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Semana 26: Día 181: Me sube la bilirrubina

Hoy tuve turno con la doctora Carosio, que es quien en los últimos tiempos me hizo los aptos médicos. Como me cambié de obra social por una que me asesinaba menos cada mes, quizás esta sea nuestra amarga despedida.

Cada vez que la doctora Carosio me veía, yo sé que lentamente en su cabeza iban apareciendo mis características: “vegano… corre mucho… tiene la bilirrubina alta…”. Varias veces me consultó si mi decisión de no comer proteína animal la iba a sostener toda la vida, porque le preocupaba que no esté recibiendo lo que necesitaba. Los análisis en general dieron siempre perfecto, excepto por la bilirrubina, índice que todavía no tengo idea de para qué sirve. Intentaré explicarlo copiando y pegando de internet: “Es un pigmento que se almacena en la vesícula y se elimina por la bilis al tubo digestivo. Se emplea fundamentalmente para valorar la función de la vía biliar y del hígado”. ¿Quedó claro? ¿No? Mejor, así no me siento tan solo.

Según mi nutricionista (a quien veré el próximo viernes), es normal que la bilirrubina le dé alta a los corredores. En mi caso, viendo el archivo, noto que en diciembre de 2010 me dio 1,44. Los valores de referencia, en aquel entonces, eran entre 0,3 y 1,0. En Febrero de 2013 me dio 1,6, pero los valores de referencia que indicaban los análisis eran entre 0,2 y 1,5. Supongo que la medicina se actualiza. En los estudios que revisó la doctora hoy me dio 1,76.

En febrero me había dado una orden para hacerme un hepatograma. Como no había “apuro”, me dejé estar y jamás lo hice. Hoy me dio una nueva orden. Si es normal que suba en corredores de fondo, ha sido progresivo mi aumento de bilirrubina con la cantidad de kilómetros mensuales que estoy haciendo.

Cito un informe de internet: “Múltiples estudios indican que el entrenamiento de resistencia provoca una menor concentración de hematíes en sangre circulante, debido fundamentalmente a déficit de hierro, pero también debido a un aumento de la hemólisis intravascular. Esto puede explicar las tasas elevadas de bilirrubina en sangre en los deportistas de fondo. Al romperse los hematíes, la hemoglobina se escinde en sus dos componentes: el grupo protéico de la globina y el grupo hemo, del que su componente de hierro es reutilizado, y el resto de hemo se metaboliza en biliverdina y posteriormente en bilirrubina”. Además, aparentemente puede hasta ser beneficioso para la salud. Mamá, leé: “Científicos de la Universidad de Johns Hopkins de Nueva York (Estados Unidos) han descubierto cómo la molécula tóxica de la bilirrubina puede también ser beneficiosa para la salud humana. Los hallazgos se publican ahora en la edición online de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Los investigadores informan que la bilirrubina y la enzima que la origina, constituyen el mayor agente protector contra el daño oxídativo, algo que en el futuro ayudará a mejorar los tratamientos contra el infarto cerebral, el ataque cardiaco e incluso el declive cognitivo después de una operación de ‘bypass’. La bilirrubina es, pues, un agente antioxidante tan potente que desplaza al glutation A, la molécula que se ha considerado, como el mayor antioxidante celular. Conocida como la molécula tóxica que se produce en la última fase de la degradación de la hemoglobina, la bilirrubina se sabe también que reacciona con formas altamente reactivas del oxígeno responsable de prácticamente todo el daño celular.”

Otro índice que me dio por encima de los valores normales (Mamá, no te alarmes que me aclararon que está todo bien) es el de la Glucemia. Tengo 106 mg/dl, cuando los valores de referencia son entre 70 y 110. Acá la doctora hizo trampa porque me dijo que se revisaron esas cifras y que el máximo recomendado es 100, ya que se observó que las personas que tienen más de ese valor pueden desarrollar diabetes años más tarde. Supongo que también podrían haber tenido 90 en algún momento de su infancia, por lo que tampoco me dice nada. Estoy en campaña para dejar los azúcares refinados y el Jarabe de Maíz de Alta Fructosa (JMAF). Además de hacer ejercicio y ser vegano… no se me ocurre qué más hacer para no desarrollar diabetes en algún momento de mi vida. Si alguien tiene una mejor idea, soy todo oídos.

Quiero dejar en claro que escribí un post sobre la Bilirrubina sin mencionar en ningún momento a la canción de Juan Luis Guerra. Para mí es un progreso inmenso.

Semana 16: Día 106: Contra la depresión, correr

No me pidas datos científicos. Seguramente Wikipedia o Google sean una buena fuente de información. Quizá se trate de las endorfinas o algo más psicológico que químico u hormonal. Pero yo puedo afirmar, por experiencia propia, que la actividad física es el antidepresivo natural.
Soy una persona muy psicoanalizada. Estuve como 12 años haciendo análisis, y la conclusión a la que llegaba era siempre la misma: “Hay que ponerle el cuerpo a las situaciones”. Esto no necesariamente implica enfrentarlas, tiene más que ver con una actitud personal. No creo que sea casual que haya encontrado el final de mi terapia cuando empecé Semana 52.
Fui a analizarme en un momento de mi vida de mucha confusión. No sabía qué iba a ser de mi vida, ni siquiera tenía planeado el resto del año. Sin perspectivas, estaba muy triste. De a poco fui avanzando, encontrando mi vocación y aprendiendo más de mí. Pero siempre volvía a esa situación de parálisis, de saber qué cosas me disgustaban (de mí, de otros) y no hacer absolutamente nada.
Ya corría, muy esporádicamente, y el running, mientras hacía terapia, no era central en mi vida. Era algo que hacía, y punto. Pero en un momento empecé a notar que las preocupaciones (sobre todo laborales) quedaban en un segundo plano cuando entrenaba. Quizás el tema es que me subestimaba mucho: como había personas mejores que yo, no veía el sentido de esforzarme.
Este blog fue la oportunidad de reivindicarme conmigo mismo. No para compararme con otros, sino para mejorar. Con confianza renovada, me di de alta. Seguí teniendo preocupaciones y angustias, de hecho volví por un corto período a terapia, pero las cosas habían cambiado enormemente para mí.
Con el running como actividad central en mi vida, aprendí a valorar ese momento de paz mental que da correr. Los problemas de trabajo, sociales, de pareja, económicos, nunca se colaron en mi cabeza mientras hacía actividad física. Después de entrenar, me siento fantástico. Conmigo mismo, porque cada entrenamiento suma a mi bienestar general, y seguramente a nivel hormonal, con las endorfinas y todo eso (para más información, la Internet).
Sin embargo, es imposible escaparle a todo. Hace unos años me enteré de que una chica que me gustaba mucho estaba embarazada. Llega un monumento en la vida, para los mayores de 25, que esto es una situación cada vez más habitual. Viejos amores de la adolescencia siguen su vida y sin felices sin uno. Que una ex o un amor secreto sea feliz con otra persona, se case y tenga hijos es algo que les llega a casi todos, pero nuestra psiquis no está del todo preparada para aceptarlo. Así que con mi bronca y quizás algo de envidia, decidí salir a correr. Sin medir tiempos ni con una distancia definida. Solo… poniéndole el cuerpo a la situación.
¿Había algo que podía hacer? ¿Reclamarle? ¿Patalear? ¿Podía siquiera demostrar mi bronca? La respuesta a todas esas preguntas es no.
Correr permite poner la cabeza en blanco. Pensar en ese momento puede ser peligroso: uno se encierra en pensamientos que, conforme se acumulan los kilómetros, se instalan más y no permiten disfrutar de la carrera (por eso Scott Jurek dice que si en una ultramaratón se te pega una canción, más vale que sea una buena).
Ese fondo terapéutico me sirvió muchísimo. Me despejé de todos los pensamientos negativos y eso me ayudó a pensar después, mientras las pulsaciones volvían a su ritmo de reposo. Ahí me di cuenta de que mi actitud era inmadura y que de nada servía aferrarse al pasado. Correr, para mí, es conectarse con el cuerpo y la mente, pero también con el presente, el ahora. Y supongo que ahí radica el poder terapéutico de la actividad física.
Aunque sea duro y los músculos me duelan, entrenar o participar de carreras me da mucha satisfacción. Me tomó mucho tiempo alcanzar este estado, pero no me cabe duda de que lo logré cuando empecé a tomarme en serio esto de correr.
Entrenar tres veces por semana es sentirme bien tres veces por semana. Es por eso que la tristeza y la angustia que solía sentir tienen poco lugar en mi actualidad.

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