.
15 % alimentación, 15% entrenamiento, 70% mente. Así describía Dean Karnazes el correr, y creo que es un análisis perfecto. Porque todo interviene en algún punto, pero En la cabeza está la motivación, y sin eso no tenemos nada.
¿En qué se piensa durante una carrera de muchas horas? ¿En qué estaré pensando cuando me embargue en la Espartatlón? Una cosa es segura, cuando me toca estar muchas horas en una competencia (sean 4 horas o 36) hay una sola cosa que pasa por mi mente: llegar.
Y vos, ¿en qué pensás mientras corrés?

Semana 1: Día 4: 2598,59 km en un año

Durante el mes de Septiembre corrí 237,87 km. Fue… mucho. Más de lo que me imaginaba. Quizá esté haciendo mal las cuentas, me llevo dos en lugar de uno… no sé. Siento que puedo correr más. No me salteo entrenamientos, y si lo hice intenté compensarlo. Es un número que me gusta mucho, alimentado por fondos de 2 km para entrar en calor cada vez que iba al gimnasio.
Es una historia medio extraña la del cuentakilómetros, porque no se pone en cero con el cambio de “temporada” (esto es, cuando volvemos a la Semana 1: Día 1), sino con el cambio de mes. Así es que recién en el día 3 hice mi último fondo, y hoy estoy haciendo el reporte. La suma de todos los meses da que desde Octubre de 2012 a Septiembre de 2013 corrí 2598,69 km, metro más, metro menos. A veces me pongo a pensar si debería sumar todas las cosas que hago como parte de la vida diaria, que sería correr 1 km hasta llegar a Retiro, desesperaedo para no perder el tren, las caminatas de 1,5 km de ida y 1,5 km de vuelta al gimnasio, cuando en el entrenamiento paro el reloj y meto un pique a 100 metros para hacer pis detrás de un árbol… pero intento no volverme loco. Pienso, simplemente, que lo que registro en este blog es el piso, y que seguramente el redondeo va a ser para arriba.
El año anterior de este blog, cuando empecé con el cuentakilómetros (Octubre de 2011) dio como resultado 2272,09 km, o sea una diferencia de 326,50 km. Me gustan los números y las estadísticas, y si por esas casualidades a alguien también, acá va mi desempeño en los últimos dos años:

Semana 52: Temporada 2
Octubre 2011: 208,73
Noviembre 2011: 173,43
Diciembre 2011: 164,29
Enero 2012: 208,25
Febrero 2012: 290,93
Marzo 2012: 230,27
Abril 2012: 194,35
Mayo 2012: 258,79
Junio 2012: 162,19
Julio 2012: 211,81
Agosto 2012: 169,05
Septiembre 2012: 64,12 km
Total: 2272,09 km

Semana52: Temporada 3
Octubre 2012: 129,85 km
Noviembre 2012: 169,48 km
Diciembre 2012: 249,77 km
Enero 2013: 323,03 km
Febrero 2013: 321,88 km
Marzo 2013: 335,60 km
Abril 2013: 163 km
Mayo 2013: 157,26 km
Junio 2013: 168,60 km
Julio 2013: 128,39 km
Agosto 2013: 213,86 km
Septiembre 2013: 237,87 km
Total: 2598,59 km

Esos son mis números, y ojalá que en la Temporada 4 los pueda mejorar todavía más. Ya este mes tengo la Maratón de la Ciudad de Buenos Aires para sumar kilometraje, y en Noviembre… quizá otra maratón internacional… Lo defino esta semana.

Semana 1: Día 3: Una historia de colados

Wilson Kipsang Kipotrich puede no sonarle a mucha gente, pero a partir de su hazaña del fin de semana, ha pasado a la historia. Este keniata, nacido en 1982, rompió el récord mundial en la Maratón de Berlín con la asombrosa marca de 2 horas, 3 minutos y 23 segundos, desplazando a su compatriota Patrick Makau.
La historia atlética de Wilson comienza hace 10 años, cuando sin haber entrenado se coló en unas pruebas policiales que se celebraban en su ciudad. “Era una carrera de 5 kilómetros y yo no tenía reloj ni zapatillas de correr ni nada, iba con zapatos de cuero”, recordó el atleta para la revista Letsrun.com, en marzo pasado. “Gané esa prueba de selección y me ofrecieron representar a la Policía en otras competiciones”. Un colado con suerte.
En el colegio era un atleta destacado, pero dejó el atletismo para dedicarse a la familia y a pequeños negocios. Sus amigos lo incentivaban para que corriese, pero no se lo planteó hasta que llegó esa prueba de la policía. En octubre de 2011, en la Maratón de Frankfurt, completó los 42 km en 2 horas, 3 minutos y 42 segundos, quedando por muy poco detrás de Makau. En los Juegos Olímpicos de Londres 2012 arrancó con todo la competencia, un error estratégico que le costó el triunfo.

Berlín fue su desquite, y ya antes de cruzar la meta los comentaristas aventuraban que se venía un nuevo récord mundial. En efecto, Wilson estaba acariciando el sueño de gloria, a poquísimos metros… hasta que un imbécil ubicado justo delante del arco empezó a correr y cortó la cinta de llegada dos segundos antes que él. El nombre de este estúpido es Mark Milde, a quien atraparon inmediatamente después de su bochornosa actuación y lo entregaron a la policía. El joven de 35 años (un grandote boludo) ya había intentado lograr protagonismo cuando la semana pasada irrumpió en un partido de la Bundesliga en Hannover. A pesar de los mil policías en todo el recorrido que cuidaban la integridad física de los 41 mil corredores, ninguno previó que un estúpido quisiera saltar a la fama arrebatándole la foto del triunfo a un verdadero atleta.

Wilson, en la llegada, no entendía nada. Se lo veía confundido, mirando para todos lados. Después se envolvió con la bandera de Kenia y celebró su récord mundial. Pero, seguramente, recordó que su carrera también había empezado de colado…

Semana 1: Día 2: Volver a donde empezó todo

Si algo diferenció a esta tercera temporada de Semana 52 que finalizó el viernes fue que no tuvo una carrera de cierre. O sea, en el primer año fue la maratón en Atenas “guerrilla style” (o sea, de prepo, sin pedir permiso, yo solo contra la soledad y a contramano). El segundo era la Espartatlón, a la que no llegué. El tercero se suponía que era la definitiva de la Espartatlón, pero me quedé sin cupo (ya me cantaron que las inscripciones abren a fines de enero). Me quedé pensando qué podía hacer para cerrar la tercera temporada… y no apareció nada. Pero eso no quiere decir que no haya tenido desafíos ni logros. Hice la media maratón en un tiempo que me sorprendió, y en dos semanas nada más tengo la maratón de la Ciudad de Buenos Aires, mi carrera preferida.
Y ahí quedó todo. Estoy muy satisfecho con mi desempeño, con cómo me sentí durante un año entero de veganismo… y, ya que estamos, debería aclarar que esta etapa fue en la que me sentí más veloz y que más masa muscular desarrollé…
Entonces me puse a pensar en que a veces la vida avanza y uno acompaña. No todo se puede planificar, a veces surgen oportunidades que no hay que dejar pasar. De pronto apareció en el calendario una maratón, que se corre desde hace 30 años en un país europeo. Se trata de Atenas, el recorrido clásico, el que, de algún modo, empezó todo. Desde la ciudad de Maratón hasta la Acrópolis. Esa que yo hice furtivamente, haciendo el recorrido inverso. ¿Y si voy en contra de mis esquemas y me anoto? Ir a correrla solo… ya dejó de ser algo que me da pánico, como comprobé yendo por mi cuenta a Yaboty. ¿Y si en lugar de meter una carrera tan trascendente al final de la temporada, la meto al principio? Como dije antes, ¿para qué dejar pasar las oportunidades?
Hoy es un deseo. De explorar, de improvisar, de dejarme llevar por los impulsos. Pero ahí está mi deseo, volver a donde empezó todo. Cerrar el círculo, aferrarme a aquello que me apasiona, reconocer el valor de la historia y de aquello que nos marcó.
La maratón de Atenas se corre el 10 de noviembre de este año. Todavía hay cupos… y quería escribir un post sobre eso, que lo estoy pensando… En estos días lo defino.

Semana 1: Día 1: Volver a empezar

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Hoy terminó de correrse la Espartatlón. El holandés abandonó, al igual que el 50% del total de corredores, y Oliveira, Portugués, fue el primero en llegar hasta la estatua del rey Leónidas para besar su pie. Lo hizo a las 6:29 de la mañana, hora de Esparta. Solo 148 corredores (el 45%) completó el agotador recorrido, entre los que se encontraban varios veteranos y el participante más joven de la historia, con 20 años. Muchos se quedaron en el camino y prometieron volver a intentarlo al año siguiente. Tal y como le pasó a un tal Oliveira, que en 2013 se bajó, pero con la promesa de volver y ganarla. Nadie le creyó.
Si la organización de la Espartatlón respeta la tradición, en 52 semanas a partir de ahora estaré cruzando la meta de la Espartratlón… o lo intentaré con todo mi corazón. Es mucho tiempo y a la vez es poco. Mi marca histórica corriendo sin parar son 100 km, tengo que superar eso más del doble. Pero no es imposible, será cuestión de trabajar duro, más que antes. Hoy hicimos un fondo con los Puma Runners que unió San Isidro con Tigre, ida y vuelta. Poco más de 26 km, en un día que no se decidía si iba a estar lindo o feo. En una decisión salomónica, tuvimos solcito y después nos morimos de frío.
Seguramente sin saberlo, Nicolás, habitué del blog y potencial nuevo Puma Runner, me regaló un par de medias con dedos… justo hoy, que empezaba un nuevo año de blog. Casi como un regalo por el estreno. Nunca me planteé usar algo así, pero supuestamente ayuda a que no se formen ampollas. Las probé… ¡y son muy cómodas! Casi diría que son un viaje de ida. El fondo que hicimos fue la prueba de fuego. Se supone que no hay que estrenar ninguna prenda en una carrera, pero esto era entrenamiento, así que valía. Pasaron, y probablemente las use en la maratón de la Ciudad de Buenos Aires, dentro de dos semanas.
Nico no fue el único que me hizo un regalo, para la media maratón, Juanca me dio un medallero muy lindo que en estos días finalmente instalé en la pared. Espero que les sirva de ejemplo, estos dos maravillosos lectores pensaron en mí y me hicieron regalos. ¡Hay que imitarlos!
Me quedan, entonces, 12 meses para poner mi cuerpo a punto y ser otro finisher en la Espartatlón. Este año, cinco compatriotas lograron cumplir el desafío. Quiero felicitarlos y pedirles permiso para poder unirme a ellos. Intentaré dar lo mejor de mí, durante todo 2014 (y lo que queda de 2013). La maratón de la Ciudad va a ser un entrenamiento más en la larga lista de fondos que voy a hacer en estas 52 semanas. Por favor, acompáñenme, que lo mejor está por venir.

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