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Tiempos de cambio

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Por si las noticias no llegan a la región donde estás viviendo, en Argentina hubo elecciones presidenciales. Primero en octubre, donde no se alcanzaron los votos necesarios para aclamar al nuevo presidente, por lo que el domingo pasado tuvimos un ballotage en donde se eligió entre dos candidatos, uno por el oficialismo, otro referente de la oposición. En la primera votación no participé, no por estar en contra del sistema ni por no tener una postura clara, sino porque tenía tanto pero tanto trabajo que ir desde San Isidro hasta el Microcentro me representaba un lujo que no me quise tomar.

Este post no pretende hablar del triunfo de la oposición, aunque el título indique eso. Solía gustarme ir a votar desde la provincia de Buenos Aires hasta la Capital, porque me daba una excusa para ir o volver corriendo (alguna vez hice ida y vuelta). Sí me preocupa mucho el destino del país, pero elegí expresarme lo menos posible sobre política por miedo a perder amigos que no estuvieran de acuerdo conmigo.

Ahora sí, quisiera detenerme en ese punto. ¿Cómo es posible que por trabajo no tenga tiempo de ir a votar un domingo de octubre? Evidentemente algo estaba haciendo mal, porque no era un proyecto personal que requería de algo de mi tiempo libre, sino el mismo trabajo rentado de siempre. Quisiera usar esa situación para ilustrar que mi vida, definitivamente, necesitaba de un cambio. Uno más personal que el que pueda aplicar un traspaso de gobierno.

Trabajo como diseñador gráfico desde 2002. Tuve un período de crisis por 2008/2009 donde trabajé como porteador en el puerto, con un modesto sueldo y la posibilidad de un extra por las propinas, pero más allá de eso, nunca trabajé de otra cosa. Ser editor de cómics fue un poco un desprendimiento del diseño gráfico, y si bien hice tareas de coordinación, nunca pude escaparme del InDesign, del Photoshop ni del Illustrator.

Hace poco dije basta. El diseño me dio de comer por 13 años, pero necesito un cambio, urgente. Sé que este blog se vería más nutrido de entradas si pudiese replantearme mi situación laboral. De hecho, no sería el único aspecto de mi vida que se vería afectado.

En los últimos meses empecé algunos proyectos relacionados con el deporte. Redes sociales, entrenamiento de grupos o personalizado. Y es un área que podría explotar más si pudiese dedicarme de lleno a eso. Tomé la decisión de olvidarme del diseño gráfico a partir del 31 de diciembre y apostar a mi nuevo proyecto de vida. Es algo inevitable y necesario.

“Vive de lo que te gusta y no trabajarás un día de tu vida”, dice el dicho. Y yo necesito dejar de trabajar (pero seguir pagando mi alquiler, vistiéndome y comiendo). Quisiera tener novedades sobre esto antes de fin de año, para que mi transición del diseño al deporte sea menos traumática para mi economía. Veremos qué pasa, pero estoy ansioso por averiguarlo…

Semana 42: Día 290: Veganismo + Deporte

 Copio esta noticia que me pareció muy emocionante, y una prueba mucho más extrema que la mía de que el secreto del cambio están en los hábitos.

En 2012 Robert Foster pesaba 148 kg y, por más que llevaba toda una vida jugando el papel de “gordo feliz”, se enojaba por no ser más flaco y no poder desempeñarse físicamente. Su mujer, Jessica, pesaba 130 kg y se sentía miserable por ser ignorada, especialmente luego de que un miembro de su familia dijo que “ya no era alguien a quien mirar”.

Una noche en marzo de 2012 decidieron hacer un cambio. Jessica empezó a tomar clases de zumba y a usar la bicicleta fija. Por su parte, Robert decidió jugar al tenis y dejar de comer un segundo plato durante las comidas. En verano, agregaron actividades que no se sintieran como ejercicio, como caminatas y natación recreativa. Ambos quedaron entusiasmados y buscaron otras cosas para hacer.
Ambos corrieron una carrera de 5 km en diciembre. Robert se vio obligado a caminar buena parte del trayecto, pero se inspiró en la actitud de la gente. “El ambiente, los choques de manos y el sentimiento de logro se me volvieron adictivos”, dijo. Continuó participando en carreras y en 2014, pesando 72 kg menos, completó su primer maratón.

En cuanto a la comida, utilizaron una aplicación para contar calorías y comieron mucha verdura y sólo comida natural. “Nuestra filosofía con la comida fue agregar cosas buenas. Así, cada vez deseábamos menos basura”, explicó Robert. Eventualmente adoptaron una dieta vegana.

Ahora, ambos pesan tan solo 75 kg, por lo que perdieron 127 kg entre los dos. “Me amo. Me gusta lo que veo en el espejo. Sé que aún queda trabajo por hacer, pero soy una persona completamente distinta de la que era antes”, dijo Jessica.

Semana 23: Día 164: El elogio a los excesos

La escena es conocida. Cambian los interlocutores, el escenario y el récord, pero la fórmula es la misma. “¡No sabés! ¡Pepito, así como lo ves, se sirvió seis platos en un tenedor libre!”. Pepito es un nombre ficticio, que usamos para proteger su identidad.

Pareciera que nos fascinan los excesos, independientemente de si son benignos o no. Sigue el principio de “No existe la mala publicidad”. Que hablen de uno es más importante que cualquier otra cosa. Todos conocemos nuestras limitaciones, y nos llama la atención que alguien lo supere. A mí me pasaba, tengo un amigo (otro Pepito) que en épocas del 1 a 1 se comía 20 hamburguesas de McDonald’s. Me impresionaba pero jamás me planteé, en ese momento, si era sano o cómo le afectaba al cuerpo. Yo solo veía el récord.

Las ultra podrían ser consideradas por cualquiera como otro exceso. Correr cinco, ocho, once horas, es algo fuera de lo habitual (fuera del circuito del atletismo). Me duele decirlo, pero cuando me dicen que me admiran por mi dedicación al running siento que también lo harían si les dijese que me como 20 hamburguesas y me puedo ir del McDonald’s caminando.

¿Es el que fuma cinco atados por día digno del mismo reconocimiento que el que corrió 42 km? A veces pareciera que sí.

Algo debe tener que ver cierto desconocimiento de las consecuencias de nuestros actos. Correr más de lo que nuestro cuerpo soporta seguramente nos terminará lastimando. Comer, beber, fumar, drogarse también. Todos conocemos a alguien que sufrió de alguna enfermedad terrible como cardiopatías, cáncer, obesidad, y otras más habituales (que la mayoría tiene sin saberlo) como el colesterol alto. ¿Asociamos esos excesos a lo largo de nuestra vida con esos males? ¿O preferimos pensar que todo es culpa de genética en lugar de nuestros hábitos?

Quizá yo cometa excesos corriendo. No por nada tuve que ver a traumatólogo más de una vez. Por eso me tomo los eventuales elogios con pinzas. Sé que, al igual que los Pepitos con sus marcas gastronómicas, yo también camino sobre la cuerda floja. A mi favor solo puedo decir que en mi búsqueda constante de superar mis límites, no me olvido de que eso va acompañado de intentar mantener siempre el equilibrio…

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