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Semana 45: Día 313: Los 27 km de la Terma Adventure Race Pinamar 2014

Corrimos esta carrera el domingo y debía la crónica. Ahí vamos.

La Carrera: Si tengo que hablar de historia, sin lugar a dudas la Adventure Race de Tandil es la más especial para mí. Esta fue mi primera carrera de aventura, y si no cuento las “maratones” del colegio a fin de año, directamente debería decir que fue mi primera carrera. Era parte de un equipo de postas y cuando terminé la que me correspondía, la última, mi entrenador Germán me abrazó y yo no entendí bien por qué. Subestimé mi esfuerzo y no supe ver, como él, que esto era solo el principio de algo más grande.

En mi debut estaba auspiciada por Merrell, hoy por Terma. El recorrido no varió mucho con el paso de los años, con un terreno casi exclusivamente en arena, con muy poco camino de tierra, calle y el maravilloso campo de golf que es un deleite para los pies. Es una prueba agotadora, no es para cualquiera, pero conquistarla es un placer enorme. Y si tenemos suerte, va a tocar un buen día que amerite pasar unos días en la playa antes o después de correr.

El kit del corredor, como en todas las Adventure Race previas, está compuesto principalmente por dos botellones de Terma que terminan cortando las correas de la bolsa. No me fijé si venía algo más, porque ya estar acarreando el kit por dos tiras colgando me resultó un poco fastidioso.

Lo bueno: Para variar la organización fue muy buena. Sería extraño que no sea así, con todos sus años de experiencia. La largada (sin Carna este año) es puntual, emocionante, y te lleva de lleno desde la calle central de la ciudad a la playa, para empezar una buena cantidad de kilómetros en la arena.

La dificultad de esta competencia es su terreno, ya que al ser un suelo blando come muchas piernas. Pero este año los participantes recibieron una mano de la madre naturaleza, y las copiosas lluvias de los días anteriores asentaron la arena, en especial en la parte de los médanos. Esto dio mucha más tracción, además de que generó un pequeño lago a esquivar en la mitad de la carrera. Quienes debutaron en esta edición quizá se lleven una sorpresa el año próximo, cuando sientan que están corriendo en el lugar en vez de avanzar.

Esa variedad en el terreno, que incluye asfalto (bastante poco), calle de tierra, bosque lleno de pinocha y ondulaciones, además de la playa y los interminables médanos, le dan mucha variedad a esta carrera. Quienes conocemos el recorrido sabemos lo que nos espera, y por eso seguimos volviendo. Me costó mucho dejar de padecer el bosque, probablemente la parte más dura de la Adventure Race. Muchos creen que lo difícil son los médanos, pero con un tranco corto en subidas y llanos y largo en las bajadas, se tolera mucho más.

Los puestos de hidratación están muy bien colocados, aunque hay quienes podrían quedarse corto en bebida y comida si no llevan algo extra entre puesto y puesto.

Detalle aparte, que suma: el reloj me dio exactamente 27 km, distancia prometida. El problema es que no anda bien y no lo pude detener, así que me dio que hice 135 km (se le acabaron las pilas en la ruta, volviendo a Buenos Aires).

Lo malo: Nuevamente, la mala costumbre del Club de Corredores de asociarse con una marca de cervezas, que regalaban en la llegada a cambio de la entrega del chip. No quiero seguir aburriendo con los efectos nocivos del alcohol en un organismo que se sometió a varias horas de ejercicio intenso. Es cierto que cada uno decide qué hacer de su salud, pero sigo esperando que una organización deportiva, con el prestigio que tiene el club, recapacite en lo que le está haciendo a los miles de corredores que confían en ellos. No estoy solo en este reclamo, sé de muchos atletas que se indignan ante esta situación, pero algunos cometen el error de aceptar la lata igual, aunque no la tomen. Supongo que somos minoría, y que la mayoría se tomó esa cerveza apenas terminó. Es una pena, realmente.

Lo mismo pasa con los puestos de hidratación, donde por un convenio comercial solo ofrecen agua con bajo contenido de sodio, mientras los que no somos hipertensos (imagino que la gran mayoría), necesitamos sales y minerales.

En uno de los puestos se ve que alguien tuvo la pésima idea de pelar las bananas, lo que terminó generando una fruta pegajosa, que daba la impresión de haber sido manoseada. Me dio un poco de asco. Me llamó la atención que esto no pasó en otros puntos.

El veredicto: A diferencia de Colón, esta edición de la Adventure Race es bastante exigente, y no es apta para debutantes en carreras de aventura. Hay que estar bien preparado, sobre todo en el trabajo de fortalecimiento de piernas. Es muy divertida, y la considero ideal para realizar acompañado. Este año tuve la suerte de hacer la mitad con dos amigos y la segunda parte con una debutante. Poder transmitir mi propia experiencia, alentar y ayudar a que cada uno saque lo mejor de sí es muy gratificante.

Puntaje:
Organización: 8/10
Kit de corredor: 7/10
Terreno: 9/10
Hidratación: 6/10
Nivel de dificultad: Para corredores experimentados o debutantes suicidas

Puntaje final: 7,50


Semana 31: Día 212: Los 21 km de la Serie Salomon K21 San Pedro

Hoy quisiera probar un nuevo estilo de reseña de carreras, que he visto en otros ámbitos y me gusta mucho. No voy a dejar de hacer mis apreciaciones netamente subjetivas, pero quiero hacer el intento de rescatar lo bueno y lo malo, para después dar lugar a un veredicto y a un puntaje. Y lo hago con una carrera que me sorprendió mucho.

La Carrera: En nuestro grupo, Puma Runners, la llamábamos “los 21 km de San Pedro”, y aunque sabíamos que el sponsor era Salomon (o “Salomón”, para los amigos), no conocíamos al organizador, Al Límite Aventuras. La descripción oficial de la competencia era:

San Pedro tiene su estreno en la Serie Salomon K21 – Copa Optitech, con un circuito caracterizado por el gran entorno que brindan las barrancas del Río Paraná. Atravesando montes con mucha vegetación, el recorrido combina senderos por bordes de arroyo con lomas y picadas que aportan variantes al trayecto. Enmarcado en un entorno perfecto para la aventura, San Pedro es una carrera ideal para los amantes de la naturaleza.

Sabíamos realmente poco, pero después de correr la Adventure Race de Tandil, estábamos todos muy motivados y necesitábamos un nuevo objetivo. Esta media maratón de aventura en San Pedro, una localidad a la que podíamos ir y volver en el día, parecía ideal. Organizamos todo via mail, hicimos el depósito de las inscripciones el viernes, y hoy, domingo, partimos tan temprano para San Pedro que hicimos gran parte del camino de noche. Hacía bastante frío, incluso cuando llegamos a la estancia donde estaba la largada. Ahí empezaron nuestros problemas: no estábamos anotados. Esperamos, nos quejamos y los organizadores, extrañamente, nos trataron con mucho respeto. Resultó que no llenamos las fichas desde la web, sino que mandamos todos nuestros datos por mail, asumiendo que con eso alcanzaba. Nos merecíamos una trompada, pero a pesar de eso nos resolvieron todo y nos inscribieron en el último minuto. Aunque nos quejamos, eso hizo que la confianza en esa organización que desconocíamos subiera mil puntos.

Con bastante puntualidad largamos, ya sin frío gracias a que había mucho sol y pocas nubes. No entendimos por la descripción oficial cómo era el recorrido. Lo imaginábamos cross country, sin demasiada dificultad, quizá pasando por encima de algún alambrado y chapoteando en uno o dos charcos. En verdad el trayecto fue súper técnico, con agua por encima de la cintura, muchísimo barro que hacía sopapa y se robaba zapatillas, trepadas muy técnicas (en una había que ayudarse con una soga) y un terreno constantemente irregular. Yo lo viví como si hubiese ido al cine. De hecho me acordé de cuando vi Pulp Fiction por primera vez, en el año 1995. Estaba en la sala, viendo una película sin actores que me resultaran demasiado consagrados, dirigida por alguien que desconocía, y me encontré absolutamente maravillado. Iba por la mitad y pensaba “Estoy viendo una película excelente”. Veinte años después, sigo sintiendo que viví algo épico. Con esta carrera me pasó algo muy parecido. Estaba lejos de la meta, con barro secándose en mis piernas hasta las rodillas, con arañazos, el número de corredor que se me salía, subiendo y bajando por lomadas con tierra suelta. Y me divertí un montón, mientras pensaba “Esta carrera es excelente”.

Lo bueno: Sin dudas la organización dejó poco librado al azar. Los puestos de hidratación, cada 5 km y uno a menos de un kilómetro de la meta, eran todo lo que uno necesitaba. Se puede correr sin mochila, y de hecho es recomendable por la irregularidad del terreno. El lugar ayuda muchísimo, por la geografía típica de la vera del Paraná. Sé que hay muchas Salomon K21 en todo el mundo, pero esos piletones de barro, esas barrancas, esos bosques donde había que correr agachado, son de San Pedro y no creo que se repitan. Este es el tipo de carrera que quería hacer, sin pensar en el reloj, solo en relajarme, disfrutar del paisaje, y divertirme.

Lo malo: Un punto en contra es que el GPS nos dio a todos 18 km. O sea que hicimos 3 km menos de lo que se suponía. Algunos la sufrieron mucho, y estarán agradecidos por esta concesión. Yo no, me divertí, y hubiese querido un poco más. Otro aspecto negativo que podría no serlo, es la propia dificultad que ofrece el terreno. Cualquier persona que arrastrase una lesión de rodilla o tobillo tendría que mantenerse totalmente alejado de esta carrera. Quizá es algo que desde la página o cuando uno se inscribe deberían haberlo advertido. Porque con barro y un terreno tan irregular, los pies bailaban adentro de la zapatilla. Yo me tomé la competencia con calma y llegado un punto prioricé avanzar a paso firme que con velocidad, pero tengo un compañero que empeoró una lesión de su tobillo. Posiblemente si le hubiesen hecho una advertencia la hubiese corrido igual. Nuestra falta de expectativa por la poca información nos favoreció a algunos y los perjudicó a otros. El último punto a revisar es la hidratación: si bien para mí fue absolutamente óptima, cuando pasé por el puesto de 15 km se les estaba acabando el agua, y faltaban pasar por ahí muchos corredores. Quedaba muchísimo Gatorade, pero es un aspecto para no descuidar. Además, aunque nos hicieron una atención especial para inscribirnos media hora antes de la largada y nos trataron muy bien, no figuramos en la clasificación, aún cuando corrimos con chip. Supongo que somos en parte responsables de esto, pero me cuesta entender, si teníamos el chip, por qué no estamos en el sistema…

El veredicto: ¡La mejor carrera del año! Obviamente, sin mezclarla con las ultramaratones, que serían una categoría aparte. Sin lugar a dudas quiero volver, me encantaría que el año que viene no nos escatimen esos 3 km que faltaron, y voy a recomendar los 21 km de San Pedro hasta el cansancio. No hay carrera que sea más de aventura que esta.

Puntaje:
Organización: 8/10
Kit de corredor: 9/10
Terreno: 10/10
Hidratación: 8/10
Nivel de dificultad: Para corredores avanzados

Puntaje final: 8,75

Para ver más fotos de la carrera, visiten el blog de Juanca Bertram. ¡Gracias por el registro fotográfico!

Semana 23: Día 165: Consejos para la Adventure Race de Tandil

En nada más que cinco días tendrá lugar la Adventure Race de Tandil. En una época le decíamos “La Merrell”, y yo sin caer en que era solo un sponsor. Hoy aupicia Terma, pero para no encariñarme con una marca, mejor no seguir mencionándola…

Esta carrera es muy especial para mí. Fue una de las primeras que hice, cuando recién estaba empezando a correr. Era 2009, llevaba menos de un año en el grupo (LionX), y me mandé a hacer la segunda mitad, que para mí era un montón. Recuerdo hacerla tranquilo, con mi prima Vero, disfrutando del sol y del paisaje. Era parte de un equipo de postas, me tocaba la última, pero decidí acompañarla e ir juntos. Al rato me mandó para que siga solo, así que terminé haciendo mi propia experiencia.

No me pareció un desafío bestial, a pesar de que no había corrido los 27 km completos. Pero no tuve en cuenta algo, que sí viví en 2010, y es que con piernas descansadas, cualquiera se hace el guapo. La mitad de esta carrera de aventura entre las sierras de Tandil tiene muchas subidas, lo que obliga a hacerlas caminando. Es el momento ideal para la recuperación aeróbica, por lo que me pareció razonable meterle pata y, justo cuando está la peor cuesta de todas donde se arma la filita de hormigas que somos los competidores, aprovechar para recuperar el aire.

Claro que… llegar con piernas cansadas hace todo mucho más complicado… Aprendí entonces que el secreto es ser moderado. Sí, la primera mitad tiene más llano, asfalto, caminos de tierra… permite acelerar. Pero quemarse en esa etapa es una tontería, porque todavía queda lo más difícil. Y casualmente eso que resulta dificultoso es a la vez la parte más divertida. Uno llega a ese punto cansado, pero ahí empiezan los mejores paisajes, la verdadera aventura, el desafío. Diría que conviene hacer la primera mitad más lento de lo que uno querría para largarlo todo después, pero ¿cómo aguantarse en esas rutas de asfalto y no intentar ganar terreno ahí? Hay que buscar el equilibrio, o bancarse las consecuencias.

Las cuestas, como su nombre sugiere, cuestan bastante. Ya la largada es subiendo en un serpenteo que parece infinito. Yo sugeriría aprovechar esa frescura y la adrenalina de la salida para posicionarse mejor. Es muy probable que casi toda la carrera tengamos a alguien adelante y nos veamos en la obligación de seguir su ritmo. Las piedras hacen que rebasar a otro pueda tornarse peligroso, no solo para uno sino para los demás. Por eso, salir rápido y separarse del pelotón puede rendir sus frutos después… si no terminamos quemándonos. Esa subida es complicada, quema las piernas, y tranquilamente puede ser un kilómetro o más. Después llega una bajada larga y empinada, donde la gravedad hace gran parte del trabajo y podríamos llegar abajar pulsaciones y recuperar aire ahí mismo.

Correr con bastones me parece una exageración, a menos que quieras usarlos para practicar en una inminente carrera en montaña. Las subidas, excepto la que está justo en la mitad, no son complicadas, en absoluto. Y esa trepada entre las rocas es muy breve. Lo que sí es más complicado son las bajadas. Seguramente veremos a muchos mandarse a los saltos, como si no tuviesen miedo de lastimarse. Es probable que estas personas sean oriundos de Tandil, o que estén acostumbrados a correr en montaña. Las piedras son el principal problema, caerse puede costar muy caro. Las frenadas de la bajada también tienen un costo alto para las piedras. Creo que el desgaste está acá y no tanto en las bajadas. Los cuádriceps y las rodillas son los que más van a sufrir. Bajar de costado ayuda, pero no del todo.

Si bien hay puestos de hidratación (tres en el recorrido, separados cada 7 km aproximadamente, y uno en la meta), estos no alcanzan. Lo ideal es correr con hidratador o baticinturón. También podría sugerir la técnica de beber bastante en los puestos (un par de vasos de bebidas isotónicas) y llevarse una botella de agua en la mano por si nos da sed en el trayecto. Si nos caemos y nos lastimamos, ¿qué hacemos ahí tirados, sin agua? La buena hidratación previene los calambres, algo muy común en este tipo de carreras. Puede parecer que correr con una botella en la mano es incómodo, pero mucho peor es deshidratarse. El momento ideal para beber, como también para comer, es en las subidas, donde el terreno nos obliga a bajar la velocidad.

Hablando de comer, cada uno debe hacer su propia estrategia, probada antes de la carrera. Los geles son una opción, aunque yo me estoy decantando por cosas más naturales. Tenemos la comida de asimilación rápida, para lograr una subida veloz (azúcar, pasas de uva) y las de asimilación lenta, que son mejores porque van largando la energía paulatinamente (geles, hidratos de alimentos enteros como las legumbres, la papa, etc).

Quizá haga pinole para esta carrera, y si no me arreglaré con pasas y bebidas isotónicas. Pienso hacerlo lo más rápido posible y buscar hacer mi mejor tiempo. Mi marca anterior es de 2 horas 53 minutos, y sé que he corrido sin necesidad de geles en un período similar.

El consejo más importante que podría dar es el de ser respetuoso. Este tipo de competencias atrae a muchos corredores, hay muchos nervios y además de cuidarnos a nosotros tenemos que cuidar al otro. Alguna vez casi me hacen caer porque alguien decidió que quería apurarse y tomó un camino lateral, en lugar del marcado por la organización. Otra forma de respeto es el de no tirar basura en el camino, como envoltorios de geles, barritas, etc. Lo mejor de estas carreras es el contacto con la naturaleza… ¿para qué arruinarlo? Me fastidia el caminito de basura que van haciendo los de adelante. Creo que la ética del buen corredor amerita el cuidado del medio ambiente. La basura al bolsillo, que en la llegada o en el hotel la podemos tirar.

Semana 12: Día 79: Los 8 km de la Demolition Race

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La excusa del viaje a Pinamar con el grupo fue esta Demolition Race en Pinamar, la cuarta edición (aunque las dos anteriores fueron en Pilar). Estos días fueron muy calurosos en Buenos Aires, y la Costa Atlántica no fue excepción. Al parecer ese fue el principal motivo por el que la largada se retrasó de las 17:30 a las 18:30, así no sufríamos tanto del calor.
Llegamos a las 4 de la tarde y nos acreditamos. Las remeras eran una mejora respecto a las anteriores, pero seguían siendo de un material caluroso y con un cuello muy cerrado. Aproveché el filo de algunos caracoles de la playa para usar de cuchillo (al mejor estilo Robinson Crusoe) y le corté las mangas. Varios chicos del grupo siguieron el ejemplo y se armaron un atuendo un poco más fresco (y hasta reciclaron esas mangas en pulseras o vinchas). Yo no tenía ni idea de cómo era el circuito ni los obstáculos. Sabía que era en la arena y que el anteúltimo desafío era trepar una soga en una pared casi vertical. Parecía divertido.
Con los Puma Runners nos habíamos inscripto hacía tiempo. Éramos un equipo compuesto por Germán (nuestro entrenador), Lean, Paco, Marcelo, Nico y yo. El resto eran individuales. Alguien me sugirió, momentos antes de salir, que le cambiara mi número a alguien que corriera solo, porque me creían con chances de hacer podio… pero, ¿cuál era la gracia? Yo quería correr en grupo, sentir la unidad y la responsabilidad hacia tu compañero. Me negué rotundamente. Hicimos una entrada en calor, intentando preparar a las piernas para la arena.
La salida fue unos minutos antes de las 18:30. El sol pegaba fuerte a pesar de la hora. Se vivía un clima de fiesta, quizá porque no éramos tantos participantes y el espíritu de la carrera era la superación personal. Los obstáculos estaban bastante bien: una tranquera donde teníamos que pasar por el medio, cubos de botellas recicladas que había que sortear, construcciones de madera para trepar… transpiramos como locos, intentando no separarnos y permanecer unidos. Fue un alivio tirarse cuerpo a tierra para pasar por debajo de una red… que estaba ubicada en un enorme charco de agua fría. No solo nos refrescó, sino que comprobé que mi reloj Suunto era sumergible (se supone que sirve para hacer buceo, pero nunca me había animado a probarlo).
El obstáculo más divertido vino más adelante, después de sortear arena suelta y médanos: un tobogán de agua jabonosa. ¿Cómo lo hicieron? Con una larga lona y una manguera. Terminaba en una pileta improvisada en el suelo, después de un viaje a supervelocidad. ¡Muy divertido!
Hasta que el sol no empezó a bajar, el calor nos hizo transpirar a litros. El agua de los puestos de hidratación inevitablemente se calentó, casi al punto de hacernos un matecito. Ya sobre el final llegó la prueba más dura: trepar una pared de cuatro metros con una soga, haciendo la gran Batman. La tabla de madera vertical tenía buen agarre, así que era cuestión de pisar firme y utilizar fuerza de brazos para llegar al otro lado. Terminamos todos juntos, abrazados, y fue un momento muy emocionante.
Pero la carrera no terminó ahí. Sí la nuestra, pero quedaba mucha gente del grupo. Volvimos unos metros y acompañamos a cada uno que veíamos llegar. Fuimos a ese último obstáculo, que era el más complicado para cualquiera, y dimos una mano ya sea empujando de abajo o tirando desde arriba. La organización no tuvo ningún problema con esto. Y se convirtió en uno de los momentos más lindos, porque la aventura tiene un poco de camaradería hacia el otro. Alentábamos y acompañábamos, y solo dábamos ese empujoncito si era absolutamente necesario, ya sea a un amigo o un desconocido.
Cada llegada se festejó como un gran triunfo, a pesar de que a mí la carrera se me hizo muy corta (el GPS me dio 7.5 km en lugat de los 8 “oficiales”). Hubo risas, llantos… lo tuvo todo.
Al final, cuando los Puma Runners que habíamos invadido Pinamar estábamos completos, nos abrazamos y nos fuimos corriendo al mar. Nos metimos así como estábamos, vestidos y en zapatillas. La sensación refrescante duró aproximadamente 9 segundos, hasta que nos dimos cuenta que estábamos chapoteando entre miles de aguas vivas que picaban como un enchufe a 220. Salimos corriendo, a los gritos, y desde afuera debió parecer una escena muy graciosa. Me saqué esos bichos de la piel irritada y en cada pliegue de la ropa se escondían más. Del bolsillo me saqué no menos de veinte.
No hubo premiación para los equipos, sí para los individuales. Creo que salimos segundos, pero no importó. Estábamos contentísimos con nuestra carrera, con habernos ayudado mutuamente y haber disfrutado de ese día espectacular. Siempre subestimé las competencias cortas, y no me di cuenta de todo lo divertidas y emotivas que podían ser. A veces ayuda el terreno, a veces la gente con la que corrés. Pero siempre influye la buena predisposición. Fui a divertirme con mis amigos, y obtuve exactamente eso.

Semana 6: Día 38: Mi sueño actualmente

Ok, estoy pensando en la Espartatlón. En poder anotarme y en terminarla. Pero no va por ahí la cosa. Hace poco mi amigo Nico me compartió un video, que a mí me fascinó. Entiendo que esto me pasa a mí porque me gusta correr, porque hace mucho que no participo de una carrera de aventura, y porque esas imágenes me evocaron a muchas experiencias imborrables en mi vida.
El running se convirtió en una excusa para conocer lugares y personas increíbles. Me ayudó a conocerme (porque uno se conoce mejor al estar agotado en medio de la montaña) y a aprender cuáles eran mis límites (y cómo superarlos). Cuando vi este video rememoré los nervios de la salida, el cansancio, los dolores, las imágenes de la naturaleza en el fondo, los pies yendo uno adelante del otro, comer en la marcha, hidratarse, transpirar, cansarse, y recuperar la vida al cruzar la meta. Todas cosas muy difíciles de explicar a quien no lo vivió.
Este video me hizo sentir “yo quiero estar ahí, haciendo eso, ahora mismo”. Me pareció que era una buena oportunidad compartirlo con todos:

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