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Semana 21: Día 143: Cuánto toma mejorar

Últimamente me preguntan mucho cuánto tardé en conseguir algún resultado. Por ejemplo, el tiempo que me tomó bajar de peso cuando me hice vegano, o cuánto pasó desde que hice mi primera carrera de 10 km hasta una maratón (o 42 km). Y ante preguntas tan generales solo tengo respuestas vagas e imprecisas. Porque mis tiempos no respondieron a un plan determinado, sino que la cosa se puso en marcha cuando yo me puse un objetivo.

“Las metas son sueños con fecha de vencimiento”, leí por ahí. Si me pongo a recordar y hacer cuentas, corrí por primera vez 10 km hará como diez años atrás. Quedé tan destruido que pensé que ese era el límite humanamente posible. Recién en 2010, hace tres años y medio, pasó lo de correr 42 km por mi cabeza. Estaba perdiendo peso, sumando entrenamientos, y un amigo me desafió. Él me pagaba la inscripción si prometía correrla y no abandonar. No sé si él lo sabía, pero hizo mucho por mí.

¿Y cuánto me tomó llegar a una maratón? No sé, pasaron dos meses desde el desafío a la carrera. Me costó pero llegué. Nunca voy a olvidar la satisfacción de cruzar la meta tras 4 horas de esfuerzo sostenido.

No podría decir que me tomó siete años, pero desde decidirlo hasta hacerlo pasaron dos meses. Por supuesto que tenía una base sólida o no podría haberlo logrado. Me tomó tres años sacarle una hora a mi tiempo y llegar en 3 horas, pero tampoco me lo había propuesto. Si ese hubiese sido un objetivo importante… quién sabe si no lo hubiese logrado antes. El tema es que en 2011 decidí que quería correr la Espartatlón, la carrera a pie más dura del mundo… y acá estoy. Lo decidí sin haber corrido 100 km, y la primera vez que lo intenté fracasé. Recién lo logré el año pasado, en los tiempos en que la International Spartathlon Association decidió que me daba pedigrí para inscribirme.

¿Cuánto pasó entonces desde que decidí pasar de las maratones a las ultramaratones? No podría medirlo en tiempo, pero me tomó desde que soñé con eso hasta que me decidí a buscarlo. Lo del medio fue aprendizaje… y ese lapso es el que asusta, pero es lo más valioso de todo.

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