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Semana 43: Día 298: Correr con amigos

Es inevitable que el círculo de amigos se forme alrededor de la rutina de uno. Tengo mi grupo autodenominado “Los Galanes” con quienes nos vemos muy de vez en cuando, menos de lo que nos gustaría a todos, pero en cada reunión es como si el tiempo no hubiese pasado nunca. Pero verte constantemente con otros seres humanos también forma vínculos. Es así que uno se encariña con ese pobre desgraciado que tiene la mala suerte de trabajar en la misma empresa.

Al ser autónomo y un poco ermitaño, frecuento poco a otras personas, y el skype, whatsapp, mail y Facebook no reemplaza el contacto directo. Por eso mi vínculo de amigos más fuerte en la actualidad está en mi grupo de running. No solo porque los veo más seguido, sino porque compartimos una misma pasión, que es correr.

No hace falta que nos lo tomemos con la misma seriedad. Si hago 300 abdominales y el otro 50, igual vamos a poder compartir un viaje y reírnos de las mismas cosas. Con quienes mejor me llevo también me une una sana competitividad. En las progresiones intentamos pasarnos, y yo a veces hago maldades como ponerle el cuerpo para no dejarlo pasar cuando sé que no puedo seguir acelerando. Eso es algo que solo haría con alguien a quien aprecio mucho (y que sé que no me va a responder moliéndome a palos).

Para mí fue todo un proceso. En un principio se trataba de un grupo de extraños, y de a poco fui abriéndome y permitiéndome conocer al resto. Antes hacía todas las carreras buscando superar mi marca personal, y hoy dejo esos esfuerzos para cuando valen la pena. Prefiero sumar anécdotas con amigos y hacer equipo.

En cierta medida creo que haberme puesto como objetivo la Espartatlón me ayudó a relajarme y a darme cuenta de que quiero compartir las carreras y los entrenamientos con mis amigos. Allá voy a estar solo, seguramente con un equipo de apoyo en los puestos y con la camaradería de cualquier ultra, pero si hoy termino la Adventure Race de Pinamar en 3 horas, no me cambia en nada. Sí me enriquecería estar acompañando a alguien que la corra por primera vez, aportando mi propia experiencia y dando aliento. Lo que me gustó que hicieran por mí alguna vez.

Compartir un trote con un amigo es una experiencia muy profunda. No deja de ser algo saludable para el cuerpo, pero más para el espíritu. Como todo, uno no lo nota al principio, pero los beneficios están ahí y son para toda la vida.

Semana 12: Día 82: ¿Amigos o paracaídas?

La cosa empezó a complicarse. Saltábamos el próximo sábado a las 5 de la tarde en Chascomús, y yo tenía que atravesar toda la provincia para llegar…
Resulta que ayer cumplí 36 años. Evidentemente es un requisito juntarse a comer con los afectos, y como entramos en receso por las vacaciones me puse nostálgico y quería hacer una cena con los Puma Runners. Nos juntamos este sábado por última vez en 2013, para los juegos de fin de año. Además es la entrega de diplomas (una votación interna que hacemos siempre) y era una oportunidad muy buena para meter un almuerzo en todo eso.
Pero claro, estaba el salto en paracaídas… en Chascomús… dos horas de viaje desde Capital, una hora más siendo que iba desde San Isidro, otra extra porque mis amigos querían llegar temprano, y agregándole margen por si algo fallaba… me daba que tenía que irme a las doce del mediodía, y no da para diplomas ni almuerzo…
Lo pensé un poco y sentí que me iba a arrepentir más de perderme esa reunión que de saltar en paracaídas. Creo que hay cosas que pueden esperar, algunas indefinidamente… pero otras no.
A pesar de que algunos me acusaron de cobarde, preferí tachar eso de mi lista de pendientes para el cierre del año. Existe la posibilidad de hacerlo en marzo, y de última estoy extendiendo mi vida en tres meses más…
Entre la aventura y los amigos, siempre van a ganar ellos. Nadie me pidió hacerlo, simplemente… lo sentí así.

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