Archivos Mensuales: enero 2018

Cómo completar Patagonia Run 2018

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De los errores se aprende, incluso de los ajenos. A fuerza de sentir hambre, deshidratación, agotamiento, hipotermia, dolores, y un desamparo que me convirtió, brevemente, en el corredor más religioso del planeta, pude ir aprendiendo y ajustando mi estrategia para la Patagonia Run. Y así y todo, abro con una conclusión que puede resultar pavorosa: nunca se termina de aprender.

Patagonia Run es una de mis carreras favoritas del año, no solo por estar enmarcada en un paisaje increíble y tener la mejor organización que vi en mi vida, sino porque me permite estar constantemente desafiando mis límites.

La carrera transcurre en la geografía de San Martín de los Andes, una ciudad en la provincia de Neuquén, próxima a Bariloche. Se corre a principios de Abril, y lleva gente de todo el mundo. Tengo la suerte de correrla ininterrumpidamente. Mi debut fue además mi primera ultramaratón: 100 km (2012). Luego participé en 65 km (2013), volví por la revancha de los 100 km (2014), y comencé el lento ascenso cada vez que aumentaban la distancia máxima al correr 120 km (2015), 130 km (2016) y 145 km (2017, esta con abandono en el km 119 por deshidratación extrema e hipotermia).

Para la edición de 2018 las distancias oficiales son 10, 21, 42, 70 y 100 km. Además, es el debut de las 100 millas, que equivalen a poco más de 160 km. Quizá mis consejos se apliquen más a las distancias de ultramaratón, porque son las que van a lidiar con varias horas de noche y, consecuentemente, de frío. Las otras categorías podría englobarlas en un único consejo: disfruten (todo lo posible), porque no tienen idea lo mal que la va a pasar el resto.

Entrenamiento: Los cerros Chapelco, Colorado, Centinela y Quilanlahue son absolutamente realizables, pero de nada sirve si solo estamos corriendo en calle. Hay que trabajar mucho las piernas: progresiones, cuestas, escaleras y saltos. También circuitos de fuerza para el tren superior: brazos, hombros y espalda, para tolerar el peso de la mochila y los los bastones (son tantos los ascensos que difícilmente puedan guardarlos, por lo que quizá tengan que llevarlos en la mano de principio a fin).

Alimentación: El consejo más importante de todos es comer sin hambre y beber sin sed. La demanda energética es muy alta, no solo por el esfuerzo, sino que el frío hace que el cuerpo necesite más calorías para mantener su temperatura. Conviene automatizarse para beber, ya que sentir sed es un signo de deshidratación y queremos anticiparnos. La comida tiene que ser todas cosas que nos hayan funcionado antes y de fácil digestión. Las ultramaratones de montaña dejan poco lugar al margen de error, y un alimento que nos caiga mal nos puede dejar afuera.

Estrategia: Decidir de antemano qué y cuándo vamos a comer y beber. Tener presente que hay tramos muy largos y la comida de los puestos va a ser insuficiente. Por ejemplo, cruzar el Quilanlahue puede tomar un mínimo de 3 horas. Si salimos del puesto anterior sin líquido suficiente en la mochila, la vamos a pasar muy mal.

Bolsa de corredor: Patagonia Run cuenta estos “drop bags” donde uno puede dejar lo que quiera (ropa, comida, equipo). Esto ocurre en los puestos del Colorado (por el que se pasa dos veces) y el Quechuquina. Se comenta que agregarían uno para las 100 millas en el km 58. ¿Qué dejar aquí? Comida que sabemos que vamos a necesitar después, abrigo extra, pilas para la linterna. Yo dejo muchas medias, para ir cambiando las mojadas que llevo en la mochila (se cruzan muchos arroyos). También dejo una bolsa vacía para ir dejando la ropa transpirada. ¿Qué no dejar? Los bastones. Aunque no lo crean, hay gente que los deja para más adelante, sufriendo las interminables y empinadas cuestas.

Horarios: La organización entrega en el número de corredor un gráfico con los puestos, las distancias entre sí, las cumbres y los horarios de corte. No hay que desesperarse, pero tampoco subestimarlos. Por eso conviene frenar el tiempo absolutamente necesario. En 2017 estuve 50 minutos en el Colorado 1, lo cual lamenté cuando el apuro por no quedarme afuera hizo que descuidara toda mi estrategia y terminara deshidratado y con hipotermia (por no querer perder tiempo cambiándome la ropa mojada). No es fácil, en montaña, anticipar cuánto vamos a tardar de un puesto al otro, así que conviene calcular de más.

No subestimar al frío: Estadísticamente, Patagonia Run es una carrera donde hace bastante frío, sobre todo a la noche y en las primeras horas de la madrugada. Tuve una edición (2015) donde hizo mucho calor. El pronóstico indicaba 24 grados durante el día, así que dejé mi campera de abrigo en casa. Lo lamenté muchísimo a la madrugada, cuando temblaba de frío. A veces queremos llevar lo mínimo indispensable en la mochila, y creo que es preferible cargar peso extra o tener calor a sufrir hipotermia. Uno puede desabrigarse, pero si no tenemos ropa extra, no hay nada que podamos hacer. Otro consejo: esas medias extra que llevamos en la mochila pueden servir de guantes en la subida al Colorado, donde se registran las temperaturas más bajas. Lo que vamos a necesitar proteger es el pecho, las manos y la cara (nariz y orejas).

Confiar: Es imposible adelantarse a todo. Murphy lo dijo, si algo puede fallar, seguramente falle. Entonces vamos a tener que improvisar. La preparación previa nos va a ayudar en esos momentos, pero lo último que tenemos que hacer es desesperarnos o tirarnos abajo. Algunas veces creí que no llegaba o que venía cerrando la carrera, y no era así. Mi cabeza intentó convencerme de que tenía que abandonar, pero aunque estaba agotado, mi cuerpo todavía podía continuar. No conocemos nuestros límites reales. El instinto de autopreservación nos va a intentar detener antes. Con abrigo adecuado, agua y comida, todos son capaces de llegar a la meta.

Etiqueta del corredor: Esto no nos va a ayudar a terminar la carrera, pero sí a ser un buen ejemplo. Cuando uno quiere pasar a un corredor que está adelante nuestro, conviene avisar antes de pasarlo por encima. Por ejemplo, “paso por tu izquierda”, para que sepa por dónde vamos a aparecer. Los bastones siempre tienen que ir hacia afuera del camino cuando estamos en el llano, para que si alguien nos pasa por el costado no se los clavemos en los tibiales. Y los corredores no son puntos de apoyo. Si queremos rebasar a alguien, no hay que apoyarse en él, ya que existe la posibilidad de que le hagamos perder el equilibrio. Esto me pasó, corriendo junto a un acantilado, y podría haberme matado. Bueno, supongo que si nadie nos arroja al vacío, ayuda a terminar la carrera.

Lo que no sabías sobre la mente de los corredores

Lo que no sabías sobre la mente de los corredores

Existen dos mentes. Una es el cerebro en sí, la parte central del sistema nervioso de los vertebrados, donde el hemisferio izquierdo le indica al pie derecho que avance, y todo ocurre a través de una complejísima red de tejidos nerviosos.

Otra es la parte intangible, esa voz que suena en nuestra cabeza y, al menos en mi caso, reprueba más de la mitad de las decisiones tomadas. Prefiero hablar sobre esa mente, la que quizá no sabías que se puede entrenar, fortalecer y mejorar.

Los corredores somos capaces de todo lo que nos propongamos, dentro de los límites reales de nuestras capacidades. El tema es que, justamente, la mente siempre se detiene antes. Si decidimos correr nuestra primera maratón y esa vocecita decide que es demasiado esfuerzo, nos vamos a quedar antes de la llegada, convencidos de que nuestro cuerpo no daba para más. Y seguramente el 99% de las veces estábamos equivocados, pero nunca podremos saberlo. La duda nos carcomerá el resto de nuestra vida. El corredor que nunca se preguntó “¿Y si hubiese seguido?” debería ser encerrado en un laboratorio para que le realicen exhaustivos análisis.

Adentro de la mente de un corredor, durante una competencia, pasan millones de cosas. Así como Ricardo Montaner cantaba sobre una mujer que era “enfurecida y tranquila”, el hecho de correr nos da mucha paz, pero a la vez angustia. Disfrutamos de no pensar en nada, de relajarnos y poner la mente en blanco, a la vez que repasamos si estamos pisando bien y cuándo llega el siguiente puesto de hidratación. Es una calma total mientras cantamos por dentro nuestra canción favorita. Una. Y otra. Y otra. Y otra vez.

(Scott Jurek le recomendaba a los ultramaratonistas que, si se les pegaba un tema, mejor que sea uno que les gustara porque los podía acompañar durante horas).

La mente es inflexible y a veces injusta. Nos obliga a identificar todo lo que hicimos mal y nos tortura imaginando lo bien que nos podría haber ido si no nos hubiésemos equivocado… pero, ¿nos permite ver nuestros aciertos una vez que cruzamos la meta? Al corredor le resulta más fácil ponerse en juicio y aprender (lo cual tampoco está mal), pero a la vez se le olvida rápidamente todo ese conjunto de cosas que hizo bien. Ese pie bien puesto, la comida justa, la hidratación adecuada… todo queda relegado por la alegría de la llegada, lo que otorga una seguridad que, en la siguiente carrera, puede transformarse en exceso de confianza (y en un nuevo error).

¿Cómo se ejercita la mente? Hay una sola cosa que podemos hacer: salir de nuestra zona de confort. ¿Cómo prepararnos para la inseguridad que nos da el dolor físico y el cansancio extremo? Entrenando más allá de nuestra comodidad. El corredor que sufre en el kilómetro 30 debería, como mínimo, entrenar 5 mil metros más que eso. La mejor forma de apagar esa voz que dice que no podemos hacerlo es hacerlo de todas maneras.

El corredor a veces se equivocará. Sucumbirá ante la presión autoimpuesta. Se le pegará una canción horrible durante toda la noche en una ultramaratón. Repasará las tareas pendientes que tiene que hacer el lunes aunque se juró no pensar en trabajo. Pero si no abandona en sus intentos y vuelve por más, será un poco más fuerte. Aunque no lo note al principio. Un día podrá mirar atrás y se dará cuenta de que esa vocecita que le decía que no podía, un día dejó de criticar y empezó a alentar.

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