Las decepciones también son oportunidades

Las decepciones tambien son oportunidades

El domingo estaba corriendo por Vicente López, llevaba unos 20 kilómetros acumulados, y escucho que me llaman por mi nombre y apellido. Me quedaban todavía 11 km para terminar, pero tuve que frenar y darme vuelta. No reconocí a la chica que me había llamado. Se presentó como Nani, lectora de este blog, y me hizo un pedido directo y sin vueltas: “Tenés que seguir escribiendo”. Es muy lindo que una persona que solo te conoce de leerte, te diga algo así. Así que… honrando su pedido, aquí estoy nuevamente. Quizá esta no sea la entrada que me haga merecedor del Pulitzer al posteo del año (ese premio existe, ¿no?), pero es algo que define un poco mi realidad actual, por lo que me pareció que valía la pena intentarlo.

Muchas veces escuchamos eso de que en chino “crisis” significa “oportunidad”. No faltará quien crea que es en japonés, con lo cual en un bar de mala muerte en Pekín te darían un buen sopapo.

Para ser más precisos, la palabra “crisis” en chino se escribe juntando los ideogramas “peligro” y “oportunidad”. Esto nos permite ver cómo se desarrolló el concepto para esta cultura milenaria. Una crisis no necesariamente es el final de un camino, sino el inicio de uno nuevo.

Ahora que nos pusimos de acuerdo, ignoremos todo lo anterior, porque hay otro sentimiento que suele parecer el final de todo, y en verdad es mucho más: las decepciones. Inevitablemente, cuando nos ilusionamos nos espera la desilusión: completemos nuestro objetivo o no. ¿Cuál es el mejor método para que aquella chica deje de ser un amor eterno? Conquistándola. ¿Cómo podemos desmitificar aquella carrera que casi nadie puede terminar? Terminándola.

He hecho todo este preámbulo para hablar un poco de mí. Hace ya varios meses que me separé, en lo que podría llamar una de las grandes desilusiones de mi vida. Quizá una autoestima bien apuntalada haga que uno salga más airoso de una situación así, pero de tener un departamento hermoso, con vista al Cristo Redentor, una mujer bellísima y mi gato argentino bajo el mismo techo carioca, terminé en un hotel con pésimo Wi-Fi, y todas las cosas que logré meter entre una valija de cabina y una caja (sí, una caja). Y era una situación ideal para hundirme en la depresión y contemplar todas las cosas que habían salido mal.

Pero, en lugar de eso, me puse a pensar en todas las cosas buenas que podía sacar de todo eso. Volver a ver a mis padres y a mis amigos. Involucrarme más en el circuito de Ultramaratón Argentino. Estar más cerca del trabajo editorial. Entrenar de nuevo a los alumnos que había dejado atrás. Buscar un departamento más acorde a mi economía (aquel hermoso de Botafogo era demasiado caro para nosotros). Pero, sobre todo, aprender de mis errores y que me sirva para crecer.

En todas estas cosas pensaba en mi hotel, comiendo galletitas de chocolate (la comida chatarra se permite en situaciones así). No es fácil elegir ver las oportunidades en lugar de paralizarse, pero se puede.

Recientemente tuve más golpes duros. Intentamos traer a Santi, mi gato, en un vuelo de LATAM, pero no teníamos todos los papeles, así que aunque pagué por su pasaje, tuvo que quedarse en Brasil. Mis ex-suegros ofrecieron adoptarlo, idea que no me enloquece pero que es preferible a que lo den en adopción. Tampoco pude cerrar un departamento supereconómico para estar cerca de la editorial, con lo que se van ciertas esperanzas de ahorrar en los meses venideros (o al menos de ahorrar más de lo que podré a partir de ahora).

Me queda ver el lado positivo, de que Santi esté todo el tiempo acompañado, con un patio donde cazar insectos y un perro de su tamaño para jugar. Sobre el departamento, me entusiasma buscar nuevas opciones y calcular qué me conviene, amueblado o no (pueden votar en este mismo posteo). Tengo además cosas que me mantienen muy motivado. Por ejemplo, conocí una comunidad de extranjeros que se conectan por el sitio InterNations, y les propuse armar un grupo de running (totalmente gratis). Ya nos estamos juntando tres veces por semana, donde les comparto las cosas que aprendí escribiendo este mismo blog, al tiempo que forjo nuevas amistades.

Aunque las cosas no salgan como uno espera, siempre aparecen nuevas oportunidades. Pero no es cuestión de sentarse a esperar que lluevan las soluciones. Hay que dejar de lado la autocompasión y salir a crearlas.

Publicado el 5 junio, 2018 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. 7 comentarios.

  1. Escribir… leer… es pensar en voz alta.
    Unir pensamientos y emociones siempre nos hace potenciar nuestras energías, bien sea para luchar eliminando las negativas, como para fortalecer las positivas. Don´t give up!

  2. Hola Martín, bienvenido a tu blog! Escribir te hace bien y hace bien a otros… me gusta leerte. Hace muchos años, en un librito llamado “La comunicación es posible (para comunicarse mejor en familia)”, me impactó la frase “Cómo puedo saber lo que pienso, si aún no escuché lo que digo” (prueba de verbalización). Tus escritos suelen ser muy frescos, “sin conservantes”, como pensando en voz alta, ordenando ideas, aceptando lo que los hechos imponen, sacando conclusiones… “recalculando” y orientando a la acción. De algún modo, un “proceso de mejora contínua”. Por lo menos, así lo veo yo (Guillerno Nimo). Gracias por escribir, cuando quieras! Beso!

  3. Cristina Araque

    Que lindo Martìn…. Gracias por darnos tu tiempo, tu paciencia y tus conocimientos…. En mi caso particular gracias por devolverme la sensaciòn de Libertad que me produce correr, y que por las circunstancias de mi paìs habìa olvidado y abandonado…

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