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Semana 47: Día 325: Descansando

Las circunstancias de mi viaje me obligan a no entrenar hoy, un día después de haber corrido 70 km. Pero no dejé pasar la oportunidad de descansar.

La falta de un sueño reparador ha sido siempre mi gran déficit en el entrenamiento. He intentado, en los últimos meses, dormir todo lo que el cuerpo me pida. La única forma natural en que se me ocurrió hacerlo es dejar de lado el despertador y que la cabeza se active sola. Obligarme a dormir es algo que no me sale.

Por no acostarme en horario es que el sábado me quedé dormido y me perdí de hacer el fondo ese día. Por eso reintenté el domingo, con éxito (y más descansado). Llegado el lunes, por supuesto, me dolía la espalda y tenía los pies ampollados y un poquito doloridos (nada grave). Además tengo pilas y pilas de cómics para catalogar, ya que no los puedo vender sin saber su estado ni si las colecciones están incompletas, por no mencionar que hay cosas que tengo que no me acuerdo. Aunque recibí algo de ayuda durante el fin de semana para empezar a ordenarlo, no me quedó otra que tener que hacerlo yo, y me resultó algo menos cansador que ir a entrenar.

Normalmente hubiese ido igual, aunque sea para ver a mis compañeros de Puma Runners, pero me urge organizarme porque me he cruzado con dementes que quieren comprar colecciones completas, así que es mejor saber qué ofrecerles.

Así terminé descansando… mientras por mis manos pasaban miles y miles de revistas. Hubo, sí, dos momentos dolorosos: el primero fue ver que a pesar de ciertos cuidados que tuve, algunas portadas tienen manchas de humedad (otras tienen su olor). Va a ser difícil vender eso, creo que hasta me va a costar regalarlo. El segundo, notar que me faltan cosas. Series que, si las menciono, solo las conocerán los lectores experimentados, pero por ejemplo no apareció la Doom Patrol, escrita por Morrison, material que estoy seguro le hubiese interesado a mucha gente. Como no tengo tan buena memoria, me cuesta darme cuenta si es lo único faltante, porque podría ser que lo haya prestado y me haya olvidado, o que nos haya quedado una caja en la casa de Banfield que no vimos.

Pero, ¿la buena noticia? Nada de esto me quitó el sueño. Cuando me cansé de ordenar, me fui a la cama y dormí como un bebé, soñando con todo lo que vamos a poder hacer en Atenas gracias a esta megaventa…

Semana 47: Día 323: El fondo que no fue

Hoy tenía que levantarme a las 3:30 de la mañana a correr un fondo de 70 km. En realidad era ir hasta Tigre, volver al Hipódromo de San Isidro y completar lo que faltaba con mis compañeros de Puma Runners. Me hice pinole, fainá, me preparé la ropa, la vaselina, la cinta… y me quedé dormido.

En realidad, nunca me desperté. El celular sonó y siguió sonando, aparentemente. Yo abrí los ojos, vi que era de noche, y asumí que, nuevamente, me había despertado antes de que sonara la alarma. Pero eran las 6:38 de la mañana. Y sí, la musiquita que siempre me despierta sonaba cada 5 minutos… todavía.

Supongo que estuve durmiendo mal en la semana, e intenté despertarme tras 4 horas de sueño. Mi cuerpo no lo toleró. Al fin quedó demostrado: soy humano.

Igual fui a entrenar con los chicos del grupo, un poco avergonzado (no saben las cosas de las que me acusaron que me quedé haciendo a la noche). En definitiva, el fondo largo no lo quise perder, así que estoy nuevamente yéndome a dormir, con todo preparado, y apelando a que voy a correr los 70 km sin importar el horario. Lo cierto es que ya el reloj no me corre, así que si me vuelvo a quedar dormido, dispondré de las siguientes 7 horas para correr, termine a la hora que termine.

Así me reencauso en la Espartatlón, para la que faltan nada más que 40 días. Cuando llegue y me bañe, tendré que ponerme a catalogar los miles de cómics que me traje de mi casa materna y que pienso reventar estos días… pero bueno, primero me tengo que ir a dormir. Hasta mañana.

Semana 38: Día 266: El sueño (literal) de un fondista

Quienes me conocen saben que no tolero el sueño. Si estoy cansado, mi cuerpo empieza a apagarse lentamente. A los bostezos y ojos achinados se me suma una picazón en todo el cuerpo. En realidad no creo que me pique realmente, sino que me rasco y no sé si eso me da más o menos sueño. Creo que más. Acto seguido, las funciones cognitivas se apagan, los ojos se cierran, la boca se abre y la cabeza queda colgando (hacia atrás o hacia adelante, depende). Mientras duermo todos me sacan fotos, se ríen y la pasan bomba.

He comprobado que no sufro narcolepsia ni nada parecido. Todos los Casanova nos rendimos ante el sueño, cabeceamos y nos desmayamos. Más allá de la genética, esto me inquietaba, hasta que leí en Nacidos para Correr que los tarahumara van caminando y de pronto se desploman en el suelo. Esta tribu de ultra corredores optimizan su energía al máximo y cuando tienen sueño, se dejan caer como si fueran marionetas a las que le cortan los hilos. ¿Tendré algo de tarahumara, aunque solo sea en desmayarme ante el sueño?

Esto de estar entrenando distancias de ultramaratón hace que tenga que madrugar. Y es algo que, por suerte, me cuesta muy poco. Todo el esfuerzo que hago para quedarme despierto a la noche es me lo ahorro en la mañana, levantándome de un salto. Mañana, por ejemplo, tengo que correr 70 km, y quiero que los últimos 20 coincidan con el entrenamiento de los chicos de Puma Runners. Además necesito terminar antes de que empiece el partido de Argentina, así que mis cálculos me dieron que tendría que estar empezando mi fondo a las 4 de la mañana. Si les parece que va a hacer frío, es porque no saben cómo baja la temperatura en los primeros minutos de luz solar. ¿Algún meteorólogo que me explique por qué, cuando sale el sol, hace más frío que la noche anterior?

Aunque tenga las cosas preparadas, necesito desayunar, así que con suerte me tengo que levantar a las 3:30 de la madrugada, vestirme, comer mis cereales y salir.

Lo curioso de todo esto del sueño, mi resistencia (o falta de ella) ante el cansancio y las ultramaratones es que voy a enfrentarme a la Espartatlón, en la que no voy a poder dormir. La única experiencia que tuve haciendo algo similar fue en La Misión (que a simple vista no estaría siendo tan parecida), en la que no debo haber dormido más de dos horas en tres días. Supongo que la emoción de la carrera no me va a permitir rendirme ante el sueño, así que no me estoy preocupando por controlar mi agotamiento (digo esto mientras bostezo, me lloran los ojos, y me empiezo a rascar la cabeza… sí, definitivamente eso me da más sueño).

Madrugar, por supuesto, obliga a acostarse más temprano, algo que le encantaba a Murakami. Él un día decidió que junto a su esposa no iban a acostarse tarde. Quienes los rodeaban iban a tener que entenderlo, así que se excusaba de las reuniones (a veces ni siquiera iba) y aprovechaba las primeras horas del día, como hacemos todos los amargos.

El descanso es uno de los pilares del deporte de alto rendimiento, junto al entrenamiento y la alimentación. Probablemente sea el aspecto más descuidado, pero últimamente estoy intentando meter la mayor cantidad de horas de sueño, aunque sean pocas como suele pasar cuando arranco una ultra a la medianoche.

Mañana toca un fondo de siete horas, así que ya me estoy metiendo en la cama…

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