Archivos Mensuales: junio 2018

Objetivos 2018

Objetivos 2018

Estas son las metas para lo que resta del año:

  1. Ser feliz.
  2. Volver a entrenar diariamente (o casi). Lo estoy logrando. Por las mañanas me despierto, medito 15 minutos (si tengo tiempo), como una fruta y dedico media hora a entrenar core y brazos. Ya voy 5 semanas en los cuales hice los ejercicios 28 veces. Es más fácil (y más barato) que ir al gimnasio.
  3. Comer alimentos más naturales. El eterno objetivo al que voy y vuelvo, pero con las rutinas también volví a comer verduras crudas y muchas frutas. Estoy intentando dejar (en la medida de lo posible) el azúcar y los conservantes. Intentaré ser más riguroso.
  4. Ordenar mis finanzas. Volví de Brasil con muchas deudas que de a poco estoy cubriendo. Estoy a un mes de ponerme al día con la tarjeta.
  5. Prepararme para hacer un fondo de 100 km en menos de 11 horas. Todavía no sé dónde, pero sería en septiembre. Aunque no la necesito porque ya preclasifiqué, es la marca mínima para poder correr la ultramaratón que sigue a continuación.
  6. Entrenar para el Ultra Desafío 246 km, que une el Obelisco con la Basílica de San Nicolás, que debemos completar en menos de 36 horas. Se corre a mediados en Noviembre, con lo cual hay tiempo, pero no como para relajarse.
  7. Acompañar, en la medida de lo posible, a las nuevas generaciones de corredores. Ya tengo compromiso con la Media Maratón de Agosto y la Maratón de Septiembre, a correrse en la Ciudad de Buenos Aires. Si usted desea que corra alguna carrera, solo tiene que escribirme.
  8. Aumentar mis horas de ayuda desinteresada. Se desprende un poco del punto anterior. Quiero seguir ayudando gente a superarse. En algún momento mi herramienta era este blog, ahora empecé un grupo (gratuito) con tres reuniones semanales, y estoy por sumarle un cuarto día. Me está dando muchas satisfacciones, y quiero sostenerlo (y que crezca).
  9. Viajar a un lugar desde donde pueda seguir trabajando con mi computadora. Cuando resuelva el punto 4.
  10. Escribir más seguido.

Las decepciones también son oportunidades

Las decepciones tambien son oportunidades

El domingo estaba corriendo por Vicente López, llevaba unos 20 kilómetros acumulados, y escucho que me llaman por mi nombre y apellido. Me quedaban todavía 11 km para terminar, pero tuve que frenar y darme vuelta. No reconocí a la chica que me había llamado. Se presentó como Nani, lectora de este blog, y me hizo un pedido directo y sin vueltas: “Tenés que seguir escribiendo”. Es muy lindo que una persona que solo te conoce de leerte, te diga algo así. Así que… honrando su pedido, aquí estoy nuevamente. Quizá esta no sea la entrada que me haga merecedor del Pulitzer al posteo del año (ese premio existe, ¿no?), pero es algo que define un poco mi realidad actual, por lo que me pareció que valía la pena intentarlo.

Muchas veces escuchamos eso de que en chino “crisis” significa “oportunidad”. No faltará quien crea que es en japonés, con lo cual en un bar de mala muerte en Pekín te darían un buen sopapo.

Para ser más precisos, la palabra “crisis” en chino se escribe juntando los ideogramas “peligro” y “oportunidad”. Esto nos permite ver cómo se desarrolló el concepto para esta cultura milenaria. Una crisis no necesariamente es el final de un camino, sino el inicio de uno nuevo.

Ahora que nos pusimos de acuerdo, ignoremos todo lo anterior, porque hay otro sentimiento que suele parecer el final de todo, y en verdad es mucho más: las decepciones. Inevitablemente, cuando nos ilusionamos nos espera la desilusión: completemos nuestro objetivo o no. ¿Cuál es el mejor método para que aquella chica deje de ser un amor eterno? Conquistándola. ¿Cómo podemos desmitificar aquella carrera que casi nadie puede terminar? Terminándola.

He hecho todo este preámbulo para hablar un poco de mí. Hace ya varios meses que me separé, en lo que podría llamar una de las grandes desilusiones de mi vida. Quizá una autoestima bien apuntalada haga que uno salga más airoso de una situación así, pero de tener un departamento hermoso, con vista al Cristo Redentor, una mujer bellísima y mi gato argentino bajo el mismo techo carioca, terminé en un hotel con pésimo Wi-Fi, y todas las cosas que logré meter entre una valija de cabina y una caja (sí, una caja). Y era una situación ideal para hundirme en la depresión y contemplar todas las cosas que habían salido mal.

Pero, en lugar de eso, me puse a pensar en todas las cosas buenas que podía sacar de todo eso. Volver a ver a mis padres y a mis amigos. Involucrarme más en el circuito de Ultramaratón Argentino. Estar más cerca del trabajo editorial. Entrenar de nuevo a los alumnos que había dejado atrás. Buscar un departamento más acorde a mi economía (aquel hermoso de Botafogo era demasiado caro para nosotros). Pero, sobre todo, aprender de mis errores y que me sirva para crecer.

En todas estas cosas pensaba en mi hotel, comiendo galletitas de chocolate (la comida chatarra se permite en situaciones así). No es fácil elegir ver las oportunidades en lugar de paralizarse, pero se puede.

Recientemente tuve más golpes duros. Intentamos traer a Santi, mi gato, en un vuelo de LATAM, pero no teníamos todos los papeles, así que aunque pagué por su pasaje, tuvo que quedarse en Brasil. Mis ex-suegros ofrecieron adoptarlo, idea que no me enloquece pero que es preferible a que lo den en adopción. Tampoco pude cerrar un departamento supereconómico para estar cerca de la editorial, con lo que se van ciertas esperanzas de ahorrar en los meses venideros (o al menos de ahorrar más de lo que podré a partir de ahora).

Me queda ver el lado positivo, de que Santi esté todo el tiempo acompañado, con un patio donde cazar insectos y un perro de su tamaño para jugar. Sobre el departamento, me entusiasma buscar nuevas opciones y calcular qué me conviene, amueblado o no (pueden votar en este mismo posteo). Tengo además cosas que me mantienen muy motivado. Por ejemplo, conocí una comunidad de extranjeros que se conectan por el sitio InterNations, y les propuse armar un grupo de running (totalmente gratis). Ya nos estamos juntando tres veces por semana, donde les comparto las cosas que aprendí escribiendo este mismo blog, al tiempo que forjo nuevas amistades.

Aunque las cosas no salgan como uno espera, siempre aparecen nuevas oportunidades. Pero no es cuestión de sentarse a esperar que lluevan las soluciones. Hay que dejar de lado la autocompasión y salir a crearlas.

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