Acercándome a la Patagonia

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Todo tiene un final. Todo termina. Una carrera. Este blog. Un matrimonio. Quizá tenga que ver con la imposibilidad de revertir la entropía del universo. O con eso de que todo está en constante transformación, mutando y evolucionando.

Semana 52 va a cumplir 8 años en julio. No estoy actualizando diariamente como en aquellos días, pero me resulta fascinante tener una constante de casi una década en mi vida. ¿Qué otras cosas siguen presentes, como en 2010? Mi pasión por correr, mis inconformidad con mi cuerpo (aunque no al mismo nivel de desesperación como en aquellos días), mi trabajo como diseñador gráfico, mis amigos. Y si me acuerdo de algo más, lo sumaré a la lista en una eventual edición de esta entrada.

Pero mucho ha cambiado desde entonces. Mi cuerpo, con el que nunca estaré 100% conforme. Era vegetariano, pero me hice vegano (dejando de lado en el proceso la pizza con queso, las salchichas de soja, y muchas cosas que no sabía que tenían proteína animal). Corrí el Spartathlon, una de las pruebas a pie más duras del mundo. Inicié amistades, perdí otras, recuperé algunas. Conocí a mi futura esposa, tuve la boda que siempre soñé, me mudé a Brasil, y me terminé separando. Los motivos son muchos, y yo que he contado tantas cosas privadas en este blog, prefiero reservarme en esto para no dañar a otra persona. Basta con decir que intentamos, y que a veces el amor no alcanza.

Mientras mi matrimonio se iba marchitando, la Patagonia Run era lo único que me motivaba. Iba a entrenar tres veces a la semana al Corcovado, donde invertía dos horas en exigir mi cuerpo en ascenso. No era lo mismo que San Martín de los Andes, ya que corría con 30 grados, mientras que en el sur me esperan temperaturas bajo cero, pero me servía para calmar mi ansiedad y llegar a esa fecha. Finalmente terminé acelerando mi regreso a Buenos Aires. Mentiría si dijera que nos extraño a Lu y mi vida en Río. De hecho, preferiría no separarme. Pero seguir implicaba que dos personas dejen de lado su propia felicidad, y no era negocio para ninguno.

En este nuevo empezar, me hice un nuevo tatuaje, volví a convivir con mis padres, y estoy embarcado en este escapismo que es el Running. Literalmente embarcado porque estoy escribiendo esto arriba de un avión. Y sé que se trata de eso, de tapar una situación triste. Son 100 millas, quizás una prueba más dura que el Spartathlon, pero me dio un foco. Fui mucho la gimnasio, tanto en mi último mes en Brasil como en el primero de vuela en Argentina, repasé todos mis errores le año pasado, compré equipo para no pasar frío y planifiqué bien mi alimentación. Puse en práctica todo lo que aprendí.

Y el Running (o el utramaratonismo) tiene un poco eso, aplicar el aprendizaje para tratar de mejorar. Es algo que también quiero replicar en otros aspectos de mi vida. Todo esto no quiere decir que no esté ansioso y con muchos nervios. La paso muy mal antes de volar, no porque tenga miedo de hacerlo, sino porque siempre tengo esa paranoia de que no me van a dejar embarcar por algún motivo. Camino al aeropuerto, siempre pienso “¿Qué me habré olvidado?” (ahí tienen otra constante de los últimos 8 años). Esta vez me dejé la cámara de fotos y le apto médico. No es la primera vez que me pasa. Por suerte, tengo tiempo para resolverlo.

A pesar de que la vida es cambio, a veces buscados y otras no, me gusta pensar en todo lo que soy, lo que logré y lo que podría llegar a hacer. No puedo evitar sentirme triste por mi matrimonio, pero no es el fin de mi camino, sino una parada intermedia. Quizá mi problema fue creer que era un punto de partida y haberle puesto tantas expectativas. Bueno, no quería que esta entrada girara exclusivamente alrededor de mi ruptura. Estoy en vuelo, camino a Bariloche, paso previo a llegar a San Martín de los Andes. Me espera una gran aventura, y después volver a casa y retomar definitivamente mi vida.

En 8 años cambiaron muchas cosas. ¿Quién sabe qué voy a ver en 2026, cuando mire para atrás? Ojalá que otro campeonato mundial de fútbol para la Argentina, entre otras cosas, pero tanto incorporé en este tiempo, que sé que todavía me esperan aventuras, alegrías y enseñanzas por delante.

Publicado el 5 abril, 2018 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Soledad Bonillo

    Sos tan groso, en todo sentido. Para el running tenes una cabeza enorme y me imagino que asi tambien encaras tu vida…ahora, para el blog, lo grande es tu corazon. Muchas, muchas veces que te lei, envidie (sanamente ja) toda esa fuerza de voluntad, y motivacion que exudas ahora lo que realmente es envidiable es tu valentia para soltar, quiza a traves de tus palabras en el blog, pero soltar entendiendo que la proxima milla siempre puede ser mejor que la anterior.

    Exito en Patagonia pero mucho mas, en tu nueva milla.

    Soy vegetariana hace mas de 26 años, vegana, vegana hace 1 con muchos intentos fallidos en el medio. Entreno hace 4 años running y me crei mejorar. Corri El Cruce de los Andes, la maraton de BsAs, la maraton de NY e infinidad de medias maratones, hasta que alguien me convencio a entrenar tria. Aji empece con natacion y ciclismo. Soy mediocre pero dia a dia me gusta mejorar con mis propios desafios. Soy mama de Luca y Bruno y esposa de Diego, ahi en la flia, no me siento mediocre sino una campeona. Vivo en Tigre, asi que si algun dia ansias compañia para fondear (en mi caso no mas de 30, gracias) chifla.

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